Los episodios de enfermedades reemergentes y el agravamiento en los síntomas de otras tantas que antes cursaban de forma leve motivaron en mayo de 2018 la potenciación del laboratorio de biología molecular del Centro Militar de Veterinaria de la Defensa. En él se encargan de la detección de bacterias, virus y parásitos que afectan tanto a humanos como animales, es decir, agentes causantes de zoonosis.
Con la identificación, primero de la especie del artrópodo vector, y luego del agente que puede transmitir, se consigue evaluar el riesgo de infecciones potencialmente mortales, como la malaria, contagiada por el mosquito del género Anopheles, o la fiebre del Nilo Occidental, transmitida por la picadura del mosquito del género Culex.
Para llevar a cabo esa identificación se sirven de técnicas moleculares, como la PCR a tiempo real, que se realiza bajo estrictas condiciones de seguridad. La incorporación de una cabina de Nivel de Contención Biológica 3 (BSL-3) permitirá emplear la PCR para estudiar la presencia en el vector de virus causantes de enfermedades contagiosas más graves, como la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, el dengue, la fiebre de Zika o el Chikungunya.
El cambio en las condiciones climáticas, así como la movilidad derivada de la globalización, ha provocado que estas patologías hayan dejado de ser un problema limitado a países en vías de desarrollo o zonas de misión. Teniendo en cuenta las zonas tan diversas en las que se despliegan nuestras fuerzas, se ha hecho necesario modificar su vigilancia y prevención.
Además de las tareas diagnósticas, el equipo del laboratorio formado por 10 personas (tres oficiales veterinarios, cuatro técnicos de laboratorio, un suboficial dedicado a gestión y dos alumnas) también realiza tareas docentes y participa en iniciativas de investigación con otras instituciones. Así, han colaborado en el Proyecto Gares, promovido por el INIA-CSIC y la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense, que consiste en la elaboración de un mapa de garrapatas en España, además de un proyecto propio de estudio del flebótomo, vector transmisor de la leishmaniosis canina.
Tecnología, formación e investigación en manos de un equipo altamente cualificado para el control de una amenaza insospechada.