IEEE. De la «ceguera marítima» a la resiliencia: protegiendo infraestructuras submarinas críticas en el Atlántico Norte

14 jul 2026
IEEE. De la «ceguera marítima» a la resiliencia: protegiendo infraestructuras submarinas críticas en el Atlántico Norte
Dr. Giovanni Parente. University College Dublin & Trinity College Dublin
Introducción
En las últimas tres décadas, el dominio marítimo se ha consolidado como uno de los principales ámbitos de competencia geopolítica de los asuntos globales. Aunque el poder naval históricamente se ha asociado con la confrontación militar convencional y la disuasión estratégica, el actual entorno de seguridad refleja cada vez más formas de competencia que permanecen por debajo del umbral de un conflicto armado abierto1.
En este ámbito, las actividades en la zona gris ocupan un espacio altamente ambiguo entre la paz y la guerra e incluyen operaciones cibernéticas, recopilación de inteligencia, coerción estratégica, interferencia marítima, sabotaje, interrupción de infraestructuras y operaciones híbridas diseñadas deliberadamente para mantener una negación plausible, pero que generan efectos políticos y estratégicos sustanciales. Los espacios marítimos son particularmente vulnerables a tales actividades debido a las dificultades inherentes para la vigilancia, la atribución, la jurisdicción y la aplicación de la ley en entornos submarinos y marinos2.
El abandono histórico de la seguridad marítima en Irlanda refleja características más amplias de la cultura estratégica y la defensa irlandesas. Desde la independencia, su política de seguridad ha priorizado tradicionalmente la neutralidad militar, las operaciones de mantenimiento de la paz bajo mandatos de las Naciones Unidas y la preferencia por las fuerzas terrestres frente a las fuerzas navales3.
En consecuencia, el Servicio Naval Irlandés, la principal agencia marítima del país, evolucionó principalmente como una fuerza policial y de protección pesquera, más que como una marina diseñada para operaciones de seguridad marítima de alta intensidad o de guerra antisubmarina4. La literatura académica caracteriza frecuentemente este fenómeno como «ceguera marítima», es decir, el fracaso de las instituciones políticas y de la sociedad para reconocer la importancia estratégica del dominio marítimo a pesar de la profunda dependencia económica del mismo5.
En este sentido, los responsables políticos subestimaron constantemente la importancia de la infraestructura submarina y de la gobernanza marítima, contribuyendo así a la fragmentación institucional y a las deficiencias en las capacidades del sector de la seguridad marítima6.
Este artículo examina cómo la competición en la zona gris ha transformado la política de seguridad marítima irlandesa y, en un sentido más amplio, la protección de las infraestructuras submarinas críticas en el Atlántico Norte. La razón para centrarse en Irlanda radica en su posición estratégica como principal centro de conectividad transatlántica, que alberga cables de comunicaciones e infraestructuras energéticas críticas, a pesar de sus capacidades marítimas históricamente limitadas y de su persistente «ceguera marítima».
En última instancia, el estudio sostiene que el caso irlandés refleja un cambio europeo más amplio hacia una resiliencia marítima integrada, en la que la protección de las infraestructuras requiere cada vez más cooperación OTAN-UE, coordinación público-privada y un mayor conocimiento del dominio marítimo.
Irlanda y el contexto geopolítico
Los incidentes recientes relacionados con infraestructuras submarinas han alterado las percepciones europeas y transatlánticas sobre la seguridad marítima. El sabotaje de los oleoductos Nord Stream en septiembre de 2022 supuso un punto de inflexión en los debates contemporáneos sobre la seguridad europea, al demostrar la vulnerabilidad de la infraestructura submarina crítica frente a la intervención hostil7.
El incidente aceleró preocupaciones más amplias sobre la protección de cables de comunicación submarinos, interconectores energéticos, plataformas energéticas marinas y otras infraestructuras críticas marítimas8. En todo el continente europeo, los responsables políticos reconocieron cada vez más que la infraestructura submarina constituye tanto un activo económico como una vulnerabilidad estratégica que puede ser potencialmente explotada mediante actividades híbridas y en la zona gris9.
Dentro de este entorno estratégico en evolución, Irlanda ocupa una posición geopolítica de singular importancia. Desde el primer cable de comunicación transatlántico, tendido desde Valentia, en el condado de Kerry, hasta Terranova en Canadá, el dominio marítimo irlandés ha sido fundamental para conectar Norteamérica y Europa, convirtiendo así al país en un nodo central de la economía digital global en las últimas décadas10.
Aproximadamente tres cuartas partes de los cables transatlánticos de telecomunicaciones del hemisferio norte atraviesan o pasan cerca de las aguas irlandesas11. Estos sistemas soportan transacciones financieras, comunicaciones militares, infraestructura de computación en la nube, operaciones de centros de datos y una conectividad transatlántica más amplia12.
Simultáneamente, la seguridad energética del país depende en gran medida de la infraestructura submarina, incluidos los interconectores de gas y electricidad que conectan la isla con el Reino Unido y Europa continental13. A pesar de esta importancia estratégica, la seguridad marítima ocupó históricamente una posición periférica dentro de los debates estratégicos irlandeses14.
Los desarrollos geopolíticos tras el estallido de la guerra de Ucrania aceleraron significativamente los cambios en la concepción de la seguridad marítima irlandesa. La actividad naval rusa en el Atlántico Norte, los informes sobre la cartografía del lecho marino y las operaciones de obtención de inteligencia cerca de las aguas irlandesas, así como una mayor concienciación sobre las vulnerabilidades de la guerra híbrida generaron un debate político y público sin precedentes sobre la seguridad marítima15.
Los informes de prensa que describen las actividades de vigilancia rusa cerca de las rutas de cables submarinos, junto con crecientes preocupaciones sobre la protección de las infraestructuras marinas, intensificaron el escrutinio de la preparación marítima de Irlanda16. En este sentido, el incidente del Nord Stream reforzó aún más la percepción de que la infraestructura submarina constituía un objetivo legítimo dentro de la competencia geopolítica contemporánea, incluso sin conflictos armados formales17.
En este contexto, tras un par de años de discusiones estratégicas, el Gobierno irlandés finalmente publicó su primera Estrategia Nacional de Seguridad Marítima en febrero de 202618. Esta Estrategia representó la desviación más significativa de la política de seguridad irlandesa anterior al identificar la seguridad marítima como un componente central de la soberanía nacional, la resiliencia, la seguridad económica y la protección de infraestructuras.
El documento reconoce explícitamente la vulnerabilidad de Irlanda en un entorno de seguridad europeo cada vez más inestable y proponía un enfoque más integrado de la gobernanza marítima que involucre a los ámbitos de la defensa, la justicia, la energía, la ciberseguridad y la política exterior. Aunque persisten limitaciones operativas significativas, la estrategia refleja igualmente una transformación sustancial en el discurso estratégico irlandés sobre el dominio marítimo19.
Reconfiguración de la seguridad marítima en Irlanda tras 2022
El dominio marítimo irlandés ha sufrido una profunda reevaluación estratégica tras el deterioro del entorno de seguridad europeo producido a partir de febrero de 2022. Los entrevistados destacaban de forma constante la marginación prolongada de los asuntos marítimos dentro de los círculos políticos irlandeses.
Por ejemplo, un alto oficial naval retirado describió la seguridad marítima como «la dimensión olvidada de la seguridad nacional irlandesa durante décadas», argumentando que la atención política solo se intensificó tras el aumento de la actividad rusa cerca de aguas irlandesas y el incidente de sabotaje del Nord Stream20. Otro oficial en activo calificó la política marítima irlandesa antes de 2022 como «fragmentada y en gran medida administrativa más que estratégica»21.
En este contexto, es especialmente significativo el trabajo de McCabe y Flynn, publicado en 2023, sobre la «ceguera marítima» irlandesa y la gobernanza de la infraestructura submarina22. Su análisis muestra que la seguridad marítima en Irlanda ha sufrido durante mucho tiempo una negligencia política y una fragmentación institucional, a pesar de la creciente importancia estratégica del país como centro de conectividad transatlántica.
Su marco conceptual proporciona una base importante para comprender la evolución de la política marítima irlandesa tras el deterioro del entorno de seguridad europeo provocado por la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.
Aunque Irlanda poseía una de las mayores zonas económicas exclusivas de Europa en relación con su población y sus capacidades militares, la gobernanza marítima seguía orientada en gran medida hacia objetivos muy concretos23. El Servicio Naval se centró principalmente en la protección pesquera en lugar de en asumir responsabilidades estratégicas más amplias en materia de seguridad marítima, con solo unas pocas excepciones en el mar Mediterráneo (Parente, 2026b).
En consecuencia, los responsables políticos irlandeses dedicaron relativamente poca atención a la protección de las infraestructuras submarinas, al conocimiento del dominio marítimo o al desarrollo de capacidades de vigilancia submarina.
Esta situación se volvió cada vez más problemática, dado que el papel del país en la economía digital transatlántica se había ampliado significativamente. El país se consolidó como un importante centro de conectividad para la infraestructura de telecomunicaciones transatlánticas, albergando numerosos cables de comunicación submarinos y centros de datos asociados24.
McCabe y Flynn enfatizan que la concentración de cables submarinos dentro del dominio marítimo irlandés hace que Irlanda sea estratégicamente importante no solo a nivel nacional, sino también para la seguridad general de los Estados aliados y vecinos25. En resumen, la dependencia económica de Irlanda de la inversión extranjera directa, la infraestructura de computación en la nube y los servicios digitales intensificó aún más la importancia estratégica de los sistemas submarinos que conectan Europa y Norteamérica26.
La investigación indica que los acontecimientos geopolíticos tras la invasión rusa de Ucrania transformaron la percepción oficial de la vulnerabilidad marítima. Los informes sobre actividades rusas de recopilación de inteligencia, operaciones de cartografía del lecho marino y misiones de vigilancia cerca de aguas irlandesas generaron una preocupación política sin precedentes sobre la protección de las infraestructuras marinas27.
En este contexto, la «flota rusa en la sombra» emergió como la amenaza más presente en el discurso público durante los últimos cuatro años. La cobertura mediática de la actividad naval rusa en el Atlántico Norte aumentó la conciencia pública sobre la exposición marítima de Irlanda. El sabotaje de los oleoductos Nord Stream, en septiembre de 2022, resultó especialmente influyente, ya que demostró que la infraestructura submarina podía convertirse en un objetivo directo de la competencia geopolítica contemporánea, incluso en ausencia de un conflicto armado formal.
Las evidencias obtenidas a partir de entrevistas con miembros de las élites políticas, militares y administrativas sugieren que el incidente del Nord Stream marcó el principal punto de inflexión estratégico en los debates irlandeses sobre seguridad. Un funcionario de defensa lo describió como «el momento en que la infraestructura submarina dejó de tratarse como infraestructura técnica y pasó a entenderse como infraestructura estratégica»28. En un tono menos dramático, otro entrevistado argumentó que los responsables políticos reconocieron de repente las implicaciones de la geografía marítima de Irlanda en un entorno de seguridad europeo cada vez más disputado29.
Varios entrevistados destacaron que antes de 2022, las discusiones sobre seguridad marítima solían considerarse preocupaciones de nicho restringidas principalmente a especialistas en defensa y oficiales navales, más que como debates políticos convencionales. Aunque esta circunstancia sigue siendo válida hasta la fecha, la tendencia general en la isla ha ido cambiando hacia una mayor concienciación sobre la importancia de la seguridad marítima desde mayo de 2026.
Por otro lado, la fragmentación de la gobernanza sigue siendo una de las principales debilidades que afecta a la seguridad marítima irlandesa. La responsabilidad sobre la gobernanza marítima y la protección de las infraestructuras submarinas sigue distribuida entre múltiples departamentos y agencias gubernamentales, entre ellos el Departamento de Defensa, el Departamento de Transporte, el Departamento de Justicia, el Departamento de Medio Ambiente, Clima y Comunicaciones, la Policía Nacional —An Garda Síochána, literalmente guardiana de la paz, en gaélico—, el Servicio Naval y diversas autoridades regulatorias, como ya han señalado otros académicos30.
Tal complejidad institucional contribuye a la existencia de jurisdicciones superpuestas, silos de políticas y dificultades de coordinación, en lugar de proporcionar un adecuado enfoque de «gobierno integral» para la seguridad marítima. Varios entrevistados subrayaron que ninguna autoridad estatal por sí sola ostentaba la responsabilidad de supervisar la protección de las infraestructuras submarinas o de coordinar la seguridad marítima.
Cabe destacar que un alto responsable político implicado en la planificación de la defensa señaló que «demasiadas agencias poseían jurisdicción parcial mientras que ninguna institución poseía una autoridad estratégica clara», lo que finalmente condujo a duplicidades, ineficiencias burocráticas y silos administrativos31.
De manera similar, otro funcionario observó que la protección de la infraestructura submarina históricamente «caía entre departamentos porque se consideraba simultáneamente un problema de telecomunicaciones, energético, marítimo y de seguridad sin llegar a ser una prioridad de seguridad nacional», mientras que otros entrevistados calificaron la estructura de gobernanza existente como «excesivamente burocrática» y «estratégicamente incoherente»32.
Sobre este asunto, un funcionario experimentado argumentó que «la seguridad marítima históricamente se vio afectada porque ninguna institución poseía tanto la autoridad como el mandato político para coordinar las actuaciones entre sectores»33. De forma similar, otro funcionario describió la gobernanza marítima irlandesa como «institucionalmente fragmentada hasta el punto de que la responsabilidad se diluye»34.
No sorprende que las partes involucradas de la industria también hayan señalado sus preocupaciones por marcos regulatorios poco claros, mecanismos de coordinación insuficientes y la falta de una interacción estructurada entre las autoridades estatales y los operadores privados de infraestructuras.
Además, las importantes carencias de capacidades operativas complican aún más los desafíos de seguridad marítima para Dublín. La escasez de personal en el Servicio Naval ha sido especialmente aguda y está bien documentada. A principios de 2024, el Servicio Naval operaba con solo 772 efectivos, frente a los 1.090 de 201635.
Las consecuencias operativas han sido graves, con los días de patrulla del Servicio Naval reducidos a la mitad en cinco años, pasando de 1.061 en 2019 a solo 428 en 202436. Hasta la fecha, este sigue siendo el aspecto más citado sobre la agencia marítima del país en los periódicos nacionales37.
Varios entrevistados describieron el sobreesfuerzo operativo y las dificultades para el reclutamiento como algunos de los obstáculos más graves que afectan a la preparación marítima irlandesa. Por ejemplo, un oficial naval en activo argumentó que «la vulnerabilidad marítima de Irlanda no es hipotética, sino operativamente real cada día, especialmente dada la magnitud de su jurisdicción marítima en relación con los recursos disponibles38.
Otro entrevistado formula una apreciación similar al afirmar que «el reconocimiento político de la seguridad marítima ha aumentado sustancialmente, pero el desarrollo de capacidades sigue estando significativamente por detrás de la retórica estratégica»39.
A pesar de estas limitaciones estructurales, desde 2022 se produjeron cambios sustanciales en el discurso estratégico irlandés y en el desarrollo de las políticas públicas. La publicación de la Estrategia Nacional de Seguridad Marítima en febrero de 2026 representó el cambio más evidente, al enmarcar explícitamente la seguridad marítima como una cuestión central para la soberanía, la resiliencia económica y la protección de infraestructuras.
La Estrategia proponía un mejor conocimiento del dominio marítimo, una mayor coordinación interinstitucional, la inversión en tecnologías de vigilancia y el establecimiento de un «Centro Nacional de Seguridad Marítima» diseñado para integrar sistemas de información marítima civiles y militares40. Aunque los miembros de las fuerzas armadas la recibieron positivamente, persistían preocupaciones sobre su implementación y sus implicaciones operativas41.
Varios entrevistados observaron que la ambición estratégica frecuentemente superaba los recursos disponibles dentro de la planificación de la defensa irlandesa. Por ejemplo, un oficial naval retirado afirmó que «Irlanda a menudo ha producido documentos estratégicos sólidos sin proporcionar la inversión sostenida necesaria para realizarlos»42. La preocupación más citada fue que la escasez de personal y los retrasos en la adquisición seguían minando la eficacia operativa, a pesar de la creciente atención política.
Con estos planteamientos, la evolución de la postura estratégica del país hacia la cooperación marítima internacional refleja tensiones más amplias entre una tradición profundamente institucionalizada de neutralidad militar y las crecientes exigencias de protección de infraestructuras críticas.
La primera Estrategia Nacional de Seguridad Marítima de Irlanda, publicada en febrero de 2026, señala un cambio notable al reclamar explícitamente una cooperación más estrecha con los Estados miembros de la OTAN, especialmente con el Reino Unido y Francia, los dos países europeos más cercanos a Dublín, y al proponer la participación irlandesa en la Fuerza Expedicionaria Conjunta, una posibilidad que ya había sido debatida por académicos de la isla43.
A nivel multilateral, Irlanda ha profundizado su implicación en los marcos de la UE, lo que ofrece cierto aislamiento político frente a la cuestión más polémica de la alineación con la OTAN. Asimismo, participa en proyectos relevantes de PESCO, incluidos los de vigilancia marítima y protección de infraestructuras críticas del lecho marino, así como en el «Entorno Común de Información Compartida»44.
El encuadre político de estos desarrollos parece deliberado. Como observa McDonagh, la Estrategia «intenta caminar por una línea estrecha» entre reconocer la necesidad de la cooperación internacional y mantener formalmente la neutralidad militar45. El énfasis retórico en la resiliencia de las infraestructuras más que en la defensa colectiva constituye un registro políticamente aceptable, coherente con observaciones académicas de que la seguridad marítima funciona como un concepto que moviliza apoyo para la acción mientras potencialmente camufla desacuerdos políticos subyacentes.
No obstante, ese marco sigue siendo objeto de disputa política en Irlanda. Los partidos de la oposición han advertido que la cooperación reforzada no debe convertirse en una tapadera para el avance hacia una alianza militar vinculante46.
En última instancia, estos debates sugieren que, en el peculiar caso irlandés, la protección de las infraestructuras marítimas críticas no puede desvincularse completamente de las habituales cuestiones sobre la alineación ideológica del país, aunque esta amenaza se haya presentado como una necesidad para la seguridad nacional.
Implicaciones estratégicas y políticas
El estudio del caso irlandés ofrece importantes perspectivas sobre la evolución de la competición en la zona gris, la gobernanza marítima y la protección de infraestructuras submarinas en el entorno de seguridad del Atlántico Norte. La competición geopolítica contemporánea se desarrolla cada vez más por debajo del umbral de la guerra convencional, con actividades diseñadas para permanecer ambiguas, negables de forma plausible y difíciles de atribuir. Los espacios marítimos son especialmente vulnerables a esta competición porque los entornos submarinos complican la vigilancia, la supervisión y la aplicación de la ley, al tiempo que albergan infraestructuras críticas para el funcionamiento de las economías y sociedades modernas.
Las actividades en la zona gris alrededor de las infraestructuras submarinas producen efectos estratégicos incluso en ausencia de ataques físicos directos. Las operaciones rusas de cartografía del lecho marino, vigilancia y obtención de inteligencia cerca de las aguas irlandesas, llevadas a cabo por la llamada «flota en la sombra», generaron una preocupación política y estratégica significativa sin cruzar el umbral del conflicto armado47.
Estas actividades contribuyeron a una percepción más amplia de vulnerabilidad e incertidumbre, al tiempo que expusieron deficiencias en la preparación marítima irlandesa48. Esto refleja la lógica más amplia de la competición en la zona gris, en la que la ambigüedad en sí misma adquiere un valor estratégico, porque complica la disuasión, la respuesta y la atribución.
La experiencia irlandesa también pone de manifiesto la relevancia continua de la «ceguera marítima» como marco conceptual para comprender hasta qué punto el dominio marítimo ha permanecido lamentablemente descuidado tanto en las culturas políticas como en las estratégicas. A pesar de la profunda dependencia económica del comercio marítimo, la conectividad digital y la infraestructura marina, los responsables políticos irlandeses subestimaron históricamente la importancia estratégica del dominio marítimo49.
La seguridad marítima a menudo se consideraba periférica en comparación con las prioridades tradicionales de política exterior, como la neutralidad, el mantenimiento de la paz y la diplomacia multilateral50.
En consecuencia, el desarrollo de capacidades navales y la gobernanza marítima recibieron una atención política y una inversión financiera relativamente limitadas durante gran parte del periodo posterior a la Guerra Fría51.
Sin embargo, los acontecimientos geopolíticos desde febrero de 2022 han alterado significativamente estas premisas. El deterioro del entorno de seguridad europeo, junto con una mayor concienciación sobre la guerra híbrida y la vulnerabilidad de las infraestructuras, aceleró la securitización del dominio marítimo en el discurso político irlandés52. La seguridad marítima pasó a asociarse cada vez más no solo con la política de defensa, sino también con la resiliencia económica, la soberanía digital, la seguridad energética y la protección de infraestructuras53.
En este sentido, la actual ministra de Defensa, Helen McEntee, reflexionó sobre el hecho de que «la protección de infraestructuras submarinas críticas es ahora un pilar central de la seguridad nacional de Irlanda»54.
Al mismo tiempo, surge una tensión entre la ambición estratégica y la realidad operativa. Aunque los responsables políticos irlandeses reconocen cada vez más la importancia estratégica del dominio marítimo, las deficiencias en las capacidades siguen siendo considerables a junio de 2026. La escasez de personal, la capacidad limitada de vigilancia, los sistemas de monitorización submarina insuficientes y las limitaciones en materia de adquisición continúan minando la eficacia operativa, hasta el punto de que el Servicio Naval dispone de un solo buque de alta mar operativo55.
Además de estas limitaciones, la gobernanza marítima requiere cada vez más enfoques integrados civiles y militares que involucren tanto actores públicos como privados para proteger las infraestructuras críticas en el Atlántico Norte. La mayoría de los cables de comunicación submarinos y los sistemas asociados siguen siendo de propiedad y operación privada, lo que genera dinámicas de gobernanza complejas en cuanto a la responsabilidad, la rendición de cuentas y la coordinación en materia de seguridad56.
Sobre esta base, la experiencia irlandesa pone de manifiesto la necesidad de mecanismos estructurados de cooperación público-privada que integren a las autoridades estatales, los operadores de infraestructuras, las agencias reguladoras y las instituciones de seguridad en marcos de gobernanza coherentes57.
Con estas premisas, el propuesto «Centro Nacional de Seguridad Marítima», concebido para integrar información civil y militar en un panorama marítimo compartido, representa una innovación institucional particularmente significativa58. Sin embargo, su efectividad dependerá de resolver los desafíos persistentes de coordinación. La propia Estrategia reconoce que el éxito requiere «un enfoque integral y multiorganismo, con roles y responsabilidades claros y una coordinación política adecuada», abarcando así la defensa, la justicia, el transporte, la energía y los asuntos exteriores.
No obstante, varios entrevistados advirtieron que la superposición institucional y la competición burocrática podrían socavar la eficacia en ausencia de mecanismos estratégicos de coordinación. En esta línea, sin una autoridad legal clara que sustente esta arquitectura de «gobierno integral», la fragmentación institucional corre el riesgo de socavar la implementación coherente, un desafío de larga trayectoria en toda la gobernanza marítima europea59.
El caso irlandés también tiene implicaciones más amplias para la cooperación en materia de seguridad marítima entre la OTAN y la UE. Aunque Irlanda sigue siendo militarmente neutral, su participación en marcos de la UE como PESCO y el «Entorno Común de Información Compartida», junto con la orientación explícita de la Estrategia hacia los socios de la OTAN y la Fuerza Expedicionaria Conjunta, ilustra que la protección de infraestructuras críticas ofrece un marco políticamente flexible para la cooperación en seguridad.
La resiliencia y las lógicas de seguridad económica permiten una alineación más profunda sin los costes internos del compromiso militar formal. En este sentido, la seguridad marítima actúa cada vez más como un puente institucional entre la política de resiliencia civil y la cooperación tradicional en defensa en toda Europa. Estas dinámicas respaldan argumentos académicos más amplios sobre la convergencia de las agendas de seguridad de la OTAN y la UE en torno a las amenazas híbridas y las infraestructuras críticas60.
En resumen, los sistemas submarinos sustentan simultáneamente la actividad económica y la seguridad nacional, lo que requiere respuestas integradas que abarquen distintos niveles institucionales y difuminan las fronteras entre lo civil y lo militar.
En conclusión, este estudio de caso muestra que los Estados costeros más pequeños pueden tener una importancia estratégica desproporcionada dentro de las arquitecturas de seguridad transatlánticas. Con el 75 % de los cables de datos del hemisferio norte atravesando o pasando cerca de aguas irlandesas, la seguridad del dominio marítimo del país no es simplemente una preocupación de interés nacional, sino más bien una cuestión de importancia estratégica colectiva para la conectividad europea y del Atlántico Norte.
Conclusiones
El presente análisis muestra que la transición de Irlanda de la «ceguera maritíma» a un enfoque más orientado a la resiliencia ha sido impulsada por el creciente reconocimiento de que la infraestructura submarina crítica es un activo estratégico vulnerable a amenazas en la zona gris. La evidencia demuestra que el aumento de la actividad rusa en el Atlántico Norte, el sabotaje del Nord Stream y el papel de Irlanda como nodo central para los datos transatlánticos y la conectividad energética han transformado fundamentalmente las prioridades de la seguridad nacional.
Sin embargo, la persistente fragmentación de la gobernanza y las deficiencias en capacidades continúan dificultando la implementación efectiva de la Estrategia Nacional de Seguridad Marítima 2026.
La gobernanza fragmentada constituye el principal obstáculo para una seguridad marítima eficaz. Al existir múltiples agencias con responsabilidades superpuestas en la protección de las infraestructuras submarinas, se generan brechas de coordinación y líneas de autoridad poco claras, Irlanda debería establecer una autoridad dedicada a la coordinación de la seguridad marítima, basándose en el propuesto «Centro Nacional de Seguridad Marítima», con un mandato legal claro para supervisar la protección de infraestructuras críticas en todos los departamentos gubernamentales.
Esto mejoraría el intercambio de información, reduciría la duplicidad burocrática y garantizaría que la seguridad marítima se trate como una prioridad de seguridad nacional y no como un conjunto de responsabilidades sectoriales.
Persiste una brecha entre la ambición estratégica y la capacidad operativa. La escasez de personal, la reducción de la capacidad de patrulla y los limitados recursos de vigilancia siguen minando la capacidad de Irlanda para vigilar y proteger su extenso dominio marítimo. Los responsables políticos deberían priorizar la inversión a largo plazo en reclutamiento, retención y tecnologías para el conocimiento del dominio marítimo, incluidos los sistemas de monitorización del lecho marino y los sistemas de vigilancia no tripulados.
Sin abordar estas deficiencias de capacidad, los objetivos establecidos en la Estrategia Nacional de Seguridad Marítima corren el riesgo de seguir siendo en gran medida aspiracionales, más que operativamente viables.
Dado que la mayoría de los cables submarinos y la infraestructura asociada son de propiedad privada, una protección efectiva requiere una cooperación estructurada entre agencias gubernamentales, operadores de infraestructuras y socios internacionales. Irlanda debería formalizar mecanismos de resiliencia público-privado, como evaluaciones conjuntas de riesgos, ejercicios de respuesta ante incidentes y acuerdos de intercambio de información.
Al mismo tiempo, la participación en la UE y en iniciativas europeas de seguridad marítima más amplias debería ampliarse para fortalecer la conciencia situacional y la resiliencia colectiva. La evidencia sugiere que la protección de las infraestructuras depende cada vez más de respuestas coordinadas que trascienden las distinciones tradicionales entre la seguridad civil y la militar.
En conjunto, el caso irlandés demuestra que la resiliencia marítima se ha convertido en un componente central de la gobernanza contemporánea de la seguridad. A medida que las amenazas en la zona gris afectan cada vez más a las infraestructuras críticas por debajo del umbral de un conflicto armado, la protección efectiva dependerá menos de las respuestas militares tradicionales y más de la gobernanza integrada, la preparación operativa y la cooperación sostenida entre actores públicos, privados e internacionales.
Por tanto, la experiencia de Irlanda ofrece lecciones más amplias para los Estados europeos que buscan adaptar sus políticas de seguridad a las vulnerabilidades de un entorno marítimo cada vez más interconectado.
Dr. Giovanni Parente
University College Dublin & Trinity College Dublin
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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