
27 nov 2025
IEEE. Una visión integral de la Asociación Estratégica Ruso-China
Carolina de Amuriza Chicharro, Experta en Asuntos de la UE y la OTAN; Rubén Fuster Leal, Doctorando en Universidad Complutense de Madrid; María Elena Medrano de Lara, Experta en Industria Aeronáutica; Cristina Villanueva Marín, Consultora de comunicación; Alberto Velázquez Clavijo, Capitán Auditor del Cuerpo Jurídico Militar.
Introducción
El objeto de estudio del presente documento son las relaciones internacionales de Rusia y China, conocidas actualmente como de asociación estratégica. Al respecto, nos planteamos la siguiente cuestión: ¿en qué consiste la asociación estratégica ruso-china? En general, ¿cómo es el estado de las relaciones internacionales entre ambos actores en el primer cuarto del S. XXI?
Para satisfacer la anterior pregunta, desarrollaremos una descripción completa del objeto de estudio, abarcando los múltiples planos o dimensiones a los que se extiende la relación asociativa entre ambos actores. No obstante, como pretendemos una descripción integral, también nos ocuparemos de estudiar y recopilar los desafíos a los que se enfrente la asociación, y la percepción que de ella se tiene desde terceros actores, principalmente la OTAN. Como principal instrumento de apoyo, recurriremos a la revisión bibliográfica, empleando fuentes bibliográficas primarias, como son tratados entre ambas potencias o comunicados de instituciones oficiales, así como fuentes secundarias, como son análisis de think-tanks, estudios académicos (revistas, monografías, etc.), o medios de comunicación.
Tanto el discurso de las potencias implicadas, como la actual situación geopolítica global, nos han llevado a enmarcar la relación entre Rusia y China como una de las asociaciones internacional que más interés suscita en el resto del mundo, no solo en lo meramente académico, sino también en la esfera política, comercial-económica, tecnológica, y también en el ámbito de la seguridad y defensa. Precisamente estos han sido los campos de análisis del presente trabajo, con el deseo de ofrecer una radiología lo más completa posible del vínculo entre estos dos países.
A pesar de los múltiples beneficios mutuos tras cada uno de los planos/dimensiones de la asociación ruso-china, la principal motivación detrás de ella está en promover una alternativa al orden mundial, que ellos consideran, impuesto por Estados Unidos y Occidente. La asociación de estos dos países trasciende de la mera dimensión asiática, significativa aunque no determinante, sino que tiene el potencial de cambiar el orden mundial en los términos que lo conocemos.
Dimensión Política
Comienzo de las relaciones diplomáticas
Antes de profundizar en el análisis de los demás planos de la asociación ruso-china, es importante comenzar por cuándo empezaron dichas relaciones, lo que nos remite a la dimensión política y al enfriamiento de las tensiones vividas durante la Guerra Fría, dando lugar a los primeros acuerdos políticos.
Tras décadas de alta tensión entre la entonces Unión Soviética y la República Popular de China —tensiones que posteriormente comentaremos—, tuvo lugar un punto de inflexión que cambió por completo las relaciones que habían experimentado hasta ahora: la disolución de la Unión Soviética en 1991, dando lugar a una nueva república federal de Rusia y al fin de la Guerra Fría. La República Popular de China vio en este hecho una oportunidad para relajar las tensiones acaecidas a lo largo de las décadas, y en 1992, firmaron una declaración conjunta en la que daban comienzo al retorno de las relaciones diplomáticas, esta vez con la nueva Federación Rusa1. Esto supuso el comienzo de una década marcada por múltiples viajes de los presidentes de sendos países al país amigo y firmas de continuados acuerdos estratégicos de cooperación2, demostrando así el interés en fomentar la sintonía entre ellos y el inicio de una alianza, que no solo ha perdurado hasta el día de hoy sin aparentes tensiones, sino que con el paso de los acontecimientos, se esfuerza en demostrar que cada vez está más fortalecida.
Su cooperación sienta sus bases en lo que se conoce como los “Cinco Principios de Coexistencia Pacífica”3: el respeto a la soberanía e integridad territorial de cada país; la no agresión mutua; la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados; la igualdad en las relaciones; y el beneficio mutuo.
Adoptando estos principios, ambos países consiguen entrar a una situación política no conflictiva, basada en la cooperación y el beneficio mutuo y no dirigida contra terceros países, siendo este último punto de suma importancia, sobre todo desde la perspectiva china. De manera tangible, la aplicación de esos cinco principios se puede ver reflejada a través de los siguientes mecanismos4:
En primer lugar, reuniones políticas anuales entre jefes de Estado y Gobierno, y periódicas entre ministros, para llevar a cabo un seguimiento de las cuestiones de mayor interés mutuo. Se ha establecido también una línea telefónica directa Pekín-Moscú entre los jefes de Estado. Merece la pena destacar la buena relación personal que mantienen Xi Jinping y Putin, aparentemente más allá del plano político. Xi Jinping se ha referido a Putin como “su mejor amigo y compañero”, y queda demostrada en el notable número de ocasiones en las que ambos se han reunido, superando con creces los encuentros con cualquier otro líder mundial5.
Figura 1. Número de encuentros de Xi Jinping con líderes mundiales hasta marzo 2023. Fuente: CSIS China Power Project, What Are the Key Strengths of the China-Russia Relationship?”, 9 de noviembre 2023. Disponible en: https://chinapower.csis.org/china-russia-relationship-strengths-benefit/
El segundo mecanismo sería coordinación bilateral para el trabajo conjunto en todos los demás ámbitos (económico, energético, comercial, etc.). Asimismo, la coordinación también se halla en el alineamiento en cuestiones internacionales, ofreciendo una postura coordinada y no solapando ni contradiciéndose entre las potencias.
En tercer y último lugar, estaría la creación del Comité Chino-Ruso de Amistad, Paz y Desarrollo, una institución no gubernamental creada para ahondar el vínculo entre la sociedad china y la sociedad rusa. Actualmente desarrollan proyectos económicos relacionados con el mundo empresarial, y humanitarios6.
Cooperación en organizaciones internacionales
Rusia y China comparten membresía en numerosas organizaciones internacionales, desde organismos con fines políticos, pasando por económicos, e incluso organismos enfocados en seguridad. Como se ha mencionado antes, uno de los pilares de la asociación entre ambos países, es coordinar su postura ante cuestiones internacionales, obteniendo una posición alineada que transmite coherencia y unidad, algo que obtiene su máxima expresión en el desempeño de ambas potencias en las organizaciones internacionales en las cuales las dos están presentes.
Dentro de las organizaciones en las cuales Rusia y China están presentes, se pueden destacar, por su relevancia y peso tanto en el plano internacional, como en el plano regional, las 3 siguientes: ONU, BRICS y Organización de Cooperación de Shanghái.
Organización de la Naciones Unidas
La relevancia de su membresía radica en su estatus como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Rusia y China mantienen una cooperación amistosa y máximo alineamiento en las cuestiones abordadas en el Consejo. Ejemplo de ello, ninguno de los dos ha vetado una resolución propuesta por el otro desde que comparten foro, y, sin embargo, votan frecuentemente en contra de otras resoluciones propuestas por Estados Unidos (16 veces hasta febrero 2025). En el gráfico siguiente se puede ver que China solo ha ejercido dos veces el veto sin ir de la mano de Rusia, mientras que Rusia sí ha ejercido ese poder en solitario en 24 ocasiones hasta febrero 20257.
Gráfico 1. Figura 2: Ocasiones de veto ejercidas por Rusia y China en el Consejo de Seguridad. Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Peace & security data hub, “Security Council Data - vetoes since 1946”, 2025. Disponible en: https://psdata.un.org/dataset/DPPA-SCVETOES
Muchos de los vetos conjuntos han tenido lugar en cuestiones de seguridad de gran interés geopolítico para alguna de las dos potencias, como se observan en los reiterados vetos sobre la cuestión siria o sobre Myanmar.
Figura 2. Lista de vetos por parte de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Fuente: Peace & security data hub, “Security Council Data - vetoes since 1946”, 2025. Disponible en: https://psdata.un.org/dataset/DPPA-SCVETOES
BRICS
La cooperación sino-rusa dentro de los BRICS adquiere otra dimensión con respecto al Consejo de Seguridad. Mientras que siendo parte del club de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Rusia y China consiguen un bloqueo directo a Estados Unidos y Occidente, a través de los BRICS crean un foro paralelo al bloque occidental representado en el G7. Representan a las economías emergentes en la consecución de un nuevo orden global económico alternativo al imperante.
Dentro del foro de los BRICS, Rusia y China consiguen ejercer un poder directo sobre las economías emergentes, incluyendo los miembros tradicionales —Brasil, India y Sudáfrica—, y los recién llegados —Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos—. El objetivo de Rusia, según unas declaraciones del viceministro de Asuntos Exteriores Sergey Ryabkov, es promover, junto con China, la autoridad del foro como un mecanismo de gobernanza global8. Con estas palabras se deducen dos aspectos clave: el “autodesignado” rol de líder de Rusia y China dentro de BRICS, y la ambición de llevar a los BRICS a ser un actor lo suficientemente relevante como para hablar de “mecanismo de gobernanza global”.
Organización de Cooperación de Shanghái (OCS)
Esta organización es el foro regional por excelencia que comparten Rusia y China junto con India, Kazajistán, Kirguistán, Pakistán, Tayikistán y Uzbekistán. De hecho, supuso una de las principales bases para los comienzos de su asociación estratégica, que es sin duda, el motor del funcionamiento de la organización. Ambas potencias, Rusia y China, controlan los órganos de toma de decisión de la OCS, que están compuestos en proporción a aquellos miembros que aportan más presupuesto, China y Rusia9.
La SCO ha servido para coordinar la política regional en Asia Central y regiones próximas entre las dos potencias, ejerciendo de balanza para regular la competición en la zona, así como mecanismo para resolver tensiones por los intereses de cada una de ellas en la región10. Originalmente, la organización estaba ideada para cuestiones de seguridad, resultando muy relevante para mitigar las aspiraciones separatistas de muchas zonas tanto de Rusia como de China, lucha contra el terrorismo, y ejercicios militares multilaterales11.
Sin embargo, a lo largo de los años esta cooperación se ha replicado a otros ámbitos, abarcando también cooperación económica, cultural y humanitaria. Siguiendo la línea principal del presente trabajo, se puede observar de nuevo, como uno de los fines de esta cooperación, es forjar una alternativa a Occidente en la región, ofreciendo a los miembros de la organización un sistema de normas internacionales, pero sin estar completamente limitados por ellas12.
Guerra de Ucrania: Perseverancia de la asociación
El 4 de febrero de 2022, Putin acudió a una reunión con el presidente Xi Jinping celebrada en China. Pocos días antes del comienzo de la invasión rusa de Ucrania, ambos países confirmaron en una declaración conjunta que “la amistad entre ambos países no tiene límites, no hay áreas prohibidas de cooperación, y el fortalecimiento de su cooperación estratégica no está dirigido contra ningún tercer país ni afectado por el panorama internacional cambiante”13.
Como se ha señalado anteriormente, uno de los principios que definen la política exterior china es la no-agresión, motivado por los principios de coexistencia pacífica. Desde el inicio de la guerra, la postura china ha estado sujeta a observación por parte del resto del mundo, exigiendo a la partes la aplicación de mecanismos diplomáticos como la negociación, mediación y el diálogo por los que siempre ha abogado14.
La realidad ha sido más compleja que la aplicación de unos principios que pueden llegar a interpretarse como teóricos. Por un lado, China no ha proporcionado apoyo militar a Rusia durante estos años. Sin embargo, por otro lado, China no sólo no ha condenado a Rusia en ningún momento por sus actos, sino que incluso ha condenado a la OTAN y a Estados Unidos por provocar a Rusia15. Es en esta posición intermedia, cumpliendo teóricamente con sus principios de no intervencionismo, pero cerca de una delgada línea próxima al apoyo a Rusia, en la que China ha encontrado la vía perfecta para asegurarse la continuación de la cooperación con Rusia, sin poner en riesgo su rol de negociador mundial.
En 2023, China hizo público un plan, denominado por ellos, de paz, conformado por 12 puntos, que Ucrania y Estados Unidos rechazaron16. Este plan fue precedido por un tour por Europa, acabando en Rusia, del entonces ministro de asuntos exteriores Wang Yi, dando a entender que la publicación del plan respondía a un mero interés por parte de China de mantener esa imagen de negociador, y acallar las críticas occidentales por su falta de posicionamiento17.
A pesar de la ambigua postura china, ambas potencias parecen haber encontrado ahí un punto en su relación estratégica de conveniencia para las mismas. Prueba de ello, son las constantes declaraciones por parte de medios oficiales del gobierno chino y ruso, de las llamadas telefónicas y encuentros entre Putin y Xi Jinping, revalidando la relación entre ellos, sean cuales sean las circunstancias internacionales que rodeen esta asociación tan fructífera18.
Dimensión Energética-Comercial
Los sectores de energía y comercio desempeñan un papel clave en el entramado de las relaciones bilaterales de la asociación estratégica ruso-china, en las que predominan intereses complementarios: Rusia, como una de las principales potencias en producción de hidrocarburos, ha encontrado en China un socio estratégico para la exportación de gas y petróleo, mientras que China, con su creciente demanda de energía y su posición como segunda economía mundial, ha consolidado a Rusia como un proveedor clave.
A su vez, el comercio bilateral ha crecido de manera sostenida, impulsado por acuerdos estratégicos e infraestructuras conjuntas. En este contexto, la cooperación energética y comercial no solo ha reforzado sus lazos económicos, sino que también ha tenido implicaciones geopolíticas significativas en el equilibrio de poder global.
Cooperación energética: Gas y petróleo
La cooperación energética ha sido uno de los pilares fundamentales de la relación Rusia-China, abarcando una amplia gama de acuerdos y proyectos de colaboración en el suministro de petróleo y gas, la energía nuclear y otras formas de energía. La Federación Rusa, como uno de los mayores productores de hidrocarburos del mundo, ha encontrado en China un socio clave para diversificar su mercado energético y reducir su dependencia de Europa, en un contexto de sanciones occidentales y daños a sus infraestructuras de suministro en Europa. Incluso, el Kremlin ha llegado a superar a Arabia Saudita como principal proveedor de petróleo de China, incrementando sus exportaciones en un 50% respecto a 202119. La estatal Rosneft juega un papel clave en este vínculo,suministrando crudo a través de acuerdos a largo plazo con China National Petroleum Corporation (CNPC) 20.
Rusia mira hacia Asia y, particularmente, a China e India, en lo que a exportaciones de gas y crudo se refiere. Uno de los proyectos que ejemplifica con más claridad esta “amistad” es el Poder de Siberia, el gasoducto más grande del este de Rusia, que abarca aproximadamente 3.000 kilómetros y cuya construcción requirió una inversión de aproximadamente 55.000 millones de dólares21. Según el acuerdo firmado en 2014 entre Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), el gasoducto suministrará, de los 61.000 millones de metros cúbicos anuales de capacidad, 38.000 millones a China durante 30 años22.
En los últimos años, el incremento del suministro de gas ruso a China se ha intensificado como una estrategia para compensar las pérdidas en el mercado europeo debido a las sanciones occidentales. Según informes recientes, Gazprom ha aumentado significativamente el volumen de gas transportado a través del gasoducto Poder de Siberia, consolidando aún más la relación energética entre ambos países23.
Otro proyecto clave en esta cooperación es el Poder de Siberia 2, que se espera tenga una capacidad de 50.000 millones de metros cúbicos anuales, lo que incrementará la interdependencia entre ambos países. Sin embargo, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), China ha mostrado reticencia en avanzar rápidamente con este proyecto, priorizando otros proveedores energéticos y asegurando precios más competitivos24.
Rusia, por su parte, busca aumentar sus exportaciones al gigante asiático para compensar la reducción de sus ventas a Europa tras las sanciones impuestas por la invasión de Ucrania. Además, con este segundo gasoducto, Rusia refuerza su papel como uno de los principales proveedores de gas de China, en un momento en que el gigante asiático busca diversificar su matriz energética.
El tercer gran proyecto de infraestructura energética es el gasoducto de la Ruta Este, que se encuentra en desarrollo y busca ampliar aún más el suministro de gas ruso a China. Esta infraestructura permitirá incrementar el flujo energético a través de una conexión oriental que fortalecerá la seguridad energética de China y consolidará la posición de Rusia como un proveedor clave en el mercado asiático. Este proyecto, en conjunto con los gasoductos Poder de Siberia y Poder de Siberia 2, forma parte de una estrategia a largo plazo para asegurar la cooperación energética entre ambos países en un contexto de transformación geopolítica.
Figura 3. Mapa de Poder de Siberia 2 y otros grandes gasoductos. Fuente: Global Gas Infrastructure Tracker, Global Energy Monitor. 2024. https://globalenergymonitor.org/es/report/china-is-rightly-dragging-its-feet-on-russias-power-of-siberia-2-pipeline/
Además, el Ártico se ha convertido en un eje de cooperación energética a considerar entre ambos países. Rusia ha promovido la explotación de los vastos recursos energéticos de esta región, como el gas natural licuado (GNL) en la península de Yamal, con el respaldo financiero y tecnológico de China, a medida que sus yacimientos continentales se agotan. Empresas chinas como la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC) y la Corporación de Importación y Exportación de China (CEXIM) han invertido en proyectos como Yamal LNG y Arctic LNG 2, consolidando su presencia en el desarrollo energético del Ártico. Esta cooperación es estratégica, ya que permite a China asegurar nuevas fuentes de energía mientras que Rusia obtiene acceso a inversiones y mercados alternativos frente a las sanciones occidentales25.
Cooperación energética: energía nuclear y otras formas de energía
Además de los hidrocarburos, la cooperación energética entre Rusia y China se extiende al ámbito de la energía nuclear. Rusia ha estado involucrada en la construcción de los reactores Tianwan 7 y 8, desarrollados por Rosatom, lo que subraya la diversificación de la cooperación energética más allá de los hidrocarburos26; y actualmente existen proyectos en curso para fortalecer esta colaboración.
En los últimos años, también se ha observado un creciente interés en la cooperación en energías renovables, energía de hidrógeno, almacenamiento de energía y mercados de carbono27. Acuerdos y comunicados conjuntos en 2024 han reiterado la intención de ambos países de profundizar la colaboración en estos sectores, aprovechando el potencial de Rusia en energías renovables y la fortaleza de China en la fabricación de tecnologías verdes. Si bien los hidrocarburos siguen siendo dominantes, esta diversificación indica una visión a largo plazo de la cooperación energética, alineada con las tendencias globales de transición energética.
Expansión del comercio bilateral
En la última década, el comercio entre Rusia y China ha crecido exponencialmente, alcanzando cifras récord. Como señala Milosevich-Juaristi, este incremento responde a una estrategia de mutuo beneficio: Rusia accede a maquinaria, equipos, vehículos, electrónica y, cada vez más, productos de alta tecnología y de doble uso; mientras que China se asegura un suministro estable de materias primas, con el petróleo crudo, el carbón, el gas natural, la madera y los metales. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, se ha observado un aumento en las exportaciones chinas de componentes electrónicos y otros artículos que podrían tener aplicaciones militares.
Desde 2021, el comercio entre ambos países ha experimentado un aumento significativo, superando los 240.000 millones de dólares en 202328. Este crecimiento representa un incremento del 26,3% entre 2022 y 2023. Si bien las cifras para 2024 también indican un volumen elevado (alrededor de 237.000 - 244.800 millones de dólares), la tasa de crecimiento parece haberse ralentizado en comparación con el año anterior29.
El comercio se ha visto beneficiado por la creciente utilización del yuan en las transacciones bilaterales, lo que ha reducido la dependencia del dólar y mitigado el impacto de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea30. Además, la inauguración de nuevos corredores comerciales, como el puente transfronterizo Blagovéshchensk-Heihe, ha reducido los tiempos de transporte y facilitado el intercambio comercial.
A pesar del crecimiento del comercio, persisten ciertas asimetrías. Mientras que Rusia exporta principalmente materias primas, China domina la exportación de productos manufacturados y tecnología avanzada; o sea, de mayor valor añadido. Esta situación ha generado preocupaciones en el Kremlin sobre una posible asimetría en la balanza comercial.
Beneficios y desafíos de la asociación energética y comercial
La cooperación energética reporta beneficios significativos, aunque asimétricos, para ambos países. China obtiene acceso a suministros energéticos cruciales para su economía en crecimiento, a menudo a precios competitivos, lo que mejora su seguridad energética. La participación en proyectos rusos también le brinda acceso a recursos y rutas estratégicas, como el Ártico. Por su parte, Rusia asegura un mercado de exportación vital para sus vastos recursos energéticos, especialmente en el contexto de las restricciones impuestas por los mercados occidentales, lo que le proporciona ingresos cruciales. La inversión y la tecnología chinas también son importantes para el desarrollo de proyectos energéticos rusos, particularmente en regiones remotas como el Ártico.
Sin embargo, esta cooperación energética también enfrenta desafíos. Existe la preocupación de que China pueda explotar la dependencia rusa para obtener condiciones más favorables. La postura cautelosa de China en algunos proyectos, como el Poder de Siberia II, sugiere que prioriza sus propios intereses estratégicos y económicos31. La transición energética de China hacia fuentes renovables a largo plazo podría reducir su dependencia de los combustibles fósiles rusos, lo que plantea un desafío para mantener a largo plazo la estrategia de exportación de energía de Rusia32. La asimetría de poder económico también podría generar tensiones y desafíos en la negociación de acuerdos y la distribución de beneficios33.
A lo anterior se suma la estrategia china de diversificación de proveedores energéticos, que busca evitar una dependencia excesiva de un solo socio. Pekín no renuncia a sus acuerdos con países de Medio Oriente y América Latina para asegurar su seguridad energética a medio y largo plazo.
El impacto de las sanciones occidentales sobre Rusia también ha sido un factor determinante en la relación energética y comercial. Aunque China ha aumentado sus importaciones de energía rusa, ha sido cautelosa en no violar abiertamente las restricciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, lo que podría limitar el crecimiento de la cooperación a largo plazo34.
Frente al mencionado desafío, ha tenido lugar la reciente formación del Eje Crink, una coalición entre Rusia, China, Irán y Corea del Norte que refuerza la relación estratégica entre estos países en respuesta a las sanciones occidentales35. Este bloque busca consolidar una estructura económica alternativa que reduzca la dependencia de los sistemas financieros occidentales, fomentando el comercio en monedas nacionales y promoviendo acuerdos energéticos estratégicos. En este contexto, Irán y Rusia han incrementado su colaboración con China, asegurando un suministro estable de petróleo y gas a Pekín, mientras que Corea del Norte ha encontrado en estos aliados una vía para sortear el aislamiento económico impuesto por Occidente36. Además, el uso de monedas nacionales en los intercambios comerciales ha reducido la dependencia del dólar, fortaleciendo la autonomía económica de los miembros del eje.
A pesar de ello, la relación se basa en intereses pragmáticos y no en una verdadera convergencia estratégica a largo plazo. Mientras que los cuatro citados países buscan desafiar el dominio de Occidente, también mantienen posturas independientes en distintos frentes de la política internacional, debilitando la viabilidad futura del nuevo eje. En otro apartado continuaremos ahondando en las diferentes posturas estratégicas mantenidas por Rusia y China, así como su interdependencia asimétrica.
Dimensión Militar-Tecnológica
Acuerdos de defensa
No existe un tratado formal de defensa mutua entre Rusia y China o una alianza completa tal y como ocurre con los países aliados occidentales enmarcados en la OTAN. Si bien, sí existen algunos acuerdos y colaboraciones clave que definen sus lazos en defensa, los cuales vamos a abordar a continuación.
Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa (2001)
Es a partir de este tratado cuando ambos actores declararon sus relaciones como “asociación estratégica”, siendo el inicio oficial de la misma. En él, también se enfatizan los cinco mencionados puntos de la diplomacia china: el respeto a la soberanía e integridad territorial de cada país; la no agresión mutua; la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados; la igualdad en las relaciones; y el beneficio mutuo. Si bien no es un acuerdo exclusivamente militar, sienta las bases para una cooperación más amplia, incluso en defensa, siendo de interés para este propósito los artículos 7 y 9 del mismo.
Artículo 7:
In accordance with the current agreements, the contracting parties shall adopt measures to increase trust between their militaries and reduce military forces in the border areas. The contracting parties shall expand and deepen confidence building measures in the military field so as to consolidate each other’s security and strengthen regional and international stability.
“The contracting parties shall make efforts to ensure its own national security in accordance with the principle of maintaining reasonable and adequate weapons and armed forces”.
The military and military technology cooperation of the contracting parties carried out in accordance with the relevant agreements are not directed at third countries.
Artículo 9:
“When a situation arises in which one of the contracting parties deems that peace is being threatened and undermined or its security interests are involved or when it is confronted with the threat of aggression, the contracting parties shall immediately hold contacts and consultations in order to eliminate such threats”37.
En estos artículos se puede ver la importancia que le dan ambos Estados a la defensa, especialmente las medidas de confianza mutua, transparencia e intercambio de información desmilitarización fronteriza, y transferencia de tecnología militar, para construir su relación de amistad y buena vencindad. Estos artículos se han visto materializados a lo largo del tiempo mediante ejercicios conjuntos, y ventas o transferencias de tecnologías para sistemas de armas o componentes críticos, lo que deriva en una mayor capacitación militar para ambos y, por lo tanto, contribuye de forma activa a la defensa tanto de China como de Rusia.
Otro ejemplo de materialización de este acuerdo son las consultas estratégicas sobre seguridad que mantienen en formato anual desde el año 2005, donde abordan temas de interés mutuo y fortalecen la cooperación militar bilateral, contribuyendo a fortalecer la comunicación entre sus ministerios de defensa y a coordinar sus estrategias de defensa38.
Organización de Cooperación de Shanghái (OCS)
Si bien como se ha explicado anteriormente, la SCO ahora mismo es principalmente una organización política y económica, ésta posee desde el inicio un enfoque en la dimensión de seguridad y defensa. Tanto Rusia como China, como miembros clave, colaboran en diversas cuestiones de seguridad, como la lucha contra el terrorismo, la estabilidad regional y el control de armamentos. La organización también fomenta la cooperación militar mediante ejercicios conjuntos e intercambio de inteligencia.
Ejercicios militares conjuntos
Como se ha enunciado, Rusia y China realizan regularmente ejercicios militares conjuntos, cuya escala y complejidad han aumentado con el tiempo. Estos ejercicios suelen involucrar fuerzas terrestres, aéreas y navales, y su objetivo es mejorar la interoperabilidad entre sus ejércitos. Estas operaciones conjuntas no solo fortalecen la interoperabilidad de sus fuerzas armadas, sino que también envían mensajes geopolíticos claros a adversarios como Estados Unidos y sus aliados occidentales y asiáticos39.
Del análisis realizado por el European Union Institute for Security Studies (EUISS), se puede ver un claro aumento tanto en el número como en la complejidad de estos ejercicios. En la Figura 4, se observa una ruptura con la tendencia anterior, aumentando claramente la cantidad de ejercicios coincidiendo con la llegada al poder de Xi Jinping y, por parte de Rusia, la anexión de Crimea. Por otro lado, destaca el aumento paulatino en la complejidad de los ejercicios, pasando de ejercicios básicos a operaciones conjuntas más integradas, con el empleo de bases aéreas mutuas o empleo de equipamiento militar avanzado y simulaciones de guerra regional.
Figura 4. Ejercicios conjuntos entre Rusia y China en el periodo desde enero de 2003 a marzo de 2024. Fuente: European Union Institute for Security Studies, basada en diversos medios de comunicación chinos y taiwanes. 3 de julio de 2024, disponible en https://www.iss.europa.eu/publications/briefs/rehearsing-war-china-and-russias-military-exercises.
En los últimos años, estas maniobras se han desplazado hacia regiones más sensibles y cercanas a rivales, como el Mar de China Meridional, el Mar de Japón y, más recientemente, cerca de Alaska. Más allá del ámbito militar, estos ejercicios sirven como herramientas de disuasión y presión estratégica, y como tal han sido utilizados para desafiar la presencia occidental en Asia-Pacífico y en regiones como el Mediterráneo y el Mar Negro, además de fortalecer la cooperación con otros socios como Irán y Sudáfrica. La participación china en estos ejercicios demuestra un interés continuo en desarrollar capacidades militares junto a Rusia, especialmente en un momento en que Estados Unidos y sus aliados refuerzan su coordinación en la región. Aunque las fuerzas ruso-chinas aún no alcanzan el nivel de interoperabilidad de la OTAN, el incremento en la escala y alcance de sus ejercicios podría sentar las bases para una cooperación militar aún más profunda en el futuro40.
Cooperación tecnológico militar Rusia-China
La cooperación militar entre Rusia y China en el ámbito aeronáutico se remonta a la Segunda Guerra Mundial, cuando la URSS suministró a China aviones de combate para enfrentar la invasión japonesa. Tras la victoria comunista en 1950, esta colaboración se intensificó con la entrega de aviones MiG y la concesión de licencias para la producción local. Sin embargo, las tensiones entre ambos países a finales de los años 50 llevaron a China a desarrollar su propia versión del MiG-21 (J-7) sin autorización soviética. No fue hasta la década de 1990, tras el colapso de la URSS, que las relaciones se restablecieron con la compra de cazas Su-27 y Su-30 por parte de China, consolidando nuevamente su dependencia de la tecnología rusa en materia de aviación militar41.
Entre los años 2000 y 2011, Rusia suministró a China aproximadamente 180 cazas Su-27 y Su-30, así como varios lotes de Su-30MKK y Su-30MK2. En 2015, China firmó un contrato de 2.500 millones de dólares para adquirir 24 cazas Su-35, convirtiéndose en el primer comprador extranjero de este modelo. En paralelo, China obtuvo en 1996 una licencia para fabricar 200 cazas Su-27SK en la planta de Shenyang, construida con apoyo ruso. Sin embargo, el ensamblaje solo alcanzó las 105 unidades antes de que China cancelara el contrato argumentando que había desarrollado su propia versión, el J-11. A pesar de esto, Rusia continuó proporcionando repuestos y soporte técnico para estos aviones.
La exportación de motores de aviación ha sido un pilar clave en la relación militar entre ambos países. Entre 2005 y 2016, Rusia suministró a China cientos de motores RD-93, D-30KP-2 y AL-31F para diversas aeronaves, incluyendo cazas JF-17, bombarderos H6 y transportes Il-76. En 2012, los motores representaron el 90% de las exportaciones militares rusas a China, consolidando la dependencia de la industria aeronáutica china en este ámbito. En 2016, la cooperación se amplió con un acuerdo para el suministro de repuestos y servicios técnicos, valorado en más de 65 millones de dólares, demostrando la importancia del sector aeroespacial militar en la relación entre ambos países.
Las exportaciones de material militar de Rusia a China disminuyeron después de 2006, como se puede ver en el Gráfico 2, debido a varios factores: el descontento de China con los precios rusos y la baja calidad en el sostenimiento de los sistemas, así como la preocupación de Rusia por la tendencia china a copiar su tecnología para uso propio y exportación. Aunque las ventas repuntaron ligeramente después de 2011 y crecieron tras la crisis de Ucrania con la venta de sistemas S-400 y aviones Su-35, la cooperación militar entre ambos países se ha centrado más en acuerdos estratégicos que en ventas de armas.
Gráfico 2. Valor estimado de las importaciones de armas rusas en China entre 2000 y 2024 (en millones de IVA). Fuente: Statista 2025 en colaboración con el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).
Actualmente, Rusia enfrenta el dilema de vender tecnología avanzada a China a pesar del riesgo de copia o perder ventas en el mercado internacional mientras China desarrolla sus propios sistemas. La estrategia rusa de vender tecnología de segunda línea ha quedado obsoleta, ya que la industria china ha alcanzado un nivel comparable y ahora solo busca las armas más avanzadas. A largo plazo, China no solo reducirá aún más su dependencia de las armas rusas, sino que también se convertirá en un competidor fuerte en el mercado global de armamento.
Este aumento en la capacitación nacional de China viene como consecuencia de su interés en reducir su dependencia de tecnología extranjera en el sector de defensa, centrándose en la producción nacional de equipos como motores de aviones y radares, tradicionalmente importados de Rusia, así como el impulso al desarrollo de tecnologías de doble uso como la inteligencia artificial y la fabricación de semiconductores. La estrategia de Xi Jinping de integrar los sistemas nacionales estratégicos busca fomentar la colaboración entre el ámbito civil y militar para impulsar la innovación y la autosuficiencia en tecnologías disruptivas. Para ello, China ha fortalecido la supervisión gubernamental sobre sectores estratégicos y, además, ha creado la Comisión Central de Ciencia y Tecnología para coordinar el desarrollo de la innovación, en línea con programas previos como Made in China 2025 y el Plan de Desarrollo de Inteligencia Artificial de 2017.
Además, el país está promoviendo la cooperación entre universidades, industrias y centros de investigación para acelerar la aplicación práctica de los resultados de la investigación, especialmente en defensa. A pesar de las restricciones impuestas por Estados Unidos en su intento por frenar el avance chino en alta tecnología, China sigue aumentando su inversión en I+D, con un gasto que superó los 3 billones de yuanes en 2022 y un plan de inversión de 1.4 billones de dólares en tecnologías críticas para 2025.
Sin embargo, esta estrategia China no impide que siga habiendo espacios para colaborar con Rusia en tecnologías de defensa, ya que ambos tienen intereses cruzados y se pueden beneficiar mutuamente. Mientras que China se beneficia de la gran experiencia y conocimiento de Rusia en tecnologías militares tradicionales, como puede ser la aviación de combate, los sistemas de defensa aérea y los submarinos, Rusia podría beneficiarse de tecnologías en las que China tiene una posición más predominante como pueden ser las comunicaciones satelitales cuánticas, ciberseguridad, vehículos aéreos no tripulados o la inteligencia artificial42.
Vulnerabilidades y Problemas en la Asociación Estratégica
En los anteriores epígrafes hemos podido constatar una creciente asociación estratégica entre Rusia y China que se extiende a múltiples dimensiones. Sin perjuicio de lo anterior, cabe señalar que dicha asociación no está exenta de vulnerabilidades y problemas. Conocer y valorar las vulnerabilidades y problemas a los que se enfrenta la asociación nos reportará una visión más integral de la misma, así como un mayor número de elementos de juicio para valorar su firmeza.
Al respecto, quisiéramos destacar que las vulnerabilidades y problemas a los que haremos referencia han tenido su respectivo eco en el ámbito académico. A menudo son integrados en los análisis sobre las relaciones ruso-chinas y sirven para sostener la existencia de ciertos límites para la consecución de una alianza plena sin restricciones43. De hecho, existe una corriente académica más escéptica en relación a la asociación estratégica entre ambos Estados, la cual afirma su fragilidad poniendo en valor las debilidades y problemas a los que ésta se enfrenta44. Esta corriente de escépticos se contrapone a la corriente principal que aboga por la creciente asociación estratégica destacando el potencial de los intereses comunes y de los vínculos estratégicos.
A continuación, procederemos a exponer el conjunto de vulnerabilidades y problemas de la asociación estratégica, reuniéndolos en 4 ejes principales que nos ayudarán a que su exposición sea más ordenada.
Primer eje: Rivalidad histórica y la cuestión fronteriza
La asociación estratégica es una cuestión del presente y no tanto del pasado, porque echando la mirada atrás predominó la rivalidad. Esta rivalidad fue intensa durante los años de la Guerra Fría y tuvo tintes ideológicos, pero hunde sus raíces en la época de los tratados desiguales, a mediados del S. XIX, de donde se originan reclamaciones territoriales chinas a Rusia.
Los “tratados desiguales” es el nombre que la historiografía concede a los tratados internacionales que desde la época de 1840 fueron suscritos por el Imperio chino con diversas potencias occidentales industrializadas que, bajo su coacción militar, suponían condiciones ventajosas para ellas y desfavorables para China, incluyendo la cesión de territorio, el asentamiento de extranjeros y concesiones comerciales, hasta el punto de dejar a China en un régimen de “semi-colonia”45. El Imperio ruso fue partícipe de aquellos tratados con el Imperio chino. Aprovechando la debilidad de la dinastía Qing tras la II Guerra del Opio, adquirió en 1860 un millón y medio de km2 en la región del río Amur, así como otra serie de concesiones.
Figura 5. Mapa territorios adquiridos por el Imperio ruso a costa de China tras los Tratados Desiguales. Fuente: PARDO DE SANTAYANA, José, “La asociación estratégica chino-rusa sigue gozando de buena salud”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Análisis 03/2023, disponible en https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/la-asociacion-estrategica-chino-rusa-sigue-gozando-de-buena-salud
Con el advenimiento de la República Popular China en el año 1949, esto es, la China comunista de Mao, no desaparecieron las intenciones rusas, ahora soviéticas, de seguir ejerciendo control sobre China, intentándola convertir en un Estado satélite de su respectivo bloque en el contexto de la Guerra Fría. No obstante, Mao no estuvo dispuesto a caer bajo la órbita soviética. Es más, aprovechó la desestalinización iniciada a partir de 1956 para acusar a la URSS de revisionista y rivalizar por el liderazgo ideológico del bloque comunista46. Entre otros aspectos, no aceptaba las tesis de la coexistencia pacífica con el capitalismo planteadas por Jrushchov, e inició relaciones diplomáticas aparte atrayéndose a su lado Estados comunistas como Albania o Camboya.
El carácter díscolo de China en el plano ideológico, unido a una serie de declaraciones públicas de Mao en 1964 no aceptando las fronteras entre la URSS y China por derivar de los tratados desiguales, dio lugar al temor soviético de una posible invasión terrestre china47. Entonces, Moscú decidió militarizar la frontera enviando cerca de 300.000 soldados, acrecentando los recelos de China, originando un auténtico dilema de seguridad entre ambos actores. La tensión creció hasta desembocar en una diversidad de incidentes fronterizos, destacando el enfrentamiento de marzo de 1969 en la isla de Zhenbao, en el río Ussuri, que hacía de frontera entre China y la URSS en la región de Amur, en el cual hubo centenares de bajas chinas48.
Durante aquellos incidentes hubo un riesgo real de guerra entre China y la URSS, implicando incluso la amenaza nuclear. Por su parte, la desunión de China y Rusia fue aprovechada por los Estados Unidos de Nixon para aplicar la diplomacia triangular diseñada por Kissinger y atraerse a su favor a China. La normalización de las relaciones entre Beijing y Moscú no tuvo lugar hasta finales de la Guerra Fría, en 1989, y la disputa fronteriza se solventó con el acuerdo fronterizo de 1991 que consolidaba el statu quo y clarificaba ciertas áreas bajo disputa, concediéndole a China la soberanía sobre la isla de Zhenbao49. La resolución de este incidente puso la primera piedra para la consiguiente declaración conjunta de 1992 y para los sucesivos acuerdos, como el de 2001.
Así pues, desde comienzos de la década de 1990 la disputa fronteriza estuvo resuelta sobre el papel, pero ello no quiere decir que la herida esté totalmente cerrada. El Partido Comunista Chino es ante todo una fuerza nacionalista50, y cree en el irredentismo histórico, en base al cual busca recuperar los territorios enajenados por los tratados desiguales o que en un pasado le pertenecieron51. Ejemplos que ilustran esta idea son los esfuerzos chinos por reintegrar Hong Kong y Macao, o la reclamación china de los archipiélagos e islas del Mar Meridional de China en base al argumento histórico de la línea de 9 puntos. Por su parte, Rusia percibe como especialmente vulnerable la frontera nororiental dada la desigualdad demográfica y económica a un lado y a otro de la frontera con China52. Por todo ello, la cuestión fronteriza puede seguir representando un escollo histórico para la asociación estratégica. Incluso, esta cuestión puede llegar a resurgir en momentos de crisis diplomática.
Segundo eje: Niveles de interdependencia desiguales
Entre los desafíos más destacados para la asociación estratégica, está el desajuste entre ambos actores. Rusia sigue siendo una potencia en diversos aspectos, pero su diferencial con China es notable a distintos niveles, como el demográfico, el económico y el militar53. Como señala la Estrategia de Seguridad estadounidense de 2022, China es la única potencia con capacidad para competir con Estados Unidos de igual a igual54.
Como se ha anotado anteriormente, la asimetría entre ambos es notablemente perceptible en el campo económico-comercial. En el plano económico, mientras China es una gran potencia a nivel global, Rusia es solo potencia de alcance medio5. China es la 2ª economía del mundo y cuenta con negocios y socios comerciales a escala mundial. Por el contrario, Rusia posee una economía similar a la de Italia y su influencia comercial radicaba principalmente en la UE con la venta de hidrocarburos y materias primas, por lo que, tras la invasión de Ucrania y el aluvión de sanciones occidentales, su comercio exterior se ha visto claramente mermado. Desde la invasión a Ucrania, para poder superar el cerco económico y financiero al que le ha sometido Occidente, precisa de China y de otras economías emergentes como la India, con la contrapartida que supone el aumento de la dependencia a las mismas56. Así pues, como dato que refleja niveles de interdependencia desiguales, desde el año 2023, China es el primer socio comercial de Rusia, mientras que Rusia es el sexto socio comercial de China57.
Deteniéndonos en China, la dependencia generada hacia Rusia en otros aspectos críticos no es tan exacerbada. Tal y como se ha indicado, la asociación estratégica con Rusia supone a China un plus para su seguridad energética, proveyendo recursos energéticos a precios asequibles y con un suministro estable, proporcionados mediante canales que no transitan por puntos bloqueables como Malaca o Suez. Ahora bien, China tiene bien diversificadas sus fuentes de energía y sus proveedores. Pese que Rusia haya pasado a ser en 2023 el principal exportador petróleo de China, desde este país se sigue produciendo el 55% de la energía a partir del carbón22. En cuento a las ventas de crudo, Rusia, aun siendo su vendedor número uno, solo le suministró el 19% del total de crudo consumido por China en 202359. En definitiva, Rusia supone ser una alternativa más y uno de sus tantos proveedores.
En cambio, Rusia precisa de altas cantidades de componentes de microelectrónica (semiconductores) y otras tecnologías duales, que tan necesarios para su industria de defensa, que solo es capaz de obtener a través de China. Así, en el contexto de la Guerra de Ucrania, el 90% de los componentes de microelectrónica que importa Rusia proceden de China60.
En el ámbito de la innovación y el desarrollo, en sectores en los que Rusia no es tan puntera, también ha pasado a depender en exclusiva de China, en tanto Occidente le ha vetado su conocimiento. Por ejemplo, Rusia carece de expertise en la explotación offshore de hidrocarburos, lo que complica la producción rusa de combustibles fósiles en regiones como el Ártico61. El acceso al conocimiento y la tecnología necesarios a tal efecto, a día de hoy, está limitado solo a China, debido a las sanciones impuestas por la Unión Europea y por el resto de socios occidentales, sanciones que se llevan introduciendo desde el año 201462.
Por ende, la autonomía estratégica de Moscú respecto a China es cuanto menos cuestionable. De profundizar en su relación estratégica con China, existe un alto riesgo de convertirse en su socio menor, algo que, claro está, no entra dentro de los deseos del Kremlin.
Tercer eje: Mismo objetivo, diferentes estrategias
Como se ha destacado a comienzos de este documento, China y Rusia tienen un común objetivo estratégico que fortalece su asociación: la revisión del orden internacional basado en reglas dominado por Estados Unidos y la consiguiente rivalidad con la hegemonía norteamericana. Sin embargo, que el objetivo sea el mismo no significa que la estrategia para su consecución sea igual en ambos actores. De hecho, difieren al punto de llegar a ser hasta contradictorias entre sí.
China fundamenta su posición mundial en el poder económico, mientras Rusia es estratégica a nivel global gracias a sus arsenales nucleares y a su actividad militar63. Beijing ejerce influencia por medio del comercio, la inversión en infraestructuras y medios logísticos, la compra de deuda externa, o la expansión global de sus multinacionales. Y es en el campo económico donde más ha ahondado en la reversión del orden preexistente, impulsando la desdolarización de la economía mundial, dominando o planteando alternativas a las instituciones financieras internacionales, o reemplazando a Occidente en mercados emergentes. Por su parte, Moscú mantiene un diálogo entre iguales con Estados Unidos gracias a la disuasión nuclear, así como garantiza esferas de influencia en su entorno cercano o extiende su poder a otros escenarios internacionales, como Oriente Próximo o África, instrumentalizando medios militares.
De la naturaleza de ambas potencias y de sus respectivas estrategias, se puede deducir diferentes niveles de tolerancia al riesgo militar. En el caso de China, esa tolerancia es baja64. Es reacia a la inestabilidad y a cualquier sorpresa producida por la guerra, tratando de mantenerla alejada de sí65. China depende del comercio internacional para la consecución de su objetivo estratégico y hasta para su propia supervivencia, pues no puede permitirse el desabastecimiento de su mercado interior y de sus núcleos de población. Los conflictos internacionales causan sobrecostes directos (como sanciones, fallos en la cadena de suministros, falta de materias primas, etc.) y contracciones indirectas en la economía mundial (inflación, recesión económica, etc.), que pueden afectar negativamente al comercio exterior y al desarrollo económico de economías como la China. Asimismo, el arsenal nuclear chino es todavía reducido, limitando la influencia político-militar de China a su entorno regional66.
Por el contrario, Rusia tiene una mayor tolerancia al riesgo militar. La predisposición de las autoridades rusas a emplear las FAS, junto con un proceso de toma de decisiones simple y la claridad de los objetivos, impulsan el liderazgo ruso y le ofrecen una ventaja respecto a sus adversarios67. Las intervenciones militares son un instrumento más en la estrategia de reimperialización de su entorno inmediato, y, en última instancia, han garantizado la presencia rusa en lugares como Georgia, Siria o Ucrania68. Además, tales intervenciones se ven respaldadas gracias al ejercicio de la disuasión nuclear, alejando la intromisión militar de terceros, tal y como se ha podido comprobar en Ucrania.
En definitiva, la estrategia de ambos Estados es dispar y, en ocasiones, contradictoria entre sí. Las intervenciones militares rusas pueden afectar a los intereses de expansión económica china a corto o medio plazo69. Así pues, es complicado que Beijing se vea atraída o implicada directamente en alguna de las aventuras militares de Moscú. Véase la guerra en Ucrania, en la cual China, pese a no condenar a Rusia y proveerla de suministros reforzando la asociación estratégica, se ha declarado neutral y ha defendido la integridad territorial de Ucrania. Si bien, no ha dejado pasar la oportunidad de criticar el expansionismo de la OTAN70.
4º eje: Competición regional
El último de los más destacables desafíos a los que tendrá que hacer frente la asociación estratégica será la competición entre ambos actores por determinadas regiones. La expansión de la influencia global china ha alcanzado regiones que, como Asia Central o el Ártico, han pertenecido a la órbita de influencia histórica de Moscú.
Centrándonos en Asia Central, en el conjunto de repúblicas exsoviéticas como Kazajistán o Turkmenistán, podemos señalar que China ha irrumpido en la región por medio de poderosas inversiones económicas en infraestructuras, servicios de transporte y en el sector de la energía. De hecho, el proyecto One Belt, One Road, en su versión terrestre, comienza su ruta en estos países. Pardo Delgado resume los intereses chinos en Asia Central en: “a) corredor estratégico para enviar sus productos a Europa, b) mercado para sus productos y empresas de construcción e ingeniería y c) fuente clave de recursos energéticos”71.
Por su parte, Rusia es el principal proveedor de seguridad de la región, en especial, a la hora de garantizar la pervivencia de los regímenes autoritarios de aquellos países. Al respecto, véase la intervención militar rusa, bajo el marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que tuvo lugar en Kazajistán para sofocar las revueltas masivas acontecidas en enero de 2022. Asimismo, los hidrocarburos que se producen en esta región se conducen a los mercados de consumo por medio de viejas infraestructuras soviéticas que transcurren por territorio ruso72. Por este motivo, Rusia también ejerce influencia económica sobre los países de Asia Central, controlando las exportaciones de hidrocarburos.
Con todo, la influencia de China y de Rusia no ha entrado en conflicto directo al haberse producido un reparto informal de los roles que cada uno desempeña en el lugar, distinguiéndose entre proveedor de inversión y oportunidades comerciales (China) y proveedor de seguridad (Rusia)73. Ahora bien, no existe una estrategia conjunta para Asia Central. De hecho, se han producido choques entre ambos países, como la oposición rusa a que China diversifique las redes de gaseoductos.
En relación con el Ártico, Rusia es una potencia preponderante, entre otros motivos, por el espacio que ocupa en la región —aproximadamente el 50%—, su tradición ártica, y su posición respecto a la Ruta Marítima del Norte, la cual controla de facto. Asimismo, Rusia ha sido, junto con Canadá, los Estados más celosos respecto a su soberanía en la región. Hasta 2013 bloqueó el ingreso de China como observador en el Consejo Ártico, debido a las críticas que este país había vertido sobre el cerrado régimen de gobernanza regional74. El cambio de estrategia de China, renunciando a la crítica por el ejercicio del soft power por medio de inversiones económicas y participación en negocios locales y proyectos científicos, favoreció el acercamiento a Rusia y al resto de Estados árticos.
Las circunstancias actuales, en las cuales Rusia ha quedado aislada del resto de Estados árticos por sus acciones en Ucrania, han favorecido aún más su aproximación a China. La máxima expresión de la connivencia ruso-china en el Ártico es la proyección de la Ruta de la Seda china sobre la Ruta Marítima del Norte que Rusia controla, generando una versión ártica del One Belt, One Road75. De todos modos, a pesar de los actuales proyectos compartidos en el Ártico, Rusia trata de impedir que los mismos recaigan bajo control exclusivo de China, exigiendo su correspondiente participación dominante76.
De la experiencia descrita en ambas regiones se puede deducir que, de momento, Rusia y China pueden coincidir y ejercer influencia simultánea en las mismas, pero el recelo ruso a la injerencia china no ha desaparecido y será un desafío a gestionar a futuro.
La Asociación Estratégica Ruso-China y la OTAN
La asociación estratégica de Rusia y China, vista desde la perspectiva de seguridad occidental, representada en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ha sufrido una constante evolución, al ritmo de los cambios geopolíticos que han experimentado estos dos países en el escenario de la política internacional. Ha adquirido cada vez mayor relevancia y en los últimos años se ha considerado como una potencial amenaza. Por su parte, la asociación estratégica también se ha visto afectada y vigorizada por las implicaciones que para su seguridad nacional ha tenido las actuaciones de la OTAN y de sus respectivos aliados, sobre todo, Estados Unidos.
Para Moscú y Pekín, se han dado varios motivos para su acercamiento en el ámbito de la seguridad y defensa. Entre ellos la expansión de la OTAN y la UE hacia el Este, las conocidas como revoluciones de color auspiciadas por Occidente, la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo sobre misiles antibalísticos de 1972, y el despliegue de un nuevo sistema ABM norteamericano en la periferia de Rusia y China, representando desde su punto de vista amenazas para su seguridad.
No obstante, el detonante final para que se fraguase esta asociación vino representada por la ruptura de relaciones entre Rusia y el bloque occidental como consecuencia de la crisis de Crimea en 2014, precedida por el acercamiento de Ucrania a los países del entorno OTAN, haciendo que la conveniencia de dicho entendimiento entre Rusia y China se convirtiese en una prioridad de primer orden. Y es que, en palabras de Stronski “Ambas potencias comparten el deseo de retar los principios que rigen el orden liberal internacional de corte occidental. No obstante, su relación, presidida por una gran desconfianza, sigue siendo compleja”77.
Es por ello que la influencia de Estados Unidos, a la cabeza de la OTAN, ha supuesto el motor principal para el desarrollo de dicho entendimiento entre ambos países, de tal forma que, si bien Rusia ha buscado en China un contrapeso a la OTAN y a la UE, para China “el entendimiento con Rusia era esencial para ganar profundidad estratégica y evitar un cerco de contención a su desarrollo económico y militar por parte de los EE. UU.”78. Del mismo modo que la Federación Rusa ha supuesto la clave para la modernización de las Fuerzas Armadas de China en las últimas décadas.
No obstante, cabe recordar que, a día de la fecha, EE.UU. sigue contando con la fuerza militar más poderosa del mundo, lo que hace que ni Rusia ni China deseen un enfrentamiento militar convencional directo con el gigante norteamericano.
Sin embargo, de acuerdo con el Strategic Survey 2018, tanto Rusia como China se han decantado por una modalidad distinta de enfrentamiento geoestratégico, conocido como Tolerence warfare, es decir, una forma de confrontación geopolítica que se basa en retar el statu quo internacional, mediante un esfuerzo persistente para probar las tolerancias frente a diferentes formas de agresión contra los Estados. Para ello se utilizan diferentes técnicas, como son intentar hacer retroceder las líneas de resistencia y, en general, sondear las debilidades del país rival, por ejemplo, obteniendo ventajas tácticas contra oponentes no decididos a actuar de forma definitiva frente a las mismas79, como sería el caso de la expansión del mar territorial de China en el mar de China o la influencia de Rusia a través del grupo “Wagner” en los diferentes regímenes africanos.
Frente a dicha estrategia, la respuesta liderada por Estados Unidos junto con el resto de sus aliados occidentales venía siendo obstaculizar las pretensiones de sus antagonistas geopolíticos con dos enfoques distintos. Por un lado, frente a China se ha venido desarrollando una respuesta principalmente económica, mediante sanciones y aranceles a la importación de ciertos productos de manufacturación china; mientras que, por otro lado, frente a la Federación Rusa se ha venido utilizando una respuesta de amplio espectro combinando medidas diplomáticas, económicas y militares80.
En definitiva, Estados Unidos ha acabado percibiendo que una China convertida en la primera potencia comercial del mundo y una Rusia embarcada en una guerra “híbrida” contra Occidente suponen sus principales amenazas geoestratégicas, trasladando dicha percepción al resto de sus aliados por medio de la OTAN, con el fin de evitar la pérdida de la posición hegemónica internacional de la que venía disfrutando desde el fin de la Guerra Fría.
Así se vio reflejado en el Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN de 2022, firmado en Madrid, en el cual se reseñó expresamente este cambio de paradigma, concretamente en su definición del “Entorno Estratégico”, como veremos a continuación.
Por un lado, el apartado 8 del mencionado “Entorno Estratégico” señala ya a Rusia como la principal amenaza para la seguridad de la Alianza, afirmando que:
“La Federación Rusa es la amenaza más importante y directa para la seguridad de los Aliados y para la paz y la estabilidad en el área euroatlántica. Procura establecer esferas de influencia y control directo mediante la coacción, la subversión, la agresión y la anexión. Utiliza medios convencionales, cibernéticos e híbridos contra nosotros y nuestros socios. Su postura militar coercitiva, su retórica y su probada disposición a emplear la fuerza para lograr sus objetivos políticos socavan el orden internacional basado en normas”.
No obstante, a continuación, remarca la intención de los países de la Alianza de no entrar en una confrontación directa con el país euroasiático, limitándose a continuar con las técnicas de presión internacional, al referir en su apartado 9 que:
“La OTAN no busca la confrontación ni supone amenaza alguna para la Federación Rusa. Seguiremos respondiendo a las amenazas y a las acciones hostiles de Rusia con unidad y responsabilidad. Reforzaremos significativamente la disuasión y defensa de todos los Aliados, mejoraremos nuestra resiliencia frente a la coerción rusa y ayudaremos a nuestros socios a hacer frente a las injerencias maliciosas y a las agresiones […] Sin embargo, seguimos dispuestos a mantener abiertos los canales de comunicación con Moscú para gestionar y mitigar los riesgos, prevenir la escalada y aumentar la transparencia. Aspiramos a lograr la estabilidad y la capacidad de previsión en el área euroatlántica, así como entre la OTAN y la Federación Rusa”.
Por otro lado, el apartado 13 identifica claramente al otro origen de tensión para los miembros de la alianza, esto es, China, reconociendo expresamente que:
“Las aspiraciones declaradas y las políticas coercitivas de la República Popular China (RPC) desafían nuestros intereses, nuestra seguridad y nuestros valores. La RPC emplea una amplia gama de herramientas políticas, económicas y militares para ampliar su presencia en el mundo y proyectar poder, al tiempo que mantiene opaca su estrategia, sus intenciones y su rearme militar. Las operaciones híbridas y cibernéticas maliciosas de la RPC y su retórica de enfrentamiento y desinformación van dirigidas contra los Aliados y dañan la seguridad de la Alianza”.
Pero no queda ahí, y es que, una vez señaladas las dos principales amenazas geopolíticas para los aliados atlánticos, hace una referencia clara e inequívoca al riesgo que supone la nueva relación de colaboración surgida entre ambas potencias orientales, advirtiendo claramente que:
“La profundización de la asociación estratégica entre la República Popular China y la Federación Rusa, y sus intentos mutuos por debilitar el orden internacional basado en normas van en contra de nuestros valores e intereses”81.
Por lo tanto, la Alianza ha señalado en uno de sus más importantes textos internacionales, que marca la agenda de ruta de la organización y de los esfuerzos políticos y militares de sus Estados miembros, a la asociación estratégica de Rusia y China como uno de los principales elementos subversivos del orden internacional occidental y una amenaza a sus intereses y valores. Percepción que se ha mantenido tras la Cumbre de Vilna, celebrada en el año 2023, al reafirmar en el apartado 25 de su comunicado final que:
“La creciente asociación estratégica entre la República Popular China y Rusia, así como sus intentos de socavar el orden internacional basado en normas, son contrarios a nuestros valores e intereses. Pedimos a la República Popular China que desempeñe un papel constructivo como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que condene la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, que se abstenga de apoyar el esfuerzo bélico de Rusia de cualquier modo, que deje de amplificar la falsa narrativa de Rusia que culpa a Ucrania y a la OTAN de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y que se adhiera a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Hacemos un llamamiento especial a la República Popular China para que actúe con responsabilidad y se abstenga de proporcionar cualquier tipo de ayuda letal a Rusia”82.
Como podemos ver, la retórica de la Alianza ha evolucionado desde la aprobación del anterior texto, poniendo el foco ahora en la importancia de China en su apoyo a Rusia en el contexto de la guerra de Ucrania, intimando a la misma para que cese en su colaboración, lo cual pone de relieve que tanto la asociación estratégica sigue en vigor como que la amenaza que la misma supone sigue en la óptica de la Alianza. Por tanto, la OTAN es consciente de la asociación estratégica ruso-china, así como conocedora de las relaciones que dentro de ella se generan, y, poco a poco, la incorpora a su retórica, señalándola como una de las nuevas y más graves amenazas a los valores e intereses que esta Alianza representa.
Conclusiones
Del presente documento, en el que se ha descrito de manera integral la asociación estratégica ruso-china, abarcando sus diversas dimensiones o planos, así como sus vulnerabilidades y problemas y la perspectiva de terceros actores como la OTAN, podemos extraer las seis conclusiones siguientes:
En primer lugar, la cooperación política es fuerte entre ambos actores gracias a la similitud de sus objetivos (son potencias revisionistas). Esta cooperación afecta a la gobernanza de las instituciones internacionales, donde la colaboración entre ambos actores garantiza el equilibrio de poderes allá donde se encuentran las potencias occidentales, así como, a su vez, crean nuevas organizaciones paralelas que rivalizan con los foros y organizaciones líderes del orden internacional preexistente.
En segundo lugar, el comercio bilateral es uno de los principales vectores de la asociación estratégica, se nutre de la complementariedad entre ambas economías, aunque la exportación de hidrocarburos y materias primas por parte de Rusia acarrea problemas a futuros y asegura un desequilibrio en la balanza comercial a favor de China.
En tercer lugar, la Guerra de Ucrania ha reforzado la asociación estratégica, y ha supuesto para China una oportunidad para posicionarse mejor política y económicamente. Como desventaja, ha crecido la dependencia rusa hacia China.
En cuarto lugar, en el ámbito tecnológico-militar, aunque su relación está marcada por la desconfianza en ciertos aspectos y se ha visto reducido los intercambios, sigue siendo beneficiosa en un contexto de creciente rivalidad con Occidente, con potenciales espacios de colaboración en áreas clave como la inteligencia artificial, ciberseguridad y defensa aérea. La cooperación tecnológica-militar se ha acompañado de una mayor cooperación en defensa expresada en ejercicios militares combinados. Los ejércitos de ambos países han mejorado su interoperabilidad y sus ejercicios siguen mandando un claro mensaje de unidad a Occidente, aunque cabe recordar que aún Rusia y China no están dentro de ninguna alianza militar ni gozan de un tratado de defensa mutuo, y posiblemente estén lejos de tenerlo.
En quinto lugar, el avance de la OTAN es una amenaza compartida por Rusia y China. Por su parte, la OTAN percibe la asociación ruso-china como una amenaza cada vez más relevante a sus valores e intereses.
En sexto y último lugar, si bien la asociación estratégica entre ambos actores pasa por su mejor momento, hay desafíos y vulnerabilidades que deberá hacer frente para llegar a profundizarse y consolidarse. Dichos desafíos y vulnerabilidades, reunidos en cuatro ejes principales (desconfianza histórica, niveles de interdependencia desiguales, estrategias dispares y competición regional) abren la ventana a terceros actores, como Estados Unidos, para llegar a disolver la asociación.
Carolina de Amuriza Chicharro, Experta en Asuntos de la UE y la OTAN
Rubén Fuster Leal, Doctorando en Universidad Complutense de Madrid
María Elena Medrano de Lara, Experta en Industria Aeronáutica
Cristina Villanueva Marín, Consultora de comunicación
Alberto Velázquez Clavijo, Capitán Auditor del Cuerpo Jurídico Militar
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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Una visión integral de la Asociación Estratégica Ruso-China
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A Comprehensive View of the Russia-China Strategic Partnership
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