En esta sección encontrará información de utilidad y se intenta responder a las consultas más frecuentes que como paciente suelen surgir.

Preguntas frecuentes

pepito perez

   

Se producen en 2 fases. En la primera fase, nuestro organismo entra en contacto con una sustancia (alérgeno) y genera anticuerpos contra esa sustancia (alimento, polen, epitelios, hongos, medicamento…). En esta fase el paciente no presenta síntomas. En una segunda fase, cuando nuestro organismo vuelve a estar en contacto con la sustancia que generó esos anticuerpos va a activar esos anticuerpos sintetizados y unidos a la membrana de los mastocitos dando lugar a una respuesta en forma de síntomas.

No hay edad. Sin embargo, existen alergias habituales según el grupo de edad. En la infancia la alergia más frecuente es la alimentaria, sobre todo, leche, huevo y frutos secos, mientras que en la edad adulta predominan las alergias respiratorias y la alergia a medicamentos.

Lo que se hereda es el riesgo de ser alérgico si alguno de los padres lo es, es decir, se hereda la condición de atopia. Se considera, por tanto, que los hijos de padres alérgicos tienen un mayor riesgo de sufrir una enfermedad alérgica a lo largo de su vida.

Consisten en aplicar una gota de un extracto comercial (pólenes, ácaros, hongos, epitelios, alimentos…) en la cara volar del antebrazo y hacer un pequeña punción en la piel donde está depositada la gota, obteniéndose la respuesta en forma de pápula a los 15-20 minutos. Se puede realizar a cualquier edad. La piel debe estar libre de lesiones y el paciente debe haber suspendido la medicación antialérgica al menos 7 días antes de realizarse la prueba.

Podría deberse a cambios del medio ambiente, con una mayor exposición a alérgenos de interior, la contaminación o el cambio climático. Actualmente 1 de cada 4 personas de la población mundial tiene algún tipo de alergia y la OMS estima que esta cifra aumentará hasta la mitad de la población mundial en 2050.

La inmunoterapia específica con extractos de alérgenos, comúnmente conocida como vacuna de la alergia, consiste en la administración de un “extracto” del alérgeno responsable de la enfermedad, mediante dosis progresivamente crecientes a intervalos regulares de tiempo, con la finalidad de inducir la tolerancia necesaria para controlar la respuesta alérgica.

No. Los antibióticos son fármacos empleados en el tratamiento de las infecciones. Entre estos medicamentos se encuentran las penicilinas, consideradas una de las causas más frecuentes de alergia a fármacos. Pero también existen muchos otros tipos de antibióticos, sin relación con las penicilinas y con baja incidencia de alergia. Si tenemos en cuenta que la probabilidad de ser alérgico a dos medicamentos distintos es muy baja, resulta prácticamente imposible ser alérgico a “todos” los antibióticos.

No. La realización de este tipo de prueba sin criterios de preparación no tiene ningún valor predictivo y, además, puede inducir una sensibilización al medicamento que condicione una futura reacción. Las pruebas cutáneas deben ser realizadas bajo indicación del alergólogo ante la sospecha de alergia a un medicamento, pero nunca como pruebas previas a su empleo terapéutico.

Sí. Se puede desarrollar la alergia en cualquier momento de la vida y para ello se debe haber tenido contacto previo con el fármaco causante de la reacción, aunque en ocasiones uno no sea consciente de ello.

Tradicionalmente el término de alergia al polvo se ha utilizado en aquellos pacientes que presentaban una alergia a los ácaros, dado que estos parásitos se localizan en el polvo de la casas. Sin embargo, el polvo contiene otros agentes responsables de alergia, como restos de animales domésticos, esporas de hongos y pólenes, por lo que muchas personas alérgicas al polen o a los epitelios manifiestan síntomas al exponerse al polvo. Por tanto, los términos no se corresponden y se debe desechar el concepto de “alergia al polvo” si queremos hablar con propiedad.

Llevar una alerta, en forma de una pulsera o una placa, es recomendable en el caso de padecer alergias graves, especialmente si se trata de alergia al látex o de medicamentos. Así, en caso de ser atendidos de urgencia y no ser capaces de comunicarnos, el personal sanitario podría disponer de esta información.

Sí. Con el uso de las vacunas alergénicas (inmunoterapia) podemos hablar de una curación en un 95-98% de personas tratadas.

Cuando una persona no ha sufrido ninguna reacción alérgica hacerse las pruebas carece de utilidad. Unas pruebas positivas no indican que sea alérgico, sino que está sensibilizado, lo cual es diferente. Puede tener unas pruebas positivas y no presentar nunca una reacción alérgica tras picadura de himenópteros. Tampoco por ser las pruebas positivas hay que vacunar. Por otro lado, unas pruebas negativas indicarían que esa persona no está sensibilizada en ese momento, pero no descarta que se pueda sensibilizar en el futuro. En resumen para estudiar a una persona tiene que haber sufrido una reacción alérgica tras la picadura y para decidir vacunarla además debe tener unas pruebas en piel y/o en sangre positivas.

Se puede vacunar a cualquier paciente alérgico de cualquier edad siempre y cuando no exista ninguna enfermedad que contraindique su uso. En el caso de los niños, se propone que sea por encima de los 5 años porque hasta esa edad suelen presentar habitualmente infecciones respiratorias cuyos síntomas son similares a las enfermedades alérgicas.

Ambas son efectivas si se utilizan extractos de calidad y se siguen las indicaciones del alergólogo. La decisión de utilizar un tipo u otro debe realizarse individualmente con cada paciente, valorando consideraciones como el miedo a las inyecciones, costes, adherencia o preferencia de administración (domiciliaria en el caso de la sublingual frente a centro sanitario en el caso de la subcutánea).

Las vacunas no son teratógenas por lo que no es necesario suspender su administración si está siendo bien tolerada y es eficaz. Por el contrario, no se debe iniciar la vacunación ni aumentar la dosis tolerada durante el embarazo, porque añadiría un riesgo innecesario en el caso de que fuera preciso tratar una eventual reacción adversa sistémica.

En niños con otra alergia alimentaria previa, por ejemplo la leche, se puede detectar una sensibilización al huevo antes de su introducción en la dieta que puede producirse por un posible paso del antígeno intraútero durante el embarazo, a través de la lactancia materna o por contactos inadvertidos a través de las manos, besos… En cualquier caso, las pruebas positivas no indican alergia, solo sensibilización. No es correcto diagnosticar de alergia si no ha habido una reacción previa.

Las alergias a la leche, el huevo, la soja y los cereales, que aparecen en los lactantes, suelen desaparecer de forma espontánea (a los 5 años de edad el 80% de los alérgicos a la leche y más del 50% de los alérgicos al huevo han superado su alergia). Sin embargo, la alergia al cacahuete y a los frutos secos solo remite e uno de cada cinco pacientes. El resto de alergias son persistentes en la mayoría de los pacientes.