Artículo de la Revista Española de Defensa nº 426
Lejos de la tradición propia de las sagas militares, donde lo habitual es que los padres oficiales inspiren a los hijos, la familia madrileña Fernández Sierra es una historia única en las Fuerzas Armadas: los progenitores son de la escala de tropa; los dos hijos, oficiales.
También es novedoso que sea una mujer la que abra el camino al resto de la familia. La madre, Rocío Sierra Ortiz, fue la primera que ingresó en la milicia y, unos meses después le siguió su marido, ambos en el Ejército de Tierra.
Con el paso del tiempo, sus dos hijos darían el salto a la oficialidad. El mayor, es teniente del Ejército del Aire y del Espacio y piloto de caza, y la hija, cadete de 2º curso en la Academia General Militar.
A Rocío, la atracción por el Ejército le llegó con 18 años. «Soy muy atrevida y me gusta mucho la aventura. Me emocioné con la película La teniente O’Neill y, a partir de ahí, me preparé el examen de ingreso». «La primera vez suspendí las pruebas físicas, pero insistí y, con ayuda del que hoy es mi marido, Óscar, las preparé a conciencia». Y así, con 19 años entraba a formar parte del Ejército de Tierra. Óscar no tardó en lograr también el ingreso, y actualmente es cabo.
Enseguida llegaría su primer hijo: «Creo que me quedé embarazada el día que juré bandera, quizá eso fuera ya un indicio», ríe al evocar ese momento. Tres años después, vino la segunda, Aitana, y hoy ambos tienen una carrera militar por delante en la escala de oficiales.