Descanse en paz, maestro, su música se queda para siempre con nosotros

A los 91 años —tras una vida plena— el comandante músico don José López Calvo, director de nuestra Música desde 1976, falleció ayer en su querida Cuenca

19/08/2021

Cuando cae el telón de la vida vemos más nítidamente que nunca antes cuál es su naturaleza circular y, al mismo tiempo, cuántos son los caminos paralelos, perpendiculares,  los divergentes y los convergentes, los que se unen para siempre y los que se separan para siempre jamás. El Héroe muerto. Cuántas veces sonaría en el bombardino del maestro, de nuestro comandante José López Calvo cuando era solo un niño con el hierro a cuestas por las empinadas calles de Cuenca solemnizando la Semana Santa de la ciudad que le vio nacer en 1930 y que le he ha entregado a los coros celestiales el 18 de agosto de 2021. El héroe muerto es ahora él y se une a los que cantara Mariano San Miguel allá por 1919. San Miguel, oñatiarra y clarinete solista de la Banda del Real Cuerpo de Alabarderos en los albores del siglo XX, la misma que López Calvo patroneó hasta su pase  a la reserva en el año 1988. Los círculos virtuosos de la vida.

De facundia solo comparable a su generosidad y a su elegancia, el maestro se inoculó del veneno de la música y ya no encontró antídoto. Primera parada en filas como músico de tercera y luego cabo en la Banda de Aviación al tiempo que completaba su formación académica en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. La carrera se puso, entonces, en modo vertiginoso: incorporación al Cuerpo de Directores Civiles del Estado a principios de los cincuenta y, unos años más tarde, sin apearse del número 1, ingresa en el de directores militares, escalafón que no abandonaría y que le llevó al frente de agrupaciones castrenses de Ibiza, Barcelona y Toledo, entre otras, y también a la Música de La Legión, que capitaneó antes de incorporarse a Unidad de Música de la Guardia Real de don Juan Carlos en un temprano 1976 y en la que —durante más de una década— dejó una huella imborrable. Tan imborrable como los acordes de nuestro himno, cuyo colofón, como contraseña, recorre todos los lugares del cuartel al final de cada toque y vuela por la plaza de armas Reina Sofía, en versión completa, durante las solemnidades.

Lo extenso de los homenajes, reconocimientos y condecoraciones que recibió en vida —cortos para el talento desprendido del que se invistió—se completarán desde hoy con el recuerdo de todos sus queridos guardias reales, de los pasados –los que le conocieron y trataron- de los presentes y de los futuros, porque ese es el don que otorgan las artes inmortales: la pintura, la escultura, la literatura o la música, el apresamiento terrenal del creador, que vive, con sus obras, por siempre en nosotros, quienes no soltaremos la mano de sus hijas Sagrario y Ana María, y de su amada esposa Celia, con quien compartió la vida. Descanse en paz, mi comandante, una existencia plena, un legado eterno, Rey servido y patria honrada, tus compañeros guardias nos emplearemos a fondo en cumplir con el verso con el que nos has hecho pasar a la historia “por ser los custodios del primer español”.

 

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