IEEE. Después de Pahalgam: repensando el cálculo de seguridad del sur de Asia

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06 may 2025

IEEE. Después de Pahalgam: repensando el cálculo de seguridad del sur de Asia

Javier Fernández Aparicio. Analista principal del IEEE (CESEDEN) y Harsh Pandey. Investigador del Centro de Estudios Europeos. Escuela de Estudios Internacionales. Universidad Jawaharlal Nehru

Introducción: India, Pakistán y Cachemira

El ataque terrorista del 22 de abril de 2025 en Pahalgam —un pintoresco destino turístico en el territorio de la unión india de Jammu y Cachemira— se ha convertido en un nuevo y peligroso punto crítico dentro de la dinámica de seguridad del sur de Asia. Asaltantes armados abrieron fuego contra un contingente de turistas en el prado del valle de Baisaran, cerca de Pahalgam, causando la muerte de 26 personas (25 ciudadanos indios y un nepalí) y dejando al menos 17 heridos. Fue el ataque más letal contra civiles indios desde los atentados de Bombay en 2008, los cuales dejaron 166 muertos, incluidos numerosos extranjeros, en la principal ciudad de la India. También se trató del peor atentado dirigido contra turistas en el valle de Cachemira en décadas, durante el cual algunos visitantes fueron identificados y asesinados por pertenecer a una religión distinta. Pahalgam es el punto de inicio de la ruta hacia la cueva-templo de Amarnath, lugar de culto del Amarnath Yatra, una peregrinación hindú celebrada entre los meses de julio y agosto que congrega a cientos de miles de devotos provenientes de diversas partes de India. Un llamado Frente de Resistencia (TRF por sus siglas en inglés), formado en 2019 y vinculado a la organización Lashkar-e-Taiba, traducido como el «Ejército de los Puros» —designado como grupo terrorista por Naciones Unidas, India, Estados Unidos y la Unión Europea— y con sede en Pakistán, reivindicó la autoría de la masacre1.

Si nos circunscribimos solo a la región de Cachemira, este atentado ha sido el segundo más letal ocurrido en el valle desde el ataque suicida de febrero de 2019 en Pulwama, perpetrado por militantes de Jaish-e-Mohammed, como Lashkar-e-Taiba una organización islamista de orientación sunita, que en aquella ocasión causó la muerte de 40 miembros de las fuerzas de seguridad. Desde aquel año, las relaciones diplomáticas entre India y Pakistán se encuentran prácticamente suspendidas de forma oficial, partiendo de la base de que nunca han sido fluidas y han estado caracterizadas por disputas territoriales persistentes, enfrentamientos armados y un constante tira y afloja diplomático. Dentro de esta tensión, el conflicto en torno a la región de Cachemira ha constituido el eje central de desacuerdo entre ambos Estados, generando tres guerras por el control de esta estratégica zona del Himalaya.

Pakistán representa, además, una amenaza latente para India, dado que su capacidad nuclear actúa como un factor de equilibrio frente a la notable asimetría en recursos y efectivos militares. Desde 2018, la consolidación de una alianza estratégica entre China y Pakistán ha introducido un nuevo componente en esta relación, transformándola en una dinámica trilateral, aunque actualmente ambos países siguen trayectorias geopolíticas divergentes, pues mientras India se proyecta como una potencia global, ya más que emergente y en ascenso, Pakistán se enfrenta a una policrisis de múltiples dimensiones2.

Rearme y amenaza nuclear

Un factor relevante en la ecuación India-Pakistán es el nuclear como herramienta disuasoria. En 2024, se estimaba que India disponía de un arsenal compuesto por alrededor de 172 armas nucleares, cifra que ha ido en aumento de manera progresiva. Dichas armas se distribuyen en una tríada nuclear en proceso de consolidación, conformada por aeronaves, misiles de emplazamiento terrestre y submarinos de propulsión nuclear equipados con misiles balísticos. Históricamente, el rol de las armas nucleares en la doctrina militar india se centró en disuadir a Pakistán; sin embargo, desde principios de la década de 2010, se han realizado ensayos con misiles de mayor alcance, capaces de alcanzar territorio chino3. Asimismo, aunque en 1999 India proclamó una política de no primer uso nuclear, esta se revisó en 2003 y nuevamente en 2018, dejando abierta la posibilidad de utilizar su arsenal nuclear en represalia ante ataques con armas de destrucción masiva no nucleares. Por su parte, se estimaba que Pakistán contaba en 2024 con unas 170 ojivas nucleares. La implementación de nuevos sistemas armamentísticos y el incremento del material fisible acumulado sugieren que el arsenal paquistaní continuará ampliándose durante la próxima década. A diferencia de India, Pakistán no cuenta con una doctrina nuclear formal; sin embargo, mantiene el derecho al uso nuclear en caso de conflicto, motivado principalmente por la percepción de una desventaja frente a la superioridad de las fuerzas convencionales indias4.

En el ámbito convencional, India fue uno de los países con mayor inversión en armamento en 2024, adquiriendo equipos de diversa procedencia —incluyendo Rusia, Estados Unidos, Francia e Israel— y para este 2025 se anunció que su presupuesto en Defensa quedaría vinculado en relación con el PIB y no con el déficit respecto al mismo, lo que hace que se incremente alcanzando una cifra histórica de 6,81 billones de rupias, unos 72.000 millones de euros. Las Fuerzas Armadas Indias están integradas por 1.260.000 soldados activos y 300.000 en la reserva, constituyendo el mayor ejército del sur de Asia5. En el caso de Pakistán, se estimaba que sus Fuerzas Armadas contaban con unos 625.000 efectivos activos. Pero en el caso paquistaní, cabe destacar que esta institución ha protagonizado tres golpes de Estado desde la independencia en 1947 y continúa desempeñando un papel político significativo. Si bien en 2008 se restableció un régimen democrático, el Ejército sigue ejerciendo una marcada influencia tanto en la política interna como en la política exterior. Ni el parlamento paquistaní ni el Ministerio de Defensa mantienen un control sustantivo sobre los militares, que además operan en un entorno marcado por tensiones derivadas del terrorismo y la oposición interna6.

Vuelve Cachemira…

Cabe recordar que la disputada región de Cachemira se encuentra actualmente dividida en diversas zonas administrativas: Jammu y Cachemira, junto con Ladakh, bajo administración india; Azad Cachemira y Gilgit-Baltistán, administradas por Pakistán; y ciertas porciones menores bajo control chino, como el valle de Shaksgam y el Aksai Chin. Esta área en las estribaciones del Himalaya se caracteriza por su riqueza en recursos hídricos, alimentados por importantes ríos como el Indo, el Jhelum y el Chenab, así como por sus glaciares. Además, presenta una notable cobertura forestal, amplias praderas y una biodiversidad propia, aunque en la actualidad se enfrenta a serios desafíos relacionados con la deforestación. La población cachemir es étnicamente diversa, con una mayoría musulmana en buena parte del territorio —especialmente en el valle de Cachemira y Azad Cachemira—, otra mayoría hindú en Jammu, más una fuerte presencia budista en Ladakh y algunas comunidades menores de sijs y cristianos7.

El primero de estos enfrentamientos ocurrió durante la partición de 1947 que dio origen a Pakistán, cuando fuerzas paquistaníes invadieron Cachemira y su entonces gobernante, el maharajá Hari Singh, firmó la adhesión a la India, lo que desencadenó la primera guerra indo-pakistaní concluida, pero no cerrada, en 1949 con un alto el fuego mediado por Naciones Unidas y que estableció la actual Línea de Control (LoC por sus siglas en inglés), pero sin que se realizara el referéndum propuesto. En 1965, la segunda guerra indo-pakistaní se inició precisamente cuando desde Pakistán se fomentó una insurrección en toda Cachemira mediante la Operación Gibraltar. La consiguiente ofensiva india ocupó la parte paquistaní de la región y el conflicto terminaría, de nuevo sin llegar a una solución duradera, con el Acuerdo de Tashkent, mediado entre ambos países sobre todo por la Unión Soviética. Seis años después, la tercera guerra indo-pakistaní, en 1971, se centró en la secesión del entonces Pakistán Oriental, la actual Bangladés, pero en Cachemira también se registraron enfrentamientos entre ambos países, sin que al final la línea fronteriza tuviera alteraciones significativas y manteniéndose las tensiones8.

Desde 1999, la región ha experimentado un aumento gradual de la conflictividad, marcado por frecuentes escaramuzas fronterizas. Además, ha aparecido un nuevo factor desestabilizador: los atentados perpetrados por grupos armados no estatales de carácter independentista o islamista que afectan al devenir de las relaciones indo-paquistaníes. Aquel año, tropas paquistaníes y paramilitares cruzaron la LoC y ocuparon posiciones estratégicas en Kargil, dentro de Ladakh, bajo autoridad india, que respondió con una ofensiva militar a gran escala, logrando recuperar en pocas semanas el territorio e incluso amenazando con avanzar más allá. Un conflicto de especial gravedad por haberse producido inmediatamente después de las pruebas nucleares de ambos países en 1998, elevándose así el riesgo de una escalada de proporciones inciertas, siendo el inicio de la inestabilidad que en Pakistán daría lugar al golpe de Estado y al gobierno del general Pervez Musharraf en octubre de 1999, ejemplificándose que la dialéctica contra India y el fomento de la conflictividad en Cachemira se había convertido en una herramienta para controlar el país por parte de los militares paquistaníes9.

En los últimos años, la región de Cachemira ha sido víctima de esta nueva y mortífera variable: los atentados perpetrados por grupos armados no estatales, siendo los más graves aquellos dirigidos contra turistas y peregrinos. Así, en julio de 2017, un autobús que trasladaba a devotos hindúes fue atacado en las proximidades de Anantnag, provocando 8 muertos y 18 heridos. En mayo de 2024, un tiroteo selectivo dentro de un complejo privado en la misma Pahalgam, donde se ha producido el atentado de abril pasado, dejó heridos a 2 turistas originarios de Jaipur. En junio del mismo año, otros terroristas abrieron fuego contra un autobús que transportaba a peregrinos desde el santuario de Shiv Khori, en el distrito de Reasi. El ataque provocó que el conductor perdiera el control del vehículo, que se precipitó por un barranco, causando la muerte de 9 personas, incluidos niños y mujeres, y dejando 33 heridos.

La amenaza terrorista se intensificó también a partir de aquel 2019, cuando el gobierno indio revocó el artículo 370 de la Constitución que confería a Jammu y Cachemira un estatus especial de autonomía. La supresión conllevó un aumento considerable de la presencia militar india y provocó diversos episodios de agitación social y manifestaciones en contra. También en 2023, durante la presidencia rotatoria del G20, India celebró una reunión sobre turismo precisamente en Cachemira con el objetivo de proyectar una imagen de paz y prosperidad derivada del fortalecimiento de su control en la región. No obstante, países como China, Arabia Saudita, Turquía, Egipto e Indonesia decidieron boicotear el encuentro en señal de protesta10. Finalmente, el 5 de agosto de 2024, el gobierno del recién reelegido primer ministro Narendra Modi, anunció la intención de integrar permanentemente el territorio al dominio administrativo central de Nueva Delhi. La polarización al respecto de esta decisión fue muy visible en las primeras elecciones locales celebradas, en octubre del mismo año, donde una alianza entre la Conferencia Nacional de Jammu y Cachemira, un partido autonomista, el Congreso Nacional Indio y el Partido Comunista de la India venció, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta, mientras que el partido Bharatiya Janata (BJP por sus siglas en inglés) de Modi consolidó su presencia en la región de Jammu, de mayoría hindú, sirviendo así de contrapeso electoral11.

Consecuencias del atentado de Pahalgam

Con todo, la región de Cachemira, que ha luchado por alcanzar la normalidad durante los últimos treinta años, mostraba indicios de recuperación en los años recientes. La relativa paz en el valle y el creciente flujo de turistas eran prueba de ello, según lo ha manifestado el Gobierno de la India. La masacre no solo quebró la calma arduamente alcanzada durante décadas de insurgencia en Cachemira, sino que también supuso una pérdida significativa para la economía turística local, la cual había mostrado un desarrollo sostenido en los últimos cinco años. También hay que resaltar que la región es rica en recursos naturales, por ejemplo, en reservas de litio, descubiertas por el Servicio Geográfico Indio en febrero de 2023 con un valor potencial de 6 millones de toneladas. En 2024, el gobierno de Modi planeaba asignar los derechos de explotación, valorados en 500 mil millones de?dólares, mediante subasta, pero la oposición de gran parte de los cachemiros y la amenaza de que estas explotaciones o empresas fuesen objetivos de ataques, hizo que fracasaran las mismas12.

El atentado del 26 de abril ha provocado una caída libre en las ya de por sí frágiles relaciones entre India y Pakistán, dado que India afirma contar con inteligencia creíble que vincula a organizaciones terroristas con base en Pakistán como responsables del ataque. Desde el acuerdo de alto el fuego de 2021 con India, las fronteras orientales de Pakistán eran, irónicamente, las más pacíficas, mientras enfrentaba conflictos más intensos en sus fronteras norte con Afganistán y oeste con Irán.

La suspensión por parte de la India del Tratado de Aguas del Indo (IWT, por sus siglas en inglés) en 2024 representa un punto de inflexión en la geopolítica del sur de Asia. Esta medida se acompañó de otras decisiones significativas, como la revocación de visados, el cierre del paso fronterizo de Attari-Wagah, la expulsión de diplomáticos paquistaníes o el bloqueo de la cuenta en X del ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, debido a una entrevista en Sky News donde reconoció que desde Pakistán se había apoyado, entrenado y financiado a grupos terroristas en el pasado13.

Con todo, la interrupción del IWT sigue siendo la disposición más crítica. Firmado en 1960, el acuerdo establecía el reparto del control de seis ríos entre India y Pakistán, garantizando un flujo vital de agua para los sectores agrícola y energético paquistaníes y aunque la India conservaba derechos limitados, se abstenía de realizar desvíos significativos. Las aguas del Indo tienen su origen en los territorios montañosos del Himalaya —incluidos Jammu y Cachemira, Ladakh e Himachal Pradesh— y fluyen hacia el sur a través de Punyab, Sindh y otras regiones antes de desembocar en el mar Arábigo, al sur de Karachi14.

Según el tratado, el control de los ríos del este (Beas, Ravi y Sutlej) se asignó a la India, mientras que el control de los ríos del oeste (Indo, Chenab y Jhelum) a Pakistán. No obstante, el aspecto más conflictivo ha sido el reparto del agua, ya que estos ríos occidentales atraviesan territorio indio antes de llegar a Pakistán, por lo que el acuerdo permite a India un uso limitado de sus aguas para la agricultura y un uso irrestricto para fines domésticos, generación hidroeléctrica y otras actividades no consuntivas, pero no puede construir embalses que retengan agua o alteren su flujo. Desde la entrada en vigor del IWT se ha evitado conflictos abiertos por el agua entre ambos países, resolviéndose la mayoría de las disputas a través de mecanismos legales establecidos en el propio acuerdo, en especial con mediación del Banco Mundial.

Legalmente, India no puede interrumpir el flujo de agua por razones técnicas y geográficas, pero está autorizada a reducir o demorar el suministro en determinadas circunstancias, por ejemplo, durante sequías. Tales acciones tienen un fuerte impacto sobre la economía, la agricultura y la producción energética de Pakistán, sectores considerados estratégicos para Islamabad15. La reacción paquistaní a las medidas de India tras el atentado fue también inmediata: el Comité de Seguridad Nacional reunido por el primer ministro Shehbaz Sharif suspendió todos los acuerdos bilaterales, incluido lo que atañe a la LoC, y advirtieron que cualquier alteración del flujo hídrico sería interpretada por Pakistán como un «acto de guerra», mientras Bilawal Bhutto Zardari, líder del Partido Popular de Pakistán, una de las dos formaciones que integran el actual gobierno, afirmó «o nuestra agua fluirá por el Indo, o su sangre». Asimismo, Pakistán canceló visados a ciudadanos indios, aunque mantuvo abierto el corredor de Kartarpur, por donde se facilita la peregrinación sij16.

Ahora bien, ¿es posible observar las consecuencias del atentado de Pahalgam y la escalada beligerante entre India y Pakistán en clave de política interna de ambos Estados?

El «Estado profundo» en Pakistán

Existe una diferencia significativa entre India y Pakistán en cuanto a la respuesta interna ante la escalada del conflicto. En el caso de la India, la reacción inmediata ha sido expresión de un consenso político interno sólido: en una reunión multipartidaria celebrada en Nueva Delhi, las principales fuerzas políticas manifestaron su respaldo unánime al gobierno de Modi. Además, Modi autorizó al Ejército indio a tener «total libertad operativa» para decidir la respuesta considerada más adecuada al ataque terrorista, sin excluir ningún objetivo17. En contraste, Pakistán enfrenta una situación más incierta, ya que su ejecutivo se encuentra debilitado por las tensiones entre los dos principales partidos políticos y por una relación conflictiva con las Fuerzas Armadas, lo cual obstaculiza una respuesta clara ante la crisis18. No obstante, el 25 de abril, el Senado de Pakistán aprobó por unanimidad una resolución de condena a la India tras el ataque de Pahalgam del 22 de abril. Esta resolución, que exhorta a Nueva Delhi a abstenerse de responsabilizar a Pakistán por la incursión armada en la Cachemira administrada por la India, fue impulsada por el viceprimer ministro Ishaq Dar y la senadora Sherry Rehman, figuras destacadas de la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz y del Partido Popular de Pakistán respectivamente, ambas fuerzas integran la coalición gubernamental. Sin embargo, ambas formaciones han tenido que alinearse con la narrativa de los militares, pese a sus fricciones históricas con estos en torno a la política de seguridad regional. La escalada del conflicto ha llevado incluso al Pakistan Tehreek-e-Insaf, del encarcelado ex primer ministro Imra Khan, a suspender sus movilizaciones opositoras. El primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, es acusado por sus opositores de ser «Modi ka yaar», literalmente «el amigo de Modi», por sus intentos de acercamiento diplomático hacia India. La reacción beligerante al frente de su gobierno podría atenuar esta percepción, a la par que pone la atención en este problema y no en otros numerosos internos del país19.

Lo cierto es que los actores no estatales, pero habilitados por el Estado, desde Osama Bin Laden de Al Qaeda hasta Hafiz Saeed de Lashkar-e-Taiba, han provocado numerosas tragedias, desde el 11 de septiembre en Nueva York hasta el 26/11 en Bombay. Sin embargo, gozaron de estatus casi de culto en Pakistán debido a su retórica impregnada de simbolismo religioso, incitando de manera constante a la «guerra santa» contra los no creyentes.

Este cóctel ideológico fue estratégicamente utilizado por el Ejército pakistaní, que ha sido el gobernante de facto del país desde su independencia. Ningún líder elegido democráticamente ha logrado completar su mandato como primer ministro. El Ejército pakistaní, junto con su notoria agencia de inteligencia exterior, el Inter-Services Intelligence (ISI por sus siglas), utilizó estos elementos contra Jammu y Cachemira. Asimismo, les ha servido para apaciguar a una población cuyo mandato democrático ha sido sistemáticamente ignorado por el Ejército y el ISI.

Este «Estado profundo» se ha fortalecido con el tiempo. Las declaraciones del jefe del Ejército pakistaní, general Asim Munir, acerca de que Cachemira está en las «venas yugulares» del país, realizadas una semana antes del ataque, deben interpretarse dentro de este contexto. India consideró dichas palabras como provocadoras. Este Estado paralelo mantiene un control firme sobre las riendas del poder en Pakistán, al punto de que la democracia ha sido manipulada por el Ejército a lo largo de los años, y los líderes que intentan desafiar esta norma han sido encarcelados, como es el caso del citado ex primer ministro Imran Khan.

Conclusiones: recálculo de seguridad en el sur de Asia

La relevancia de India y Pakistán en la geopolítica del Indo-Pacífico es notable debido a su ubicación estratégica en el subcontinente indio y a su papel como actores influyentes en Asia. India, en particular, ha adquirido protagonismo como una potencia emergente gracias a su vasto territorio, crecimiento económico sostenido, capacidades militares y participación en foros internacionales. Es la tercera economía asiática y la quinta a nivel mundial, destacando por un mercado interno robusto, una industria tecnológica dinámica y una población joven que refuerza su proyección futura. En el contexto de la rivalidad entre Estados Unidos y China, India se ha visto como un socio estratégico preferente, consolidando este rol, hasta el momento, durante la actual Administración Trump. En cambio, Pakistán ha seguido una trayectoria distinta. Pese a haber sido aliado clave de Estados Unidos durante la «guerra contra el terror» en la década de 2000, posteriormente ha experimentado un distanciamiento con Washington. Aun así, mantiene una importancia geoestratégica notable, no solo como contrapeso frente a India, sino por su estrecha relación con China.

Esta alianza se ha fortalecido en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, especialmente a través del Corredor Económico China-Pakistán que conecta el puerto de Gwadar con territorio chino, transformando potencialmente el equilibrio geopolítico en la región. Pakistán también juega un papel relevante en la seguridad de Asia Central, actuando como punto de conexión entre Oriente Medio, Asia Central y el Indo-Pacífico. Su acceso al océano Índico, junto con el puerto de Gwadar, le confiere un valor estratégico en el control de rutas comerciales clave, como los estrechos de Malaca y de Ormuz, que son vitales para el comercio internacional. El acercamiento de la India a las monarquías de los países del Golfo también representa un factor inquietante para el grupo de poder político y militar paquistaní.

Fue el presidente estadounidense Bill Clinton quien calificó al sur de Asia como «el lugar más peligroso del mundo». Su evaluación fue parcialmente acertada al señalar que la región alberga dos potencias nucleares con múltiples niveles de desconfianza mutua. India y Pakistán han sostenido enfrentamientos desde su independencia en 1948, 1965, 1971 y 1999. El resultado más visible de una guerra total entre ambas naciones fue el nacimiento de Bangladés en 1971. Sin embargo, desde finales de los años 80, Pakistán ha recurrido a soluciones no estatales para enfrentar a la India.

Desde una perspectiva geopolítica global, este periodo coincidió con la invasión soviética de Afganistán durante la Guerra Fría. Al alinearse con Estados Unidos en ese contexto, Pakistán recibió apoyo financiero norteamericano para frenar el avance soviético. Con dichos recursos, el país fomentó la creación de muyahidines. Fue esta misma «labor sucia» a la que el Ministro de Defensa de Pakistán, Khwaja Asif, se refirió tras los atentados de Pahalgam en la citada entrevista de la cadena británica Sky News sobre el respaldo, entrenamiento y financiación de organizaciones terroristas por parte de su país. Según el expresidente pakistaní, general Pervez Musharraf, organizaciones designadas como terroristas por la ONU, tales como Lashkar-e-Taiba y otras 11 o 12 agrupaciones, se crearon en esa misma época.

Siendo la región menos interconectada del mundo, el sur de Asia enfrenta múltiples desafíos, donde la seguridad humana resulta fundamental. El atentado terrorista en Cachemira ha puesto en grave peligro la ya frágil paz regional. India ha tomado medidas sin precedentes, como suspender el histórico IWT de 1960 y degradar sus relaciones diplomáticas con Pakistán. A su vez, Pakistán ha respondido de forma recíproca, incluyendo la suspensión del Acuerdo de Simla de 1972, que aboga por la paz en las fronteras de Jammu y Cachemira, aunque esta rara vez se ha materializado. Mientras tanto el primer ministro Sharif alerta sobre una posible incursión de fuerzas indias, a la vez que hay intercambio de fuego de baja intensidad a lo largo de la LoC20. Lo que sí es indudable es que India está desplegando esfuerzos diplomáticos considerables para aislar a Pakistán, aunque la opción más radical que evalúa India es una ofensiva militar contra los bastiones terroristas en el propio territorio pakistaní, como ya ha hecho anteriormente tras los ataques en Uri y Pulwama, con represalias quirúrgicas en 2016 y 2019, respectivamente.

No obstante, si tomamos como referencia las declaraciones del primer ministro indio, la intención del gobierno es establecer una disuasión creíble frente a estos grupos terroristas. Aun así, los expertos sostienen que es poco probable que la situación se descontrole, dado que ambos países poseen armas nucleares. Sin embargo, en un mundo ya tensionado por múltiples conflictos interestatales, esta inestabilidad en el sur de Asia se mantendrá latente en los próximos años, ya que las posibilidades de alcanzar la paz son extremadamente precarias. Las relaciones entre India y Pakistán, que empezaban a mostrar signos de recuperación, enfrentarán su golpe más severo.

Javier Fernández Aparicio
Analista principal del IEEE,

Harsh Pandey
Investigador del Centro de Estudios Europeos
Escuela de Estudios Internacionales
Universidad Jawaharlal Nehru

1«Perfil operativo de Lashkar?e?Tayyiba», Janes Terrorism & Insurgency. Disponible en: Janes: Lashkar-e-Tayyiba (LeT) (bajo suscripción) (consultado el 30/4/2025)
2RAKIF, Arif. «Pakistan's polycrisis. Implications for regional stability and security», European Union Institute for Security Studies. 21 de junio de 2023. Disponible en: Pakistan's polycrisis | European Union Institute for Security Studies (consultado el 30/4/2025)
3KRISTENSEN, Hans, M. and KORDA, Matt. «Indian nuclear forces», SIPRI Yearbook Online 2024 (bajo suscripción). Disponible en: VI. Indian nuclear forces : SIPRI Yearbook 2024 (consultado el 30/4/2025)
4KRISTENSEN, Hans M. and KORDA, Matt. «Pakistani nuclear forces», SIPRI Yearbook Online 2024 (bajo suscripción). Disponible en: VII. Pakistani nuclear forces : SIPRI Yearbook 2024 (consultado el 30/4/2025)
5SABU, Aleena T. andAKASH, Avani. «Union Budget 2025 – In-Depth Analysis of the Defence Budget of India», Centre for Public Policy Research. 19 de febrero de 2025. Disponible en: Union Budget 2025 - In-Depth Analysis of the Defence Budget of India - Centre for Public Policy Research (CPPR) (consultado el 30/4/2025)
6«Pakistan. Country Profile», The Armed Conflict Survey 2024. The International Institute for Strategic Studies, 2024, pp. 298-303. ISBN 978-041-00457-8 (papel).
7Sobre la historia y características de Cachemira, véase CHITRALEKHA ZUTSHI, Kashmir. History, Politics, Representation. United Kingdom: Cambridge University Press, 2018. ISBN 978-110-7181977.
8SANTAYANA, José Pardo de. «El conflicto indo-pakistaní: la historia interminable», Panorama geopolítico de los conflictos 2020. Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2020, pp. 177-205. ISBN 978-84-9091-525-7.
9ANIL, Dheemant. «What He Was Thinking: Musharaf and the Kargil War?», Nickeled & Dimed. 26 de abril de 2024. Disponible en: What He Was Thinking: Musharaf and the Kargil War – NICKELED AND DIMED (consultado el 30/4/2025)
10MOLLAN, Cherylann & HRISHIKESH, Sharanya. «G20: India hosts tourism meet in Kashmir amid tight security», BBC News. 22 de mayo de 2023. Disponible en: G20: India hosts tourism meet in Kashmir amid tight security (consultado el 30/4/2025)
11«Jammu and Kashmir Assembly elections 2024 | CSDS-Lokniti survey», The Hindu. 11 de octubre de 2024. Disponible en: Jammu and Kashmir Assembly elections 2024 | CSDS-Lokniti survey - The Hindu (consultado el 30/4/2025)
12CASTEGLIONE, Tadeo: «La guerra silenciosa: Litio y poder en Cachemira», Periodismo Internacional Alternativo. 2 de mayo de 2025. Disponible en: La Guerra Silenciosa: Litio y Poder en Cachemira - Pia Global (consultado el 2/5/2025).
13PANDEY, Mohit. «Pakistan admits support for terror outfits, Defence Minister Khawaja Asif says 'did dirty work for US'», IndiaTv. 25 de abril de 2025. Disponible en: Mohit Pandey (consultado el 30/4/2025)
14GUPTA, Shobhit. «India Notifies Pakistan Of Indus Treaty Suspension 'With Immediate Effect' Amid Rising Tensions», News18. 25 de abril de 2025. Disponible en: India Notifies Pakistan Of Indus Treaty Suspension 'With Immediate Effect' Amid Rising Tensions - News18 (consultado el 30/4/2025)
15FERNÁNDEZ APARICIO, Javier. La Política de Seguridad Nacional de Pakistán: dos años de claroscuros y matices. Documento de Análisis IEEE 45/2024. 26 de junio de 2024. Disponible en: La Política de Seguridad Nacional de Pakistán: dos años de claroscuros y matices - CESEDEN (consultado el 30/4/2025)
16«Pakistan warns India against water treaty breach», The Pakistan Today. 29 de abril de 2025. Disponible en: Pakistan warns India against water treaty breach | Pakistan Today (consultado el 30/4/2025)
17«Pahalgam attack top updates: PM Modi gives military ‘full operational freedom’, say reports», The Scroll. 29 de abril de 2025. Disponible en: Pahalgam terror attack top updates: PM Modi gives military ‘full operational freedom’, say reports (consultado el 30/4/2025)
18GUPTA, Surbhi. «India is Reeling as the Illusion of Normalcy Dissolves in Kashmir», New Lines Magazine. 29 de abril de 2025 (consultado el 30/4/2025)
19PILLALAMARRI, Akhilesh. «Pahalgam: Why Would Pakistan Risk an Attack Now?», The Diplomat. 25 de abril de 2025. Disponible en: Pahalgam: Why Would Pakistan Risk an Attack Now? – The Diplomat (consultado el 30/4/2025)
20«Pakistán denuncia que India "pretende" llevar un ataque "en las próximas 24 a 36 horas"», Europa Press. 30 de abril de 2025. Disponible en: Pakistán denuncia que India "pretende" llevar un ataque "en las próximas 24 a 36 horas" (consultado el 30/4/2025)
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