La obra literaria de nuestro escritor más universal, a quien se le reconoce el mérito de ser el creador de la primera novela moderna y la influencia en multitud de autores que le sucedieron, está ligada a su pasado como soldado, una profesión que ejerció entre 1569 y 1584 y en la que profundizó en valores como la valentía, el compromiso y la justicia.
En 1547, en los últimos días de septiembre - posiblemente el 29 por ser el día de San Miguel Arcángel - se presume que tuvo lugar el nacimiento del insigne escritor Miguel de Cervantes y Saavedra. Así se deduce de su partida de bautismo fechada el 9 de octubre de ese mismo año en la parroquia de Santa María la Mayor, en Alcalá de Henares.
Genio de las letras y de la literatura universal, su vida y su destino como novelista, poeta y dramaturgo estuvieron ligados también a la historia y al Ejército, ya que antes de alcanzar la gloria como escritor, Cervantes fue ante todo militar. Viejo soldado de los tercios españoles, una de las unidades de Infantería más duras y eficaces del siglo XVI, sus vivencias ejerciendo el oficio de las armas están presentes en toda su obra y, muy especialmente, en el inmortal don Quijote.
Su destacada vida militar pasó por alistarse en la compañía del capitán Diego de Urbina, perteneciente al Tercio de Miguel de Moncada. En sus filas, Cervantes combatió en la batalla naval de Lepanto en 1571, donde resultó herido en el pecho y en la mano izquierda, la cual quedó inutilizada para siempre y le valió el sobrenombre de ‘el manco de Lepanto’. Tras esta gesta, entró como soldado aventajado a la compañía de Manuel Ponce de León, encuadrada primero en el Tercio de Lope de Figueroa y, después, en el de Sicilia, del que hoy son herederos el Regimiento Acorazado ‘Córdoba’ nº10 y el Regimiento de Infantería ‘Tercio Viejo de Sicilia’ nº 67, respectivamente.
Aunque han pasado más de cuatro siglos desde su muerte en 1616, las Fuerzas Armadas siguen mostrando su orgullo por uno de sus miembros más ilustres y recordándole en forma de homenajes o exposiciones en cuanto tienen ocasión.
Para la Armada, el escritor fue ante todo “un soldado de mar”, que combatió para defender los intereses de la Corona española en el Mediterráneo y el Atlántico, en una época en la que se fecha el origen de la actual Infantería de Marina, la más antigua del mundo. Apresado por piratas berberiscos en su travesía desde Nápoles a España, el Cervantes soldado permaneció cautivo en Argel durante cinco años, una dura experiencia que se plasmó en obras teatrales como ‘El trato de Argel’ o ‘Los baños de Argel’.
Pero sin duda, uno de los reflejos más importantes de su pasado militar tiene lugar en el ‘Discurso de las armas y las letras’ de El Quijote, en el que a través del personaje de ‘el Cautivo’, considerado profundamente autobiográfico, se describe la dualidad entre los dos oficios de Cervantes: “Dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura”.