IEEE. Siglo XXI: ¿el retorno de los (emperadores) autócratas?

Decorativa

02 sept 2026

IEEE. Siglo XXI: ¿el retorno de los (emperadores) autócratas?

Pedro Sánchez Herráez. COL.ET.INF.DEM. Doctor en Paz y Seguridad Internacional. Analista del IEEE (CESEDEN)

Introducción: ¡Disputa geopolítica!… ¿y un nuevo orden?

Resulta ya una constante señalar que el planeta se enfrenta a una nueva reordenación geopolítica, a una nueva pugna de viejas y nuevas potencias en un entorno que genera dudas sobre si la humanidad se ve abocada a una nueva guerra mundial o a una reedición de la Guerra Fría1, potencias que, de un modo creciente, van adoptando aires y realizando acciones que, al menos aparentemente, las asemejan más a imperios que a Estados nación en el sentido westfaliano del término2, en una nueva «vuelta de tuerca» al orden mundial, en un nuevo proceso de tensionamiento de la situación global, con consecuencias para todas las naciones y habitantes del planeta.

Pero parece que no solo acaban aquí las fracturas que sufre ese «orden mundial», ese mundo «basado en reglas» con el que, al menos una parte del planeta sentía que la humanidad había superado ese tortuoso siglo XX y avanzaba hacia un mundo mejor, con sus dificultades y pequeños retrocesos, pero ciertamente progresando hacia una sociedad global «ideal»… aunque, quizás, y ciertamente resulta sencillo hablar desde una cierta perspectiva demasiado idealizada.

Y una de esas fracturas parece ser, puede estar relacionada con el estilo de liderazgo de muchos de los jefes de Estado y Gobierno del planeta, aparentemente cada vez más próximo al concepto de «emperador», de autócrata, incluso en las naciones democráticas y no necesariamente grandes potencias.

Si bien el entorno geopolítico actual no implica, aparentemente, el retorno a las eras de imperios dinásticos, sí que marca paulatinamente una tendencia hacia el incremento de los liderazgos con rasgos autocráticos y expansionistas, para los que el uso de la fuerza, la concentración de poder, el fin del multilateralismo y la búsqueda de áreas de influencia constituyen algunos de los ejes de su acción.

Por lo tanto, si aparentemente la nueva etapa geopolítica tiene ciertos rasgos neoimperiales, ¿estaremos presenciando también el retorno de emperadores y autócratas?

¡Sociedades fluidas… y ambiguas!

El sociólogo Zygmunt Bauman3 desarrolla en diferentes obras, a lo largo de casi dos décadas —desde Modernidad líquida en el año 2000 hasta Maldad líquida en el año 2016, pasando por Amor líquido o Miedo líquido, entre otras—, el concepto de sociedad líquida, en la cual, y empleando el símil físico de un fluido, se señala cómo todo es cambiante y volátil, desde las relaciones personales a las sociales, pasando por las estructuras, las instituciones e incluso las identidades y los valores. Y ese estado «líquido» contrasta con el estado «sólido» de etapas sociales anteriores, donde las instituciones, valores, estructuras, normas… eran más «sólidas» y, por tanto, más perdurables en el tiempo.

Esa también llamada «modernidad fluida» influye profundamente en varios aspectos de la sociedad y del individuo; así, se genera un profundo individualismo, un «yocentrismo» por encima del plano social que acaba generando, como efecto secundario, una poderosa sensación de aislamiento, de incertidumbre y de desamparo.

Igualmente, y dado que cada persona se «construye» a sí misma y puede elegir libremente incluso todos los aspectos de su identidad, también implica que los éxitos y fracasos son exclusivamente suyos, son su exclusiva responsabilidad, lo cual genera en los individuos una gran ansiedad y presión. Y ello, sumado a que se percibe el espacio como relativo, dada la rapidez e inmediatez de las comunicaciones físicas y las telecomunicaciones, y el tiempo como algo efímero, implica que la inmediatez sustituye al plazo —corto, medio o largo—, por lo que se induce a no tener que pensar ni actuar para el mañana… cuando resulta evidente que el mañana siempre llega.

Las relaciones laborales son temporales y cambiantes; no hay empleos estables y ni siquiera las funciones que se realizan son permanentes, por lo que es preciso ofertarse de una manera adecuada para ese complejo mercado laboral, convirtiéndose el trabajador, en gran medida, en una mercancía más que en una persona vinculada y comprometida con un entorno laboral determinado. Y lo mismo puede decirse de las relaciones personales, que son mucho más volátiles, casi efímeras, con un poderoso y novedoso componente virtual y donde se busca, esencialmente, la satisfacción inmediata.

La estabilidad, tanto laboral como emocional, se ve, por tanto, muy alterada al desarrollarse relaciones —de todo tipo— efímeras, que buscan en muchos casos una simple satisfacción inmediata, pero carentes del afán de construir algo «sólido» a medio y largo plazo, incluso la construcción de la propia identidad con un grado adecuado de coherencia y estabilidad4.

Y se encuentran relacionadas de una manera muy directa la sociedad líquida y la desigualdad económica, desigualdad que ha ido creciendo y que conforma la causa de muchas patologías sociales5, pues perdido en gran medida el sentimiento de comunidad, sustituido por el individualismo extremo y realizada la quiebra de los valores «clásicos», se genera una competitividad extrema donde las personas no son más que productos, recursos para el beneficio de otros, lo cual, sumado a un consumismo extremo y a la vinculación de la felicidad directamente a ese grado de consumo, conduce a una ingente cantidad de problemas fruto de esa desigualdad.

La desigualdad percibida, la mala gestión de instituciones e infraestructuras — elementos típicos de mantenimiento de la estabilidad a medio y largo plazo—, el estancamiento económico y el desempleo juvenil, la falta de identificación con los partidos políticos tradicionales, el incremento del grado de infelicidad y el aumento de la desesperanza ante el futuro, entre otros, son factores que están sacudiendo poderosamente a una gran parte de la población mundial —en especial, a los jóvenes de la llamada «generación Z»—, que se manifiestan al respecto a lo largo y ancho del planeta, cuestionando el modelo actual… pero sin saber exactamente cuál ha de ser el alternativo6… y, secularmente, cuando no sabes dónde ir, otro te dice hacia donde debes hacerlo.

Por eso es tan poderoso ese concepto llamado «miedo líquido»7; cuando se pensaba que el desarrollo, los avances técnicos, sociales… iban a ser garantes de una vida libre de los temores del pasado, de un presente ilusionante y de un futuro casi idílico, se abren camino, con gran fuerza, multitud de temores: ataques terroristas, cambio climático, crisis económicas, pandemias… Los miedos son constantes y crecientes y pueden alcanzar altos niveles de impacto e intensidad en cualquier momento, generando una poderosa incertidumbre, un sentimiento constante de temor ante la amplia panoplia de amenazas existentes y con dudas respecto a lo que se puede hacer para actuar contra ellas en esta sociedad posmoderna.

Y cuando las instituciones y las organizaciones que son responsables de hacerlas frente —los Estados nación, en gran medida, pues esa es su razón primigenia de ser, ostentar el monopolio legítimo de la violencia y proporcionar seguridad, y seguridad en sentido amplio— pierden muchas capacidades ante la multitud de actores externos presentes en una sociedad globalizada, lo que conlleva a que muchas personas dejen de creer en ellos —alentados, por otra parte, por narrativas disruptivas bajo el principio de «divide y vencerás»—, en esas instituciones, organizaciones y estructuras que con esfuerzo y tesón se han ido construyendo, precisamente, para proporcionar ese servicio básico y esencial a la sociedad, y que ante las crecientes necesidades —reales o ficticias— de una población cada vez más demandante, son los destinatarios de las críticas por no poder cubrir todas las peticiones formuladas y, consecuentemente, sufren una pérdida de confianza en todo el aparato estatal, desde el propio Estado a sus instituciones y organizaciones, gobierno, partidos políticos… Todo se ve afectado por el descrédito.

La sensación de vulnerabilidad creciente se incrementa por la ya señalada sensación de aislamiento del individuo, al quebrarse muchas de las estructuras y grupos que secularmente han proporcionado sentimiento de protección e identidad a las personas: pareja, familia, parroquia… subsumidos muchos de ellos —de nuevo, de manera inducida o no— en ese yoísmo e individualismo exacerbado que en muchas ocasiones se reviste de libertad y que puede conducir al aislamiento8, en ocasiones hasta niveles patológicos.

Esa mayor, real o aparente, libertad —poder elegir hasta la propia identidad física— genera una complicada consecuencia, como es la incertidumbre casi permanente, dado que todo cambia y nada permanece, lo que obliga a la persona a reinventarse constantemente y a resolver cuestiones y problemas de una manera autónoma, que antes eran resueltos, todo o en parte —o al menos podía acudirse a pedir ayuda—, por grupos humanos o instituciones estables, lo cual acaba generando una poderosa ansiedad y una dificultad extrema para poder diseñar un proyecto real de vida. Incluso el concepto de propiedad, de tener algo material a lo que poder aferrarse —algo «sólido», en definitiva—, va siendo sustituido por contar con acceso a bienes y servicios de manera temporal y, en muchos casos, simplemente virtual —en lugar de tener un libro, se puede leer en el ciberespacio, se pasa a usar un vehículo de alquiler en vez de tener uno… o incluso el propio dinero, que de ser algo material y tangible pasa a ser digital—, en una suerte de «economía de la suscripción» —pagar cuotas por obtener ese tipo de bienes y servicios—, convirtiendo al ciudadano en «inquilino permanente»9 en lugar de «propietario» ¿de su propia vida?

Ante esa situación, ante ese miedo a la incertidumbre, ante esa falta de confianza en las instituciones, ante esa sensación de aislamiento y desprotección, la solución es la clásica: recurrir a mantras, eslóganes, ideas fuerza y líderes poderosos casi mesiánicos, a «nuevos emperadores» que cambien incertidumbres por certezas, que cambien amenazas por seguridad, que cambien aislamiento por sentimiento grupal e identitario y que marquen un camino. Y por ello consiguen tener éxito.

Así, basta contemplar, a modo de ejemplo, a los rusos, que en varias ocasiones en su historia se han enfrentado a lo que con pavor denominan «tiempos tumultuosos» —el período de caos que sigue tras la caída de un sistema, de un orden establecido y sus instituciones—, como aconteció tras el fin del Imperio ruso a principios del siglo XX, o de la Unión Soviética a finales del mismo siglo, donde, ante la conjunción de esos miedos y gobiernos débiles incapaces de controlar ese inmenso país —el más grande del mundo, pues abarca la sexta parte de las tierras emergidas del planeta—, el pueblo mayoritariamente prefiere un «zar», un líder fuerte que imponga orden y proporcione un sentido y un proyecto vital frente al caos de esos tiempos tumultuosos10. Por eso —entre otras cuestiones— surgió Putin en el año 2000 como líder de Rusia, como nuevo «emperador».

Esos «emperadores», en aras de la «certeza imperial», emplean un mensaje unificado, claro y concreto, sencillo y apoyado en hitos del pasado, reales o míticos, así como narrativas de grandeza, una cuidada iconografía del poder e incluso, en ocasiones, el ser depositarios del «mandato divino» —la imagen de legitimidad proporcionada por haber recibido ese «encargo divino» de ser una suerte de nuevo mesías liberador del pueblo11— entre otras cuestiones.

¿Y cómo lo hacen?

¿Una nueva ola de (emperadores) autócratas?

La situación de incertidumbre constante que genera esa llamada «vida líquida» y que constituye uno de los paradigmas de las sociedades actuales, marca una profunda diferencia con otros momentos de la historia. Las culturas y las diferentes formas de organización social han permitido a los individuos que las conformaban que tuvieran un marco de referencia claro y unas instituciones en las que apoyarse para combatir esa incertidumbre vital que supone el hecho mismo de la vida y la supervivencia.

La cultura proporciona patrones que permiten constituirse como puntos de referencia y señas de identidad, lo cual proporciona, tanto al individuo como a la sociedad en su conjunto, una referencia personal y grupal y una guía para el devenir, para el futuro; pero la «modernidad», con su modelo de cambio permanente, rompe ese esquema y genera, en lugar del miedo al cambio de las sociedades más clásicas, el miedo a la inmovilidad, a no estar en una dinámica de cambio permanente, de cambio por el cambio… «muy rápido sin saber a dónde», como también decían muchas canciones de los años 8012. Y ello también implica que el pasado se satanice o se reescriba, al mostrarse, en muchos casos, como algo oscuro y lleno de errores; así, se señala que el pasado se descarta por no adaptarse a los patrones del presente, en una suerte de «dictadura del presente» o «la época del eterno presente»13, donde solo importa el hoy y el ahora… y ello genera una falta de referencias.

Y por eso es preciso proporcionarlas; los eslóganes se convierten, así, en un arma poderosa14 que seduce a las multitudes. Trump emplea sistemáticamente el acrónimo MAGA15 —Make America Great Again, hacer que Estados Unidos sea grande de nuevo—, abundando en la restauración de la grandeza, riqueza y poder global de los Estados Unidos por medio de la recuperación de los valores tradicionales, la renovación del poder industrial y la expansión de fronteras y zonas de influencia… de manera muy similar, aunque con los matices derivados de las diferentes culturas, a lo señalado por Xi Jingping con el denominado «sueño chino»16 o por Putin, que desde que ganó las elecciones del año 2000 con el partido «Rusia Unida», sus eslóganes siempre marchan en esa línea17 —«no abandonamos a los nuestros», «un presidente fuerte, una Rusia fuerte» o el lema histórico «Rusia fue, es y será siempre»—.

Para ello, y dado que, al menos en las democracias, el poder dimana del pueblo y la separación de poderes resulta un principio esencial18, evitando así que una sola persona o grupo concentre demasiado poder y pueda abusar de él y acabar con la democracia —o con el proceso de avance hacia la misma—, los «aspirantes a emperador», que pretenden concentrar el poder, ser el centro del poder absoluto, deben minorar y degradar constantemente el de las instituciones generadas, durante décadas o siglos, al efecto, y crear unas nuevas para reforzar su poder19.

Por ello, Putin realiza purgas en el Servicio Federal de Seguridad20, en las Fuerzas Armadas tras la rebelión del grupo Wagner21 o buscando una mayor efectividad en el campo de batalla frente a Ucrania22, purgas relacionadas con el cesado ministro de Defensa y su clan, aparentemente vinculado con el complejo industrial militar23; Trump, en el seno de una denominada reorganización, realiza un amplio elenco de destituciones en todas las instituciones del Estado, desde las Fuerzas Armadas24 al director de la Agencia de Seguridad Nacional25, o al fiscal general de los Estados Unidos26, e incluso se señala27que emplea las normas bancarias como un arma frente a sus contrincantes, emulando plenamente las prácticas de los líderes autoritarios. Y el líder chino también purga las instituciones del Estado, buscando un control férreo y absoluto28 hasta el punto de que se habla de la «purga perpetua»29 de Xi Jinping. Esta, como otras muchas, como casi todas, se justifica en la lucha contra la corrupción30 o la falta de eficacia, pero lo que se pretende realmente es eliminar cualquier elemento alternativo de poder o de disidencia.

Obviamente, hay que eliminar a los potenciales rivales, pues nadie mejor que ellos mismos, que los propios emperadores, para seguir al timón de sus naciones; y para ello, además, se modifican, si es preciso, las limitaciones constitucionales o legales, para seguir en el poder: así, Putin está al frente de Rusia desde el año 2000, salvo un período (2008-2012) en el que Dimitri Medvédev fue presidente de Rusia —y designó a Putin como primer ministro durante ese período, lo mismo que Putin, una vez de nuevo presidente, le designó como primer ministro hasta que en el año 2020 Medvédev dimitió para que Putin pudiera cambiar la Constitución y perpetuarse en el poder—; Xi Jinping ostenta el liderazgo de China desde el año 2013, tras eliminarse el límite de mandatos en el 201831, y Donald Trump bromea —o no— con la supresión del mandato constitucional para ejercer tres mandatos —«lo volveré a hacer en 2028», señala32—.

La importancia de la iconografía del poder, del impacto visual de imágenes, acciones y eventos es capital, pues, como se señala, «para cambiar de naturaleza, un régimen cambia, ante todo, su lenguaje visual»33; la construcción de un salón de baile en el Capitolio —a modo del gran salón de un palacio «imperial» de antaño—, la «Nueva ruta de la seda» de Xi Jinping34 o el puente de Kerch que une Crimea con el continente por encima del estrecho del mismo nombre, construido a un altísimo coste cuatro años después de la anexión de la península por parte de Moscú, y en cuya inauguración, ostentosa y televisada, una caravana de camiones, uno de ellos conducido por el propio Putin portando una bandera rusa, lo cruzaba35, constituyen, entre otras muchas, pruebas fehacientes de esta realidad.

De hecho, son constantes las referencias a la existencia de una tercera ola de autocracia en el planeta36 —la primera se produjo tras la Primera Guerra Mundial, con el ascenso del nazismo, del fascismo y del comunismo; la segunda durante la Guerra Fría, de los años 60 a medidos de los 70, que se materializó en multitud de golpes de Estado en los países en vías de desarrollo—, la reiteración del retroceso de la democracia37 o, incluso, del planteamiento del final de esta38.

Ante esa reconfiguración geopolítica en curso, ante los problemas crecientes y ante la percepción de desazón y polarización creciente, quizás sea preciso buscar un nuevo camino, una solución… ¿y cuál puede ser?

¡La solución…! ¿los (emperadores) autócratas?

La dinámica política y vital de los emperadores, autócratas que no toleran el disenso, tiende a crear un sistema poderosamente personalista, rodeado de personas de su cuerda, cuyo bagaje esencial es la fidelidad al líder más que la eficacia en la gestión, dado que el emperador (autócrata) toma decisiones en todos los ámbitos de la política y el poder. Y esa camarilla también va envejeciendo —salvo los que son purgados, con razón o sin ella—, por lo que el paso de los años no solo afecta al emperador, sino al sistema en su conjunto, que observa cómo las instituciones y las estructuras, esas que en otros sistemas teóricamente permiten, por separación de poderes, salvaguardar la actividad —o, al menos, la inercia— del Estado, van quedando atrás y atrasadas, ante las dificultades para el cambio e, incluso, para la natural renovación generacional que paulatinamente ha de producirse en cualquier estructura para que no sufra estancamiento… o incluso una descomposición total.

Una de las circunstancias que suelen constituir una constante en los regímenes autoritarios, un error frecuente en los emperadores —derivado de la concentración extrema de poder y la eliminación de la disidencia y del hecho de rodearse de teóricos asesores, pero cuyo principal bagaje es la lealtad al líder— es que se pierde, en parte, la percepción de la realidad, al vivir en una especie de burbuja, lo cual lleva a que las decisiones estén cada vez más alejadas de la realidad y de la propia necesidad social, embarcado el emperador en proyectos que pueden no tener posibilidad de éxito o ser extremadamente costosos39, reiterando errores, y ante lo cual su corte de aduladores no dice nada… cualquiera lo hace, si el pago es ser purgado.

Para evitar esta situación, en épocas pretéritas, los reyes y emperadores contaban con bufones, personajes que normalmente se asocian al entretenimiento, a hacer reír al líder y a la Corte… pero que, curiosamente —o no—, tenían otro cometido mucho más importante: decirle la verdad al rey, contar la realidad de lo que estaba pasando y el sentir de la sociedad, dicho de una manera jocosa y con gracia, pues los asesores y el personal de la Corte temían por sus puestos —o por su vida— si le decían la verdad al soberano40. La necesidad de no distanciarse en exceso de la realidad constituye un serio problema para aquel que no tolera la disidencia ni otras formas de pensar. Los nuevos emperadores, los autócratas, tienden a no consentir «bufones» y también a censurar o eliminar a los medios que no son afines… con lo cual, esa pérdida de visión de la auténtica realidad los lleva a tomar finalmente malas decisiones41 y reiterar errores.

Ante esa situación, las sociedades ricas detienen o ralentizan su avance, y el estancamiento económico, combinado con la parálisis política, el declive demográfico y el agotamiento cultural, entre otros, llevan a una suerte de «decadencia sostenible»42 en la que no se admite plenamente esa decadencia, pero se augura, en ocasiones, la posibilidad de catástrofe, mientras no se hace nada y se sigue languideciendo. Y las que no son ricas y a las que la planificación a largo plazo y unas medidas contundentes —con potenciales efectos demoledores a largo plazo (caso de la política del hijo único en China), pero con brillantes resultados en el medio— han hecho prosperar, olvidan — no se les recuerda desde la cúpula— que el crecimiento económico no puede ser ininterrumpido, y que todo aquello a lo que han renunciado a cambio de ese crecimiento económico —el llamado «dilema económico»43—, como la libertad en este caso, no lo obtendrán «mágicamente» cuando la situación empeore.

No solo se genera una decadencia de toda la estructura, sino que ninguna persona es físicamente eterna, lo cual acaba conduciendo a una serie de luchas por el poder una vez desaparecido el emperador. Por ello, las cuestiones sucesorias siempre son complicadas, muy complicadas. Baste recordar el caso de la Yugoeslavia «de» Tito, que pasó de ser un país referente en el mundo a caer, tras la muerte del líder en el año 1980, en una sucesión de guerras internas atroces, como no se pensaba podría ocurrir en plena Europa; el vacío de poder que se genera tras la muestre de un longevo autócrata es grande, como grande suele ser el afán de personas y grupos por ocupar todo o parte del mismo, y en muchos casos, de nuevo, con narrativas y argumentos44de bienestar y ventajas para toda la población.

Siguiendo con los recuerdos —con la fuerza de los hechos—, el impacto que tuvo la crisis yugoslava en Europa y, en conjunto, en el mundo fue brutal, pero sobre todo fue brutal, traumático y demoledor para los antiguos yugoslavos; desde la pérdida de prestigio de las organizaciones internacionales —incapaces de poner o imponer la paz en un territorio asolado por la guerra y la barbarie— a la pugna de actores internacionales por hacerse con algún pedazo del otrora orgulloso país, utilizando fuerzas delegadas y aliados sobre el terreno para ello, sin olvidar que, aún hoy, quedan graves diferendos y potenciales fuentes de conflicto activas en la región —Bosnia, Kosovo, etc.—, amén de rencores y rencillas irredentas.

Y si ese cúmulo de problemas y dificultades se crea tras la desaparición de un emperador de un país de tamaño medio —algo más de la mitad de la extensión de España—… ¿qué no puede acontecer ante un entorno similar de fractura de naciones del tamaño y poder de Rusia, China o Estados Unidos?

Conclusión. ¿Entonces?

La humanidad en su conjunto, con diferencias según culturas, entornos y épocas, ha debido luchar muy duramente para poder salir adelante, para pasar de poder sobrevivir, de la pura y simple lucha por la supervivencia, a intentar alcanzar un nivel y una situación que le permitiera vivir, y vivir como quisiera.

En unos casos se ha conseguido —aparentemente—, en otros, no tanto, y se continúa intentando luchar por ello —y luchar puede suponer emplear todos los medios a su alcance, incluso la guerra, pues, ante la disyuntiva del «tú o yo», la respuesta suele estar muy clara—.

La historia está plena de estas realidades, y en un mundo tan interconectado y globalizado como el actual, todo discurre a una velocidad y con una intensidad mucho mayor. Y la reconfiguración geopolítica supone reordenación en todos los órdenes y ámbitos, cambios en el presente y muchas incertidumbres para el futuro, aunque se pueda pensar que eso no me afecta ni me afectará, que «no va conmigo» y que «si yo no hago nada, nada me pasará».

En ocasiones, desde entornos desarrollados, donde la vida es cada vez más «virtual» y más «fluida», se pueden observar estas situaciones a modo de documental, como si al apagar el monitor ya deja de afectar… pero no es así. Las certezas van cayendo y ante el desconcierto de observar esas crecientes incertidumbres, la tentación fácil puede ser seguir los cantos de sirena, seguir a un nuevo «emperador» que prometa una vida maravillosa y fácil, y sin casi esfuerzo.

La respuesta a las cuestiones existenciales nunca es sencilla y nunca fue fácil. Nuestros ancestros lo tenían muy, muy claro y lucharon muy duramente para conseguir sus objetivos y, además, dejar, dejarnos, un buen legado.

¿Estamos dispuestos a cumplir como hicieron ellos? ¿O dependerá de «cómo fluyamos»?

Pedro Sánchez Herráez
COL.ET.INF.DEM. Doctor en Paz y Seguridad Internacional. Analista del IEEE

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1] SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. La nueva pugna de las potencias: ¿Guerra mundial 3.0 o guerra fría 2.0? Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Análisis 28/2023. 19 de abril de 2023. Disponible en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2023/DIEEEA28_2023_PEDSAN_Potencias.pdf
[2] SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. Siglo XXI: ¿el retorno de los imperios?, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Análisis 29/2025. 23 de abril de 2025. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/siglo_xxi_el_retorno_de_los_imperios-1
[3] Sociólogo polaco-británico (1925-2017) desarrolló una intensa carrera académica e investigadora, que se plasmó en un gran número de obras de amplia difusión, destacando las centradas en la «modernidad líquida». En el año 2010 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Una breve reseña de su vida puede consultarse en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bauman.htm
[4] BRAVO DE MEDINA, Ricardo. «¿Qué es la sociedad líquida?». 25 de agosto de 2024. Disponible en: https://bravodemedina.com/que-es-la-sociedad-liquida/
[5] CANAL FRP. «Sociedad líquida y desigualdad económica», Fundación Rafael del Pino. 18 de septiembre de 2019. Disponible en: https://frdelpino.es/actualidad/sociedad-liquida-y-desigualdad-economica/
[6] SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. Siglo XXI: ¿Una nueva era revolucionaria las puertas? Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Análisis 28/2026. 8 de abril de 2026. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/3738281/ieee-2026-siglo-XXI-era-revolucionaria-puertas-analisis28.pdf/160fe3fd-187d-241e-58e1-83a8a45f1c74?t=1775547385148
[7] BAUMAN, Zygmunt. Miedo Líquido. La sociedad contemporánea y sus temores. Paidós Ibérica S. A., Barcelona, 2007.
[8] ACIMUT. «Individualismo ¿libertad o aislamiento?». 9 de diciembre de 2025. Disponible en: https://acimutpsicologia.com/blog/2296/individualismo/
[9] HIGUERAS, Juan Carlos. «Pagar por respirar: bienvenido a la sociedad donde ya no tendrás nada pero todo tendrá una cuota», La Razón. 13 de julio de 2026. Disponible en: https://www.larazon.es/economia/pagar-respirar-bienvenido-sociedad-donde-tendras-nada-pero-todo-tendra-cuota_202607136a543dbcc48a78681b85780a.html
[10] Un breve repaso de Rusia y los principales hitos de orden y desorden puede consultarse en SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. «Marco geopolítico de Rusia: constantes históricas, dinámica y visión en el siglo XXI», en Rusia bajo el liderazgo de Putin. La nueva estrategia rusa a la búsqueda del liderazgo regional y el reforzamiento como actor global. Cuaderno de Estrategia n.º 178. Instituto Español de Estudios Estratégicos, Madrid, 2015, pp. 15-77. Disponible en: https://publicaciones.defensa.gob.es/rusia-bajo-el-liderazgo-de-putin-la-nueva-estrategia-rusa-a-la-busqueda-de-su-liderazgo-regional-y-el-reforzamiento-como-actor-global-n-178.html
[11] RTVE. «El fervor religioso en torno a Trump: "¡Qué honor orar por el presidente en el despacho oval!”». 7 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.rtve.es/noticias/20260307/fervor-religioso-torno-trump-honor-orar-presidente-despacho-oval/16967936.shtml
[12] THE SMITHS. Nowhere fast. Disponible en: https://www.musixmatch.com/es/letras/The-Smiths/Nowhere-Fast/traduccion/espanol; o en la película Calles de fuego. Disponible en: https://www.musica.com/letras.asp?letra=872157
[13] FUSARO, Diego. «Sin pasado y sin futuro. La época del eterno presente», Posmodernia. 26 de febrero de 2026. Disponible en: https://posmodernia.com/sin-pasado-y-sin-futuro-la-epoca-del-eterno-presente/
[14] WILBUR, Douglas. «Words as weapons: the strategic power of Chinese slogans in media propaganda». 23 de junio de 2025. Disponible en: https://smallwarsjournal.com/2025/06/23/words-as-weapons-the-strategic-power-of-chinese-slogans-in-modern-propaganda/
[15] VACCA, Paul. «Trump más allá del espectáculo: descifrar MAGA», Le Grand Continent. 19 de julio de 2025. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2025/07/19/trump-mas-alla-del-espectaculo-descifrar-maga/
[16] MINGFU, Liu. «The Chinese Dream to Overtake America», The Atlantic. 4 de junio de 2015. Disponible en: https://www.theatlantic.com/international/archive/2015/06/china-dream-liu-mingfu-power/394748/
[17] KOLESNIKOV, Andrei. «Putin´s theater: signs and slogans for the russian elite», Carneggie Endowment for International Peace. 7 de diciembre de 2015. Disponible en: https://carnegieendowment.org/posts/2015/12/putins-theater-signs-and-slogans-for-the-russian-elite
[18] TIRANT LO BLANCH. «La Separación de Poderes: ¿Qué es?». 14 de julio de 2025. Disponible en: https://tirant.com/curiosidades-mundo-juridico/noticia-la-separacion-de-poderes-que-es/
[19] MENTESOGLU TARDIVO, Zeynep. «Political institutions in authoritarian regimes may look democratic, but they reinforce the rulers’ power base», The Loop. Disponible en: https://theloop.ecpr.eu/political-institutions-in-authoritarian-regimes-may-look-democratic-but-they-reinforce-the-rulers-power-base/
[20] VOZPOPULI. «Putin inicia purgas en el servicio de inteligencia por la campaña fallida en Ucrania». 11 de marzo de 2022. Disponible en: https://www.vozpopuli.com/internacional/putin-inicia-purgas-servicio-inteligencia.html
[21] EURONEWS. «Vladimir Putin inicia una purga dentro del Ejército ruso tras la reciente rebelión del Grupo Wagne». 29 de junio de 2023. Disponible en: https://es.euronews.com/2023/06/29/vladimir-putin-inicia-una-purga-dentro-del-ejercito-ruso-tras-la-reciente-rebelion-del-gru
[22] KOMIN, Mikhail. «Kremlin seeks greater battlefield effectiveness with military purge», Carnegie. 6 de junio de 2024. Disponible en : https://carnegieendowment.org/russia-eurasia/politika/2024/06/russia-defense-ministry-repressions
[23] COOK, Ellie. «Putin´s military purge “unnerved” Russian elites: report», Newsweek. 17 de enero de 2025. Disponible en: https://www.newsweek.com/russia-military-purge-sergei-shoigu-vladimir-putin-2016561
[24] ABC. «La promesa de Trump de purgar a los generales “woke” del Pentágono por sus feroces críticas al nuevo presidente». 11 de noviembre de 2024. Disponible en: https://www.abc.es/internacional/presidencia-trump-purga-generales-woke-feroces-criticas-20241111100824-nt.html
[25] DW. «Trump purga altos cargos de seguridad nacional». 4 de abril de 2025. Disponible en: https://www.dw.com/es/trump-purga-altos-cargos-de-seguridad-nacional/a-72134648
[26] PARKER, Ashely y FITZPATRICK, Sarah. «Trump´s purge maybe just beginning», The Atlantic. 2 de abril de 2026. Disponible en: https://www.theatlantic.com/politics/2026/04/pam-bondi-trump-attorney-general/686673/
[28] LÓPEZ, Ivan. «Nadie está a salvo. las purgas militares de Xi Jinping sacuden China». 14 de junio de 2026. Disponible en: https://thepoliticalroom.com/blog/las-purgas-militares-de-xi-jinping-que-sacuden-china
[29] CURUNCHO, Daniel R. «La purga perpetua de Xi Jingping», La Vanguardia. 8 de febrero de 2026. Disponible en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20260208/11460045/purga-perpetua-xi-jinping.html
[30] TAN, Yvette y MCDONNELL, Stephen. «China´s XI Jinping makes rare reference to recent military purge», BBC. 12 de febrero de 2026. Disponible en: https://www.bbc.com/news/articles/cg5n7064p9eo
[31] RTVE. «China elimina el límite de dos mandatos presidenciales, lo que permitirá a Xi Jinping perpetuarse en el poder». 11 de marzo de 2018. Disponible en: https://www.rtve.es/noticias/20180311/china-elimina-limite-dos-mandatos-presidenciales-permitira-a-xi-jinping-perpetuarse-poder/1693620.shtml
[33] BATOUT, Jérôme. «¿Sueña Donald Trump con ser un presidente francés?», Le Grand Continent. 14 de julio de 2026. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2026/07/14/donald-trump-reve-t-il-detre-un-president-francais/
[34] CHELLANEY, Brahma. «China’s imperial overreach», Australian Strategic Policy Institute. 25 de mayo de 2017. Disponible en: https://www.aspistrategist.org.au/chinas-imperial-overreach/
[35] MYCAK, Sonia. «The symbolic significance of the Crimea bridge attack», Australian Strategic Policy Institute. 13 de octubre de 2022. Disponible en: https://www.aspistrategist.org.au/the-symbolic-significance-of-the-crimea-bridge-attack/
[36] LUHRMANN Anna y LINDBERG, Staffan I. «A third wave of autocratization is here: what is new about it?», Routledge, Democratization, vol. 26, n.º 7. 2019, pp. 1095-1113. Disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/epdf/10.1080/13510347.2019.1582029?needAccess=true
[37] DE MIGUEL, Jesús M. «Los tres factores del retroceso democrático: desinformación, polarización y autocratización», Agenda Pública. 22 de mayo de 2025. Disponible en: https://agendapublica.es/noticia/19866/nuevo-orden-mundial-retroceso-democracia-desinformacion-polarizacion-autocratizacion
[38] VV. AA. «Informe sobre la democracia 2026: ¿El fin de la era democrática?», Universidad de Gotemburgo: Instituto V-Dem. 2026. Disponible en: https://www.v-dem.net/documents/76/V-Dem_Institute_Democracy_Report_2026_Spanish_lowres.pdf
[39] GURIEV, Sergei. «El tiempo ya no juega a favor de Putin», Política Exterior. 8 de julio de 2026. Disponible en: https://www.politicaexterior.com/el-tiempo-ya-no-juega-a-favor-de-putin/
[40] URIBARRI, Fátima. «Bufones, ni locos ni payasos. El privilegio de decirle la verdad al poder», El Correo XL. 10 de octubre de 2025. Disponible en: https://www.elcorreo.com/xlsemanal/historia/bufones-ni-locos-ni-payasos.html
[41] FRIEDMAN, Thomas L. «Tres líderes mundiales distintos. Tres decisiones increíblemente malas», The New York Times. 27 de julio de 2027. Disponible en: https://www.nytimes.com/es/2026/07/27/espanol/opinion/trump-netanyahu-putin-guerras.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20260727&instance_id=179382&nl=el-times&regi_id=227510022&segment_id=223750&user_id=89d6be8e645c46802d3f62814b835549
[42] DOUTHAT, Ross. La sociedad decadente: Cómo nos hemos convertido en víctimas de nuestro propio éxito. Editorial Ariel, 2021.
[43] BARRÍA, Cecilia. «"Podemos crecer infinitamente en un planeta finito": qué es el 'dilema del crecimiento' que plantea el influyente economista británico Daniel Susskind», BBC. 6 de julio de 2024. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/c1dd40x13z5o
[44] En este sentido SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. «Yugoslavia y yugonostalgia: ¿Europa y euronostalgia?», en Panorama Geopolítico de los conflictos 2019. Instituto Español de Estudios Estratégicos, Madrid, 2019, pp.107-142. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2077188/Cap%C3%ADtulo+4.+Yugoslavia+y+yugonostalgia+Europa+y+euronostalgia.pdf/bd41b3e9-598b-33e5-6835-0fcc17063941?t=1763986985709
    • Siglo XXI: ¿el retorno de los (emperadores) autócratas? (0,2 MB)

    • The 21st century: The return of autocratic (emperors)? (0,5 MB)