IEEE. Resiliencia y defensa nacional: la fortaleza de la sociedad civil en la nueva realidad geopolítica europea

Decorativa

05 dic 2025

IEEE. Resiliencia y defensa nacional: la fortaleza de la sociedad civil en la nueva realidad geopolítica europea

Miguel Ángel Pérez Franco, Gabinete Técnico de JEMAD

Sir. Winston Churchill, Premier Británico
Discurso a la Cámara de los Comunes,
13 de mayo de 1940.

Introducción

En los albores de la Segunda Guerra Mundial, en plena batalla de Francia, Sir Winston Churchill prometía a la nación británica “sangre, sudor y lágrimas”. Una frase compuesta de tres palabras que condensaba de manera ejemplar la resistencia de la nación británica ante la barbarie de la guerra. Tres factores fueron decisivos para tan denodada entereza: el decidido liderazgo del premier británico, la fortaleza y coraje de la sociedad británica, y su capacidad de adaptación. Casi un siglo después, la guerra en Ucrania emerge como un punto de inflexión en la seguridad europea, haciéndose eco de esas tres palabras (sangre, sudor y lágrimas), para implementar un cambio de paradigma en la forma en que se conciben y enfrentan los conflictos armados en el siglo XXI. Como en la Segunda Guerra Mundial, este conflicto pone de manifiesto no sólo el impacto destructivo de las capacidades militares convencionales, sino también la efectividad de las estrategias híbridas, como la desinformación o los ciberataques, orientadas a desestabilizar internamente a los Estados. Uno de los elementos más preocupantes ha sido el uso sistemático del sufrimiento de la población civil como herramienta para erosionar la voluntad política de los gobiernos democráticos, explotando su debilidad y su vulnerabilidad social, como un frente más del conflicto. En respuesta a esta nueva realidad, Europa ha adoptado un enfoque estratégico basado en dos pilares fundamentales: el refuerzo de la defensa colectiva a través de la Alianza Atlántica, tratando de ser más autónoma; y el desarrollo de sociedades resilientes. Esta resiliencia no se limita a una noción abstracta, como bien sabía Sir Winston Churchill, sino que se traduce en la capacidad real de la población para afrontar la materialización de amenazas, desde bombardeos indiscriminados contra objetivos civiles hasta cortes masivos de energía o campañas de desinformación, adaptarse a contextos adversos, recuperarse de los daños sufridos y mantener la cohesión social y la continuidad de la vida cotidiana. Así, el nuevo paradigma de seguridad en Europa parece que vuelve a mirar a aquella fortaleza inusitada de la sociedad británica, y redefine tanto el concepto de defensa como el rol activo de las sociedades frente a un entorno cada vez más volátil y hostil. Pero, ¿cómo podemos incrementar la resiliencia en nuestras sociedades? ¿Existe una hoja de ruta para conseguir una sociedad resiliente capaz de adaptarse a la nueva realidad geopolítica? Si identificamos las características básicas que conforman el entorno geopolítico y social, podremos identificar sobre qué clase de eje debemos hacer pivotar nuestra estrategia de resiliencia.

La nueva realidad geopolítica

La nueva realidad geopolítica se caracteriza por la erosión del orden unipolar dominado por Occidente y la emergencia de un sistema claramente multipolar, donde potencias como China, Rusia y otras regiones emergentes compiten por influencia global. La guerra entre Rusia y Ucrania ha simbolizado la ruptura del derecho internacional y el debilitamiento de las instituciones multilaterales, revelando un escenario donde la fuerza, la coerción económica y la manipulación de la información pesan más que la diplomacia y la cooperación. En este contexto, los bloques de competencia se consolidan no solo en términos militares o económicos, sino también tecnológicos y culturales, dando forma a un tablero internacional cada vez más fragmentado y volátil1.

Junto a los Estados, los actores no estatales, corporaciones tecnológicas, grupos armados, organizaciones transnacionales e incluso redes digitales, adquieren un protagonismo creciente, transformando los instrumentos de poder y conflicto. Como consecuencia de ello, la tendencia a la remilitarización y al uso coercitivo de herramientas económicas sustituye la lógica del diálogo por la de la presión y la disuasión2. En paralelo, surgen nuevas formas de agresión híbrida: operaciones cibernéticas, manipulación cognitiva y el empleo de sistemas de bajo coste y alta efectividad, como los drones, capaces de infligir daños estratégicos significativos3. Estas dinámicas, combinadas, apuntan hacia un orden internacional en transición, donde las reglas aún se están escribiendo y la estabilidad depende de la capacidad de adaptación ante un poder global más distribuido y menos predecible4.

Para Europa, este escenario implica una exposición creciente a riesgos que pueden traducirse en efectos dañinos y severos sobre su población, tanto en el plano de la seguridad, como en el económico, la estabilidad social e incluso la integridad física. Las amenazas híbridas, los ciberataques y la manipulación informativa pueden desestabilizar sus instituciones democráticas y erosionar la confianza ciudadana, mientras que la posibilidad de conflictos de alta intensidad en su periferia o incluso en su propio territorio reaviva el temor a pérdidas de vidas civiles y a la destrucción de infraestructuras críticas, como redes energéticas, sistemas de transporte o comunicaciones5. A este respecto, los acontecimientos en Ucrania ofrecen una muestra elocuente de las características de los conflictos futuros: desplazamientos masivos de población, destrucción de infraestructuras críticas y un elevado número de víctimas civiles. La necesidad de anticipar y mitigar tales escenarios resulta, por tanto, inaplazable.

Ante esta realidad, el continente se ve impulsado a reforzar sus mecanismos de defensa colectiva, tanto dentro de la OTAN como de la Unión Europea, fortaleciendo su capacidad de respuesta ante crisis multidimensionales que combinan amenazas militares, tecnológicas y sociales. La construcción de una Europa más resiliente pasa por la inversión en capacidades estratégicas, la cooperación en inteligencia y defensa, y la preparación ciudadana frente a emergencias, con el objetivo de proteger a sus poblaciones y preservar la estabilidad de su modelo político frente a un entorno geopolítico cada vez más hostil, incierto y competitivo. Sin embargo, ¿qué estrategia podemos seguir para que nuestra sociedad esté preparada para afrontar el primer golpe, recuperarse y adaptarse a la nueva situación para prevalecer?

Resiliencia como eje de la seguridad

En el ámbito de la OTAN, el concepto de resiliencia tiene sus raíces en el artículo 3 del Tratado del Atlántico Norte, que establece que “con el fin de lograr más eficazmente los objetivos de este Tratado, las Partes, por separado y conjuntamente, mediante la autoayuda y la ayuda mutua continuas y efectivas, mantendrán y desarrollarán su capacidad individual y colectiva para resistir ataques armados”. En este sentido, a través de esta definición, se constituye la base sobre la que se asienta la capacidad de la Alianza para cumplir con sus misiones fundamentales, en particular la disuasión y defensa6. Por tanto, para la Alianza, la resiliencia se concibe como una responsabilidad nacional y un compromiso colectivo. Cada aliado debe estar preparado y ser capaz de adaptarse ante todo el espectro del conflicto y para cualquier crisis que la Alianza pueda prever. Al mismo tiempo, mantener y reforzar la propia resiliencia de cada Aliado, contribuye directamente a reducir la vulnerabilidad de la OTAN en su conjunto, fortaleciendo así la seguridad colectiva7. En este contexto, la resiliencia se refiere a la capacidad para prepararse, resistir, responder y recuperarse rápidamente tras afrontar una crisis o un ataque a gran escala. Es por ello, que fortalecer la resiliencia es principalmente una responsabilidad nacional, siendo la suma de todos ellos el común denominador de la resiliencia aliada. En este sentido, los aliados pueden mejorar su resiliencia mediante el desarrollo de sus capacidades defensivas, el acceso garantizado a infraestructuras críticas y el desarrollo de planes de recuperación frente a crisis.

En su conjunto, la resiliencia no solo refuerza la capacidad de la OTAN para responder ante amenazas, sino que también constituye un elemento clave de su cohesión interna, su credibilidad disuasoria y su capacidad de defensa colectiva8. Disuasión, capacidad defensiva… ¿Influye la resiliencia en la capacidad de disuasión o capacidad de defensa/respuesta frente a un ataque adversario? ¿Cuán dependiente son unas fuerzas armadas de la resiliencia de la sociedad que las acoge…?

La capacidad de resistir: resiliencia vs vulnerabilidad

Durante la Guerra Fría, la mayoría de la infraestructura civil (ferrocarriles, puertos, aeropuertos o redes de energía) estaba en manos del gobierno y podían transferirse fácilmente al control de la OTAN en una situación de crisis o guerra. Sin embargo, el colapso de la Unión Soviética condujo a una disminución de la inversión en preparación civil y a una mayor dependencia de actores privados para proporcionar servicios e infraestructura críticos9. En este sentido, los Aliados han aumentado su dependencia de activos y capacidades civiles, fundamentalmente ligadas al sector privado, no sólo para apoyar la proyección y el movimiento de fuerzas militares, sino también para realizar el sostenimiento y mantenimiento de sus capacidades10. El alcance de esta dependencia se puede ilustrar con algunas cifras11:

  • Alrededor del 90% del transporte militar para grandes operaciones militares es proporcionado por bienes civiles fletados o requisados del sector comercial;
  • Más del 70% de las comunicaciones por satélite utilizadas con fines de defensa son proporcionadas por el sector comercial;
  • Aproximadamente el 95% del tráfico transatlántico de Internet, incluidas las comunicaciones militares, se realiza mediante redes submarinas de cable de fibra óptica, la mayoría de las cuales son propiedad de entidades del sector privado y gestionadas por ellas;
  • Alrededor del 75 por ciento del apoyo de la nación anfitriona a las operaciones de la OTAN proviene de la infraestructura y los servicios comerciales locales.

Fomentando esta tendencia, a medida que las amenazas del terrorismo internacional se hicieron más frecuentes, las operaciones aliadas se llevaron a cabo cada vez más fuera del territorio de la OTAN, lo que no requirió una gran participación de los recursos de preparación civil aliados. La subcontratación de tareas, requisitos y capacidades militares esenciales no relacionadas con el combate se convirtió en la norma12.

Sin embargo, la situación internacional ha vuelto a centrar el foco en la necesidad de no ser tan dependiente del sector civil y privado. De hecho, los aliados están reevaluando sus propias vulnerabilidades; así como su propio sistema de preparación para disuadir y defenderse eficazmente contra las amenazas de seguridad contemporáneas. Como consecuencia de ello, la Alianza está reforzando su postura de disuasión y defensa, en particular mediante el refuerzo de la preparación civil y la resiliencia nacional13.

De hecho, en el entorno de seguridad actual, la resiliencia efectiva y sostenida requiere toda la gama de capacidades militares y civiles, así como un enfoque de toda la sociedad, que incluye la cooperación activa entre el gobierno, el sector privado y la sociedad civil. Sin embargo, ¿es posible fortalecer la resiliencia de una sociedad? Y en su caso, ¿qué mecanismos se pueden utilizar para fortalecerla? La respuesta a tan sugerente pregunta es afirmativa. Y es que, sí es posible copiar o al menos emular, la tan afamada resistencia de la sociedad británica durante la Segunda Guerra Mundial, y resumida en el célebre “sangre, sudor y lágrimas…”

La clave: fortalecer la resiliencia

En este sentido, en la Cumbre de Varsovia de 2016, los líderes aliados acordaron aumentar la resiliencia de la Alianza para ser capaces de hacer frente a todo el espectro del conflicto14. Para ello, llegaron al compromiso de desarrollar la capacidad individual de los países miembros para resistir cualquier forma de ataque armado. En este sentido, acordaron los siete requisitos básicos para incrementar la resiliencia nacional y poder medir su correspondiente nivel de resiliencia. Estos requisitos son15:

  1. Garantizar las funciones de gobierno y de los servicios gubernamentales críticos, como por ejemplo la capacidad de tomar decisiones y de comunicarse con los ciudadanos durante una crisis.
  2. Disponer de suministros de energía resilientes para garantizar un suministro continuo y disponer de planes de contingencia y respaldo para gestionar interrupciones y cortes de energía.
  3. Ser capaz de hacer frente, de manera eficaz, a movimientos incontrolados de personas, evitando que interfieran en movimientos y despliegues de capacidades militares.
  4. Disponer de recursos alimentarios e hídricos resilientes para garantizar el suministro y hacer frente a interrupciones o sabotajes.
  5. Ser capaz de hacer frente a escenarios de víctimas masivas y crisis sanitarias agudas, garantizando que los sistemas de salud público y privado pueden hacer frente a crisis graves y que los suministros médicos estén disponibles y sean suficientes.
  6. Mantener sistemas de comunicaciones resilientes para garantizar que las redes de telecomunicaciones y cibernéticas puedan funcionar incluso en condiciones de crisis, con suficiente capacidad de respaldo.
  7. Disponer de sistemas de transporte resilientes, garantizando que las fuerzas militares y de protección civil puedan desplazarse rápidamente por el territorio de la Alianza.

En definitiva, estos siete requisitos básicos tienen como denominador común las tres funciones básicas de la preparación civil, que deben mantenerse incluso en las condiciones más exigentes, a la sazón: continuidad de las tareas de gobierno, servicios esenciales para la población y apoyo civil a su fuerza militar16.

Desde entonces, y sobre todo tras el impacto de la guerra de Ucrania, el camino de la Alianza ha ido hacia el fortalecimiento de su resiliencia. A este respecto, en 2021 los Aliados acordaron adoptar un enfoque más integrado y mejor coordinado para fortalecer la resiliencia. Así, ya en el Concepto Estratégico de 2022, se identifica la resiliencia como pilar fundamental de las misiones de la Alianza: disuasión y defensa, prevención y gestión de crisis, y seguridad cooperativa17. Asimismo, el concepto estratégico especifica que los aliados deben de fortalecer su resiliencia nacional frente a amenazas y desafíos militares y no militares. Como consecuencia de ello, la OTAN estableció el Comité de Resiliencia de alto nivel con el propósito de ofrecer orientación política y estratégica a sus estados miembros, en asuntos como protección de infraestructuras críticas, desinformación o seguridad en las cadenas de suministro18. Y es que parece claro que una fuerza militar desplegada durante una crisis o conflicto depende en gran medida de los sectores civil y comercial, como el transporte, las comunicaciones, la energía y los suministros básicos (alimentos, agua, etc.)19, para el cumplimiento eficaz de sus misiones. En este sentido, una preparación civil eficaz es esencial para garantizar que dichos sectores sean capaces de resistir ataques o interrupciones y continuar apoyando a las fuerzas de la OTAN en cualquier circunstancia. Entonces, ¿cómo mejoramos nuestra preparación civil para que contribuya de manera eficaz a nuestra defensa nacional?

Preparación civil como forma de aumentar la resiliencia de la sociedad

En marzo de 2024, la Comisión Europea lanzó su Estrategia de Preparación de la Unión. El documento describe hasta 30 acciones clave para integrar una filosofía de “preparación por diseño” en todas las políticas de la Unión Europea20. Entre ellas se incluyen, por ejemplo, la creación de un centro de crisis para mejorar la coordinación entre diferentes agencias y organismos, se establecen criterios mínimos de preparación para los servicios esenciales, se propone la realización de simulacros de emergencia periódicos en toda la Unión Europea, e incluso la integración en el sistema educativo de conceptos como el de enfrentar y sobreponerse a una crisis21. Además, y de forma casi simultánea, la Comisión Europea publicó el libro blanco de la UE sobre la defensa europea, que subrayaba la necesidad de combinar el desarrollo y adquisición de capacidades militares con el fortalecimiento de la resiliencia colectiva de la Unión22.

Parece claro que la Unión Europea y sus Estados Miembros desean preparar a sus instituciones, tanto públicas como privadas para responder a situaciones de crisis extraordinarias. Los documentos oficiales establecen diversas medidas que fortalecerían la resiliencia de nuestras sociedades. Estas medidas incluyen, entre otras, las siguientes acciones:

  1. Establecer de protocolos sobre cómo actuar en caso de emergencia o cuando se presenten amenazas creíbles23.
  2. Fortalecer el sistema de protección civil para hacer frente a situaciones de emergencia. Este nuevo sistema de protección civil deberá contar con las unidades y organismos necesarios para ser capaces de prevenir perturbaciones y garantizar la continuidad del funcionamiento sectores vitales como la energía, el transporte, las comunicaciones, la salud, la alimentación y el agua24.
  3. Crear reservas estratégicas y garantizar el almacenamiento de bienes esenciales, equipos de protección o determinadas materias primas críticas25.
  4. Realizar evaluaciones de riesgos periódicos, mientas que los operadores de infraestructuras críticas deben adoptar medidas técnicas, de seguridad y organizativas para garantizar la preparación y notificar a los gobiernos cualquier incidente26.
  5. Establecer un marco europeo común, como forma más eficaz, de compartir recursos y evitar redundancias, significándose que  el establecimiento de reservas de recursos vitales descentralizadas, que funcionan como una red, son menos vulnerables a ataques y sabotajes27.
  6. Fortalecer los sistemas de comunicación, de forma que éstos sean seguros, especialmente cuando fallan las redes convencionales. Asimismo, se deberá fortalecer todos los sistemas de información pública, para que estén disponibles en todo momento, permitiendo la transmisión de mensajes claros, y de forma periódica, con precauciones de seguridad28.
  7. En cuanto a los operadores privados de infraestructuras críticas (como por ejemplo aquellos de redes energéticas, telecomunicaciones o cadenas de suministro alimentaria), se les deberá obligar a proteger sus actividades mediante el establecimiento de cortafuegos, reforzar la seguridad de sus instalaciones y realizar copias de seguridad. Asimismo, deberán establecer protocolos de emergencia, adoptar planes de contingencia y realizar pruebas y test de resistencia periódicos. Todo ello con el objetivo de garantizar la continuidad y/o el restablecimiento de los servicios públicos que presten29.

Todas estas acciones están orientadas a la preparación y fortalecimiento del sector público-privado. Pero, ¿qué hay sobre la preparación de ciudadanos individuales que son también parte sustancial de la sociedad…? Durante la Batalla de Inglaterra, la sociedad londinense hizo gala de aquel famoso “keep calm and carry on” demostrando una inusitada resiliencia y fortaleza30. Por ello, cada ciudadano, y la comunidad a la que pertenece, desempeñan un papel fundamental y extremadamente importante a la hora de hacer frente a una crisis. Cuando la población está bien preparada, bien abastecida con suministros esenciales, y bien formada para hacer frente a las emergencias, la probabilidad de que el país sea o tenga una adecuada resiliencia aumenta considerablemente. Buena prueba de ello es la sociedad británica de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hoy día, es posible encontrar también ejemplos de nuestra época, como el modelo nórdico de “defensa total”, que muchos países europeos comienzan a clonar31. En este sentido, países como Finlandia, Suecia o Noruega, vienen desarrollando, desde la Guerra Fría, un modelo de defensa total que integra plenamente a la sociedad civil en la defensa nacional. Esta preparación civil incluye, entre otras actividades, formación en primeros auxilios, gestión de crisis, defensa territorial, actividades de continuidad institucional, etc. Asimismo, y como punto álgido de la preparación de la sociedad, emergen la realización de simulaciones y simulacros de emergencia periódicos en lugares de trabajo, escuelas y centros de formación32.

Sin embargo, el fortalecimiento del sector público-privado y la preparación ciudadana son sólo dos partes fundamentales que necesitan de integración de todo este ecosistema en la propia defensa nacional. Por ello, en la Cumbre de Washington de 2024, los aliados se comprometieron a fortalecer su resiliencia nacional mediante la integración de la planificación civil de emergencias en los planes de defensa nacional33. Pero, ¿por qué integrar los planes civiles de protección y la defensa civil en los planes de defensa nacional…? La respuesta no es casual, y es que, integrar las vertientes civil y militar en la resiliencia es clave para constituir un sistema de resiliencia nacional integral capaz de responder ante crisis complejas.

Integración defensa y protección civil en la defensa nacional.

Los esfuerzos militares destinados a proteger el territorio y las poblaciones aliadas deben ir acompañados de una sólida preparación civil, capaz de reducir las vulnerabilidades potenciales y mitigar los riesgos tanto en tiempos de paz como durante crisis y conflictos. Como se ha expresado anteriormente, esta preparación civil cumple tres funciones esenciales: garantizar la continuidad del gobierno, asegurar la prestación de servicios esenciales a la población y proporcionar apoyo civil a las operaciones militares34. Por tanto, parece evidente, que la resiliencia debe sestar vertebrada sobre en una fuerte cooperación entre las partes interesadas, civiles y militares, lo que es de beneficio mutuo, tanto en tiempos de paz como en tiempos de crisis.

Como se demostró durante la pandemia del COVID-19, la asistencia militar a las autoridades civiles puede prestar un apoyo fundamental cuando los recursos civiles están bajo una gran presión. Al mismo tiempo, el apoyo civil es esencial para permitir y mantener a las fuerzas militares en tiempos de crisis, ya sea a través de la experiencia civil o el acceso a servicios e infraestructuras comerciales críticos. Pero, ¿cómo podríamos integrar estas dos vertientes, civil y militar, de la resiliencia? Existen múltiples ejemplos de ello. Los ejercicios representan un excelente paradigma y una forma eficaz de realizar pruebas de resistencia de la preparación nacional. A este respecto, son un excelente modelo para ejercitar respuestas frente a contingencias a gran escala, como ataques sorpresivos con efectos devastadores o cuando se trata de una guerra híbrida. Por lo tanto, resulta esencial incorporar elementos de preparación civil en ejercicios militares, debiendo integrarlos a todos los niveles, desde ejercicios de gestión de crisis de nivel estratégico hasta ejercicios de adiestramiento de nivel táctico35.

Por ejemplo, el ejercicio “Steadfast Defender 2024”, que fue el mayor despliegue militar de la OTAN desde el final de la Guerra Fría, contribuyó a chequear la resiliencia de la Alianza. Con la participación de más de 90.000 efectivos de los 32 países aliados, su objetivo principal fue demostrar la capacidad de la Alianza para defender toda su área de responsabilidad, movilizando refuerzos desde América del Norte hacia Europa a través del océano Atlántico, el norte y el este del continente europeo. Su ejecución puso de manifiesto que la movilización masiva de tropas y material militar a través de distintos países requiere una estrecha coordinación con autoridades civiles, especialmente en materia de transporte, logística e infraestructura; poniendo en relieve la necesidad de garantizar la resiliencia de las infraestructuras civiles y la continuidad de los servicios esenciales36.

Conclusiones

La guerra en Ucrania ha reconfigurado profundamente el panorama de seguridad europeo, evidenciando que la defensa nacional ya no puede limitarse al ámbito militar. En una era de amenazas híbridas, ciberataques, manipulación informativa y vulnerabilidad de las infraestructuras críticas, la resiliencia de la sociedad emerge como factor clave de la defensa nacional. En este contexto, la fortaleza de las sociedades civiles, su capacidad de adaptación y recuperación ante crisis multidimensionales, se convierten en un activo estratégico tan decisivo como la propia disuasión militar.

En este sentido, y analizando la historia, desde la resistencia británica durante la Segunda Guerra Mundial hasta el modelo nórdico de “defensa total”, se evidencia que una población preparada y consciente de su papel es capaz de sostener la cohesión nacional incluso bajo las condiciones más adversas. Por ello, las naciones europeas no sólo deben de establecer un marco claro para fortalecer la capacidad de sus Estados para resistir, responder y recuperarse frente a cualquier forma de ataque o crisis. Deben de promover una preparación por diseño, desde una visión micro hasta una óptica macro, que refuerce tanto a las instituciones públicas, como a los actores privados, frente a disrupciones críticas. Una preparación desde el individuo hasta la organización. Esta visión integral de seguridad, basada en la anticipación, la coordinación y la educación ciudadana, amplía el concepto clásico de defensa hacia un enfoque de seguridad total de la sociedad.

En definitiva, la fortaleza de Europa ante la nueva realidad geopolítica dependerá no solo de su poder militar, sino de su capacidad colectiva para resistir, adaptarse y mantener la cohesión social ante cualquier amenaza. Sólo una sociedad resiliente, preparada y comprometida podrá sostener la paz, la libertad y los valores democráticos que constituyen la esencia de su defensa. Porque, al igual que en los días más oscuros de la historia europea, y parafraseando aquella famosa frase de Sir Winston Churchill, “solo puedo ofreceros sangre, sudor y lágrimas”, la supervivencia y la victoria no dependerán únicamente de las armas, sino de la voluntad indomable de sus pueblos y de su capacidad de resistencia.

Miguel Ángel Pérez Franco
Estado Mayor de la Defensa
Gabinete Técnico de JEMAD

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]CENTRO CONJUNTO DE DESARROLLO DE CONCEPTOS (EMAD). “Entorno Operativo 2035. 1ª Revisión”. Estado Mayor de la Defensa. Madrid, 2022.
[2]NATO. “Interdependency in Resilience. Building resilience. Collaborative proposals to help nations and partners”. Norfolk. Allied Commnad Transformation – ACT, 2017.
[3]Ibídem.
[4]CENTRO CONJUNTO DE DESARROLLO DE CONCEPTOS (EMAD). Entorno Operativo 2035. Op. Cit.
[5]NATO. “Interdependency in Resilience. Building resilience. Collaborative proposals to help nations and partners”. Op. Cit.
[6]NATO. “North Atlantic Treaty”. Washington D.C. 4th April 1949.
[7]Ibídem.
[8]NATO. “The Secretary General’s Annual Report 2017”. Brussels, 2018.
[9]PRIOR, T. “NATO pushing Boundaries for Resilience”. CSS Analysen in Security Policy, nº 213/09/207, Zurich, 2017.
[10]NATO. “Civil preparedness underpins a society’s resilience”. Mission of Finland to NATO, 2017.
[11]Ibídem.
[12]PRIOR, T. Op. Cit.
[13]NATO. Interdependency in Resilience. Building resilience. Collaborative proposals to help nations and partners. Op. Cit.
[14]NATO. “Commitment to enhance resilience”. Warsaw, 8-9 July 2016.
[15]Ibídem.
[16]CIVIL EMERGENCY PLANNING COMMITTE (CEPEC). “Factsheet on baseline requirements for national resilience and resilience guidelines”. Brussels, 2016.
[18]NATO. “Strengthened the Resilience Commitment”. NATO - Official text: Strengthened Resilience Commitment (2021), 14-Jun.-2021
[19]CIVIL EMERGENCY PLANNING COMMITTE (CEPEC), Op. Cit.
[20]European Union (EU). “Preparedness Union Strategy: reinforcing Europe’s resilience in a changing world”. European Union External Action, 2024. Preparedness Union Strategy: reinforcing Europe’s resilience in a changing world | EEAS
[21]Ibídem.
[22]European Union (EU). “White Paper for European Defense: Readiness 2030”. European Commission, 2025. White paper for European defence - Readiness 2030 - Defence Industry and Space
[23]European Union (EU). “EU preparedness union strategy: Getting ready to respond crisis”. European Commission, 2025. https://commission.europa.eu/topics/preparedness_en
[24]Ibídem.
[25]Garantizar este abastecimiento pasa, entre otras medidas, por diversificar las fuentes de obtención e implementar diferentes y diversas rutas de suministro. GOBIERNO DE ESPAÑA. “La resiliencia en el marco de la seguridad nacional”. Ministerio de la Presidencia. Marzo, 2024.
[26]Ibídem.
[28]Ibídem.
[29]European Union (EU). “EU preparedness union strategy: Getting ready to respond crisis”, Op. Cit.
[31]ALANDER, M. “Deepening total defence: Northern Europe’s strategic advantage”. Britains World. Council of Geostrategy. 2025.
[32]BRAW. E. “Scandinavia’s Homeland Defence: A Model for Other Countries?”. The Royal United Services Institute (RUSI). 2018.
[34]CIVIL EMERGENCY PLANNING COMMITTE (CEPEC), Op. Cit.
[35]NATO. “Steadfast Defender 2024”. https://www.nato.int/cps/en/natohq/222847.htm
[36]Ibídem.
    • Resiliencia y defensa nacional: la fortaleza de la sociedad civil en la nueva realidad geopolítica europea

    • Resilience and National Defense: The Strength of Civil Society in the New European Geopolitical Reality