IEEE. Indo-Pacífico 2025: estrategias, cooperación y competencia

Asia-Pacífico

02 sept 2025

IEEE. Indo-Pacífico 2025: estrategias, cooperación y competencia

Eva Borreguero Sancho*. Profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid. Escribe en la sección de Opinión de El País

Introducción

A partir de los años setenta, Estados Unidos facilitó el auge económico de China a cambio de que esta aceptase de modo tácito su hegemonía militar mundial. Fue el llamado «orden Kissinger1» que siguió al fin de la Guerra Fría y señaló el comienzo de otro basado en la fe en la globalización que dio paso al «fin de la historia», por utilizar la expresión de Francis Fukuyama. Este nuevo orden comenzó a agrietarse durante la segunda década del siglo XXI, bajo el liderazgo de Xi Jinping y Donald Trump.

Si se toma como referencia la terminología de Michael Mann2 —las cuatro fuentes del poder social—, se podría afirmar que, en su aproximación a China, Washington llevó a cabo una separación de los intereses en las esferas de poder económico y poder militar con la convicción de que se desarrollarían de modo autónomo, sin mutuas interferencias y en compartimentos estancos. Cabía esperar que la inclusión de China en el orden económico liberal conduciría al país hacia una transición a la democracia —poder ideológico— y a la plena adhesión a las instituciones internacionales —poder político—. Ni Nixon ni Kissinger previeron la trayectoria que adoptó el Partido Comunista de China (PCCh). A pesar del salto económico que lo llevó a convertirse en la segunda potencia económica mundial, Pekín no solo no abrazó los ideales políticos del liberalismo, sino que bajo la «nueva era» de Xi Jinping inició una deriva autoritaria y personalista que evocaba la etapa de Mao Zedong. Creó una serie de instituciones globales en competencia frente a las acogidas al «consenso de Washington» y, en la esfera del poder militar, comenzó a exhibir músculo en el estrecho de Taiwán, el mar de China Meridional y la frontera con la India.

En estas circunstancias aparecen las estrategias y asociaciones para el Indo-Pacífico. Australia, EE.UU., la ASEAN, India, Taiwán, Japón y Corea del Sur publicarán una serie de documentos que ponen de manifiesto los dilemas de la región y el despliegue de una nueva geopolítica que tiene en su núcleo la rivalidad entre una potencia emergente, Pekín, y una potencia hegemónica, Estados Unidos. Estos actores estatales mantienen diferentes puntos de vista sobre la relación regional de fuerzas, una diversidad que se refleja en los enfoques realistas, liberales y constructivistas que explican prioridades e inquietudes.

El diálogo cuadrilateral de seguridad (Quad, por sus siglas en inglés) promovido por Estados Unidos, la política de actuación en oriente (Act East Policy) de India, los planes de Japón de asociación para infraestructuras de calidad (PQI, por sus siglas en inglés), el corredor económico Asia-África, las relaciones de «aliado dependiente» de Australia con Estados Unidos y las maniobras navales trilaterales de Malabar, entre otras, persiguen contener la creciente influencia china3. Los planes de China para aumentar su influencia a través de la Ruta Marítima de la Seda cuestionan el protagonismo convencional de Estados Unidos en la región, y el documento Perspectivas de la ASEAN sobre el Indo-Pacífico de 2019, ejemplo de aproximación constructivista, hace hincapié en un Indo-Pacífico inclusivo y basado en reglas.

La Unión Europea no permaneció ajena a estas transformaciones. Su incorporación al Indo-Pacífico supone una transición del «Europa no hace geopolítica» al desarrollo de una gran estrategia de acción exterior que, entre otros, incluye el global gateway. Este viraje, que arranca con la perspectiva estratégica de la Comisión Europea de 2019 y define a China como socio, competidor y rival sistémico, recibió un impulso abrupto con la pandemia de covid-19 y la invasión rusa de Ucrania. Ambos acontecimientos afectaron la percepción vigente de China, en especial cuando la respuesta de Pekín a la guerra en Ucrania se interpretó como un apoyo tácito4.

Otros puntos de inflexión de la UE son la Brújula Estratégica y la Estrategia de la Unión Europea para la Cooperación en la Región Indopacífica de 2021. Si el enfoque inicial proponía a la UE como una «tercera vía» alejada de la competencia entre grandes potencias, con el tiempo ha abandonado esta postura y se ha alineado con las recomendaciones de Washington. El reajuste quedó manifiesto con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, momento en el que la UE suspendió el Acuerdo Global de Inversiones negociado previamente con China, lo que marcó un nuevo distanciamiento estratégico.

Como resultado, la Unión Europea ha iniciado una etapa de colaboración con los llamados «países afines» del Indo-Pacífico, una reagrupación de intereses económicos, ideológicos y políticos centrada en la seguridad en la que participa junto con Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas e India.

En esta línea, las propuestas más recientes de la UE incluyen el proyecto de Mejora de la Cooperación en Seguridad en y con Asia (ESIWA, por sus siglas en inglés) y la asociación estratégica entre la UE y Japón. Sin embargo, al igual que otras economías, Europa enfrenta el complejo desafío de equilibrar las ventajas de comerciar con China con los inconvenientes en materia de seguridad. El enfoque de «reducción de riesgos» (de-risking) en la producción de tecnologías digitales choca con la dependencia de China para el suministro de minerales críticos, mientras que los controles de importación europeos generan represalias de Pekín. La interconexión de la globalización y la centralidad de China en las cadenas de producción dificultan la toma de decisiones, abriendo brechas entre los socios de la UE, cuyas opiniones y preferencias a menudo divergen.

Aunque la UE continúa definiendo a China como un socio, competidor y rival, en la práctica cada vez es menos un socio y más un rival.

Este artículo analiza las principales tendencias y acontecimientos en el Indo-Pacífico con un enfoque especial en los aspectos económicos y de seguridad que moldean las relaciones entre los actores clave de la región. El estudio se centrará en las principales potencias económicas: Estados Unidos, China, India, Japón y Corea del Sur. Además, incluirá menciones a Corea del Norte y Filipinas debido a los riesgos que caracterizan sus contextos de seguridad.

Estados Unidos, continuidad y ruptura

«EE.UU. es una potencia del Indo-Pacífico». Con esta afirmación lacónica y contundente comienza la estrategia para el Indo-Pacífico aprobada por la Administración Biden en 2022. Efectivamente, parte de EE. UU. se encuentra en el en el océano Pacífico —la costa oeste, las islas Hawái y Alaska al norte—. Además, cuenta con una amplia presencia en la región como potencia hegemónica. Washington ha firmado once tratados de seguridad y defensa, la mayoría de carácter bilateral (con Corea del Sur, Filipinas, Tailandia, Japón, Australia y Nueva Zelanda), pero también colectivos, como el Quad, AUKUS, la Alianza de los Cinco Ojos, y el Tratado de Defensa Colectiva del Sudeste Asiático. Sumado a ello, tiene bases militares en Japón, Corea del Sur, Guam, Hawái y Alaska. Cuenta con presencia militar regular en Filipinas, Singapur, Australia y las Islas Marshall, y colaboración militar en rotación con Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental, Nueva Zelanda y Tailandia.

Estados Unidos dio un giro significativo en su política exterior hacia Asia bajo la Administración Obama, con el célebre pivot to Asia. El cambio estratégico fue articulado por Hillary Clinton, quien identificó al Asia-Pacífico como una región vital para Estados Unidos. Durante el mandato de Donald Trump se publicó la estrategia para el Indo-Pacífico de 2017. La estrategia de seguridad nacional definió igualmente al Indo-Pacífico como la región de mayor interés estratégico para EE.UU.

La Administración Trump fue más allá y señaló a China como una amenaza para los objetivos norteamericanos. En este sentido, el discurso del vicepresidente Mike Pence en el 2018 en el Hudson Institute5 marcó un punto de inflexión. Pence acusó a Xi Jinping de interferir en la política interna de EE.UU. y expuso los principales argumentos que comparten demócratas y republicanos hacia China: Pekín intenta cambiar el orden internacional a su favor y con la militarización del mar de China Meridional y el elevado incremento del gasto militar busca expulsar a EE.UU. del Pacífico Occidental e impedir que acuda en ayuda de sus aliados. En general existe el temor de que la política de dominio comercial de China sea una estrategia soterrada para afirmarse como poder hegemónico en otros ámbitos. En seguridad preocupa la agresividad con la que Pekín ha hecho valer sus reivindicaciones sobre territorios disputados en la India, en el mar de China Meridional y en el mar de China Oriental. A este diagnóstico hay que añadir otros episodios recientes, el pacto de «amistad sin límites» entre China y Rusia semanas antes de la invasión de Ucrania, el incumplimiento de los compromisos adquiridos en la reunificación de Hong Kong, la intrusión de un supuesto globo de espionaje chino en 2023 y el devastador hackeo Salt Typhoon al sistema de telecomunicaciones norteamericano en diciembre del año pasado que ha disparado las alarmas sobre la amenaza cibernética y la vulnerabilidad digital de Estados Unidos.

La estrategia norteamericana del Indo-Pacífico

Las inquietudes que todo lo anterior provocó fueron recogidas en las sucesivas estrategias del Indo-Pacífico, la estrategia de seguridad nacional, el concepto estratégico de la OTAN, el AUKUS, el Quad, así como en sus acuerdos bilaterales y trilaterales de seguridad con los países del Indo-Pacífico.

La Estrategia del Indo-Pacífico de 2022 reconoce que «los intereses estadounidenses solo pueden avanzar si anclamos firmemente a los Estados Unidos en el Indo-Pacífico y fortalecemos la región misma, junto con nuestros aliados y socios más cercanos». El documento evita una aproximación confrontativa con China y reconoce la necesidad de colaborar en áreas de común provecho, como el cambio climático y la no-proliferación nuclear.

El plan de acción incluye, entre otros, liderar un Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad (Indo-Pacific Economic Framework for Properity, IPEF); reforzar la capacidad disuasoria frente a las agresiones de China hacia EE.UU. y sus aliados, incluido el estrecho de Taiwán6; fortalecer la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN); apoyar el ascenso continuado de la India y su liderazgo regional; hacer operativo el Quad y ampliar la cooperación entre EE.UU, Japón y Corea del Sur. La propuesta cuenta con varias herramientas muy precisas: la Iniciativa de Disuasión del Pacífico, la Iniciativa de Seguridad Marítima y la alianza del AUKUS. En este marco, y durante la Administración Biden, se han adoptado las siguientes medidas:

  • Avance en las negociaciones del Marco Económico Indo-Pacífico para la Prosperidad (IPEF) 2022. El IPEF es un proyecto lanzado por el presidente Biden que podría ser una alternativa al Trans-Pacific Partnership (TPP) negociado por Barack Obama y posteriormente rechazado por Trump. Son miembros catorce países de la región del Indo-Pacífico junto con EE.UU. Tiene como objetivo fomentar un crecimiento económico sostenible e inclusivo y promover la resiliencia de las cadenas de producción. Sectores críticos cuestionan la falta de contenidos y medidas concretas.
  • Anuncio del corredor económico India-Oriente Próximo-Europa (IMEC, por sus siglas en inglés) durante la cumbre del G20 en Delhi. El MoU fue firmado por Arabia Saudí, la Unión Europea, India, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Francia, Alemania, Italia y Estados Unidos. El proyecto de infraestructuras físicas y digitales conectará los EAU con Israel a través de Arabia Saudí y Jordania. El IMEC surge como contrapeso de EE.UU. a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative, BRI) de China y su creciente influencia diplomática en la región, y enlaza con el objetivo de Estados Unidos de estabilizar Oriente Medio y mantener el impulso de los Acuerdos de Abraham entre Israel y los países árabes7.
  • Celebración de la cumbre especial EE.UU.-ASEAN.
  • Profundización de la cooperación trilateral entre Estados Unidos, Japón y la República de Corea con la Cumbre Trilateral de Líderes en Camp David en agosto de 2023.
  • Puesta en marcha de la Red de Inversiones del Quad (Quad Investors Network) para fomentar la coinversión en tecnologías críticas, y la Asociación Indo-Pacífica para el Conocimiento del Dominio Marítimo (Indo-Pacific Partnership for Maritime Domain Awareness, IPMDA).
  • Puesta en marcha la iniciativa Socios en el Pacífico Azul (2022) junto con Australia, Japón, Nueva Zelanda y el Reino Unido para apoyar las prioridades económicas y de seguridad entre las islas-nación del Pacífico.
  • Realización del primer ejercicio naval conjunto de EE. UU. y la Unión Europea frente a la costa de Omán.
  • Fortalecimiento de la cooperación trilateral con Japón y Filipinas.
  • Ascenso de las relaciones bilaterales con Vietnam e Indonesia al nivel de asociación estratégica integral.
  • La cumbre de la OTAN de Madrid en el 2022 acogió por primera vez a los jefes de Estado y Gobierno de Australia, Japón, República de Corea y Nueva Zelanda. La OTAN, en su concepto estratégico del 2022, afirmó que los socios trabajarán conjuntamente «para hacer frente a los desafíos sistemáticos que presenta el Partido Comunista Chino a la seguridad euroatlántica».
  • La Asociación para la Seguridad de los Minerales (MSP por sus siglas en inglés)8, dirigida a reforzar las cadenas de suministro de minerales críticos que garanticen la resiliencia de las cadenas de producción. A pesar de no ser un proyecto estrictamente del Indo-Pacífico, los principales socios de EE.UU. en la región forman parte de él.
  • El AUKUS (Australia, Reino Unido y Estados Unidos), el pacto trilateral de cooperación militar formalizado en septiembre de 2021.

En el plano económico, la Administración Biden ha avanzado la política de aranceles y limitación de la dependencia de China de Trump, un proceso que oscila entre el de-risking (minimizar los riesgos), el friendshoring (la colaboración con «naciones amigas») y el desacople. No obstante, todavía no queda claro cuál será el nivel de desvinculación buscado ni los principios que articulan las medidas.

En agosto de 2024, se aprobó la ley de chips para mejorar la industria de semiconductores, y la ley de reducción de la inflación (IRA, en sus siglas en inglés). El friendshoring ha extendido el embargo más allá de Estados Unidos. Holanda y Japón firmaron acuerdos para restringir la exportación de maquinaria de fabricación de semiconductores a China. La desvinculación tecnológica se está ampliando. En septiembre del año pasado, la Cámara de Representantes aprobó la ley de bioseguridad, una legislación destinada a desacoplarse estratégicamente de China en el área de la biotecnología. Estas semanas se debate la conveniencia de prohibir ciertas aplicaciones como Tiktok y, en septiembre del año pasado, la Administración Biden propuso una norma que prohíbe la venta de automóviles chinos en EE.UU. y su importación por terceras vías, como México o Hungría.

En suma, en los últimos años, hemos sido testigos de un avance sostenido en la implementación de las políticas norteamericanas orientadas hacia la región del Indo-Pacífico, un esfuerzo claramente documentado en diversas publicaciones oficiales. Tanto demócratas como republicanos coinciden en la importancia de contrarrestar ciertos aspectos de la participación china en la economía global. Sin embargo, esta estrategia no está exenta de riesgos significativos que incluyen la potencial subida de precios y su repercusión en la inflación, la complejidad de desvincular las tecnologías chinas de sectores críticos de la economía norteamericana y el efecto perturbador en un sistema tan interdependiente como lo es la economía globalizada.

La reciente victoria electoral de Donald Trump designa el inicio de una nueva etapa en una situación global cargada de incertidumbre. Por un lado, existe un amplio consenso bipartidista que anticipa una política de continuidad y profundización en la estrategia del Indo-Pacífico concebida como un ambicioso esfuerzo de integración regional con proyecciones de impacto a nivel global9. Sin embargo, Trump representa una ruptura con las formas y la diplomacia de los demócratas, lo que plantea serios interrogantes. Durante el primer mandato, el presidente implementó una política de presión sobre aliados clave como Japón, Corea del Sur y Taiwán al exigirles un aumento significativo en sus presupuestos de defensa. Su regreso podría implicar políticas similares o incluso más severas. Sin embargo, como resaltó no hace mucho el secretario de Estado, Marco Rubio, en un artículo publicado en Nikkei Asia, Estados Unidos no está en condiciones de enfrentar por sí solo las ambiciones de Pekín, por lo que necesitará reforzar y preservar las relaciones con sus aliados apostando por una cooperación que permita equilibrar la balanza de poder en la región.

Las decisiones relativas al gabinete presidencial reflejan una clara orientación hacia una postura más confrontativa frente a China. Figuras clave como el consejero de Seguridad Nacional, Mike Waltz, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth —todos ellos reconocidos «halcones» en temas relacionados con China y firmes defensores de India—, auguran un endurecimiento de la rivalidad con Pekín a favor de la India. Trump por su parte, ha amenazado reiteradamente con utilizar las tarifas arancelarias como arma de presión y negociación, pero dado su carácter contradictorio e impredecible, resulta difícil adelantar escenarios.

En cualquier caso, el éxito de la estrategia norteamericana dependerá de su capacidad para navegar las complejidades de una economía global interconectada, compaginar el proteccionismo del America First de Trump con el fortalecimiento de las coaliciones y gestionar los riesgos inherentes a una política exterior cada vez más polarizada.

China, el Indo-Pacífico con características chinas

Para los analistas y dirigentes chinos10 el concepto de Indo-Pacífico desplaza el valor estratégico de Asia-Pacífico hacia el océano Índico, un cambio que beneficia a la India por gozar de una ubicación privilegiada. También reconocen que dada la centralidad del océano Índico en las rutas de transporte marítimo, India y China intensificarán su competencia estratégica. En general, consideran que las planificaciones de las democracias liberales para el «Indo-Pacífico» tienen como objetivo reforzar el poder de Estados Unidos y contener la expansión de China. Por ello, la visión del Indo-Pacífico fue rechazada por Pekín, cuyo ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, sentenció en el 2018 que la idea terminaría desapareciendo «como la espuma en el mar».

No obstante, Pekín tiene desde hace más de una década una estrategia propia del Indo-Pacífico: la Ruta Marítima de la Seda para el siglo XXI, que forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta presentada por Xi Jinping en 2013 para impulsar el comercio y la conectividad entre Asia, Europa y África.

La estrategia de Xi Jinping para el Indo-Pacífico

Según la web oficial11, la Ruta Marítima de la Seda abarca una visión de dos océanos conectados que unan «la ASEAN, Asia Meridional, Asia Occidental, África Septentrional y Europa», y una asociación para el mar de China Meridional y los océanos Pacífico e Índico. Consta de tres «corredores económicos azules», incluido el de «China-océano Índico-África-mar Mediterráneo». Tal y como afirma el analista australiano Rory Medcalf12, la BRI es el «Indo-Pacífico con características chinas». El proyecto se ha convertido en uno de los pilares de las relaciones internacionales de Pekín junto con el Made in China 2025 y el Global China Initiative. Asociados al mismo se encuentran instituciones como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta es una estrategia diseñada para abordar las prioridades y metas del PCCh. De cara al comercio, permite esquivar el «dilema de Malaca»13 y proteger las líneas marítimas por las que transitan las exportaciones, y otorga control sobre instalaciones críticas como los puertos. En el plano político, la BRI facilita la ampliación de la influencia china mediante la creación de una «comunidad de amigos».

Gran parte de los objetivos de la BRI se han alcanzado. En la región del Indo-Pacífico, China ha desarrollado un poder naval de aguas profundas, la mayor fuerza de combate marítimo del mundo14, y ha establecido una presencia militar en Yibuti, cerca de las bases que tienen Francia, Estados Unidos y Japón. Asimismo, ha formado una constelación de puertos que controla, total o parcialmente, a través de la adquisición de participaciones15. Las inversiones portuarias a lo largo de la Ruta de la Seda Marítima otorgan a China un anclaje en puntos de gran valor geoestratégico, como el puerto de Hambantota, en Sri Lanka, a solo 400 kilómetros de distancia de la India; el de Gwadar en Pakistán, próximo al estrecho de Hormuz, y la mencionada base naval de Yibuti, situada en el punto de entrada del canal de Suez. Otros equipamientos portuarios clave incluyen instalaciones en Myanmar, Camboya, Brunéi, Tailandia y Tanzania.

Sin embargo, la proximidad de estos emplazamientos a las fronteras de países como la India genera preocupación. Existe el temor de que puedan tener un uso dual, es decir, ser empleadas tanto para fines comerciales como militares en un determinado escenario.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta ejemplifica el elemento diferencial de la estrategia de construcción de poder del Partido Comunista Chino (PCCh): la diplomacia comercial. La presencia hegemónica de EE. UU. como potencia militar signataria del mayor número de tratados de defensa limitaba la posibilidad de Pekín para competir con Washington en este terreno. Como afirma la politóloga Oriana Skylar Mastro, Estados Unidos «se quedó con todos los buenos aliados»16 (China solo ha firmado un acuerdo de defensa mutua con Corea del Norte). Por ello el PCCh buscó alternativas inexploradas y encontró un espacio de oportunidad en los acuerdos económicos y las asociaciones estratégicas integrales. La Iniciativa de la Franja y la Ruta ha permitido canalizar los propósitos del PCCh y mejorar la seguridad económica de Pekín. Actualmente, China es la principal economía exportadora del mundo, el mayor acreedor global y el principal socio comercial de más de ciento veinte países. Domina el comercio marítimo en términos de volumen, la actividad de construcción naval y la creación y propiedad de puertos en todo el mundo17. Durante la última década, China se ha convertido en un importante socio y proveedor de asistencia y préstamos a las naciones insulares del Pacífico, entre las que destacan las Islas Salomón, con las que firmó un pacto de seguridad en 2022, para la preocupación de Estados Unidos y Australia.


Figura 1. Evolución de la cuota china de sus importaciones totales. Fuente: Japan Center for Economic Research

La expansión de la BRI ha trascendido los límites oficiales iniciales y ha llegado hasta América Latina y el Caribe, donde veintidós países han firmado la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. A pesar de que el alcance de la BRI se ha desacelerado por la pandemia y la ralentización de la economía china, la apertura el pasado mes de diciembre del megapuerto de Chancay, en Perú, muestra la continuidad del proyecto. A la luz del discurso de Xi Jinping ante el tercer foro del BRI, analizado por el think tank Merics, se puede deducir que en el futuro la iniciativa se orientará hacia la energía verde y los equipos de telecomunicaciones18, y se expandirá por los países del llamado sur global, libres de las restricciones que imponen los mercados de EE.UU. y sus aliados.

El BRI responde a la visión de Xi, «el sueño chino de rejuvenecimiento nacional» (2013), una narrativa que pone un énfasis especial en el progreso de la ciencia, la tecnología y la innovación, con la Ruta de la Seda digital como dimensión tecnológica. Para el tecnonacionalismo que encarna la visión de Xi, la innovación constituye una prioridad para garantizar la seguridad nacional y el liderazgo económico y político mundial19. Según las conclusiones del experto Tai Ming Cheung, el desarrollo de tecnologías críticas tiene especial repercusión en la región que nos concierne20. En su obra Innovar para dominar, el autor destaca que el Estado de seguridad tecnológica chino persigue la fusión integral de la seguridad civil con la nacional. Actualmente, China avanza en la transición hacia un modelo de innovación autóctona para convertir al país en una potencia de innovación autosuficiente que lidere el mundo, meta que logrará a lo largo de la década de 2020 y principios de 2030 de acuerdo con los planes oficiales —en particular, el programa Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) 2030 y el Plan de Desarrollo Científico y Tecnológico (PML) a Mediano y Largo Plazo 2021-2035. Por último, señala el cambio de un enfoque realista defensivo centrado en el desarrollo económico y con un perfil internacional bajo a otro ofensivo que maximice una seguridad de suma cero en la región de Asia-Pacífico y en los nuevos dominios tecnológicos, como el cibernético y el espacio ultraterrestre. Todo ello está en línea con el fuerte aumento de la inversión militar y la estrategia de seguridad nacional.


Figura 2. Evolución del número de asociaciones concluidas y mejoradas de China. Fuente: Japan Center for Economic Research

La estrategia del PCCh de convertir al país en un poder global económico sirve al principio de preservación de la estabilidad social, objetivo prioritario del libro blanco de La defensa nacional de China en la Nueva Era21. Esta estabilidad depende del crecimiento económico sostenido que, a su vez, proporciona al PCCh la base de la legitimidad necesaria para gobernar sin sobresaltos domésticos. Ante la desaceleración de la economía china de los últimos dos años, junto con otros factores como el declive demográfico, se abre un escenario de riesgo e incertidumbre.

En 2024, a pesar de la recesión económica, el presupuesto de defensa aumentó y alcanzó los 1.665 billones de yuanes (236.000 millones de dólares), un incremento nominal de más del 7% en el trigésimo año consecutivo de incrementos. Aunque como proporción del PIB (1,27%) el presupuesto chino es inferior a la media mundial del 1,8% y al objetivo tradicional del 2% de la OTAN, la cifra es significativamente mayor a la del resto de cada uno de los países asiáticos, que se calcula que gastaron en su conjunto 298.000 millones de dólares22.

Junto con la estabilidad social, el libro blanco hace hincapié en la preservación de la soberanía nacional, la integridad territorial y los derechos marítimos e internacionales de China como pilares de la seguridad nacional. El documento señala a Estados Unidos como responsable de intensificar la competencia entre las principales potencias. Aunque reconoce la existencia de disputas marítimas y territoriales, evita concretar detalles y se limita a declarar que «las islas del mar Meridional de China y las Islas Diaoyu son partes inalienables del territorio chino». Asimismo, reafirma el derecho de China a ejercer soberanía sobre estas áreas mediante la construcción de infraestructuras y el despliegue de capacidades defensivas tanto en el mar Meridional como en el mar Oriental. En relación con Taiwán, sostiene que se busca una reunificación pacífica, aunque deja claro que «no se renuncia al uso de la fuerza» y se reserva la opción de tomar «todas las medidas necesarias».

En 2025, convendrá prestar atención a estos aspectos, especialmente si se tiene en cuenta que en los últimos años Pekín ha intentado legitimar sus reclamaciones de soberanía marítima mediante una política expansiva. En el 2023 y el 2024, se ha producido un incremento notable de la hostilidad del Ejército Popular de Liberación (EPL) en aguas de la «primera cadena de islas»23, el grupo de islas frente a la costa de Asia Oriental que va desde el archipiélago de Japón pasando por Taiwán y las islas de Filipinas hasta el archipiélago malayo, y que China considera su primera línea de defensa.

En Taiwán, las fuerzas aéreas y navales del EPL han aumentado la frecuencia e intensidad de operaciones militares alrededor de la isla, justificadas en respuesta a lo que considera provocaciones de Taiwán y EE.UU. En el 2024, a los pocos días de la elección del presidente Lai Chingte, al que Pekín tacha de «separatista peligroso», las fuerzas armadas chinas realizaron, a modo de castigo, los ejercicios de simulacro de guerra «espada conjunta 2024A». La práctica, afirma el think tank australiano The Jamestown Foundation24, se desarrolló en nueves lugares y supone una escalada significativa al incluir, por primera vez, las islas de altamar. También demuestra la continuidad de la RPC de emplear tácticas de «zona gris», acciones coercitivas que permanecen por debajo del umbral de un conflicto armado, pero que permiten escalar y desescalar operaciones militares sin desencadenar un conflicto a gran escala. La segunda parte de los simulacros de guerra «espada conjunta 2024B» tuvo lugar en octubre. Taiwán, por su parte, ha aumentado el presupuesto de defensa y ha elevado su capacidad militar.

Las tensiones entre China y Filipinas en el mar de China Meridional se han endurecido con el incremento de enfrentamientos violentos en el Second Thomas Shoal, el bajío que se encuentra ubicado en la zona económica exclusiva (ZEE) de Filipinas y sobre el que China, según dictaminó la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, carece de derechos. El pasado año, Filipinas adoptó la nueva estrategia de dar a conocer los enfrentamientos difundiendo videos de las agresiones de la Guardia Costera china e invitando a periodistas internacionales a bordo de sus naves. El secretario de Defensa de Filipinas, Gilbert Teodoro, afirmó que China se ha convertido en una «amenaza existencial» en el mar de China Meridional.

La elección de Ferdinand Marcos Jr. como presidente en 2022 supuso un punto de inflexión en las relaciones sino-filipinas. Marcos Jr. se distanció de las medidas adoptadas por su predecesor, Rodrigo Duterte, de acercamiento amistoso con Pekín y ha reforzado las relaciones con EE.UU. y sus aliados para desarrollar una arquitectura de seguridad regional conjunta. En el 2023, el Gobierno de Filipinas anunció que ampliaba el Acuerdo de Cooperación en Defensa Mejorada (Enhanced Defense Cooperation Agreement, EDCA) que proporciona a EE.UU. acceso a las instalaciones militares filipinas a cuatro nuevas bases. Asimismo, firmó un acuerdo para compartir información militar clasificada de inteligencia, el General Security of Military Information Agreement (GSOMIA). Otras medidas de colaboración en defensa han sido la participación de Filipinas en cumbres y ejercicios minilaterales, como la primera cumbre Japón-Filipinas-EE. UU. del 2024 o la primera reunión de ministros de Defensa de Australia-Japón-Filipinas-República de Corea-Estados Unidos en noviembre.

Por su parte, China introdujo en junio nuevas regulaciones que otorgan a su Guardia Costera una amplia autoridad para utilizar la fuerza contra actores extranjeros por «allanamiento» en los territorios del mar de China Meridional que reclama y que incluyen las ZEE de otros países, entre ellos Filipinas25.

Para resumir, en los últimos años se ha desarrollado un ciclo dinámico de correlación de fuerzas que se alimentan mutuamente: por una parte, Washington ha estrechado las alianzas con sus socios asiáticos y, por otra, Pekín ha exhibido músculo y ha intentado cambiar de forma unilateral el statu quo en territorios y aguas disputados, lo que ha llevado a los países afectados, como la India, Australia, Japón, Filipinas y Corea del Sur (también Taiwán) a aumentar sus presupuestos de defensa, forjar nuevas coaliciones y estrechar relaciones con EE.UU. Esta dinámica continuará a lo largo del 2025.

Otro aspecto que se debe tener en cuenta será la influencia de la economía china sobre los movimientos externos de Pekín. Para el analista Medcalf, la asertividad de China se explica más como una debilidad que como una prueba de su fuerza. Pekín, al borde de una tormenta perfecta de dificultades nacionales (economía ralentizada, aspiraciones de la población frustradas, desigualdad, problemas medioambientales, envejecimiento de la población), estaría intentando asegurarse una serie de ganancias globales mientras pueda. Otras hipótesis plantean la posibilidad de que, frente a las turbulencias domésticas, el PCCh refuerce las posiciones nacionalistas y de enfrentamiento con otros países o con Taiwán, o que, por el contrario, evite desviar los recursos y la atención hacia conflictos externos que producirían un desgaste innecesario para poder hacer frente a la crisis interna. En cualquier caso, a la vista de la acumulación de tensiones y la intensificación de la actividad militar en la «primera cadena de islas», existe un riesgo real de que la situación derive por accidente en una escalada, con la posibilidad de involucrar a Estados Unidos y otras potencias.

India, entre la dependencia y la autonomía

La India goza de una posición geoestratégica privilegiada en el Indo-Pacífico, la de una cuña continental inserta en el océano Índico desde donde conecta con el mar Arábigo al oeste y con la bahía de Bengala y el mar de Andamán al este. Por otra parte, las islas indias de Andamán, Nicobar y Laquedivas aportan una proyección de poder que se extiende más allá del subcontinente. En la actualidad, el 95% del comercio internacional de la India en volumen y más del 70% en valor circulan por estas aguas. No obstante, el ascendente del océano Índico sobre la India no es un fenómeno nuevo, tal como recuerda el historiador y diplomático indio K.M. Panikkar, quien escribió: «una verdadera apreciación de las fuerzas históricas de la India demostrará, más allá de toda duda, que quien quiera que controle el océano Índico tiene a la India a su merced26», lo que indicaría el renovado interés de India por su entorno marítimo.

En consecuencia, el Indo-Pacífico adquirió una nueva relevancia en la geopolítica india después de que el primer ministro Narendra Modi asumiera el cargo en 2014.

La estrategia de Narendra Modi para el Indo-Pacífico

Las prioridades del Gobierno de Narendra Modi para la India se pueden resumir en tres ejes: posicionar al país como una potencia mundial de acuerdo con su peso económico y demográfico, responder al auge de China y preservar la autonomía estratégica. Oficialmente, la India no tiene aliados —el Gobierno nunca ha utilizado ese término—, lo que le permite ejercer una política exterior multilateral, así como mantener buenas relaciones con países antagonistas entre sí, tal que Israel e Irán o Rusia y Estados Unidos. Esto no le ha impedido una praxis de acuerdos que apuntan a una política de acercamiento con instituciones y países socios, entre los que destacan la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y EE. UU. a través de la visión estratégica conjunta para Asia-Pacífico y el océano Índico (2015), el Diálogo de Seguridad Cuadrilátero (Quad) y el Acuerdo de Cooperación Nuclear Civil (2008).

En estos tres ejes, el Indo-Pacífico juega un papel decisivo que se proyecta en la política exterior india y que, tal y como señala el ministro de exteriores S. Jaishankar, despliega una estrategia en círculos concéntricos que van desde la infraestructura marítima nacional hasta el espacio marítimo más allá de las aguas de la India y su inmediata vecindad insular27. De acuerdo con estos objetivos, en 2015 la Armada elaboró una estrategia marítima de la India y llevó a cabo una ampliación de las «áreas de interés marítimo» a todo el océano Pacífico occidental y sudoccidental28. En 2019, el Ministerio de Relaciones Exteriores creó una nueva división del Indo-Pacífico, y la partida del presupuesto de defensa destinada a la Marina ha aumentado de un 14% en 2021-2022 a un 20% en 2023-202429. Un esfuerzo incremental para un país que, como afirma director de la Society for Policy Studies, Uday Bashkar30, después de China es el segundo en la región y cuenta con una proyección para ser una potencia marítima, un objetivo que todavía es aspiracional.

Junto con los objetivos oceánicos mencionados, el Indo-Pacífico representa un escenario de competencia con una China ascendente que Delhi ve como un hegemón regional. El recelo hacia Pekín no ha hecho sino aumentar con su presencia en la proximidad de India a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que cuenta con el corredor económico China-Pakistán e instalaciones militares y comerciales en los puertos de Gwadar en Pakistán, Hambantota en Sri Lanka y Chittagong en Bangladesh. El denominado «collar de perlas» que cerca la India.

Las estrategias indias del Indo-Pacífico se han reforzado en los últimos años a través la participación de la India en el Quad31, la realización de ejercicios marítimos conjuntos y la Act East Policy, la política de conectividad entre las regiones del noreste de la India y el Sudeste Asiático.

El foro del Quad aporta una matriz de relaciones bilaterales y minilaterales. En estado de hibernación desde su creación en el 2007, celebró su primera cumbre de jefes de Estado en 2021, al finalizar la pandemia de covid-19. La India y Estados Unidos acercaron posiciones para incluir el intercambio de inteligencia en tiempo real y fomentar capacidades militares en el Indo-Pacífico. En 2022, lanzaron la Iniciativa de Tecnologías Críticas y Emergentes, destinada a fomentar la cooperación en la industria de defensa, fabricar motores a reacción en la India y crear cadenas de suministro de semiconductores alternativas a las de China.

Nueva Delhi ha avanzado sus objetivos geopolíticos marítimos a través de la diplomacia naval con las visitas de la Armada de la India a la región del Indo-Pacífico, que han aumentado en número y alcance, una herramienta que utiliza tanto para asentar las asociaciones marítimas como para enviar indirectamente mensajes disuasorios a Pekín. Si entre 2011 y 2021 la Armada de la India visitó 72 países extranjeros, entre 2023 y 2024 fueron más de 50 puertos externos32. En 2023 participó en un ejercicio conjunto con siete Armadas de la ASEAN en el mar de China Meridional, a lo que siguió una declaración conjunta con Filipinas en la que pedía a China que respetara el derecho internacional en sus reclamaciones territoriales.

Aparte de esto, la India ha llevado a cabo su primer ejercicio naval con la Unión Europea en el 2023 en el golfo de Guinea, con buques de Italia, Francia y España. Estas operaciones tienen una relevancia menor que, no obstante, poseen un valor simbólico que no conviene deseñar. Lo mismo ocurre con el ejercicio de asociación marítima (Maritime Partnership Exercise, MPX) llevado a cabo en septiembre de 2023 entre el buque de la Armada de la India (INS) Sumedha y el buque de la Armada española (ESPS) Meteoro, y el de la fragata de la Armada de la India INS Tabar con el patrullero de la Armada española Atalaya, ambos en el mar Mediterráneo.

Rivalidad con China

Las discrepancias entre la India y China son una cuestión que, con frecuencia, queda fuera del foco de atención mediático. Incluso la posición pública del PCCh suele relativizar la importancia del país vecino, con una actitud de cierto desdén. Esto no deja de sorprender, pues es un hecho conocido que el PCCh no puede permitirse obviar la relevancia de la India, el único país de la región que puede contrarrestar su poder y hacer frente a su hegemonía, en especial si se tiene en cuenta que, como afirma R. Kaplan, «mientras que China busca expandir su influencia verticalmente, es decir, llegando hacia el sur hasta las cálidas aguas del océano Índico, India busca expandir su influencia horizontalmente, llegando hacia el este y el oeste hasta los fronteras de la India británica de la época victoriana, paralelas al océano Índico»; es decir, sus respectivas ambiciones se cruzan y están destinados a encontrarse de frente. La India, por su parte, reconoce la excepcionalidad de la problemática con la potencia vecina, tal como reflejan las últimas palabras del ministro de Exteriores indio, Jaishankar: «La India tiene un problema especial con China que va más allá y por encima del problema general de China del mundo»33. En la actualidad, el Ejército indio es el único que mantiene combates cuerpo a cuerpo con soldados chinos, lo que da lugar a bajas de heridos y muertos.

Disputas territoriales

La India, al igual que EE.UU. y la UE, mantiene un doble vínculo con Pekín por las necesidades de seguridad nacional y de crecimiento económico separado en compartimentos estancos, aunque cada vez menos.

Desde que, en 1962, China y la India libraron una guerra unilateral en la cordillera del Karakórum que le costó a la India vastas extensiones de tierra, las disputas sobre la frontera continúan. A pesar de que los dos países nunca han acordado una demarcación formal, conocen los límites que patrullan sus ejércitos. Otras querellas que los enfrentan incluyen la reclamación de China sobre los 90.000km2 del estado más nororiental de la India, Arunachal Pradesh, al que Pekín denomina «Tíbet del Sur», así como la disputa por la meseta de Doklam, ubicada en Bután. Por otro lado, China disfruta de una ventaja estratégica significativa sobre la India al dominar la geopolítica del agua, ya que los principales ríos que abastecen al norte de la India, el Brahamaputra y el Indo, tienen su origen en los glaciares del Tíbet. Este control sobre los recursos hídricos otorga a Pekín un poder considerable frente a sus vecinos, como se ha evidenciado por la inquietud que ha generado en Nueva Delhi la decisión adoptada por Pekín de construir la presa hidroeléctrica más grande el mundo en el curso tibetano del rio Brahamaputra.

En los últimos años, los enfrentamientos fronterizos entre los dos ejércitos se han activado en tres tramos.

  • En 2017, ingenieros del ejército chino se adentraron en la meseta de Doklam para construir una carretera. Tras coordinarse con las autoridades butanesas, los soldados indios del otro lado de la frontera intervinieron y detuvieron en seco las maniobras chinas. Este territorio tiene una importancia vital para la India, dado que se encuentra muy próximo al estrecho corredor de Siliguri, conocido como el «cuello de pollo», un enlace que conecta los siete estados nororientales de la India con el subcontinente.
  • En mayo de 2020, en plena pandemia de covid-19, miles de guardas fronterizos del Ejército Popular de Liberación chino cruzaron la línea de control real (LAC), que separa ambos países por el tramo de la frontera de la cordillera del Karakórum y se adentraron en múltiples áreas del lado indio en la región de Ladakh, capturando territorio a lo largo de cinco puntos separados. Cuando sus fuerzas armadas intentaron frenar el avance del EPL, se produjo un enfrentamiento de una violencia inusual que causó la muerte de veinte soldados indios y un número indeterminado de chinos, las primeras muertes en combate en la frontera sino-india desde 197534. En el 2024, Pekín y Nueva Delhi han entablado un diálogo diplomático para abordar la cuestión, ahora bien, mientras la India no recupere el statu quo que tenía antes de abril del 2020 —por ahora difícil de prever—, no habrá un regreso a la normalidad. El ministro de Exteriores indio, Jaishankar, lo resaltó en unas declaraciones: «el estado de las fronteras determinará el estado de las relaciones».
  • En diciembre de 2022, cientos de soldados del EPL chino, armados con bates con púas y otras armas premodernas35, intentaron desalojar un puesto del Ejército indio en el estado de Arunachal Pradesh, lo que dio como resultado un enfrentamiento feroz que se saldó con 34 soldados indios heridos.

En estos casos, el EPL recurre a la táctica de las «zonas grises» y a la conocida como «loncheado del salchichón» (salami slicing), una política de avanzar la ocupación de territorio dando pequeños pasos que cambian los hechos sobre el terreno de manera gradual y que aplica con éxito en otros territorios como el mar de China Meridional, el mar de China Oriental, en la zona de las islas Senkaku/Diaoyu y en Taiwán36.

Existe una aprensión adicional: la modernización del arsenal nuclear de China con el mayor despliegue en cantidad y diversidad de armas nucleares hasta la fecha, en consonancia con el objetivo del libro blanco de defensa de mejorar la competencia del Ejército Popular de Liberación en todos los dominios de la guerra —terrestre, aéreo, marítimo, espacial, contraespacial, electrónico, ciberespacial y nuclear37—.

El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés) informó que en enero del 2024 China tenía un arsenal estimado de unas 500 cabezas nucleares38, cantidad que el Pentágono actualiza a 600 para diciembre del 2024. Esta cifra, que el SIPRI prevé que aumentará en los próximos diez años, supone el triple de la que posee la India —174 cabezas—, que se encuentra casi a la par que Pakistán, con 170 cabezas. Asimismo, algunas proyecciones sugieren que China podría potencialmente desplegar al menos tantos misiles balísticos intercontinentales como Rusia o Estados Unidos en ese periodo, si bien la reserva total de cabezas nucleares sigue siendo menor que la de cualquiera de esos Estados.

La estrategia nuclear de la India se ha ocupado tradicionalmente de Pakistán, aunque fue China la que impulsó a la India a desarrollar su propio arsenal nuclear después de la derrota de 1962 y de que Pekín detonase su primera bomba atómica en 1964. Del mismo modo, «fue China, y no la alianza militar de Pakistán con Estados Unidos, como se suele creer, la que llevó la Guerra Fría a las puertas de India»39, apunta la analista Tanvi Madan. China y la India suscriben el principio de no dar el primer paso en su utilización (no first use, NFU) mientras que Pakistán mantiene una política de «primer uso, pero como último recurso».

En Delhi, señala el think tank Observatory Research Foundation40, preocupa que China esté preparando un rearme más agresivo para competir con EE.UU. Los documentos de los últimos años de defensa de China omiten cualquier referencia al NFU, y su modernización nuclear no tiene lugar en un limbo, sino en unas circunstancias que incluyen la proliferación de Corea del Norte, la guerra de Ucrania, la negativa Pekín a que India entre en el Grupo de Suministradores Nucleares y un aumento de las tensiones transfronterizas. ¿Cuál es el objetivo de este aumento en la capacidad nuclear? ¿La anexión de Taiwán? ¿Configurar un orden internacional acorde con sus objetivos nacionales que implique a los países del mar de China Meridional y del océano Índico?

El interrogante lleva a los analistas indios a proponer una revisión de su doctrina nuclear, la negación del NFU para las naciones enemigas o incluso la formación de un acuerdo similar al AUKUS. Esta es la propuesta de Ashley Tellis, autor de Striking Asymmetries. South Asia's new nuke symmetry. Para Tellis, la superioridad nuclear de China sobre la India es tan pronunciada que esta debería firmar un pacto con Estados Unidos y Francia similar al de AUKUS: el INFRUS.

Acercamiento a las democracias de Asia y Occidente

A raíz de los enfrentamientos con China, la India decidió desempeñar un papel más activo y buscar estrechar vínculos con Estados Unidos y otros regímenes democráticos de Occidente y Asia. Entre estos destaca la relación con Japón, el socio más importante de India en Asia. India también ha reforzado su participación en el Quad y en la Asociación de la Cuenca del Océano Índico (IORA).

En su tercer mandato, Modi está adoptando una postura más firme con respecto a Pekín, aproximándose a ámbitos que el PCCh considera propios. En 2024 solicitó al presidente taiwanés, Lai Ching-te, colaborar en la fabricación conjunta de semiconductores. Ese año, la India entregó misiles de crucero BrahMos a Filipinas. La India también está desarrollando vínculos en materia de defensa con España gracias a la adquisición de 56 aviones y un convenio entre Airbus y Tata Advanced Systems que establece la fabricación de dieciséis aeronaves en España, y el resto en la India. Con esta medida inaugura su primera fábrica de aviones militares dirigida por una empresa del sector privado, lo que, por otra parte, a largo plazo le permitirá reducir su dependencia de las importaciones de Rusia.

Seguridad económica

Las relaciones económicas con China se encuentran condicionadas por dos factores de peso: la India es el mayor receptor de subvenciones del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, con sede en Pekín, y la balanza comercial entre ambos países ha evolucionado hacia una creciente asimetría a favor de Pekín, con un déficit comercial de más de 85.000 millones de dólares41. Por otra parte, la mayoría de los bienes importados de China son bienes de capital y materias primas que la industria india utiliza para fabricar productos terminados que luego exporta. Esta dependencia impacta en dos sectores clave de la economía india como la industria farmacéutica y el sector de la electrónica y las telecomunicaciones, fundamentales para la transformación hacia una sociedad digital. Consciente de la vulnerabilidad que implican las inversiones chinas, el Gobierno indio tomó medidas para frenarlas después de la pandemia. Sin embargo, tras las elecciones del 2024, el número de voces influyentes, incluido el Ministerio de Finanzas, que reivindican abrir las puertas a las inversiones chinas aumentó.

En suma, en su interacción con China la India se encuentra atrapada en el dilema de elegir entre el imperativo de garantizar el crecimiento económico y el de hacer frente a las amenazas a su soberanía territorial. En 2025, el Gobierno tendrá que ponderar si puede equilibrar estas tendencias antagónicas, si apostará por un derisking o avanzará en dirección al decoupling.

En este dilema hay un factor de peso que se debe considerar. Como se ha visto, la economía india se está beneficiando a gran escala de la estrategia norteamericana de diversificar fuera de China. Desde de la pandemia, la India tiene un incremento creciente de inversión extranjera directa. Si expande el alcance de la relación bilateral con China —afirman los analistas Harsh Pant y Kalpit Mankikar42—, podría socavar la idea de la India como baluarte contra el expansionismo de Pekín y pondría en riesgo las propuestas que la incluyen en la reconstrucción de cadenas de suministro alternativas.

Al mismo tiempo, si se tiene en cuenta que las tensiones en la frontera sino-india han aumentado y que los dos países están desarrollando infraestructuras a lo largo de los tramos de valor estratégico de la frontera con la finalidad de apoyar un mejor despliegue de tropas, es muy probable que continue esta dinámica. 

Japón, avance por la senda de Abe

Hasta los años noventa, la política exterior de Japón se caracterizó por una diplomacia de bajo perfil y muy dependiente del paraguas de seguridad de EE.UU. Esta aproximación cambió con el auge de China tras su ingreso en la Organización Mundial del Comercio en 2001. En se momento, Japón se encontraba en un periodo de estancamiento económico y se empezaban a notar los efectos del crecimiento económico de China en su influencia regional.

Una figura central en la nueva visión estratégica de Japón fue Shinzo Abe43. El primer ministro adoptó un enfoque para las relaciones internacionales que definió como «diplomacia proactiva», centrada en la defensa de los valores democráticos y el Estado de derecho. El carácter «proactivo» contrastaba con el anterior «pacifismo pasivo» que parecía resultar ineficaz frente a Pekín. Su estrategia incluyó el fortalecimiento de la capacidad defensiva de Japón en respuesta al aumento del de China y la profundización de las alianzas con países que compartían valores y metas estratégicas, como EE.UU. y la India44. Esta visión cuajó en el Quad y en el nuevo concepto del Indo-Pacífico promovido por Abe. De igual forma, reinterpretó el artículo 9 de la Constitución japonesa ampliando la definición de legítima defensa para incluir la defensa colectiva, lo que permite a Japón colaborar militarmente con otros países fuera de su territorio. En este marco, Japón ha estrechado relaciones con la India, Australia y Corea del Sur, con acuerdos como el Japan-India Strategic and Global Partnership y el Memorandum de Coopoeración en Defensa con Australia, además de alianzas trilaterales con EE. UU.

Estrategias y documentos clave con Kishida

Después del asesinato de Abe en 2022, el Gobierno de Fumio Kishida aprobó la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS), la Estrategia de Defensa Nacional (NDS) y el Programa de Fortalecimiento de la Defensa. Estos documentos destacan la alianza con EE.UU. como el eje central de la defensa nacional y la estabilidad regional. También reflejan un enfoque más realista al considerar la posibilidad de que Japón se enfrente a agresiones militares directas45.

Los textos reconocen la invasión rusa de Ucrania como una violación de las normas internacionales y advierten de posibles actos similares en Asia oriental. Asimismo, critican las actividades de China en el mar de China Meridional, su alianza estratégica con Rusia y las incursiones en las islas Senkaku.

En este sentido, 2024 destacó por una serie de incidentes sin precedentes en los espacios aéreo y marítimo de Japón46. En agosto, un avión chino Y-9 de inteligencia militar penetró en la zona de identificación de defensa aérea japonesa. En septiembre, el portaaviones chino Liaoning, acompañado por dos destructores, apareció frente a Okinawa y entró en la zona contigua a las aguas territoriales de Japón. En noviembre, 27 aviones militares de Rusia y China realizaron vuelos conjuntos cerca de Japón y, en diciembre, un submarino ruso fue detectado navegando entre las islas Yonaguni e Iriomote.

Relación económica y disputas con China

La relación de Japón con China se caracteriza por un doble vínculo de interdependencia económica y rivalidad estratégica que se ha intensificado en los últimos años. Aunque sus respectivas economías están integradas a través del comercio y la inversión —China es el principal socio comercial de Japón, con inversiones directas chinas que alcanzaron más de 1 billón de yenes en 2022, un aumento del 4,4% respecto a 202147—, también compiten por la soberanía de las islas Senkaku/Diaoyu. Además, China ha desarrollado de manera unilateral el yacimiento de gas Shirakaba en zonas disputadas y ha establecido una zona de identificación de defensa aérea (ADIZ por sus siglas en inglés) que cubre las islas en disputa y se superpone con la ADIZ de Japón en la región48.

Acciones estratégicas de Japón

En 2024, Japón ha reforzado su seguridad mediante las siguientes iniciativas:

  • Fortalecimiento de la alianza con EE.UU., incluyendo el acercamiento a Corea del Sur.
  • Alineación con las restricciones tecnológicas estadounidenses mediante límites en la exportación de veintidós tipos de equipos de producción de semiconductores.
  • Encuentros bilaterales de alto nivel, como el Comité Consultivo de Seguridad EE. UU.-Japón (2+2) de enero de 202349.

Estas medidas consolidan la posición de Japón como un actor estratégico clave en Asia en respuesta a la creciente presión geopolítica de China y Rusia.

Las dos Coreas

Desde el fracaso del intento diplomático de Washington en 2019 para eliminar el programa nuclear de Corea del Norte, las relaciones entre las dos Coreas han entrado en una vertiginosa espiral descendiente. Los acuerdos de cooperación se han detenido mientras Pyongyang intenta reestablecer una dinámica de fuerza que es respondida por Seúl con medidas defensivas.

En 2022, la República Popular Democrática de Corea (RPDC) adoptó una doctrina de ofensiva nuclear que incluía la amenaza de emplear armas nucleares de modo preventivo en caso de peligrar la supervivencia del régimen. Aunque es cuestionable que Pyongyang cumpla sus advertencias debido a la asimetría militar con EE.UU., estas declaraciones —y las siguientes— han elevado la tensión a cotas alarmantes. En enero de 2024, Kim Jong-un abandonó el objetivo oficial de reunificación y propuso declarar a Corea del Sur como «enemigo principal» de la RPDC, lo que abrió la posibilidad de «incorporar» la República de Corea por la fuerza. En octubre del mismo año, Kim comunicó que podría usar armas nucleares contra Corea del Sur y EE.UU., a los que acusó de escalar tensiones con su cooperación militar. Ese mes, Pyongyang inauguró una planta para producir uranio apto para armamento.

En paralelo, la cooperación entre la RPDC y Rusia ha ascendido a la categoría de «asociación estratégica integral» en virtud el acuerdo firmado en junio de 2024, lo que ha generado inquietud por una potencial transferencia de tecnología nuclear rusa a cambio de armas norcoreanas. Miles de soldados norcoreanos se unieron a Rusia en la guerra en Ucrania, lo que consolidó la colaboración militar. Pekín, molesto por el acercamiento, organizó una cumbre trilateral en mayo de 2024 con Corea del Sur y Japón. Sin embargo, y dado que Corea del Norte depende estrechamente de Pekín, analistas como Lee Hee-ok y Sungmin Cho argumentan que las intimidaciones de Pyongyang serían una forma de llamar la atención de China para asegurar su apoyo. Esta opción no está exenta de riesgos. En caso de sentirse acorralado, el régimen norcoreano podría generar una crisis externa atacando a Corea del Sur, lo que forzaría a China a intervenir.

Corea del Sur

La estrategia militar de Corea del Sur ha evolucionado en los últimos años hacia una postura más ofensiva. El libro blanco de defensa de 2022 define a Corea del Norte como enemigo y justifica este cambio por la necesidad de maximizar la capacidad disuasoria frente a las crecientes provocaciones nucleares de Pyongyang. Esta estrategia incluye capacidades de ataque preventivo y represalias inmediatas.

En 2023, el nuevo ministro de Defensa, Shin Won-sik, sintetizó esta postura con el acrónimo «PISU» (Punish Immediately, Strongly, and Until the end). Además, Seúl ha fortalecido sus alianzas con países que comparten valores democráticos y rechazan políticas autoritarias, como EE.UU., Japón, Australia y la India. Por ello resultó tan extraordinario el autogolpe fallido del presidente Yoon Suk-Yol, del que se puede constatar una tendencia al alza en las democracias del riesgo del auge del personalismo en los dirigentes50.

Acercamiento Japón-Corea del Sur

Colaboraciones trilaterales y avances recientes:

  • Seguridad económica y tecnológica. Seúl, Tokio y Washington firmaron en 2024 el Trilateral Economic Security Partnership, centrado en cadenas de suministro de semiconductores, energía limpia y ciberseguridad. También colaboran en tecnología avanzada, inteligencia artificial y minerales críticos para diversificar su dependencia de China.
  • Seguridad militar. En julio de 2024, los tres países firmaron el Memorandum of Cooperation of the Trilateral Security Cooperation Framework (TSCF) por el que se institucionalizaba su compromiso en defensa. De igual forma, han trabajado en la agrupación de radares para compartir datos en tiempo real sobre actividades de misiles de Corea del Norte.
  • Relaciones institucionales. Desde 2024 se han llevado a cabo diálogos en seguridad, economía y tecnología, como el tercer diálogo trilateral de seguridad económica en Busan, Corea del Sur. Estas colaboraciones reflejan una creciente convergencia estratégica para contrarrestar la influencia de China, Corea del Norte y Rusia en la región. A pesar de los avances, persisten desafíos en las relaciones trilaterales:
    • Tensiones históricas. El contencioso entre Corea del Sur y Japón por los crímenes de guerra de la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un punto sensible no resuelto.
    • La caída del partido gobernante People Power Party tras el fallido autogolpe de Yoon en 2024 y la victoria del Democratic Party, crítico de la política exterior de Yoon, podrían afectar la cooperación trilateral.

Conclusión

Estados Unidos, bajo la presidencia de Joe Biden, ha materializado su estrategia del Indo-Pacífico libre y abierto mediante la integración de sus aliados tradicionales y nuevos socios, el establecimiento de redes de colaboración y la construcción de una convergencia estratégica a la que, en mayor o menor grado, se han sumado Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas y la India bajo la percepción compartida de la amenaza china.

La estrategia norteamericana ha hecho avanzar los vínculos de seguridad con el AUKUS, el Quad, los acuerdos bilaterales con Filipinas y Japón, y los acercamientos trilaterales, pero también introduce la variable económica con programas como el Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad, que busca ser una alternativa para el desafío que supone un doble vínculo con China. Es decir, se revierte la separación de los ámbitos de seguridad y economía del ya antiguo «orden Kissinger», se reintegran y securitizan las cuatro esferas de poder y se avanza hacia un desacople selectivo-bifurcación todavía incierto.

China, por su parte, ha continuado ampliando el ramal marítimo de la Ruta de la Seda que, según datos del Consejo de Estado de la República Popular China (RPC), ha llegado a 117 puertos de 43 países51 y ha afianzado su dominio en los puertos de ultramar, en especial en el sur global. Al igual que Estados Unidos, está ampliando el enfoque de su política exterior a otros dominios que, en este caso, van más allá de las preocupaciones económicas y energéticas y se adentran en la política y la seguridad, con un incremento notable de sus capacidades militares en todos los ámbitos de la guerra, además de poner en práctica una política exterior ofensiva para respaldar sus reclamaciones marítimas.

Por lo tanto, el Indo-Pacífico se consolida como un espacio estratégico de competencia regional. Así las cosas, desde una perspectiva más amplia, el Indo-Pacífico adquiere una dimensión global al vincularse con el corredor económico India-Oriente Medio-Europa. Este corredor, diseñado para reforzar la conectividad entre Asia, Europa y el Golfo, tiene el potencial de reconfigurar las rutas comerciales y energéticas al establecer un contrapeso directo a la Iniciativa de la Franja y la Ruta liderada por China. En este contexto, junto con los acuerdos de Abraham, Estados Unidos, la India y la Unión Europea emergen como una herramienta clave para alterar los equilibrios de poder en Eurasia, al fortalecer las relaciones entre Israel y los países del Golfo mientras debilitan las alianzas de China, Rusia, Pakistán e Irán.

De igual modo, si se tiene en cuenta el impacto de conflictos abiertos como las guerras en Ucrania y Gaza y las disputas en el mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán, donde Pekín busca consolidar su control estratégico sobre rutas marítimas esenciales, se arprecia cómo unos y otros, conflictos y proyectos estratégicos, forman parte de una pugna más amplia por la hegemonía global, donde el dominio del rimland —según el concepto de Nicholas Spykman— se vuelve fundamental. El control de estas regiones periféricas no solo determina la proyección de poder de las grandes potencias, sino que también redefine las dinámicas de influencia del sistema internacional.

Eva Borreguero Sancho
Profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid.
Escribe en la sección de Opinión de El País.

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

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2Mann, M. (1991). Las fuentes del poder social. Madrid, Alianza Editorial.
3Josukutty, A. y Sabina Lobo, J. (eds.). (2024). The New World Politics of the Indo-Pacific: Perceptions, Policies and Interests. Londres, Taylor & Francis Group.
4Sabanadze, N., Vasselier, A. y Wiegand, G. (2024). China-Russia alignment: a threat to Europe’s security [en línea]. MERICS. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://merics.org/en/report/china-russia-alignment-threat-europes-security
5Pence, M. (2018). Vice President Mike Pence's Remarks on the Administration's Policy Towards China [en línea]. Hudson Institute. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.hudson.org/events/1610-vice-president-mike-pence-s-remarks-on-the-administration-s-policy-towards-china102018
6Sobre Taiwán, el presidente Biden ha declarado en varias ocasiones que Estados Unidos defenderá la integridad territorial de la isla si Pekín la invadía, pero simultáneamente afirmaba que Washington respeta lo acordado con China, es decir, ha mantenido política tradicional hacia Taiwán de «ambigüedad estratégica».
7Rizzi, A. (2024). The infinite connection: How to make the India-Middle East-Europe ecnomic corridor happen [en línea]. ECFR. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://ecfr.eu/publication/the-infinite-connection-how-to-make-the-india-middle-east-europe-economic-corridor-happen/
8MSP es una iniciativa para reforzar las cadenas de suministro de minerales críticos y garantizar que los minerales críticos se produzcan, procesen y reciclen de acuerdo con los estándares ambientales, sociales y de gobierno corporativo. El MSP está compuesto por catorce países y la UE: Australia, Canadá, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, India, Italia, Japón, Noruega, Corea del Sur, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea.
9Borreguero, E. (2024). Asia, a la espera de Trump 2.0 [en línea]. El País. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://elpais.com/opinion/2024-12-02/asia-a-la-espera-de-trump-20.html
10Elliot, S. J. (2024). Chinese Perspectives on the “Indo-Pacific” as a Geostrategic Construct [en línea]. National Bureau of Asian Research. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://strategicspace.nbr.org/chinese-perspectives-on-the-indo-pacific-as-a-geostrategic-construct/
11Ver: Belt and Road Portal, disponible en: https://eng.yidaiyilu.gov.cn/project
12Medcalf, R. (2019). The Indo-Pacific with Chinese characteristics [en línea]. Politique Étrangère, 3, pp. 49-61. Disponible en: https://shs.cairn.info/journal-politique-etrangere-2019-3-page-49?lang=en
13La excesiva dependencia del estrecho de Malaca para el tránsito de importaciones de gas y petróleo y, en general, para el traslado de mercancías hacia Europa y África.
14Palmer, A., Carroll, H. y Velázquez, N. (2024). Unpacking China’s Naval Buildup [en línea]. Center for Strategic & International Studies. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.csis.org/analysis/unpacking-chinas-naval-buildup
15Zongyuan Z. (2024). Tracking China’s Control of Overseas Ports [en línea]. Conceil on foreign Relations. [consulta: 2025]. Disponible en: https://www.cfr.org/tracker/china-overseas-ports
16Rachman, G. (2024). China’s great power strategy [en línea]. Financial Times. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.ft.com/content/bcc32b19-2eac-434a-af2c-82f58903eead?utm_source=chatgpt.com
17Runde, F. D., Hardman, A. y Bonin, C. (2024). Responding to China’s Growing Influence in Ports of the Global South [en línea]. Center for Strategic & International Studies. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.csis.org/analysis/responding-chinas-growing-influence-ports-global-south
18Banach, C. y Gunter, J. (2023). How the BRI is shaping global trade and what to expect from the initiative in its second decade [en línea]. MERICS. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://merics.org/en/tracker/how-bri-shaping-global-trade-and-what-expect-initiative-its-second-decade
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44Japón se encuentra bajo el paraguas de seguridad de EE.UU. por el «U.S.-Japan Mutual Security Treaty signed in 1951 ensures U.S protection to Japan in the event of an attack, enabling Japan to concentrate on its economic growth while depending on U.S. military support».
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48Kiglics, B. Op. cit.
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