Reales y Militares Órdenes

Desde 1920 hasta nuestros días



Dado que en 1918 se crea la Medalla Militar como consecuencia de la Ley de Bases para la Organización del Ejército de 29 de junio de 1918, en el quinto Reglamento de 5 de julio 1920, se separa de la Orden de San Fernando la posibilidad de conceder las condecoraciones por valor muy distinguido, suprimiéndose de ella las Cruces de 1ª y 3ª clase. En opinión de los autores de un magnifico libro sobre la Real y Militar Orden, D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gil y D. José Luis Isabel Sánchez, ésto fue un craso error al seguirse modelos premiales franceses, completamente ajenos a los nuestros, aunque remediado en parte con la promulgación del último Reglamento, aprobado en junio de 2001.

En el Reglamento de julio de 1920, la Cruz Laureada sería única, desde soldado a general y su insignia queda definitivamente conformada por las cuatro espadas unidas por los pomos rodeadas de la corona de laurel por la que es mundialmente conocida la Orden. La efigie del Santo, solo se conserva en la Gran Cruz Laureada, unicamente para premiar a Generales en Jefe. También se regula la Cruz Laureada Colectiva. La Orden se organiza bajo la autoridad de S.M. el Rey, como Jefe y Soberano de ella, una Asamblea, el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y un Capítulo.

Durante la Dictadura del General Primo de Rivera se promulgó el sexto Reglamento, el 26 de noviembre de 1925, que mantenía la tres clases de cruces, la Gran Cruz Laureada, la Cruz Laureada y la Cruz Laureada Colectiva.

Al producirse, el 14 de abril de 1931, el advenimiento de la Segunda República, quedó sin efecto cuanto se había legislado durante la Dictadura, excepto en lo que se refiere a las dos Órdenes Militares que no fueron disueltas. La única modificación producida fue la disposición por la que se derogaba el Reglamento de 1925 y se recuperó el de 1920. Foto: Los últimos Laureados. Izquierda D. Juan José Orozco Massieu, D Enrique Serra Algarra y D. Adolfo Esteban Ascensión. En la actualidad no queda ninguno.Al iniciarse la guerra civil en julio de 1936, el Ejército del bando nacional siguió conservando como condecoraciones de guerra la Cruz de San Fernando y la Medalla Militar pero no hizo lo mismo el bando republicano que renunció a ellas, primeramente de facto y de iure a partir de marzo de 1937, fecha en que crea la Medalla de la Libertad para recompensar hechos distinguidos y la Placa Laureada de Madrid para los de carácter heroico.

Durante la guerra, obtienen la Gran Cruz los generales Franco, Mola y Queipo de Llano, y un caso insólito por ser civil, el Gran Visir de la Zona del Protectorado de España en Marruecos. Obtienen la Cruz Laureada 64 jefes, oficiales, suboficiales y tropa. Tuvo además, un gran desarrollo la concesión de Laureadas Colectivas y, no solamente a Unidades constituidas (hasta 80), si no a amalgamas de Unidades diversas (Álcazar de Toledo, Sta. María de la Cabeza, Oviedo, Belchite...) y también a colectivos civiles, pues en 1937 y 1939 se concedieron la Laureada Colectiva a la provincia de Navarra y ciudad de Valladolid.

La Campaña de Rusia (1941 - 1943) y la guerra de Ifni y Sahara (1958) dieron lugar a los últimos actos de valor heroico que merecieron el premio de la Cruz Laureada. Fueron ocho los condecorados en la primera y dos en la segunda, laureados que cierran, por ahora, una larga lista de héroes de los dos últimos siglos de nuestra historia.

El séptimo Reglamento de 1978 introduce importantes novedades, el Soberano de la Orden es S.M. el Rey pero se crea la figura del Gran Maestre y como órganos de gobierno se establecieron el Capítulo, la Asamblea y la Maestranza. Posteriormente, en 1981, se da entrada al Censor y en 1988 se crea la Unidad Administrativa. Además se crea, para poder ostentar la Laureada Colectiva, el Guión-Enseña y Placa para aquellas unidades, buques o aeronaves que carezcan de Bandera o Estandarte.

El octavo Reglamento, último y vigente en la actualidad, fue aprobado por Real Decreto 899/2001, de 27 de julio.

Contiene este Reglamento importantisimas novedades, pues supone recuperar el espíritu fundacional de la Orden. Entre ellas cabe destacar las siguientes:

  • Se vuelven a premiar en él los hechos distinguidos, además de los heroicos, lo que dio lugar al ingreso en la Orden de todos los Caballeros Medallas Militares.
  • No es requisito indispensable la declaración formal del estado de guerra para considerar las acciones heroicas.
  • Cabe admitir en ellas a damas de las Fuerzas Armadas.
  • Se regula el funcionamiento de la Orden con órganos rectores y administrativos de la Orden de San Hermenegildo por la escasez de Caballeros condecorados Laureados individualmente con vida y su longevidad. A inicios de 2008 los Caballeros Laureados individuales han fallecidos todos y sólo queda medio centenar escaso de Caballeros Medallas Militares individuales con avanzada edad.
  • Los órganos de gobierno de la Orden son, el Capítulo, la Asamblea y la Maestranza pero debido a lo dicho anteriormente, es la Asamblea Permanente y la Cancillería de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo las que llevan todos los asuntos relacionados con esta Orden. El Presidente de la Asamblea, el Gran Canciller de la Orden de San Hermenegildo, lleva, además, las relaciones institucionales de la Orden.
  • Se integran en la Orden las condecoraciones de la Medalla Militar Individual y en su representación Colectiva, para premiar los hechos muy distinguidos. Aparte de la Corbata, se crea el Guión-Enseña y la Placa de la Medalla Militar.
 

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