Más allá del terreno de juego: La batalla por la influencia global en el siglo XXI

Foto ilustrativa

27 nov 2024

Más allá del terreno de juego: La batalla por la influencia global en el siglo XXI

Rocío de los Reyes Ramírez

Si ya acontecía en el pasado…

Desde tiempos inmemoriales, el deporte ha sido mucho más que una actividad recreativa o competitiva. En la antigua Grecia, los Juegos Olímpicos, iniciados en el 776 a.C., no solo eran competiciones atléticas, sino también un símbolo de cohesión y rivalidad entre las ciudades-estado. A pesar de disputarse bajo una tregua sagrada (ekecheiria)1, los Juegos se convirtieron en una oportunidad para demostrar la superioridad cultural, militar y política de cada polis. Las victorias de atletas de ciudades como Esparta o Atenas aumentaban su prestigio y consolidaban su influencia en la región.

Además de fomentar la rivalidad, los Juegos Olímpicos también promovían un sentido de unidad panhelénica en un contexto político fragmentado. Por lo tanto, la política y el deporte nunca estuvieron completamente separados. Las ciudades competían por patrocinar a los mejores atletas, reflejando así su poder y capacidad para influir en otras regiones. Incluso durante las Guerras Médicas, en las que Grecia se enfrentó al Imperio Persa, los Juegos Olímpicos simbolizaban la resistencia y reafirmación de la identidad griega frente a las amenazas externas.

De manera similar, en la Roma imperial, los espectáculos deportivos, aunque distintos de los Juegos Olímpicos griegos, también tuvieron implicaciones geopolíticas. Eventos como las luchas de gladiadores y las carreras de carros en el Circo Máximo se utilizaron como herramientas políticas por los emperadores para ganar el favor del pueblo y proyectar su autoridad. Estos espectáculos no solo servían para distraer a la población de los problemas sociales y económicos, sino que también reforzaban la imagen del imperio como una entidad todopoderosa.

El deporte en Roma se convirtió así en un medio de control social y propaganda. Emperadores como César y Nerón organizaban fastuosos juegos que celebraban las conquistas militares y el poder del imperio, reafirmando su hegemonía sobre los pueblos subyugados consolidando así su papel central en el mundo antiguo.

Tras la caída del Imperio Romano, durante la Edad Media, el deporte reflejaba la estructura política de la época. Las justas y torneos de caballería eran más que competiciones deportivas: servían para que los caballeros y señores feudales demostraran su poder militar y consolidaran alianzas entre reinos, reforzando la jerarquía política y el control de los territorios.

A medida que el Estado-nación moderno se consolidó en Europa durante los siglos XVIII y XIX, el deporte adquirió un nuevo significado como símbolo de identidad y unidad nacional. Con el auge del imperialismo europeo, deportes como el fútbol, el criquet y el rugby se expandieron, sirviendo también para contribuir a esa consolidación la identidad de las potencias coloniales. En el siglo XIX, la popularización del deporte coincidió con el ascenso del nacionalismo europeo, y se utilizó para fomentar la cohesión social. Además, y demostrando su importancia más allá de las fronteras de los estados, el deporte se institucionalizó internacionalmente, con la creación de organismos como el Comité Olímpico Internacional (1894)2 y la FIFA (1904)3, lo que dio lugar a competiciones que reflejaban la rivalidad entre naciones.

El renacimiento de los Juegos Olímpicos modernos en 1896, impulsados por el barón Pierre de Coubertin, ocurrió en un contexto de imperialismo europeo, donde las potencias buscaban proyectar su poder. Aunque los ideales olímpicos promovían la paz y la amistad entre las naciones, los Juegos rápidamente se convirtieron en un escaparate para la geopolítica.

En el siglo XX, el deporte se consolidó como herramienta geopolítica, especialmente durante momentos de gran tensión internacional. Ejemplos clave incluyen los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, organizados por la Alemania nazi, donde Adolf Hitler utilizó el evento para promover la supremacía aria, aunque la victoria de Jesse Owens, un afroamericano que ganó cuatro medallas de oro, desafió su ideología.

Durante la Guerra Fría, los Juegos Olímpicos y otras competiciones deportivas se convirtieron en campos simbólicos de confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, que aprovecharon estos eventos deportivos como una plataforma ideológica, política y propagandística para demostrar su poderío y presentar sus sistemas económicos y políticos como los más exitosos, buscando establecerse como modelos a seguir para el resto del mundo.

De igual modo, los boicots deportivos a gran escala se convirtieron en una poderosa herramienta política durante la recta final de la Guerra Fría, ejemplificando, una vez más, la intersección entre la política y el deporte. Más de treinta países africanos boicotearon los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976 por la participación en la cita de Nueva Zelanda tras jugar un partido de rugby en Sudáfrica, nación que estaba vetada por practicar el apartheid4.

Años más tarde, Estados Unidos encabezó un boicot de 60 países a los Juegos de Verano de 1980 en Moscú para protestar contra la invasión de Afganistán por la Unión Soviética; en respuesta al boicot estadounidense, la Unión Soviética decidió no participar en los Juegos de Los Ángeles 1984, justificando su no asistencia con el argumento de que las medidas de seguridad no les ofrecían suficientes garantías.

Asimismo, el Mundial de Fútbol de Argentina de 1978 fue utilizado por la dictadura de Videla como una herramienta para proyectar estabilidad y orden, a pesar de la represión brutal existente en el país.

… ¿Qué no ocurrirá en el mundo global actual?

Pero, aunque la geopolítica del deporte tenga profundas raíces históricas, en las últimas décadas ha adquirido una nueva dimensión gracias a la globalización, el avance de las comunicaciones y el impacto de las redes sociales.

En el ámbito del soft power, el deporte juega un papel fundamental. ¿Cómo puede un país captar la atención de manera positiva y ganarse la simpatía de la opinión pública global? Antiguamente, una demostración de fuerza militar, aunque controvertida, solía causar admiración y respeto. Sin embargo, en el contexto actual, acciones similares tienden a recibirse con desaprobación y rechazo, provocando más condena que admiración. En cambio, el éxito en el deporte y la organización de eventos deportivos internacionales se han convertido en formas más efectivas de proyectar influencia y prestigio a nivel mundial5. Las competiciones deportivas internacionales, como los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial de Fútbol, han evolucionado hasta convertirse en plataformas estratégicas que permiten a los países proyectar su soft power, influir en la opinión pública global y reforzar su prestigio en la arena internacional.


Fuente: Elaboración propia

El deporte ha dejado de ser un simple espectáculo competitivo para convertirse en un campo de disputa geopolítica de gran relevancia. Las competiciones deportivas internacionales, no solo generan pasiones y orgullo nacional, sino que también se han transformado en un escenario clave para la proyección del poder de los Estados y otras entidades. La globalización y la creciente interconexión entre países han permitido que el deporte sea un vehículo para influir en la opinión pública y proyectar una imagen de poder, estabilidad y prestigio. Así, naciones emergentes y potencias establecidas invierten cuantiosos recursos en la organización de megaeventos, utilizando estos como plataformas para fortalecer su soft power y ejercer influencia a nivel internacional.

La relación entre deporte y geopolítica es más fuerte que nunca. Los países utilizan el deporte no solo como una herramienta diplomática, sino también como un reflejo de sus aspiraciones globales y su capacidad de influencia. A través de eventos deportivos, las naciones negocian poder, construyen imagen y, en algunos casos, evitan conflictos mayores. El deporte se ha convertido en una plataforma donde las dinámicas políticas y económicas globales se manifiestan y compiten, demostrando que las victorias en el campo deportivo pueden tener repercusiones que trascienden el terreno de juego.

En este contexto, la globalización ha transformado el ámbito deportivo, facilitando la migración de talentos y el desarrollo de competiciones que trascienden las fronteras nacionales. Esto ha dado lugar a nuevas dinámicas internacionales, especialmente en lo relacionado con los fichajes de atletas y la comercialización de grandes eventos deportivos.

Además, el deporte tiene la capacidad de reforzar identidades nacionales o regionales, y en ocasiones de exacerbar tensiones históricas, como ocurre con la rivalidad entre Argentina y el Reino Unido en fútbol después de la guerra de las Malvinas.

A continuación, analizaremos cómo estas interacciones han moldeado el papel del deporte en la geopolítica actual y su influencia en las relaciones internacionales.

Diplomacia deportiva: el deporte como herramienta de influencia política

La diplomacia deportiva se ha consolidado como una herramienta clave para construir puentes entre países, especialmente en situaciones de conflicto. La política ya no es el único instrumento de poder en las sociedades actuales; han surgido nuevos actores que, en ocasiones, poseen una capacidad de influencia superior a la de los propios Estados, quienes poseían el control del mundo, país o empresa, ahora deben compartirlo con otros, que los desafían, en el ámbito político, empresarial o social6.

En el entorno diplomático contemporáneo, las condiciones son ideales para la diplomacia deportiva. La aparición de «nuevos» actores diplomáticos –organizaciones de la sociedad civil, empresas multinacionales y organizaciones intergubernamentales, e incluso celebridades influyentes- ha consolidado expresiones como, «polilateral» o «multiactor» para describir las redes verticales y horizontales que caracterizan la diplomacia moderna7.

La diplomacia deportiva se basa en la idea de que el deporte tiene la capacidad única de trascender fronteras políticas, culturales y sociales, ofreciendo un espacio neutral para el diálogo y la cooperación. A diferencia de los canales diplomáticos tradicionales, que pueden estar sujetos a tensiones y rivalidades, el deporte ofrece un lenguaje universal que puede suavizar las diferencias y crear un terreno común.

En este entorno dinámico, los deportistas internacionales pueden emplearse para aumentar un mensaje de política exterior; las relaciones diplomáticas complejas pueden salvarse a través del deporte o incluso, como ocurrió con la prohibición impuesta a la Sudáfrica del apartheid, el deporte puede utilizarse como herramienta punitiva.

Los líderes mundiales han reconocido el potencial del deporte para establecer relaciones diplomáticas y culturales, aprovechando eventos de gran escala como los Juegos Olímpicos y las Copas Mundiales de Fútbol.

El deporte, como venimos comentando, por su capacidad de captar la atención global, permite a los países demostrar su organización y mostrar su identidad cultural sin recurrir a tensas negociaciones políticas. En lugar de generar conflictos, los eventos deportivos pueden proporcionar una plataforma neutral para fomentar el diálogo y la cooperación basados en intereses comunes, lo que puede ayudar a superar barreras políticas y culturales.

La diplomacia deportiva se ha convertido en un espacio institucional más amplio incluso que las Naciones Unidas, actualmente, el Comité Olímpico Internacional (COI) cuenta con 206 Comités Olímpicos Nacionales frente a los 193 Estados miembros de la ONU. Esto se debe a que el COI reconoce como participantes olímpicos a territorios que no son Estados soberanos (miembros de la ONU) como Puerto Rico, Hong Kong y territorios como Palestina y Kosovo. Esto refleja la apertura del COI hacia regiones con identidad deportiva propia, más allá de las divisiones políticas internacionales. Lo mismo ocurre con la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), que agrupa en su seno a más países que la propia ONU, pues reconoce selecciones independientes como Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte. Este dato merece cierta reflexión, y explica el reconocimiento la capacidad del deporte como potencial herramienta para el desarrollo y la paz8.

Un caso ejemplar de diplomacia deportiva fue la colaboración entre las dos Coreas durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 en Pyeongchang, donde compitieron bajo una bandera unificada y formaron un equipo conjunto de hockey femenino. Esta histórica colaboración fue posible gracias a complejas negociaciones que utilizaron el deporte como un vehículo para acercar a dos naciones tradicionalmente enfrentadas.

Esta conformación de un equipo conjunto de hockey femenino entre las dos Coreas no solo simbolizó un avance hacia la reconciliación mediante el deporte, sino que también marcó un hito en la apertura diplomática de Corea del Norte. La presencia de Kim Yo-Jong, hermana del líder norcoreano, en los Juegos Olímpicos fue interpretada por muchos analistas como un gesto inédito de acercamiento y voluntad de diálogo entre el aislado régimen norcoreano y Corea del Sur, algo que no se había visto en décadas. De este modo, se vino a demostrar que, a través del deporte, era posible encontrar puntos de convergencia que trascienden la política.

Otro ejemplo fehaciente es el intercambio diplomático sobre críquet entre India y Pakistán, donde este deporte ha representado un papel fundamental en las complejas relaciones entre estos dos países, marcadas por décadas de tensiones políticas, conflictos fronterizos y diferencias religiosas. Desde la partición del subcontinente indio en 1947 en una India de mayoría hindú y un Pakistán de mayoría musulmana, ambas naciones han librado cuatro guerras. Sin embargo, el cricket ha demostrado ser un medio para aliviar temporalmente esas tensiones, sirviendo como un puente que une a sus pueblos más allá de sus diferencias9.

En 2004, tras la crisis de Cachemira que dejó a ambas naciones al borde de la guerra, una serie de partidos de criquet promovidos por ambos gobiernos ayudó a reducir la tensión y permitió la apertura de negociaciones sobre seguridad y fronteras.

A pesar de los atentados terroristas de 2008 en Bombay10, que llevaron a la suspensión del diálogo de paz, el deporte volvió a servir como herramienta diplomática. En 2011, durante la Copa del Mundo de Criquet, el primer ministro indio Manmohan Singh invitó a sus homólogos pakistaníes, el presidente Asif Ali Zardari y su Primer Ministro Syed Raza Gilani, para ver juntos el partido de semifinales en la ciudad india de Mohali, situada en el estado de Punjab. Este gesto simbólico contribuyó a restablecer las conversaciones de paz, suspendidas desde 2004, y a mejorar las relaciones bilaterales. En un acto de buena voluntad, Pakistán liberó a un ciudadano indio que había estado encarcelado durante 27 años, lo que reforzó el impacto positivo de estos encuentros deportivos11.


Los ministros de Pakistán e India, Yousuf Raza Gilani y Manmohan Singh, respectivamente, unidos por el cricket en Mohali.. Fuente: AP/BBC

Más allá de ser un canal para la diplomacia formal, el deporte fomenta la comprensión y la tolerancia entre países con culturas y sistemas de valores diferentes. Equipos deportivos formados por jugadores de diversos orígenes pueden promover la diversidad y la inclusión, mientras que figuras deportivas pueden usar su visibilidad para abogar por la paz y la justicia social.

Un ejemplo claro es el fútbol, que ha servido para abordar problemáticas políticas y sociales. Tal fue el caso del partido Turquía-Armenia en 2008. Uno de los principales puntos de fricción en la actual guerra verbal entre Turquía y Armenia es la negativa turca a reconocer el genocidio armenio, que se cobró la vida de 1,5 millones de personas durante la Primera Guerra Mundial. En 2008, las dos selecciones iban a disputar un partido de clasificación para el Mundial, y el presidente turco aceptó una invitación del presidente armenio para verlo juntos. En otro gesto de buena voluntad, Armenia flexibilizó las restricciones de visado para que los aficionados turcos pudieran acudir también al partido en Armenia. El partido abrió nuevos canales diplomáticos entre ambos países con la esperanza de descongelar las relaciones en el futuro.

La FIFA, como principal organismo del fútbol mundial, ha demostrado que este deporte puede ser un poderoso instrumento para promover la unidad y combatir la discriminación. Mediante iniciativas como las campañas Say No to Racism, lanzada en 2002, y Football for Hope en 2005, la organización se ha esforzado por erradicar el racismo y fomentar la inclusión tanto dentro como fuera de los estadios. Estas acciones no solo transmiten un mensaje contundente en contra del odio, sino que también utilizan el fútbol como una plataforma global para impulsar el respeto, la igualdad y la defensa de los derechos humanos. El Mundial de Fútbol de 2010 en Sudáfrica fue un símbolo de cómo, a pesar de un pasado marcado por el apartheid, el país logró unir a personas de todas las razas en torno al fútbol. La elección de Sudáfrica como sede del Mundial reflejó un voto de confianza en su capacidad para dejar atrás un pasado marcado por profundas divisiones raciales.

De ese modo, la FIFA puso de manifiesto que, usado de manera eficiente, el fútbol trasciende el entretenimiento, al tener el poder de transformar sociedades, promover la paz y combatir la discriminación, estableciendo un precedente para los futuros eventos deportivos.

En conclusión, la diplomacia deportiva no solo facilita relaciones entre Estados, sino que también promueve la cohesión social y la paz mundial. A través del espíritu de competencia justa, el respeto y el juego limpio, el deporte tiene el poder de conectar a las naciones en un entorno global cada vez más interdependiente. Invertir en la diplomacia deportiva no es solo una estrategia a corto plazo, sino una apuesta por un futuro más pacífico y colaborativo a nivel internacional.

Del poder transformador del deporte al uso estratégico: El fenómeno del sportswashing

Como vimos anteriormente, el deporte tiene un potencial innegable para promover la unidad, la inclusión y la paz en el escenario global. Sin embargo, este mismo poder también puede ser utilizado con fines menos nobles. Desde hace menos de un siglo, los líderes políticos han reconocido el inmenso poder del deporte como herramienta de influencia. Durante este tiempo, numerosos regímenes autoritarios han aprovechado su potencial para consolidar su propaganda, fortalecer la cohesión social y proyectar una imagen de poder y grandeza tanto a nivel nacional como internacional, una práctica conocida como sportswashing.

El término sportswashing hace referencia al uso de grandes eventos deportivos, equipos de élite o patrocinios deportivos para desviar la atención de violaciones a los derechos humanos, corrupción o represión política, y así proyectar una imagen más positiva ante la comunidad internacional. Esta práctica no solo ilustra cómo el deporte puede instrumentalizarse para blanquear la reputación de un país, sino también cómo la diplomacia deportiva puede ser manipulada para ocultar problemas profundos bajo una fachada de celebración y competencia.

Los regímenes autoritarios de Oriente están desafiando cada vez con mayor firmeza la hegemonía de Occidente, impulsando una reconfiguración del orden global. Gracias a su capacidad para tomar decisiones de manera más ágil y centralizada, en contraste con las democracias más lentas y burocráticas, están ganando terreno en la escena internacional. Al mismo tiempo, el auge del nacionalismo como fuerza política está consolidándose en diversas regiones del mundo, actuando como un vínculo que refuerza la cohesión interna de estos Estados en su búsqueda de mayor influencia global, y el mundo del deporte muestra reflejos evidentes de ese cambio.

Uno de los ejemplos más notorios de sportswashing es el caso de Arabia Saudí, que intenta reconstruir su imagen y prepararse para un mundo sin petróleo, siendo el deporte un elemento clave de su estrategia, invirtiendo miles de millones de dólares en organizar eventos deportivos de alto nivel. Aunque otras naciones han ejercido influencia en el deporte mundial en el pasado, como la Unión Soviética, los países del Pacto de Varsovia y, más tarde, China, compitiendo ferozmente contra las potencias occidentales, nunca se había visto nada tan patente como las vastas inversiones de Arabia Saudí en multitud de deportes diferentes en los últimos años.

Desde que el Fondo de Inversión Pública (FPI) de Arabia Saudí adquirió el Newcastle United en 2021, el club ha desembolsado más de 400 millones de libras en fichajes12. A nivel nacional, la liga saudí apenas tenía proyección internacional hasta que, en enero de 2023, el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Al Nassr desató una auténtica revolución en la Saudi Pro League. A partir de aquí, estrellas del fútbol europeo como Neymar, Karim Benzema, Sadio Mané y N'Golo Kanté se unieron a la liga saudí, que en ese mercado de fichajes batió récords al gastar 957 millones de dólares, solo por detrás de la Premier League13. Esta estrategia ha puesto a la Saudi Pro League en el mapa global del fútbol y, por supuesto, busca consolidar la imagen del país como una potencia emergente en el deporte. Además de todo esto, Arabia Saudí organizará la Copa Mundial de 2034, tras haber sido anunciada como única candidata.


Karim Benzema y Cristiano Ronaldo Fuente: Ámbito.

Del mismo modo, en octubre de 2021, a la vez que el FPI compró el Newcastle United, los saudíes lanzaron una bomba sobre el mundo del golf al comprometerse a invertir 2000 millones de dólares en una nueva competición llamada LIV Golf. Después de muchas controversias, el PGA Tour, el principal circuito estadounidense, y LIV Golf llegaron a un pacto, por el que el fondo saudí inyectará 1000 millones de libras (unos 1200 millones de euros) a cambio de dos puestos en la Junta Directiva del PGA Tour, incluido el puesto de presidente14.

Con el mismo enfoque, que supone el último paso en la enorme inversión del país en el deporte de élite, Arabia Saudí acogió este año las finales del WTA Tour, el torneo de tenis femenino que reúne a las mejores ocho tenistas del mundo, como parte de un acuerdo de tres años que aumentó el premio en metálico hasta la cifra récord de 15,25 millones de dólares, un aumento del 70% respecto a 2023. Aunque, desde que se anunció que las WTA Finals se celebrarían en Riad, el debate ha girado en torno a las implicaciones morales y políticas de esta elección15.

Todo ello, sin mencionar las inversiones en la Fórmula 1, las peleas de boxeo o la hípica, que siguen buscando mejorar su imagen internacional mientras se desvían las críticas hacia su historial de derechos humanos, que incluye acusaciones de represión a disidentes, discriminación contra minorías y restricciones a las libertades de las mujeres.

Otro caso destacado es el de Catar, que ha realizado una inversión sustancial en Francia desde inicios de la década de 2000. La compra del PSG por 70 millones de euros (una suma ínfima comparada con otras inversiones qataríes en Francia), seguida de otras inversiones más importantes en materia de fichajes, le ha proporcionado un escaparate incomparable para que desde entonces todos los europeos situasen al país en el mapa.

Pero después, en el año 2010 fue elegido como sede del Mundial de Fútbol en 2022. A pesar de las denuncias sobre las condiciones de trabajo inhumanas que enfrentaron los trabajadores migrantes en la construcción de los estadios, y las preocupaciones sobre los derechos de las minorías, Catar utilizó el evento para proyectar una imagen de progreso y modernidad. Se calcula que la monarquía del Golfo invirtió unos 220.000 millones de dólares en este magno evento16.

La elección de Catar para el mundial fue muy controvertida, las críticas le llovieron a la FIFA, con acusaciones de corrupción en el proceso de selección17. Sin embargo, el país logró que el mundo centrara su atención en sus impresionantes estadios y ceremonias, para cambiar percepciones y afirmar su posición en el mundo árabe y más allá, desviando el foco de las críticas.

Precisamente, en un artículo publicado por la Universidad de Copenhague18, se analiza si los regímenes autoritarios pueden mejorar su imagen internacional mediante la organización de grandes eventos deportivos, como el caso del Mundial de Catar.

Basándose en encuestas realizadas en Alemania antes y durante el torneo, los autores concluyen que, contrariamente a lo esperado, el inicio del Mundial no mejoró la percepción de Catar entre los encuestados. Sin embargo, sí se observó un aumento en la simpatía hacia el mundo árabe en general. Además, el evento también provocó un incremento en las críticas hacia los medios de comunicación alemanes y el estado de la democracia y la inclusión social en Alemania.

Estos resultados sugieren que, aunque los esfuerzos de sportswashing pueden no lograr mejorar directamente la reputación de un país anfitrión autoritario, pueden generar efectos colaterales como el aumento de la polarización en democracias extranjeras y el fortalecimiento de la percepción positiva hacia su región en general. Por lo tanto, aunque el sportswashing pudiera no funcionar de la forma deseada por los regímenes autoritarios, tiene efectos significativos y complejos sobre la opinión pública en otros países.

Esta investigación proporciona una perspectiva inicial sobre cómo los eventos deportivos internacionales pueden ser utilizados como herramientas de poder blando, al tiempo que revelan las limitaciones y riesgos asociados con estos intentos de mejorar la imagen de un régimen autoritario.

El sportswashing plantea dilemas éticos significativos tanto para organizaciones deportivas como para los atletas que participan en estos eventos. Por un lado, los eventos internacionales pueden fomentar la apertura y el intercambio cultural entre países; sin embargo, aceptar la financiación de regímenes que usan el deporte para mejorar su imagen podría implicar una forma de complicidad con sus políticas internas. Organizaciones como la FIFA, el Comité Olímpico Internacional (COI) y la Fórmula 1 enfrentan la difícil tarea de expandir el alcance del deporte sin legitimar a gobiernos cuestionables. Al mismo tiempo, los deportistas se encuentran en un dilema: boicotear competiciones como forma de protesta o competir para no poner en riesgo sus carreras profesionales, lo que añade una carga moral y profesional considerable.

Distinguir entre diplomacia deportiva y sportswashing no es tarea sencilla, ya que ambas prácticas pueden parecer similares en la superficie, pero difieren en su propósito e impacto. Mientras que la diplomacia deportiva tiene la intención de promover el entendimiento y la cooperación entre naciones a través de los valores del deporte, el sportswashing se enfoca en utilizar los eventos deportivos como una herramienta de propaganda para mejorar la imagen de regímenes que continúan vulnerando derechos fundamentales.

Esta diferencia se vuelve cada vez más difícil de discernir, ya que los intereses económicos y estratégicos se entrelazan en la geopolítica actual. Esto pone en entredicho la responsabilidad ética de las instituciones deportivas al seleccionar las sedes de sus competiciones y aceptar patrocinios que, en algunos casos, legitiman prácticas contrarias a los principios de igualdad y juego limpio que el deporte representa.

Juegos Olímpicos: Escenario global de poder y estrategia

La cita olímpica es la competición deportiva que mejor muestra los conflictos y dinámicas internacionales. Como ya comentamos en la introducción, su relevancia global se debe, en gran parte, a su impacto masivo como fenómeno cultural y mediático, capaz de captar la atención de audiencias en todos los rincones del mundo. Sin embargo, esta influencia no está exenta de críticas y controversias. La naturaleza histórica de los Juegos, con raíces que reflejan valores elitistas y una visión occidental del deporte, ha sido motivo de cuestionamientos. Al igual que el hermetismo del COI, percibido como una institución con un carácter poco democrático y poco transparente19.

A lo largo de la historia, los Juegos Olímpicos han sido escenario de numerosos episodios de tensión geopolítica. Desde competiciones alternativas, como los Juegos de la Amistad organizados por el bloque soviético en respuesta a los boicots liderados por Estados Unidos en los años 80, hasta enfrentamientos ideológicos en el medallero, las Olimpiadas han servido como campo simbólico de confrontación entre potencias, destacándose por ello la interacción constante entre deporte y política.

En este sentido, los Juegos Olímpicos en el siglo XXI no solo son un escaparate de rivalidades deportivas, sino también una plataforma donde las naciones buscan proyectar su soft power, reivindicar su soberanía o desafiar órdenes internacionales establecidos.

Este fue el caso de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, que no sería descabellado afirmar que marcaron un antes y un después en la historia del deporte y la geopolítica mundial. Representaron la entrada definitiva de China como una superpotencia global, no solo por la magnitud económica y tecnológica de su organización, sino también como una afirmación del régimen político que buscaba legitimar su modelo ante la comunidad internacional. La ceremonia inaugural, con su meticulosa precisión y despliegue de recursos, fue un mensaje inequívoco de poder y unidad, diseñado para asombrar al mundo y consolidar la imagen de un Estado en pleno ascenso.

Sin embargo, este escaparate de modernidad y progreso no estuvo exento de tensiones. Los Juegos fueron un foco de críticas internacionales relacionadas con los derechos humanos, el control de China sobre el Tíbet y su creciente influencia en asuntos globales. A pesar de ello, la hazaña organizativa y el éxito deportivo, con China liderando el medallero, sirvieron como una herramienta de soft power que reforzó su posición en el sistema internacional20.

No obstante, el auge de su influencia no se detuvo ahí. La evolución de su papel geopolítico quedó aún más clara en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022, que se convirtieron en un nuevo escenario de rivalidad global, en especial con Estados Unidos y sus aliados.

Washington lideró un boicot diplomático al evento, argumentando “genocidios y crímenes contra la humanidad” en Xinjiang y denuncias de violaciones a los derechos humanos en Hong Kong. Este gesto, apoyado por aliados como Reino Unido, Canadá y Australia, no incluyó la ausencia de atletas, pero sí buscó socavar la legitimidad del evento y la imagen internacional de China21.

Por su parte, China respondió con una muestra de su capacidad diplomática, acogiendo a más de 30 líderes mundiales, entre ellos figuras clave como el secretario general de la ONU y el director de la OMS, así como líderes de Europa, Iberoamérica, África y Asia. Particular atención recibió el respaldo de potencias del Golfo, como Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, todos aliados tradicionales de Estados Unidos, lo que evidenció la creciente influencia de Beijing en regiones estratégicas.

El evento también consolidó la alianza entre China y Rusia, simbolizada por la presencia destacada de Vladimir Putin y su encuentro con Xi Jinping poco antes de la ceremonia inaugural. Esta cercanía se tradujo en una declaración conjunta de amistad “sin límites” que reforzó el bloque antioccidental y precedió al inicio de la invasión rusa a Ucrania, subrayando el uso estratégico del deporte como vehículo para posicionar alianzas y desafiar el orden global liderado por Occidente22.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, celebrados en 2021 debido a la pandemia de COVID-19, ejemplificaron, una vez más, cómo el deporte puede funcionar como un escenario de tensiones y estrategias globales. Este evento reflejó la interacción entre la gestión de una crisis sanitaria sin precedentes y las dinámicas de poder internacional. Japón aprovechó los Juegos para proyectar su soft power, presentándose como un modelo de resiliencia y capacidad organizativa en circunstancias adversas. Las estrictas medidas de bioseguridad y la ausencia de público, aunque impopulares, reforzaron esta narrativa al tiempo que enfrentaban críticas internas sobre los costos y la pertinencia de realizar el evento en plena pandemia.

El contexto político global también quedó plasmado en la competición. La exclusión de Rusia bajo su bandera nacional, producto del escándalo de dopaje estatal, evidenció cómo el deporte puede ser utilizado como herramienta de sanción política. La participación de los atletas rusos bajo el nombre del Comité Olímpico Ruso (ROC) representó un delicado equilibrio entre los ideales olímpicos de unidad y las realidades geopolíticas23.

Asimismo, la competitividad entre Estados Unidos y China trascendió el medallero, convirtiéndose en una demostración simbólica de su lucha por el liderazgo global. Las narrativas sobre Taiwán, compitiendo como "Chinese Taipei", y las tensiones vinculadas a Hong Kong reflejaron las disputas sobre la influencia de China en la región24. Paralelamente, las tensiones históricas entre Japón y Corea del Sur también estuvieron presentes, subrayando cómo los Juegos Olímpicos pueden convertirse en un espejo de rivalidades no resueltas.

Vemos como en esta dinámica geopolítica de las competiciones internacionales, los Juegos Olímpicos se han convertido en un campo de batalla estratégico, donde los intereses nacionales se mezclan con las grandes tensiones internacionales.

En este contexto, la respuesta de Rusia, excluida de las competiciones internacionales debido a su implicación en el dopaje en 2014 y, posteriormente, por la invasión de Ucrania, ha sido significativa.

En los recientes Juegos Olímpicos de París, la exclusión de las delegaciones de Rusia y Bielorrusia, una medida implementada tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, se convirtió en una de las decisiones más notorias en el ámbito deportivo internacional. Aunque ciertos atletas de estos países participaron bajo la categoría de Atletas Individuales Neutrales (AIN), esta decisión fue muy criticada por Ucrania y algunos de sus aliados, su presencia estuvo estrictamente regulada: no pudieron competir bajo sus banderas nacionales ni utilizar sus himnos o emblemas, y sus logros no se reflejaron en el medallero oficial. Además, se les prohibió participar en ceremonias de apertura, una medida que subraya el enfoque del Comité Olímpico Internacional (COI) de condenar la agresión internacional sin castigar por completo a los deportistas individuales. Esta política busca equilibrar el mensaje político con el principio de preservar el espíritu inclusivo del deporte25.

Pero, ya en junio, la ciudad de Kazán acogió los Juegos de los BRICS26, una de las alternativas para conseguir que el deporte ruso exista fuera de los marcos internacionales desafiando así el dominio tradicional de Occidente en el deporte. Estos juegos acogieron a los miembros originales del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y a sus nuevos integrantes (Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Argentina, Egipto y Etiopía).

La creación por parte del Kremlin de nuevas instituciones para competir puede verse como aparece ya en el punto 5 de la doctrina Karaganov27. Según la lógica de esta doctrina, se trataría de desarrollar instituciones deportivas representativas de la «mayoría mundial», a través de diversos grupos, como en este caso los BRICS28.

Otras competiciones internacionales organizadas por Rusia para destacar su influencia en el deporte global y subvertir el orden olímpico han sido los Juegos Mundiales de la Amistad, originalmente planeados para septiembre de 2024 en Moscú y Yekaterimburgo, y pospuestos posteriormente para 2025, y los Juegos del Futuro, celebrados el pasado febrero, un torneo que combina deporte tradicional con altas tecnologías digitales.

Sin embargo, en esta estrategia podría verse también un avance consolidado del poder geopolítico en el este, liderado por China y Rusia, que están acelerando la transformación hacia un orden mundial multipolar.

Simultáneamente, el conflicto entre Israel y Palestina dejó una marca profunda en la olimpiada de París, ambos países utilizaron los Juegos para impulsar su reconocimiento internacional y aislar diplomáticamente a su adversario. La delegación palestina solicitó al COI la exclusión de Israel29, argumentando violaciones de derechos humanos, una petición rechazada que generó protestas en París, algunas con amenazas de bomba. Esto llevó a un refuerzo de la seguridad para los atletas israelíes, quienes estuvieron protegidos las 24 horas del día ante el riesgo de atentados. Mientras tanto, la delegación palestina, formada solo por ocho atletas, aprovecho los Juegos como una plataforma para visibilizar su lucha y reafirmar su identidad nacional, especialmente después de que la ofensiva israelí en Gaza afectara gravemente al sector deportivo palestino, destruyendo infraestructuras y cobrando la vida de cientos de atletas y entrenadores. Este contexto no solo evidenció la influencia de los conflictos internacionales en los Juegos, sino también el doble rasero que algunos críticos asocian al panorama global, un tema al que se sumaron tensiones adicionales entre manifestantes y la delegación israelí, que denunció hostilidad y amenazas constantes. Así, los Juegos Olímpicos se convirtieron en un reflejo de las profundas divisiones políticas y sociales que aún separan a estas dos naciones.

Como no podría haber sido de otra manera, París 2024 trascendió lo deportivo, convirtiéndose en un reflejo de las fracturas geopolíticas actuales, donde el deporte sigue siendo un espacio dual: un escenario de convergencia y, al mismo tiempo, un campo para disputar narrativas y tensiones globales.

Conclusiones

Aunque los eventos deportivos han demostrado ser una plataforma efectiva para fomentar la paz y la unidad, la diplomacia deportiva también puede reflejar las complejidades y contradicciones de la geopolítica global. Desde los históricos boicots durante la Guerra Fría hasta el fenómeno más reciente del sportswashing, en el que regímenes autoritarios buscan legitimar su imagen a través del patrocinio de eventos deportivos, la diplomacia a través del deporte no siempre tiene resultados positivos.

El sector deportivo, cada vez más, se ha convertido en un escenario clave donde los países despliegan sus estrategias de poder blando para obtener reconocimiento y legitimidad en un mundo caracterizado por tensiones y fracturas crecientes. No solo acompaña al poder estratégico tradicional, sino que también puede actuar como punta de lanza de este, permitiendo a ciertos países proyectar una imagen de fuerza y modernidad. En un entorno internacional donde el nacionalismo resurge y los pulsos de poder son constantes, algunos Estados han optado por utilizar el deporte como una herramienta fundamental para consolidar su posición global, reforzando su identidad nacional y generando beneficios diplomáticos y económicos.

El reconocimiento como potencia ya no se limita únicamente al ámbito militar o económico; ahora, en un entorno de competición geopolítica global, la visibilidad y el prestigio que brinda el deporte se han convertido en un componente indispensable del poder estatal. Al hacerse un hueco en el panorama deportivo, los países logran no solo mejorar su reputación internacional, sino también atraer inversiones, fomentar el turismo y consolidar su influencia en la arena global. En este sentido, el deporte se ha transformado en un escaparate esencial: ser una gran potencia ahora implica tener una presencia destacada en el ámbito deportivo, completando así el conjunto de herramientas estratégicas necesarias para ejercer un poder integral. Esta tendencia evidencia que el cambio está en marcha y que, aunque el futuro sea incierto tanto en el ámbito deportivo como en el geopolítico, el deporte continuará siendo un campo de batalla simbólico en la lucha por la hegemonía mundial.

Con estas dinámicas en juego, el deporte no solo refleja la metamorfosis del orden global, sino que se erige como un espacio donde los países despliegan su capacidad para influir y remodelar la percepción internacional, en un intento por redefinir su lugar en el escenario global.

Rocío de los Reyes Ramírez
Analista IEEE

1UNESCO. The Olympic Truce (Ekecheiria), 2004. Disponible en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000133907
2SUREDA i CARRIÓ, J. El Comité Olímpico Internacional ¿un nombre para la eternidad? En: Papers: revista de sociología, Nº 41, 1993 (Ejemplar dedicado a: Actores internacionales), págs. 143-158.
3MARTÍN PÉREZ, F. FIFA: Más de un siglo de historia del fútbol, en: BBVA, 14-04-23. Disponible en: https://www.bbva.com/es/fifa-113-anos-historia-del-futbol/
4PÉREZ, Marta. La política y los Juegos Olímpicos: los distintos boicots a las ediciones olímpicas, en: Mundo Deportivo 26-04-24. Disponible en: https://www.mundodeportivo.com/juegos-olimpicos/20240426/1002234486/politica-juegos-olimpicos-boicots-ediciones-olimpicas.html
5BONIFACE, Pascal. La geopolítica del deporte, en: CIDOB, 01-07-21. Disponible en: https://www.cidob.org/publicaciones/la-geopolitica-del-deporte
6NAIM, Moisés. The End of Power. Basic Books, 2013.
7MUNT, Valeria. Game, Set, Match: Sports and the Future of Diplomacy, en: CUNY Academic Works, 2015. Disponible en: https://academicworks.cuny.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1557&context=cc_etds_theses
8BADILLO MATOS, A. Las dos Coreas y los juegos olímpicos de invierno, en: Real Instituto Elcano, 16-02-18. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/las-dos-coreas-y-los-juegos-olimpicos-de-invierno/
9MUNT, Valeria. Opus cit.
10En 2008, diez miembros paquistaníes del grupo terrorista Lashkar-e-Taiba llevaron a cabo doce atentados coordinados en Bombay que duraron un total de cuatro días. En los atentados murieron al menos 164 personas, entre civiles y personal de seguridad, y nueve atacantes.
11CALATAYUD SORIANO, D. La diplomacia deportiva como actor de la España global. Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Secretaría de Estado de la España Global, 2019. Disponible en: https://www.exteriores.gob.es/es/ServiciosAlCiudadano/PublicacionesOficiales/Diplomacia%20Deportiva_L.pdf
12PROUD, Liam. Petrodólares, goles y derechos humanos: el dinero de Arabia Saudí asalta la banca en la Premier League, en: El País, 09-10-21. Disponible: https://elpais.com/economia/negocios/2021-10-09/petrodolares-goles-y-derechos-humanos-el-dinero-de-arabia-saudi-asalta-la-banca-en-la-premier-league.html
13AS. Cristiano Ronaldo, Neymar, Benzema... Descubre el once ‘All Star’ de Arabia Saudí, 2-09-23. Disponible en: https://as.com/futbol/fotorrelato/cristiano-ronaldo-neymar-benzema-descubre-el-once-all-star-de-arabia-saudi-f/
14 Palomar, R. El acuerdo del LIV Golf y el PGA Tour, en manos de los jugadores, en: Sport45, 2-09-24. Disponible en: https://www.sport.es/es/noticias/golf/acuerdo-liv-golf-pga-tour-111229776
15FENDRICH, Howard. Saudi Arabia will host the women’s tennis WTA Finals for the next three years, en: AP, 4-04-24. Disponible en: https://apnews.com/article/wta-finals-saudi-arabia-riyadh-4b7052f076b0d3098d78706f3a5654f8
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17BBC News Mundo. Mundial Qatar 2022: el controvertido historial de la FIFA con gobiernos autoritarios. 26-09-22. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-63752575
18Gläßel, C., Scharpf, A., & Pearce, E. J. (2024) Does Sportswashing Work? First Insights from the 2022 World Cup in Qatar, in: Journal of Politics, 1-11. Disponible en: https://doi.org/10.1086/730728
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21FRANCE 24. Boicots, covid y polémica marcan la recta final de los Juegos de Pekín. 2022. Disponible en: https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20220103-boicots-covid-y-pol%C3%A9mica-marcan-la-recta-final-de-los-juegos-de-pek%C3%ADn
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23PANJA, Tarik. Rusia fue vetada de las Olimpiadas, ¿por qué está por todos lados?, en: The New York Times, 24-07-21. Disponible en: https://www.nytimes.com/es/2021/07/28/espanol/rusia-olimpiadas-tokio-2020.html
24WOO LEE, Jung.  Tokyo 2020, East Asian geopolitics and Olympic diplomacy. Center for Sports Communication & Media. The University of Texas at Austin. Disponible en: https://olympicanalysis.org/tokyo-2020/section-1/tokyo-2020-east-asian-geopolitics-and-olympic-diplomacy/
25CNN. ¿Por qué Rusia no participa en los Juegos Olímpicos de París 2024?, 25-7-24. Disponible en: https://cnnespanol.cnn.com/2024/07/25/por-que-rusia-no-participa-juegos-olimpicos-paris-2024-trax/
26INFOBAE. La quinta edición de los juegos de los BRICS arrancan en la ciudad rusa de Kazán, 12-06-24. Disponible en: https://www.infobae.com/america/agencias/2024/06/12/la-quinta-edicion-de-los-juegos-de-los-brics-arrancan-en-la-ciudad-rusa-de-kazan/
27La Doctrina Karaganov es un enfoque geopolítico asociado con el politólogo ruso del mismo nombre. Aunque la doctrina no está formalmente codificada, se refiere a un conjunto de ideas que han influido en la política exterior rusa desde los años 90, especialmente en temas relacionados con el espacio postsoviético y la proyección de poder de Rusia.
28El Grand Continent. Desoccidentalizar el deporte: la estrategia rusa de Putin frente a los Juegos Olímpicos, 4-08-24. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2024/08/04/desoccidentalizar-el-deporte-la-estrategia-rusa-de-putin-frente-a-los-juegos-olimpicos/
29RTVE. Falsedades, bulos y contexto sobre los Juegos Olímpicos París 2024, 31-07-24. Disponible en: https://www.rtve.es/noticias/20240726/falsedades-bulos-sobre-juegos-olimpicos-paris-2024/16199459.shtml
    • Más allá del terreno de juego: La batalla por la influencia global en el siglo XXI

    • Beyond the playing field: The battle for global in the 21st century