Artículo de la Revista Española de Defensa número 390
En las aguas jurisdiccionales españolas, en las zonas colindantes (desde las Azores a Cerdeña y desde Brest hasta Mauritania) y en las más lejanas del golfo de Guinea y el océano Índico. Todo lo que allí se mueve, ya sean pateras, buques militares, lanchas rápidas, embarcaciones oceanográficas o pesqueros, son controladas por el COVAM (Centro de Operaciones de Vigilancia y Acción Marítima). Ubicado en Cartagena, en el centro trabajan 35 militares de la Armada que, en turnos de 24 horas, hacen el seguimiento a unos 50.000 barcos cada día y registran anualmente más de 3.000 incidencias, desde naufragios y urgencias médicas a secuestros y otras actividades delictivas.
«La atención se centra principalmente en esas zonas pero, si tenemos conocimiento de cualquier actividad delictiva en otras partes del mundo, por ejemplo, en el sudeste asiático, también informamos, e incluso hacemos recomendaciones», explica el jefe de operaciones del COVAM, capitán de fragata Luis Mancha. El éxito de su trabajo reside en el intercambio de información con centros similares de otros países y con los barcos y las agencias españolas que tienen intereses en el mar —Guardia Civil, Vigilancia Aduanera, Salvamento Marítimo y SEGEPESCA (Secretaría General de Pesca)—.
La comunicación con los buques militares, se realiza a través de sistemas propios de las Fuerzas Armadas; con el resto, a través del teléfono o internet. «Cuando nos llega la información, el personal de guardia la evalúa e informa a todos los centros que se encuentran en la zona donde ha ocurrido el incidente o hay sospechas de actividad delictiva. Además, se llama por teléfono a los patrones de los barcos que se encuentran a menos de 100 millas para que tomen precauciones», explica el capitán de fragata Mancha. «Posteriormente —añade—, otra sección contacta con el centro que ha originado la información para pedir más detalles: el nombre del barco, la tripulación, a dónde lo han llevado, si ha sido secuestrado, si hay indicios de la presencia de otros grupos piratas en la zona».
Los barcos civiles no tienen obligación de mantenerse en contacto con el COVAM, «pero a todos les interesa». Desde hace años, el centro lleva a cabo una campaña de información con la comunidad mercante. «Nuestros patrulleros facilitan a los pesqueros nuestros teléfonos y correos electrónicos y tenemos una página en internet donde volcamos información general de seguridad marítima, marcando las zonas de riesgo», puntualiza Mancha.
El centro de operaciones del COVAM está presidido por una gran pantalla donde aparecen etiquetados —rumbo, velocidad y situación— los barcos que vigilan. A los lados, otras pantallas más pequeñas. En una de ellas, con el sistema propio del centro, el ENCOMAR (Entorno Cooperativo de la Armada), ven los mercantes que navegan por una zona concreta. En otra, aparece la información de SEGEPESCA y, así, saben dónde están faenando los pesqueros españoles. «En otra sala —explica— están los sistemas clasificados y, a través de ellos, contactamos con otras marinas, con la OTAN, la Unión Europea y los buques de la Armada».
El COVAM, creado en 2006, está en pleno proceso de modernización. Ahora, si los barcos se desconectan «nos quedamos ciegos —añade—, no sabemos dónde están». Por eso, se están incorporando otros sistemas de vigilancia —radar, imágenes satélite…— para tener una información más completa de la situación de superficie. «Esperamos tenerlo operativo en el primer semestre de 2022», puntualiza el jefe de operaciones.