
25 nov 2025
IEEE. ¿Pares inter pares? La India en la división de las grandes potencias
Javier Fernández Aparicio. Analista principal del IEEE (CESEDEN)
Introducción. ¿Pares inter pares? El imperativo indio
India, como una potencia global en ascenso, participa activamente en diversos foros multilaterales internacionales, desde el G20 hasta los BRICS+. Históricamente, su política exterior ha estado marcada por el no alineamiento con bloques específicos y su papel como líder del sur global. Sin embargo, la participación de India en estos foros también responde a sus propios intereses nacionales. Desde la llegada de Narendra Modi al poder en 2014, la política exterior y de seguridad de India ha experimentado un cambio hacia lo que Samir Saran y Shashi Tharoor han denominado el imperativo indio. Este concepto se refiere a la constante salvaguarda de los intereses indios en cuestiones internacionales, abarcando desde sus relaciones vecinales hasta su interacción con Occidente (Saran y Tharoor, 2020). Esta postura es defendida por el actual ministro de Exteriores, Subrahmanyam Jaishankar, quien detalla las principales líneas de la política exterior india en otra interesante obra (Jaishankar, 2020).
Este enfoque se refleja en la intensificación de los viajes diplomáticos y encuentros de alto nivel de Modi, especialmente tras las elecciones concluidas el 1 de junio de 2024 y que, si bien supuso la reelección del primer ministro desde 2014, también evidenció un cierto desgaste, abarcando desde países del Sudeste Asiático hasta potencias como China, Estados Unidos, Japón, Rusia y países miembros de la Unión Europea. Así, India se proyecta como un Vishwa Mitra, nombre del célebre sabio hindú amigo del universo, buscando cultivar amistades globales y promover un bienestar común, sin perder de vista el enfoque de los intereses propios y en orden mundial tremendamente dinámico, complejo e influenciado por la variedad de intereses y la capacidad de gestionar amenazas y riesgos a veces imprevisibles o de aparición urgente (Chaulia, 2024).
Sin embargo, otra premisa devenida de esta peculiar relación de la India en el orden mundial esconde otra característica y es que, aparte de la publicación de tratados, actas de reuniones internacionales bilaterales o multilaterales y declaraciones más bien genéricas de sus líneas de actuación, no existe ninguna estrategia de seguridad nacional publicada que informe de sus objetivos en materia de seguridad y relaciones exteriores, percepción de amenazas o prioridades. Precisamente, una ambigua relación con Estados Unidos, Rusia y China es una posible explicación para esta ausencia, pues el país puede afrontar estas relaciones desde múltiples enfoques, desde la alianza al enfriamiento, pasando por el enfrentamiento directo, como en el caso chino. De hecho, una de las razones para evitar la elaboración de un documento así sea la necesidad de definir su postura frente a China, lo que podría posicionar a India como un antagonista claro, algo que podría resultar problemático, además de abordar casos delicados, como su relación con Rusia. Otra razón podría ser de carácter político, pues la imagen de fortaleza que el primer ministro Narendra Modi proyecta podría verse comprometida si el gobierno no pudiera responder rápidamente a una violación de las líneas rojas establecidas en tal documento (Fernández Aparicio, 2023)
Estados Unidos, de la periferia en diplomacia al centro
Estados Unidos se ha consolidado en la actualidad como uno de los principales socios comerciales de India, con un volumen bilateral de exportaciones e importaciones de bienes y servicios superior a los 184 mil millones de euros1. En cuanto a la relación bilateral, los últimos tres años han sido testigos de avances sustanciales en diversas áreas, particularmente en los ámbitos económico, comercial y de seguridad. En este periodo, Estados Unidos ha respaldado firmemente la posición internacional de India, siendo un socio preferente en el marco del Indo‑Pacífico, tal y como se expresa en la Estrategia de la Administración Biden, de febrero de 2022:
«Seguiremos construyendo una alianza estratégica en la que Estados Unidos y la India trabajen juntos y a través de organizaciones regionales para promover la estabilidad en el sur de Asia; colaborar en nuevos ámbitos, como la salud, el espacio y el ciberespacio; profundizar nuestra cooperación económica y tecnológica; y contribuir a un Indo‑Pacífico libre y abierto. La India es un socio con ideas afines y un líder en el sur de Asia y el océano Índico, activo y conectado con el sudeste asiático, una fuerza impulsora del QUAD y otros foros regionales, y un motor para el crecimiento y el desarrollo regional2».
Efectivamente, desde Estados Unidos se ha reafirmado un respaldo al rol de India como líder regional asiático, sin duda respondiendo a su interés de que ejerza de contrapeso a la proyección china en la región, como al mayor estrechamiento de la alianza sino‑rusa, aunque aquí el interés estadounidense choca con las ventajas que la India obtiene de su propia relación con Rusia. Las visitas de Estado del primer ministro Modi a Washington en junio de 2023 o la participación del presidente Biden en la cumbre del G20 celebrada en Nueva Delhi en septiembre siguiente, más otras reuniones de alto nivel, subrayan una emergente y estrecha cooperación entre la India y Estados Unidos en áreas estratégicas como defensa y seguridad, cambio climático y energía limpia, la exploración espacial o la ciberseguridad, estos dos últimos considerados ya dos dominios de enorme importancia en el escenario bélico, claves por lo demás en la confrontación híbrida, en la llamada zona gris, de las grandes potencias mundial. En febrero de 2024, la revisión de la citada Estrategia para el Indo‑Pacífico de la Administración Biden, volvió a ratificar a India como un socio preferente para Estados Unidos3.
La asociación estratégica entre Estados Unidos e India se sustenta en la narrativa de los valores compartidos, como el compromiso con la democracia y la defensa del sistema internacional basado en reglas, promoviendo la conectividad de ambos países y su entorno a través de mecanismos como el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD en sus siglas en ingles), el Diálogo Ministerial 2+2 entre los Secretarios de Estado y de Defensa de los Estados Unidos y sus homólogos indios y docenas de diálogos y grupos de trabajo bilaterales, que abarcan materias como la cooperación espacial y sanitaria hasta el comercio de energía y la tecnología, así como tratar de alcanzar una voz común en foros internacionales compartidos, como las Naciones Unidas —donde India busca un puesto permanente en el Consejo de Seguridad—, el citado G20, organismos financieros como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio, así como en organismos regionales como ante la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, en sus siglas en inglés) o la Asociación de la Cuenca del océano Índico (IORA, en sus siglas en inglés), en los que India y Estados Unidos tratan de mantener posturas similares.
No obstante, a pesar de que las relaciones y cooperación entre ambos países se han visto reforzadas, sobre todo en temas de seguridad, han existido algunos episodios conflictivos, como la controversia derivada del asesinato del líder separatista sij Hardeep Singh Nijjar en Canadá y las investigaciones subsiguientes en Estados Unidos sobre otros incidentes relacionados, así como los cuestionamientos en la prensa estadounidense respecto a la supuesta naturaleza basada en valores de la alianza bilateral, o las declaraciones del presidente Biden, en las que comparó a Japón e India con Rusia y China, en términos de actitudes xenófobas y antiinmigrantes, lo que generó una fuerte reacción en la India. No obstante, estos episodios no exentos de polémica, las líneas generales en las buenas relaciones entre ambos países no se vieron afectadas y tienden a robustecerse (Ramesh y Rubin, 2024).
En su visita a Estados Unidos, Modi se dirigió el 23 de septiembre en una reunión con indios estadounidenses en Nueva York, hablándoles de la alianza bilateral en varios sectores y como «Estados Unidos y la India son la potencia en inteligencia artificial del nuevo mundo», anunciando también planes para abrir dos nuevos consulados indios en Boston y Los Ángeles4.
La diáspora indo‑estadounidense
La diáspora india en Estados Unidos desempeña un papel crucial en el fortalecimiento de los lazos entre ambos países. Aproximadamente casi cinco millones de indios estadounidenses o personas de origen indio residen en Estados Unidos, el tercer grupo étnico asiático más grande del país tras las personas de origen chino y japonés, asentándose principalmente en cuatro estados: California (20% de la diáspora), Texas (12%), Nueva Jersey (9%) y Nueva York (7%). En septiembre de 2019, durante su visita a Estados Unidos, el primer ministro compartió con el entonces presidente Trump, el Howdy Modi, un mega evento celebrado en Houston, donde ambos mandatarios pusieron de relieve la asociación estratégica entre los dos países ante más de cincuenta mil personas, la inmensa mayoría proveniente de la diáspora y tuvo una inmensa cobertura mediática. En la gira a Estados Unidos que realizó en junio de 2023, esta diáspora estuvo muy presente y, además del encuentro con el presidente Biden y otros actos institucionales relevantes, los encuentros de Modi con los indo‑estadounidenses fueron de nuevo una prioridad en su calendario durante su estancia americana, llegando a acoger a cientos de personas en otro encuentro en el Centro Ronald Reagan de Washington, organizado por el influyente Bharat Barai, un popular líder indo‑estadounidense organizador del evento, donde además se conectó con otras comunidades indias en diferentes ciudades estadounidenses5.
La diáspora en Estados Unidos es cada vez más activa respecto a las relaciones estadounidenses con la India y está representada por diversas organizaciones, tanto comunitarias como profesionales, que se reconocen por sus contribuciones significativas en múltiples sectores, incluyendo la política. La diáspora india ha funcionado como un catalizador para reforzar la relación entre ambas naciones, con cinco congresistas de origen indio actualmente ocupando un puesto.
En las recientes elecciones presidenciales estadounidenses, esta comunidad india, favorable históricamente a los demócratas, apoyó a Kamala Harris, una candidata, además, de ascendencia india, un hito para la comunidad6. Como en el caso de otras comunidades, tal es la latina, las nuevas generaciones de indo‑estadounidenses, asentados ya desde hace décadas en el país, hacen que las posiciones políticas sean cada vez más complejas dentro de la propia comunidad. Ejemplos son figuras como Kash Patel, nombrado director del FBI, Arvind Krishna, CEO de IBM, Ajaypal Singh Banga, CEO de Mastercard, Satya Nadella, director ejecutivo de Microsoft, o Vivek Ramaswamy, un empresario indo‑estadounidense con aspiraciones políticas, cercano a Trump, pues de hecho iba a liderar el llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés), una comisión asesora para, supuestamente, reestructurar el gobierno federal, eliminar regulaciones y reducir gastos. Ramaswamy fue objeto de polémica dentro del entorno presidencial al criticar la priorización de la nacionalidad y no la excelencia académica a la hora de elegir candidatos en diversos empleos, aunque estos vengan del extranjero7. Con todo, los proyectos legislativos de la nueva administración de Donald Trump empieza a causar ciertos recelos en la diáspora, puesto que un nuevo decreto firmado por el presidente el 21 de enero, establece que los niños nacidos de titulares de pasaportes extranjeros, incluidos turistas, estudiantes y trabajadores con visados, ya no recibirán automáticamente la ciudadanía estadounidense, lo que puede tener consecuencias para el más de un millón de indios que están a la espera de obtener la ciudadanía estadounidense, la mayoría justificadas en el empleo de estos. Según datos censales de Estados Unidos, analizados por el Pew Research Center, de los aproximadamente cinco millones de indo‑estadounidenses en el país, el 34% obtuvo la ciudadanía al nacer en Estados Unidos8. Parte del equipo presidencial, como Elon Musk, sin embargo, apuesta por la retirada de estas restricciones a los visados diseñados para atraer a trabajadores cualificados del extranjero. El 70% de estos visados van a parar a ingenieros indios, que se incorporan a las grandes tecnológicas como Tesla, Google o Amazon, o al sector de las startups, que se nutre de figuras ya más que prometedoras como Baiju Bhatt, fundador de Robin Hood; Rohan Seth con Clubhouse; Apoorva Mehta de Instacart, o Jay Chaudhry, con Zscaler Internet Access9.
Cooperación e intereses bilaterales
Estados Unidos e India mantienen ya unas más que sólidas relaciones comerciales, cimentadas en una creciente cooperación económica y el compromiso mutuo de promover el comercio y la inversión bilateral. Además, respecto a las relaciones económicas, ambos países comparten diversos foros y mecanismos de diálogo que fortalecen esta asociación estratégica. Entre ellos, destaca el India‑US Trade Policy Forum (TPF, en sus siglas en inglés), establecido en 2005 y renovado a principios de 2024, que sirve como plataforma clave para resolver barreras comerciales y fomentar un intercambio comercial equilibrado; el India‑US Commercial Dialogue o el India‑US CEO Forum representan importantes espacios de interacción entre los sectores público y privado de ambos países, facilitando iniciativas conjuntas para potenciar el comercio y la inversión en áreas prioritarias como tecnología, manufactura y energías limpias. Por su parte, el India‑US Economic and Financial Partnership Dialogue (EFP, en sus siglas en inglés) aborda cuestiones macroeconómicas y financieras, promoviendo la estabilidad y el crecimiento en ambas economías. Las principales empresas indias que operan en Estados Unidos son bancarias, como el HDFC Bank Limited y el ICICI Bank Limited, servicios tecnológicos como Infosys Limited y Wipro Limited, más farmacéuticas como Dr. Reddy's Laboratories Limited, por este orden de importancia10. Por el lado estadounidense, las grandes tecnológicas como Adobe Systems, Google, IBM, Apple y Microsoft, tiene una fuerte implantación en India, junto a grandes corporaciones en los sectores de las bebidas, con Coca Cola y PepsiCo a la cabeza, la banca con JP Morgan Chase, accesorios de hardware como Hewlett Packard y servicios financieros como American Express11.
Imagen 1. Exportaciones de India a Estados Unidos (2023). Fuente: https://oec.world/es/profile/bilateral-country/ind/partner/usa?dynamicBilateralTradeSelector=year2023 Comercio entre India (IND) y Estados Unidos (USA) | Observatorio de Complejidad Económica.
Imagen 2. Exportaciones de Estados Unidos a India (2023). Fuente: https://oec.world/es/profile/bilateral-country/ind/partner/usa?dynamicBilateralTradeSelector=year2023 Comercio entre India (IND) y Estados Unidos (USA) | Observatorio de Complejidad Económica.
En el contexto regional, ambos países participan activamente en el Indo‑Pacific Economic Framework (IPEF, en sus siglas en inglés), un foro multilateral lanzado en mayo de 2022. Este marco fue diseñado para reforzar la cooperación económica en el Indo‑Pacífico tras la decisión del Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, en sus siglas en inglé) en 2017, durante su primer mandato. El IPEF refleja el compromiso renovado de Estados Unidos e India de trabajar juntamente con otros países de la región construir cadenas de suministro resilientes, promover la sostenibilidad y fomentar un comercio inclusivo. Estas múltiples plataformas no solo destacan el carácter dinámico de las relaciones económicas entre India y Estados Unidos, sino que también subrayan su importancia como socios estratégicos en el escenario regional del Indo‑Pacífico y el global.
En materia de seguridad, tanto durante la primera Administración Trump, como en la posterior de Biden se han incrementado los acuerdos de cooperación en defensa entre la India y Estados Unidos, bajo el llamado nuevo marco para la cooperación en defensa India‑Estados Unidos, renovado en 2015 por diez años, por lo que este año 2025 debe ser revisado. Desde 2018, India fue incluida como país de máximo nivel en la excepción de licencias de la Autorización de Comercio Estratégico del Departamento de Comercio estadounidense, pero además de los diálogos bilaterales anuales, son comunes los ejercicios militares conjuntos y las adquisiciones en la industria de defensa. A este respecto, en agosto de 2024, la ministra de Defensa de la India, Nirmala Shitaraman, se reunió con el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, firmándose acuerdos clave, como el Acuerdo de Suministro de Seguridad (SoSA, por sus siglas en inglés). Las adquisiciones indias de la industria de Defensa de Estados Unidos han crecido significativamente, superando los 20.000 millones de dólares durante 2024, e incluyen plataformas como el C‑130J, el C‑17, el Apache, el Chinook, los helicópteros MH60R y el P8I.
Dentro de la seguridad, la cooperación en el campo cibernético es también más estrecho, dentro del Marco de Ciberseguridad India‑Estados Unidos, firmado en septiembre de 2016 o la Iniciativa contra el Ransomware, proyecto de sinergias de varios países en la lucha contra los ataques cibernéticos liderada por Estados Unidos desde noviembre de 2022, con las significativas ausencias de Rusia y China12. La cooperación en ciberseguridad entre ambas naciones tuvo un momento álgido cuando en 2020 India aceptó la invitación estadounidense a participar en el Blue Dot Network, una iniciativa impulsada un año antes junto a Australia y Japón para invertir en proyectos comunes en abastecimiento de energía, construcción de infraestructuras y digitalización específicamente en el área del Indo‑Pacífico.
Mientras, en la política nuclear también parece compartirse muchos enfoques por parte de Estados Unidos y la India, sobre todo en lo tocante a la seguridad en las instalaciones, en donde existe una cooperación consolidada y centrada en garantizar las cadenas de suministro de componentes, así como estrategias para abordar amenazas como la vulnerabilidad cibernética de las instalaciones nucleares (Kapur, Pillai Rajagopalan y Wueger, 2024). En la actualidad, India construye seis reactores rápidos para que entren en funcionamiento no más allá de 2033 y además el gobierno de Modi ha manifestado su deseo de que el país sea admitido como miembro del Grupo de Suministradores Nucleares (NSG en sus siglas en inglés), para así poder exportar tecnología nuclear con fines pacíficos a otros países. En las reuniones plenarias del NSG desde 2016 la propuesta india ha obtenido la aprobación estadounidense, pero ha chocado siempre con el rechazo frontal de China, puesto que, para ser parte de esta organización, una condición es que el país también debe ser signatario del Tratado Internacional de No Proliferación Nuclear, cosa que no cumple India porque lo considera restrictivo, además de que otro país como Pakistán tampoco es firmante. Con todo, en enero de 2025 se anunció desde Estados Unidos el levantamiento de las restricciones a más de doscientas entidades nucleares indias que databan de 199813.
Al tiempo que se incrementa la buena sintonía entre la India y Estados Unidos, se deteriora la de Pakistán, el tradicional enemigo indio. Si hasta hace unos años, las sucesivas administraciones estadounidenses buscaron la cooperación con Pakistán, hoy en día se evidencia una gran tensión, agravada aún más desde la fallida retirada de Estados Unidos de Afganistán en agosto de 2021, más el evidente estrechamiento de relaciones entre Pakistán y China, aunque la política de seguridad nacional paquistaní incida en el no alineamiento del país14.
Efecto Trump, ¿puede haber un cambio de dinámica?
Aparte del malestar de parte de la diáspora con la política interna de la nueva Administración Trump, parece improbable que, a nivel de las relaciones exteriores, se produzca un cambio sustancial entre India y Estados Unidos, aunque existen algunas incógnitas que se irán desvelando con el discurrir del tiempo. En primer lugar, si India se verá afectada por las medidas proteccionistas estadounidenses, pues ya en 2017, con Trump en la presidencia estadounidense, Nueva Delhi protestó por la Countering America’s Adversaries Through Sanctions Act (CAATSA, en sus siglas en inglés), disposiciones que sancionaban a los países que importasen equipos y armas rusas, situación en la que estaba India con la entonces compra del sistema de mísiles S‑400. Tanto rusos como indios reaccionaron diseñando un plan para seguir con la compraventa, pero eludir las sanciones estadounidenses. La guerra de Ucrania y los intentos de atraer a India de la Administración Biden, hizo que al final el caso indio fuese considerado una excepción del CAATSA.
Tras Netanyahu, en febrero Narendra Modi fue el segundo mandatario internacional en visitar la Casa Blanca tras la toma de posesión de Donald Trump y entrevistarse con este y altos mandatarios de la nueva administración estadounidense, como el también asesor Elon Musk, conversando sobre la entrada de Starlink en la industria tecnológica y de la defensa de India, algo que continuó el presidente Trump ofreciendo a Modi un acuerdo comercial y la compra por parte de India de equipamiento y aviones estadounidenses, además de citar la necesidad de un equilibrio de la balanza comercial entre ambos países15. También salió a relucir el tema de los posibles aranceles.
La Administración Biden había sancionado a varias empresas rusas en el sector petrolífero, algunas de ellas las encargadas de la venta de crudo a la India, que después revende refinado en un lucrativo comercio, lo que molestó en las instancias gubernamentales estadounidenses16. Como en el caso de China, desde el entorno de Trump también se ha sugerido un cambio de percepción respecto a India si continúa al margen de las sanciones contra Rusia o las proyectadas contra China en forma de aranceles y no conviene olvidar que China es el principal socio comercial de la India. No obstante, existe cierta bonhomía entre Modi y Trump, escenificándose en la visita del primer ministro a Washington a mediados de febrero, lo que ayudará a mantener una relación fluida, así como una preocupación compartida respecto a China, por lo que los roces comerciales pueden quedar eclipsados por la necesidad estadounidense de trasladar sus cadenas de suministro lejos de China —donde India sería un centro alternativo—y la cooperación en defensa, sin embargo aquí también aparece la incertidumbre, que ya existe en otros ámbitos como la OTAN y Europa, de si Trump podría presionar a la India para que asuma una mayor carga en temas de seguridad en el Indo‑Pacífico, lo que incluso podría provocar una postura de clara confrontación hacia China17.
¿Qué pasará en otros temas donde existen iniciativas estratégicas comunes de ambos países hasta ahora? Por ejemplo, en cuanto a la lucha contra el cambio climático y los procesos de implementación de energías limpias, pues ambos países comparten foros como la Alianza para el Clima y del Desarrollo, el Acuerdo de París dentro de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático —del que Trump ya anunció la salida de Estados Unidos tras su toma de posesión— o el programa de la Alianza Triangular para el Desarrollo (TriDeP en sus siglas en inglés), con el objetivo específico de fortalecer la cooperación para el desarrollo de la India, apoyando proyectos en energías renovables. Otro asunto, el de la cooperación energética donde la India se podría ver beneficiada o, por el contrario, perjudicada, a medida que Estados Unidos se pueda postular como un sustituto fiable de Rusia como mayor proveedor de recursos energéticos18.
El QUAD y Japón: donde nace el Indo‑Pacífico
El QUAD es quizá el foro donde Estados Unidos e India muestran, a priori, una mayor sintonía de cara a la opinión pública, compartiendo este foro con dos aliados que se van conformando como claves para India, como Australia y, sobre todo, Japón. Heredero del Diálogo Estratégico Trilateral (CDS en sus siglas en inglés), las reuniones a tres bandas entre Estados Unidos, Japón y Australia desde 2002, la India se incorporó al grupo en 2007 a propuesta del entonces primer ministro japonés Shinzo Abe, especulándose desde entonces con la llegada de más países del Indo‑Pacífico, como Corea del Sur o Nueva Zelanda. En determinadas instancias —incluyendo altos funcionarios estadounidenses como el director de la CIA durante el primer mandato de Donald Trump, Mike Pompeo— se califica al QUAD de ser un proyecto de OTAN del Pacífico, incidiendo en el carácter cada vez más vinculante en temas de defensa y seguridad por parte del foro, e incluso desde China empieza a ser percibida como una alianza hostil19.
Sin embargo, lo cierto es que el QUAD para la India es algo más que una posible alianza enfocada a lo militar, con China como objetivo principal. El citado ministro Jaishankar, durante el foro del Diálogo Raisina 2023, defendió que el QUAD debía ser un foro internacional con un mínimo común para compartir recursos y tecnología, siendo la seguridad una materia más, que debía ser enfocada a una asociación colaborativa para casos de desastres naturales, eventos terroristas, la seguridad de las rutas marítimas y la seguridad en los suministros de los recursos hídricos y energéticos, quedando además siempre bajo el paraguas de las resoluciones de Naciones Unidas20.
En la última reunión del QUAD, en septiembre de 2024 en la ciudad estadounidense de Wilmington se constató la mayor asertividad de la asociación en todo el Indo‑Pacífico, anunciándose inversiones en tecnología, infraestructuras, conectividad y resiliencia, pero también un polémico punto como la disposición, a partir de enero de 2025, de los países del QUAD a combinar ejercicios comunes y patrullar las aguas que componen este enorme escenario en aras de la seguridad de las rutas marítimas, incluyendo el mar del sur de China, un enorme foco de tensión, empezando por el estatus de Taiwán, en donde la Armada india podría verse involucrada en alguna fricción con buques chinos. Además, India será por primera vez la sede de la séptima reunión del QUAD en 2025, ejemplo de su implicación en este foro21.
Uno de los socios preferentes para India es Japón, país con el que también comparte sitio en el QUAD, pero que se va conformando como algo más que un país con alianzas comunes en el marco del Indo‑Pacífico. Las relaciones culturales y de intercambio entre Japón e India son profundas y comenzaron en el siglo VI, cuando el budismo se introdujo en Japón. La cultura india ha tenido un gran impacto en la cultura japonesa, e incluso en la Segunda Guerra Mundial, el Imperio japonés apoyo la creación del Ejercito Nacional indio, cuya figura más relevante fue Subhas Chandra Bose y que colaboró con los japoneses en su lucha contra los británicos en el sur de Asia, fruto de lo cual, por ejemplo, las islas Nicobar y Andamán acabarían incorporándose a la unión tras la independencia de 1947 o la figura del juez Radhabinod Pal (1886‑1967) en el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente de 1946, que juzgó los crímenes japoneses durante la Segunda Guerra Mundial y que se mantuvo favorable a exonerar a los acusados de los cargos. En definitiva, Japón e India establecieron relaciones diplomáticas en 1952, uno de los primeros países asiáticos después del conflicto.
La relación bilateral se elevó a la categoría de asociación global y estratégica cuando en septiembre de 2014, el primer ministro Modi realizó una visita oficial a Japón y mantuvo una cumbre con Abe, poco después este sería quien realizase una visita oficial a la India y de la misma, entre otros acuerdos, empezó a hablarse del concepto de Indo‑Pacífico como la unión de los dos océanos, Pacífico e Índico, en un mismo escenario geopolítico, término luego recogido por Estados Unidos y donde Japón e India serían los representantes más visibles dentro de esta enorme unión geopolítica22. Desde entonces, han sido regulares las reuniones de alto nivel bilaterales entre el primer ministro Modi y sus correspondientes japoneses, Yoshihide Suga, Fumio Kishida y, en octubre de 2024, el actual Shigeru Ishida. En estos encuentros siempre se reitera el compromiso de ambos países dentro de la llamada visión FOIP japonesa, siglas de su política de un «Indo‑Pacífico libre y abierto», además de firmarse acuerdos de cooperación en los ámbitos de inversión y construcción de infraestructuras —construcción de autopistas, vías férreas y metro como el de Nueva Delhi, instalaciones portuarias—, la implementación de talleres de la industria tecnológica y automovilística japonesa en la India, así como lo referente a la política de defensa, con la realización de ejercicios navales conjuntos o el pacto para la provisión recíproca de suministros y servicios entre las fuerzas armadas indias y las fuerzas de autodefensa de Japón, firmado en 2020 y que permite a las respectivas armadas atracar y reparar buques en puertos de ambos países, todo lo cual aumenta la proyección japonesa en la India y un estrechamiento de la relación bilateral.
China, ¿rumbo de colisión?
La creciente influencia de China y los instrumentos que utiliza para promover sus intereses, sobre todo la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI en sus siglas en inglés) hace que las interacciones entre ambos gigantes asiáticos se sitúen entre el recelo, la cooperación y la hostilidad. China es el principal socio comercial de India, lo cual contrasta con su tradicional mala relación, en especial por la enorme frontera compartida en el Himalaya, con un estatus aún no resuelto y asuntos como el exilio de la Dalai Lama en territorio indio, mientras a la par ambos países comparten foros internacionales y señales de franca distensión. No obstante políticas económicas proteccionistas, como el programa Make in India impulsado desde el 2014 por el gobierno de Modi, la India se encuentra actualmente en un déficit comercial respecto a China. En 2024, mientras las exportaciones de la India hacia China disminuyeron un 22%, las importaciones chinas aumentaron en un 15%, sobre todo de productos chinos baratos en el mercado de la tecnología, la maquinaría y productos químicos23.
Persiste sin embargo la duda de si la dependencia económica respecto a China hará viable un distanciamiento relevante impulsado desde la India, que depende de China para obtener alta tecnología o componentes utilizados en la fabricación de equipos, algo difícil de soslayar. De hecho, en agosto de 2023 el gobierno de Modi trató de dificultar la importación tecnológica china, pero la propia industria india dependiente de la misma le obligó a desechar estos planes. Buscar alternativas que además dificulten las relaciones bilaterales, como un mayor compromiso económico desde la India con empresas taiwanesas, fomentando la apertura de instalaciones de fabricación de semiconductores o facilitando la movilidad laboral mutua, se antoja tremendamente arriesgado, pues las empresas chinas de telecomunicaciones y los fabricantes de equipos de telefonía móvil pueden reaccionar dejando de invertir en India. Así, en 2019 hubo un precedente cuando India se retiró de la Asociación Económica Integral Regional, el acuerdo comercial entre China y otros catorce países asiáticos, justificándose en los aranceles onerosos y el diferente trato a las empresas indias en China, medida que, sin embargo, trajo un aumento creciente del déficit comercial indio respecto a la enorme potencia asiática (Pant y Mankikar, 2024).
También persiste la cuestión fronteriza en el Himalaya. Desde 1962, año de la primera guerra entre ambos países y con el estatus de la Línea Actual de Control que ejerce de enorme frontera de 3500 km aproximadamente, Aksai Chin, en manos chinas pero reivindicado por la India y Arunachal Pradesh, al contrario, siguen siendo motivo de conflicto entre ambos países. Desde entonces existe una comisión permanente indo‑china que negocia cierta normalidad en la frontera y se han producido momentos de distensión, como en 2019 y 2020, cuando el presidente chino, Xi Jinping y el primer ministro Modi, se comprometieron a solventar las diferencias, pero también otras situaciones de enfrentamiento directo, el último en el valle de Galwan en 2020, incluyendo decenas de soldados indios y chinos fallecidos en una pelea campal con piedras y palos. En octubre de 2024, durante la reunión de los BRICS+ en Kazán, Rusia, de nuevo Xi y Modi escenificaron un acuerdo sobre las fronteras del Himalaya en forma de patrullajes conjuntos, apertura de pasos, delegaciones comerciales y militares comunes, acuerdo desarrollado en un posterior encuentro en Beijing, en diciembre, entre el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi y el asesor de Seguridad Nacional de la India, Ajit Doval. Pero persiste la incógnita en el futuro, puesto que desde India se ha acusado insistentemente a China de estar repoblando, militarizando y construyendo nuevas infraestructuras en el Himalaya, como túneles, autopistas o represas, lo cual podría facilitar bien un rápido transporte de tropas a esta frontera por parte de China o que pudiese jugar con el suministro de agua de los principales ríos que transcurren por India, pero nacen en actual territorio chino, aludiéndose también a la complicada relación con Bután y Nepal, ambos países en un frágil equilibrio entre ambas potencias24.
En este juego de rivalidades en la frontera norte junto a Pakistán y China, no por casualidad también en una buena sintonía en sus relaciones bilaterales, la disuasión nuclear también ha significado un punto esencial a la hora de comprender la irresolución del conflicto y su congelación hasta la actualidad. Tanto China como India han mostrado una evolución clara en cuanto al posible desempeño de su arsenal nuclear y la perspectiva estratégica del uso del mismo. Si en 1999 la doctrina india del No first autolimitaba el empleo de las capacidades nucleares a un ataque de un país enemigo con este mismo arma, en clara alusión a Pakistán, las reformas introducidas en dicha doctrina en 2003 y 2010 abrieron la puerta a la utilización del arma nuclear en caso de un ataque mediante armas de destrucción masiva de otro tipo, biológicas o químicas, mientras que sobre todo se amplió el contexto de la disuasión de Pakistán a China, incluyendo la realización de pruebas con misiles balísticos de largo alcance capaz de llegar a territorio chino y viceversa, con pruebas chinas de iguales misiles capaces de albergar ojivas nucleares y alcanzar cualquier punto de India.
La disuasión nuclear supone un obstáculo a un recrudecimiento sustancial de las hostilidades en la frontera en el Himalaya (Topychkanov & Saalman, 2021), diferencias que se reproducen en la región del océano Índico (ROI) de indudable y prioritario interés estratégico para India, con la presencia económica de China, más allá de préstamos y proyectos de infraestructuras, en Pakistán, a través del puerto de Gwadar, Bangladesh con Pekua, Sri Lanka con Colombo y Hambantota, o las islas del índico, como Maldivas y Mauricio, donde la pugna entre ambas potencias se traslada al ámbito político interior de estas naciones insulares, al igual que los estados ribereños orientales africanos, como Yibuti, todos lugares donde se especula con la posibilidad de que China pueda albergar submarinos.
Por su parte, ¿qué percepción de amenaza puede sentirse para China desde India? Sin olvidar el más que simbólico adelantamiento demográfico como país más poblado del mundo en 2023, más la posición geográfica compartida y el conflicto fronterizo con sus posibles implicaciones de tres potencias nucleares como son la propia India, China y Paquistán, es sobre todo las alianzas estratégicas por las que opten ambas potencias —Estados Unidos del lado indio, Rusia del chino, con matices— lo cual hace que China quizá vea a India como un riesgo sistémico a futuro, no tan presente, mientras India perciba a China como una amenaza más en lo regional y, sobre todo, centrada en la actualidad en una proyección marítima que pueda acorralar al país dentro de sus fronteras. Desde 2018, China y Pakistán han ido fortaleciendo su alianza, expresada en la construcción del Corredor Económico China‑Pakistán que, aunque con interrupciones, puede ser la realización de un proyecto que conecte directamente a China con el Índico, soslayando a India.
Imagen 3: En esta infografía actualizada a 2024 con las exportaciones globales de China, se observa que, tras Estados Unidos, Japón y el Sudeste Asiático, India es un país receptor nato de los productos chinos, a la altura de Alemania. Fuente https://howmuch.net/ HowMuch.net - Understanding Money
De una rivalidad tradicional en el Himalaya a otra marítima
El escenario de la pugna de China e India se traslada a otras regiones clave del continente como el Sudeste Asiático, Asia central y el propio entorno de India, donde China tiene una presencia relevante tanto en Pakistán, Sri Lanka como Bangladesh, presencia sobre todo a través de la construcción de enormes infraestructuras portuarias que le permite un acceso al océano Índico en clara competencia con la India, por ejemplo desde el puerto paquistaní de Gwadar, escenario de maniobras navales conjuntas sino‑paquistaníes, o del bangladesí de Pekua, en pleno golfo de Bengala, con capacidad para albergar una flotilla de submarinos. Por no hablar de la proyección china en África, otro continente donde India pugna también por tener mayor presencia. De hecho, sin duda ha sido este desafío que para India supone la presencia de China en el sur de Asia lo que ha determinado y explica que desde Nueva Delhi se avanzase en materia internacional en pos de su propio interés y en este campo concreto, alineándose cada vez más con potencias aliadas que ven en China a un rival sistémico como, principalmente, los ya citados Estados Unidos (Sigdel, 2020).
Algunos análisis señalan que las operaciones de repoblación, construcción de infraestructura y refuerzos a nivel terrestre en el Himalaya, en sus objetivos son muy similares a las operaciones marítimas chinas en el mar del sur de China, enfocadas a ejercer cada vez mayor disuasión en un caso a la India y el otro hacia Taiwán (Blasko, 2024). Una rivalidad en el ámbito marítimo que se proyecta a otras partes más allá del citado mar del sur del China, hacia el océano Pacífico y la llamada región del océano Índico (ROI), una prioridad estratégica india a través del fortalecimiento y modernización del poder naval, clave para hacer frente a las amenazas exteriores y otros posibles riesgos para la estabilidad del país, como son el comercio y las cadenas de suministros.
La Armada de India ha sido una de las que más ha crecido y modernizado en el mundo, siendo patente en septiembre de 2022 con la botadura de su primer portaaviones de construcción nacional, el INS Vikrant y conformándose como una de las más grandes, dejando atrás poco a poco una tradicional flota envejecida. La Armada se centra en el desarrollo de plataformas que respondan a la nueva realidad, como buques antisubmarinos, patrulleras, vehículos aéreos no tripulados o aviones de reconocimiento y una expansión efectiva de sus fuerzas, incluyendo la venta de naves patrulleras a Estados africanos e insulares del Índico. En enero de 2025, la Armada de India tenía 64 buques de varios tipos, pero se proyecta llegar a doscientos en 2050. Además, la construcción de los buques se hace en su mayoría en astilleros en la propia India, siguiendo el programa de relanzamiento de la industria autóctona Make in India25.
La doctrina naval, que data de 2015, incluye como área prioritaria de India la que se extiende desde el mar Arábigo y el golfo de Bengala hasta el cabo de Buena Esperanza y la costa oriental de África, más el Estrecho de Malaca y los archipiélagos de Indonesia y Malasia, considerando a Pakistán una amenaza marítima menos relevante, en comparación con la presencia naval china. El despliegue indio en el mar se proyecta como parte de su influencia militar y diplomática en esta vasta región, con capacidades para detectar, monitorear y contrarrestar la actividad naval china. Para ello se realizan maniobras conjuntas con otros países, como Reino Unido (Konkan Sahkti), Francia (Varuna), Singapur (SIMBEX), Japón (JIMEX) e Indonesia (Samudra Shakti), o multinacionales como el Malabar, ejercicio anual en la bahía de Bengala entre India, Japón, Estados Unidos y Australia, los países del QUAD y el RIMPAC, de carácter bianual y con múltiples participantes, en especial Estados Unidos. Además, India se presenta como aliada de países en clara oposición a la expansión china en el área, como por ejemplo Filipinas. Nueva Delhi siempre rechazó la demarcación de los nueve puntos que China defiende como justificación para sus reivindicaciones de soberanía en el mar del sur de China, en contra de la resolución del tribunal de arbitraje de Naciones Unidas tachándolo de «expansionismo cartográfico inútil»26.
La diplomacia común
No todo han sido confrontaciones entre China e India a lo largo del tiempo, sino que incluso en la actualidad comparten foros internacionales como el BRICS+, el G20 o la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS en sus siglas), manteniéndose siempre las puertas abiertas entre ambos países a la hora de dialogar. Hay que recordar que en 1950 India fue el primer país fuera del bloque socialista que estableció relaciones diplomáticas y reconoció a la República Popular China. En 1988, Rajiv Gandhi fue el primer ministro que viajó a China para mejorar unas difíciles relaciones tras el contencioso estallado en el Himalaya décadas atrás. En 2003, India y China firmaron la Declaración sobre Principios para las Relaciones y la Cooperación Integral y, dos años después, se firmaba la Asociación Estratégica y Cooperativa para la Paz y la Prosperidad. Ambos documentos son la base de los acuerdos bilaterales que se van tomando y también la plataforma para las relaciones de alto nivel entre India y China. Desde 2014 son habituales los encuentros entre Xi Jinping y Narendra Modi, en ocasiones en visitas oficiales bien a China o a India y, sobre todo, en reuniones específicas al margen de cumbres multilaterales, como los casos citados del G20, la OCS o los BRICS+.
Así, en una cumbre de la OCS en Kazajistán en 2017, ambos países firmaron el llamado Consenso de Astaná, según el cual las diferencias futuras entre India y China no debían convertirse en disputas abiertas y resultas por la fuerza, aunque pocos años después estallaría de nuevo la violencia en Aksai Chin. Desde el 2010, India y China cuentan con más de treinta comisiones y mecanismos de diálogo mutuo en diversas materias, abarcando aspectos políticos, económicos y culturales, aunque es verdad que estos foros se enfocan a aquellas materias exclusivamente y menos a temas regionales y, aún más soslayado, asuntos de orden global27. En otra reunión virtual del OCS de 2023, India mostró públicamente su malestar ante el estrechamiento de la alianza y colaboración entre China y Pakistán, lo que evidencia que la participación en la misma OCS es utilizada por India como punto de unión y mejorar sus vínculos con los países del Asia central, mientras de fondo se controla la influencia china en la región (Konwer, 2024).
Rusia, cercana y lejana a la vez
Rusia es un tradicional aliado y un histórico pilar para la política exterior de India. Esta estrecha relación bilateral mantiene sólida desde hace más de 75 años, cuando la Unión Soviética mantenía una privilegiada comunicación con los gobiernos del Congreso Nacional Indio. Hoy se puede decir que, aunque ambos países comparten una sólida asociación cultural, económica y en materia de seguridad, más una visión similar de un nuevo mundo multipolar, existen algunos indicios que indican que la India de Modi no comparte determinados postulados internacionales defendidos desde Rusia, como el antioccidentalismo a ultranza o las justificaciones empleadas en la guerra en Ucrania28.
Es cierto que, en los últimos dos años, precisamente desde el estallido de la guerra en Ucrania, el comercio bilateral ha aumentado significativamente, duplicando con creces el objetivo de 30.000 millones de dólares en la balanza comercial, que era el proyectado para 2025. Hoy esas cifras están por los 70.000 millones. Además, desde ambos países se está en una permanente comunicación para seguir desarrollando nuevos modelos de cooperación29. Si desde Rusia existe un giro evidente hacia Asia a la par que un desacople con Europa, desde India esto se aprovecha no solo para acceder en mejores condiciones al mercado ruso de recursos y tecnologías, sino también para impulsar las propias iniciativas emblemáticas del gobierno de Modi para activar la industria propia, como los proyectos Atmanirbhar Bharat, la frase que Modi ya utilizó en la campaña electoral del 2014 para definir esa India autosuficiente y que el papel de la industria del país se proyecte al exterior, o el Make in India también del 2014, la iniciativa gubernamental para incentivar la inversión en empresas de India.
Las relaciones indo‑rusas en el siglo XXI
El Tratado Bilateral de Inversión firmado entre los dos países en 1994, cuando Narasimha Rao era primer ministro por el Congreso Nacional indio, es renovado automáticamente aunque se revisó en 2016, ya con Modi en el poder, establece que las inversiones bilaterales de corporaciones rusas e indias deben tener, al menos, el mismo trato que con cualquier tercer país, Rusia abría los mercados de las antiguas repúblicas soviéticas centroasiáticas y cualquier controversia de importancia sería elevada a la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (India - Russian Federation BIT, 1994).
En octubre del 2000, recién llegado Putin al poder, ambos países firmaron una Declaración de Asociación Estratégica donde se alcanza una mayor cooperación en diferentes sectores. En 2010, esta asociación estratégica se elevó a Asociación Estratégica Especial y Privilegiada, creándose organismos comunes para el seguimiento de las actividades implicadas en esta cooperación, en especial la Comisión Intergubernamental India‑Rusia (IRIGC en sus siglas en inglés). En diciembre de 2021, se celebró el primer diálogo 2+2 (ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de ambos países) que llegó al compromiso de establecer una cumbre anual entre el primer ministro de la India y el presidente de la Federación Rusa, siendo la última entre Modi y Putin la celebrada el 8 y 9 de julio de 2024 en Moscú, donde se firman diversos acuerdos y memorandos (India Ministry of External Affairs, 2024).
Tanto Rusia como India se centraron también en impulsar tres iniciativas de conectividad, el Corredor Internacional de Transporte Norte‑Sur (INSTC en sus siglas en inglés), una red marítima, ferroviaria y de carreteras de 7200 km para el transporte de mercancías entre India, Irán y Rusia, acordada en 2002; el corredor marítimo Chennai‑Vladivostok que reducirá el tiempo de tránsito de carga entre ambos puertos a dieciséis días y que ya estaba operativo en noviembre pasado30, más la participación de la India en la Ruta Marítima del Norte en aguas árticas, pues en 2023 ambos países acordaron entrenar a marinos indios en la navegación en aguas polares en el Instituto Ruso de Entrenamiento Marítimo de Vladivostok31.
Imagen 4: Relaciones económicas y corredores económicos India-Rusia (fuente: https://geopoliticalfutures.com/opportunities-and-risks-of-russia-india-trade/ Opportunities and Risks of Russia-India Trade - Geopolitical Futures)
En noviembre pasado en el Foro de Negocios India‑Rusia de Mumbai y la reunión de la Comisión Inter‑Gubernamental India‑Rusia en Nueva Delhi, el ministro Jaishankar cifraba en 100.000 millones de dólares el comercio bilateral entre India y Rusia para 2030, pero advertía repetidamente que la balanza, enormemente inclinada a favor de Rusia, necesita una corrección urgente32. En la actualidad, las transacciones bilaterales alcanzan los 66.000 millones de dólares, incrementadas desde el inicio de la guerra de Ucrania en febrero de 2022, siendo el mejor ejemplo el sector energético, petróleo y gas, pero también la industria petroquímica, ferroviaria y siderúrgica, mientras que las inversiones indias en Rusia se concentran principalmente en el sector farmacéutico, donde pide una mayor implementación, hoy objeto de ciertas barreras arancelarias e impedimentos regulatorios por parte de Moscú. Igualmente, el éxito del acuerdo comercial rupia‑rublo, que ayuda a evitar las sanciones de los países occidentales a Rusia, también dependería en el futuro de la reducción de este déficit comercial33.
Sin embargo, desde febrero de 2022 la guerra en Ucrania se ha convertido en un desafío en los vínculos bilaterales al evidenciar ciertas desavenencias en las relaciones políticas y diplomáticas, demostradas en los distintos enfoques tanto sobre la guerra como de la propia asociación estratégica. Rusia se apresuró a cimentar la vieja amistad con India, mientras desde esta se ha actuado con mayor cautela, aunque sigue manteniendo buenas relaciones tal y como también demuestran las importaciones récord de crudo ruso y otras materias primas, incluso desafiando las sanciones occidentales34. Pero, aparte de esta mutua colaboración en el mercado de la energía, beneficioso para ambos países, sí se constata que el entendimiento geopolítico común sobre el orden mundial parece menguar y, sobre todo, la tradicional cooperación en materia de defensa que, siendo aún importante, también parece ir retrocediendo (Zakharov, 2024).
Cooperación económica, en defensa y seguridad
Rusia es un importante proveedor de armas a la India y las sanciones occidentales a Moscú a raíz de la invasión y las propias necesidades militares de Rusia obstaculizaron la cadena de suministro de equipo militar de Nueva Delhi. Sin embargo, el inventario militar de la India todavía incluye en gran medida equipo suministrado por Rusia. A pesar de los esfuerzos de Nueva Delhi por reducir esa dependencia, mantener viva una relación de adquisiciones de defensa con Moscú es vital para mantener las capacidades de las fuerzas armadas indias. En mayo de 2023, los ministros de defensa indios y rusos acordaron una forma para que India pague a Moscú por el equipo militar a pesar de las sanciones, junto con un plan para que India produzca equipo y repuestos rusos adicionales localmente (The International Institute for Strategic Studies, 2024).
India mantiene una histórica cooperación con Rusia en el ámbito de la defensa, regulada a través de la citada IRIGC y con contratos de suministros para la India del sistema lanzamisiles S‑400, fabricados bajo la misma licencia de los carros soviéticos T‑90, los aviones de combate Su‑30 MKI, los helicópteros MiG‑29 y Kamov, la modernización del portaviones INS Vikramaditya antes Almirante Gorshkov de época soviética, la producción de fusiles AK‑203 y los misiles BrahMos35. El caso de estos misiles es el más paradigmático de la fusión industrial del sector de la seguridad indo‑rusa. Producto de un acuerdo en 2016 entre la Organización de Investigación y Desarrollo de Defensa de la India (DRDO en sus siglas en inglés) y el NPO Mashinostroyeniya de Rusia, el misil debe su nombre a los ríos Brahmaputra y Moscova y es reconocido por su velocidad supersónica y precisión. En 2022, la India firmó un acuerdo con Filipinas por 375 millones de dólares para mejorar las capacidades en defensa del país insular del Pacífico. El año pasado llegó a Manila un primer lote de estos misiles de crucero supersónicos BrahMos, marcando un hito importante en la historia de exportación de defensa de India36.
En virtud del memorándum de entendimiento firmado en Goa el pasado o de noviembre entre la empresa Bharat Dynamics Limited y la agencia rusa de exportación Rosoboronexport, en el marco de los requisitos del Ejército indio y según licitación del Ministerio de Defensa de la India de julio de 2023, se adquirían nuevos sistemas de misiles de defensa aérea autopropulsados Pantsir, que reemplazarán a los 1360 Bofors obsoletos y en servicio también desde la era soviética37. La cooperación técnica militar entre ambos países evoluciona de la transacción entre un país comprador, India y otro vendedor, Rusia, a otra que implica por parte india la investigación, el desarrollo y la producción en el país de los equipamientos y sistemas que modernicen los ya existentes de origen ruso.
La ciencia y la tecnología también han desempeñado un papel fundamental en la asociación bilateral entre India y Rusia. De hecho, la única planta de energía nuclear de la India establecida con ayuda tecnológica de un tercer país fue la de Kudankulam, en Tamil Nadu, construida con apoyo ruso. La cooperación bilateral en el intercambio científico y tecnológico se regula en los acuerdos tomados durante la cumbre anual entre Modi y Putin realizada en Nueva Delhi en diciembre de 2021.
India y Rusia también comparten varios foros internacionales como Naciones Unidas donde, como en el caso estadounidense, Rusia expresa constantemente su apoyo a la candidatura de la India para un puesto permanente en el Consejo de Seguridad, el G20, los BRICS+ y, más importante en materia de defensa, la Organización de Cooperación Shanghái, aunque es cierto que la alianza en este foro de China y Pakistán, los seculares enemigos, más una sensación de lejanía respecto a las repúblicas centroasiáticas, hace que India aparezca en este foro más como observador. Sin embargo, con Rusia no son raros los ejercicios militares comunes como el bautizado como INDRA, que se celebró por última vez en 2021, o el Vostok celebrado en septiembre de 2022 en Rusia, aunque estas maniobras donde intervienen unidades indias son multinacionales, como las realizadas desde el 2019 en el golfo de Omán entre las armadas de India, Rusia e Irán, otra potencia cercana y un actor cada vez más relevante en el panorama geopolítico mundial, maniobras donde también participa en ocasiones la propia China, todo lo cual simboliza la asertividad internacional india38.
Conclusiones: países asimétricos, liderazgos parecidos
¿Es posible hablar de India como una potencia inter pares y cercana a Estados Unidos, China y Rusia? Es difícil responder positivamente, al menos a medio plazo. Como Ana Ballesteros concluyó en una acertada definición, realmente se trata de una «potencia indefinible» que desde finales del siglo pasado está en constante transformación (Ballesteros Peiró, 2024), lo que dificulta conocer con claridad su papel en el escenario global, incertidumbre incluso para esas otras grandes potencias que deben interactuar con ella, algunas con una relación tan conflictiva aún como China.
La evolución de la India hacia una posición de mayor relevancia internacional sigue siendo un proceso en desarrollo y además no pretende replicar modelos foráneos ni alinearse en un bloque definido como contrario a otro, sean quiénes sean las potencias que los comanden, Estados Unidos, China o Rusia. Como se comentó en la introducción, el imperativo indio hace que el país establezca sus propios ritmos, defina sus tiempos y contenidos conforme a sus propios intereses y prioridades nacionales, que pueden llegar a ser cambiantes y hasta contrapuestos en un periodo de tiempo relativamente corto. Alcanzar una ansiada autonomía estratégica e imponer su posición en el orden mundial que se avecina parece ser un objetivo prioritario.
De las relaciones de India con Estados Unidos durante la última década se evidencia cómo las amistades o beligerancias internacionales ya no son estáticas, sino que están sometidas a una constante variabilidad en función de los intereses propios y amenazas comunes. Por ello, India necesita de aliados como los estadounidenses y viceversa, estrechando una cooperación en múltiples niveles, los más importantes los comerciales, económicos y en materia de seguridad para, a su vez, alcanzar ese objetivo máximo de ascender al estatus de gran potencia. Otros aspectos como el comercial con la imposición de aranceles, pueden constituirse en un punto de fricción con India en una segunda Administración Trump, que en su primer mandato criticó a la India por prácticas desleales, motejándola de «reina de los aranceles» e imponiendo sus propias tasas a una variedad de productos indios, pero también es una certeza que Estados Unidos necesita de India en su política de contención a China.
Entonces, ¿qué tipo de poder es India hoy en día y cómo se refleja esto en esta elección de amigos y su cooperación? ¿Qué obtienen a cambio estos aliados de India? Para el país, cada vez se torna más complicado, dentro del escenario de actual incertidumbre global, hacer malabarismos a través de diversas asociaciones estratégicas con países que se encuentran en campos tan opuestos, cuando no diametralmente enfrentados como Estados Unidos, Irán, China y Rusia. El aumento de la asociación estratégica de India con Estados Unidos, no ya consolidado, sino creciente, pueden obligar al país, cada vez más, a convertir esta alianza en una oposición respecto a otros actores, léase Rusia y China, aunque es difícil que esto pueda ser inmediato.
Hasta hace bien poco, tanto China como India eran consideradas dos potencias globales en ascenso, pero hoy China disputa la primacía hegemónica a Estados Unidos, mientras India, dentro de una dinámica mundial que gira inexorablemente hacia el Asia Pacífico, se ha convertido en otro actor geopolítico determinante, aún más a nivel regional que global, sin soslayar ni un ápice su importancia en la conformación de la nueva realidad mundial, sea cual sea esta. Respecto a China, la cuestión quizá estribe en si se trata de una rivalidad simétrica o asimétrica, vistas las diferencias en cuanto a la magnitud de cifras económicas y la interdependencia claramente favorable a China y si la India estará en condiciones de ser algo más que una amenaza incierta respecto a esta. Preguntas son también lo que suscita su relación con Rusia y la trayectoria futura de lo que ha sido una histórica buena sintonía, algo que de nuevo vendrá determinado por sus propios intereses estratégicos que en algún momento puede que no estén ya alineados con los rusos, algo que en absoluto ocurre en la actualidad, donde Rusia para la India sigue presentándose como un socio beneficioso y un amigo confiable.
Cabe finalizar con una reflexión acerca de una características que comparten las tres grandes potencias estudiadas en relación con India. Junto a Estados Unidos, Rusia y China comparten modelos de liderazgo cada vez más autoritarios y que tienden a acaparar el poder, sean cuales sean los regímenes políticos, incluyendo las democracias en Estados Unidos, «la más antigua del mundo» e India, «la más grande del mundo». Modi, Trump, Putin y Xi Jinping comparten algunas características comunes, una de ellas su intención de permanecer al frente de sus respectivos tanto tiempo como puedan en tanto son modelos de liderazgo fuerte, sin visos de que quieran dar un paso voluntario a un lado. Existe un cierto nexo de unión entre los poderes y discursos de los cuatro mandatarios.
Tanto en India como en Estados Unidos hay avisos de alarma del retroceso en algunos puntos esenciales de calidad democrática. Lo mismo puede hablarse de Rusia y China, donde el régimen político es de partido único y la vida política y socioeconómica la controla su todopoderoso Partido Comunista, pero más allá de las ideologías, las tomas de decisiones se tornan en más personalistas, aunque es cierto que tras las últimas elecciones de 2024, por ejemplo, Modi necesita de otros apoyos a su programa de gobierno. Los cuatros líderes emplean un ideario donde la unidad del país se comprende dentro del mandato del líder y sus partidarios, excluyendo a grupos opositores y minorías sociales o étnicas, como ocurre con el asunto de la inmigración en Estados Unidos, el estatus de caucásicos y centroasiáticos en Rusia, uigures en China o musulmanes en la propia India.
En la actualidad, los cuatro líderes se erigen en sus discursos públicos como los garantes de la identidad nacional respectiva, la proyección exterior del país y que este sea adecuadamente escuchado en la política global, observándose incluso el uso de herramientas retóricas y narrativas muy parecidos, cada uno adaptando su discurso a las caracteristicas sociales, políticas y culturales de sus países en concreto, lo que pasa por el nacionalismo, una descripción maniquea de la realidad, eslóganes populistas y movilizar a la población donde el uso del recuerdo de la historia es uno de los principales argumentos: la ingratitud hacia la hegemonía benéfica estadounidense tras la Guerra Fría, la continua agresión de Occidente en el caso de Rusia, un traumático pasado colonial en la India —incluso vendría de la época del Imperio mogol musulmán, equipado al posterios dominio británico— y una conjugación de las tres cosas en China: minusvaloración de una civilización milenaria, agresión de Occidente y guerra injusta, al menos comercial, desde Estados Unidos.
Hay otro factor a tener en cuenta y es que en foros internacionales, cumbres multilaterales o encuentros bilaterales, el peso de Trump, Putin, Modi o Xi Jinping, que responde al peso de sus países, pero también a más de una década rigiendo sus destinos o interviniendo en la política nacional en el caso de Trump, lo que les hace carismáticos, algo contrapuesto a la falta de liderazgos igualmente carismáticos en Europa, lo que se constituye en una ventaja a la hora de negociar, aunque también hace posible un equilibrio entre todos ellos, pues en los foros donde coinciden, ninguno quiere mostrarse públicamente inferior o, por mejor decir, hacer concesiones a los otros, que luego puedan ser criticadas en sus países y repercutir en el liderazgo de cada cual. Por ello no son raras las desavenencias públicas en algunos de sus encuentros como ha demostrado el propio Modi respecto a Putin o Xi Jinping.
Bibliografía
- Ballesteros Peiró, A. (2024). India: la potencia indefinible. En: Cuaderno de Estrategia 225. Potencias medias: Transitando hacia un orden multipolar [en línea]. Instituto Español de Estudios Estratégicos (Ministerio de Defensa), pp. 83‑109. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2077194/Cap+3.+Cuaderno+de+Estrategia+225.pdf/e79ab628‑2186‑0373‑65fc‑f43493d8f576?t=1718174751248
- Blasko, D. J. (2024). A Baseline Assessment of the PLA Army's Border Reinforcement Operations in the Aksai Chin in 2020 and 2021 [en línea]. The Strategic Studies Institute of the U.S. Army War College. [Consulta: 19 de noviembre de 2024]. Disponible en: https://ssi.armywarcollege.edu/SSI-Media/Recent-Publications/Display/Article/3735300/a-baseline-assessment-of-the-pla-armys-border-reinforcement-operations-in-the-a/
- Chaulia, S. (2024). Friends: India’s closet strategic partners. New Delhi, Rupa Publications.
- Deb, S., y Jiayue, L. (2024). The Changing Dynamics of China’s Threat Perception toward India: A Shift from Asymmetry to Symmetry? [en línea]. Asia Policy. 19(4), pp. 207‑225. [Consulta: 2025]. DOI:10.1353/asp.2024.a942843
- Fernández Aparicio, J. (2023). La India, autonomía e imperativo en su estrategia de seguridad. En: Estrategias de Seguridad Nacional: La competencia entre grandes potencias. Instituto Español de Estudios Estratégicos & Universidad Francisco de Vitoria, pp. 93‑114.
- Godara, H., Pathania, J. y Kumar, G. (2024). Hydro‑Political Dynamics Between China–India–Pakistan: Dams and Transboundary River Governance Amidst Geopolitical Contestations [en línea]. Journal of Asian Security & International Affairs. 11(3), pp. 400‑422. [Consulta: 2025]. DOI: https://doi.org/10.1177/23477970241263154
- India Ministry of External Affairs. (2024). India‑Russia Relations [en línea]. Ministry of External Affairs. [Consulta: 25 de noviembre de 2024]. Disponible en: https://www.mea.gov.in/Portal/ForeignRelation/India‑Russia‑Relations.pdf
- Jaishankar, S. (2020). The India Way: Strategies For An Uncertain World. Harper Collins.
- Kapur, S. P., Pillai Rajagopalan, R., y Wueger, D. (2024). The Challenges of Nuclear Security: U.S. And Indian Perspectives. Cham, Palgrave Macmillan.
- Konwer, S. (2024). India and the Shanghai Cooperation Organization: In search of a middle ground [en línea]. World Affairs. 187(3), pp. 347‑356. [Consulta: 2025]. DOI:10.1002/waf2.12024
- Pant, H. y Mankikar, K. (2024). The Fatal Flaw in India’s China Strategy [en línea]. Observer Research Foundation. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.orfonline.org/research/the-fatal-flaw-in-india-s-china-strategy
- Ramesh, A. y Rubin, M. (2024). Weathering the Crisis. Comparative Connections, 26(1), 9.
- Saran, S. y Tharoor, S. (2020). The New World Disorder And The Indian Imperative. Aleph Book & Rupa Publications.
- Sigdel, A. (2020). India in the Era of China's Belt and Road Initiative: How Modi Responds to Xi. Washington DC, Rowman and Littlefield, Lexington Books.
- The International Institute for Strategic Studies. (2024). Chapter Five: Asia [en línea]. En: The Military Balance. 124(1), pp. 218‑327. [Consulta: 2025]. DOI:10.1080/04597222.2024.2298593
- Topychkanov, P. y Saalman, L. (2021). South Asia’s Nuclear Challenges: Interlocking Views from India, Pakistan, China, Russia and the United States [en línea, ed. suscriptores]. Solna, Stockholm International Peace Research Institute. [Consulta: 19 de noviembre de 2024]. Disponible en: https://www.ciaonet.org/record/74557
- Zakharov, A. (2024). India‑Russia Relations in Troubled Times: Steady but Stagnating [en línea]. Asie Visions. 140, 34. [Consulta: 19 de noviembre de 2024]. Disponible en: https://www.ciaonet.org/record/98556
Javier Fernández Aparicio
Analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
-
-
La India en la división de las grandes potencias
-
India in the Global Power Divide
-
