IEEE. Equilibrio de poder e intervención limitada en el conflicto entre Estados Unidos e Irán

Banderas de Estados Unidos e Irán ondeando juntas con el texto superpuesto 'EQUILIBRIO DE PODER E INTERVENCIÓN LIMITADA'

04 jun 2026

IEEE. Equilibrio de poder e intervención limitada en el conflicto entre Estados Unidos e Irán

Daniel Saurín Martínez. Máster en Historia Militar IUGM-UNED. Doctorando en Historia Contemporánea.

Introducción

Según Hans Morgenthau, el poder político se refiere a las relaciones de control entre los poseedores de la autoridad y entre estos y la población en general1.

Cuando el poder político no es suficiente para lograr los objetivos planteados por una potencia, esta puede recurrir a la violencia, es decir, al poder militar, que es la manifestación física del poder político2.

De esta forma, los países se encuentran en una constante pugna entre sus voluntades políticas, que pueden tener como objetivo el mantenimiento del statu quo, el aumento de su poder (política imperialista) o la demostración de su prestigio3.

En este sentido, las relaciones internacionales se caracterizan por la pugna entre Estados soberanos, en la que existe una competición constante en la que cada país busca su propio interés nacional.

Siguiendo estas premisas, durante la década de los años treinta del siglo pasado, Alemania persiguió una política imperialista.

Su objetivo fundamental era la integración de las comunidades germanoparlantes, la recuperación de los territorios perdidos tras el Tratado de Versalles (1919) y asegurar el denominado «espacio vital»4.

Para ello, desarrolló una doctrina militar que se adaptaba a sus objetivos expansionistas; es decir, adecuó la estrategia y la doctrina militares a la estrategia política.

Por su parte, el Reino Unido comenzó la década de los treinta con una doctrina militar estancada y un ejército obsoleto, resultado de las restricciones económicas y del costoso mantenimiento de su imperio.

De esta forma, se favoreció una política de la «intervención limitada» (limited liability), en la que, aprovechando su ventaja geográfica y la supremacía de su Marina de guerra, trataba de acotar su intervención militar, favoreciendo una estrategia de desgaste contra Alemania, que permitiría su desmoronamiento y el cambio en el equilibrio de fuerzas5.

Por tanto, el Reino Unido siguió una política de mantenimiento de statu quo basándose en el reconocimiento de su inferioridad militar para acometer una guerra continental.

Tanto el Reino Unido como Alemania alinearon sus objetivos políticos con sus estrategias y doctrinas militares. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de Estados Unidos casi un siglo después.

En una deriva hacia un mundo multipolar6, Estados Unidos ha pasado de ejercer una unipolaridad tras la desintegración de la Unión Soviética (URSS) a afrontar el surgimiento de otros focos de poder (China y Rusia) que desafían el orden mundial establecido.

Estados Unidos desea mantener su «inigualable soft power»7 para garantizar el mantenimiento de su hegemonía global; sin embargo, el desempeño de su política exterior está mermando su capacidad para ejercer su poder sobre otras potencias, por lo que recurre al poder militar, como en los casos de Venezuela e Irán.

En este documento se realiza un análisis comparativo entre la política exterior británica durante los años treinta y la estadounidense en la actualidad, con el trasfondo del conflicto contra Irán.

Partiendo de las teorías del equilibrio de poder y la intervención limitada, se plantea que, al contrario que el Reino Unido entonces, Estados Unidos está siguiendo una política y aplicando una doctrina militar que no se adecúan a sus intereses nacionales, lo que resulta en un perjuicio para su capacidad para ejercer el poder global.

El intervencionismo limitado y el equilibrio de poder: las teorías de Fuller y Liddell Hart

El general prusiano Karl von Clausewitz, en su obra De la Guerra, estudió los elementos de la estrategia militar junto con los objetivos políticos de un Estado. Afirmó que las victorias en las guerras debían considerarse como medios para la estrategia y, finalmente, para la obtención de la paz, que es el fin último de un conflicto8.

En este aspecto, explicó que la «política constituye la matriz en que se desarrolla la guerra», justificando su cita más célebre: «la guerra es una mera continuación de la política por otros medios»9. Una vez iniciado el conflicto, rechazaba su carácter limitado, declarando que «la guerra es un acto de fuerza, y no hay un límite para su aplicación»10.

El período de entreguerras trajo consigo un profundo debate doctrinal en el seno de los ejércitos. A este debate se sumó una revolución tecnológica, marcada por la aparición del carro de combate, la aviación militar o la guerra química.

Este debate estuvo definido por el enfrentamiento entre los partidarios de una transformación profunda, los que tenían una visión moderada y los conservadores, que optaban por seguir confiando en la caballería y la infantería. En este sentido, los ejércitos se encontraban en la compleja situación de llevar a cabo un cambio radical o conservar sus doctrinas tradicionales.

La transformación suele acarrear un proceso lento y conlleva ciertas resistencias, ya que deja a los ejércitos en un estado de incertidumbre y vulnerabilidad durante este11.

En este contexto, la estrategia militar comenzó a estudiarse desde una perspectiva científico-revisionista, lo que dio lugar a la teorización de nuevos modelos de integración con la política y la economía. El oficial británico John F. C. Fuller destacó por ser el pionero en este ámbito en su país.

Desde principios de la década de los veinte destacó, por un lado, por sus escritos en los que apelaba a la mecanización y a la motorización del ejército. Por otro lado, intentó elaborar una teoría de la guerra, enmarcada en los aspectos políticos, sociales, morales y económicos, que se plasmó en dos obras fundamentales: The Reformation of War (1923) y The Foundations of the Science of War (1926).

En su primera obra destacó la importancia de la economía en la guerra, afirmando que el gasto militar en período de paz era el resguardo de un país frente a la derrota en un conflicto. Por tanto, la figura del «gran estratega» debía calcular la posición financiera y comercial de su país12.

No obstante, también destacó la importancia de la «energía moral», es decir, la voluntad del país para combatir y su permeabilidad a la hora de transmitir o recibir ideales de otras naciones. En este aspecto, Fuller consideraba la población civil como el baluarte de la voluntad moral y un objetivo fundamental en el enfrentamiento entre dos potencias13.

En Foundations of the Science of War, explicó que la ética, la política y la economía constituían la suma del poder de una nación. Conseguir la superioridad en esas esferas de poder era indispensable para la supervivencia de un Estado14.

No obstante, Fuller consideró clave no solo la definición de los objetivos políticos en la guerra entre potencias, sino también las condiciones para establecer la victoria y la paz. En este aspecto, expresó que el objetivo político (policy) de una guerra debía ser obtener una «mejor paz» que la existente antes del inicio de las hostilidades. De otra forma, la guerra se habría librado en vano.

Afirmó que devastar el país enemigo y sumirlo en la anarquía era el germen de futuras guerras, por lo que era preferible «la conquista de la voluntad de la nación hostil». En ese conflicto entre las voluntades de dos o más naciones, Fuller, al advertir el carácter total y mundial que los conflictos iban a tener en el futuro, predijo que «el victorioso en una gran guerra ejercerá, en la paz que sigue, una mayor influencia en la civilización que el vencido»15, especulando implícitamente sobre la teoría del equilibrio de poder.

Por su parte, a partir de los años treinta, el capitán Basil H. Liddell Hart comenzó a influir en la literatura militar británica. Su teoría de la aproximación indirecta apareció por primera vez en 1929 en su obra The Decisive Wars of History y la perfeccionó en 1941 en The Strategy of Indirect Approach.

Esta visión defendía lograr los objetivos, fuesen políticos o militares, siguiendo la línea de menor resistencia16. En materia política, la diplomacia, la disuasión o las relaciones comerciales podían ser herramientas para este fin. En estrategia militar, el empleo de fuerzas ágiles y maniobras de flanco destinadas a dislocar la estructura de mando enemiga provocaba la victoria, el cese de las hostilidades y un gasto menor de fuerzas.

El fundamento de este planteamiento sirvió para defender la teoría de la intervención limitada a partir de mediados de los años treinta, favorecida por las condiciones específicas de Reino Unido durante el período de entreguerras. Liddell Hart partió de la misma base que Fuller, enfatizando la importancia del objetivo político que dicta el transcurso de la guerra y fija y cambia objetivos en función de las necesidades estatales.

En este aspecto consideró fundamental que los medios estuviesen perfectamente coordinados con los objetivos, ya que un enfoque exagerado en los primeros podía desembocar en el alargamiento innecesario del conflicto. Para Hart, la perfección de la estrategia permitiría provocar situaciones decisivas sin implicarse en serios combates.

Aún mejor, en el caso de una potencia que buscaba el mantenimiento de su seguridad, el objetivo se conseguía si se llevaba al enemigo a abandonar su propósito, es decir, mediante el funcionamiento de una disuasión efectiva17.

Liddell Hart compartía la visión de Fuller respecto al objetivo de la guerra y la obtención de una paz beneficiosa. Advirtió del peligro de las guerras enfocadas en la victoria, puesto que podían desembocar en tratados de paz desfavorables que fuesen el germen de conflictos futuros.

Siguiendo los principios de la aproximación indirecta, afirmó que la supresión de las diferencias con otras potencias podía desembocar en una situación desfavorable. En este sentido, declaró que «el tipo de paz que hace posible el progreso se asegura mejor mediante los mecanismos de un equilibrio de fuerzas, presente en la esfera de la política interna y las relaciones internacionales»18.

Por ende, la aproximación indirecta condenaba el combate como continuación de la política, con la premisa de que, cuanto más brutales fuesen los métodos empleados, más tenaz sería la resistencia del enemigo19.

Tanto Liddell Hart como Fuller desarrollaron en sus ensayos algunos aspectos fundamentales de la teoría del equilibrio de poder, definida posteriormente por Morgenthau. En concreto, la intervención limitada se nutre de elementos de esta.

Morgenthau defendió que la aspiración a aumentar el poder o el mantenimiento del orden sistémico propiciaba un escenario de equilibrio de poder. En ese contexto, cada potencia, persiguiendo los objetivos que le llevan a aumentar o mantener su poder, alcanza una situación en la que los mecanismos y relaciones entre cada una de ellas se neutralizan, logrando la estabilidad20.

Sin embargo, la estabilidad puede romperse en el caso de que potencias imperialistas o revolucionarias decidan imponerse a las demás, tratando de cambiar las reglas del sistema internacional.

En este sentido, Waltz explicó que los ajustes y adaptaciones que sufren las potencias no siguen un patrón regular, sino que se basan en las adaptaciones que realizan otros actores que participan en el sistema del equilibrio de poder21.

Uno de los ajustes dentro del sistema viene dado por la aplicación de la doctrina militar que, según Posen, será efectiva siempre que esté adaptada a los objetivos políticos del país. De lo contrario, llevaría a una situación de «gran estrategia desintegrada» y a una probable derrota en un hipotético conflicto armado22.

El poder de una nación, según Morgenthau, se obtiene siguiendo ocho factores esenciales: geografía, recursos naturales, capacidad industrial, preparación militar, población, carácter nacional, moral y calidad de su diplomacia.

En este aspecto, tanto el carácter nacional, es decir, la apreciación de ciertas cualidades permanentes por una nación, como la moral fueron aspectos que Liddell Hart y Fuller consideraron fundamentales para la imposición de la voluntad sobre otro Estado.

Así, Morgenthau definió la moral como «el grado de determinación con el que una nación apoya las políticas internacionales de su gobierno, tanto en guerra como en paz»23. Al igual que Fuller y Hart, declaró que, sin moral, el poder nacional es simplemente fuerza bruta24.

La preparación militar fue uno de los aspectos fundamentales que definieron la política de intervención limitada en el Reino Unido. A lo largo de la década de los veinte, el trauma provocado por la Primera Guerra Mundial y las previsiones de paz llevaron al país a reducir significativamente su gasto militar.

La conocida como Ten Year Rule, promulgada en 1919, especificaba que, al no esperarse un gran conflicto en la próxima década, no era necesario disponer de una fuerza expedicionaria. Winston Churchill la prorrogó en 1928, pero, para 1932, el Gobierno británico decidió cancelarla25.

No fue hasta mediados de la década de los treinta cuando se decidió reiniciar un proceso de rearme ante la creciente tensión europea. No obstante, el número de divisiones británicas y su equipamiento eran simplemente inferiores a los de Alemania.

Ante esta situación, Hart resaltó el creciente valor de la defensa, propiciado por el progreso tecnológico, y comenzó a considerarse como el principal defensor de la intervención limitada26.

Otro aspecto esencial es la consideración geográfica. Liddell Hart resaltó la situación estratégica británica como favorable para una defensa prolongada. A este factor debe sumarse la supremacía naval, que tradicionalmente permitió al Reino Unido defender sus intereses y ejercer presión económica mediante operaciones anfibias sin un desgaste mayor a nivel continental, aspecto que también destacó Fuller27.

En este sentido, la participación del Reino Unido en la Primera Guerra Mundial le supuso un desgaste tan elevado que significó la pérdida definitiva de su supremacía mundial28. La paz del Tratado de Versalles intentó mantenerse a través de la Liga de Naciones, mientras el Reino Unido persiguió una política de mantenimiento del statu quo que fracasó en su objetivo fundamental: la disuasión de Alemania para impedirle seguir una política expansionista que trataba de cambiar el orden establecido.

El resultado fue que, en la década de los treinta, el Gobierno británico erró tanto en la aplicación de su política exterior como en la de su doctrina militar. La reducción de sus fuerzas terrestres se justificó en la protección de las islas mediante la proyección naval y el poder aéreo de la recién creada Royal Air Force (RAF). Dado que se consideraba a Francia como un aliado capaz de resistir un ataque alemán, la superioridad aérea y el bloqueo naval serían suficientes para obtener el tiempo necesario para preparar una fuerza expedicionaria continental eficaz. Se observan grandes paralelismos con la situación actual.

Pero el perfeccionamiento de la guerra mecanizada alemana desbarató la doctrina metódica defensiva de Francia. Esta preferencia por la ofensiva puede explicarse siguiendo la teoría de la organización, al afirmar que, con carácter general, los ejércitos prefieren las doctrinas ofensivas porque reducen la incertidumbre en el campo de batalla al imponer su esquema organizativo y negar el del enemigo al mismo tiempo29.

En cualquier caso, el fracaso de la aproximación indirecta y de la intervención limitada implicó que el Reino Unido no retomase la iniciativa en la Segunda Guerra Mundial al menos hasta el verano de 1944.

La estrategia intervencionista estadounidense

Se ha podido observar hasta ahora que el intervencionismo limitado presenta similitudes con la política de statu quo. Liddell Hart aplicó la primera a diversos escenarios, incluyendo los ofensivos, aunque, en este caso, el fracaso de la teoría quedó plasmado durante la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, respecto a la aproximación indirecta, la premisa de lograr la acción decisiva evitando o limitando el combate concuerda con el concepto de mantenimiento del statu quo, ya que permite la conservación del poder político mediante una aproximación lo menos perjudicial posible, incluso evitando el conflicto armado.

En este aspecto, la aparición de potencias competidoras (China y Rusia) ha obligado a Estados Unidos a afrontar un mundo que se dirige hacia la multipolaridad, es decir, a tratar de aplicar una política de mantenimiento del orden vigente.

Esto aparece definido en su reciente Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025: «queremos la supervivencia y seguridad continuada de Estados Unidos como una república soberana e independiente […] Los Estados Unidos no pueden permitir a ninguna nación ser tan dominante que amenace nuestros intereses».

Para lograrlo, se fundamenta en varios principios, tales como la paz a través de la disuasión, la predisposición a la no intervención, la primacía de la independencia de los Estados o el respeto, defendiendo las relaciones con otros países «sin imponer cambios democráticos o sociales que difieran ampliamente de sus tradiciones e historia»30.

El principio de la soberanía de los Estados quedó consagrado en el artículo 2.1 de la Carta de Naciones Unidas (ONU)31.

A partir de la caída de la URSS, Estados Unidos quedó como la potencia vencedora garante del nuevo orden internacional. No obstante, como explica el profesor Pérez Gil, trató de imponer su poder político y, aunque su hegemonía no fue perfecta, comenzó a socavar las mismas reglas que había contribuido a establecer en conflictos como los de Yugoslavia (1999), Afganistán (2001) o Irak (2003)32.

Para Kissinger, la idiosincrasia de Estados Unidos le obliga a perfeccionar su sistema democrático para actuar como un «faro» para el resto del mundo. Este enfoque universalista, fundamentado en los valores de la Revolución de 1776, permea la política exterior estadounidense y obliga a imponerlos como si fuera una cruzada: «si el mundo realmente desea la paz, tendrá que aplicar las prescripciones morales que defienden los Estados Unidos»33.

Estos valores se identifican con la ética del poder nacional de Fuller y la moral y el carácter nacional de Morgenthau, que se han examinado antes.

En este sentido, con su política exterior los Estados coordinan sus objetivos con los medios disponibles que configuran el poder nacional: «las naciones deben confiar en la calidad de su diplomacia, que actúa como catalizador para los diferentes factores que constituyen su poder»34.

Uno de estos medios es la sociedad, a través de su identificación con los objetivos nacionales, es decir, su moral. De este modo, Fuller decía que el poder de las fuerzas armadas se fundamenta en la nación en sí misma y, por ende, en todas las actividades que conforman la tríada básica de economía, política y ética35.

Liddell Hart resaltó que, en la victoria, la condición de la población debe ser mejor que antes de un conflicto36.

La existencia de múltiples polos de poder de fuerza equiparable lleva consigo la aceptación del equilibrio de poder, porque el sistema siempre tiende a la estabilidad. Así, Rusia o China están llevando a cabo acciones para cambiar el orden establecido porque no responde a sus intereses nacionales37. Con ello tratan de generar ajustes en el sistema, mientras que, esencialmente, Estados Unidos rechaza la deriva hacia la multipolaridad y busca conservar su posición de «hegemón» a toda costa38.

En este contexto es donde se inserta la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. En primer lugar, contradice los principios de la Carta de la ONU y la propia estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos. Desde un enfoque realista (realpolitik), las necesidades actuales del país (el bienestar de su ciudadanía, la supervivencia de la república y la prosperidad económica) no se están logrando con este conflicto.

Como enuncia Waltz, el éxito es la prueba de la validez de las políticas de un país39. También, siguiendo a Hart, la persecución ciega de la victoria puede nublar la visión hacia el verdadero objetivo de los conflictos, que es la obtención de una mejor situación que la existente antes del estallido de la guerra.

Por otro lado, pone de manifiesto la incongruencia de la política exterior estadounidense. La invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, respondía a la percepción de una creciente amenaza hacia su seguridad, lo que fue condenado por Estados Unidos como una violación de la soberanía ucraniana.

Sin embargo, ante la progresiva pérdida de su papel mundial, este país responde con el poder militar, incluso cuando ni siquiera estaban en juego intereses vitales.

Finalmente, la estrategia militar estadounidense ha demostrado ser fallida. Según John Mearsheimer, Estados Unidos comenzó la guerra creyendo que podía acabar con el régimen iraní mediante la decapitación de su líder40.

Por su parte, Irán se dedicó, en los últimos años, a mejorar su capacidad militar frente a una hipotética agresión de Estados Unidos o Israel. Para ello, produjo cantidades ingentes de municiones merodeadoras y de misiles balísticos de corto y medio alcance. Además, estableció un sistema de sustitución de sus dirigentes políticos y militares en caso de muerte o captura, tratando de garantizar con ello la continuidad del régimen.

Por tanto, el objetivo principal de la estrategia estadounidense de derrocar al régimen de los ayatolás no se ha cumplido.

A pesar de los detractores del propio régimen, Irán cuenta con un apoyo generalizado de su sociedad, que tiende a percibir el conflicto como una lucha por la supervivencia. En cambio, en Estados Unidos surgen cada vez más sectores críticos que cuestionan la necesidad del conflicto y rechazan una acción que no se corresponde con los intereses del país ni con el programa político enunciado previamente por el presidente Trump.

Este debate se vincula con el carácter total que han vuelto a adquirir los conflictos, que implica recurrir a la economía de guerra para satisfacer las ingentes cantidades de recursos necesarios para sostener el combate41, con el consecuente impacto que tiene en las sociedades.

En el nivel estratégico significa que cuanto más tiempo tarde Estados Unidos en imponer su voluntad en Irán, más perjudicará a su propio poder nacional y, por tanto, a su capacidad para mantener el orden mundial, porque el elevado coste de la guerra merma progresivamente su capacidad para responder a futuros desafíos, lo que termina comprometiendo su seguridad nacional.

Se debe recordar que la obtención de la victoria militar no siempre equivale a lograr los objetivos, sino que muchas veces se convierte en un fin en lugar de ser el medio. Estados Unidos ha optado por una estrategia ofensiva para conseguir la iniciativa contra Irán, con el objetivo de negarle la libertad de acción e imponerle sus condiciones.

Sin embargo, el país persa reconoce su compleja posición geográfica y su tecnología relativamente obsoleta y aplica una doctrina militar defensiva acorde a su principal objetivo político, que es la supervivencia, demostrando un inesperado nivel de resiliencia frente a la agresión de una potencia mucho más poderosa.

Asimismo, al contrario que en conflictos como Afganistán o Irak, la Alianza Atlántica (OTAN) no está participando en la guerra.

En este aspecto, Kissinger especificó que cuando «cada país vea sus peligros desde su propia perspectiva nacional, aquellas sociedades que se han cobijado bajo la protección norteamericana se sentirán impelidas a asumir mayores responsabilidades por su propia seguridad»42.

Por tanto, la mayoría de los Estados miembros de la Alianza consideran el conflicto como un obstáculo para sus objetivos políticos y, consecuentemente, no se alinean voluntariamente con la política exterior estadounidense.

En este contexto, en un mundo multipolar los países tienen más libertad para actuar de forma independiente, ya que la responsabilidad de su comportamiento no recae en un actor específico (este concepto se denomina buck-passing o «pasar la bola a otro»)43.

Durante la Guerra Fría, estos actores eran Estados Unidos y la URSS, en un sistema bipolar que limitaba las opciones a sumarse a uno u otro bloque.

Actualmente, el Consejo de Seguridad de la ONU, constituido como directorio mundial, tiene la responsabilidad de mantener la paz y la seguridad internacionales, y todos los Estados están obligados a aceptar sus resoluciones44.

Sin embargo, las grandes potencias mundiales consideran que el sistema ya no favorece sus intereses nacionales y llevan a cabo acciones que contradicen el derecho internacional en un escenario en el que «con cada país limitado a cuidar de sí mismo, nadie cuida el sistema»45.

Por tanto, la creciente inestabilidad del sistema y la ausencia de una potencia hegemónica empujan al resto a ejercer políticas que les hagan ser cada vez menos dependientes y más resilientes, ya que el contexto que los envuelve es progresivamente más competitivo y violento. El comportamiento tanto de Estados Unidos como el del resto de las potencias occidentales debe entenderse desde esta perspectiva.

Conclusiones

El intervencionismo limitado demostró ser una equivocación para la política exterior británica durante los años treinta. El error de cálculo resultó en la deriva hacia una guerra de desgaste y en una derrota desde la perspectiva de la aproximación indirecta, ya que, después de la Segunda Guerra Mundial, quedó en una posición claramente inferior a la que poseía anteriormente.

Aun así, realizó esfuerzos para desarrollar una doctrina que respondiese a las premisas de sus intereses nacionales, que entonces eran la disuasión efectiva y la supervivencia de su imperio. En este aspecto, su doctrina, aunque errónea, estaba alineada con sus objetivos políticos.

El intervencionismo limitado se ajusta mejor a las políticas de mantenimiento del statu quo, ya que implica minimizar la acción militar a favor de una disuasión efectiva. En el caso de Estados Unidos, persigue los mismos objetivos de mantenimiento que el Reino Unido hace un siglo. Sin embargo, la principal diferencia radica en su intervencionismo que, lejos de ser limitado, es inconmensurable.

El fracaso de la diplomacia y el intervencionismo militar estadounidense está demostrando ser un obstáculo para sus objetivos políticos. Como resultado, Estados Unidos ha desarrollado una doctrina militar ofensiva que no favorece el cumplimiento de sus objetivos.

Cuando estos no se alinean con los medios y la doctrina militares, el resultado es la incoherencia, por lo que se están socavando sus intereses nacionales. Si el objetivo de las naciones es la supervivencia, estarían contribuyendo a su propio suicidio estratégico.

Daniel Saurín Martínez
Máster en Historia Militar IUGM-UNED
Doctorando en Historia Contemporánea

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1] MORGENTHAU, Hans. Politics among Nations. The Struggle for Power and Peace. Nueva York, Alfred A. Kopf, 1948, p. 13.
[2] Ibíd., pp. 13-14.
[3] Ibíd., pp. 21-22.
[4] POSEN, Barry. The Sources of Military Doctrine. France, Britain, and Germany between the World Wars. Londres, Cornell University Press, 1984, p. 180.
[5] LIDDELL HART, Basil H. Strategy. The Indirect Approach. Londres, Faber and Faber Limited, 1967, p. 335.
[6] FRÍAS SÁNCHEZ, Carlos J. «El futuro de la disuasión nuclear: análisis de las estrategias de las grandes potencias nucleares», Panorama nuclear global. Cuadernos de Estrategia IEEE. Madrid, Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2025, p. 42. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/cuaderno-de-estrategia-229
[7] THE WHITE HOUSE. National Security Strategy of the United States. Washington, 2025. p. 4. Disponible en: https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf
[8] CLAUSEWITZ, Karl. De la Guerra. Librodot, 1831, pp. 68-69.
[9] Ibíd., pp. 18 y 74.
[10] Ibíd., p. 8.
[11] POSEN. The Sources of Military Doctrine. France, Britain, and Germany between the World Wars. Op. cit., p. 59.
[12] FULLER, John F. C. The Reformation of War. Londres, Hutchinson & Co, 1923, p. 218.
[13] Ibíd., p. 219.
[14] FULLER, John F. C. The Foundations of the Science of War. Londres, Hutchinson & Co, 1926, p. 69.
[15] Ibíd., pp. 71 y 72-73 respectivamente.
[16] DANCHEV, Alex. «Liddell Hart and the Indirect Approach», The Journal of Military History, núm. 2. 1999, p. 315.
[17] LIDDELL HART. Strategy. The Indirect Approach. Op. cit., pp. 334, 226 y 338.
[18] Ibíd., p. 367.
[19] Ibíd., pp. 366, 367 y 370.
[20] MORGENTHAU. Politics among Nations. The Struggle for Power and Peace. Op. cit., pp. 125-131.
[21] WALTZ, Kenneth N. Theory of international politics. Nueva York, McGraw-Hill, 1979, p. 113.
[22] POSEN. The Sources of Military Doctrine. France, Britain, and Germany between the World Wars. Op. cit., pp. 24-25.
[23] MORGENTHAU. Politics among Nations. The Struggle for Power and Peace. Op. cit., p. 100.
[24] Ibíd., p. 104.
[25] BOND, Brian. Liddell Hart. A Study of his Military Thought. Nueva Brunswick, Rutgers University Press, 1977, pp. 65-66.
[26] BOND, Brian y ALEXANDER, Martin. «Liddell Hart and De Gaulle: The Doctrines of Limited Liability and Mobile Defense», en PARET, Peter (ed.). Makers of Modern Strategy from Machiavelli to the Nuclear Age. Nueva Jersey, Princeton University Press, 1986, p. 612.
[27] LIDDELL HART, Basil H. The Liddell Hart Memoirs. Nueva York, G.P. Putnam´s Sons, pp. 280-281; Fuller. The Foundations of the Science of War. Op. cit., 1965, pp. 79 y 111.
[28] LIDDELL HART. The Liddell Hart Memoirs. Op. cit., pp. 281-283.
[29] Así POSEN. The Sources of Military Doctrine. France, Britain, and Germany between the World Wars. Op. cit., pp. 47-48.
[30] THE WHITE HOUSE. National Security Strategy of the United States. Op. cit., 2025, pp. 3 y 10.
[32] PÉREZ GIL, Luis V. La derogación definitiva de la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Documento de Análisis IEEE 25/2026. 2026, pp. 7-8. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee-2026-derogacion-uso-fuerza-relaciones-internacionales-analisis25
[33] KISSINGER, Henry. Diplomacia. Barcelona, Ediciones B, 1996, p. 4.
[34] MORGENTHAU. Politics among Nations. The Struggle for Power and Peace. Op. cit., p. 107.
[35] FULLER. The Foundations of the Science of War. Op. cit., p. 61.
[36] LIDDELL HART, Strategy. The Indirect Approach. Op. cit., p. 370.
[37] PÉREZ GIL. La derogación definitiva de la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Op. cit., p. 9.
[38] KISSINGER. Diplomacia. Op. cit., p. 5.
[39] WALTZ. Theory of international politics. Op. cit., p. 117.
[40] Entrevista en el canal de Glenn Diesen en Youtube. 28 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=DBOVT0UdHXg&t=1100s
[41] PARDO DE SANTAYANA, José. «La guerra ha vuelto con fuerza a la geopolítica», en Panorama Estratégico 2025. Madrid, IEEE, 2025, pp. 63-64. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/panorama-estratégico-2025?p_l_back_url=%2Fweb%2Fceseden%2Fbusqueda%3Fq%3DPANORAMA%2BESTRAT%25C3%2589GICO%2B2025&p_l_back_url_title=Busqueda
[42] KISSINGER. Diplomacia. Op. cit., p. 8.
[43] Véase en POSEN. The Sources of Military Doctrine. France, Britain, and Germany between the World Wars. Op. cit., p. 63.
[44] Artículos 24.1 y 25 de la Carta de la ONU.
[45] WALTZ. Theory of international politics. Op. cit., p. 109.
    • Equilibrio de poder e intervención limitada en el conflicto entre Estados Unidos e Irán (0,2 MB)

    • Balance of power and limited liability in the United States-Iran conflict (0,2 MB)