
08 sept 2025
IEEE.El Ascenso Geopolítico del Ártico: Factores y Dinámicas en Juego
María Remiro Soriano. Máster de Geopolítica y Estudios Estratégicos de la Universidad Carlos III de Madrid
Introducción
El Ártico ha estado históricamente caracterizado por la cooperación y los bajos niveles de tensión, por lo que sus marcos de gobernanza únicos han facilitado un entorno relativamente estable. Sin embargo, en la actualidad la región está experimentando una rápida transformación, impulsada por tres procesos globales críticos (el cambio climático, la globalización y los cambios en la dinámica del poder) que han reconfigurado su relevancia estratégica1.
En este marco, la aceleración del cambio climático es uno de los principales motores de esta transformación. En las tres últimas décadas, la región ha sufrido una importante pérdida de hielo, lo que ha abierto el acceso a recursos naturales sin explotar y a nuevas rutas marítimas como la del Noreste (NSR), amplificando así su valor económico y estratégico2. Al mismo tiempo, la globalización ha integrado el Ártico en sistemas internacionales más amplios, en los que actores externos como China buscan la cooperación política y económica. Por último, los cambios que se están produciendo en la dinámica del poder mundial, en particular entre Estados Unidos, China y Rusia, también se han reflejado en la región ártica. En este sentido, el Ártico se ha convertido en un escenario de rivalidades orientadas al futuro y aunque es poco probable que se produzca un conflicto militar abierto en un futuro próximo, las tensiones geopolíticas de la región, incluidas las preocupaciones por la seguridad y los despliegues militares, reflejan cambios más amplios en el sistema mundial. Sin embargo, y añadiendo más complejidad, el derecho internacional y los mecanismos de cooperación siguen siendo las principales bases de la gobernanza, lo que hace que esta dualidad —en la que las tensiones coexisten con la cooperación— sea la configuración del actual panorama geopolítico del Ártico.
Contexto: La gobernanza en el Ártico
Históricamente, el Ártico tuvo importancia estratégica durante la Guerra Fría por ser el punto más corto entre la URSS y Estados Unidos. Sin embargo, tras la caída de la Unión Soviética, pasó de ser un «teatro de guerra» a un «mosaico de cooperación3».
Por este motivo, a principios de la posguerra fría, el Ártico atravesó un período de gran incertidumbre en el momento en el que los Estados árticos —Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos— debatieron sobre cómo gestionar la región, descartando un marco global similar al Tratado Antártico. Finalmente, en 1996 se creó el Consejo Ártico (CA), enfocado en la protección medioambiental, la colaboración científica y el desarrollo sostenible, pero excluyendo cuestiones de poder duro como la seguridad.
En este contexto, la gobernanza del Ártico sigue siendo una cuestión sumamente compleja debido a la existencia de múltiples capas normativas. En primer lugar, el Consejo Ártico es un foro clave para la cooperación, aunque sin poder vinculante. Por otra parte, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) actúa como marco jurídico principal al definir los derechos jurisdiccionales en las aguas árticas y establecer mecanismos para resolver disputas, complementada por las políticas nacionales de cada Estado ártico4. Y a esto se añade la capa del derecho de la Unión Europea5, además del derecho consuetudinario indígena6. Sin embargo, ante la oposición de un tratado específico por parte de Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Noruega y Rusia, los cinco Estados ribereños, argumentando que la CNUDM es un instrumento suficiente, el Ártico carece de un régimen jurídico internacional exclusivo. Por este motivo, la debilidad de la gobernanza del Ártico radica en la falta de un mecanismo operativo específico para resolver las disputas entre las partes.
A ello se le añade el hecho de que a pesar de su narrativa de «excepcionalismo ártico», que sugería que la región podía mantenerse al margen de rivalidades geopolíticas, el creciente interés global ha desafiado esa visión. El deshielo debido al cambio climático ha facilitado el acceso a recursos naturales y nuevas rutas marítimas, atrayendo a actores como China y ampliando la relevancia estratégica del Ártico. En este sentido, podría decirse que el punto de inflexión en el siglo XXI comenzó en 2009, cuando el Servicio Geológico de EE.UU. estimó que albergaba el 13% del petróleo y el 30% del gas natural del mundo aún por descubrir7. Desde entonces, el interés ha ido en aumento.
Por ello, aunque no hay indicios inmediatos de conflicto, el futuro del Ártico sigue siendo incierto. Con las grandes potencias persiguiendo sus propias agendas, los continuos desarrollos en la región merecen una estrecha vigilancia y análisis.
Los grandes actores geopolíticos
Rusia
La Federación Rusa es la mayor potencia ártica en términos territoriales, con aproximadamente 24,000 km de costa ártica (más del 53% del total) y gran parte de la Ruta del Noreste (NSR). Esta región representa el 20% del PIB ruso8 debido a sus vastos recursos de hidrocarburos, pues de los 61 mayores yacimientos de petróleo y gas del Ártico, 43 están en territorio ruso9.
Actividades petroleras y gasísticas en el Ártico ruso. Fuente: Malte Humpert y The Arctic Institute (2016)
Aunque Rusia sostiene que busca preservar la paz y la cooperación en el Ártico, su creciente militarización contradice esta postura. Desde la llegada de Vladimir Putin al poder, la política ártica rusa se ha vuelto más asertiva. En 2008, el Fundamentos de la Política Estatal de la Federación Rusa en el Ártico hasta 2020 y más allá estableció un doble enfoque: cooperación y rearme militar. Actualmente, Rusia cuenta con dos tercios de sus submarinos con misiles balísticos (ICBM) en la península de Kola10, y planea desplegar más plataformas flotantes de producción nuclear, lo que podría convertir la región en la más nuclearizada del mundo para 203511. Desde la perspectiva rusa, una fuerte presencia en el Ártico sirve tanto como un elemento disuasorio como una línea de defensa, especialmente ante la creciente actividad de la OTAN en la región.
Así pues, el control del Pasaje del Nordeste (NSR) es clave en las ambiciones rusas y defiende categóricamente sus derechos históricos. Aunque Rusia promociona esta vía como una ruta internacional comparable al Canal de Suez o al Estrecho de Malaca, insiste en considerarla un pasaje doméstico, lo que refleja su dilema entre obtener beneficios económicos y mantener su soberanía. Sin embargo, el desarrollo de la NSR enfrenta obstáculos financieros y técnicos, para cuya superación Rusia busca socios externos, particularmente China.
China
China, aunque no es una nación ártica, ha desarrollado un interés creciente en la región, principalmente por razones económicas. Con el 46% de su PIB dependiente del comercio marítimo12, garantizar el acceso a las rutas del Ártico es fundamental. Además, los vastos recursos naturales de la región, como tierras raras e hidrocarburos, aumentan su importancia estratégica para Pekín.
Por ello, desde que se convirtió en miembro observador del Consejo Ártico en 2013 y publicó el Libro Blanco del Ártico en 2018, donde se autodefinió como un «Estado cercano al Ártico», China ha expresado su interés en fortalecer la cooperación internacional para desarrollar infraestructuras y explotar las rutas marítimas en la región13. En esta línea, el desarrollo de la Ruta del Noreste es un pilar esencial de esta estrategia, ya que conectaría Europa y Asia Oriental mediante la Ruta de la Seda Polar. Así, esta vía comercial más corta ofrecería una alternativa en caso de un cierre del Estrecho de Malaca. Esta estrategia está aún en sus inicios, lo que puede explicarse en parte por la preferencia de China por un desarrollo lento dadas las incertidumbres geopolíticas actuales.
Comparación entre la Ruta del Noreste y la Ruta del Sureste. Fuente: Eddy Bekkers, Joseph F. Francois y Hugo Rojas-Romagosa (2015)
Por otra parte, además de asegurar las rutas marítimas, China ha estrechado lazos económicos con Groenlandia, Islandia, Finlandia, Suecia y Noruega14 mediante importantes inversiones en infraestructuras, energía y extracción de recursos. Su colaboración con Rusia en proyectos energéticos a gran escala como Yamal LNG y Arctic LNG-2 ha sido clave. No obstante, esta relación no está exenta de desafíos, ya que Rusia sigue protegiendo su control sobre la Ruta del Mar del Norte.
A nivel militar, China aún no es un actor relevante en la región. No posee acceso terrestre, ni una flota adecuada para operaciones árticas. Sin embargo, el desarrollo de sus puertos nororientales sugiere una futura expansión en el Pacífico Norte, donde ya están presentes sus buques portacontenedores y pesqueros. En este sentido, la deriva de la estrategia china en el Ártico dependerá de la evolución de su relación «sin límites» con Rusia y del panorama geopolítico global, especialmente su rivalidad con Estados Unidos. La cuestión clave es hasta qué punto Pekín colaborará con Moscú para lograr objetivos comunes o si sus intereses económicos y estratégicos derivarán en una mayor competencia en esta región crucial.
Estados Unidos de América
Estados Unidos consolidó su estatus de nación ártica con la compra al Imperio Ruso en 1867 de Alaska, rica en recursos minerales y petrolíferos, aunque con una costa ártica relativamente limitada. Históricamente, ha sido considerada una «nación ártica reticente» por su escaso compromiso en la región, pero en los últimos años ha adoptado una postura más activa debido a la creciente militarización rusa y la expansión económica china.
Regiones de producción de crudo en Alaska. Fuente: U.S. Energy Information Administration (Junio 2015)
Durante la administración Obama, el Ártico fue vinculado al cambio climático como prioridad de seguridad nacional15. Sin embargo, bajo la primera administración Trump, la política ártica estadounidense giró hacia una visión más unilateral y nacionalista. En 2019, el exsecretario de Estado, Michael Pompeo, describió el Ártico como un «escenario de luchas de poder y competencia», criticando a las actividades rusas y alertando sobre el reflejo de la estrategia china en el Mar Meridional en el Ártico16. Asimismo, Washington percibe la Ruta Polar de la Seda con cautela, considerándola parte de su estrategia Belt and Road. Por otra parte, cabe señalar que la administración Biden ha mantenido esta preocupación por el fortalecimiento de las capacidades militares rusas y la influencia china, revelando así la identificación de China como una amenaza de seguridad nacional también con efectos en el Ártico.
Perspectiva de Estados Unidos de las rutas marítimas. Fuente: Paul Horn y Inside Climate News (2023)
Es por ello que en los últimos años, Washington ha reforzado sus capacidades militares en el Ártico, desplegando cazas F-35, mejorando radares y sistemas de defensa en Alaska e invirtiendo en infraestructuras portuarias en Nome. Diplomáticamente, ha reabierto su consulado en Nuuk (Groenlandia) y establecido presencia en Tromsø (Noruega)17. Todo ello refleja una notable transición del multilateralismo al unilateralismo de la política ártica estadounidense en los últimos tiempos.
Las inversiones específicas en el Ártico, como los rompehielos, han sido históricamente insuficientes. Sin embargo, la reactivación de la Segunda Flota y el aumento de la presencia militar indican un reconocimiento de la importancia estratégica de la región18. Además, este interés quedó patente con la propuesta del presidente Trump de comprar Groenlandia en 2019. Inicialmente planteada como una oportunidad económica similar a un «gran negocio inmobiliario», a principios de este año 2025 se enmarcó en preocupaciones de seguridad nacional, subrayando el papel de Groenlandia para contrarrestar las influencia rusas y chinas en el Ártico19.
En conclusión, Estados Unidos desconfía de las actividades militares de Rusia y de la creciente presencia de China, lo que sitúa al Ártico como un espacio crítico en las rivalidades geopolíticas y un nuevo centro de su visión geopolítica del mundo. En este sentido, parece que la teoría mahaniana está ganando protagonismo para los tres actores; pues la potencia que consiga afirmar su dominio sobre el Ártico, ya sea en tiempos de paz o de conflicto, comandará las rutas marítimas, controlará el comercio y se asegurará la supremacía ártica.
Unión Europea
La Unión Europea (UE) ha buscado posicionarse en el Ártico debido a la presencia en la región de tres de sus Estados miembros: Dinamarca, Finlandia y Suecia. Inicialmente, su interés estaba centrado en preocupaciones medioambientales. Sin embargo, eventos como la colocación de una bandera rusa en el Polo Norte y el récord de deshielo en 2007 encendieron las alarmas en Bruselas, impulsando un enfoque más geopolítico en su estrategia ártica, aunque este perdió fuerza posteriormente20.
A pesar de ello, desde 2008 la Unión Europea ha desarrollado diversas estrategias para reafirmar su papel en la región. En el documento más reciente, Un compromiso más firme de la UE en pro de un Ártico pacífico, sostenible y próspero, publicado en 2021, se identifica el cambio climático como la principal amenaza, pero también reconoce el creciente interés por los recursos y las rutas marítimas como fuentes potenciales de competencia geopolítica y conflicto21.
No obstante, la Unión Europea enfrenta diversos obstáculos para consolidar su posición en el Ártico, siendo uno de los más relevantes su exclusión del Consejo Ártico. A pesar de estas restricciones, la UE sigue siendo un actor económico relevante en la región. Importa entre el 30% y el 40% del pescado del Ártico y el 24% de la demanda de los productos petrolíferos y gas22. Por otro lado, sus políticas de cambio climático y energías renovables están reconfigurando la demanda de recursos del Ártico, aumentando la necesidad de minerales críticos que se encuentran en la región. Sin embargo, el Ártico —junto al Este y el Sur— representa una de sus tres vecindades regionales clave.
No obstante, las recientes declaraciones de Donald Trump sobre Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, evidenciaron la falta de una respuesta coordinada. Superar su enfoque reactivo y ajustar su estrategia a los desafíos geopolíticos actuales, para evitar que potencias expansionistas aprovechen sus vacilaciones estratégicas es la misión clave de la Unión en el Ártico. Por ello, no es exagerado considerar que si Bruselas no toma medidas pronto correrá el riesgo de ser relegada a un papel marginal en una región clave para el equilibrio de poder global.
Posibles escenarios futuros
El Ártico, tradicionalmente una región de escasa tensión geopolítica y de una notable cooperación internacional, ya no permanece ajeno al incierto contexto global. Ante el fin del «excepcionalismo ártico», se han propuesto tres escenarios posibles para su futuro: desde la cooperación y la «competencia pacífica» hasta una competencia más intensa o incluso el conflicto.
«Competición pacífica» en el Ártico
El concepto de «competencia pacífica» ofrece un marco para gestionar las rivalidades emergentes manteniendo al mismo tiempo la cooperación bajo el derecho internacional23. Aunque sigue siendo relativamente estable, la competencia por sus recursos y rutas marítimas ha aumentado en los últimos años. Durante más de un siglo no ha habido disputas activas críticas por zonas terrestres y marítimas, ni siquiera durante los periodos de mayor rivalidad global. Sin embargo, recientes incidentes como el corte de los cables submarinos entre Svalbard y Noruega en 2022 o la posible injerencia china en el golfo de Finlandia en 202324 subrayan su creciente relevancia estratégica.
Así pues, el Ártico no está exento de las tensiones geopolíticas mundiales, especialmente en el Atlántico Norte y Europa, donde convergen la expansión de la OTAN y la presencia de Rusia. Aunque sigue siendo posible contener la militarización y evitar un conflicto directo, la intensificación de la competencia y el rearme conlleva costos significativos. Especialmente teniendo en cuenta que a medida que la percepción del Ártico se desplaza hacia un «teatro de operaciones» y centro de recursos estratégicos, es muy probable que una competición triangular entre China, Rusia y Estados Unidos construya la narrativa geopolítica dominante en los próximos años.
No obstante, a pesar de estas tensiones, la gobernanza del Ártico ha demostrado ser más resiliente de lo que a menudo se percibe. El Ártico no es una tierra sin reglas, sino que cuenta con un marco normativo complejo pero funcional, con el Consejo Ártico y la CNUDM que han logrado estabilidad incluso ante grandes desafíos, como la invasión rusa de Ucrania en 2022. Desde entonces, todas las partes implicadas, en virtud de sus propios intereses individuales, han reafirmado su compromiso con los principios jurídicos, reconociendo que los costos de un conflicto directo superarían sus beneficios.
En definitiva, los actores del Ártico comparten intereses comunes como el cambio climático, la protección de la biodiversidad y la cooperación científica25. Este contexto sugiere que el conflicto y la cooperación no son excluyentes, validando así el modelo de «competencia pacífica». Asimismo, ignorar los vínculos entre el Ártico y el inestable sistema mundial sería imprudente, pero, al mismo tiempo, no debe subestimarse el éxito de los esfuerzos en curso ni las oportunidades que puedan surgir en el futuro. No obstante, de cara al futuro, el Consejo Ártico debe adaptarse ante el creciente interés mundial, equilibrando las oportunidades económicas, las preocupaciones medioambientales y las cuestiones estratégicas para preservar la estabilidad regional.
El Ártico como un teatro de conflicto global. El caso de Groenlandia.
El siguiente escenario explora cómo la competencia por los recursos estratégicos de Groenlandia podría desencadenar una crisis geopolítica abierta. Con la aceleración del deshielo y la apertura de rutas marítimas, Groenlandia se vuelve crucial por su posición estratégica y sus minerales esenciales para la transición energética y tecnologías avanzadas. Además, su papel dentro del marco de seguridad de la OTAN es fundamental, especialmente en la brecha Groenlandia-Islandia-Reino Unido (GIUK), donde la Base Espacial de Pituffik refuerza la presencia militar de Estados Unidos en las cuestiones de vigilancia y defensa antimisiles26.
Brecha GIUK. Fuente: UK Parliament (2023)
Sin embargo, sus vastas reservas de tierras raras (25 de los 34 minerales críticos identificados por la Comisión Europea27) han atraído la atención de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países que buscan reducir su dependencia de las cadenas de suministro dominadas por China. En este marco, el renovado interés del presidente Trump por Groenlandia subraya estas prioridades estratégicas y económicas.
Recursos minerales de Groenlandia. Creado por: Laura Bejder Jensen (2025). Publicado por primera vez en The European Correspondent
Todo ello cobra luz teniendo en cuenta los resultados de las elecciones groenlandesas de 2025, en las que el futuro gobierno de coalición tendrá que diseñar un cronograma para la independencia. El partido más votado, Demokraatit, aboga por un proceso de independencia gradual, pero necesita el apoyo de otro partido para formar gobierno: Naleraq, que promueve una independencia rápida y cercana a EE.UU., o Inuit Araqatigiit, que defiende una transición lenta. La cuestión clave es que, en caso de una Groenlandia ya independiente, la isla extremadamente dependiente de su industria pesquera (90% de sus exportaciones de materias primas28), necesitaría de alianzas con otras potencias para su autogobierno. Así pues, este contexto podría crear un vacío estratégico que sería rápidamente percibido como una oportunidad por actores clave como Estados Unidos, China y la Unión Europea.
Por consiguiente, el escenario más alarmante sugiere que, ante la posibilidad de que China establezca acuerdos estratégicos con Groenlandia, Estados Unidos podría tomar medidas unilaterales para asegurar el control de zonas clave, justificándolo como una cuestión de «seguridad nacional». Este acto, radicado por el deseo de que la isla forme parte de la esfera de influencia estadounidense, podría desencadenar una militarización sostenida del Ártico y transformar la región en un nuevo escenario de conflicto global.
Sin embargo, aunque el deseo de independencia es mayoritario, disminuye significativamente si este conlleva una pérdida de calidad de vida29. Encuestas recientes han revelado que el 60% de los groenlandeses votaría a favor de reincorporarse a la Unión Europea30, lo que podría disuadir a Estados Unidos. Si, en el peor de los casos, Estados Unidos empleara tácticas agresivas para asegurarse un acuerdo favorable, a largo plazo podría desestabilizar la alianza de la OTAN y erosionar el orden que había creado anteriormente.
No obstante, merece la pena considerar este escenario. Subestimar que el presidente Trump está retomando la idea de las esferas de influencia, parecida a una versión renovada de la Doctrina Monroe, como base de su visión del orden mundial —y cuya retórica se está volviendo cada vez más amenazante— podría ser un catastrófico error.
La crisis climática como punto de inflexión en el Ártico
El Ártico está experimentando los impactos del cambio climático de forma más rápida y severa que ninguna otra región de la Tierra. La pérdida acelerada de hielo marino y glaciares, la erosión costera, el deshielo del permafrost, los incendios forestales y las inundaciones ya han dejado de ser amenazas futuras. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se prevé que la temperatura global aumente entre 3,7 °C y 4,8 °C —o hasta 7,8 °C— para finales de siglo, en comparación con los niveles preindustriales31.
Asimismo, una proyección especialmente alarmante sugiere que el Océano Ártico podría quedar libre de hielo en verano ya en la década de 2030, allanando el camino para una mayor actividad económica en la región. A mediados de siglo, nuevas vías marítimas como el Paso del Nordeste podrían ser totalmente navegables, y los proyectos energéticos en el Ártico podrían ampliarse considerablemente. Sin embargo, todo ello tiene un coste. A medida que el Ártico se hace más accesible se aviva la competencia geopolítica por el control tanto de estas oportunidades emergentes de vías marítimas como de las masas de tierra recién expuestas. Por tanto, debemos asumir intuitivamente que la crisis climática no sólo exacerba las tensiones geopolíticas, sino que también amenaza con crear dinámicas de «suma cero» entre los Estados y alterar fundamentalmente el orden internacional32. Así pues, es un error devastador prever escenarios de nuevas rutas marítimas ignorando el hecho de que el deshielo del Ártico no es una cuestión menor sino posiblemente el punto de inflexión más traumático que remodelará cómo entendemos las relaciones internacionales, la geopolítica o incluso la propia vida.
Extensión del hielo estival ártico 1970-2100. Fuente: Malte Humpert y The Arctic Institute (2016)
Por esta razón, resulta tentador considerar que el escenario más peligroso de la crisis climática obligue a los actores, no sólo en el Ártico, a cooperar. Los peligros del cambio climático exigen una acción urgente y coordinada, y es precisamente en el Ártico donde se representa una amenaza a la seguridad tanto regional como mundial, y solo una respuesta conjunta puede garantizar un futuro viable en este planeta.
Conclusiones
El Ártico, donde convergen desafíos ambientales urgentes, oportunidades económicas y rivalidades estratégicas, se ha convertido en un «punto caliente» en el panorama geopolítico global.
Así, las rápidas transformaciones impulsadas por el cambio climático, la globalización y el reajuste de las dinámicas de poder están redefiniendo la región, donde la interconexión entre el Ártico y las tendencias globales es irrefutable. En última instancia, esta dualidad refleja tanto la fragilidad como el potencial de los marcos de gobernanza del Ártico, especialmente en la interacción entre iniciativas multilaterales como el Consejo Ártico y el aumento de acciones unilaterales por parte de actores clave. Asimismo, la creciente relevancia estratégica del Ártico ha captado la atención de Rusia, China y Estados Unidos, cada uno con intereses distintos. Mientras que Rusia enfatiza su soberanía, la explotación de recursos y el dominio militar, la declaración de China como un país «cercano al Ártico» refleja sus ambiciones económicas y de influencia en la región. Por su parte, Estados Unidos percibe la presencia china con recelo y considera el Ártico un espacio crítico para garantizar sus intereses estratégicos. Al mismo tiempo, la Unión Europea busca afirmar su posición en medio de esta lucha de poder abogando por el desarrollo sostenible y la cooperación internacional.
Por otra parte, teniendo en cuenta que el Ártico se encuentra en una antesala de un cambio que aún no se ha materializado en su totalidad, es urgente realizar un análisis prospectivo sobre el futuro del Ártico en función de factores clave como la eficacia de la gobernanza, la competencia por los recursos y las relaciones internacionales. Así, al plantear escenarios donde se expanda la actual competencia pacífica se señala la importancia de establecer medidas políticas proactivas para mitigar riesgos y desarrollar marcos de gobernanza resilientes.
Ante todo, el Ártico representa una región de inmenso potencial y enormes desafíos. Aunque se han señalado caminos hacia la cooperación, también es necesario poner de manifiesto la fragilidad de las estructuras de gobernanza existentes ante la presión del cambio climático, la disputa por los recursos y las tensiones geopolíticas. Los escenarios discutidos, incluida Groenlandia como un punto de conflicto, ilustran cómo las dinámicas globales que se encuentran en rápida evolución podrían transformar la región de manera impredecible. Asimismo, se ha buscado resaltar el peligro de considerar las nuevas rutas marítimas del Ártico como meras oportunidades económicas sin reconocer los profundos desafíos que plantea la crisis climática.
Para terminar, el futuro del Ártico sigue siendo profundamente incierto y dependerá de la capacidad de los actores clave para equilibrar sus ambiciones nacionales con sus responsabilidades colectivas. En este sentido, si este artículo tuviera una ambición sería situar al Ártico en el centro del debate geopolítico a través de un análisis atento que exija navegar esta incertidumbre en un contexto donde lo que está en juego, tanto para la región como para el mundo, no puede ser más crítico.
María Remiro Soriano
Máster de Geopolítica y Estudios Estratégicos de la Universidad Carlos III de Madrid
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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The Geopolitical Rise of the Arctic: Factors and Dynamics at Play
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