IEEE. África siglo XXI: ¿Nuevo espacio de batalla?

Primary global maritime choke points

10 dic 2025

IEEE. África siglo XXI: ¿Nuevo espacio de batalla?

Pedro Sánchez Herráez. Coronel del Ejército de Tierra. Analista del IEEE (CESEDEN)

Introducción: ¿África es relevante en el nuevo siglo?

África no es un país, sino un gran continente; de hecho, simplemente por extensión —más de 30 millones de kilómetros cuadrados— abarca una quinta parte de las tierras emergidas del planeta; y, además, se encuentra ubicado entre los océanos Atlántico e Índico, y con el mar Mediterráneo al norte. Un gran espacio entre mares… en una era de competencia geopolítica1 por el control de los mismos.

En esos inmensos espacios se encuentra una gran riqueza mineral, constituyendo el continente una de las principales fuentes de recursos del planeta, pues cuenta con la tercera parte de las reservas minerales del mundo; y, además, es especialmente rico en determinados elementos tales como metales preciosos, diamantes o las cada vez más importantes «tierras raras» y minerales estratégicos2, imprescindibles para las nuevas tecnologías de la información y las energías renovables, elementos cada vez más demandados y codiciados.

Y a todos estos aspectos, es preciso sumar un poderoso dividendo demográfico —proporción de personas en edad laboral—, pues no solo la población de África es la que más crece de todo el mundo —y va a continuar haciéndolo— sino que el 60 % de la misma se encuentra por debajo de los 25 años3, y considerando las altas tasas de natalidad, la tendencia es creciente. La población africana se convierte, así, en una de las potenciales fuentes de mano de obra4 del planeta y en un nuevo mercado5 para los productos y servicios de otras potencias y naciones.

Es necesario, también, considerar que África comprende múltiples espacios y regiones, lo cual, sumado a ser la cuna de la humanidad, ha generado en esa población una tremenda y poderosa diversidad que ha dado lugar a la conformación de una gran heterogeneidad y riqueza6 —cultural, lingüística, etcétera— sin parangón en otros continentes del planeta. Y esa riqueza y diversidad puede ser empleada tanto como elemento de poder blando en el continente —y fuera del mismo, en los cientos de millones de africanos de la denominada «diáspora africana»7—, como también puede instrumentalizarse como motor de exacerbación de diferendos con el viejo adagio de «divide y vencerás».

Por estas, y por otras razones, parece que África es relevante… y mucho más relevante, si cabe, en una era de confrontación geopolítica, donde viejas y nuevas potencias disputan a escala global, en un mundo interconectado y globalizado, por alcanzar sus intereses y ocupar la posición de poder a la que aspiran, en un entorno revisionista donde las normas y reglas del llamado «orden mundial» han saltado por los aires y en el cual, incluso, la dialéctica de la guerra nuclear vuelve a tener su espacio8. Y parece que África deviene en un seguro espacio de batalla… comenzando por la propia pugna por ese —o ciertas partes— de ese inmenso espacio, y continuando con sus propias disputas internas.

¡La importancia de la geografía!

A escala planetaria, la posición geográfica que ocupa el continente motiva que sus costas conformen varios de los choke points, varios de los puntos de estrangulamiento más importantes del planeta. Así, de norte a sur y en sentido de las agujas del reloj, es posible localizar el estrecho de Gibraltar9, el canal de Suez10, el estrecho de Bab el Mandeb11 y el cabo de Buena Esperanza12 (los puntos 2, 5, 6 y 3 de la imagen adjunta) puntos de paso que constituyen auténticos cuellos de botella para el tráfico marítimo mundial, y que, por tanto, se constituyen como puntos de interés geopolítico de primer orden.

Global maritime choke points
Fuente: LAURIAT, George. «Global maritime choke points», Ajot. 19 de abril de 2021. Disponible en: https://www.ajot.com/premium/ajot-global-maritime-choke-points

Si se considera que más del 80 % del comercio mundial discurre por los océanos13, y que las cadenas de valor y flujos comerciales cada vez adquieren una mayor relevancia para la economía y la propia supervivencia de las naciones —baste pensar en la cantidad de recursos energéticos que viajan por mar hacia Europa—, resulta patente la trascendencia de dichos espacios clave. Que Yibuti, un pequeño país —23.200 km2 y una población que no llega al millón doscientos mil habitantes— cuente con bases militares14 de cinco países —incluyendo los Estados Unidos—, y que haya otros más interesados en desplegar en el mismo, debido a su ubicación cerca del estrecho de Bab el Mandeb, en la parte sur del mar Rojo, da fe de esta realidad.

Desde una visión más centrada en el propio continente, África se caracteriza por contar con una elevada altitud media —unos 600 metros sobre el nivel del mar— y una orografía muy uniforme, lo cual implica que, pese a los miles de kilómetros de costa de África, esta, en su conjunto, no cuente con una gran cantidad de espacios adecuados para construir puertos, así como con comunicaciones hacia el interior del continente.

Si bien es recorrida por grandes ríos (basta recordar el Nilo, el Níger, el Congo…) estos no permiten una navegación sencilla hacia el interior, pues en su cauce se encuentran cataratas y obstáculos que les impiden constituirse en vías de entrada y salida desde las tierras interiores; igualmente, el hecho de que las cabeceras de los ríos o sus cauces no se encuentren próximos ha impedido secularmente la interconexión de los mismos, dificultando la movilidad en el interior de ese vasto continente y la aparición de grandes regiones más homogéneas. Por ello, y como se apuntaba previamente, en África es posible encontrar, debido a esa inmensa multitud de espacios15, una también inmensa heterogeneidad de gentes y lenguas, de culturas y usos distintos, debida, entre otros factores, a las dificultades a la movilidad interna creadas por la geografía.

Por otra parte, la mayor parte de la población mantiene un estilo de vida rural, relacionado con el sector primario (agricultura y ganadería esencialmente, sin olvidar la actividad minera), por lo que se concentra en las zonas donde el agua es más accesible. Así, a lo largo de los ríos y caudales de agua —basta pensar en el río Nilo y las civilizaciones que han surgido en su entorno— se concentra una gran parte de esa población que crece de manera casi exponencial, generándose, de manera creciente, una lucha por recursos tan básicos como el agua potable y la tierra fértil. Si esa dependencia de dichos recursos se analiza bajo el prisma del cambio climático16 y el ya citado crecimiento demográfico, la situación deviene en crítica en muchas zonas.

Y, ante esas dificultades, la gente migra; migra a las ciudades africanas —que crecen de manera desaforada, incluyendo las megaciudades17 de más de diez millones de habitantes—, migra fuera del continente —incrementando esa diáspora africana—. Y esa migración genera poderosos efectos, dentro y fuera de África.

Pero África no es un país, es, como se ha señalado, un continente muy diverso y variopinto18; pero, claro, también tiene una división política, una división del espacio en Estados. Y, como el espacio es grande, pues…

¡África no es un país, son muchos, pero…!

La división administrativa de África19 procede en gran parte de la época de la descolonización. De hecho, la mayor parte de sus 54 países, de sus Estados nación surgieron durante la década de los 60 del siglo pasado, en una de las últimas oleadas de descolonización del planeta. Esto implica, a su vez, que en muchos casos las fronteras de las antiguas colonias, trazadas con tiralíneas y establecidas en función de los intereses de las potencias, no respetaron ciertos límites y fronteras previas de los diferentes grupos humanos africanos, lo cual constituye, potencialmente y de facto, una poderosa fuente de conflictos.

De hecho, aún hoy se sigue señalando la colonización y sus efectos y consecuencias como la culpable de prácticamente todos —o gran parte— de los males del continente. Así, Cristina Duarte, asesora especial para África del secretario general de Naciones Unidas, destaca el impacto del colonialismo en gran parte de las carencias y dificultades de gobernanza de África, pues esa acción colonial, explica20, condujo a la formación de tres geografías diferenciadas: de un lado, el territorio administrativo de un país, el determinado por sus fronteras, mientras que por otro se encuentra el determinado por los grupos étnicos existentes, geografía que trasciende las fronteras de dichos Estados; y, por último, señala la geografía que pone de manifiesto la presencia real del Estado, el espacio en el cual el gobierno ejerce su acción y presencia, y que tiende a concentrarse en la capital y en algunas zonas, quedando amplios espacios fuera del control real y efectivo del Estado.

Y, ante esa diversidad de geografías, continúa, y ante los movimientos transfronterizos que son percibidos como amenazas y que a menudo intentan o generan intentos de cerrar fronteras, señala que no se puede contener una realidad histórica que trasciende los límites de los países… cuestión siempre compleja de gestionar y que choca con la estructuración del continente en Estados, las estructuras responsables de ejercer la soberanía sobre el territorio y la población que les compete.

Ciclo de estabilización

La estabilización de una nación, el propio proyecto de construcción nacional descansa sobre unos pilares esenciales para materializar ese proyecto en común de gentes y personas, cada una con sus ideas e intereses, pero unidas por un bien común y por un interés común.

Esos pilares pueden recibir diferentes denominaciones, o en lugar de tres, como en la imagen adjunta21, subdividirse en varios más; pero el hecho es que es necesario una mínima seguridad inicial —esa es la razón primigenia que agrupa a las personas, el «juntos somos más fuertes»—, y a partir del establecimiento de una suerte de «contrato social», por el que se ceden competencias y atribuciones a un sistema de gobierno, este proporciona no solo la seguridad, sino que establece las bases —infraestructuras, legislación, etc.— que permiten el crecimiento económico y social de esa población, lo cual redunda directamente, a su vez, en una mejora de la seguridad, tanto interna por incrementar la cohesión por esa mejora del nivel de vida como exterior, al poder aumentar la recaudación de impuestos ante ese mayor desarrollo económico y potenciar así las herramientas de seguridad, en una suerte de círculo virtuoso. Ese es, a grandes rasgos, el proceso seguido en la construcción de los Estados nación del planeta… como también la de su destrucción.

Si el ciclo gira en sentido perverso —en lugar de más seguridad, más gobernanza y más desarrollo económico y social gira en sentido opuesto, menos, menos y menos—, el Estado se desestabiliza y entra en una poderosa espiral descendente; si además tiene pocos recursos económicos —como acontece en muchos países africanos— si además, la presencia y acción de gobierno es débil o inexistente en muchas partes del mismo, y si la población no percibe una mejoría de su situación, antes bien, un empeoramiento de la misma, la desestabilización es un hecho, y además, un hecho y efecto recurrente empleado por actores, tanto internos como externos, que buscan cumplir sus propios objetivos22.

Si el Estado va dejando de tener presencia en parte del territorio, creándose un vacío de poder, un vacío de gobernanza, resulta necesario recordar que en geopolítica los vacíos siempre se llenan, y en el caso del continente africano esos vacíos son ocupados esencialmente por grupos terroristas yihadistas o grupos de crimen organizado, o por etnias o grupos étnicos que pueden estar, en muchos casos, instrumentalizados por potencias extranjeras.

¿Y qué ocurre cuando crece la inestabilidad?

¡Estados desestructurados, semillero de inseguridad!

La cantidad de Estados débiles23 o fallidos es muy grande en el continente africano, como puede apreciarse en la imagen incluida a continuación. Y resulta muy fácil superponer este mapa de Estados débiles con el de conflictos en curso en África —que también son una cantidad significativa—. ¿Será una coincidencia casual?

Fragile states index
Fuente:LANDGEIST.Fragile states index. 4 de julio de 2023. Disponible en: https://landgeist.com/2023/07/04/fragile-states-index/

De hecho, el continente africano se encuentra en un momento en el que la inestabilidad es la más elevada desde el final de la Guerra Fría, con gran parte de espacios sujetos a conflictos, y además, en un entorno de desorden global24. Durante la Guerra Fría, ambas potencias, tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética, contribuían al sostenimiento de ciertos Estados, e intentaban atraer a otros «a su causa» en esa competencia global existente, empleándolos como piezas de ese tablero mundial que ambos querían controlar. Acabada la Guerra Fría, desaparecida la Unión Soviética y el interés geopolítico de los Estados Unidos por mantenerse en el continente, muchos países entraron en una peligrosa deriva, sin los apoyos necesarios para lograr un cierto grado de estabilización. Y por ello la mayor parte de las regiones africanas se encuentran afectadas por conflictos.

Ello, además, es necesario tenerlo presente a la luz de la realidad mundial, de ese desorden global25 en el cual nos encontramos sumidos. Y a esto se le suma las dificultades económicas generadas, en un entorno ya de debilidad y entre otros aspectos, por el impacto de la pandemia de la COVID-19 y la guerra en Ucrania26, que ha incrementado el coste y la dificultad para acceder a alimentos y combustible a millones de personas, sin olvidar que en esa reordenación global actual las instituciones y organizaciones internacionales han caído en gran parte en el descrédito —baste, como simple ejemplo, los comentarios relativos a que el mundo actual no es capaz de resolver las crisis y conflictos, pues solo sirve para que se cumplan los intereses de cinco naciones: los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que se pueden encontrar en la obra publicada por el presidente turco Erdogan27— con lo cual las condiciones de vida de millones de personas empeoran y no se percibe solución. De hecho, se llega a apuntar28 que para la generación Z africana el contrato social se ha roto.

Esa inestabilidad creciente genera la posibilidad, y a la vez se ve realimentada por las narrativas de ciertas potencias extranjeras —Rusia y China, entre otras— que soplan sobre los rescoldos existentes —¿en qué grupo humano no existen rescoldos relacionados con agravios del pasado? (sean los agravios reales o no los sean tanto)— radicalizando las posiciones; y, en el caso de África, especialmente sobre los rescoldos relacionados con la colonización, sobre los efectos que la misma tuvo en el continente. Así, la colonización —y las antiguas potencias coloniales— se convierten en culpables de todos los males de los pueblos africanos, y, se abunda, es la colonización —del pasado y del presente— la que impide el desarrollo económico de dichos países. En el pasado, esas potencias coloniales, que incluso fueron esclavistas, forzaron a la población nativa, arrebatada por la fuerza de sus hogares y llevada a otros continentes, a trabajar hasta la muerte para enriquecer a sus amos, y en la actualidad, por medio de sus organizaciones internacionales, por medio de ese «orden internacional» creado a su imagen y semejanza pretenden seguir enriqueciéndose a costa de los pueblos africanos en una suerte de una nueva colonización encubierta, de un neocolonialismo29 complejo de combatir.

Y por ello las disputas y conflictos en África van creciendo a gran velocidad, en un entorno de Estados desestructurados y débiles y en muchos casos por medio de la instrumentalización de conflictos locales mediante el empleo de fuerzas delegadas, fuerzas proxys, armando a facciones, etnias o grupos que en respuesta a esa ayuda confieren ventajas geopolíticas de todo tipo a las potencias que los apoyan y que buscan cumplir sus propios objetivos e intereses, desde la obtención de espacios clave a facilitar el flujo de recursos de todo tipo —de oro a uranio, pasando por minerales estratégicos, tierras raras, hidrocarburos, etcétera—. El conflicto en Libia, iniciado en el 2011, puede contemplarse como un paradigma30 de esta situación.

Los prolongados y crecientes conflictos en África están agravando31 la crisis de gobernanza en el continente, incrementando la tensión y dificultades en muchas regiones ya frágiles y tensionadas, permitiendo la injerencia creciente de actores internacionales por medio de fuerzas delegadas, el tráfico de recursos y la manipulación por medio de la desinformación.

A la luz de las circunstancias endógenas y exógenas que concurren, la pregunta que se deriva automáticamente ante ese complejísimo escenario es ¿hay solución?

¿Conflictos sin solución?

De hecho, en ocasiones se señala la inevitabilidad de los conflictos en África32, precisamente por la configuración plural y multinacional de la mayor parte de los Estados. Por ello se apunta a dos como las dimensiones básicas de esos conflictos: una interna, fruto de esa composición y estructura multiétnica de los propios Estados, y otra internacional ligada al impacto del colonialismo, del imperialismo de ciertas naciones y de las redes económicas y cadenas de valor globales.

Edward Azar enuncia una teoría33 que denomina «el conflicto social prolongado», para el que expresa que esencialmente se conforma por luchas prolongadas y en muchas ocasiones violentas entre diferentes grupos comunitarios por necesidades básicas como son la seguridad, el reconocimiento, la capacidad de acceso político y a las instituciones de gobierno y la participación y la consecución de beneficios del sistema económico que se genere. Y estos conflictos, a diferencia de las guerras interestatales tradicionales, son muy complejos, de larga duración y se encuentran animados e impulsados por las señas de identidad y las reivindicaciones instaladas en lo más profundo del ser de los grupos involucrados, en muchas ocasiones con raíces profundas en la historia, e incluso, para más inri, involucrando en ocasiones a actores externos, sean estatales, no estatales o incluso internacionales.

Por ello, y dado que afectan a necesidades básicas, alimentan un ciclo constante de hostilidad y violencia, pues, como se ha indicado previamente, motivan que el ciclo de estabilización no gire en el sentido virtuoso, sino todo lo contrario, lo hace en sentido perverso, y por ello son conflictos multidimensionales que requieren de una compleja, difícil y, normalmente, muy costosa solución. Baste pensar que, además del coste en vidas humanas —y que alimenta un nuevo ciclo de odios y deseos de venganza— se estima que cada año de conflicto supone la pérdida de entre dos y tres puntos del producto interior bruto del país34 —en naciones en muchos casos ya empobrecidas—, a lo que es preciso sumar el incremento en costes relacionados con la defensa, en detrimento, normalmente, de programas y servicios de asistencia social.

Y, además, y aunque no se sea sujeto de conflictos, el que estos se produzcan en los países vecinos o incluso en algún lugar del propio continente tiene efectos sobre todos los demás países, en una población acostumbrada a la movilidad como parte inherente de la vida y con unas fronteras estatales no solo porosas, sino que cuentan, en muchos casos, con pocos recursos para su salvaguarda y/o no representan nada o casi nada para esas masas humanas que buscan mejores opciones de vida. Así, los migrantes forzados en muchas ocasiones se convierten en refugiados en naciones que ya tienen, dado su nivel económico y capacidades, dificultades para atender a sus propios ciudadanos. De hecho, unos 45 millones de personas —es decir, casi la población de toda España— se han desplazado debido a los conflictos35 existentes en el continente. Y la situación empeora hasta tal punto que incluso Sudáfrica, una de las potencias africanas, observa el incremento de disturbios36 entre diferentes grupos étnicos, especialmente con los procedentes de otras latitudes del continente.

Sin embargo, y ante las acusaciones constantes y frente a la culpabilización de todo al colonialismo —sin minorar ni un ápice la carga de culpa existente, que genera una «pesada mochila» histórica con impacto en el presente— no es menos cierto que, ante argumentos como el trazado de fronteras con tiralíneas como responsable de muchos de los males actuales —esas fronteras que pueden ser contempladas como «cicatrices del pasado y heridas del presente»37— conviene recordar que pudieron ser modificadas, en uso de su soberanía, por los países africanos una vez alcanzada su independencia. Basta recordar el nacimiento de Sudán del Sur en el año 201138, escindido del antiguo Sudán.

De hecho, el primer problema al que se enfrentó la Organización para la Unidad Africana, creada el 25 mayo 1963 en Addis Abeba, fue el debate sobre la «sacralidad» de las fronteras; finalmente, en la Carta Fundacional39 de la organización, en su artículo 3, se ratificaba el respeto a las fronteras heredadas de la colonización40.

La razón para esa decisión de no cambiar las fronteras, como recientemente (21 de febrero del año 2022) señaló41 el embajador de Kenia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas —con ocasión de la situación existente entre Ucrania y Rusia, que desembocaría en guerra— es que el hecho de intentar crear nuevos Estados en África, removiendo las fronteras heredadas de la época colonial sobre la base de una homogeneidad étnica, racial o religiosa, hubiera supuesto el estallido de guerras sangrientas que se seguirían librando hoy día, y que en lugar de esa opción se planteó la necesidad de avanzar en la integración económica, política y social en el continente, en lugar de crear esas naciones centradas en sí mismas y con peligrosas nostalgias.

En esencia, y dicho en otros términos, se trataría de activar adecuadamente los pilares del ciclo de estabilización para que la identidad de «ciudadano» de un país evitase que otro tipo de identidad generase conflictos por esa razón… y pensar que eso no es posible implica, automáticamente, validar de manera implícita la necesidad de que los Estados tengan «pureza» étnica, religiosa… y se estaría admitiendo y validando la imposibilidad de crear un Estado nación con algún tipo de diversidad. ¿Y eso es posible en un mundo global?

A modo de conclusión

En un mundo global no hay espacio lejano, no hay crisis ni problema que pueda quedar completamente encapsulado ni aislado, por mucho que se intente; desde el terrorismo o el crimen organizado internacional al virus de la COVID-19, todo —lo bueno y lo malo— recorre y circunvala el planeta, y afecta a todos los rincones y gentes del mismo.

Por ello, pensar que es factible permanecer al margen de los hechos y problemas, de las circunstancias complejas que afectan a un mundo complejo como el actual y sujeto a una reconfiguración geopolítica que pretende redefinir y establecer un nuevo estatus de poder y nuevas reglas en el planeta, pensar que con «ponerse de perfil» es suficiente, constituye un grave error. Y, además hablando de África, de ese espacio y esas gentes tan tensionado y sujeto a tantas presiones internas y externas, y más hablando de la frontera sur de España y de Europa, supone un craso error.

No solo es preciso contribuir a tomar las medidas adecuadas para que el planeta —y África— recuperen el orden y la estabilidad necesarias para evitar un empeoramiento progresivo de la situación —y ser conscientes de que eso supone un coste que es imperativo asumir—, sino que es preciso aprender lecciones, sacar valiosas enseñanzas de los procesos de desestabilización y conflictividad, de su génesis y praxis, a efectos de ser más resiliente a los mismos, para poder hacerlos frente y poder así seguir llevando cada persona y cada sociedad el timón de la propia vida.

Por ello, resulta muy ilustrativo el análisis, de manera objetiva y serena, de lo que está aconteciendo —y se lleva años sembrando— relacionado con la generación de debilidad institucional, la fragmentación y pérdida de la identidad ciudadana en beneficio de la tribal o grupal y el seguidismo a las poderosas corrientes de desinformación —en muchos casos de origen encubierto foráneo— que alientan a una radicalización creciente y a la fractura del orden establecido.

Pero estas cosas solo pasan en África… ¿o no?

Pedro Sánchez Herráez
COL. ET. INF. DEM
Doctor en Paz y Seguridad Internacional
Analista del IEEE

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]VV. AA. «Geopolítica azul: los océanos, espacios clave en el nuevo orden global», Cuaderno de Estrategia 227. Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2024. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/cuadernos-de-estrategia-227
[2]SEGURA CLAVELL, José. «Las tierras raras y la geopolítica de los minerales», esÁfrica. 17 de febrero de 2025. Disponible en: https://www.esafrica.es/politica-geopolitica/las-tierras-raras-y-la-geopolitica-de-los-minerales/
[3]UNITED NATIONS POPULATION FOUND. The Demographic Dividend Atlas for Africa: Tracking the Potential for a Demographic Dividend. 2017. Disponible en: https://www.unfpa.org/resources/demographic-dividend-atlas-africa-tracking-potential-demographic-dividend
[4]CHINA DAILY.COM. «Chinese shoemaker finds a snug fit in Ethiopian market». 19 de junio de 2025. Disponible en: https://www.chinadaily.com.cn/a/202506/19/WS6853613fa310a04af22c721c.html
[5]BUSSINESSTECH. «Africa: the next frontier of global markets growth». 27 de noviembre de 2025. Disponible en: https://businesstech.co.za/news/industry-news/844703/africa-the-next-frontier-of-global-markets-growth/
[6]CEEDO, Buur. «La riqueza de la diversidad cultural africana: desafíos sociales y su contribución al mundo», Historia General de África. 8 de febrero de 2025. Disponible en: https://historiadeafrica.com/la-riqueza-de-la-diversidad-cultural-africana-desafios-sociales-y-su-contribucion-al-mundo/
[7]PETTIGREW, Gary. «La diáspora africana: desmitificada», African Ancestry. 10 de mayo de 2024. Disponible en: https://africanancestry.com/es/blogs/glossary/african-diaspora-demystified
[8]VALDÉS FERNÁNDEZ, Ricardo. «El actual contexto de retórica nuclear», Revista Española de Defensa. Noviembre 2024, pp. 56-59. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/Galerias/gabinete/red/2024/11/p-56-59-red-421-nucleares.pdf
[9]CARROUÉ, Laurent. «El estrecho de Gibraltar: una puerta, un cerrojo y una interfaz estratégica, entre el Atlántico y el Mediterráneo, Europa y África», CNES. Disponible en: https://cnes.fr/geoimage/el-estrecho-de-gibraltar-una-puerta-un-cerrojo-y-una-interfaz-estrategica-entre-el-atlantico-y-el
[10]SOUTH PACIFIC LOGISTICS. «¿Qué es el canal de Suez y por qué es importante para el transporte marítimo?», Transporte marítimo. 15 de diciembre de 2023. Disponible en: https://web.splogistics.com/blog/post/1024/que-es-el-canal-de-suez-y-por-que-es-importante-para-el-transporte-maritimo
[11]RAGA AGUILERA, Ana. El estrecho de Bab el-Mandeb: consideraciones geopolíticas del estratégico cuello de botella. Documento de Opinión IEEE 19/2020, 10 de marzo de 2020. Disponible en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2020/DIEEEO19_2020ANAAGU_BabMandeb.pdf
[12]HERNÁNDEZ DÍAZ, José Rafael. «Cabo de Buena Esperanza, de ruta clave a zona de incertidumbre», Puente de Mando. 24 de febrero de 2025. Disponible en: https://www.puentedemando.com/cabo-de-buena-esperanza-de-ruta-clave-a-zona-de-incertidumbre/
[13]ONU. «Transporte marítimo: UNTACD publica nuevas estadísticas». 23 de abril de 2025. Disponible en: https://unctad.org/es/news/transporte-maritimo-unctad-publica-nuevas-estadisticas
[14]DESCIFRANDO LAGUERRA. «Mapa de las bases militares extranjeras en Yibuti». 17 de febrero de 2024. Disponible en: https://www.descifrandolaguerra.es/mapa-de-las-bases-militares-extranjeras-en-yibuti/
[15]MARSHALL, Tim. Prisioneros de la geografía. Ediciones Península, 2017, pp. 169-163.
[16]UNICEF. Sequía en África, un desafío humanitario urgente. 4 de marzo de 2025. Disponible en: https://www.unicef.es/blog/sostenibilidad/sequia-en-africa
[17]SOLER, David. «Las megaciudades del futuro en África», Africa Mundi. 1 de noviembre de 2021. Disponible en: https://www.africamundi.es/p/las-megaciudades-del-futuro-en-africa
[18]FALOYIN, Dipo. África no es un país. Editorial Capitán Swing, 2024.
[19]GIL, Albert. «El mapa político de África», El Orden Mundial. 15 de agosto de 2023. Disponible en: https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/mapa-politico-africa/
[20]UNITED NATIONS. Root Causes of Conflicts in Africa Must Be Addressed beyond Traditional Response, Special Adviser Tells Security Council Debate on Silencing Guns. Meetings Coverage and Press Release, SC/15249, 30 de marzo de 2023. Disponible en: https://press.un.org/en/2023/sc15249.doc.htm
[21]EJÉRCITO ESPAÑOL. Operaciones de estabilización, Mando de Adiestramiento y Doctrina, PD2-001 (vol. 3). 2013, página 10.
[22]Muestra de la certeza de esta afirmación, apuntar lo siguiente, extraído del manual de contrainsurgencia del Ejército Español: «A grandes rasgos, el efecto del proceso de actuación de una insurgencia es el siguiente: se genera inestabilidad (o al menos, se crea dicha percepción), lo que automáticamente conlleva la ralentización de la actividad económica (retirada de capital extranjero, disminución de las inversiones locales, cierre de negocios, etc.); esta menor actividad económica conduce a un aumento del desempleo, lo que incrementa sustancialmente el malestar social y conlleva una mayor demanda de asistencia social, en un momento en el que el Estado recibe unos ingresos más bajos debido a una menor recaudación vía impuestos. Ante esa situación, aumenta la pérdida de legitimidad del Estado (el argumento es: «para qué se necesita, si no me proporciona nada») y crece la corrupción y las economías sumergidas y paralelas al margen de la actividad oficial. Si no se invierte la tendencia, se producirán emigraciones masivas en busca de una situación de seguridad y estabilidad económica mayor. Mientras, en la zona en cuestión, el poder institucional no solo pierde su legitimidad, sino que la incapacidad económica de mantener adecuadamente las herramientas de seguridad (ejército y policía) y sus estructuras judiciales conducen a la pérdida del monopolio de la violencia, apareciendo el cobro por protección, la pérdida de la conciencia de ciudadano y el agrupamiento por clanes y grupos como medida de seguridad ante los grupos insurgentes y mafiosos cada vez más poderosos y menos cuestionados. Finalmente, el Estado pierde el control de amplias zonas del territorio, dejan de custodiarse las fronteras, y gobierno e instituciones no son más que figuras desprovistas de capacidad real y moral de actuar». Ejército español, Contrainsurgencia, Mando de Adiestramiento y Doctrina, PD3-301. 2008, pp. 3-5.
[23]LANDGEIST. Fragile states index. 4 de julio de 2023. Disponible en: https://landgeist.com/2023/07/04/fragile-states-index/
[24]INTERNATIONAL CRISIS GROUP. «Eight priorities for the African Union in 2025», Briefing 205/ Africa. Disponible en: https://www.crisisgroup.org/africa/african-union-regional-bodies/b205-eight-priorities-african-union-2025
[25]SÁNCHEZ HERÁEZ, Pedro. La nueva pugna de las potencias: ¿guerra mundial 3.0 o guerra fría 2,0?. Documento de Análisis IEEE 28/2023. 19 de abril de 2023. Disponible en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2023/DIEEEA28_2023_PEDSAN_Potencias.pdf
[26]HAMEIDA, Ebbaba. «La guerra en Ucrania mata en África: “si no podemos comer, no podemos vivir”», RTVE. 13 de junio de 2022. Disponible en: https://www.rtve.es/noticias/20220613/guerra-ucrania-mata-hambre-africa/2383917.shtml
[27]ERDOGAN, Recep Tayyip. A fairer world is possible: a proposed model for a United Nations reform. Turkuvaz Kitap, 2021.
[28]PIA. «La “primavera” de la generación Z». 8 de septiembre de 2024. Disponible en: https://noticiaspia.com/la-primavera-de-la-generacion-z/
[29]YAO NICAISE, Adu. «The challenges of combating nocolonialism in Africa», Valdai Club. 2 de julio de 2025. Disponible en: https://valdaiclub.com/a/highlights/the-challenges-of-combating-neocolonialism/
[30]SÁNCHEZ HERÁEZ, Pedro. Libia: ¿el modelo de conflicto del siglo XXI? Documento de Análisis IEEE 21/2019. 3 de julio de 2019. Disponible en: https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2019/DIEEEA21_2019PEDSAN_Libia.pdf
[31]AFRICA CENTER FOR STRATEGIC STUDIES. «Africa´s 2024 security trends in 10 graphics». 17 de diciembre de 2024. Disponible en: https://africacenter.org/spotlight/africa-2024-security-trends-graphics/
[33]AZAR, Edward A. The management of protracted social conflict. Dartmouth Publishing Co Ltd. 1990.
[34]AFD. «Armed conflicts in Africa: a continent “trapped in stereotypes”?». 27 de enero de 2025. Disponible en: https://www.afd.fr/en/impact-interventions-conflict-africa
[35]GEOPOLITICAL FUTURES. Africa´s worsening refugee crisis. 23 de mayo de 2025. Disponible en: https://geopoliticalfutures.com/africas-worsening-refugee-crisis/
[36]UNITED NATONS. «South Africa ‘on the precipice of explosive xenophobic violence’, UN experts says». 15 de julio de 2022. Disponible en: https://news.un.org/en/story/2022/07/1122612
[37]SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro.Siglo XXI: Fronteras… ¿cicatrices de la historia o heridas del presente? Documento de Análisis IEEE 61/2023. 6 de septiembre de 2023. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/siglo-xxi-fronteras-cicatrices-de-la-historia-o-heridas-del-presente
[38]PALACIÁN DE INZA, Blanca. Sudán del Sur: una adolescencia conflictiva. Documento de Análisis IEEE 39/2025. 28 de mayo de 2025. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee.-sud%C3%A1n-del-sur-una-adolescencia-conflictiva
[39]OUA Charter. 25 de mayo de 1963. Disponible en: https://au.int/sites/default/files/treaties/7759-file-oau_charter_1963.pdf
[40]ARCONADA LEDESMA, Pablo. «El nacimiento de la OUA y obstáculos africanos», Africaye.org. 2 de junio de 2020. Disponible en: https://www.africaye.org/nacimiento-oua-obstaculos-africanos/
[41]KIMANI, Martin. «Statement to an Emergency Session of the UN Security Council on the Situation in Ukraine», American Rhetoric. 22 de febrero de 2022. Disponible en: https://www.americanrhetoric.com/speeches/martinkimaniunitednationsrussiaukraine.htm
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