
15 oct 2026
IEEE. Doble uso, opacidad y disuasión: la IA y la erosión de la señalización estratégica
Pau Muñoz Pairet. Doctor en Inteligencia Artificial y en Estudios Estratégicos. Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia Comillas
Introducción
Los recursos naturales, demográficos y tecnológicos no están distribuidos de manera uniforme entre los Estados. Desde una lectura realista, esta asimetría, unida a la ausencia de una autoridad supranacional efectiva, alimenta la competencia por la seguridad. Los Estados procuran preservar su supervivencia mediante el poder militar, entendido tanto como capacidad para ejercer fuerza hacia el exterior como para defenderse de amenazas de terceros y proteger su población, territorio e instituciones1. La superioridad relativa puede facilitar la coerción, pero no convierte la guerra en una consecuencia inevitable: también sirve para sostener la defensa, la negociación y la disuasión.
En este contexto, los gobiernos emplean mecanismos de señalización para comunicar capacidades e intenciones y para interpretar las de sus adversarios. Los trabajos de Thomas Schelling y Robert Jervis permiten entender cómo las amenazas, los compromisos y las percepciones influyen en el cálculo estratégico2. Los ejercicios, las adquisiciones de armamento y los ensayos tecnológicos proporcionan información, aunque su significado depende del contexto político y de la credibilidad de quien los realiza.
La irrupción de la inteligencia artificial (IA), como tecnología transversal de doble uso, modifica esa arquitectura. Un sistema puede cambiar de comportamiento mediante ajustes en sus modelos, datos o software sin que su apariencia exterior revele la transformación. La tesis de este artículo es que esa distancia entre lo observable y la capacidad efectiva erosiona determinados fundamentos de la señalización estratégica y exige adaptar los instrumentos de confianza y verificación.
El análisis es conceptual y se apoya en bibliografía estratégica, documentos institucionales y ejemplos públicos. No pretende medir el grado de opacidad de todos los sistemas de IA ni demostrar una relación causal uniforme entre su adopción y el conflicto. Su propósito es identificar mecanismos de incertidumbre y las condiciones bajo las cuales pueden afectar a la credibilidad de las señales.
El sistema internacional como dinámica de la información
En el realismo ofensivo, la búsqueda de poder relativo ocupa un lugar central en la explicación del comportamiento de las grandes potencias3. Sin embargo, la inseguridad también puede conducir a estrategias defensivas: un Estado puede reforzar sus capacidades para resistir una agresión, mientras su adversario interpreta ese refuerzo como preparación ofensiva. El problema no reside únicamente en la distribución material del poder, sino en la información disponible sobre su finalidad.
Los Estados se enfrentan así a preguntas recurrentes: ¿cuál es la fuerza real del adversario? ¿Hasta qué punto es creíble su amenaza o su disposición a aceptar un acuerdo? La teoría de la negociación estratégica muestra que comunicar capacidades y determinación puede modificar los incentivos sin recurrir al empleo efectivo de la fuerza4. Una señal útil debe ofrecer información relevante y resultar suficientemente costosa, contrastable o vinculante para distinguirse de una mera declaración.
Cuando la señalización funciona, las partes ajustan sus expectativas y amplían el espacio de negociación. Cuando falla, por engaño, errores de interpretación o dificultades de verificación, crece el riesgo de cálculo equivocado. La información no explica por sí sola el estallido de una guerra: intervienen intereses incompatibles, problemas de compromiso y decisiones políticas. Su calidad sí condiciona la posibilidad de anticipar costes, reconocer límites y evitar escaladas involuntarias. La estabilidad depende, por tanto, de capacidades defensivas creíbles y de una comunicación que permita interpretarlas.
También importa distinguir entre informar sobre una capacidad y comprometerse a utilizarla. Un ejercicio puede demostrar cierta preparación sin revelar qué decisión tomará un gobierno bajo presión. A la inversa, una declaración política es capaz de expresar determinación sin acreditar los medios disponibles. La interpretación estratégica combina ambas dimensiones y las contrasta con la conducta observada. Esta distinción evita atribuir a la transparencia técnica una función que depende igualmente de las relaciones políticas y de la confianza acumulada entre las partes.
La señalización estratégica clásica: del armamento nuclear a la disuasión convencional
El armamento nuclear ofrece un caso especialmente relevante de señalización. Su elevado coste, las instalaciones que requiere y determinadas huellas físicas de su desarrollo permiten obtener indicios externos de capacidad5. Los ensayos explosivos pueden detectarse mediante técnicas sísmicas, hidroacústicas, infrasónicas y de radionúclidos6. Esta observabilidad no equivale a transparencia completa: persisten incertidumbres sobre arsenales, doctrinas, disponibilidad y voluntad de empleo.
Sobre una parte de esas propiedades se construyeron instrumentos jurídicos y técnicos de verificación. El Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) establece obligaciones diferenciadas, y las salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) verifican el cumplimiento de compromisos relativos al uso pacífico de materiales y tecnologías nucleares7. Este sistema no debe confundirse con una inspección general de todas las cabezas nucleares o los vectores militares. Su eficacia depende de los acuerdos aplicables, del acceso disponible y de la cooperación estatal.
La experiencia nuclear muestra que es posible sostener la disuasión con información incompleta. La capacidad de represalia y la percepción de daños inaceptables han contribuido a contener enfrentamientos directos entre potencias nucleares, aunque no han eliminado las crisis ni las guerras por intermediarios. La estabilidad no procede de una tecnología perfectamente legible, sino de una combinación de capacidades, señales, instituciones y aprendizaje político8.
La carrera espacial ilustra que el doble uso tampoco es una novedad. El lanzamiento del Sputnik en 1957 fue un logro científico y una señal del desarrollo soviético de cohetes de largo alcance9. Su órbita era observable por terceros, aunque no demostraba por sí sola todas las prestaciones de un arsenal operativo. La distinción es importante: una prueba física puede acreditar una capacidad delimitada sin resolver todas las incertidumbres sobre su empleo militar.
El problema que plantea la IA debe formularse en términos comparativos. Muchas tecnologías combinan usos civiles y militares; lo relevante es qué relación cabe establecer entre la evidencia externa y una capacidad concreta. En los sistemas convencionales también existen ocultación y engaño. La diferencia aparece cuando una parte creciente de la capacidad depende de componentes informacionales que pueden modificarse sin cambios materiales equivalentes.
La inteligencia artificial como tecnología de doble uso: revisión de los fundamentos clásicos
La IA puede intervenir en el análisis de información, la logística, el apoyo a decisiones y el funcionamiento de plataformas con distintos grados de autonomía. Su efecto militar está condicionado por la integración técnica, la organización y la formación, además del rendimiento del algoritmo10. Tampoco deben identificarse automáticamente IA, automatización y autonomía: son conceptos relacionados, pero una plataforma no tripulada puede estar controlada a distancia y un sistema de apoyo puede incorporar IA sin decidir por sí mismo11.
Los desarrollos industriales muestran esta diversidad. Saab anunció en junio de 2025 tres vuelos con el agente Centaur de Helsing integrado en un Gripen E; el primero se realizó el 28 de mayo12. Helsing presentó en septiembre de 2025 el proyecto CA-1 Europa mediante una maqueta a escala real, cuya entrada en servicio sigue siendo un objetivo de desarrollo13. Por su parte, el Ejército de Tierra estadounidense anunció en marzo de 2026 un contrato marco con Anduril, de hasta veinte mil millones de dólares, para consolidar la adquisición de sus soluciones comerciales14. Las pruebas, los anuncios industriales y los techos contractuales constituyen señales diferentes; ninguno acredita por sí solo un despliegue completo ni un rendimiento en combate.
Esta evolución se relaciona con las operaciones multidominio. La OTAN distingue los dominios terrestre, marítimo, aéreo, espacial y cibernético, con efectos que también se proyectan sobre la dimensión cognitiva15. La IA puede facilitar la fusión de información y mejorar la coordinación entre dominios, pero no es una condición imprescindible: los ataques y las respuestas pueden planificarse y coordinarse mediante procedimientos tradicionales. La experiencia de Ucrania, analizada en documentos del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), muestra la interacción de capacidades convencionales, digitales y no tripuladas, cuyo resultado depende asimismo del mando y de la adaptación organizativa16.
La dimensión informativa añade otra dificultad. Los modelos generativos pueden abaratar la producción de contenido sintético y facilitar la presentación engañosa de capacidades o acontecimientos17. Eso no elimina la posibilidad de contrastar una imagen o una declaración con sensores, fuentes independientes y análisis de contexto. Sí incrementa el esfuerzo de autenticación necesario para que las señales públicas resulten creíbles. El engaño precede a la IA; cambian su escala, velocidad y accesibilidad.
La infraestructura constituye un segundo foco de ambigüedad. Un centro de datos puede alojar servicios civiles y aplicaciones militares, aunque no todas las instalaciones tengan las prestaciones requeridas para entrenar modelos avanzados. Los chips, el suministro eléctrico y las instalaciones siguen siendo físicos y potencialmente observables; resulta más difícil inferir qué modelo se ejecuta, con qué datos y con qué finalidad18. La capacidad de cómputo ofrece un indicador parcial, no una medida directa de eficacia militar.
La naturaleza distribuida de la cadena de valor complica esa inferencia. Modelos, datos y aplicaciones circulan entre organizaciones, mientras la integración con sensores, comunicaciones y procedimientos operativos determina su utilidad efectiva. Por ello, contar equipos o inspeccionar instalaciones sigue aportando información, pero no basta para verificar todas las capacidades. La tabla 1 resume estas diferencias como tendencias analíticas, sujetas a variación según el sistema considerado.
| Dimensión | Capacidades clásicas | Capacidades basadas en IA |
|---|---|---|
| Evidencia externa | Firmas físicas; acceso condicionado | Infraestructura observable; función menos visible |
| Localización | Instalaciones y plataformas identificables | Cómputo localizado; servicios distribuidos |
| Doble uso | Presente en componentes y vectores | Extendido en datos, modelos e infraestructura |
| Atribución | Variable según sistema y contexto | Compleja en ciberespacio; exige diversas fuentes |
| Verificación | Regímenes sectoriales con límites | Evaluaciones específicas y acuerdos parciales |
| Coste de acceso | Elevado en sistemas estratégicos | Variable; alto en capacidades avanzadas |
| Prueba pública | Acredita prestaciones delimitadas | Depende de versión y condiciones de ensayo |
La comparación exige, además, considerar el tiempo. Una demostración informa sobre una versión del sistema en unas condiciones concretas; pierde valor si cambian los datos, las conexiones o el entorno de empleo. Para interpretar una señal no basta con conocer el resultado de una prueba: importa saber qué aspecto de la capacidad acredita y durante cuánto tiempo sigue siendo representativo. Este carácter dinámico complica los acuerdos basados exclusivamente en inventarios y desplaza parte de la atención hacia los procedimientos de evaluación. Se trata de una diferencia de grado y de objeto, no de una desaparición de toda base material.
Implicaciones: opacidad, atribución y erosión de la disuasión
La opacidad afecta al cálculo disuasorio. La disuasión puede basarse en negar al adversario sus objetivos o en amenazar con imponerle costes. Ambas vías requieren que las capacidades y la voluntad de emplearlas resulten suficientemente creíbles. Si una actualización altera prestaciones difíciles de observar, aumenta el margen para subestimar o sobrestimar al rival. Esta incertidumbre puede favorecer errores de cálculo, aunque también inducir prudencia; su efecto no es mecánico y depende de la situación estratégica19.
La atribución cibernética plantea un problema relacionado. La intermediación, la reutilización de herramientas y la manipulación de indicios ya dificultaban identificar responsables antes de la expansión de la IA20. La IA puede ampliar algunos riesgos, pero también apoyar el análisis defensivo21. Conviene distinguir la atribución técnica, la valoración de inteligencia y la decisión política de hacer pública una acusación. Una atribución incierta puede debilitar la amenaza de represalia, sin anular otras formas de disuasión basadas en resiliencia, defensa y cooperación.
La verificación internacional cambia igualmente de objeto. En sistemas de alerta temprana, apoyo al análisis o mando y control nuclear, los componentes algorítmicos pueden afectar a la interpretación de información crítica22. Verificar una instalación física no permite conocer necesariamente cómo se comportará un modelo fuera de las condiciones de prueba. Las evaluaciones requieren delimitar funciones, entornos de empleo y criterios de fiabilidad. El acceso a información sensible, además, plantea restricciones políticas y de seguridad que dificultan trasladar directamente los modelos de inspección tradicionales.
El control humano significativo, denominado habitualmente meaningful human control, constituye una respuesta relevante, pero debe traducirse en capacidad efectiva de comprensión e intervención. La presencia formal de un operador resulta insuficiente si carece de tiempo, información o autoridad para modificar una decisión. El diseño del sistema debe permitir reconocer límites, gestionar fallos y conservar responsabilidades claras23. La supervisión humana contribuye a reducir riesgos operativos; no sustituye por sí sola la verificación externa de compromisos internacionales.
Las asimetrías en la cadena de valor añaden una dimensión estructural. El acceso a semiconductores, infraestructura, datos y talento condiciona la autonomía de los Estados, mientras la competencia entre grandes potencias se apoya en indicadores incompletos24. La difusión de ciertas herramientas reduce barreras de entrada, pero desarrollar y sostener capacidades avanzadas puede exigir recursos elevados. De ahí que resulte inadecuado caracterizar toda la IA como una tecnología barata o asumir que el acceso a un modelo equivale a una capacidad militar integrada.
En el espacio informativo, el contenido sintético puede erosionar la confianza en mensajes, pruebas y compromisos públicos. La señalización exige distinguir entre capacidad anunciada, capacidad demostrada y capacidad disponible bajo condiciones operativas. Una respuesta razonable combina autenticación de fuentes, contrastación independiente y comunicación de incertidumbres. El objetivo no es eliminar toda opacidad, algo difícilmente compatible con la seguridad nacional, sino evitar que la ambigüedad haga imposible reconocer límites y compromisos durante una crisis.
Conviene separar la incertidumbre sobre el adversario de la incertidumbre sobre el propio sistema. Es posible que una organización desconozca cómo responderá una herramienta fuera de las condiciones habituales, incluso disponiendo de acceso interno a ella. Si comunica una capacidad a partir de pruebas limitadas, puede transmitir una confianza que tampoco está justificada para sus responsables. La señalización exige, por ello, evaluar tanto la credibilidad externa como la solidez del conocimiento propio. El riesgo de cálculo equivocado no procede únicamente de la ocultación deliberada: también puede surgir de expectativas excesivas, resultados poco representativos o interpretaciones incompatibles de una misma demostración. Esta distinción permite formular el problema sin asumir que toda opacidad responde a una estrategia de engaño.
La adaptación doctrinal debe considerar asimismo las señales defensivas. Demostrar capacidad para mantener servicios esenciales, recuperar funciones o conservar el control de una decisión puede reforzar la disuasión sin revelar detalles de capacidades ofensivas. No se trata de convertir esas demostraciones en garantías universales, sino de hacer explícito qué compromiso respaldan y qué incertidumbres permanecen. En situaciones de crisis, las declaraciones prudentes sobre límites resultan a menudo más útiles que las promesas de autonomía o superioridad general. La credibilidad depende de la coherencia entre el mensaje, la evidencia disponible y la conducta posterior. La IA introduce nuevas dificultades en esa relación, pero no elimina la función del juicio político ni la necesidad de canales de comunicación estables.
El espacio regulatorio y la posición europea
El Reglamento (UE) 2024/1689 establece obligaciones diferenciadas según el riesgo y una aplicación escalonada. Su alcance estratégico tiene un límite esencial: el artículo 2.3 excluye los sistemas en la medida en que se destinen exclusivamente a fines militares, de defensa o de seguridad nacional. Los usos civiles o mixtos requieren analizar el ámbito de aplicación correspondiente25. Por tanto, el Reglamento no constituye un régimen general de control del armamento basado en IA.
España cuenta con la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial (AESIA), cuyo estatuto fue aprobado por el Real Decreto 729/202326. La Estrategia de Inteligencia Artificial 2024 actualiza el esfuerzo iniciado con la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial de 2020 y vincula capacidad tecnológica, difusión de la IA y responsabilidad27. Estas herramientas pueden aportar experiencia de supervisión y evaluación, pero su existencia no garantiza una capacidad de verificación militar ni una aceptación internacional de los estándares europeos.
En el plano aliado, la Estrategia de IA de la OTAN, revisada en julio de 2024, articula seis principios de uso responsable: legalidad, responsabilidad y rendición de cuentas, explicabilidad y trazabilidad, fiabilidad, gobernabilidad y mitigación de sesgos28. Para España, el reto es conectar interoperabilidad militar, base industrial y prácticas de evaluación, respetando la diferencia entre obligaciones jurídicas civiles y compromisos doctrinales. La gobernabilidad incluye la posibilidad de intervenir ante comportamientos no deseados; no debe reducirse a una declaración genérica de buena gestión.
De esa distinción se desprende una agenda de cooperación que conviene someter a examen. Compartir criterios de evaluación o comunicar incidentes relevantes puede resultar menos intrusivo que exigir acceso completo a modelos, datos y sistemas de mando. Sin embargo, ninguna de estas medidas ofrece garantías automáticas: los participantes deben acordar qué información permite contrastar un compromiso y cómo evitar que su intercambio exponga vulnerabilidades. La reciprocidad, la protección de información sensible y la posibilidad de revisar los mecanismos cuando cambie la tecnología son condiciones de viabilidad. La utilidad estratégica debe juzgarse por su contribución a decisiones más informadas, especialmente durante episodios de tensión.
Conclusiones
La señalización estratégica contribuye a la estabilidad cuando permite interpretar capacidades e intenciones con suficiente credibilidad. La defensa frente a amenazas externas forma parte de esa lógica, junto con la posibilidad de imponer costes. La experiencia nuclear y convencional ofrece instrumentos útiles, pero también enseña que la disuasión siempre ha operado con información incompleta y con riesgos de percepción equivocada.
La IA modifica algunos fundamentos de ese intercambio porque debilita la correspondencia entre infraestructura visible y capacidad efectiva. El carácter dual, la actualización del software y la dependencia del contexto de empleo complican la inferencia externa. No desaparecen las huellas físicas ni todas las posibilidades de verificación; cambia la combinación de evidencias necesaria para sostener una evaluación razonable.
La respuesta europea debe reconocer los límites de la regulación civil y desarrollar su articulación con los marcos de defensa. Los debates del Grupo de Expertos Gubernamentales sobre sistemas de armas autónomas letales, en el marco de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, ofrecen un foro relevante, aunque su objeto no abarca todas las aplicaciones militares de IA29. Trasladar principios a compromisos verificables requiere acuerdos sobre el alcance, las evidencias admisibles y la protección de información sensible.
Como orientación doctrinal, se propone avanzar hacia una transparencia gradual sobre funciones y límites, evaluaciones acordadas y mecanismos de comunicación de incidentes. Estas medidas deben examinarse según su viabilidad técnica, reciprocidad y utilidad en crisis. España puede contribuir mediante capacidades de evaluación, cooperación aliada y participación multilateral. El objetivo es reconstruir condiciones de confianza suficientes para que la innovación tecnológica no amplíe, sin contrapesos, el riesgo de conflicto por error de cálculo.
Pau Muñoz Pairet
Doctor en Inteligencia Artificial y en Estudios Estratégicos
Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia Comillas
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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