Reales y Militares Órdenes

Antecedentes e inicio de la Orden




Primera parte

Entre las distinciones con que se vienen premiando las conductas y servicios a España, la Real y Militar Orden de San Fernando ocupa el primer lugar por su relieve y prestigio; prestigio ganado por la exigencia del siempre difícil juicio contradictorio para la obtención de la Cruz Laureada y el correspondiente ingreso en la misma. La Real y Militar Orden de San Fernando fue fundada en 1811 por la Regencia de España, a iniciativa de las Cortes de Cádiz, durante la cautividad de Fernando VII, como primer premio general al valor militar. Fue la primera condecoración de “mérito” por estar abierta a todo aquel que la mereciese, sin atender a razones de nobleza, cuna o graduación, creada en un momento en que España se encontraba sacudida por la Guerra de la Independencia.

Pero no se podría entender la creación de la Real Orden si no se la enmarca en el contexto histórico en el que nace.

Foto: General Palafox, defensor de Zaragoza y Gran Cruz de la Orden.

La presencia de tropas francesas en España, en virtud del Tratado de Fontainebleau se había ido haciendo amenazante a medida que iban ocupando (sin ningún respaldo del tratado) diversas localidades españolas. El total de soldados franceses acantonados en España ascendía a unos 65.000, que controlaban no sólo las comunicaciones con Portugal, sino también con Madrid, así como la frontera francesa. Aprovechando los sucesos derivados del motín de Aranjuez de 17 de marzo de 1808, Napoleón forzó la cesión de la corona española a su hermano, José Bonaparte, como José I en las Abdicaciones de Bayona. Además ordena que se lleve a Francia a los Infantes y resto de la familia real que había quedado en Madrid. Los preparativos de éste traslado son los que dan lugar a la sublevación del 2 de mayo de 1808.

Las noticias de los hechos de Madrid se extendieron desde la misma tarde del 2 de mayo por todo el país, provocando las primeras declaraciones a favor de un levantamiento armado general en un clima de confusión ante la fragmentación de los distintos representantes del gobierno y el surgimiento de órganos de poder locales o Juntas. El 23 de mayo, una vez difundidas las noticias de las abdicaciones de Bayona, la insurrección se inicia en la ciudad de Valencia y en los días siguientes, en Zaragoza, mientras que en Murcia, el antiguo ministro Floridablanca preside la constituida nueva Junta. En Sevilla, la Junta local adopta el nombre de Junta Suprema de España e Indias, impulsora del texto considerado como la declaración de guerra formal emitida el 6 de junio. Ese mismo día, un ejército compuesto por militares y milicias campesinas logran impedir el paso de las columnas imperiales por el col del Bruc, causando la primera derrota relevante de un ejército francés en Europa. Comienzan los primeros y heroicos sitios de Zaragoza y Gerona.

Tras la gran derrota del ejército francés acaecida en la batalla de Bailén (19 de julio de 1808), y posteriormente en Portugal ante el ejército expedicionario inglés, tiene lugar el repliegue francés al norte del Ebro, lo que va a provocar la intervención directa de Napoleón entrando en España con un ejército de 250.000 hombres, veteranos procedentes de la Grande Armée. Un acuerdo general permitió constituir el 25 de septiembre de 1808 en Aranjuez la denominada Junta Suprema Gubernativa, presidida por Floridablanca. Con alguna excepción, como las batallas ganadas en Portugal por el ejército expedicionario inglés del General Wellington y la de Talavera de la Reina por el ejército conjunto hispano-inglés-portugués, el ejército francés ocupa prácticamente toda España. La Junta Suprema, convoca a las Cortes del Reino que se reunen en la gaditana Isla de León (hoy San Fernando) el 24 de septiembre de 1810 y posteriormente, ante el empuje francés y la capitulación de Andalucía, en Cádiz.

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Segunda parte

Foto: Aprobación en las Cortes de Cádiz de la primera Constitución.

Al poco de comenzar las primeras sesiones parlamentarias, una de las primeras preocupaciones fue relativa a los premios militares. Hasta ese momento, cada encuentro, cada batalla, cada sitio, había provocado la creación, por parte de la Junta Local o Provincial correspondiente de una condecoración distinta, conmemorativa del hecho de armas. La intención fue la de crear una única condecoración y de prestigio para premiar los hechos heroicos y distinguidos, acabando con la proliferación de medallas y ascensos, que se daba en ese momento. Se suceden varias propuestas de diputados para ver como recompensar el heroísmo, hasta que el 25 de enero de 1811 las Cortes reciben una propuesta de un ciudadano (ya vista por la Comisión de Premios) llamado D. Ramón Parques, relativa a la creación de una nueva orden titulada de San Fernando, acordando que "no es ésta ocupación propia del día". Inexplicablemente, dos días más tarde, Don Luis de Velasco y Camberos, Teniente Coronel de Infantería y Diputado por el Virreinato de Buenos Aires, logra que se acepte su proyecto de una nueva Orden llamada de "La Espada de San Fernando". A partir de entonces comienzan las deliberaciones y proyectos, hasta que el 31 de agosto de 1811, por Decreto número LXXXVIII de las Cortes de Cádiz, se promulga la llamada Orden Nacional de San Fernando y en cuyo primer Reglamento se crean cinco clases de cruces para premiar acciones heroicas y hechos distinguidos, de índole individual. Para las acciones de carácter colectivo, se crea la Corbata para unidades tipo Regimiento o Batallón.

Aunque en el momento de su creación se decidió que solamente estaría destinada a premiar los méritos posteriores a su fundación, enseguida se amplió el tiempo hasta los días iniciales del alzamiento nacional contra los franceses. Así, el hecho más antiguo, que se conozca, por el que se concedió una Cruz data del mismo 2 de mayo de 1808, fue dada en 1823 al entonces Coronel de Caballería en Guatemala D. Rafael Arango por su valor luchando contra los franceses en el madrileño Parque de Artillería de Monteleón.

Foto: El General Wellington, Duque de Ciudad Rodrigo.

En 1812 el General Arthur Wellesley, Vizconde de Wellington, decide pasar a la ofensiva y asegurarse el paso a Portugal atacando Ciudad Rodrigo que arrebata a los franceses. Por ésta acción las Cortes le nombran Duque de Ciudad Rodrigo, con Grandeza de España. A continuación baja hasta Badajoz que reconquista el 6 de abril. La ciudad de Badajoz, la más sitiada durante la Guerra de la Independencia Española, padece también su más cruel saqueo por los soldados aliados. Sus oficiales no pueden contenerles y hasta el mismo Vizconde de Wellington es amenazado. Los desórdenes terminan el día 9 de abril. Este episodio será también duramente criticado en Inglaterra, como vergonzoso, aunque las Cortes españolas agradecerán al Vizconde de Wellington la reconquista de Badajoz, otorgándole la Gran Cruz de San Fernando. Ésta alta distinción honró de tal manera a Wellington que la lució durante el resto de su vida y se conserva en su Casa-Museo de Londres. La Orden debe al Lord además, su salvación, como más tarde se verá, pues su consejo movió a Fernando VII a mantenerla vigente.

Como consecuencia de la salida de España de parte de la Grande Armée debido a la campaña de Rusia, Wellington toma definitivamente la iniciativa y el 22 de julio se dá la batalla de los Arapiles (Salamanca), dando un vuelco definitivo a la guerra y dejando expedito el camino de Madrid. Ésta victoria, hace que se disipen todas las dudas y envidias, nombrándosele General en Jefe de todos los Ejércitos Aliados. Por ésta batalla se le concede al General Wellington, Duque de Ciudad Rodrigo, el Toisón de Oro, que no acepta hasta que tiene el visto bueno del Rey de Inglaterra, y que le será impuesto en una visita que hace a Cádiz en el invierno siguiente, donde es agasajado por todos los estamentos y es invitado a pronunciar un discurso en las Cortes. Antes se había producido el fin del sitio de Cádiz y son liberadas numerosas ciudades españolas.

En 1813, sale definitivamente José I de Madrid, y en su persecución y la del ejército de Napoleón, se dá la batalla de Vitoria el 21 de junio. El 30 de octubre las tropas francesas capitulan en Pamplona y el 29 de diciembre Napoleón obliga a su hermano José a que abdique de la Corona de España.

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