
21 abr 2026
IEEE. India y Pakistán: la cicatriz donde la frontera nunca duerme
Javier Fernández Aparicio. Analista del IEEE (CESEDEN)
Introducción: Pahalgam, ataque terrorista
Más allá del mediodía del 22 de abril de 2025, un comando terrorista llegó a Pahalgam, en el distrito de Anantnag, dentro de Jammu y Cachemira, y asesinó a sangre fría a veintiséis personas, veinticinco indios y un ciudadano nepalí que trabajaba de auxiliar. También hubo un número indeterminado de heridos. Pahalgam está a unos noventa kilómetros de Srinagar, capital de la Cachemira india, y a unos 35 de la cueva-templo de Amarnath, lugar de culto del Amarnath Yatra, una peregrinación hindú celebrada durante el verano y que congrega a cientos de miles de devotos provenientes de diversas partes de India. Así, toda la región se conforma como una ruta de peregrinación relevante para los hindúes y un hermoso espacio natural entre valles en las estribaciones del Himalaya. El de Pahalgam no fue el primer atentado en el enclave, pero sí tienen el récord de ser el más mortífero en toda la India desde el ataque terrorista en Bombay en 2008, que dejó 173 personas muertas.
Figura 1. El idílico valle de Pahalgam, el entorno del atentado del 22 de abril.
Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Pahalgam_Valley.jpg
Según el Gobierno indio, menos de 24 horas después, el grupo terrorista Frente de Resistencia (TRF, por sus siglas en inglés), de ideología nacionalista separatista y, supuestamente, dependiente del más grande e islamista suní Lashkar‐e‐Tayyiba (LeT, por sus siglas); traducido al español como «El Ejército de los Puros», grupo creado en 1990 y al que se le acusa, por ejemplo, de la autoría del atentado en Bombay. También hay que reseñar que el TRF negó su participación en el ataque, según un comunicado en un canal de Telegram y acusó, a su vez, a la India de desacreditar así el llamado «movimiento de resistencia de Cachemira» (Sharma, 2025).
Figura 2. Territorio en disputa de Cachemira entre tres países: India, Pakistán y China.
Fuente: CIA World Factbook, en Commons. Disponible en: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Kashmir_map.jpg
Otro dato a referir es que el atentado de Pahalgam no ha sido el único ni el más grave durante el mandato de Modi, pues, en 2019, en Pulwama, un terrorista suicida causó la muerte de 46 personas; pero sí que ha sido un golpe a los intentos de su Gobierno de presentar una situación de normalidad en la conflictiva región, máxime si se tiene en cuenta que desde 2019, no sin polémica, se había derogado el artículo 370 de la Constitución india, que reconocía el estatus especial de Jammu y Cachemira, en aras de un mayor control por parte del Gobierno central de Nueva Delhi.
Una región como Cachemira, que se ha visto envuelta en conflictos internos y guerras entre India y Pakistán desde la partición de 1947, volvía a incendiarse desde Pahalgam, pues en respuesta al ataque terrorista desde la India se planearon pronto represalias cuyo objetivo final estaba en el propio Pakistán, ya que desde Nueva Delhi se acusó al país vecino, endémico enemigo desde aquel 1947, de amparar a los terroristas yihadistas y separatistas en la Cachemira controlada por este país; así como valerse de una política de amparo al terrorismo no solo para desestabilizar a la región, sino a la misma India en general, que puede ver comprometidas sus prioridades como gran potencia de Asia-Pacífico (IEEE, 2025).
Efectivamente, el ataque terrorista ha sido interpretado por sectores militares indios como una posible estratagema paquistaní destinada a provocar a Nueva Delhi. El general S. P. Vishwasrao, antiguo agregado de defensa en Islamabad, sostiene que su objetivo último era generar fracturas internas y provocar una respuesta militar inmediata, para la cual Pakistán estaría preparado, en una estrategia más amplia de guerra de información destinada a desestabilizar a la India, y aprovecharía casos como las protestas de los agricultores, las movilizaciones contra la Ley de Enmienda de la Ciudadanía o los disturbios en el estado de Manipur, hechos que erosionarían la cohesión interna y debilitarían al Estado indio en sus aspiraciones de gran potencia (Philip, 2025).
Cachemira y las relaciones indo-paquistaníes desde 2014
Pakistán constituye una amenaza latente para la seguridad india, no tanto por la magnitud de sus recursos militares, inferiores a los de su vecino, sino por el papel disuasorio de su arsenal nuclear, que equilibra en cierta medida la teórica asimetría existente en las capacidades convencionales. A ello se suma que, desde 2018, se ha venido consolidando una asociación estratégica entre China y Pakistán que vuelve a introducir a un tercer actor en la ecuación regional como es China, presente ya antes en el propio conflicto de Cachemira con su dominio de la región limítrofe de Aksai Chin.
En este contexto, Cachemira ha sido, desde 1947, el epicentro de la conflictividad indo-pakistaní. La partición del subcontinente tras la independencia del Raj británico dio lugar a la primera guerra entre ambos Estados (1947-1949), concluida con la división del antiguo principado de Jammu y Cachemira mediante la Línea de Control establecida por Naciones Unidas. La segunda guerra indo-pakistaní (1965) volvió a tener como escenario principal el valle de Cachemira, mientras que el conflicto de 1971 —más centrado en la secesión de Bangladés— reafirmó las hostilidades y consolidó la rivalidad estructural. En 1999, el enfrentamiento de Kargil, inmediatamente posterior a las pruebas nucleares de ambos países en 1998, reavivó los temores de una escalada nuclear en la región (Bose, 2021).
Figura 3. Insurgencia en Cachemira. Soldados indios en una operación de rastreo de terroristas el 26 de abril de 2025.
Fuente: Nasir Kachroo Nur Photo a través de Getty Images.
Sin embargo, más allá del enfrentamiento puntual de los ejércitos convencionales indio y paquistaní, desde finales de los años ochenta en la disputada Cachemira, se empezó a experimentar otro tipo de guerra como era la insurgencia armada de carácter separatista e islamista en las regiones dominadas por la India de Jammu y Cachemira. Desde Nueva Delhi, se ha percibido a este movimiento respaldado en distintos grados por Pakistán, sin cuya ayuda no hubiera sido posible la sucesión de atentados, enfrentamientos armados y hasta los desplazamientos forzosos, en particular, el éxodo de la comunidad hindú cachemir a principios de los noventa. La llegada del siglo XXI estuvo marcada por sangrientos atentados en los que estuvo involucrado el LeT, como el del Parlamento indio en 2001 o el citado de Bombay en 2008, y que, aunque no se circunscribieron a Cachemira, evidenciaron la conexión entre estos grupos yihadistas y la conflictividad en la región.
En 2014, la llegada al poder de Narendra Modi marcó un cambio de tono en la política india hacia Pakistán, pero no hacia Cachemira, un foco persistente de violencia con la contraposición de una insurgencia local frente a una fuerte militarización india del territorio. Respecto a Pakistán, al principio de su mandato Modi sorprendió con gestos simbólicos de acercamiento —por ejemplo, invitando al primer ministro paquistaní Nawaz Sharif a su investidura—; pero pronto el marco de desconfianza mutua volvió a imponerse con Cachemira como núcleo de tensión, el incremento de incidentes, atentados contra policía y Ejército indio y, según Nueva Delhi, alentado por el apoyo logístico y político de Islamabad a esos grupos armados terroristas, cuyo objetivo hasta entonces habían sido las Fuerzas Armadas y de seguridad indias.
Así, en septiembre de 2016, un ataque contra la base de Uri dejó a diecinueve soldados muertos. Fue el inicio de las represalias indias mediante operaciones de «cirugía militar» transfronterizas contra presuntos campamentos insurgentes sitos en territorio paquistaní. El 14 de febrero de 2019 tuvo lugar en Pulwama otro atentado que causó la muerte de 46 policías indios. La acción fue reivindicada por otro mortífero grupo islamista Jaish-e-Mohammed, literalmente «El ejército de Mahoma», implicado a su vez en el ataque al Parlamento indio de 2001 e incluso declarado grupo terrorista por el Gobierno paquistaní en 2002. En represalia, India, que acusó a Pakistán de seguir siendo un país patrocinador del terrorismo, bombardeó, al parecer, un campo de entrenamiento de la organización islamista en Balakot, en territorio paquistaní, lo que llevó a un breve enfrentamiento aéreo.
Figura 4. Mapa de India con la localización de Jammu y Cachemira, más la Línea de Control.
Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:India_disputed_areas_map.svg
En agosto de 2019, Nueva Delhi dio un paso que Islamabad consideró «una anexión de facto»: revocó el artículo 370 de la Constitución india, que otorgaba a Jammu y Cachemira un estatus especial de autonomía. La región fue puesta bajo control directo del Gobierno central, con un estricto bloqueo de comunicaciones y un amplio despliegue militar. Pakistán respondió, a su vez, suspendiendo sus relaciones diplomáticas, el comercio bilateral e iniciando una campaña que presentó a la actitud de la India como contraria a la legislación internacional, en especial a la Resolución 47 de Naciones Unidas, que, desde 1948, recomienda un referéndum para decidir su estatus. Sin embargo, para la India, el asunto de Cachemira es exclusivo de su política interna (Bhasin, 2022).
Figura 5. Una manifestante cachemir en las protestas en Srinagar, capital de la región administrada por la India, durante 2010.
Fuente: Ieshan Wani, Global Voices.
Desde entonces, la relación indo-paquistaní ha transitado entre una tensa calma y brotes esporádicos de violencia fronteriza. En 2021, ambos países acordaron restablecer el alto el fuego de 2003 en dicha frontera, la llamada Línea de Control, pero la confianza en una salida al conflicto siguió estando erosionada. Lo que sí cambio fueron los objetivos de los grupos terroristas separatistas e islamistas. De atentados y enfrentamientos armados exclusivamente contra miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad indias, se ampliaron a la población civil, más en concreto, a los ciudadanos hindúes en la región y de forma específica a peregrinos llegados de otras partes del país, bajo la justificación de ser población hindú que Nueva Delhi quiere reasentar en Cachemira para cambiar el paso demográfico respecto a los musulmanes y, sobre todo, ataques contra turistas, del que el atentado de Pahalgam ha sido otro ejemplo.
En mayo de 2024, un tiroteo selectivo dentro de un complejo privado en la misma Pahalgam, donde se ha producido el atentado de abril pasado, dejó heridos a dos turistas originarios de Jaipur. En junio del mismo año, otros terroristas abrieron fuego contra un autobús que transportaba a peregrinos desde el santuario de Shiv Khori, en el distrito de Reasi. El ataque provocó que el conductor perdiera el control del vehículo, que se precipitó por un barranco, lo que causó la muerte de nueve personas, incluidos niños y mujeres.
Figura 6. Como aparece en este mapa turístico de 2019, Cachemira se ha publicitado como una región de atracción debido a la belleza de sus enclaves y lugares de culto.
Fuente: https://www.sotc.in
La cuestión del turismo para la economía cachemir es fundamental y cualquier situación de inseguridad sacude a su desarrollo. Efectivamente, se ha conformado como el motor de la región, incentivado tanto por la belleza de sus enclaves como por una política proactiva desde Nueva Delhi. Así, el aumento de la afluencia de turistas crecía exponencialmente y llegó a más de medio millón en abril de 2025. De esta forma, el atentado de Pahalgam también pudo estar motivado en el intento de torpedear la integración de Jammu y Cachemira en la Unión, poniendo el foco y socavando la actividad turística como motor principal de la misma, turismo interior indio que parece volver a recuperarse (ET Travel World, 2025).
Sindoor frente a Muro Inquebrantable: primavera bajo fuego
Tras el ataque de Pahalgam, presentar la autoría del grupo TRF y acusar a Pakistán de ampararlo, el Gobierno indio creó un comité de seguridad que desarrolló un primer plan de respuesta de cinco puntos, todos ellos centrados en Pakistán: la suspensión del Tratado de Aguas del Indo, el cierre del paso fronterizo de Attari-Wagah, la revocación de visados para ciudadanos pakistaníes, la expulsión de asesores militares paquistaníes de Nueva Delhi y la reducción del personal diplomático indio en Islamabad (Fernández Aparicio y Pandey, 2025).
Por sus efectos, lo más relevante fue la suspensión del Tratado de Aguas del Indo, un acuerdo negociado en 1960 con la mediación del Banco Mundial. La imposibilidad de acceder al cauce del río Indo expone a Pakistán a graves consecuencias en un contexto marcado de antemano por la mala situación económica y protestas generalizadas contra el gobierno del primer ministro Shehbaz Sharif. Todo un casus belli que llevó a declarar a algunos dirigentes paquistaníes que la suspensión del tratado equivalía de facto a una declaración de guerra. Al tiempo, Narendra Modi facultaba a las Fuerzas Armadas indias para planear una operación de castigo sin restricciones, lo cual indicaba que una respuesta bélica estaba por llegar más pronto que tarde. Asimismo, se registró un aumento de tensiones hacia la comunidad musulmana en diversas regiones del país, con incidentes de hostilidad y la aplicación de medidas restrictivas. Estos hechos estuvieron asociados a la narrativa dominante tras el atentado de Pahalgam, que tendió a vincular de manera generalizada a dicha comunidad con lo ocurrido (Nussbaum, 2024).
Figura 7. El río Indo y sus afluentes, esencial para la economía de India y Pakistán y objeto del tratado de reparto de aguas de 1960.
Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Indus_river-es.svg
Efectivamente, en la medianoche del 6 al 7 de mayo, la India puso en marcha la Operación Sindoor, que recibió su nombre vinculándolo a un símbolo cultural hindú en homenaje a las viudas de los asesinados en Pahalgam. La operación militar tenía como objetivo destruir nueve bases y campos de entrenamiento terroristas ubicados en la región de Aza Cachemira administrada por Pakistán, como Sawai Nala y Syedna Bilal en Muzaffarabad; Gulpur y Abbas en Kotli, y Barnala en Bhimber; pero también adentrándose en el propio Punyab paquistaní con ataques en Bahawalpur, Markaz Taiba Muridke, Sarjal Sialkot y Mehmoona Joya. En las primeras horas del día 7 de mayo, tras el inicio de la ofensiva india, Islamabad respondió con su propia campaña militar para contrarrestar aquella, bautizada Operación Bunyan-un-Marsoos, traducido como «Muro Inquebrantable», nombre que evocaba la determinación de una resistencia absoluta (Majumdar, 2025).
En un principio, la Fuerza Aérea India utilizó misiles aire-tierra desde 72 aparatos. Tras 48 horas de campaña, desde el Servicio de Relaciones Públicas de las Fuerzas Armadas de Pakistán (conocido como ISPR, por sus siglas en inglés), que centraliza la información sobre asuntos militares para los medios de comunicación, se anunció que cinco de estos aviones de combate indios, tres Dassault Rafales más un Su-30 y un MiG-29, fueron alcanzados desde tierra. Posteriormente, el primer ministro Sharif afirmó que se había derribado a un sexto avión, un Dassault Mirage 2000. Al tiempo, 42 aparatos paquistaníes, que incluían los Chengdu J-10C de origen chino, sobrevolaban el país en espera de su posible participación en combates.
Figura 8. Mapa de operaciones del 7 de mayo, basado en la información presentada por el Estado Mayor de la Fuerza Aérea de Pakistán durante una conferencia de prensa el 9 de mayo. Fuente: Janes.
La táctica de ataques aéreos india se modificó durante la madrugada del 8 de mayo y puso en liza vehículos aéreos no tripulados y sistemas de armas de ataque merodeador HAROP, pero ya no contra supuestas bases terroristas, sino para dañar la estructura de defensa aérea paquistaní. Como había hecho Pakistán, el Ejército indio también mostró imágenes de fragmentos de lo que parecían ser dos misiles PL-15 de origen chino, todo lo cual daba al intercambio de fuego un cariz de prueba de armamento y medios de inteligencia sobre el terreno, como imágenes por satélite, de diferente procedencia y al servicio de uno u otro país (Ranjan Sen y Strumpf, 2025).
Pakistán también contrarrestó la Operación Sindoor con ataques de artillería de precisión a lo largo de la Línea de Control e incursiones de comandos en sectores estratégicos, y buscó erosionar el impulso inicial de las fuerzas indias. En paralelo y como había ocurrido en 2019, el aparato diplomático paquistaní activó una ofensiva en foros internacionales, de modo que intentó encuadrar el conflicto como una agresión unilateral de la India contra la autodeterminación de Cachemira, y a lo largo de los días 8 y 9 de mayo también contraatacaba utilizando vehículos aéreos no tripulados de origen turco contra enclaves dentro de la India, que fueron desde Srinagar hasta Bhuj, población en el estado de Guyarat, además de una base militar en Dalhousie, en Himachal Pradesh, en las estribaciones del Himalaya.
Figura 9. Un avión J-10CE paquistaní, de fabricación china, exhibido en la Feria Aérea de Zhuhai en 2024.
Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:J-10CE_for_Pakistan_air_force_in_Zhuhai_airshow_2024.jpg
Así, el día 9 de mayo, el mando indio decidió atacar con vehículos aéreos no tripulados y misiles BrahMos, de diseño compartido ruso-indio, más bases aéreas, centros de comando y control y sistemas de defensa antiaérea en el Punyab paquistaní, como el aeropuerto internacional Shaikh Zayed, la estratégica base de Nur Khan, en Chaklala; destruyéndose completamente su centro de operaciones, los complejos de vehículos aéreos no tripulados en las bases aéreas de Rafiqui y Murid, más otros puntos en Arifwala y las históricas ciudades de Chunian y Sargoda. Los ataques indios alcanzaron otras regiones como Passur en Gilgit Baltistan, Bholari y Jacobabad en Sindh, donde se destruyó un hangar de aviones. A su vez, Pakistán puso en marcha un ataque masivo cibernético contra la India, cuyo alcance fue indeterminado, aunque aparecieron informaciones sobre un 70 % de la red eléctrica india afectada y webs oficiales caídas, extremo que se negó desde la India (The Express Tribune, 2025).
Figura 10. General Anil Chauhan, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas indias, que reconoció algunos errores tácticos en Sindoor.
Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Anil_Chauhan_Chief_of_Defence_Staff_(CDS).jpg
Ante el riesgo de una escalada que iba implicando más medios y objetivos en territorios de ambos países, más allá de la región de Cachemira, el 10 de mayo se anunció desde Estados Unidos un alto el fuego inmediato, confirmado en primer lugar por el viceprimer ministro paquistaní, Ishaq Dar, y poco después por el secretario de Relaciones Exteriores indio, Vikram Misri, pero reclamando cada país para sí supuestos éxitos críticos en el breve conflicto. Se desconoce el número de bajas, pero se cifra en decenas de personas. Pakistán reconoció el mismo 7 de mayo al menos veintiséis fallecidos.
En perspectiva, la Operación Sindoor y su respuesta desde Pakistán ha proporcionado más dudas que certezas sobre las capacidades operativas indias. Así, en el foro del Diálogo de Shangri-La, el 31 de mayo de 2025, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas indias, general Anil Chauhan, reconoció que la Fuerza Aérea tuvo que cambiar su estrategia a tenor de las pérdidas de aparatos indios en la primera noche de operaciones, lo que resaltó la agilidad con la que se comprendió ciertos errores tácticos y su remedio abordando otras tácticas operativas (Singh, 2025).
Consecuencias divergentes: India bajo presión y rédito paquistaní
El conflicto entre India y Pakistán no solo ha reconfigurado las dinámicas regionales, sino que ha generado repercusiones internacionales para ambos países. Aunque pudiera parecer extraño, si se observaba el discurrir de ambos países en la geopolítica internacional, con una India en claro ascenso en el concierto mundial como cuarta potencia económica, tras superar a Japón siquiera de forma simbólica en el PIB este 20251, mientras Pakistán, con graves problemas internos de índole político y socioeconómico, aparecía como un Estado aislado y respaldado únicamente por China, para India, las consecuencias del enfrentamiento han sido en gran medida negativas.
La comunidad internacional no se posicionó con claridad con India, aun justificando su operación militar por el atentado de Pahalgam, y se llamó a la contención de ambos países en una posible escalada. Con anterioridad al ataque, desde distintos foros, se expresó preocupación por la escalada militar y por las posibles violaciones de los derechos humanos en la región, en especial, desde la revocación de la autonomía en 2019, lo que ha limitado la capacidad de Nueva Delhi para proyectarse como potencia responsable e incluso ha llevado a cierta conflictividad con otros países, más allá de Pakistán2.
Se debe recordar que el atentado se produjo, por un lado, durante la visita del vicepresidente estadounidense J. D. Vance a la India y que, por otro, el propio Modi tuvo que regresar de forma apresurada de Arabia Saudí, un país con el que la India tiene estrechas relaciones. Por lo tanto, es posible que la fecha del ataque no fuera aleatoria y que los terroristas buscasen un golpe de efecto exponiendo con toda crudeza ante Occidente y el mundo musulmán la situación no resuelta de Cachemira y su conflictividad. En cualquier caso, India se enfrenta a una creciente presión que limita su margen de maniobra en Jammu y Cachemira.
Poco después del atentado de Pahalgam y el enfrentamiento indo-paquistaní del 7-10 de mayo, con India descontenta con la considerada tibieza estadounidense, presentándose Estados Unidos como mediador y no en ayuda de un supuesto aliado preferente en el Indopacífico, llegaba el definitivo desencanto indio con la administración Trump con la imposición a India de aranceles en torno al 50 % justificado en la compra india de crudo ruso; pues, de hecho, es el segundo importador a nivel global tras China, más las críticas de Trump a India de beneficiarse de la guerra de Ucrania y no importarle sus víctimas. La reacción de Modi fue inmediata, dentro de la búsqueda de autonomía estratégica, lo que reforzó los vínculos de India con otros aliados y fomentó acuerdos económicos, por ejemplo, con Japón y los países del Sudeste Asiático, pero también inició un evidente acercamiento a China, su secular rival y gran apoyo de Pakistán a lo largo de los últimos lustros.
Figura 11. El presidente Trump y el primer ministro Narendra Modi durante la visita a Estados Unidos de este último en febrero de 2025.
Fuente: AP Photo/ Alex Brandon
De esta forma, si a finales de junio en una primera cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, donde se reunían los ministros de defensa de los países miembro, India vetó la declaración final por no condenarse explícitamente al terrorismo amparado por determinados estados, en clara alusión a Pahalgam y Pakistán, el propio Modi consiguiendo que incluirlo en la declaración final de la cumbre de Jefes de Estado de la OCS en Tianjin, en la que era su primera visita a China en siete años, desde antes de los incidentes fronterizos sino-indios en el Himalaya en mayo de 2020 (Le Grand Continent, 2025). Hay que recordar que, durante las hostilidades entre la India y Pakistán, China se declaró país amigo incondicional y socio estratégico de cooperación de Pakistán «en todas las circunstancias».
Figura 12. Narendra Modi junto al presidente ruso, Vladimir Putin, y el chino, Xi Jinping, durante la Cumbre de la OCS en Tianjin, el 1 de septiembre.
Fuente: Alexander Kazakov/ Le Grand Continent
Especialistas como Christopher Jaffrelot creen que la India, en realidad, tiene una clara dependencia de China a nivel económico, lo que le lleva a alienar parte de dicha autonomía estratégica, y busca congraciarse con el gigante chino (Jaffrelot, 2025); pero no explicitar una posible oposición a Washington, algo que puede quedar descartado con la convocatoria de reuniones de alto nivel para negociar el impacto y alcance de los aranceles, además de acordarse una asociación estratégica que solvente otras posibles fricciones futuras entre ambos países (Campbell, 2025). Lo que sí es indudable es que India está desplegando esfuerzos diplomáticos considerables para aislar a Pakistán, de nuevo convertido en un incómodo vecino que, más allá del supuesto apoyo al terrorismo islamista o secesionista en Cachemira, desarrolla una diplomacia asertiva con países con los que India tiene recelos, China en primer lugar, pero también con Bangladesh, desde la caída de la primera ministra bangladesí Sheikh Hasina en agosto de 2024. India también tiene dos incómodos vecinos en Myanmar, pues su guerra ha llevado a fricciones fronterizas, y Nepal, ya que las protestas y dimisión del primer ministro Sharma Oli puede llevar, como en Bangladesh, a una política más hostil hacia India (Biswas, 2025).
Figura 13. Infografía generada mediante herramienta de IA con los datos de los principales socios comerciales de la India en 2024. Estados Unidos había desbancado a China en el primer lugar. Fuente cifras: India Forbes.
En contraste, Pakistán ha sabido capitalizar su posición en el escenario global. Aunque continúa bajo la lupa por la supuesta tolerancia a grupos armados en su territorio, Islamabad ha reforzado sus lazos estratégicos, especialmente con China y otros actores interesados en contrarrestar la influencia india. La narrativa paquistaní sobre la autodeterminación de Cachemira ha ganado eco en foros internacionales, lo que ha contribuido a una mayor visibilidad diplomática que antes le resultaba esquiva. Además, la presión internacional sobre India ha permitido a Pakistán presentarse como una víctima de su agresión, y ha mejorado su perfil político y negociador, como prueba su reciente acuerdo con Arabia Saudita que incluye asistencia mutua en caso de ataques contra uno u otro país y, de paso, contribuye a socavar la posición india entre los países del Golfo (Ardemagni y Missaglia, 2025).
Sin embargo, Pakistán evidencia graves divisiones internas y el persistente peso del «Estado profundo», donde el Ejército condiciona la política exterior y de seguridad, todo lo cual se agrava con las graves inundaciones en la época del Monzón que contabilizan más de mil fallecidos y, sobre todo, con que si el alto el fuego, por el momento, ha terminado con las operaciones militares, aún siguen abiertos otros frentes como el diplomático, el comercial y el cierre de comunicaciones entre ambos países. Por encima de ellos, la suspensión del caudal del río Indo que sigue siendo motivo de honda preocupación para la economía paquistaní3.
Figura 14. El general Asim Munir, jefe del Estado Mayor de Pakistán y, de facto, la personalidad más influyente en la actual coyuntura política del país.
Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:General_Asim_Munir_(Pakistan).jpg
La disuasión nuclear y la presión internacional, debido a ello, parece ser la persistente y peligrosa garantía de que la escalada hacia una guerra abierta entre India y Pakistán no se produzca. Actualmente, se estima que India tiene ciento ochenta ojivas nucleares almacenadas, y desarrolla submarinos nucleares y misiles balísticos que, como el Agni-5 probado en agosto, tienen capacidad de alcanzar no solo a Pakistán, sino también de llegar a más de siete mil kilómetros, esto es, a territorio chino. Por su parte, se calcula que Pakistán almacena ciento setenta ojivas nucleares, aunque está desarrollando nuevos sistemas de lanzamiento y es probable que en los próximos años incremente su arsenal (SIPRI, 2025).
Figura 15. Misiles balísticos en poder de India y Pakistán con su alcance. Según datos de SIPRI, se calcula que India posee ciento ochenta ojivas nucleares y Pakistán ciento setenta. Fuente: Missile Threat/ CSIS.
Sin embargo, en el ámbito convencional, India fue uno de los países con mayor inversión en armamento en 2024, de modo que adquirió equipos de diversa procedencia —incluyendo Rusia, Estados Unidos, Francia o Israel— y para este 2025 se anunció que su presupuesto en Defensa quedaría vinculado en relación con el PIB y no con el déficit respecto al mismo, lo que hace que se incremente y alcance una cifra histórica de 6,81 billones de rupias, unos 72 000 millones de euros. Las Fuerzas Armadas Indias están integradas por 1 260 000 soldados activos y trescientos mil en la reserva, lo que constituye el mayor ejército del sur de Asia (The Military Balance, 2025). En el caso de Pakistán, se estimaba que sus Fuerzas Armadas contaban con unos 625 000 efectivos activos, pero es un Ejército fuertemente tensionado debido a la situación interna del país, azotado por el terrorismo en las regiones de Baluchistán y Khyber Pakhtunkhwa, además de la conflictividad política; no obstante, ha protagonizado tres golpes de Estado desde la independencia en 1947 y continúa desempeñando un papel significativo de la mano del jefe de Estado Mayor, general Asim Munir.
Para finalizar, la tercera parte de esta ecuación indo-paquistaní sería la propia región de Cachemira, con un notable desarrollo económico hoy sujeto a los efectos sobre el turismo de la violencia, pero también a otros sectores como la construcción o la industria del automóvil, al aumento de la presencia militar india y a posibles episodios de agitación social. El 5 de agosto de 2024, un recién reelegido primer ministro Modi anunció la intención de integrar de forma permanente el territorio al dominio administrativo central de Nueva Delhi. La polarización al respecto de esta decisión fue muy visible en las primeras elecciones locales celebradas, entre septiembre y octubre siguientes, donde una alianza entre la Conferencia Nacional de Jammu y Cachemira, el Congreso Nacional Indio y el Partido Comunista de la India venció, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta, mientras que el partido nacionalista hindú Bharatiya Janata del primer ministro consolidó su presencia en Jammu, y sirvió así de contrapeso. Omar Abdullah, nieto del histórico dirigente Mohammed Abdullah fue nombrado primer ministro por la Asamblea Legislativa y parecía iniciarse un periodo de normalidad política, roto tras Pahalgam. Abdullah se apresuró a condenar el atentado y advertir de una crisis política y económica, que no ha tardado en llegar (Kashmir Life, 2025).
Bibliografía
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Cronología del conflicto e indicadores geopolíticos
| FECHA | ACONTECIMIENTOS |
|---|---|
| 1947 | Partición del Raj británico y primera guerra indo-paquistaní (1947-1949) por el control de Cachemira, que queda dividida entre ambos países. |
| 1965 | Segunda guerra indo-paquistaní, centrada en Cachemira y cerrada sin cambios significativos respecto a la situación anterior. |
| 1971 | Tercera guerra indo-paquistaní, con la independencia de Bangladés. Establecimiento, tras el Acuerdo de Simla (1972) de la Línea de Control, una frontera supervisada por Naciones Unidas. |
| 1990 | En Cachemira, se crea el grupo islamista suní Lashkar‐e‐Tayyiba, que protagonizará graves atentados en la región y otras partes de la India. |
| 1999 | Estalla el conflicto de Kargil entre India y Pakistán, tras las pruebas nucleares de ambos países en 1998. |
| 2001 | Atentado contra el Parlamento indio: catorce fallecidos. |
| 2008 | Atentados de Bombay: 166 fallecidos. |
| 2014 | Narendra Modi es elegido primer ministro de la India, invitación al paquistaní Nawaz Sharif a su toma de posesión. Últimas elecciones legislativas en Cachemira antes de la suspensión de la autonomía. El PDP gana en coalición con el BJP de Modi. |
| 2015 | Visita sorpresa de Modi a Lahore en diciembre, única y última del mandatario indio a Pakistán. |
| 2016 | Ataque insurgente en Uri (Cachemira), con el resultado de diecinueve soldados indios muertos. India lanza «cirugías militares» transfronterizas por primera vez. |
| 2017 | Intensificación de choques armados en la Línea de Control entre fuerzas de ambos países. |
| 2018 | Elecciones en Pakistán, el Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI) de Imran Khan llega al poder. Inicio del estrechamiento de relaciones sino-paquistaníes. |
| 2019 | En febrero, atentado de Pulwama (Cachemira), con 46 fallecidos y un enfrentamiento aéreo posterior. En agosto, India revoca el artículo 370 de la Constitución y elimina la autonomía de Jammu y Cachemira. |
| 2020 | Escaramuzas esporádicas fronterizas y fuertes restricciones desde la India en Cachemira justificadas en la pandemia. |
| 2021 | Restablecimiento indo-paquistaní del alto el fuego de 2003. |
| 2022 | Aumento de la retórica nacionalista en India y de la cooperación militar Pakistán-China (corredor económico desde Xinjiang con fin en el puerto de Gwadar). |
| 2023 | Elecciones e inestabilidad interna en Pakistán con los partidarios de Imra Khan, encarcelado, protestas por la situación económica y resurgimiento del terrorismo independentista baluche y pastún. Protestas en Cachemira por el control indio. En septiembre, en el curso de la cumbre del G20, Nueva Delhi intenta organizar una reunión en Cachemira, boicot de varios países, en primer lugar, de China. |
| 2024 | En mayo de 2024, un tiroteo selectivo dentro de un complejo privado en Pahalgam deja heridos a dos turistas indios. Se inician tensiones transfronterizas por ejercicios militares indios cerca de la Línea de Control. El 5 de agosto, un recién reelegido Modi anuncia la intención de integrar de forma permanente Cachemira al dominio administrativo central de Nueva Delhi. En octubre, tienen lugar las primeras elecciones en Cachemira en una década, ganando la Alianza INDIA y siendo nombrado el automista Omar Abdullah como ministro principal. |
| 2025 | Atentado en Pahalgam (Cachemira, 22 de abril) con el resultado de veintiséis muertos. El grupo terrorista Frente de Resistencia, dependiente de Lashkar‐e‐Tayyiba, lo reivindica. Tras varias medidas diplomáticas y económicas, en especial la suspensión del Tratado de Aguas del río Indo (1960), el 7 de mayo, India pone en marcha la Operación Sindoor de castigo contra campamentos terroristas en territorio paquistaní. La reacción desde Pakistán escala el conflicto a nivel bélico y diplomático hasta el establecimiento de un alto el fuego el 10 de mayo. |
| INDIA | |
| Extensión: 3.287.263 km² | |
| PIB: 3.612.664 millones de euros | |
| Estructura PIB | Agricultura: 17 % |
| Industria: 25 % | |
| Servicios: 58 % | |
| PIB per cápita: 2450-2480 euros | |
| Tasa de crecimiento: 6,5 % | |
| Relaciones comerciales | Exportaciones: petróleo refinado, diamantes y software |
| Importaciones: crudo, oro y electrónica | |
| Población: 1420 millones habitantes | |
| Estructura de edad | 0-14: 25 % |
| 15-64: 68 % | |
| Más de 65: 7 % | |
| Tasa de crecimiento de la población: 0,88 % anual | |
| Grupos étnicos: indoarios (72 %), dravidianos (25 %), tibeto-birmanos (2 %), austroasiáticos y minorías étnicas tradicionales (1 %) | |
| Religiones: hinduismo (69 %), Islam (14 %) y otras (7 %) | |
| Tasa de alfabetización de la población: 78 % | |
| Población bajo el umbral de la pobreza: 16 % | |
| Índice GINI: 35 | |
| Gasto militar. % del PIB: 2,27 (SIPRI) | |
| PAKISTÁN | |
| Extensión: 881.913 km² | |
| PIB: 312.800 millones de euros | |
| Estructura PIB | Agricultura: 19 % |
| Industria: 20 % | |
| Servicios: 61 % | |
| Tasa de crecimiento: 2 % | |
| PIB per cápita: 1550-1570 euros. | |
| Relaciones comerciales | Exportaciones: textiles, arroz y cuero |
| Importaciones: petróleo, maquinaria y químicos | |
| Población: 243 millones de habitantes | |
| Estructura de edad | 0-14: 34 % |
| 15-64: 65 % | |
| Más de 65: 1 % | |
| Tasa de crecimiento de la población: 2,55 % anual | |
| Grupos étnicos: punyabíes (45 %), pastunes (18 %), Sindhis (14 %), saraikis (8 %), baluches (5 %) y otros (7 %) | |
| Religiones: musulmanes (97 %, suníes 90 % y chiíes 10 %), hindúes (2 %) y cristianos (1 %) | |
| Tasa de alfabetización de la población: 62 % | |
| Población bajo el umbral de la pobreza: 25 % | |
| Índice GINI: 31 | |
| Gasto militar. % del PIB: 2,67 (SIPRI) | |
Javier Fernández Aparicio
Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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India y Pakistán: la cicatriz donde la frontera nunca duerme (2,7 MB)
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India and Pakistan: The Scar where the border never sleeps (3 MB)
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