IEEE. Vietnam recurre a la 'diplomacia del bambú' para convertirse en el próximo dragón asiático

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02 oct 2025

IEEE. Vietnam recurre a la “diplomacia del bambú” para convertirse en el próximo dragón asiático

Isidre Ambrós. Periodista, analista especializado en Asia-Pacífico y autor del libro 'La cara oculta de China'

Introducción

Vietnam considera que ha llegado su momento. El país del dragón azul, como se conoce también a este estado del sudeste asiático con cien millones de habitantes y más de 3.000 kilómetros de costa, estima que ha llegado la hora de prepararse para dar el gran salto adelante, ganar protagonismo internacional y convertirse en la próxima potencia económica de Asia. Una aspiración lógica, si se considera que ocupa una posición estratégica determinante en la península de Indochina, una región de gran importancia geopolítica por sus rutas marítimas, recursos naturales y disputas territoriales.

El reto, sin embargo, es colosal, si se tiene en cuenta las carencias socioeconómicas internas que adolece el país. Vietnam ha protagonizado desde 1986 un notable proceso de reformas, apertura económica y modernización, conocido como Do Moi, que le han permitido pasar con bastante éxito de una economía planificada a una economía orientada al mercado, aunque con fuerte presencia estatal. Pero ese auge económico que le ha llevado a convertirse en un centro manufacturero global, en sectores como la electrónica, la confección y la tecnología, también ha revelado debilidades para seguir avanzando en su desarrollo económico. Unas carencias entre las que destacan su baja productividad, la falta de mano de obra cualificada o un déficit de infraestructuras. Unos factores a los que se deben sumar los efectos de la creciente inestabilidad geopolítica internacional, generada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con sus giros decisorios inesperados y su creciente pugna tecnológica y comercial con China.

Un complejo horizonte que añade dificultades al ambicioso proyecto del régimen comunista de Hanoi de convertir a su país en la próxima potencia económica de Asia. Una meta que aspira alcanzar manteniendo su férreo control político interno y apostando por el multilateralismo y el no alineamiento con ninguna de las grandes potencias en su política exterior. Una estrategia que hasta ahora les ha permitido mantener unas complejas relaciones con China, su principal socio comercial, al tiempo que han convertido a Estados Unidos de país enemigo cincuenta años atrás a principal aliado en materia de seguridad.

El año del cambio

Las autoridades vietnamitas han marcado en rojo en el calendario la fecha del 2025 como la del año del cambio de paradigma para el país. Es el año de la serpiente de madera, según el horóscopo vietnamita. Un símbolo que se asocia con la sabiduría y la inteligencia, pero también con la astucia y el misterio, según las creencias locales. Cualidades todas ellas de que deberán hacer gala los dirigentes del país para convertir en realidad las ambiciosas promesas que han pregonado ante la población en los últimos meses. Unas aspiraciones que el primer ministro, Pham Minh Chinh resumió cuando señaló que “un país en tiempos históricos necesita decisiones históricas”1, según subrayó en un artículo publicado en el periódico Dan Tri para saludar el nuevo año bajo el título de “La innovación y la aceleración llevan a Vietnam hacia una nueva era”.

En ese escrito, Pham apuntaba un pretencioso calendario para alcanzar unos ambiciosos objetivos estratégicos. Unas metas que deberían situar a Vietnam como un país en desarrollo, con una industria moderna y unos ingresos medios-altos para el año 2030 y que para el año 2045 deberá haberse convertido en un país desarrollado, con altos ingresos y un elevado nivel de bienestar. Unas fechas que coincidirían con la conmemoración del centenario de la fundación del Partido Comunista de Vietnam (2030) y con la del nacimiento de la República Socialista de Vietnam (2045).

Estos propósitos avanzados por el primer ministro Pham Minh Chinh sugieren, en definitiva, un golpe de timón por parte de la actual cúpula dirigente de Hanoi a la hora de diseñar los objetivos del nuevo plan quinquenal 2026-2030, así como su voluntad de ir más allá de metas a cinco años vista. Evocan la voluntad de impulsar unas iniciativas que dejen atrás la imagen de un país manufacturero de mano de obra intensiva, capaz de trasladar todos los años a más de un millón de trabajadores del campo a las fábricas para trabajos de ensamblaje, y sitúen a Vietnam en el club de los países más avanzados del planeta y en una de las tres principales potencias tecnológicas del sudeste asiático. Unas ambiciosas aspiraciones, nada fáciles de alcanzar, que responden a la voluntad de transformar el país del nuevo hombre fuerte del régimen, el secretario general del partido comunista vietnamita, To Lam.

To Lam y la campaña anticorrupción “Horno ardiente”

Y es que a pesar de la opacidad del régimen, nadie cuestiona, ni en Vietnam, ni en el sudeste asiático, que este dirigente político escribirá el guion de la evolución del país del dragón azul tras la cascada de dimisiones y destituciones que registró la cúpula del poder comunista vietnamita en el 2024. Una sacudida promovida por la campaña anticorrupción “Horno ardiente”, impulsada en el 2016 por el entonces secretario general del partido comunista, Nguyen Phu Trong, y gestionada por el propio To Lam como ministro de Seguridad Pública. Una operación que habría acabado con la carrera de unos 17.000 burócratas2 corruptos del partido.

Esa campaña anticorrupción fue de tal envergadura que se puede decir que pocas veces Vietnam ha experimentado tantos cambios políticos internos en tan poco tiempo desde el final de la guerra fría. A finales de abril del 2024, el comité central de partido comunista relevó a Vuong Dinh Hue de su cargo de presidente de la Asamblea Nacional (el parlamento vietnamita). Un mes antes, había aceptado la dimisión del presidente del país, Vo Vang Thuong, quien a su vez había sucedido en marzo del 2023 al depuesto presidente Nguyen Xuan Phuc, que había renunciado en enero de ese mismo año. Una cadena de dimisiones en la cúspide del poder vietnamita que se detuvo poco antes de la muerte de Nguyen Phu Trong, secretario general del partido comunista y número uno del régimen desde el 2011 hasta su fallecimiento en julio del 2024, a la edad de 80 años. Posiblemente, el último marxista-leninista del régimen de Hanoi.

Pero el luto por Nguyen Phu Trong duró poco tiempo. Apenas unos días después de que fuera enterrado, los 200 miembros del comité central de la organización comunista vietnamita se reunieron para aclamar a To Lam como nuevo secretario general del partido y hombre fuerte del régimen. Hasta ese momento, To no era muy conocido. Toda su carrera había transcurrido en el ministerio de Seguridad Pública, que dirigió desde el 2016 hasta su nombramiento como presidente del país en mayo del 2024. Un puesto gris desde el que dirigió toda la campaña anticorrupción y le permitió asegurarse la elección como sustituto de Trong en el liderazgo de la organización comunista y del país.

La era del ascenso nacional

Desde su nuevo puesto, To Lam pretende llevar a cabo un ambicioso plan estratégico para acelerar el desarrollo, la innovación y la influencia de Vietnam en la escena internacional. Una apuesta que juzga indispensable para esquivar el estancamiento económico, una situación que considera como el principal peligro para su país. Una amenaza que para neutralizarla estima imprescindible impulsar una rápida modernización, tanto económica como administrativa. Unos objetivos nada fáciles de conseguir, dado el tedioso burocratismo de la administración vietnamita y la influencia de las ineficientes empresas estatales.

En ese sentido, su estrategia difiere claramente de la de sus antecesores, que estaba guiada por la lucha contra la desviación del camino socialista y por evitar que la corrupción pudiera derrocar el régimen. To Lam se mueve por otros parámetros. Su visión para Vietnam no es la de la supervivencia del régimen, sino la del resurgimiento del país como potencia media. Un ideal que explicaría que apenas diez días después de asumir el cargo de secretario general del partido comunista, tras haber ejercido la presidencia del país entre mayo y octubre del 2024, To Lam proclamara una nueva era: la era del ascenso nacional3.

Se trata de una nueva etapa en la que el régimen pretende priorizar la modernización del país en lugar de la simple gestión del devenir político. Un arriesgado envite cuya materialización To Lam ha vinculado a unas fechas claves de la historia reciente del país, como son la fundación del partido comunista (2030) y la conmemoración del centenario de la proclamación de la República Socialista de Vietnam (2045). Unas metas que incluyen una apuesta decidida por el desarrollo a través de la innovación y la transformación digital, la reforma institucional, la expansión de las infraestructuras, el crecimiento verde y una mayor influencia del país a nivel internacional. Un ambicioso esquema que recuerda al diseñado por su poderoso vecino del norte, la China de Xi Jinping, quien también promueve la misma estrategia de potenciación nacional y ha fijado su objetivo final de liderar el planeta para la conmemoración del centenario del nacimiento de la República Popular de China, en el año 2049.

La realidad es que un año después de su nombramiento, la impronta de To Lam se puede percibir ya en las directrices estratégicas que discute el comité central del partido comunista vietnamita para el próximo plan quinquenal 2026-2030, en comparación con los objetivos del periodo 2021-2025. Las metas fijadas para este último lustro se centraron en la recuperación y la estabilización económica, tras los desafíos que acarrearon la pandemia de la Covid-19 y la ralentización económica global que provocó. El plan para los cinco años venideros, que deberá adoptarse en enero del 2026, apunta, en cambio, unos horizontes mucho más ambiciosos, enfocados a las nuevas tecnologías y el desarrollo sostenible. Un panorama que poco tiene que ver con el modelo de ensamblaje de bajo valor añadido que ha prevalecido hasta ahora en Vietnam y que To Lam pretende dejar atrás, poniendo énfasis en que el motor clave del crecimiento económico debe ser la tecnología.

Y es que el nuevo líder vietnamita piensa que sólo es posible modernizar el país si hay una apuesta decidida por la innovación tecnológica y que ello sólo se puede lograr con un ritmo de crecimiento económico de dos dígitos en los próximos años. Una capacidad de desarrollo que debería elevar a Vietnam a la condición de nación de altas retribuciones para la década de los años cuarenta de este siglo, según los planes de Hanoi. Un objetivo que supondría para los vietnamitas tener unos ingresos per cápita superiores a 14.000 dólares, frente a los 4.700 dólares registrados en el 20244.

Objetivos ambiciosos

Un horizonte que el politburó del partido Comunista de Vietnam esbozó en una importante resolución adoptada en diciembre del 20245, en la que trazó las líneas maestras del desarrollo de Vietnam para las próximas dos décadas. En ese documento subraya que para el 2030 el país deberá haberse consolidado como una de las tres principales potencias del sudeste asiático. Su economía digital deberá representar al menos el 30 por ciento del PIB y las exportaciones de alta tecnología alcanzar al menos el 50 por ciento del total. Para ello, el gasto en investigación y desarrollo deberá ser de al menos el 2 por ciento del PIB y se destinará al menos el 3 por ciento del gasto presupuestario a la innovación y la transformación digital.

A su vez, la cúpula de la organización comunista subraya que el país del dragón azul deberá haberse convertido para el año 2045 en uno de los principales centros de industria tecnológica digital del planeta. Metas, todas ellas, altamente ambiciosas y de difícil realización, en la medida que Vietnam precisa para ello de un número ingente de trabajadores cualificados de los que no dispone actualmente.

En ese afán por modernizar el país, el régimen de Hanoi ha dado luz verde, asimismo, a varios megaproyectos de infraestructuras que llevaban tiempo estancados. Entre ellos, destaca la construcción de un ferrocarril de alta velocidad que atraviese el país de norte a sur, estimado en 67.000 millones de dólares, así como una conexión ferroviaria con China por valor de más de 7.000 millones de dólares6. Proyectos a los que se añaden los planes para construir dos centrales nucleares, con un coste estimado de 16.000 millones de dólares7, y nuevos puertos de aguas profundas, destinados a atraer parte del enorme tráfico marítimo que circula por el mar de China Meridional, ganar proyección internacional y atraer inversión extranjera.

Y todo ello acompañado de unos planes para la reestructuración y reducción de los ministerios y de los departamentos del partido comunista. Una operación destinada a eliminar duplicidades, ganar agilidad burocrática y hacer el país más atractivo al capital extranjero. Una iniciativa que supondrá disminuir las agencias ministeriales de 22 a 178, así como la supresión aproximada de unos 100.000 empleos en el sector público. Un colectivo que se estima que representa el 20 por ciento del total de trabajadores públicos y de la organización comunista. Todo ello en paralelo a la realización de una enorme reorganización administrativa territorial -la mayor en cuatro décadas-, que conllevará pasar de sus actuales 63 provincias y municipios a tan solo 349. Una reestructuración que tiene como finalidad crear un aparato estatal más eficiente y ágil, además de proyectar una imagen de país más moderno y efectivo a nivel internacional.

“Diplomacia del bambú” y los “cuatro noes”

To Lam, sin embargo, no lo apuesta todo a la audacia. Sus planes incluyen una combinación de enorme ambición en política interna y un pragmatismo realista en materia exterior. Una mezcla que propugna modernizar y dinamizar la sociedad vietnamita, al tiempo que retiene los principios básicos de la política exterior de Hanoi para extender la influencia internacional de Vietnam. Una línea de acción, que se sustenta en la férrea voluntad de sus dirigentes por mantener la imagen de Vietnam como un país neutral e independiente ante las grandes potencias. Prueba de ello es que, en el espacio de diez meses, este país del sudeste asiático acogió las visitas del presidente estadounidense, Joe Biden, el de China, Xi Jinping, y el de Rusia, Vladimir Putin. Y de los tres líderes, el gobierno de Hanoi arrancó un aumento de la cooperación y la inversión de estos países en Vietnam.

Una demostración de esta colaboración es el compromiso de China en participar en un proyecto de construcción de una línea de ferrocarril que conecte el norte de Vietnam con el suroeste del gigante asiático10. Rusia, por su parte, colabora en el programa nuclear vietnamita para construir plantas y centros de energía nuclear para lograr la autosuficiencia energética11. Y las principales empresas tecnológicas estadounidenses están aumentando su presencia en el país, como es el caso de la firma Nvidia, que ya ha llegado a acuerdos con las autoridades vietnamitas para establecer dos centros de inteligencia artificial12.

Estos compromisos con las tres principales potencias mundiales ponen de relieve el pragmatismo y la idea de multilateralismo con que se mueven los dirigentes vietnamitas en el escenario internacional, aunque también su dependencia de las grandes potencias. Una capacidad de acción que se rige por la denominada “diplomacia del bambú” y el principio de los “cuatro noes” que Vietnam adoptó con su programa de reformas, denominado “Do Moi” o renovación, en 1986. Unos fundamentos que se sustentan en cuatro principios: no participar en alianzas militares, no apoyar a ningún país para actuar contra otro, no permitir bases extranjeras en el territorio nacional y no usar la fuerza ni amenazar con usarla en las relaciones.

Unos principios que en el año 2019 los líderes vietnamitas elevaron a reglas rectoras estratégicas en la salvaguardia del país, al incorporarlas al libro blanco de la defensa que adoptaron ese año. Unos fundamentos que constituyen una actualización de la doctrina básica declarada en el 2016 por el entonces hombre fuerte del régimen, el secretario general del partido comunista, Nguyen Phu Trong.

Se trata de unos ideales a los que Nguyen sumó la estrategia diplomática que definió como la “diplomacia del bambú”, que consiste en la combinación de resiliencia y adaptabilidad para superar las adversidades. Unos principios que se han convertido en la piedra angular de la estrategia de Hanoi en sus relaciones internacionales y que, simbólicamente, responden a la descripción de esa planta característica del país: raíces fuertes, tronco robusto y ramas flexibles. Unos fundamentos imprescindibles para navegar por las procelosas aguas de la geopolítica global.

Una demostración palpable del funcionamiento de esa “diplomacia del bambú” ha sido como ha abordado Hanoi la guerra de Ucrania. Vietnam es, junto con Tailandia y Filipinas, un aliado incondicional de Estados Unidos en el sudeste asiático en materia de seguridad, en respuesta a la influencia creciente de China en la región del mar Meridional de China. Pero, al mismo tiempo, el régimen vietnamita mantiene unos vínculos con Moscú que se remontan a los años sesenta del siglo pasado, cuando su territorio era un campo de batalla. Una relación que se tradujo en abstenciones a la hora de votar sanciones contra Rusia en la ONU. Sin embargo, ello no ha impedido que Hanoi también haya tendido la mano a Ucrania, expresándole su solidaridad y su apoyo a la soberanía y la integridad territorial. Una actitud que revela la habilidad con que los dirigentes de Vietnam recurren a la “diplomacia del bambú” para sortear situaciones complejas y seguir manteniendo buenas relaciones con los contendientes de ese conflicto bélico.

Cuatro años difíciles

Pero la realidad es que el proyecto de convertir Vietnam en una nación desarrollada de altos ingresos para el 2045, con el que sueña To Lam, se enfrenta a enormes desafíos que dificultarán su materialización, tanto en el ámbito de la política interior como exterior. En el campo interno, la profunda reestructuración administrativa que pretende llevar a cabo aventura riesgos enormes, ya que su implementación puede generar una parálisis en la toma de decisiones y, en consecuencia, perturbar la gobernanza del país. A su vez, la realización de los grandes proyectos de infraestructuras planeados supondrá, con toda seguridad, una carga financiera adicional en los presupuestos, que sin duda repercutirá en otras partidas de las cuentas del país, al margen de los posibles retrasos con sus consiguientes sobrecostos y malestar social. En definitiva, un panorama que esboza un horizonte complicado para el régimen comunista de Hanoi. Una coyuntura que, además, puede complicarse por los posibles efectos de una imprevisible y cambiante situación internacional.

Los planes de To Lam enfrentan asimismo una creciente inestabilidad geopolítica global, generada por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, quien con sus disposiciones ejecutivas ha trastocado el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Una situación que se ha vuelto especialmente volátil y que obligará a los dirigentes vietnamitas a emplearse a fondo con la “diplomacia del bambú”, para mantener su independencia y no tener que alinearse con alguna de las dos superpotencias. A fin de cuentas, el éxito del proyecto del líder vietnamita, de convertir a su país en la próxima potencia emergente de Asia, dependerá en gran medida de que pueda sortear las presiones de Estados Unidos y China para alinearse en su bando contra la otra superpotencia y evitar que sus planes encallen.

Hanoi ante los vaivenes de Trump

Un dilema que Trump ya ha intentado imponer a To Lam con sus primeras decisiones. La primera, y más dolorosa, fue la suspensión de numerosos programas de ayuda de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés). Una medida que constituye un serio obstáculo para los planes del gobierno de Hanoi, ya que el freno a estas ayudas supone un serio revés para el desarrollo en áreas como la salud, la educación, el medio ambiente y el cambio climático, así como en la gestión de las consecuencias de la guerra contra Estados Unidos. Una iniciativa que dejará sin recursos a numerosas provincias y ciudades de Vietnam para seguir prestando esos servicios a la población. Unos fondos que en el 2023, ascendieron a 150 millones de dólares13.

Una disyuntiva que Trump extendió luego al campo comercial, con su voluntad de imponer fuertes aranceles a los países exportadores de productos de bajo valor agregado que generan déficit comercial a Estados Unidos, como es el caso de Vietnam. Un país cuyas ventas al mercado estadounidense alcanzaron los 136.600 millones de dólares en el 2024, casi el 30 por ciento de su PIB, con un superávit comercial de 123.500 millones de dólares14, lo que le ha convertido en el tercer mayor contribuyente mundial al déficit comercial estadounidense, después de China y México, y en blanco de las iras de Trump.

Unas cifras que impulsaron al inquilino de la Casa Blanca a amenazar en abril a Hanoi con aplicar un arancel del 46 por ciento a sus productos, con el fin de sentar a los vietnamitas a buscar una solución para corregir ese abultado déficit comercial y convertirlos en un país aliado frente a China. Un gravamen cuya aplicación podía cuestionar el ambicioso objetivo de los líderes vietnamitas de lograr que la economía de su país crezca un 8 por ciento este año 202515 y se sitúe en la senda de aumentar su PIB a un ritmo de dos dígitos en los próximos años.

El órdago le salió bien a Trump, ya que obligó a To Lam a negociar una solución satisfactoria para ambas partes. Una compatibilización de objetivos que seguramente resultó más difícil de lograr que lo que habían previsto los negociadores vietnamitas, entre otras cosas porque Trump no siente una especial simpatía por Vietnam. Un país al que en su primer mandato calificó como “el peor abusador de todos”16 por su incidencia en el comercio estadounidense. Una aversión que tiene su origen en el fuerte incremento que han experimentado las exportaciones de Vietnam a Estados Unidos en los últimos años y su coincidencia con un aumento similar de las importaciones vietnamitas procedentes de China. Una evolución que ha llevado a Washington a relacionar ambos desarrollos y a sospechar que las empresas chinas utilizan el país del sudeste asiático como puerta trasera para acceder al mercado estadounidense y burlar así los aranceles a los productos procedentes del gigante asiático.

Finalmente, los equipos negociadores de ambos países alcanzaron un acuerdo tras varias semanas de discusiones. El consenso se fraguó en torno a una tasa del 20 por ciento para todos los productos vietnamitas exportados a Estados Unidos, más un arancel del 40 por ciento para los bienes que se consideren transbordados de China17. Ambos países también acordaron reducir a cero los gravámenes vietnamitas a los productos procedentes de Estados Unidos, incluyendo los vehículos todoterreno y de gran cilindrada.

Pragmatismo por encima de todo

A primera vista, el resultado del acuerdo parece favorable a la diplomacia estadounidense, pero un análisis más sosegado deja entrever el pragmatismo negociador de los vietnamitas y la aplicación de su “diplomacia del bambú”. Sus productos serán gravados con una tasa del 20 por ciento, pero la cifra es inferior a lo que se esperaba en Hanoi. Los técnicos vietnamitas calculaban reducir la exigencia estadounidense del 46 por ciento a una horquilla de entre el 22 y el 28 por ciento18, según una información de la agencia Reuters. Un resultado que no debe agradar a To Lam, pero que tampoco quiebra sus planes de desarrollo económico a medio y largo plazo. Como tampoco debe inquietar mucho al gobierno de Hanoi la no aplicación de aranceles a las importaciones estadounidenses, ya que la mayoría de los productos están fuera del alcance de consumidor vietnamita, cuya renta per cápita fue de 4.700 dólares el año pasado19.

Ahora bien, la respuesta de Vietnam a la presión transaccional de Trump no se limitó a sentarse a negociar unos aranceles. En un calculado pragmatismo, las autoridades vietnamitas respondieron a Washington con una acelerada oferta de construcción de un resort de lujo, con un campo de golf, valorado en 1.500 millones de dólares20, situado cerca de Hanoi y a cuya ceremonia de colocación de la primera piedra, en el mes de mayo, acudió Eric, uno de los hijos de Donald Trump.

El gobierno de Hanoi, sin embargo, evitó presentar este proyecto inmobiliario como una iniciativa diplomática y lo planteó como parte de su esfuerzo por proyectar una agenda favorable a las empresas. Esgrimió, en ese sentido, la rapidez con que se aprobó dicho complejo turístico como parte de la iniciativa de To Lam para mejorar la efectividad de los cambios administrativos, así como la voluntad de fomentar la inversión privada, nacional y extranjera, con el fin de estimular el empleo, el turismo y el crecimiento regional. Pero también como un mensaje de que las empresas estadounidenses, y en general el capital extranjero, están interesadas en invertir en Vietnam.

La alargada sombra de China

Pero el verdadero trasfondo del pulso arancelario que Washington planteó a Hanoi no era otro que debilitar a China, que es la verdadera obsesión de Donald Trump. En esa negociación la Casa Blanca aspiraba a conseguir reducir los lazos económicos que vinculan a Vietnam con Pekín. De ahí su insistencia en actuar contra los transbordos, ya que muchos de los productos que Vietnam exporta tienen insumos fabricados en el gigante asiático y muchas empresas de ese país han establecido fábricas en Vietnam para atender el mercado estadounidense. En los últimos meses, sin embargo, el gobierno vietnamita ha endurecido las normas de origen para salvaguardar el “made in Vietnam” y ha elevado los porcentajes de fabricación nacional. Una decisión que, a partir de ahora, complicará a las aduanas estadounidenses dilucidar cuando un producto importado de Vietnam es genuino (aunque contenga insumos de otro país) o es transbordado.

La realidad, sin embargo, es que la aspiración estadounidense de lograr reducir los lazos entre Vietnam y China suena a palabras mayores para el régimen vietnamita. Para Hanoi supondría traspasar una de sus líneas rojas en materia de política exterior, ya que significaría unirse a una coalición contra China liderada por Estados Unidos. Una decisión con fuertes implicaciones económicas, sociales y políticas, ya que dañaría las relaciones de Hanoi con Pekín, lo que supondría poner en peligro el éxito de la ambiciosa agenda de reformas que impulsa el gobierno vietnamita, en la medida que el gigante asiático es visto como una poderosa fuente de inversión y ayuda económica para el régimen vietnamita. Pero por otra parte, To Lam tampoco puede enemistarse con la Casa Blanca, su principal aliado en materia de seguridad frente a la asertiva política del gigante asiático en el mar Meridional de China, ya que esas desavenencias podrían frenar las exportaciones de su país al mercado estadounidense y provocar la pérdida de miles de empleos en el país del dragón azul, con la consiguiente inestabilidad social. Un panorama que el régimen comunista de Hanoi evita por todos los medios y explica el tiento con que actúan los diplomáticos vietnamitas ante las dos superpotencias.

La visita de Xi Jinping

En este sentido, la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Hanoi a mediados de abril, en medio de las amenazas arancelarias de Donald Trump, se puede considerar que fue una auténtica prueba de fuego para evaluar la capacidad de Vietnam para equilibrar las relaciones con las dos superpotencias. Por entonces, el gobierno de Hanoi estaba en plenas negociaciones comerciales con Washington, pero ello no fue óbice para que los dirigentes vietnamitas optasen por estabilizar las relaciones con Pekín y salvaguardar así el futuro desarrollo de Vietnam. Una apuesta lógica, si se tiene en cuenta que una de las principales prioridades de Hanoi para la próxima década es la de promover un desarrollo económico impulsado por la inversión, lo que requerirá una mayor cooperación en infraestructuras con China. Un país que es el principal socio comercial de Vietnam desde el 2004, con un comercio bilateral que superó los 260.000 millones de dólares en el 202421, siendo los sectores de maquinaria, electrónica y la agricultura los principales protagonistas de este comercio bilateral.

En ese sentido, el encuentro en Hanoi entre Xi Jinping y To Lam sirvió para reforzar los lazos entre ambos países. Una cooperación que se plasmó en unos acuerdos que servirán para poner en marcha la ambiciosa agenda de reformas del líder vietnamita en los ámbitos del transporte por carretera, las infraestructuras energéticas, puertos marítimos, logística, transporte aéreo y ferrocarriles de alta velocidad, así como en los ámbitos de la inteligencia artificial y las tecnologías verdes. Unos compromisos que ponen de manifiesto el protagonismo que tendrá el gigante asiático en el desarrollo de Vietnam en la próxima década. Una confianza política de los líderes vietnamitas hacia Pekín sin precedentes en los últimos tiempos.

La realidad, sin embargo, es que esa confianza política es mutua entre los dos países y va mucho más allá del comercio bilateral. Y es que Vietnam se ha convertido en un país clave para el desarrollo de la estrategia de las nuevas Rutas de la Seda que impulsa Pekín, pero también es un enclave fundamental para las empresas chinas que buscan eludir los aranceles que Estados Unidos y otros países occidentales imponen a los productos fabricados en el gigante asiático. Pekín, por su parte, financia gran parte de los proyectos de infraestructura vietnamita a través del banco de comercio exterior Exim Bank, entre ellos la nueva línea ferroviaria que unirá el sur de China con el norte de Vietnam. Una financiación que debe contribuir a que el régimen vietnamita alcance los objetivos trazados en su plan de desarrollo.

Por el momento, se puede afirmar que el gobierno de Hanoi ya ha alcanzado una primera meta, al ser admitido el pasado mes de junio como miembro asociado a los BRICS, el grupo de grandes economías emergentes. Una adhesión en la que China jugó un importante papel de apoyo, como país motor de esa asociación de estados que engloba a casi la mitad de la población mundial y a un 40 por ciento de la riqueza mundial producida en paridad de poder adquisitivo22.

Y es que esa incorporación a los BRICS supone un importante respaldo a los planes de To Lam, ya que proyecta el protagonismo del país del dragón azul en el panorama internacional. Una situación que le abre la puerta a diversificar sus relaciones exteriores y reducir su dependencia de algunos mercados, además de fortalecer sus vínculos con otras potencias emergentes. Una circunstancia que le permitirá acceder a nuevas oportunidades de cooperación económica, financiera y tecnológica con otros miembros de los BRICS y aumentar así las posibilidades de éxito de sus ambiciosos planes para que Vietnam se convierta en un nuevo polo de poder económico en Asia a mediados del siglo XXI.

Conclusiones

A la luz de la actividad política que registra Vietnam se puede concluir que se halla en un periodo decisivo de su historia. Un tiempo en el que, bajo el liderazgo del actual secretario general del partido comunista y hombre fuerte del régimen, To Lam, el país enfrenta una ambiciosa hoja de ruta que tiene como horizonte el 2045, año de la conmemoración del centenario del nacimiento de la República Socialista de Vietnam. Para esa fecha el régimen comunista de Hanoi aspira a que el país se haya convertido en la próxima potencia económica de Asia y haya alcanzado el nivel de desarrollo de los países avanzados.

Para alcanzar este objetivo, el régimen comunista de Hanoi apuesta por impulsar la modernización de su economía con un ritmo de crecimiento de dos dígitos, que le permita promover la innovación, la digitalización y grandes proyectos de infraestructuras, así como atraer la inversión extranjera. Todo ello acompañado de una profunda y radical reforma administrativa para agilizar los servicios, que incluirá la reducción del número de provincias y la disminución de ministerios y departamentos del partido comunista. Una iniciativa que seguramente provocará despidos masivos de miles de funcionarios.

Objetivos todos ellos ambiciosos pero nada fáciles de alcanzar. Su éxito consolidaría a Vietnam como la próxima potencia económica de Asia, permitiéndole escapar de la denominada trampa de la renta media, en la que se han visto atrapadas muchas otras economías en desarrollo. Conseguirlo requerirá, sin embargo, grandes dosis de habilidad para equilibrar unas prioridades contrapuestas como son impulsar un rápido cambio administrativo al tiempo que se apuesta por un continuismo político; fomentar la innovación y las nuevas tecnologías al tiempo que apuesta por las infraestructuras o consolidar un fuerte ritmo de crecimiento económico a la vez que se abordan el reto de promover las energías limpias.

Y todo ello en una época de crecientes tensiones geopolíticas y volatilidad internacional, cuyos efectos podrían dificultar la realización de las reformas internas y cuestionar la “diplomacia del bambú”, que hasta ahora ha practicado Vietnam en sus relaciones con China, Rusia y Estados Unidos sin comprometer su autonomía estratégica. Un panorama internacional, basado en un orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial, que está en crisis y apunta al alumbramiento de un nuevo sistema en el que los más fuertes impondrán su ley.

En resumen, un horizonte plagado de obstáculos que, si el país del dragón azul logra sortearlos con éxito, podría consolidarse como uno de los principales protagonistas económicos del nuevo orden asiático del siglo XXI. Un éxito que dependerá, en última instancia, de la capacidad de sus dirigentes para gestionar las reformas complejas sin generar tensiones internas, al tiempo que mantienen la autonomía estratégica frente a las potencias en pugna.

Isidre Ambrós*
Periodista, analista especializado en Asia-Pacífico y autor del libro “La cara oculta de China”

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

1PHAM, Minh Chinh. “Innovación y aceleración para llevar a Vietnam a una nueva era”. Vietnam+. 1 enero 2025. https://es.vietnamplus.vn/innovacion-y-aceleracion-para-llevar-a-vietnam-a-una-nueva-era-post213047.vnp
2BROWN, David. “Vietnam’s new regime finds its footing. East Asia Forum. 16 January 2025. https://eastasiaforum.org/2025/01/16/vietnams-new-regime-finds-its-footing/
3XUAN, Dung Phan. “Vietnam’s Era of ‘National Rise’: Great expectations”. Fulcrum, Analysis on Southeast Asia. 31 January 2025. https://fulcrum.sg/vietnams-era-of-national-rise-great-expectations/
4ANH, Nhi. “Vietnam’s GDP in 2024 expands 7.09%”. Vietnam Economic Times. 6 January 2025. https://en.vneconomy.vn/vietnams-gdp-in-2024-expands-7-09.htm
5Periódico electrónico del Gobierno de Vietnam. “Texto completo: Resolución 57-NQ/TW sobre avances en ciencia, tecnología, innovación y transformación digital nacional”. Periódico electrónico del Gobierno de Vietnam. 15 Julio 2025. https://xaydungchinhsach.chinhphu.vn/toan-van-nghi-quyet-ve-dot-pha-phat-trien-khoa-hoc-cong-nghe-doi-moi-sang-tao-va-chuyen-doi-so-quoc-gia-119241224180048642.htm
6LIENG, Hoang. “Vietnam Oks $67bn bullet train for 5-hour trip north to south. Nikkei Asia. 2 December 2024. https://asia.nikkei.com/Business/Transportation/Vietnam-OKs-67bn-bullet-train-for-5-hour-trip-north-to-south
7XUAN, Dung Phan. “Vietnam goes big in its sprint to 2030”. Southeat Asia Forum. 23 April 2025. https://eastasiaforum.org/2025/04/23/vietnam-goes-big-in-its-sprint-to-2030/
8XUAN, Dung Phan. “Vietnam goes big in its sprint to 2030”. Southeat Asia Forum. 23 April 2025. https://eastasiaforum.org/2025/04/23/vietnam-goes-big-in-its-sprint-to-2030/
9Vietnam News. “Provisional list of new names for 34 provincies, cities in Vietnam”. Vietnam News. 14 April 2025. https://vietnamnews.vn/politics-laws/1695765/provisional-list-of-new-names-for-34-provinces-cities-in-viet-nam.html
10HOANG, Thi Ah. “Xi’s visit to Vietnam: It’s not all about Trump”. Fulcrum Analysis on Southeast Asia. 17 April 2025. https://fulcrum.sg/xis-visit-to-vietnam-its-not-all-about-trump/
11Associated Press News. “Vietnam and Russia sign an agreement to expand cooperation on nuclear energy”. AP News. 14 January 2025. https://apnews.com/article/vietnam-russia-putin-nuclear-energy-ukraine-climate-832d3ff55fda8ed9d5d2a3f518e5d4c4
12NGUYEN, Tien. “NVIDIA expansion into Vietnam: Potential for AI sector growth”. Vietnam Briefing. 11 December 2024. https://www.vietnam-briefing.com/news/nvidia-expansion-into-vietnam-potential-for-ai-sector-growth.html/
13MINH, Nga. “USAID’s decades-long aid in Vietnam faces uncertainty amid US government overhaul”. Vn Express International. 6 Februay 2025. https://e.vnexpress.net/news/news/usaid-s-decades-long-aid-in-vietnam-faces-uncertainty-amid-us-government-overhaul-4846630.html
14STRANGIO, Sebastian. “US pressuring Vietnam to downgrade economic ties with China: Report”. The Diplomat. 4 June 2025. https://thediplomat.com/2025/06/us-pressuring-vietnam-to-downgrade-economic-ties-with-china-report/
15VUVING, Alexandre L. “A turning point in Vietnam’s politics”. The Diplomat. 30 January 2025. https://thediplomat.com/2025/01/a-turning-point-in-vietnams-politics/
16JANSSEN, Peter. “No stopping Vietnam’s trade war juggernaut”. Asia Times. 19 July 2019. https://asiatimes.com/2019/07/no-stopping-vietnams-trade-war-juggernaut/#
17STRANGIO, Sebastian. “Trump says US and Vietnam have reached an agreement on tariffs”. The Diplomat. 3 July 2025. https://thediplomat.com/2025/07/trump-says-us-and-vietnam-have-reached-an-agreement-on-tariffs/
18STRANGIO, Sebastian. “Trump says https://thediplomat.com/2025/07/trump-says-us-and-vietnam-have-reached-an-agreement-on-tariffs/https://thediplomat.com/2025/07/trump-says-us-and-vietnam-have-reached-an-agreement-on-tariffs/US and Vietnam have reached an agreement on tariffs”. The Diplomat. 3 July 2025.
19HUAXIA. “Vietnam’s GDP per capita income reaches 4,700 USD in 2024”. Xinhua News Agency. 7 January 2025. https://english.news.cn/20250107/4ea50edda1ec48569ab58a3ee0f59364/c.html
20DIEN, Luong y HOANG Thi Ha.” In Trump’s tariff wars, Vetnam’s bold gambit isn’t for everyone”. Nikkei Asia, 11 June 2025. https://asia.nikkei.com/Opinion/In-Trump-s-tariff-wars-Vietnam-s-bold-gambit-isn-t-for-everyone
21Vietnam Plus, “Vietnam-China economic and trade cooperation maintains strong growth momentum”. Vietnam Plus. 11 April 2025. https://en.vietnamplus.vn/vietnam-china-economic-and-trade-cooperation-maintains-strong-growth-momentum-post313236.vnp
22PRAZERES, Leandro. “Por qué Trump acusa a los países BRICS de ir en contra de EE.UU. (y que responde el bloque)”. BBC News Mundo. 7 Julio 2025. https://www.bbc.com/mundo/articles/c8xvd8yw4j5o
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