En esta sección encontrará información de utilidad y se intenta responder a las consultas más frecuentes que como paciente suelen surgir.
Preguntas Frecuentes

Sí. La exploración y la ecografía ginecológica se puede realizar aunque estés con la menstruación. Sólo tendrás que cambiar tu cita si estabas pendiente de realizar una citología cervical o una colposcopia.
No es necesario. Las consultas del hospital son para diagnóstico y tratamiento de patología orgánica o funcional. Si eres una persona sana sólo tienes que hacerte los cribados correspondientes:
- Prevención del cáncer de cervix: citología cervical cada 3 años entre los 25 y los 34 años. Detección de VPH cada 5 años entre los 35 y 65años. Todo se realiza en tu Centro de Atención Primaria (Programa CERVICAM).
- Prevención del cáncer de mama: mamografías cada 2 años de los 50 a los 70 años a través del sistema DEPRECAM.
La exploración ginecológica es un procedimiento médico que tiene como objetivo examinar el aparato reproductor femenino y detectar posibles anomalías o enfermedades. La exploración ginecológica consta de varias partes:
- La anamnesis: entrevista para recoger información sobre los antecedentes personales, familiares, menstruales, obstétricos, sexuales y ginecológicos de la paciente, así como sobre los síntomas o problemas que motivan la consulta.
- El examen físico, que incluye una exploración de las mamas, el abdomen y la zona genital externa e interna. Para realizar la exploración genital interna, se utiliza un instrumento llamado espéculo, que se introduce en la vagina y permite visualizar el cuello del útero y las paredes vaginales. También se realiza un tacto bimanual, que consiste en introducir dos dedos en la vagina y presionar con la otra mano sobre el abdomen para evaluar el tamaño, la forma y la movilidad del útero, los ovarios y explorar las características cervicales. Estas maniobras no son dolorosas, aunque pueden causar alguna molestia o incomodidad.
- Los estudios complementarios, que pueden incluir pruebas de laboratorio o pruebas de imagen, como ecografía, mamografía o colposcopia. Estas pruebas se realizan según las indicaciones del médico y los resultados del examen físico.
Si tienes menos de 35 años, después de un año con relaciones sexuales regulares sin conseguir embarazo. Sin embargo, si tienes más de 35 años debes iniciar la consulta en ginecología a los 6 meses.
No hace falta ninguna prueba complementaria. Sólo es necesario realizar una toma de tensión arterial y calcular el índice de masa corporal para poder recomendarte el anticonceptivo más adecuado.
Es totalmente normal. Los primeros años se tienen ciclos anovulatorios y por tanto pueden ser ciclos largos o incluso tener períodos de varios meses sin la menstruación. Esto ocurre porque el eje hipotálamo-hipófiso-gonadal que es el que controla el ciclo reproductor todavía no está maduro.
El spotting es un término que se usa para referirse al sangrado vaginal que ocurre entre una menstruación y otra. No es lo mismo que la regla, ya que el spotting suele ser más leve, de color marrón o rojo oscuro, y no suele causar dolor. El spotting puede tener varias causas, como la ovulación, los cambios hormonales, el uso de anticonceptivos, las infecciones o las lesiones en el cuello uterino. En la mayoría de los casos, el spotting no es motivo de alarma, pero si es muy frecuente, abundante o irregular, se recomienda consultar con un ginecólogo.
- Mantener una buena higiene íntima, sin abusar de los productos irritantes o perfumados.
- Usar ropa interior de algodón y evitar las prendas demasiado ajustadas o sintéticas.
- Cambiar con frecuencia los tampones o compresas durante la menstruación.
- Evitar los baños prolongados o las piscinas con cloro.
- Seguir una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, y evitar el consumo excesivo de azúcar, alcohol o levadura.
- Reforzar el sistema inmunitario con suplementos de probióticos, vitaminas o minerales.
- Usar preservativo durante las relaciones sexuales si se sospecha que la pareja está infectada.
Los síntomas pueden variar según el tipo y la localización del cáncer ginecológico. Algunos de los más comunes son: sangrado genital anormal, flujo vaginal sanguinolento o maloliente, sensación de pesadez o bulto en la zona genital, dolor pélvico o lumbar, hinchazón abdominal, dificultad para vaciar la vejiga o el intestino o alteraciones en la función sexual. Algunos tipos de cáncer ginecológico pueden ser asintomáticos o producir síntomas que se confunden con otras patologías, por lo que es importante acudir al ginecólogo ante cualquier sospecha o cambio.
Las pruebas dependen del tipo y el estadio del tumor, pero algunas de las más habituales son: citología vaginal, prueba del VPH, colposcopia, vulvoscopia, vaginoscopia, biopsia dirigida, ecografía ginecológica, resonancia magnética, tomografía computerizada (TAC), tomografía por emisión de positrones (PET), marcadores tumorales o análisis genéticos.
Los tratamientos que existen para los cánceres ginecológicos son: cirugía, quimioterapia, radioterapia, braquiterapia, hormonoterapia e inmunoterapia. La elección del tratamiento más adecuado depende de varios factores, como el tipo y el estadio del tumor, las características de la paciente, las posibles complicaciones o los efectos secundarios. El tratamiento se decide de forma individualizada y multidisciplinar.
Algunas de las medidas preventivas son: vacunarse frente al VPH, realizar pruebas de cribado según las recomendaciones médicas, realizar revisiones ginecológicas periódicas, consultar con un especialista ante cualquier síntoma o alteración genital, mantener un peso saludable, evitar el tabaco y el alcohol, practicar ejercicio físico de forma regular y adaptado a cada caso, seguir una alimentación equilibrada y rica en frutas y verduras, cuidar la higiene íntima y evitar las infecciones urinarias o vaginales.
No se conoce la causa exacta del cáncer de mama, pero existen algunos factores que pueden influir en su desarrollo, como la edad, los antecedentes familiares o personales de cáncer, las alteraciones genéticas, la exposición a radiaciones, los hábitos de vida (tabaco, alcohol, obesidad, sedentarismo), la menstruación temprana o la menopausia tardía y el uso de terapias hormonales.
No hay una forma segura de prevenir el cáncer de mama, pero se pueden adoptar algunas medidas para reducir el riesgo o facilitar su diagnóstico temprano, como llevar una alimentación saludable, hacer ejercicio físico regularmente, evitar el tabaco y el alcohol, controlar el peso corporal, limitar el uso de terapias hormonales a partir de cierta edad, realizar autoexploraciones mamarias periódicas, acudir al ginecólogo ante cualquier síntoma o cambio en las mamas y seguir las recomendaciones médicas sobre las pruebas de cribado (mamografías, ecografías…).
Los tratamientos para el cáncer de mama son: cirugía, quimioterapia, radioterapia, hormonoterapia e inmunoterapia. La elección del tratamiento más adecuado depende de varios factores, como el tipo y el estadio del tumor, las características biológicas de las células cancerosas (receptores hormonales, HER2), la edad y el estado general de la paciente, las posibles complicaciones o los efectos secundarios. El tratamiento se decide de forma individualizada y multidisciplinar por un equipo de especialistas que incluye ginecólogos oncólogos, oncólogos médicos, oncólogos radioterapeutas y patólogos.
Los efectos secundarios varían según el tipo y la intensidad del tratamiento, así como según la respuesta individual de cada paciente. Algunos de los más frecuentes son: caída del cabello, náuseas y vómitos, fatiga, anemia, infecciones, sangrados, sequedad vaginal, alteraciones menstruales o menopausia precoz, infertilidad, linfedema (hinchazón del brazo), dolor o limitación del movimiento del hombro o del brazo operado. La mayoría de estos efectos son temporales y se pueden controlar con medicamentos o tratamiento rehabilitador. Es importante comunicar a tu médico cualquier síntoma o molestia para recibir la atención adecuada.
No. El virus del papiloma humano es la infección de transmisión sexual más frecuente. El 80% de las personas sexualmente activas entran en contacto con esta infección a lo largo de su vida de forma transitoria y la eliminan. En un pequeño porcentaje de personas, en torno al 10-15%, la infección persiste a lo largo del tiempo porque sus defensas no consiguen eliminarla. Esta persistencia en el tiempo, más que la infección en sí misma, es el factor de riesgo para el desarrollo de lesiones. Aquí es donde entra en juego la importancia de realizar el cribado con citologías o test de VPH, para evitar que las lesiones premalignas avancen hasta un cáncer invasor, permitiéndonos su diagnóstico y tratamiento precoz.
No hay una fecha exacta para reanudar las relaciones sexuales después del parto, ya que depende de cada pareja y de cómo se sientan física y emocionalmente. Lo más importante es respetar los tiempos de cada uno y comunicarse abiertamente. En general, se recomienda esperar al menos hasta que se haya producido la cicatrización de los puntos (si los hubiera) y hasta que haya desaparecido el sangrado postparto (loquios), que suele ocurrir entre las 4 y las 6 semanas postparto. También se debe tener en cuenta la anticoncepción, ya que, aunque sea poco probable, se puede producir un nuevo embarazo.
Las dos horas después del parto son muy importantes tanto para la madre como para el bebé. En este período se vigila la adaptación del bebé a la vida extrauterina y la evolución de la madre después del parto. Se recomienda hacer el “piel con piel”, que consiste en colocar al bebé desnudo sobre el pecho de la madre o del padre durante las dos primeras horas ininterrumpidamente tras el nacimiento. Esto favorece el vínculo afectivo, la lactancia materna y la estabilidad térmica del bebé. Por eso las dos horas después del parto permanecéis en el paritorio, en un ambiente tranquilo y agradable con los cuidados y atenciones de las matronas.
La inducción del parto es un procedimiento que se realiza para provocar el inicio del trabajo de parto o acelerar su ritmo cuando hay alguna razón médica que lo justifique. La inducción del parto puede consistir en diferentes métodos, según el estado del cuello uterino y la salud de la madre y el bebé. Los métodos más utilizados son:
- Prostaglandinas: se trata de una especie de tampón que se coloca en la vagina junto al cuello uterino y que ayudan a ablandarlo y dilatarlo. También provoca el inicio de las contracciones uterinas. Este dispositivo se puede dejar hasta 24 horas.
- Oxitocina: se administra por vía intravenosa y estimula las contracciones uterinas. La oxitocina se puede usar cuando el cuello ya está maduro o cuando hay alguna complicación que requiere acelerar el trabajo de parto (líquido amniótico meconial, parto estacionado…).
La inducción del parto se realiza bajo supervisión médica y se monitoriza la frecuencia cardíaca del bebé y la intensidad de las contracciones. El objetivo es lograr un parto vaginal seguro y saludable tanto para la madre como para el bebé. La inducción del parto no se recomienda por conveniencia o sin una indicación médica, ya que puede tener algunos riesgos, como infección, sangrado, rotura uterina o sufrimiento fetal.