India: la potencia indefinible

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03 dic 2024

India: la potencia indefinible

Ana Ballesteros Peiró

Introducción: buscando su lugar en el mundo

India (o Bharat), a pesar de su vasto territorio y de ser el país más poblado del mundo, sigue siendo una incógnita. A este desconocimiento, hay que sumarle una serie de tópicos que impiden un mejor entendimiento del país. Por una parte, existe una visión que infravalora sus posibilidades en base a la pobreza, la sobrepoblación, su heterogeneidad o el papel omnipresente de la religión. Pero, por otra parte, se hace énfasis en sus capacidades materiales, cuyos datos mejoran gradualmente. Este grande asiático es ya la quinta economía mundial (desbancando a su anterior potencia colonizadora, el Reino Unido) y mantiene un porcentaje de crecimiento elevado; cuenta con el quinto mayor arsenal nuclear del mundo; y, recientemente, ha conseguido enviar una misión espacial a la luna, lo que le convierte en el cuarto país en conseguirlo.

Entre estas dos visiones de India, se desconoce el término medio. En aras de la claridad, las teorías sobre potencias medias y de los países candidatos a ser superpotencias no alcanzan a ofrecernos las claves necesarias para su mejor comprensión. Con los cambios en el escenario global y la fluidez de los factores que se emplean para definir las potencias medias en el siglo XXI, es difícil realizar una categorización en base a criterios bien definidos.

Para Cooper y Dal (2016), la inclusión de un país en el G20 nos puede ayudar a definir su entrada en esta categoría. Estos académicos describen la tercera ola de potencias medias, en la que cada Estado muestra diferentes tipos de capacidades. A los clásicos factores del tamaño (territorio y población) y desarrollo tecnológico, se les pueden sumar otros elementos que contribuyan a realizar una clasificación. Struye de Swielande (2019: 20) define cinco características que señalan una potencia media: capacidades, autoconcepto, estatus, impacto regional e impacto sistémico. Este autor, además, ubica estos países en un ámbito intermedio entre las potencias grandes y los países pequeños, ostentando una posición intermediaria que les brinda acceso a los grandes, y, simultáneamente, les permite ser cercanos a los pequeños y establecer redes con países afines. En términos estructurales, se puede inferir una buena parte de su poder a partir de la posición o localización en estas redes y de las relaciones con otros Estados.

Lee, Chun, Suh y Thomson (2015: 6), en cuanto a la diplomacia, creen que las potencias medias necesitan poseer capacidad material que los ubique en una posición atractiva, de forma que puedan establecer una red o comunidad de países afines. Respecto a las capacidades, la influencia de una potencia media se define según el contexto de una red amplia, en la cual cada uno de estos Estados puede ejercitar su influencia y perseguir sus objetivos.

India presenta particularidades entre potencia media, regional y global. En términos económicos, mantiene un elevado crecimiento (7,2% en el año fiscal 2022/23), pero este dato convive con el hecho de que todavía es un país de renta baja (PIB per cápita de 2.256 dólares norteamericanos para 2021, según el Banco Mundial). Es el séptimo país del mundo con mayor tamaño (3.287 millones de kilómetros cuadrados) y el primero en población (supera los 1.400 millones de habitantes), con la estimación de que en breve sobrepase a China1. Asimismo, India posee la cuarta fuerza militar (Ejército) del mundo. Dada su posición en el Índico, su flota naval puede mejorar, dado que está todavía muy por debajo de las capacidades de China, su principal rival en Asia.

El crecimiento de India precisa una mayor demanda de energía y, a su vez, una mayor proyección internacional en busca de contactos y redes que brinden esos recursos. La capacidad de establecer vínculos y proyectar poder más allá de su vecindario, en el que no se cuestiona su posición hegemónica, y un entorno internacional favorable a que desempeñe un papel global más significativo, han propiciado un aumento de su presencia.

Si tenemos en cuenta la proyección india, su papel en el mundo es híbrido. En un marco global multicomplejo (Acharya, Estevadeordal y Goodman, 2023), sus características más duras son insuficientes para definir su papel en el mundo. De esta manera, a su gran tamaño (territorial y su Zona Económica Exclusiva, ZEE), población y su posición privilegiada en el océano Índico, hay que incluir la capacidad de interactuar con otros países y de estar presente en diferentes organizaciones regionales e internacionales.

Aunque no todas las potencias medias son también potencias regionales, India es el país más grande y central del sur de Asia, lo que le ha permitido, a lo largo de su historia, ejercer de actor hegemónico en su vecindario. Sin embargo, su posición está siendo retada por la mayor presencia de China.

Finalmente, a los factores previamente mencionados (materiales, ubicación, momento histórico internacional favorable), es necesario añadir la concurrencia de otros dos. Uno es que el gobierno del primer ministro Narendra Modi tiene como objetivo proyectar más poder y, el otro, es el anhelo de la población de que India ocupe un lugar más relevante en el ámbito internacional. Esta combinación de elementos sitúa a India en una posición atípica entre las potencias medias.

Visión india: redefiniendo los términos

En los últimos años, con el cambio de siglo y la ascendencia del continente asiático, se están desarrollando estudios que pretenden hacer mayor justicia al papel de los países no occidentales2. Es ya un hecho aceptado, aunque a regañadientes, que las Relaciones Internacionales son la disciplina académica más occidental y «blanca» de todas. La creación del conocimiento ha servido tradicionalmente para describir el mundo y las relaciones de los países entre sí desde una perspectiva del poder. Dada la emergencia de países anteriormente colonizados como actores de pleno de derecho, es preciso una revisión de estas teorías.

Una forma de interpretar el comportamiento de India desde su propia tradición recurre a la obra clásica Arthashastra (o la ciencia de las ganancias materiales) atribuido a Kautilia. En ocasiones, este texto es erróneamente citado como una teoría atemporal del pensamiento indio (Buzan y Acharya, 2022: 33). El Arthashastra es considerado un tratado realista escrito en torno al siglo IV a.C., en el que, entre otros temas, se incluyen fórmulas y métodos para acumular poder, riqueza y expandir el territorio3 y para la política doméstica y exterior; cuándo conviene mantener la paz y cuando atacar al enemigo; y para dirimir las relaciones con países amigos y enemigos, tema en el que se introduce la doctrina de los mándalas, a través de la cual se deduce que los vecinos tienden a ser enemigos, mientras que los vecinos de los enemigos, pueden ser amigos (Ibid., 35).

A Kautilia se le llama también el Maquiavelo indio, con la diferencia de que el primero escribió su tratado más de un milenio antes que el segundo. Empero, es necesario cuestionar la atemporalidad de la obra o la tendencia de algunos académicos de enmarcarla como una teoría «hindú» definitoria del comportamiento indio contemporáneo. A la denuncia de Orientalismo (Said, 1978) en todo análisis de lo que se hace en ese Oriente imaginado, tenemos también que añadir las tendencias esencialistas que pueden definir las interpretaciones del comportamiento de los dirigentes indios.

Otra de las fuentes clásicas que han influido en el pensamiento indio provienen de la dinastía maurya (320-185 a.C.). Ashoka, tercero de los emperadores de la dinastía, concilió en su concepto de dharma el elemento de conquista de los imperios con la ética y la moral humanitaria de la doctrina budista. El término chakravartin, que incluye el elemento del círculo o la rueda presente tanto en el hinduismo como en el budismo, está relacionado con el dios Visnú y el mantenimiento del orden en el mundo (Buzan y Acharya, 2022: 39). A Ashoka, como referente histórico, se atribuyen una teoría antigua de los derechos humanos, del primer contrato social y de la tolerancia religiosa, donde hay quien ve un indicio de laicismo (Bhargava, 2015).

En todo caso, según estos referentes clásicos, la historia india no solo nos ofrece elementos de espiritualidad, sino también de racionalidad. India no es más religiosa que otras naciones, presentando una mezcla de razón y misticismo, aunque el estereotipo haga más énfasis en lo segundo. Tras su independencia en 1947, otro cliché consiste en exagerar el alcance del no alineamiento. Como miembro fundador del Movimiento de Países No Alineados (MPNA), creado tras la Conferencia de Bandung en 1955, el pensamiento nehruviano, por el primer ministro Jawaharlal Nehru (en el cargo entre 1947 y 1964), determinó la posición de India en las primeras décadas de independencia.

Para algunos, la pertenencia de India al MPNA tiene que ver con su incapacidad de tomar decisiones. Que India observa sin tomar partido es una acusación habitual (India is sitting on a fence). Con todo, para entender las razones por las que toma o no partido, es necesario conocer las bases de su política exterior, su forma de ver el mundo y su papel en él. Con tal fin, es necesario saber cómo son los códigos geopolíticos del gobierno de Nueva Delhi y cómo se refleja este entendimiento.

La geopolítica es otro de esos conceptos de difícil definición. La idea se refiere a la geografía de la política internacional, especialmente, a la relación entre el entorno físico (localización, recursos, territorio…) y el comportamiento de política exterior (Sprout y Sprout, 1960, citado en Ó Tuathail y Agnew, 1992: 191). Para evitar interpretaciones que atribuyen a la geografía (como elemento determinante) la mayor parte de la carga analítica es necesario tener en cuenta otros factores, como el peso de las percepciones y visiones del liderazgo.

En su descripción de la política exterior norteamericana, Gaddis (2005) acuñó el término «código geopolítico» para definir las asunciones sobre los intereses en el mundo, las posibles amenazas y las decisiones que toma un gobierno determinado. Estos códigos forman parte de las visiones, imaginaciones, narrativas y representaciones de los líderes. En palabras de Flint (2006: 55), los códigos geopolíticos son «la forma en la que un país se orienta hacia el mundo».

En estos códigos, se incluyen las interpretaciones de quienes son aliados y enemigos, cómo mantener esos aliados y cultivar otros, cómo contrarrestar a los enemigos y las amenazas que representan, y cómo se justifican esos cálculos ante la población y la comunidad internacional (Mamadouh y Dijkink, 2006). La mejor forma de entender la posición de India, por tanto, es analizando los discursos de sus líderes y cómo justifican las decisiones de política exterior que toman.

Prioridades de la política exterior india

Desde la consecución de su independencia, India ha buscado ocupar un papel propio en el mundo. Si formaba parte del MPNA no era únicamente por ideología, sino como parte de una estrategia de un Estado poscolonial aún desfavorecido, centrado en la construcción nacional y su consolidación interna. En un momento así, Nehru no perdió tiempo tomando parte por los dos bloques (al menos, formalmente), adoptando una política clásica de equilibrio de poder en un mundo bipolar (Pant, 2011: 16). El papel inicial que el primer ministro asignó a India, según los tipos definidos por Holsti (1970: 280), fue el de líder de un subsistema (Asia del sur), independiente, activo y liberador-apoyador, que evita crear alianzas formales y compromisos con las grandes potencias.

Pese a todo, este idealismo nehruviano está siendo reemplazado por una realpolitik caracterizada por un mayor pragmatismo, cuyo objetivo consiste en mejorar las relaciones con las grandes potencias globales (Tandon, 2016: 352). Hay todavía legados del pasado que no se han desechado, como la postura anti-hegemónica y a favor de la multipolaridad, especialmente, la de países que fueron colonizados en ese llamado «sur global». En parte, esta idea está presente en la expresión «el mundo es una familia» (vasudhaiva kutumbakam), cuyo origen se puede trazar a los Upanishads. Ahora bien, la expresión, que ha sido usada prácticamente por todos los líderes, puede tener diferentes significados y connotaciones dependiendo del momento e intereses en juego.

Una base de la política exterior es mantener uno de los dogmas del no alineamiento: la autonomía estratégica, o la capacidad de tomar decisiones libremente. El verdadero giro de la política exterior india se produjo tras el colapso de la Unión Soviética, cuando comenzó a adoptar una economía de mercado y abrirse al mundo. Desde la década de 1990, las prioridades de política exterior se han ido definiendo de forma paralela a las de desarrollo económico. A las preferencias de desarrollo, hay que añadir la transición del no alineamiento hacia un papel de liderazgo, que, no obstante, mantiene características del discurso estratégico tradicional.

Los cambios se sucedieron, por tanto, desde 1991, y han sido varios los primeros ministros que lideraron este viraje hacia un rol más ambicioso, con Narasimha Rao (1991-1996), Atal Bihari Vajpayee (1996; 1998-2004) y Manmohan Singh (2004-2014) precediendo a Narendra Modi (desde 2014). La denominada doctrina de Manmohan estuvo marcada por la necesidad de garantizar nuevos mercados y recursos energéticos para el sector industrial, la prioridad de crecimiento económico, mejorar la seguridad y aumentar su perfil global.

Lo más destacable del quehacer de Modi es su forma de liderar este cambio de rumbo de India de forma personalista e, incluso, paternalista. Como se viene mencionando, más que poseedor de doctrina propia (Hall, 2015), Modi ha continuado con los cambios de sus predecesores. Uno de los pilares de esta nueva política exterior, continuación de la doctrina Manmohan, es la creencia de que la cercanía a Estados Unidos debe ser el eje sobre el que construir el giro de las relaciones exteriores (Mohan, 2019: 304).

Modi ha sido definido como el primer ministro más hiperactivo en sus visitas exteriores, con más de 130 salidas entre 2014 y 2023 (parón por la pandemia de Covid-19 incluido) a 61 países diferentes, según su propia web. Algunas de estas citas han sido eventos internacionales (Asamblea General de Naciones Unidas, G20, cumbres de los BRICS o de la Organización de la Conferencia de Shanghái), pero en general, los destinos prioritarios demuestran que Asia figura en lo más alto de la agenda de prioridades indias.

El vecindario: India como eje en el sur de Asia

Cooper (1997) estima que las «nuevas» (en referencia a las no occidentales) potencias medias se sitúan en un eje sobre el estilo diplomático más combativo al acomodaticio, y en otro eje de actividad diplomática, en el que un polo es multilateral mientras que el opuesto, es regional. Según su criterio, estas nuevas potencias son más combativas y regionales (citado en Struye de Swielande, 2019: 25). A pesar de ello, India escapa una clasificación más, dado que, en sí, combina los polos opuestos de este espectro.

Igualmente, es necesario incluir otros factores en la ecuación, empezando por las características del liderazgo, como sus «creencias, intereses, personalidad, ambiciones…» (Ibid.: 26) y el papel que juegan las percepciones (de capacidades o de seguridad). Uno de los ejes fundamentales en la política exterior de la India es el —«vecindario inmediato», una política que tiene implicaciones tanto domésticas como de seguridad.

La percepción de inseguridad característica del sur de Asia, con Pakistán y China como enemigos inmediatos, así como los múltiples casos de insurgencias internas, determinan la prioridad de estabilizar la política doméstica. La necesidad de asegurar un vecindario tranquilo descifra las relaciones de India con el resto de los países del Asia Meridional. Desde su independencia, su papel con los vecinos más pequeños ha sido de gran influencia en sus políticas, sociedades, economías y culturas.

India posee el 75% de la población y de la masa territorial del sur de Asia, el 70% del PIB y una localización central (Menon, 2021: 61). La postura habitual de los vecinos es la de resistirse a la hegemonía india. La Asociación de Estados del Sur de Asia (SAARC por sus siglas en inglés, creada en 1985) está compuesta por Pakistán, Bangladés, Sri Lanka, Nepal, Bután y Maldivas. Afganistán y Myanmar también pueden ser considerados parte del vecindario.

Las amenazas a lo largo de sus fronteras han sido fuente constante de preocupación para el gobierno de Nueva Delhi. La disfuncionalidad de las relaciones con parte de sus vecinos, especialmente tras la irrupción de China como miembro observador en SAARC en 2005, ha obstaculizado las agendas doméstica y exterior. La llegada de la Iniciativa de la Hoja y la Ruta (BRI por sus siglas en inglés) a la región sucedió cuando las relaciones con algunos vecinos no pasaban por el mejor momento.

La política del vecindario inmediato

La política que da prioridad al vecindario inmediato (Neighbourhood First Policy) está orientada, en teoría, a fomentar la paz y cooperación con sus vecinos. India relaciona la estabilidad regional con la suya propia. Para Mohan (2007), ningún país puede ser una potencia genuina en el mundo sin serlo en su propio vecindario. Por tanto, desde el inicio, la idea ha sido mantener a los vecinos bajo su esfera de influencia, como muestran las relaciones con los Estados más pequeños del Himalaya: Bután, Nepal y Sikkim.

Inicialmente, Nehru aplicó la política del tratado de Panchsheel(cinco principios) firmado con China en 1954 con el resto de los vecinos. Estos cinco principios son 1) respeto mutuo de la integridad territorial y la soberanía nacional; 2) no agresión mutua; 3) no injerencia; 4) igualdad y cooperación para el beneficio mutuo; y 5) coexistencia pacífica (Aryal y Bharti, 2023: 225). Cuando Sikkim se unió a India en 1975, los otros temieron convertirse en protectorados o ser también absorbidos.

La doctrina de Indira Gandhi tuvo como propósito reafirmar su posición frente a los vecinos, ser el país dominante. Las acciones militares destinadas a salvaguardar lo que se percibía como intereses indios incluyen la participación en la guerra de independencia de Bangladés en 1971, en la crisis en Sri Lanka en 1987, o el intento de golpe de Estado en Maldivas de 1988. Ni la retoma posterior de los principios de Panchsheel por el primer ministro Inder Kumar Gujral (1997-1998), ni los posteriores primeros ministros consiguieron mejorar la imagen de India en el sur de Asia.

En 2014, India había perdido prácticamente su relación con Nepal y Bután, dos de los países en los que tenía mayor influencia. Modi intentó cambiar la situación con gestos conciliadores, como la invitación de los dirigentes de los países de SAARC (incluido Pakistán) a la ceremonia de inauguración de su primera legislatura. Allí, anunció que iba a construir un «vecindario pacífico, estable y económicamente interconectado» (Roy, 2015: 1025). Su gobierno revisó la política tradicional de vecindad y cambió la política asiática (Look East Policy) por otra más proactiva (Act East Policy). Sus primeras visitas de Estado fueron a los países vecinos, aunque posteriormente, estos gestos no fueran coherentes con la política desarrollada. La inconsistencia de India contribuye a que el sur de Asia sea una de las regiones menos integradas en lo económico, en conexiones de infraestructuras y humanas.

Para mayor contradicción, mientras que el gobierno de Nueva Delhi predica el multilateralismo a nivel global, gestiona, en cambio, su relación con sus vecinos de forma bilateral. Del mismo modo, los valores de respeto e igualdad que reclama internacionalmente, no los aplica en sus relaciones con el resto del sur de Asia. Existen ejemplos que indican que su comportamiento está provocando que su política de vecindario ha abierto las puertas a una mayor intervención de China.

El papel de India en Nepal ha sido preponderante. Este territorio no tiene acceso al mar y está limitado hacia el norte por las grandes cumbres del Himalaya, por lo que depende de los recursos que llegan por carretera a través de los pasos fronterizos indios. En lo político, el gobierno de Nueva Delhi también ha sido muy influyente. Tras la guerra maoísta (1996-2006), India contribuyó a la creación de los acuerdos de paz que acabaron con la monarquía e instauraron una república laica en lugar de una monarquía hindú (Ojha, 2015).

El acercamiento del gobierno de Katmandú a Pekín comenzó con una visita del primer ministro Pushpa Kamal Dahal, también conocido como Prachanda, en 2008. Era la primera vez que un nepalí en el gobierno no inauguraba su legislatura con una primera visita de rigor a India. La tensión emergió con los esfuerzos de India para imponer sus condiciones durante el proceso de aprobación de la Constitución de Nepal. Para ello, Nueva Delhi impuso un bloqueo fronterizo en 2015 que afectó gravemente la economía nepalí y provocó una crisis humanitaria. Para los nepalíes, esta acción puso de manifiesto la necesidad de dejar de depender de los accesos indios, provocando un mayor acercamiento a China.

Con todo, los países pequeños cuestionan la sabiduría de cambiar un grande por otro mayor. Por ello, está siendo más útil jugar con la competencia entre ambos y ver qué pueden sacar en beneficio propio. China está construyendo una serie de infraestructuras que lo vinculan a Nepal a través de nuevos pasos fronterizos, incluyendo carreteras, un ferrocarril trans-Himalaya a Lhasa, la capital de Tíbet, y un aeropuerto en Pokhara, la segunda ciudad más grande. Pero la entrada de Nepal en el BRI (mayo 2017) no ha estado exenta polémicas relacionadas con el desplazamiento de población, la opacidad de las transacciones y un claro desequilibrio comercial a favor de Pekín. Por ejemplo, el gobierno nepalí está investigando unos indicios de corrupción relacionados con el aumento del coste del aeropuerto citado (Wakabayashi, Sharma y Fu, 2023).

Prachanda visitó India, esta vez en primer lugar, tras su reiterada victoria electoral en 2023. India, desmarcándose de China, garantiza que su inversión está libre de trampas. Es precisamente, la idea de la «trampa de la diplomacia de la deuda», acuñada por el analista indio Brahma Chellaney, la que se explota para acoger de vuelta aquellos países que temen una China más asertiva. Así, India empezó a adquirir electricidad hidroeléctrica nepalí hasta superar los mil millones de dólares en 2022 (Shivamurthy y Pant, 2023). Otros proyectos en marcha son la mejora de los intercambios humanos, facilidades para las transacciones económicas, la construcción de infraestructuras energéticas y la mejora de las instalaciones fronterizas.

Bután es aún más pequeño y dependiente, cuya relación con India provoca descontento entre su liderazgo y población. El gobierno de Timbu buscó el apoyo de India tras la anexión de Tíbet por parte de China. En 1949, ambos países firmaron el Tratado de Paz y Amistad Perpetua, que incluía asesoramiento indio en los asuntos nacionales butaneses, si bien, en 2007, el papel asesor de India quedó excluido del acuerdo (Kumar, 2019). La energía hidroeléctrica, al igual que con Nepal, es uno de los principales recursos en las relaciones bilaterales, aunque el precio suele ser fuente de fricción.

En 2017, China e India se enfrentaron militarmente en el valle de Doklam, en un terreno que el gobierno butanés reivindica con el respaldo indio. Pekín aún no ha acordado su frontera con Bután ni con India y ambos son los únicos del Asia Meridional que están fuera del BRI. Sin embargo, desde 2021, el gobierno butanés ha iniciado negociaciones para acabar con el conflicto fronterizo con China. Se trata de un tramo de casi 500 Km que limita con la región del Tíbet, uno de los puntos de seguridad más relevantes para el gobierno de Xi. India teme que Bután llegue a un acuerdo que perjudique sus intereses y que China aproveche el tratado para seguir ampliando sus construcciones transfronterizas (comportamiento que emula en su frontera con Nepal) a costa de la asimetría de fuerzas.

Las relaciones de Bangladés e India surgieron inicialmente de forma amigable, dada la ayuda inestimable del gobierno de Indira Gandhi, en la guerra de liberación de lo que fue Pakistán Oriental. El gobierno de Modi y el partido Bharatiya Janata (BJP por sus siglas en inglés), junto a sus socios de coalición, muestran rasgos ideológicos anti-musulmanes. Desde la primera victoria electoral del BJP a raíz del conflicto en torno a la mezquita de Ayodhya (1992, Uttar Pradesh), los discursos de algunos de sus líderes han aumentado el tinte islamófobo, por lo que el rechazo de la población bangladesí ha crecido.

La revocación del estatuto de autonomía de la región de Cachemira y la aprobación de la Ley de Enmienda de la Ciudadanía (CAA por sus siglas en inglés) en 2019, provocaron que el gobierno de Dhaka, liderado por la primera ministra Sheij Hasina, mostrara su malestar (Aryal y Bharti, 2023: 229). Los comentarios despectivos hacia los «bengalíes» o «bangladesíes» presentes en la CAA reflejaban un lenguaje racista y de rechazo hacia la emigración procedente de este país. La polémica era innecesaria, dada la buena sintonía entre ambos países tras el acuerdo transfronterizo de 2015. El apoyo al gobierno de Hasina, cada vez más impopular y autoritario tras 15 años en el gobierno y ganar la quinta legislatura en las elecciones de enero de 2024, boicoteadas por una oposición diezmada, daña la imagen de India en Bangladés. Los detractores de Hasina consideran que solo se mantiene en el poder gracias al apoyo indio (Wadud, 2023).

Como en el resto de la región, las relaciones de Bangladés con China mejoraron gracias a acuerdos comerciales, a pesar de mostrar un desequilibrio claramente a favor de Pekín. Desde 2005, la actividad china incluye, entre otros, proyectos de construcción de ocho puentes de la amistad, una mayor inversión en proyectos de infraestructuras energéticas, suministros armamentísticos para sus fuerzas de seguridad o la creación de una zona económica industrial. India ve en los puertos construidos o utilizados por China una amenaza con la que su rival pretende cercar y controlar su acceso marítimo. En 2022, en un ejercicio de equilibrio, Hasina concedió a India acceso a los puertos de Chittagong (el principal puerto del país) y Mongla, permisos que China tenía desde 2019.

Igualmente, Hasina corteja a Estados Unidos, principal inversor hasta ser desbancado por China en 2018. Japón está también adquiriendo un papel creciente en lo comercial y la seguridad del país. La posición estratégica sobre la bahía de Bengala es clave para la conectividad marítima de los estados indios del noreste, proveyendo a su vez salida a Nepal y Bután, así como a las provincias del sur de China. El gobierno de Modi muestra su apoyo incondicional hacia Hasina en reconocimiento al papel clave que juega cada vez más este enclave marítimo, especialmente con el golpe de estado en Myanmar y la ascendencia china sobre el estamento militar birmano.

India está convencida de que China es una mala influencia en Sri Lanka, otro territorio en el que Pekín no solo influye en lo económico, sino también en la política. Al igual que en la clase política de Nepal, el efecto chino enfrenta a diferentes clanes políticos. Por una parte, están los hermanos Rajapaksa, con sus promesas de desarrollo económico de la mano china, y por otra, Mahipala Sirisena y Ranil Wickremesinghe, que ejecutan un difícil equilibrio entre no antagonizar Pekín y un mayor acercamiento a Delhi.

Esta isla fue la que inspiró la idea de la trampa de la deuda. La entrada en suspensión de pagos llevó al gobierno esrilanqués a cederle a Pekín la gestión del puerto de Hambantota durante 99 años (desde 2017), con la intención de convertirlo en un centro de logística total. El uso de sus instalaciones, como el amarre del buque Yuan Wang 5, al que Delhi considera una nave espía, es una constante fuente de disputa (Tan, 2022).

China tiene presencia en Maldivas desde 1990. El gobierno de Malé se debate entre Pekín y Delhi, dos influencias cuya presión se añade a la de otros países que ven en las islas un enclave importante en el Índico. Los partidos políticos maldivos también están afectados por la presencia de China e India. Para las elecciones en septiembre de 2023, unos candidatos utilizaron la baza pro-India, como hizo Ibrahim Mohammed Solih. Del otro lado, está la postura anti-India, que se lee como pro-China. Este último es el caso de Abdulá Yamin Abdul Gayún, el cual hizo campaña electoral portando una camiseta con el logo «India fuera», con la que acusaba a Solih de comprometer la soberanía nacional (Pal y Junayd, 2022).

El nuevo presidente electo en septiembre de 2023, Mohamed Muizzu, que compartió tema de campaña con Gayún, está dispuesto a sacar adelante su plan de expulsar las tropas indias de territorio maldivo, además de revisar más de 100 acuerdos bilaterales en áreas de seguridad y defensa mutuas (Ramachandran, 2023). Para India, el territorio maldivo es especialmente importante, dado que está cerca de las rutas marítimas por las que pasa su comercio y provisión de energía que compra a los países del Golfo Pérsico. El gobierno de Delhi ha otorgado créditos a Maldivas para la construcción de hospitales, instalaciones militares, aeropuertos, además de haber sido el principal proveedor de seguridad de las islas, que carecen de la capacidad para garantizar la seguridad de su ZEE frente a campañas de piratería y otras amenazas. Los sistemas de radares marítimos construidos por India o la formación policial y militar provista, pueden ahora servir a su rival.

Retos en el vecindario: Pakistán, el eterno spoiler

A pesar de las diferencias con los vecinos y la entrada de China en buena parte de ellos, es sabido que el mayor antagonista en el vecindario es Pakistán. Uno de los principales escollos para la estabilidad del Estado indio es la multiplicidad de conflictos internos. Las insurgencias en Cachemira y los estados del noreste impiden la estabilidad interna necesaria para poder proyectar un mayor poder fuera de sus fronteras. Este es un factor tradicionalmente explotado por Pakistán. La estrategia a lo largo de la Línea de Control (frontera que le separa de India, LOC por sus siglas en inglés) es boicotear el liderazgo indio en el continente y sus pretensiones de ser un actor global. Para ello, emplea una serie de estrategias de desgaste que consisten en promover la inestabilidad a través del uso de agentes no estatales.

Ambas potencias nucleares llevan décadas inmersas en un enfrentamiento por el territorio de Cachemira, cuya soberanía es reclamada por ambos y en torno al cual han librado cuatro guerras. Con todo, para Pakistán, el enfrentamiento con India no es solo territorial, sino también existencial. Su oposición a India forma parte de su identidad, de forma que, de resolver el conflicto de Cachemira, seguiría sin solucionarse su enfrentamiento. Solo un cambio de identidad nacional en Pakistán, harto difícil, podría facilitar un acercamiento. Es más, cada ocasión en que ambos países se han acercado ha sido boicoteada por estos grupos insurgentes, activos de los servicios de inteligencia (Inter-Services Intelligence, ISI) y los militares, verdaderos artífices de la política exterior y de seguridad pakistaníes.< /p>

Es habitual que el gobierno de Pakistán niegue su implicación en los múltiples atentados en territorio indio que los grupos Lashkar-e Taiba (LeT) y Jaish-e Mohammad (JeM) han llevado a cabo. Al asalto sobre el Parlamento de Nueva Delhi de diciembre de 2001, hay que añadir una larga lista de ataques, como los atentados en Delhi de 2005 (LeT acabó con las vidas de más de 60 ciudadanos indios en mercados de la capital); el de Mumbai de 2008 (LeT en diversos puntos de la ciudad portuaria y capital económica del país, con 175 muertes y centenares de heridos); y los de Pathankot (ataque suicida de JeM, ocho soldados muertos) y Uri en 2016 (JeM acabó con la vida de 19 soldados indios).

Con el cambio legislativo del estado de Yammu y Cachemira (Y&C), el gobierno de Nueva Delhi dividió el territorio en dos (Y&C y Ladakh) y eliminó el estatuto de autonomía especial con el que se gobernaba la región. La necesidad de integrar el territorio tenía que ver con el hartazgo indio de las dinámicas de décadas de enfrentamiento, que, además, le cuestan más de 800.000 euros al día solo para la protección del glaciar de Siachen (Ballesteros Peiró, 2021). El enfrentamiento en el valle de Galwan con China en julio de 2020 se saldó con muertes (20 soldados indios y cuatro chinos) por primera vez desde 1975. Con la guerra que ambos países libraron en 1962 en la memoria, este acontecimiento llevó a India a temer una guerra fronteriza con dos frentes, uno pakistaní y otro chino.

Además del Corredor Económico China-Pakistán (CECP), cuyo recorrido pasa por territorio en disputa de Cachemira (región pakistaní de Gilgit-Baltistán), preocupa la construcción del puerto de Gwadar, en la costa baluchí, cerca de aguas territoriales indias. Hasta el momento, India había conseguido mantener su posición hegemónica de acceso al océano Índico frente a China, pero con este puerto, a la inseguridad de las fronteras terrestres se le suman los confines marítimos.

Parte de la instrumentalidad de Pakistán para China es su posición respecto a Afganistán y su cercanía inicial con el liderazgo talibán, especialmente tras la salida definitiva de las tropas norteamericanas en agosto de 2021. En el Afganistán republicano, India tenía una buena relación con los presidentes Hamid Karzai y Ashraf Ghani, y había conseguido ganarse la simpatía de los afganos gracias a sus muchos proyectos de infraestructuras y desarrollo, entre los que estaba la construcción el edificio del parlamento, carreteras, líneas eléctricas, hospitales, etc. La carretera de Zaranj a Delaram tenía como objetivo conectar Afganistán con Irán, ofrecer rutas alternativas de abastecimiento y favorecer una reducción de su dependencia de Pakistán.

Tras la primera retirada de tropas de la OTAN en 2014, China se implicó más en Afganistán a través de varios proyectos de infraestructuras. Pekín adquirió la explotación de la mina de cobre de Aynak en 2007 y la exploración de las reservas de la ribera del río Amu Darya por parte de la Corporación Nacional China de Petróleo en 2011. En mayo de 2016, Afganistán firmó un memorando de entendimiento con China para su adhesión al BRI. El ministro de exteriores chino, Wang Yi, afirmó que el CECP podría extenderse a territorio afgano (Global Times, 2022).

El gobierno de Pekín participó en la resolución del conflicto afgano a través del Proceso de Estambul, del que formaban parte tanto India como Pakistán, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Arabia Saudí, Irán, Turquía, Rusia y las repúblicas centroasiáticas. Afganistán, como pivote entre tres regiones como son Oriente Medio, Asia Central y Meridional, es un país clave para los mercados energéticos y la gran demanda india y china. Pero la inestabilidad aún presente, con un régimen talibán sin legitimidad internacional, hace peligrar las inversiones chinas y los intereses indios.

La política de India hacia Asia Central e Irán también queda afectada por la relación con Pakistán. El fracaso del pacto nuclear con Irán, tras la retirada de Estados Unidos de la mano del presidente Donald Trump en 2018, quebró buena parte de los proyectos de India. La exención de sanciones hasta 2019, por la que Estados Unidos permitía a India negociar con Irán sin ser sancionada, fue una oportunidad de comprar gas a buen precio y ampliar sus fuentes de aprovisionamiento. Tanto Teherán como Nueva Delhi se habían hecho a la idea de que, en el caso de que los talibán regresaran a poder, sus políticas serían diferentes a las de 1996. A la par, la intención de ampliar su presencia en Asia Central, con el beneplácito de Rusia, se frustró tras la invasión de Ucrania. Esto supuso el abandono del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC por sus siglas en inglés) que lo conectaría desde Irán, a través del puerto de Chabahar, pasando por Asia Central y Rusia, hacia Europa.

De lo local a lo global: papel de India en la Gran Competición Global

En la votación en las Naciones Unidas de marzo de 2022, la abstención de India fue duramente criticada por Estados Unidos y un buen número de países europeos. La idea de que el gobierno de Modi no era capaz de elegir bandos, según la interpretación de Washington, era interpretada como signo de que India aún no había salido de la órbita del MPNA. La abstención se tomó como un apoyo al gobierno de Moscú, pese a que hacía tiempo que India y Rusia se estaban alejando.

Tras la pandemia del Covid-19, en Nueva Delhi se hizo más patente la necesidad de diversificar proveedores para alcanzar su autonomía estratégica. La interrupción en la provisión de componentes por parte de China impidió que el reconocido Instituto Serum y el laboratorio Bharat Biotech, con capacidad de producción de 160 millones de dosis al mes, fabricaran vacunas con las que India se proyectaba como la «farmacia del mundo» (Morillas et al. 2021). Gracias a las vacunas made in India, Modi intentaba mejorar su imagen, primando la distribución en su vecindario.

Una situación similar surgió tras la invasión de Ucrania. En Nueva Delhi se hizo más patente que la dependencia de los suministros de armamento ruso solo podría dañar su capacidad de defensa, en el caso de que China volviera a presionar en la frontera del Himalaya. El hecho de que no era necesaria provocación alguna para que China llevara a cabo un ataque como en Galwan, convenció al gobierno indio de que debía llevar a cabo su política de defensa de forma más realista e independiente. Este fue el empujón definitivo hacia Estados Unidos.

India intenta darle forma a su relación con Pekín y Washington e influir en su comportamiento según sus intereses. No se trata tanto de pretender que cambien su comportamiento, sino de tener en cuenta cómo son para actuar en consecuencia. Es por ello por lo que India necesita relacionarse con ambos, sin tomar parte por ninguno, de forma que sus respectivas relaciones sean mejores que la que tienen entre sí (Menon, 2021: 350).

El resurgir del Quad en 2017, junto a Estados Unidos, Australia y Japón, demuestra que, si bien se perdió la resistencia a formar parte de alianzas (sin un tratado por medio) de este tipo, los principios de política exterior no varían. Es decir, India seguirá sin elegir lados, y lo que hará será maximizar sus posibilidades de relacionarse con todos los países según sus propios intereses. El error de cálculo de Pekín fue subestimar la capacidad de India para acercarse a Estados Unidos, y creer que el no alineamiento y su hostilidad del pasado primarían sobre los intereses.

Acercamiento a EE. UU. y la búsqueda de nuevos socios estratégicos en el escenario del Indo-Pacífico

El creciente interés de Estados Unidos por India es incuestionable. La necesidad de alejarla de Rusia y de que sea útil contra China es una prioridad de la política exterior norteamericana en el Indo-Pacífico. Para que India forme parte de este equilibrio de poder, necesita seguir disfrutando de espacio de maniobra. A medida que este se reduzca, Nueva Delhi se sentirá cada vez más incómoda. No obstante, el cambio de tendencia es claro: el entusiasmo con el que se exhibe la nueva relación con Washington no tiene precedente, dado que Modi ha sabido cambiar el guion y presentar la relación bilateral como positiva para la autonomía india.

La estrategia, por tanto, está alejada de aquel no alineamiento, siendo más de «multialineamiento»: tener diversidad de elección y maximizar los intereses nacionales según un análisis de coste-beneficio. Estas redes de alianzas (más o menos formales) o asociaciones reflejan la creciente multicomplejidad del escenario internacional. En el orden mundial contemporáneo conviven una multiplicidad de normas e instituciones regionales y globales, cuyo papel es fundamental en la cooperación y la provisión de bienes (Acharya, Estevadeordal y Goodman, 2023: 2341). No es tanto que este sistema haya sustituido al orden hegemónico liberal, sino que conviven en el tiempo y diferentes espacios.

En esta multicomplejidad, las grandes potencias coexisten con potencias medias, regionales y actores no estatales, junto con nuevas ideas y formas de actuar. La influencia en este orden no solo se ejerce a través del poder, sino a través de la capacidad de interacción, definida por Buzan (2023: 19) como formas de observar los sistemas internacionales o las sociedades según la capacidad física y de organización de un sistema para mover ideas, bienes, personas, dinero y fuerzas armadas en ese sistema, y la velocidad y el coste que conlleva.

Mientras Estados Unidos sigue desplegando un poder dominante, otros países son capaces de desarrollar sus propias capacidades con o sin él. En este nuevo entorno, estos países no van a intentar replicar el papel de los norteamericanos en el mundo, sino que van a cooperar entre sí para lograr sus objetivos, incluido el de reformar la arquitectura de las organizaciones internacionales para hacerlas más igualitarias y favorables a las aspiraciones de los países emergentes (Acharya, Estevadeordal y Goodman, 2023: 2363).

Por ende, las asociaciones no se harán sobre la base de ideas o normas, o estas al menos no serán prioritarias, sino que se harán en base a intereses comunes y asuntos concretos. Esta es la razón por la que India puede seguir todavía formando parte de asociaciones como la Organización de Cooperación de Shanghái, a pesar de su rivalidad con China y su desencanto con Rusia; por la que puede todavía seguir cultivando su relación con Rusia (sigue esperando que sirva de contrapeso a China); y por la que forma parte de asociaciones como el Quad, el I2U2 (India, Israel, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos, EAU) o los BRICS.

Esta multiplicidad de membresías no supone contradicción para el comportamiento indio, dado que se realiza sobre la base de los intereses del Estado. La sensación es que no está obligada a tomar partido en la Gran Competición Global. En palabras de Ali Wyne, es una suerte de zeitgeist por la que la multiplicidad de opciones sirve a la libertad de elección en política exterior y así, escapar del guion que le impone tomar parte en la competición (Goldberg, 2023).

La reavivación del Quad estuvo principalmente motivada por la presencia de submarinos chinos, al menos desde 2010, en aguas del Índico. Se considera un punto de inflexión en el que India es consciente de la necesidad de ser una potencia naval. Así, a la multitud de propósitos del Quad (sanidad, tecnología, lucha contra el cambio climático), se le suma la seguridad como elemento primordial. Mantener la seguridad marítima es clave para el progreso económico indio y garantizar las cadenas de suministro.

Lo que hace poco era el Asia-Pacífico está mutando en el espacio geopolítico del Indo-Pacífico, cada vez más integrado en un único sistema estratégico. Lo que Buzan (2023) previó como un «supercomplejo» asiático en temas de seguridad, lo es también en cuanto a rutas comerciales, flujos energéticos, lazos diplomáticos y conexiones estratégicas. Hay que recordar que dos tercios de los cargos mundiales de combustible y un tercio del comercial pasan por este espacio.

India mantiene una buena relación con el sudeste asiático, lo que le lleva a estar muy presente en la región. Entre todos los Estados de la Asociación del Sudeste Asiático (ASEAN), mantiene las mejores relaciones con Singapur y Vietnam. Asimismo, en la ASEAN ya se acepta con más normalidad la presencia de Estados Unidos en la región y la de India es bienvenida en aras de la preferencia por una multitud de actores.

En su inclinación a mantener relaciones bilaterales, multilaterales y plurilaterales, India ha firmado acuerdos estratégicos con 31 países y asociaciones: Suráfrica (1997), Francia (1998); Japón y Rusia (2000); Alemania y Estados Unidos (2001); Irán (2003); la Unión Europea (2004); China e Indonesia (2005); Brasil (2006); Nigeria y Vietnam (2007); Australia y Kazajstán (2009); Arabia Saudí, Corea del Sur y Malasia (2010); Afganistán y Uzbekistán (2011); ASEAN y Tayikistán (2012), Canadá, EAU, Islas Seychelles, Mongolia, Omán y Reino Unido (2015) (Hall, 2016: 8); Israel y Ruanda (2017); y Egipto (2023) (Ballesteros Peiró, 2023: 136).

En política exterior y de defensa, India mantiene Diálogos 2 + 2 con Estados Unidos, Australia, Japón y Rusia y diálogos trilaterales con Australia, Japón e India, iniciado en junio de 2015 y enfocado a la seguridad marítima y la libertad de navegación; Estados Unidos, India y Japón, de 2016, en el que se incluyó a Japón en los ejercicios de Malabar que India y Estados Unidos hacían conjuntamente desde 1992; Australia, India e Indonesia, en activo desde 2017; Australia, Francia e India (desde 2020); India, Italia y Japón (desde 2021); y EAU, Francia e India, realizan operaciones conjuntas desde 2022 (Ibid.).

El Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC por sus siglas en inglés) ha sido la manifestación del éxito de la cumbre del G20 en Nueva Delhi de septiembre de 2023. Las excelentes relaciones de India con varios países del Golfo, especialmente con los EAU, han sido clave para su inclusión en un proyecto que estaba llamado a ser la competición del BRI y una alternativa al frustrado INSTC. El proyecto, con dos corredores (este: de India al Golfo; norte: de Israel a Europa) marítimos y ferroviarios, está en el aire debido a la guerra en Gaza. Se trata de una iniciativa de especial interés para Estados Unidos (previsiblemente, la antesala de la firma saudí en los Acuerdos de Abraham), que pretendía implicar más a India en el Golfo.

De los países europeos, Francia es el más cercano. Este país ha sido clave en el respaldo al desarrollo del programa nuclear civil de India, al ser el primero en firmar un acuerdo en 2008 y un memorando de entendimiento en 2009 para la construcción de seis reactores nucleares en el estado de Maharashtra (Kumar, 2013). India valora que Francia respalde su inclusión en el Grupo de Suministradores Nucleares, a pesar de la oposición china, además de no olvidar su apoyo cuando fue sancionada tras las pruebas nucleares de 1998.

Francia es poseedor de territorios de ultramar en el Indo-Pacífico. No en vano, posee la segunda ZEE mundial más grande (tras Estados Unidos), con más de 2.600 millones de kilómetros cuadrados. Entre otros organismos de participación conjunta, los franceses forman parte de dos organizaciones basadas en India: el Centro de Fusión de Información para la Región del Océano Índico, en el que también están Australia, Japón, Maldivas, Mauricio, Sri Lanka, Seychelles, Singapur, Reino Unido y Estados Unidos (Ibid.); y la Asociación de Costas del Océano Índico. El gobierno francés mantiene maniobras navales (Varuna), terrestres (Shakti) y de apoyo aéreo (Garuda) junto a India desde la década de los ochenta. Ambos firmaron en 2018 la Visión Estratégica Conjunta para la Región del Océano Índico, con el objetivo de mejorar las infraestructuras marítimas y facilitar el uso conjunto de sus instalaciones (Ibid.: 139).

Conclusiones

La inclusión de India en el estudio de potencias medias supone un reto metodológico que dicho ejercicio de clasificación plantea. Por una parte, nos enfrentamos a las dificultades de aplicar las teorías a regiones tan complejas y diferentes como es la del sur de Asia, y por otra, a la de definir los límites teóricos del papel de India en el mundo contemporáneo. La transformación de promesa a realidad está teniendo lugar y esta transición no tiene el mismo aspecto que otras hayan podido tener en otras geografías (fundamentalmente, pensamos en los ejemplos de potencias medias más estudiados, como Australia o Canadá) y momentos (siglo XX).

El cambio de siglo nos ha planteado retos metodológicos y teóricos en las relaciones internacionales. No solo es necesario definir el papel de países de otras geografías dentro de una disciplina acusada de ser fundamentalmente aplicable a lo «occidental», recurso de hombres blancos, racista, machista… un debate que no nos ocupa en este estudio, pero que en India está constantemente presente. No perderemos oportunidad de escuchar al ministro de asuntos exteriores Subrahmanyam Jaishankar decir que «Europa sigue creyendo que sus problemas son problemas mundiales pero que los problemas del mundo no son suyos». Las acusaciones de que India estaba financiando la guerra en Ucrania del lado ruso (por seguir comprando gas) son fuente de denuncias de hipocresía de un Occidente que, según Nueva Delhi, usa diferentes varas de medir.

Regresando a los factores que describió Struye de Swielande, India presenta suficientes capacidades materiales; un autoconcepto que va más allá de considerarse a sí misma como mera potencia media; un estatus mundial cada vez más solicitado por Estados Unidos y sus aliados, como por otras potencias medias en el Indo-Pacífico; un claro impacto regional  en el sur de Asia que, a pesar de la insatisfacción de los vecinos, sigue mostrando su papel hegemónico; y un creciente impacto sistémico, como muestra su participación en asociaciones como BRICS, Quad, o su pulso por reformar Naciones Unidas y entrar a formar parte del Consejo de Seguridad (con menos éxito, por el momento).

India, que se reconoce a sí misma como un poder cada vez con más relevancia fuera de su vecindario, no está conforme con que le dicten sus opciones. Citando nuevamente a Jaishankar en la Asamblea General de Naciones Unidas (septiembre 2023) «los días en los que unas pocas naciones dictaban la agenda mundial, mientras esperaban que otros la acataran, se acabaron». El liderazgo indio toma decisiones en su propio beneficio, no en el de los demás. Las interpretaciones de su comportamiento en el mundo reflejan los cambios globales que lidera junto a un conjunto de países emergentes, que pretenden escapar a la presión de tomar parte en la Gran Competición Global. En cambio, prefieren maximizar sus posibilidades en aras de sus propios intereses. India está al frente de estos cambios y no será posible entender su papel en el mundo sin un nuevo marco interpretativo que tenga en cuenta sus propias ideas.

Bibliografía

Ana Ballesteros Peiró
Investigadora Senior Asociada
Barcelona Centre for International Affairs CIDOB

1Se desconoce el número real de habitantes, dado que la realización del último censo poblacional, que debió tener lugar en 2021, fue pospuesto a raíz de la pandemia de Covid-19.
2Occidental y Occidente entendidos como el conjunto de países bajo la esfera de poder de Estados Unidos y liderados por este. No es tanto un hecho consensuado como un constructo identitario.
3Idea de territorialidad mucho más amplia que difiere del concepto westfaliano.