IEEE. El 'efecto Zelensky' y la proyección de disuasión de China ante los acuerdos minilaterales de defensa

05 jun 2025
IEEE. El 'efecto Zelensky' y la proyección de disuasión de China ante los acuerdos minilaterales de defensa
Águeda Parra Pérez. Doctora en Relaciones Internacionales, ingeniera y analista del entorno geopolítico y tecnológico de China. Fundadora y editora de ChinaGeoTech, es autora de “China, las rutas de poder
El minilateralismo estratégico, un mecanismo para pasar a la acción
La geopolítica acelera sus ritmos hacia una rápida transición, y mientras que el impulso económico y comercial definió la dinámica del Indo-Pacífico durante 2022, dos años más tarde era el refuerzo de los vínculos en defensa lo que marcaba la agenda estratégica entre aliados. En 2022, el punto de inflexión en integración económica y comercial entre los países asiáticos se iniciaba con la entrada en vigor de la Asociación Económico Integral Regional (conocida en inglés como RCEP)1, el mayor acuerdo de libre comercio del mundo liderado por China. Este multilateralismo comercial regional motivó la reacción de Washington, que impulsaba el Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad (IPEF, por sus siglas en inglés)2 con el objetivo de contrarrestar el rol de dominio que China es capaz de ejercer en las cadenas de suministro digital y energético a través de la RCEP. Con una integración regional económica más fuerte, la prioridad estratégica pasaba dos años después a centrarse en el fomento de entornos de cooperación en materia de seguridad y defensa.
En estos últimos años, la intensa actividad diplomática de China en la región, la determinación en las actuaciones de la Guardia Costera china3, y la firma de acuerdos que facilitan la presencia militar de China en las Islas Salomón4 y las Islas Cook5 han sido los nuevos exponentes de una geopolítica en transición que está marcando el curso de una creciente tensión en el Pacífico. A diferencia del multilateralismo comercial, donde el beneficio de pertenecer a un bloque comercial es mayor que la suma de las capacidades de cada una de las partes, el minilateralismo surgía como respuesta para pasar a la acción en cooperación de defensa y seguridad, transformando la tradicional colaboración bilateral con Washington, desde su enfoque de hub-and-spoke, como se denomina en inglés, en privilegiados esquemas basados en intereses compartidos entre un grupo reducido de países.
Pasar a la acción en defensa y seguridad a través del minilateralismo se convertía así en tendencia en auge en el Indo-Pacífico durante 2024, aunando las capacidades y las singularidades únicas que aporta cada socio con su privilegiada situación geográfica. Se trata, por tanto, de cooperar conjuntamente por el mantenimiento del statu quo y por el desarrollo de una nueva arquitectura de seguridad y defensa en el Indo-Pacífico.
Japón, Filipinas y Australia en una red minilateral de disuasión
La sucesión de las guerras en Ucrania y Gaza en un corto espacio de tiempo ha terminado por desviar, de nuevo, la atención de Washington de la región del Indo-Pacífico. Una agenda estratégica obligada a posponerse a pesar de que la firma de la alianza estratégica militar AUKUS6 entre tres países de la angloesfera en septiembre de 2021, representando el nombre de la asociación los acrónimos de Estados Unidos, Reino Unido y Australia, disparaba aún más la tensión geopolítica en la región.
Desde entonces, países con intereses mutuos han propiciado un mayor acercamiento en una estrategia de bloques, buscando consolidar alianzas entre aquéllos que comparten una misma visión de promover disuasión frente a China, principalmente por la dificultad que tienen de implementar una prospectiva estratégica de defensa y seguridad propia frente a la amenaza que supone China.
AUKUS es la gran apuesta estratégica de Australia. Un programa que dotará al país de submarinos de propulsión nuclear para contrarrestar la amenaza que supone un mayor despliegue de diplomacia de China en el Pacífico Sur. Sin embargo, la perspectiva de que no será hasta la década de 2030 cuando el país austral disponga de mayor capacidad de disuasión y defensa decantaba la ventaja estratégica por la hegemonía geopolítica del lado de China. El gigante asiático firmaba un acuerdo de seguridad con las Islas Salomón en abril de 20227 y, con ello, no sólo daba respuesta inmediata a AUKUS, sino que se situaba como pieza geopolítica de defensa y seguridad en todo el Pacífico Sur desde el mismo momento de la firma.
Estos cambios en los equilibrios de poder no han pasado desapercibidos para las grandes potencias del Indo-Pacífico que se han posicionado reforzando los vínculos entre los socios de la región con la creación de alianzas minilaterales en este tiempo. La iniciativa del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, conocida como QUAD8 y a la que pertenecen Estados Unidos, India, Australia y Japón, es testigo de los cambios que se están produciendo en la región desde que se creara en 2007, abordando una amplia variedad de intereses, aunque sin ser la cooperación en defensa su propósito fundacional. Por ello, para suplir esta competencia, los aliados del Indo-Pacífico han buscado desarrollar nuevas dinámicas en sus respectivas agendas de estrategia y defensa para reforzar la cooperación en la zona. Incorporar nuevos miembros a las alianzas bilaterales ya existentes no sólo permite reforzar la consecución de los objetivos funcionales, sino que consigue reunir bajo una misma alianza las capacidades específicas que cada miembro aporta al grupo.
De esta forma, el enclave geoestratégico de Australia y Japón en el Pacífico, cada uno en uno de los extremos de un vasto tablero geopolítico, situándose el país nipón al inicio de la conocida como primera cadena de islas, mientras el país austral se sitúa al frente del caleidoscopio de islas que conforman la zona del Pacífico Sur, ha propiciado que sus respectivas agendas de estrategia y defensa se hayan visto circunscritas a abordar los desafíos de su entorno más cercano. Pero una vez que el espacio geopolítico ha dejado de estar parcelado y comienza a abordarse desde una visión más amplia, desde el enfoque de Indo-Pacífico, la búsqueda de nuevas alianzas que favorezcan la interacción con enclaves geoestratégicos intermedios ha propiciado una nueva e intensa etapa de iniciativas de cooperación con otras economías de la región.
Las maniobras conjuntas9 de Estados Unidos, Japón, Australia y Filipinas en las zonas que presentan disputas territoriales en el Mar del Sur de China son el resultado de una renovada visión estratégica de defensa que ha propiciado nuevos entornos de cooperación funcional. La zona concentra 3,6 millones de kilómetros cuadrados de gran riqueza en recursos energéticos, pero también es el escenario de disputas territoriales históricas entre varios países, entre los que se encuentran Brunéi, China, Filipinas, Indonesia, Malasia, Taiwán, y Vietnam. Por ello, la determinación mostrada por el gigante asiático en estos últimos años ha hecho que crezca la tensión, al intentar China imponer sus reivindicaciones de varios e importantes enclaves estratégicos frente al resto de países.
Filipinas ha sido testigo de una mayor tensión geopolítica en su espacio físico en los últimos años, siendo los nuevos liderazgos tras la llegada al gobierno de Ferdinand Marcos Jr. los que han aportado un enfoque más activo hacia el desarrollo de estrategias de defensa y seguridad con sus vecinos en el Pacífico. A esta nueva etapa responde la intensa labor de asociación de Filipinas, que sumaba a la cooperación que mantiene con Australia a través del Acuerdo de Acceso Recíproco (Reciprocal Access Agreement, RAA en inglés) un nuevo e histórico RAA con Japón en julio de 202410, configurándose así la mejor plataforma de seguridad para fomentar confianza mutua entre fuerzas armadas a través del desarrollo de maniobras militares conjuntas y compartición de estrategias de combate.
Para Japón supone el primer pacto de defensa con un país del Sudeste Asiático, lo que implica incorporar el Mar de Sur de China a su ámbito de cooperación, a diferencia de los RAA que mantiene con Australia11 y Reino Unido12 desde 2022 y 2023, respectivamente, que tienen una perspectiva de Indo-Pacífico. Este tipo de colaboración en defensa supone, asimismo, un importante impulso en las relaciones bilaterales entre ambos países, suponiendo un hito histórico al evolucionar hacia una reconciliación más profunda, dejando atrás una historia bélica de ocupación.
Teniendo en mente el refuerzo de vínculos de seguridad en entornos minilaterales, Filipinas firmaba además un acuerdo de colaboración con Japón y Estados Unidos13, que incorpora además un marco conjunto de cooperación en ciberdefensa con el que las tres partes han buscado proteger sus agencias gubernamentales. Conocido internamente como JAROPUS, como acrónimo de Japón, Filipinas y Estados Unidos, siguiendo la nomenclatura del pacto trilateral JAROKUS14 con el que se conoce al firmado entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur en Camp David en agosto de 2023, este acuerdo de cooperación pasaba a considerarse como un “cambio en la dinámica en el Mar del Sur de China”15, según comentaba el presidente filipino, precisamente por el interés que el ciberespacio está acaparando en las guerras modernas.
Washington ampliaba así el diálogo de ciberseguridad que ya mantenía de forma independente con Tokio y Manila, estableciendo un entorno trilateral para promover la cooperación marítima conjunta. Dado que, según la visión de Biden, “gran parte de la historia de nuestro mundo se escribirá en el Indo-Pacífico en los próximos años”16, este acuerdo trilateral reforzaba la cooperación regional de defensa que habían suscrito Washington y Manila un año antes17. En ese acuerdo, Estados Unidos conseguía ampliar su presencia en el archipiélago en cuatro nuevas ubicaciones militares, adicionales a las cinco que ya disponía, situando así la nueva huella militar estadounidense a escasos kilómetros de Taiwán.
En definitiva, un acuerdo por el que Estados Unidos conseguía reforzar su posición en el Mar del Sur de China (Figura 1), mientras Filipinas, por su parte, reforzaba su estrategia de defensa y seguridad ante un potencial conflicto en el estrecho. Y es que, de producirse la reunificación de Taiwán con China, Filipinas pasaría a ser el vecino de China, lo que supondría una mayor presión sobre el archipiélago.
Figura 1: Huella militar de Estados Unidos en Filipinas. Fuente: AFP
El impacto de AUKUS en el tablero de decisiones geopolíticas
AUKUS supone, en sí misma, una proyección de poder en el Indo-Pacífico. Si bien el acuerdo de defensa de las Islas Salomón representa una amenaza para las rutas de abastecimiento de Australia y su interacción militar con las fuerzas aliadas, la alianza trilateral tendría asociada, igualmente, una función semejante. Y es que, entre sus múltiples focos de actuación está monitorizar cómo China mantiene su seguridad energética, pudiendo amenazar, si fuera necesario en caso de conflicto, las rutas marítimas de suministro de recursos energéticos de gas y petróleo procedentes del Océano Índico que mantienen activa la economía china.
Teniendo en cuenta la amplitud del espacio geopolítico del Indo-Pacífico, mucho se ha comentado sobre la participación de Japón en la alianza AUKUS, lo que supondría cohesionar dos enclaves estratégicos en los extremos del Pacífico bajo un mismo enfoque defensivo y de disuasión. De incorporarse, sería como parte del denominado Pilar II18, orientado al desarrollo conjunto de capacidades de defensa avanzadas, una extensión del Pilar I19 que contempla la adquisición por parte de Australia de submarinos de propulsión nuclear que incorporan tecnología británica y estadounidense, pudiendo incluso dar lugar a un nuevo acrónimo, JAUKUS. Sin embargo, la alianza descartaba ese enfoque, optando por cooperar con Japón desde un esquema más funcional, contemplándose su participación solamente como parte de la mejora de la interoperabilidad de los sistemas marítimos autónomos.
De esta forma, AUKUS evitaba incorporar nueva burocracia a los procesos de decisión desplegando en su lugar áreas de colaboración con otros aliados, pero no como miembros. Bajo esta fórmula, Canadá, Nueva Zelanda y Corea del Sur podrían también sumarse a AUKUS, según el planteamiento esbozado por la alianza en Londres en septiembre de 202420, la primera reunión celebrada fuera de los Estados Unidos desde que se firmara el acuerdo de seguridad en septiembre de 2021.
No obstante, el escepticismo21 surgido sobre un posible incumplimiento de plazos de AUKUS en las entregas previstas para la década de 2030 no favorece la proyección de poderío, sobre todo cuando se trata de una iniciativa que plantea dotar con submarinos de propulsión nuclear al aliado de Washington más cercano a la encrucijada de países que están forjando alianzas de seguridad con China en el Pacífico Sur. La parte positiva sería, sin embargo, que la dimensión de AUKUS sí estaría complicando los cálculos geopolíticos de China, ya que, bajo este nuevo escenario, Pekín tendría que contemplar un riesgo de fracaso más elevado cuando AUKUS pasase a estar activo.
El mayor desconcierto sobre el futuro de la alianza trilateral radica, sin embargo, en qué políticas de seguridad y defensa implementarán los inquilinos de la Casa Blanca en el tiempo que resta hasta el despliegue operativo de la iniciativa. Un esquema prospectivo que ha propiciado que las partes hayan buscado consolidar estas nuevas dinámicas de cooperación regional minilateral para que transciendan a los cambios presidenciales.
Teniendo en perspectiva escenarios cambiantes, Japón ha avanzado en desarrollar una renovada agenda estratégica y de defensa en su idea central de construir un Indo-Pacífico libre y abierto22, posicionándose como socio global y no sólo preocupado por su perímetro regional. Por ello, siendo conscientes de que el planteamiento de China es completar la modernización de su ejército para 2035, Japón estrechaba vínculos con Reino Unido e Italia23 para cooperar en la fabricación de aviones de combate de sexta generación con disponibilidad prevista para 2035, la primera vez que Japón ha participado en una coalición similar creando una empresa conjunta bajo el marco del Programa Aéreo de Combate Global (GCAP). Un importante punto de inflexión en el establecimiento de asociaciones minilaterales, aun cuando el GCAP carece de la escala de AUKUS al centrarse en tecnología de defensa ante futuras amenazas.
Conscientes de estar ante una década decisiva, Japón ha intensificado, asimismo, entornos de cooperación ya activos. Éste es el caso del Diálogo Estratégico Trilateral24 (en inglés Trilateral Strategic Dialogue, TSD), que reúne a Australia, Japón y Estados Unidos en una asociación eminentemente enfocada a construir un compromiso integral de disuasión regional. Aunque considerada una alianza minilateral de perfil bajo en comparación con AUKUS, el TSD ha conseguido crear un núcleo de cooperación que ha permitido ampliar las capacidades y el potencial de las alianzas lideradas por Estados Unidos, generando a su vez una estructura de seguridad en el Indo-Pacífico.
El TSD se ha ido consolidando a medida que ha avanzado la implementación de las actividades y las áreas de cooperación acordadas durante los últimos veinte años, potenciando la alta complementariedad estratégica de los tres Estados miembro. De hecho, su consolidación como entidad de estrategia y su compromiso por mantener la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en el Indo-Pacífico propiciaba la declaración de “firme oposición a cualquier intento de la República Popular China de cambiar unilateralmente el statu quo por la fuerza o la coerción en los mares de China Meridional y Oriental” durante su último encuentro celebrado en Hawái en mayo de 202425, reforzando la perspectiva de una década decisiva ante la creciente asertividad de China.
Las fuerzas defensivas no son, sin embargo, el único punto de avance en las asociaciones minilaterales. El reto más desafiante lo presenta una IA26 retadora en el ámbito militar, siendo, asimismo, un gran desafío incorporar en el entorno militar los sistemas de IA de uso civil. Mientras la evolución de la IA generativa en el entorno de negocios está impactando sobre cómo la IA está transformando empresas y profesiones, esta tecnología vital no ha experimentado todavía ese nivel de desarrollo en el ámbito militar. De ahí, que la cooperación de potencias innovadoras como Estados Unidos y Japón en este ámbito puede aportar cierta escalabilidad al uso de esta tecnología, además de favorecer que Australia27 se incorpore a una materia donde su inversión todavía es baja.
Entre las ventajas de las plataformas minilaterales también figura la mayor cohesión de los miembros para abordar colaboraciones en otros entornos. Como resultado, el TSD se mostraba partidario de que el país nipón cooperara con AUKUS como parte del Pilar II en un futuro, teniendo en consideración las fortalezas de Japón y “sus estrechas asociaciones de defensa con los tres países AUKUS”28. De esta forma, los tres aliados estarían avanzando en promover una mayor interoperabilidad de combate con entrenamiento conjunto al que paulatinamente se incorporará Japón.
Esto supondrá habilitar la presencia de la Fuerza de Defensa de Australia y las Fuerzas de los Estados Unidos en Japón, a la vez que faculta a las Fuerzas de Autodefensa de Japón y a las Fuerzas de los Estados Unidos a participar en actividades de cooperación en Australia29. Se trata, por tanto, de un refuerzo del RAA que Japón y Australia ya mantienen desde agosto de 2023 desarrollando entornos de persuasión integral entre aliados. Como resultado de esta revitalizada cooperación en defensa, el año 2024 marcaba un hito importante al realizarse ejercicios militares conjuntos entre fuerzas militares occidentales y asiáticas30, lo que no ha impedido, sin embargo, que China haya seguido incrementando su presencia en la zona.
Más allá de AUKUS, la colaboración funcional con Japón también se extendía a la alianza de inteligencia Five Eyes (Cinco Ojos en español). Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda son los cinco países de la angloesfera que conforman esta alianza de inteligencia y que han buscado desarrollar otro nivel de cooperación operativa con Japón. De esta forma, el país nipón pasaba a convertirse en base de recopilación de inteligencia en la región del Indo-Pacífico ante la necesidad de recabar mayor información sobre una China cada vez más asertiva. Aunque no se trate de un miembro oficial, varios países han comenzado a abrir bases de inteligencia en Japón, e incluso ha sido el primer país no miembro en ser anfitrión de uno de los encuentros de la alianza31, poniendo de manifiesto su relevancia estratégica en el Indo-Pacífico.
El “efecto Zelensky” y la inversión en disuasión integral entre aliados
Solamente un año después de que la intensa agenda estratégica de Washington llevara a generar un nuevo portfolio de entornos de cooperación minilateral en el Pacífico, ampliando el esquema tradicional de relaciones bilaterales de defensa, el “efecto Zelensky” generaba un torbellino de confusión entre los aliados de Washington desde Europa al Pacífico.
El tratamiento dispensado a Zelensky en la recepción en la Casa Blanca desplegaba toda una suerte de repercusiones estratégicas en Europa32, pero también de forma muy significativa en Asia33. Más allá de los grandes socios asiáticos de Washington, que están pasando por una revisión de las dinámicas de cooperación que han definido la relación bilateral hasta el momento, los aliados más pequeños de la región también se solidarizaban fuertemente con Ucrania. El encuentro entre Trump y Zelensky, lleno de momentos incómodos, suscitaba, no obstante, una importante reflexión entre todos los países de la región. La cuestión es si los países asiáticos, al igual que Ucrania, podrían sufrir un “efecto Zelensky”, por el que se vieran abocados a contemplar cómo el apoyo recibido por Washington en materia de seguridad podría estar sujeto a una rápida y poco consensuada revisión, donde el retorno de la inversión estadounidense parece marcar el nivel de compromiso de la relación bilateral en materia de seguridad y defensa.
Mientras Washington parece tener prisa por enfocarse en su verdadera prioridad, el Indo-Pacífico, las relaciones estratégicas con los países de la región pasan por una importante fase de reevaluación, donde parece posible que un “efecto Zelensky”, un menor apoyo en materia de defensa y seguridad sea la dinámica que vaya a marcar la relación. Cuando en la cumbre trilateral entre Estados Unidos, Japón y Filipinas en abril de 202434 comentaba el presidente Biden que los compromisos de defensa entre los tres países eran “férreos”, y que “cualquier ataque contra aeronaves, buques o fuerzas armadas filipinas en el Mar del Sur de China invocaría nuestro tratado de defensa mutua”, ninguna de las partes podría adelantar el giro dado por la administración Trump en el tablero geopolítico global, donde los desequilibrios de la balanza comercial dictan el enfoque de la estrategia de defensa entre socios.
La geopolítica se impone y, en tiempos de la segunda administración Trump, las estrategias de defensa y la viabilidad de las alianzas están pasando por un complicado examen de reevaluación. Si bien la alianza de seguridad QUAD protagonizó una importante revitalización durante la primera administración Trump, y la Casa Blanca se adelantaba a anunciar que se mantendría tras la administración Biden35, el futuro del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral podría ser, igualmente, objeto de revisión en la segunda administración Trump. Y con ello, podrían quedarse sin efecto las iniciativas conjuntas anunciadas en materia de ciberseguridad, semiconductores y seguridad marítima consensuadas durante el último encuentro en septiembre de 2024.
Mantener el acuerdo AUKUS36 en sus términos hasta que estén disponibles los submarinos de propulsión nuclear en la década de 2030 es otra de las grandes incógnitas que plantea el ”efecto Zelensky”. El posicionamiento frente a la guerra de Ucrania podría enfriar la relación entre Washington y Londres, mientras que la alianza con Canberra también podría afrontar una revisión arancelaria para equilibrar los costes en defensa utilizando como contrapartida el papel de Australia en la cadena de suministro de minerales tecnológicos.
El comentario del secretario de Defensa británico37, John Healey, en la primera reunión de AUKUS fuera de Estados Unidos de que la alianza “no sólo refleja nuestro compromiso con una región del Indo-Pacífico segura donde se respeten las normas internacionales, sino que también envía un mensaje muy contundente de que nuestra alianza en materia de defensa perdurará durante muchas décadas”, muestra un acuerdo de intenciones que podría no verse cumplido de no mantenerse un compromiso de defensa integral entre los aliados.
En el caso de AUKUS, que contempla una estrategia de defensa a medio plazo, podría ser necesario disponer de un Plan B que hiciera efectiva cierta operativa mientras se dispone del equipamiento final. La revisión de la hoja de ruta podría tener que identificar, asimismo, nuevos esquemas donde se contemplara la posible reducción del compromiso de Washington, una vez que Estados Unidos podría trazar una estrategia en la que ya no actuaría de garante tradicional de la seguridad y defensa si no se prioriza la transacción económica en la relación bilateral. La mayor amenaza para AUKUS sería, por tanto, endógena ante la volatilidad geopolítica de Trump, dejando en un segundo plano la vulnerabilidad que supone para el Indo-Pacífico los avances diplomáticos de China en la región.
El acuerdo firmado entre las Islas Cook38 y China a principios de 2025 con el que se busca desarrollar proyectos de conectividad digital, infraestructuras de doble uso, y proporcionar acceso a minería de materias primas estratégicas en el fondo marino está claramente enfocado a reforzar la posición de China en la región. Se trata de un nuevo enclave geoestratégico que el gigante asiático incorpora a su esfera de influencia con una Zona Económica Exclusiva de casi 2 millones de kilómetros cuadrados, y que se suma al acuerdo de seguridad que China firmó con las Islas Salomón en marzo de 2022, desafiando y desplazando la hegemonía de Estados Unidos, pero también la de Australia y Nueva Zelanda.
El rol de Estados Unidos en un Indo-Pacífico libre ha sido esencial para mantener el equilibrio de poder en la zona, pero la nueva era Trump, más transaccional y menos geopolíticamente comprometida con las alianzas de suma positiva, está poniendo mayor énfasis en el predicamento transaccional de suma cero en la relación con sus socios y aliados, y no sólo en su relación de rivalidad con China.
Conclusiones
Los equilibrios de poder en el Indo-Pacífico, siempre complejos, han venido marcando la carrera por la hegemonía regional entre Washington y Pekín a medida que ha crecido la asertividad de China. Si bien los acuerdos comerciales han marcado significativamente las relaciones bilaterales durante años, una rápida geopolítica en transición, donde la incorporación de la agenda de seguridad y defensa se ha vuelto decisiva en los acuerdos de cooperación bilateral, ha terminado marcando un punto de inflexión en los equilibrios de poder en la región, donde además se aprecia una fuerte implicación global.
Una amplia red de acuerdos minilaterales liderados por Washington con las principales potencias asiáticas durante la administración Biden marcaba la dinámica de la región después de que la iniciativa trilateral AUKUS liderada por Washington, y la rápida respuesta de China, alcanzando un acuerdo de defensa con las Islas Salomón, se convirtieran en protagonistas de este importante punto de inflexión en la región.
De esta forma, el año 2024 ha sido protagonista de una renovada arquitectura de seguridad regional, más robusta, desplegando una agenda de estrategia y seguridad más amplia que el tradicional esquema hub-and-spokes, según la terminología anglosajona, bajo la cual el marco de seguridad lo lidera Estados Unidos de forma bilateral. Se intensificaba, por tanto, la disuasión en ese eje del Pacífico, pasando a ser una prioridad, mientras se intensificaba la cooperación en defensa a través de asociaciones minilaterales entre aliados.
Bajo este esquema, en el que se ha priorizado la agenda de estrategia y seguridad, Australia, Filipinas y Japón se unían en nuevas dinámicas de cooperación funcional, buscando reforzar la confianza mutua mientras lanzaban un fuerte mensaje de cohesión hacia China. Se remarcaba, asimismo, el compromiso de garantizar la libertad de navegación en la región ante la intensificación de las reclamaciones territoriales y el poderío naval que ha desplegado el gigante asiático en los últimos años.
Sin embargo, tras el auge de los entornos minilaterales de cooperación durante la administración Biden, la geopolítica se ha terminado imponiendo, y en tiempos de la segunda administración Trump las estrategias de defensa están pasando por un complicado examen de reevaluación. Teniendo como referencia el posicionamiento adoptado por Washington ante la guerra en Ucrania, el ”efecto Zelensky” en la política exterior de Washington está resaltando el cuestionamiento del apoyo que puedan recibir los socios de Estados Unidos en caso de conflicto. Como resultado, las relaciones transatlánticas y transpacíficas están afrontando la mayor redefinición de las últimas ocho décadas, mientras que China, por su parte, mantiene sus ambiciones a nivel regional y global, avanzando en su estrategia de seguridad nacional, desplegando diplomacia, y reforzando su dominio del tablero geopolítico.
Mientras Washington se muestra menos comprometido geopolíticamente, Australia se encuentra en una posición en la que tomar acción puede terminar siendo una prioridad, debiendo plantear un plan B que le permita avanzar en los hitos operativos intermedios de AUKUS mientras no esté disponible el equipamiento final. Supondría, por tanto, afrontar una amenaza endógena asociada a la mayor volatilidad geopolítica de la segunda administración Trump.
La disyuntiva a la que se enfrenta Japón no es menos compleja, a pesar de ser otro de los socios estratégicos de Washington en la región. Adaptar la relación bilateral, tanto para alcanzar una mayor simetría comercial, como para definir una vinculación más equilibrada en lo que se refiere a seguridad y defensa, son ámbitos cruciales que Tokio debe abordar ante la nueva realidad geopolítica que está marcando la administración Trump. Sobre todo, teniendo en cuenta que este cambio de dinámicas está siendo aprovechado ampliamente por China para seguir desplegando diplomacia en la región mientras el escenario geopolítico es convulso.
En definitiva, si bien una mayor autonomía estratégica en defensa puede resultar ser el giro positivo de la política exterior de la administración Trump, la sensación de que la relación de socio en el Indo-Pacífico se mide por el nivel de retorno de la inversión que consigue Washington puede terminar desequilibrando la balanza de poder. Bajo este nuevo escenario, algunos países asiáticos pueden estar tentados de encontrar en China al socio que cubra sus necesidades en cuestiones de desarrollo económico y comercial, pero no sólo en estos ámbitos, sino también en el de defensa y seguridad.
Águeda Parra Pérez
Doctora en Relaciones Internacionales, ingeniera y analista del entorno geopolítico y tecnológico de China.
Fundadora y editora de ChinaGeoTech, es autora de “China, las rutas de poder”
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The “Zelensky Effect” and China's Deterrence Projection in Response to Minilateral Defense Agreements
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