IEEE. Naturaleza híbrida del conflicto entre EE.UU. y China en el Indo-Pacífico

El USS North Carolina es el primer submarino de propulsión nuclear enviado de EEUU a Australia desde el acuerdo AUKUS.

15 ene 2026

IEEE. Naturaleza híbrida del conflicto entre EE.UU. y China en el Indo-Pacífico

Rafael Molero Quesada. Comandante de Infantería, DEM, Analista del Centro de Situación del Ejército de Tierra

Introducción

En el vasto escenario del Indo-Pacífico se juega hoy buena parte del equilibrio global. Allí confluyen las rutas marítimas más transitadas del planeta, los principales focos de innovación tecnológica y las tensiones geopolíticas más delicadas de nuestro tiempo. Estados Unidos, decidido a preservar su influencia histórica y la libertad de navegación, se enfrenta a una China cada vez más ambiciosa, que busca ampliar su control territorial y proyectar su poder más allá de sus fronteras tradicionales.

Durante las dos últimas décadas, la relación entre Washington y Pekín ha pasado de la cooperación prudente a una competencia estratégica abierta. Mientras en los primeros años del siglo XXI se confiaba en que la integración de China en la economía global acercaría su modelo a los valores liberales occidentales, la llegada de Xi Jinping en 2012 marcó un giro decisivo. Su discurso del “rejuvenecimiento nacional” impulsó una política exterior más asertiva, orientada a reforzar la autosuficiencia, expandir su influencia y cuestionar la hegemonía estadounidense1.

La respuesta de Estados Unidos no tardó en llegar. Su Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 calificó a China por primera vez como “competidor estratégico”2, situando un punto de inflexión que redefinió la relación bilateral. Desde entonces, el Indo-Pacífico se ha consolidado como el epicentro de la competencia entre ambas potencias, donde se entrelazan los intereses comerciales, tecnológicos y militares.

Esta región, que concentra más de la mitad del comercio marítimo mundial, es el escenario donde la geopolítica y la economía se entrecruzan con especial intensidad. Tanto Washington como Pekín consideran que su seguridad y prosperidad dependen del control de este espacio.

Bajo esta perspectiva, el concepto de conflicto híbrido ofrece una clave de lectura precisa. La confrontación no se limita a los campos económico o militar, sino que abarca múltiples dominios: coerción económica, diplomacia agresiva, ciberoperaciones y guerra de la información. Estas herramientas, combinadas de manera deliberada, reflejan una forma de lucha continua, en la que la fuerza se insinúa, pero no se ejerce abiertamente.

La idea central que aquí se defiende es que la rivalidad entre Estados Unidos y China en el Indo-Pacífico puede considerarse, con fundamento, un conflicto híbrido. La intimidación militar, la explotación de vulnerabilidades económicas y políticas, y el uso estratégico de los medios tecnológicos y diplomáticos configuran un patrón de confrontación sostenida que redefine la naturaleza del poder en el siglo XXI.

Este análisis se apoya en la definición de Pawlak3 —adoptada por el Servicio de Estudios del Parlamento Europeo— según la cual un conflicto híbrido es aquel en que las partes «se abstienen de utilizar abiertamente las fuerzas armadas, confiando en una combinación de intimidación militar, explotación de vulnerabilidades económicas y políticas, y medios diplomáticos o tecnológicos para alcanzar sus objetivos».

En las siguientes secciones se examinan los principales ámbitos en los que se manifiesta esta dinámica híbrida, así como las implicaciones estratégicas que tiene para la seguridad internacional y para la posición de España en el contexto global.

La intimidación militar sin ataque directo: el pulso de poder en el Indo-Pacífico

Aunque no existen antecedentes de un enfrentamiento militar directo entre Estados Unidos y China, la región del Indo-Pacífico vive bajo una tensión constante que revela un juego de disuasión cuidadosamente calculado. Ambas potencias evitan la confrontación abierta, pero recurren a demostraciones de fuerza, maniobras conjuntas y despliegues estratégicos que funcionan como mensajes políticos y militares.

Estados Unidos ha mantenido una política de «competencia, no confrontación» con China. Sin embargo, esa competencia se ha trasladado progresivamente al terreno de la seguridad y la defensa. Según Han y Paul4, más que una carrera militar al estilo de la Guerra Fría, la pugna actual es una disputa de modelos: el capitalismo liberal frente a la planificación estatal china. Aun así, las maniobras y ejercicios militares se han multiplicado a ambos lados del Pacífico, alimentando la sensación de una guerra latente.

China, por su parte, ha incrementado su presencia militar mediante ejercicios de gran envergadura, descritos como «entrenamiento realista». Operaciones como los simulacros Joint Sword-2024A y 2024B —que implicaron patrullas aéreas y marítimas alrededor de Taiwán— mostraron su capacidad de bloqueo y control sobre la llamada «Primera Cadena de Islas»5, 6. Según Business Insider, el Ejército Popular de Liberación utiliza estos ejercicios bajo el lema “usar al enemigo como entrenamiento real”7, una declaración de intenciones que deja clara su disposición a elevar el nivel de preparación operativa.

A esta estrategia se suma la construcción de islas artificiales, bases militares y estructuras fortificadas en el Mar de la China Meridional (véase Figura 1). Estas acciones, interpretadas por múltiples analistas como un intento de Pekín por alterar el statu quo, constituyen una forma de intimidación no declarada hacia Estados Unidos y sus aliados8.

Presencia de bases militares chinas (en rojo) en el Mar de la China Meridional y en el Océano Índico
Figura 1. Presencia de bases militares chinas (en rojo) en el Mar de la China Meridional y en el Océano Índico. Fuente: Bloomberg.

Estados Unidos ha respondido fortaleciendo sus alianzas y reforzando su presencia militar. La creación del pacto AUKUS —con Reino Unido y Australia— supuso un salto cualitativo, al incluir la transferencia de submarinos de propulsión nuclear y la cooperación en inteligencia artificial, ciberseguridad y armamento hipersónico9. Asimismo, el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD) —que reúne a EE.UU., Japón, India y Australia— ha consolidado su papel como foro de seguridad marítima y coordinación estratégica10, 11.

El esfuerzo estadounidense se articula también a través de la Pacific Deterrence Initiative, que destina más de 40.000 millones de dólares entre 2021 y 2024 al refuerzo de infraestructura, disuasión y despliegues avanzados12. Esta política busca enviar un mensaje claro: Washington no permitirá que Pekín imponga su dominio en la región.

Durante la administración Trump, esta tendencia se acentuó. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 definió a China como un «competidor estratégico», y el gobierno vinculó explícitamente su proyección militar en Asia con la contención del expansionismo chino13. Las operaciones de «libertad de navegación» se intensificaron, especialmente en el Mar de la China Meridional, mientras se reforzaba el compromiso con la defensa de Taiwán. Trump situó así la intimidación como un elemento esencial de la estrategia estadounidense en el Indo-Pacífico14.

Ambas potencias, conscientes de los riesgos de una escalada, optan por exhibir fuerza sin cruzar el umbral del enfrentamiento directo. Los ejercicios militares, las patrullas conjuntas y las demostraciones de capacidad tecnológica son, en realidad, mensajes de poder. Estas acciones sirven tanto para advertir al adversario como para consolidar alianzas estratégicas. Como apunta Cuesta, las maniobras de gran escala actúan como «lenguaje de disuasión» y como escaparate de las coaliciones que cada potencia lidera15.

En este sentido, la intimidación militar constituye el primer pilar del conflicto híbrido en el Indo-Pacífico: una confrontación que no busca la batalla abierta, sino el dominio psicológico y político a través de la presencia, la presión y la demostración constante de capacidades.

La batalla económica y política: aprovechar las vulnerabilidades del adversario

El pulso entre China y Estados Unidos en el Indo-Pacífico no solo se libra en el terreno militar. Una parte esencial de esta competencia se desarrolla en el ámbito económico y político, donde ambas potencias han aprendido a identificar y explotar las debilidades del otro. En esta esfera, las estrategias de influencia, dependencia y coerción adquieren un papel protagonista.

China ha desplegado una estrategia ambiciosa que combina diplomacia económica y proyectos de infraestructura a gran escala. Su Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative, BRI) se ha convertido en la piedra angular de su proyección global. Mediante inversiones masivas en transporte, energía y tecnología, Pekín busca conectar Asia con África, Europa y América Latina, tejiendo una red de interdependencias que le otorgan poder político y económico16. Esta red, que se extiende también por el Indo-Pacífico, refuerza la capacidad de China para condicionar decisiones estratégicas y acceder a recursos naturales críticos17.

Las vías terrestre y marítima de la iniciativa china
Figura 2. Las vías terrestre y marítima de la iniciativa china. Fuente: Center for Global Affairs & Strategic Studies (GASS) de la Universidad de Navarra. https://www.unav.edu/web/global-affairs/detalle/-/blogs/una-nueva-ruta-de-la-seda-para-el-siglo-xxi

El proyecto tiene una dimensión económica evidente, pero también una vertiente política. China utiliza créditos preferenciales y acuerdos bilaterales para consolidar su influencia en países en desarrollo, promoviendo un modelo de cooperación que condiciona las posturas diplomáticas de sus socios18. Al mismo tiempo, impulsa sectores estratégicos como la digitalización y las energías renovables, buscando ocupar posiciones de liderazgo en las industrias del futuro19.

Mientras tanto, Estados Unidos intenta contrarrestar este avance con su propia estrategia de influencia. Durante la administración Biden se puso en marcha el Indo-Pacific Economic Framework (IPEF), concebido como una alternativa económica a la BRI. Este marco busca fortalecer las cadenas de suministro, promover la inversión sostenible y ofrecer a los países de la región opciones distintas a la dependencia china20. De esta forma, Washington procura convertir las debilidades comerciales de China en un instrumento de presión, apoyándose en su red de aliados.

La diplomacia estadounidense también ha reforzado el QUAD, alianza con India, Japón y Australia. Este foro no solo coordina iniciativas de seguridad marítima, sino que fomenta la cooperación económica y tecnológica, buscando equilibrar la influencia de Pekín en el Indo-Pacífico21. Las medidas proteccionistas de la segunda administración Trump —las llamadas Trump Tariffs 2.0— siguieron la misma lógica: imponer aranceles del 10 % y del 25 % sobre productos clave como los semiconductores o los automóviles, con el fin de reducir la dependencia de China y estimular la producción nacional22, 23.

Esta combinación de políticas comerciales, restricciones tecnológicas y alianzas estratégicas revela una dinámica de competencia económica con implicaciones geopolíticas profundas. Washington intenta blindar sus cadenas de suministro, limitar la transferencia de tecnología avanzada y mantener su supremacía industrial, mientras Pekín amplía su esfera de influencia mediante inversiones e infraestructuras.

En realidad, ambos actores utilizan la economía como un arma híbrida: una herramienta de coerción y de atracción a la vez. Como ocurre en el terreno militar, el objetivo no es provocar un enfrentamiento directo, sino moldear el entorno estratégico y condicionar las decisiones del adversario.

China busca llenar los vacíos de liderazgo que dejó Estados Unidos en su giro hacia el aislacionismo durante la primera administración Trump24. A su vez, Washington intenta reorganizar la arquitectura económica regional para evitar que la BRI se convierta en el eje del comercio asiático.

Así, la rivalidad económica y política se convierte en el segundo pilar del conflicto híbrido entre ambas potencias: una guerra silenciosa de contratos, créditos, sanciones y acuerdos que redefine la estructura del poder mundial.

La diplomacia y la tecnología como instrumentos de poder híbrido

En el tablero del Indo-Pacífico, la diplomacia y la tecnología se han convertido en armas decisivas. China ha sabido combinar ambas para fortalecer su posición regional y global, adoptando un enfoque de «poder inteligente» que mezcla la cooperación con la presión. Su diplomacia se ha transformado: de una actitud defensiva y prudente a una política exterior más asertiva, marcada por el pragmatismo y la ambición.

En los últimos años, la llamada «diplomacia de los lobos guerreros» ha evolucionado hacia un modelo más sofisticado. Pekín combina demostraciones militares con despliegues tecnológicos y proyectos de desarrollo que atraen a los países del Sudeste Asiático, Oceanía y África25. Esta estrategia dual le permite presentarse como un socio atractivo mientras proyecta, al mismo tiempo, una imagen de poder que disuade a quienes desafían su influencia.

La expansión de infraestructuras ligadas a la Iniciativa de la Franja y la Ruta no solo responde a intereses económicos, sino también estratégicos. Según Martínez, muchas de estas inversiones tienen un carácter dual —civil y militar— que amplía la capacidad china para operar y proyectarse en regiones clave26. De este modo, acuerdos logísticos, puertos y redes de comunicación sirven tanto al comercio como a la expansión de su presencia geopolítica.

En paralelo, China ha invertido masivamente en inteligencia artificial, satélites, ciberseguridad y capacidades de guerra electrónica. El desarrollo de misiles hipersónicos y submarinos avanzados refuerza su capacidad de disuasión, mientras las operaciones de información y la diplomacia tecnológica le permiten influir sin recurrir a la fuerza27.

Estados Unidos, consciente de que su liderazgo depende cada vez más del dominio tecnológico, ha desplegado su propia estrategia diplomática y científica. Washington ha reforzado sus vínculos con potencias medias asiáticas —como Indonesia, Vietnam y Corea del Sur— para consolidar un frente regional de contención frente a Pekín28. Esta diplomacia pragmática busca no solo preservar los intereses estadounidenses, sino también promover un orden internacional basado en reglas compartidas.

El USS North Carolina es el primer submarino de propulsión nuclear enviado de EEUU a Australia desde el acuerdo AUKUS
Figura 3. El USS North Carolina es el primer submarino de propulsión nuclear enviado de EEUU a Australia desde el acuerdo AUKUS. Fuente: US Pacific Fleet. https://www.larazon.es/internacional/america/asi-submarino-uss-north-carolina-propulsion-nuclear-que-eeuu-enviado-australia_2023081064d4b4de95af7e00016df779.html

La cooperación tecnológica del AUKUS representa un punto de inflexión en esta competencia. La cesión de tecnología nuclear a Australia, inédita fuera de la relación bilateral con el Reino Unido, simboliza la voluntad de Washington de liderar una comunidad tecnológica y de defensa con altos niveles de integración29.

Durante la administración Trump, esta política adquirió un tono más confrontativo. Se endurecieron las restricciones a la exportación de semiconductores y tecnologías de inteligencia artificial, buscando frenar la modernización militar china y preservar la superioridad tecnológica estadounidense30. Al mismo tiempo, se incentivó a los aliados a adoptar estándares occidentales en materia de seguridad, defensa y cibertecnología.

La diplomacia de ambos países se apoya, así, en la tecnología como instrumento de poder híbrido. China ofrece desarrollo, inversión y cooperación digital; Estados Unidos ofrece alianzas, protección y acceso a innovación. Ambas estrategias compiten por moldear la región a su imagen, creando un equilibrio inestable en el que cada gesto diplomático tiene un trasfondo tecnológico y estratégico.

En este escenario, la influencia ya no depende únicamente de la fuerza militar o del comercio, sino de la capacidad para definir las reglas del juego. Quien controle la tecnología, las normas y las redes de cooperación tendrá la ventaja en la competencia híbrida que domina el Indo-Pacífico.

¿Competencia estratégica o conflicto híbrido? El debate conceptual

No todos los analistas coinciden en que la rivalidad entre Estados Unidos y China pueda calificarse como un conflicto híbrido. Algunos sostienen que lo que ocurre en el Indo-Pacífico es, más bien, una competencia estratégica prolongada, caracterizada por la presión mutua y el equilibrio de poder, pero sin llegar a emplear la gama completa de tácticas híbridas.

El investigador Michael Raska plantea que la actual dinámica entre ambas potencias responde a una pugna por la influencia militar, tecnológica y diplomática, pero sin una coordinación deliberada de todos los medios —militares, cibernéticos, informativos y económicos— que definiría un conflicto híbrido en sentido estricto31. En su visión, las tensiones actuales se desarrollan en la llamada zona gris, una franja entre la paz y la guerra donde predominan la disuasión, las presiones y las maniobras simbólicas.

Otros autores, como Bargués y Bourekba32, coinciden en esta distinción. Para ellos, la competencia estratégica implica el uso simultáneo de presión económica, diplomática y tecnológica, pero no alcanza el nivel de coordinación y agresividad propias del conflicto híbrido. Este último, explican, requeriría acciones encubiertas, desinformación o el uso de fuerzas irregulares con el objetivo de desestabilizar al adversario sin declarar formalmente la guerra. Según esta línea, la rivalidad sino-estadounidense sería una lucha de poder contenida, más estratégica que híbrida.

Desde otra perspectiva, Chiyuki Aoi propone que el concepto de conflicto híbrido debe reservarse para episodios excepcionales, donde los actores combinan deliberadamente recursos convencionales, irregulares, económicos y mediáticos para alterar el statu quo33. En cambio, la situación actual entre China y Estados Unidos, aunque tensa y competitiva, se desarrolla principalmente en el ámbito diplomático y tecnológico, sin cruzar los umbrales de la confrontación armada.

En resumen, estos enfoques sugerirían que la relación entre Washington y Pekín no constituye un conflicto híbrido en sentido estricto, sino una competencia estratégica que combina poder económico, diplomacia e innovación tecnológica sin llegar al enfrentamiento abierto.

La respuesta: una hibridez adaptada al siglo XXI

Sin embargo, limitar el análisis a esa separación rígida entre competencia y conflicto puede resultar engañoso. La realidad del Indo-Pacífico muestra una interacción más compleja, donde la frontera entre ambas categorías se diluye.

Los autores que niegan la existencia de un conflicto híbrido tienden a vincular este concepto a una situación de hostilidad total, en la que se utilizan simultáneamente todos los recursos militares y no militares. Pero lo contemporáneo entiende la hibridez como un continuo: una combinación flexible de instrumentos de poder que permite alcanzar objetivos estratégicos sin recurrir al enfrentamiento abierto.

La definición del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo encaja con esta visión. Según este enfoque, basta con que un actor combine la intimidación militar, la coerción económica y la manipulación informativa o tecnológica para que el conflicto adquiera naturaleza híbrida. Y eso es exactamente lo que sucede en el Indo-Pacífico.

China y Estados Unidos no libran una guerra formal, pero aplican una presión constante sobre los tres vértices de la trinidad clausewitziana: los combatientes, el gobierno y la población. La construcción de islas artificiales, las campañas de desinformación, las restricciones comerciales o la diplomacia coercitiva son ejemplos de tácticas híbridas que buscan alterar el equilibrio regional sin disparar un solo tiro.

Como señala Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios34. En este caso, la política se ha sofisticado: el enfrentamiento se traslada a los ámbitos económico, tecnológico e informacional, donde el uso de la fuerza se sustituye por la amenaza del uso de la fuerza.

Modelo modificado de la Trinidad clausewitziana
Figura 4. Modelo modificado de la Trinidad clausewitziana. Fuente: Military Review. https://www.armyupress.army.mil/Portals/7/military-review/Archives/Spanish/MilitaryReview_20151231_art009SPA.pdf

El error de algunos analistas, por tanto, radica en considerar el conflicto híbrido únicamente como una versión más compleja de la guerra convencional. En realidad, su esencia reside en la adaptabilidad: la capacidad de combinar instrumentos en distintos grados e intensidades para presionar al adversario sin desencadenar una escalada.

Desde esta óptica, los conceptos de guerra irregular o competencia estratégica no agotan la realidad actual del Indo-Pacífico. Ambos son elementos dentro de un marco híbrido más amplio, donde el objetivo no es destruir al rival, sino condicionarlo.

Foco de la guerra irregular en los elementos de la trinidad clausewitziana
Figura 5. Foco de la guerra irregular en los elementos de la trinidad clausewitziana. Fuente: Military Review. https://www.armyupress.army.mil/Portals/7/military-review/Archives/Spanish/MilitaryReview_20151231_art009SPA.pdf

A diferencia de la guerra irregular, que pone su énfasis en la población y el gobierno, el conflicto híbrido actúa sobre los tres vértices de la trinidad clausewitziana —las fuerzas armadas, el poder político y la sociedad civil—, aunque con una intensidad menor para no cruzar el umbral de la guerra abierta.

Foco del conflicto híbrido en los elementos de la trinidad clausewitziana.
Figura 6. Foco del conflicto híbrido en los elementos de la trinidad clausewitziana. Fuente: Elaboración propia.

Por tanto, la situación en el Indo-Pacífico cumple con los criterios de hibridez definidos por la doctrina europea si empleamos la teoría clausewitziana. China y Estados Unidos despliegan un conjunto coordinado de medios militares, económicos, diplomáticos y tecnológicos para alterar el equilibrio regional, sin necesidad de llegar a la confrontación directa. Se trata, en definitiva, de un conflicto híbrido estructural, que redefine las formas de poder y la estrategia en el siglo XXI.

España ante el tablero del Indo-Pacífico

Aunque España no es un actor protagonista en la región del Indo-Pacífico, el país observa con atención cómo la rivalidad entre Estados Unidos y China reconfigura el equilibrio mundial. Su papel es discreto, pero no irrelevante.

La política exterior española se alinea con la estrategia de la Unión Europea, que busca mantener una posición equilibrada: impulsar la cooperación económica con China sin comprometer su compromiso con la seguridad y la defensa occidental. El Instituto Elcano señala que la relación bilateral con Pekín se centra en la cooperación comercial, dentro de los límites marcados por Bruselas35.

España participa, además, en diversas iniciativas europeas orientadas a fomentar la estabilidad en Asia-Pacífico, aunque su influencia práctica sigue siendo limitada debido a su histórica prioridad hacia América Latina, el Mediterráneo y el Magreb36. No obstante, la proyección hacia Asia se encuentra en fase de crecimiento, especialmente en los sectores tecnológico y empresarial.

Las relaciones con Estados Unidos, por otro lado, siguen siendo un pilar fundamental de la política exterior española. Sin embargo, los últimos años han evidenciado tensiones visibles entre ambos gobiernos. Las diferencias sobre el gasto en defensa o el enfoque ante ciertos conflictos internacionales han provocado roces diplomáticos37, 38. Aun así, la cooperación bilateral en materia de seguridad y defensa continúa siendo sólida, anclada en el marco de la OTAN y en la convergencia estratégica de largo plazo.

A pesar de estos matices, la presencia de España en el Indo-Pacífico se inserta en la lógica europea: contribuir a la estabilidad, fortalecer la gobernanza multilateral y garantizar la libertad de navegación. Como indica Salarich, su política exterior combina prudencia y pragmatismo, con un interés creciente por ampliar la cooperación tecnológica, económica y marítima en Asia39.

España, en definitiva, se mantiene como observador activo y colaborador moderado en el escenario indo-pacífico, consciente de que su seguridad y prosperidad dependen también de la estabilidad de esta región estratégica.

Conclusiones: la nueva frontera del poder híbrido

El análisis del conflicto entre Estados Unidos y China en el Indo-Pacífico revela una transformación profunda en la naturaleza del poder. Ya no se trata solo de tanques y flotas, sino de influencia, tecnología y control narrativo. Ambas potencias emplean todos los recursos del Estado —económicos, diplomáticos, tecnológicos y militares— para imponerse sin recurrir a la guerra abierta.

Bajo la definición del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, la relación entre Washington y Pekín se ajusta plenamente al concepto de conflicto híbrido. La intimidación militar, la presión económica, la diplomacia coercitiva y la competencia tecnológica conforman un entramado de acciones sincronizadas que buscan alterar el equilibrio regional sin cruzar el umbral del enfrentamiento directo.

Abordar el análisis de los conflictos contemporáneos a través de las lentes de clásicos como Clausewitz permiten comprender esta realidad desde una perspectiva teórica. El pensamiento clásico de la guerra, adaptado a los desafíos del siglo XXI, ayuda a interpretar cómo los Estados canalizan su voluntad política a través de medios no convencionales. La guerra ya no se libra necesariamente en los campos de batalla, sino en las cadenas de suministro, los ciberespacios y la opinión pública.

El conflicto híbrido redefine así la noción de seguridad. La frontera entre la paz y la confrontación se difumina, y los Estados deben desarrollar nuevas herramientas de defensa basadas en la versatilidad, la cooperación internacional y la innovación.

España, y por extensión Europa, no pueden permanecer ajenas a esta evolución. En un entorno donde la competencia geopolítica se libra en múltiples dimensiones, la capacidad de adaptación será tan importante como la fuerza militar tradicional.

El pulso híbrido entre Estados Unidos y China en el Indo-Pacífico no es un episodio aislado, sino un espejo del mundo que viene: un escenario donde la influencia se ejerce sin declarar la guerra, pero con la misma intensidad con la que antes se libraban las batallas.

Rafael Molero Quesada
Comandante de Infantería, DEM
Analista del Centro de Situación del Ejército de Tierra (CESET)

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]Xi Jinping. (2017). Discurso en el 19.º Congreso Nacional del Partido Comunista Chino. Recuperado de https://www.xinhuanet.com/english/download/Xi_Jinping%27s_report_at_19th_CPC_National_Congress.pdf
[2]The White House (2017) National Security Strategy of the United States of America. Washington, DC. Disponible en: https://trumpwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf (Consultado: 02 de febrero de 2024).
[3]Pawlak, P. (2015) Understanding hybrid threats. Bruselas: Servicio de Estudios del Parlamento Europeo.
[4]Han, X. y Paul, T. V. (2020) “China–US Rivalry in the Indo-Pacific: Drivers and Future Trajectory”, International Affairs, 96(1), pp. 169–188.
[5]CSIS (Center for Strategic and International Studies) (2024) China Escalates Cross-Strait Military Activity under Taiwan’s President William Lai. Disponible en: https://www.csis.org/analysis/china-escalates-cross-strait-military-activity-under-taiwan-president-william-lai](https://www.csis.org/analysis/china-escalates-cross-strait-military-activity-under-taiwan-president-william-lai (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[6]ISW (Institute for the Study of War) (2024) “China–Taiwan Weekly Update, 12 December 2024”. Disponible en: https://www.understandingwar.org/backgrounder/china-taiwan-weekly-update-december-12-2024](https://www.understandingwar.org/backgrounder/china-taiwan-weekly-update-december-12-2024 (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[7]Business Insider (2025) “China’s navy upping realistic combat training around Taiwan”, 14 de marzo. Disponible en: https://www.businessinsider.com/chinas-navy-upping-realistic-combat-training-around-taiwan-2025-3 (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[8]Bolton, J. (2021) “El Ejército en el Indo-Pacífico”. Military Review, Cuarto trimestre, pp. 15-26. Disponible en: https://www.armyupress.army.mil/Portals/7/military-review/Archives/Spanish/4Q-2021/Bolton/Bolton-SPA-Q4-2021.pdf (Consultado: 03-02-2024).
[9]Europa Press (2023) “EEUU, Reino Unido y Australia probarán un sistema de IA para rastrear submarinos chinos en el Pacífico”, 2 de diciembre. Disponible en: https://www.europapress.es/internacional/noticia-eeuu-reino-unido-australia-probaran-sistema-ia-rastrear-submarinos-chinos-pacifico-20231202030332.html (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[10]The Council on Foreign Relations (CFR) (2021) “The Quad in the Indo-Pacific: What to Know”, 27 de mayo. Disponible en: https://www.cfr.org/in-brief/quad-indo-pacific-what-know (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[11]Associated Press (AP) (2023) “Quad leaders vow to stand up for stability in Indo-Pacific región”, 20 de mayo. Disponible en: https://apnews.com/article/ff2f90407d22d6e9cfab0c2dc60e57f2 (Consultado: 02 de febrero de 2024).
[12]Congressional Research Service (2024) The Pacific Deterrence Initiative: Background and Issues for Congress. CRS Report R46725. Disponible en: https://crsreports.congress.gov (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[13]The White House (2017) National Security Strategy of the United States of America. Washington, DC. Disponible en: https://trumpwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf (Consultado: 02 de febrero de 2024).
[14]Swaine, M. (2018) Creating an Unstable Asia: The U.S. “Free and Open Indo-Pacific” Strategy. Carnegie Endowment for International Peace, 2 marzo. Disponible en: https://carnegieendowment.org/2018/03/02/creating-unstable-asia-u.s.-free-and-open-indo-pacific-strategy-pub-75720
[15]Cuesta, D. (2022) “El Indo-Pacífico. Un juego en evolución”. Instituto Español de Estudios Estratégicos, 40/2022. Disponible en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2022/DIEEEO40_2022_DAVCUE_Indo.pdf [Consultado: 01-02-2024].
[16]Rolland, N. (2017) “China’s Belt and Road Initiative: Underwhelming or Game-Changer?”, The Washington Quarterly, 40(1), pp. 127–142.
[17]Nedopil, C. (2025) “China Belt and Road Initiative (BRI) Investment Report 2025 H1”. Griffith Asia Institute. Disponible en: https://griffith.edu.au/news/2025/07/17/chinas-belt-and-road-investment-hits-record-highs-in-2025-driven-by-energy-mining-and-tech-sectors (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[18]Borreguero, E. (2025) “Indo-Pacífico 2025: estrategias, cooperación y competencia”. Madrid: Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN). Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/indo_pacifico_2025_estrategias_cooperacion_y_competencia
[19]Koop, F. y Moore, P. (2025) “China's Belt and Road Hits New Highs, but Latin America...”, Green Finance and Development Center, Fudan University. Disponible en: https://greenfdc.org/china-belt-and-road-initiative-bri-investment-report-2025-h1/ (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[20]Lin, Q. y Wang, L. (2023) “Economic Competition and Power Transition in the Indo-Pacific”, International Affairs, 99(3), pp. 123–147.
[21]Serbin, A. (2021) “De dragones, águilas y osos: las nuevas narrativas frente al Indo-Pacífico”. Pensamiento Propio. Julio-diciembre, año 26.
[22]Nomura Research Institute (NRI) (2025) “The Beginning of Trump Tariffs 2.0”, Jornada, 14 de febrero. Disponible en: https://www.nri.com/en/media/journal/kiuchi/20250214.html (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[23]Ifri (2025) “Trump’s Second Term: Laying the Groundwork for a New Trade War”. Ifri Editorial, 7 de febrero. Disponible en: https://www.ifri.org/en/editorials/trumps-second-term-laying-groundwork-new-trade-war (Consultado: 12 de septiembre de 2025).
[24]Alunaza, H. y Sherin, V. (2022) “The Strategic Value of China's Foreign Policy and The Rivalry of The Majors Power in The Indo-Pacific”. Journal of Social and Political Studies, 21(1), pp. 1-13.
[25]Emmott, B. (2025) “Shift in China's Diplomacy in Indo-Pacific”, Diplomatic Review, 12 January. Disponible en: https://www.mainichi.jp/english/articles/20250606 [Consultado: 12-09-2025].
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[39]Salarich, J. (2022) “La política exterior de España con Asia-Pacífico”. Instituto Elcano, 16 de enero. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/la-politica-exterior-de-espana-con-asia-pacifico/ [Consulta: 24-09-2025].
    • Naturaleza híbrida del conflicto entre EE.UU. y China en el Indo-Pacífico

    • The hybrid nature of the conflict between the United States and China in the Indo-Pacific