IEEE. Redefiniendo las relaciones España-África: por un futuro sostenible y justo y un desarrollo compartido entre España y África

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09 sept 2025

IEEE. Redefiniendo las relaciones España-África: por un futuro sostenible y justo y un desarrollo compartido entre España y África

José Segura Clavell. Director General de Casa África

Introducción

Las consideraciones que a continuación se exponen derivan de las lecturas diarias que, desde la institución de diplomacia pública Casa África, se llevan a cabo al acceder a informaciones gestadas en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales y que, en varios idiomas (español, inglés, francés, portugués), se recogen en el dosier cotidiano que la Casa envía gratuitamente a casi un millar de suscriptores por correo electrónico. Fruto de este seguimiento informativo, cada semana elaboro una serie de artículos que se publican en medios impresos y online, tanto canarios como nacionales, que reflejan las tendencias informativas y la actualidad del continente africano desde el punto de vista de los medios de comunicación que lo cubren.

Aunque Casa África no es ni un think tank ni un centro académico, gran parte de su labor se basa en el trabajo contrastado de centros de pensamiento, universidades y analistas que consagran sus esfuerzos y su tiempo a conocer mejor y comprender lo que sucede en el continente africano. Como colofón de este texto, me permito la libertad de adjuntar una serie de artículos propios que considero de interés por su relación con los temas tratados en este capítulo. Han sido publicados en el segundo semestre de este año y se reproducen a continuación de este texto como anexo.

Casa África es un consorcio público radicado en la comunidad autónoma de Canarias, que nace en el año 2006 y cuya labor se resume en la frase «África y España, cada vez más cerca». La lectura del artículo titulado «Marcando el rumbo de Casa África» (publicado el 8 de noviembre de 2024) pretende familiarizar al público general con la configuración de las líneas directrices que definen el quehacer de la Casa. Estas líneas aparecen definidas en el Plan Estratégico de Casa África, un documento aprobado por el Consejo Rector de la Casa el 19 de diciembre de 2024 y consensuado con la sociedad civil, las instituciones y los expertos en consulta pública que regirá la acción de la Casa hasta 2028.

África se encuentra en un momento crucial de su historia. Enfrenta una serie de desafíos y tendencias complejas que configuran su panorama geopolítico, económico, social y de gobernanza. La inestabilidad política, las crisis económicas, los conflictos armados, la herencia del colonialismo y las disparidades sociales son algunos de los obstáculos que el continente debe superar para lograr un desarrollo sostenible e inclusivo. La crisis climática agrava aún más la situación e impacta negativamente en la seguridad humana y en el desarrollo del continente.

En un mundo convulso y en constante cambio, África emerge como epicentro geopolítico atrayendo la atención de las principales potencias mundiales. Esto se ha visto muy a menudo en este 2024, con gestos constantes que denotan un evidente interés creciente debido a una convergencia de factores que van desde su crecimiento económico hasta la abundancia de recursos naturales estratégicos, el auge demográfico de una población joven y la creciente influencia del continente en los asuntos globales.

En este escenario dinámico y cambiante, España tiene la oportunidad y la responsabilidad de definir una política propia hacia África basada en el respeto mutuo, la cooperación y el beneficio compartido. Para lograrlo, es esencial comprender las complejidades del continente, escuchar las voces africanas y construir una relación sólida y duradera que beneficie a ambas partes.

En este sentido, nuestro país presentó su nueva estrategia para África en Consejo de Ministros el 17 de septiembre de 2024 con el título «España-África 2025-2028. Trabajando juntos a través de una relación estratégica». Un documento ambicioso que propone cien líneas de acción agrupadas en cinco objetivos estratégicos: reforzar una relación que facilite la acción conjunta, crecer hacia un desarrollo africano sostenible enfocado en los jóvenes, conectar sociedades y economías de África, España y el mundo, proteger, garantizando la seguridad de las poblaciones, y convivir en sociedades abiertas con instituciones sólidas e inclusivas. La importancia de esta estrategia se refleja en el hecho de que el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, estuvo presente en su presentación pública a la sociedad, el 5 de diciembre de 2024, junto con el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, y otras personas de España vinculadas a la política exterior en África, incluido el que suscribe.

El continente africano enfrenta en 2025 una serie de desafíos estructurales y coyunturales que requieren atención prioritaria. Desde la seguridad y la gobernanza hasta el desarrollo económico y el cambio climático, África es escenario de problemas que también tienen repercusiones globales.

Un ejemplo es el de la amenaza del yihadismo, que sigue latente, con una proyección de expansión notable hacia los países costeros del golfo de Guinea. La inestabilidad política en los países del Sahel (Mali, Níger, Burkina Faso), marcada por una serie de golpes de Estado y el debilitamiento de mecanismos de cooperación como la CEDEAO, agrava las tensiones regionales. Conflictos armados persistentes en Sudán, el Cuerno de África y el Sahel continúan causando estragos, mientras que la prolongada crisis en Libia añade combustible a la inseguridad en una vasta área.

La superación de desafíos como este y el aprovechamiento de las oportunidades dependerá de la capacidad de los países africanos para tomar las riendas de su propio destino, promover la cooperación regional, construir instituciones sólidas y justas e invertir en desarrollo humano, innovación y sostenibilidad.

La comunidad internacional debe desempeñar un papel de apoyo en este proceso respetando la soberanía de los países africanos y promoviendo relaciones equitativas y beneficiosas para todos. Hay que dejar de ver a África como un objeto de intervención y empezar a tratar a sus representantes como socios diversos e igualitarios en la construcción de un orden mundial más justo y sostenible.

Por otra parte, es importante analizar la evolución del africanismo español y trazar las guías para las acciones futuras.

Nuevo colonialismo

África es, sin lugar a duda, un continente clave y reconocido en el panorama estratégico global por las oportunidades que presenta en términos de crecimiento económico, riqueza energética, vastas reservas minerales y acuíferas, extensas tierras fértiles, desarrollo demográfico y riqueza cultural1. En esta orientación estratégica también influye la inestabilidad, el terrorismo, el crimen organizado y otras amenazas de la estabilidad y desarrollo del continente y su entorno. Es decir, las intervenciones externas en África están a menudo impulsadas por estos intereses geopolíticos y económicos mientras los países africanos se enfrentan a la persistencia de la pobreza, la desigualdad y la dependencia de la exportación de materias primas2.

Esta «maldición de los recursos»3 sigue siendo una realidad y la riqueza del continente beneficia principalmente a actores externos4. La competencia externa por los recursos de África redunda, además, en el apoyo a regímenes autoritarios que sirven a los intereses ajenos, la instrumentalización de organismos internacionales para legitimar intervenciones militares y la imposición de políticas económicas que perpetúan la dependencia5.

La creciente influencia de potencias globales como China y Rusia en el continente desafía la hegemonía tradicional de Occidente, en particular de Francia en sus antiguas colonias, y hace que, en el ámbito geopolítico, África se encuentre en una encrucijada. La guerra en Ucrania, por ejemplo, ha evidenciado aún más esta dinámica, con países africanos mostrando una renuencia a alinearse automáticamente con Occidente, lo que ha generado críticas y desconcierto6.

Aunque el futuro de África depende —hasta cierto punto— de estos intereses geoestratégicos externos, no debe guiarse por estos sino por sus propios objetivos. El término «nuevo colonialismo» en África se refiere a la creciente influencia ajena en sus asuntos políticos y económicos, la explotación de los recursos naturales y los casos de detrimento del desarrollo sostenible del continente7. Los actores externos, entre ellos la UE y España deben ser aliados y no repetir ni los errores del colonialismo, ni los modelos de cooperación e inversión que ya han mostrado tener resultados limitados en términos de gobernanza, seguridad y en la vida cotidiana de los ciudadanos en África. África ya no puede ser tratada como un continente-marioneta, escenario de luchas de poder y sin voz en el concierto internacional.

Una nueva diplomacia

Durante siglos, la diplomacia ha sido fundamental en la configuración de las relaciones internacionales, facilitando negociaciones pacíficas y la resolución de conflictos, y fomentando la cooperación global. Sin embargo, en el mundo actual, la diplomacia enfrenta nuevas tendencias y desafíos que están redefiniendo su futuro. Asimismo, el auge del nacionalismo y los movimientos populistas, y hasta el uso de herramientas digitales y tecnológicas, impulsan la transformación de la diplomacia, obligándola a adaptarse y evolucionar8.

Al mismo tiempo, el multilateralismo se encuentra cuestionado a nivel global por su ineficacia en resolución de conflictos, por los movimientos nacionalistas9 y por los lentos avances para abordar la crisis climática10. Es cada vez más obvio que los marcos de la cooperación global no han seguido el ritmo de esta evolución y que su caja de herramientas, normas y enfoques necesita una actualización.

Si bien la intención declarada de organismos internacionales y potencias globales suele ser la promoción de la paz, la democracia y el desarrollo, la realidad es que sus acciones a menudo han tenido consecuencias negativas exacerbando la inestabilidad y perpetuando la dependencia del continente. El Consejo de Seguridad de la ONU —sin representación permanente de países africanos— toma decisiones sobre intervenciones militares y sanciones que a menudo tienen consecuencias devastadoras para la población civil11. La falta de financiación adecuada para las operaciones de paz y la reconstrucción posconflicto, así como la ineficiencia y la burocracia, limitan la eficacia de esas intervenciones12 13.

Además, la comunidad internacional es criticada por aplicar un doble rasero en sus intervenciones en África, actuando con mayor contundencia cuando sus intereses están en juego y mostrando indiferencia ante violaciones de derechos humanos y crisis humanitarias que no les afectan de manera directa. La condena selectiva de golpes de Estado, la imposición de sanciones económicas que afectan a la población civil y la falta de apoyo a iniciativas de desarrollo genuinamente lideradas por africanos generan desconfianza y resentimiento. Francia, en particular, debe abandonar la política de la Françafrique, caracterizada por el intervencionismo militar, el apoyo a regímenes autoritarios y la perpetuación de la dependencia económica14. La influencia desproporcionada de Francia en las decisiones de organismos internacionales como la CEDEAO y la ONU genera desconfianza y limita la soberanía de los países africanos.

En lo que se refiere a la Unión Europea, un reciente informe del CIDOB critica las tres estrategias implementadas por la UE en el Sahel desde 2011 por su enfoque securitario, que ha sido ineficaz y ha empeorado la situación. El informe identifica problemas principales como: la securitización de la seguridad, la migración y el cambio climático; los efectos negativos de este enfoque securitario; las tensiones internas en la UE y la brecha entre la retórica y la práctica.

El informe argumenta que la securitización ha simplificado las causas de la inestabilidad, priorizando respuestas militares sobre soluciones políticas y de desarrollo. Las políticas migratorias y climáticas han generado tensiones y reducido oportunidades económicas locales. Además, las dinámicas internas de la UE y la falta de participación local han afectado a la eficacia de sus estrategias. El informe concluye que la UE debe adoptar un enfoque menos securitario y más centrado en las causas profundas de la inestabilidad incorporando el conocimiento local y promoviendo un pragmatismo más recíproco. De hecho, los enfoques de arriba hacia abajo, sin una verdadera participación de la sociedad civil y los actores comunitarios en la toma de decisiones que afectan a los africanos, deben ser cosa del pasado, ya que, además, contribuyen a la desconexión entre las estrategias europeas y las realidades sobre el terreno y a la irrelevancia europea en África.

Por parte de la propia UA se aboga por una cooperación internacional que respete la soberanía de los países africanos y promueva un desarrollo equitativo y beneficioso para todas las partes involucradas. También enfatiza la importancia de fortalecer las instituciones africanas y seguir fomentando la integración regional para resistir nuevas formas de neocolonialismo15.

Por ello, parece necesario reiterar lo obvio: las colaboraciones con el continente deben basarse siempre en el respeto y el conocimiento profundo de África sin dañar la unidad africana, la autodeterminación y la libertad de los africanos. Europa debe dejar de imponer sus propias soluciones y agendas y empezar a escuchar y aprender de las voces africanas. La diversidad de perspectivas y experiencias en el continente ofrece una rica fuente de conocimiento y sabiduría para abordar los desafíos globales. Es crucial apoyar el liderazgo africano en la búsqueda de soluciones propias y globales y promover un diálogo intercultural basado en el respeto mutuo y el aprendizaje recíproco.

África y España: un nuevo modelo diferenciado y fundamentado

España, dentro del marco de la UE —pero también con voz propia—, aspira a ser uno de esos actores en el acercamiento entre Europa y África, muy consciente no solo de lo que pueda aportar a África, sino de todo lo que ofrece el continente al país. África es nuestro vecino y en muchos aspectos estamos inexorablemente unidos: existe una dependencia mutua y una relación histórica menos compleja que en otras relaciones bilaterales de países europeos con países africanos. Estos hechos hacen del nexo África-España una asociación estratégica en ambas orillas.

En esta configuración, es fundamental reivindicar el hecho de que Casa África se sitúa en Canarias por razones logísticas y sociales y de que Canarias puede tener un rol central en este nexo hispano-africano. El archipiélago es una comunidad con una relación privilegiada con el continente africano, de cuya fachada atlántica occidental forma parte. Canarias se integra en la región macaronésica (Cabo Verde, Madeira, Azores y Canarias) y se sitúa en el entorno marítimo de África occidental, a la salida del golfo de Guinea y próxima a países como Marruecos, Mauritania, Senegal o Guinea Ecuatorial, a los que le vinculan relaciones de todo tipo y de larga data. Consciente de la importancia de ese vínculo, el Gobierno de la comunidad autónoma de Canarias creó hace ya dos décadas una dirección general consagrada a sus relaciones con el continente africano, una decisión que también es una apuesta por mirar hacia África e innovar a través de herramientas como programas formativos y artísticos, experiencias educativas y acuerdos comerciales que nos acerquen.

Para que España desempeñe un papel central en la construcción de un mundo más justo y ejerza como puente entre África y Europa, convirtiéndose en socia y amiga de confianza del continente, tiene que saber mucho más sobre África y acceder a ese conocimiento a través de la producción académica, cultural y de todo tipo que se desarrolla en el continente africano. Debe adoptar una postura crítica ante la narrativa simplista de las complejidades internas y promover un discurso propio que reconozca la diversidad de perspectivas y la capacidad de África para definir su futuro.

Esta nueva relación debe reconocer el legado colonial y el compromiso con la justicia histórica, aunque España, a diferencia de otras potencias europeas, tuvo una presencia colonial limitada en África, principalmente en el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial. Este hecho ofrece a España la oportunidad de asumir un papel de liderazgo en la restitución de bienes culturales saqueados durante la época colonial y en el apoyo a procesos de reparación por los daños causados.

El modelo de colaboración —o asociación— con África debe basarse siempre en respeto y el beneficio mutuo. Eso se puede hacer alineándose con los compromisos internacionales adquiridos tanto por España como por los países africanos, como la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas16, o incluso los objetivos de la Agenda 2063 de la Unión Africana17, plan maestro de la UA para el desarrollo sostenible y el crecimiento económico del continente.

Paz y seguridad

El escenario securitario en África subsahariana se caracteriza por una compleja red de conflictos internos y tensiones regionales que, en algunos casos, se han internacionalizado aún más en los últimos años y complicado desde la perspectiva geopolítica. Tres zonas principales —el Sahel, el Cuerno de África y la región de los Grandes Lagos— ejemplifican los desafíos de seguridad que enfrenta el continente, agravados por la creciente participación de actores externos, la erosión de la gobernanza democrática y la explotación de los recursos naturales.

En el Sahel, el vacío de poder dejado por la retirada de actores occidentales ha sido ocupado por Rusia, cuya influencia se consolida a través del ahora llamado África Corps (antiguo grupo Wagner). La aparición de un bloque militar conformado por Níger, Burkina Faso y Mali tras sus respectivas rupturas con la CEDEAO refleja un giro hacia políticas antioccidentales inicialmente muy enfocadas contra su antigua colonia y, hasta hace pocos meses, socio prioritario: Francia. Este entorno se complica con la persistencia de grupos yihadistas que, adaptándose a dinámicas locales, fortalecen sus vínculos con las comunidades afectadas, lo que dificulta los esfuerzos de contrainsurgencia.

Como ya se ha mencionado, el yihadismo sigue siendo la amenaza principal en muchas zonas del continente africano y en especial en el Sahel. De hecho, casi no se habla de cómo la crisis de seguridad en esta parte del mundo amenaza con extenderse a los países costeros del golfo de Guinea: Benín, Togo, Costa de Marfil y Ghana. En estas zonas, los grupos yihadistas están explotando una serie de vulnerabilidades estructurales, frustraciones de todo tipo y resentimientos contra Estados que no siempre responden a las reclamaciones de sus ciudadanos como estos quieren para reclutar a los jóvenes que engrosarán sus filas.

Si bien por Sahel los analistas suelen remitir y analizar conjuntamente la parte occidental del mismo (Mali, Níger, Chad y Burkina Faso), en su parte oriental se desarrolla ahora uno de los conflictos de mayor intensidad del mundo, el de Sudán. La guerra civil en Sudán, iniciada en abril de 2023, ha desencadenado una crisis humanitaria y de seguridad sin precedentes con repercusiones devastadoras tanto a nivel nacional como regional. El enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) ha desplazado a millones de personas, generado hambrunas y desatado una oleada de atrocidades, en especial en la región de Darfur. Los países vecinos, como Chad y Sudán del Sur, sufren presiones extraordinarias por la afluencia masiva de refugiados y la inestabilidad económica derivada del conflicto.

El carácter internacional de esta confrontación agrava aún más la situación. Las RSF cuentan, entre otros, con el respaldo significativo de los Emiratos Árabes Unidos, mientras que Egipto apoya a las FAS en menor medida. Al mismo tiempo, la participación de grupos armados procedentes de Chad y Sudán del Sur introduce dinámicas transfronterizas que amenazan con extender el conflicto más allá de las fronteras sudanesas. Esta implicación de actores externos no solo perpetúa la guerra, sino que también complica los esfuerzos diplomáticos dirigidos a establecer un alto el fuego. A esto se suma la fragmentación interna de ambos bandos, compuestos por diversas facciones con lealtades fluctuantes, lo que dificulta la negociación y aumenta el riesgo de prolongación del conflicto.

Todos estos factores hacen que las perspectivas de paz a corto plazo sean sombrías y Sudán se encuentre al borde de un colapso total, con implicaciones regionales significativas. La estabilidad de Chad y de Sudán del Sur está en juego, y la continuidad de la guerra pone en riesgo no solo la integridad del Estado sudanés, sino también la seguridad del Cuerno de África en su conjunto. La comunidad internacional enfrenta el desafío de redoblar sus esfuerzos para presionar por un acuerdo de paz mientras moviliza recursos humanitarios para atender las crecientes necesidades de la población afectada.

En el Cuerno de África, la escalada del conflicto en Sudán subraya las profundas fracturas internas y su impacto regional. Al mismo tiempo, acuerdos como el firmado entre Etiopía y Somalilandia añaden tensión. Este memorando, que otorga acceso marítimo a Etiopía a cambio de apoyo a la independencia de Somalilandia, pone en riesgo la estabilidad de Somalia, cuya integridad territorial se ve amenazada por estas alianzas estratégicas.

Por su parte, la región de los Grandes Lagos enfrenta un deterioro significativo en las relaciones entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda. El apoyo de Ruanda al grupo rebelde M23 ha intensificado los enfrentamientos generando desplazamientos masivos y socavando los esfuerzos de pacificación. La retirada de las fuerzas de paz de la ONU en la RDC, que se suma al despliegue de tropas de la SADC, revela las dificultades de coordinar respuestas internacionales efectivas en medio de una creciente rivalidad geopolítica.

En conjunto, estos conflictos no solo destacan la fragilidad de los Estados africanos en materia de seguridad, sino también la tendencia global hacia la disminución del multilateralismo efectivo y del respeto al derecho internacional humanitario. La combinación de factores internos, como los débiles contratos sociales, y externos, como la intervención de potencias extranjeras, configura un panorama securitario en el que la estabilidad parece cada vez más lejana.

España puede abogar por una mayor participación de los países africanos en los foros internacionales y por la reforma de instituciones como el Consejo de Seguridad de la ONU para garantizar una representación más equitativa y unas reglas de juego iguales para todos. En este contexto, la multipolaridad y la ampliación de socios en el continente africano no deben verse como una amenaza, sino como una oportunidad para diversificar sus alianzas y promover un enfoque multilateral en nuestras relaciones con África.

En lo que se refiere a la seguridad, y en casos tanto generales como específicos, la perspectiva occidental concibe a África, y en particular al Sahel, como una zona periférica y problemática que amenaza la seguridad de Europa. El Sahel, en concreto, se ha convertido en un epicentro del yihadismo, con grupos armados que operan en países como Mali, Burkina Faso y Níger a gran escala. La incapacidad de los Estados de la región para contener la amenaza yihadista, a pesar del apoyo de Francia y otros países, ha generado inestabilidad y ha impulsado golpes de Estado.

En lugar de priorizar la seguridad militar y replicar el modelo francés de intervención militar directa, España puede adoptar un enfoque de promoción de la paz, seguridad humana y prevención de conflictos abordando las causas profundas de la pobreza, la desigualdad, la exclusión social y la degradación ambiental. También puede priorizar el apoyo a las iniciativas de paz y seguridad lideradas por actores africanos, como la Unión Africana y las organizaciones subregionales. Esto implicaría fortalecer las capacidades africanas en áreas como la mediación, la resolución de conflictos y el desarrollo de fuerzas de seguridad eficaces y responsables. Apoyar procesos de justicia transicional en países que han sufrido conflictos, promoviendo la reconciliación, la verdad, la justicia y la reparación, es otra vía. España puede contribuir al desarrollo y fortalecimiento de los mecanismos de alerta temprana a nivel regional y continental compartiendo su experiencia y proporcionando apoyo técnico y financiero.

Gobernanza

La inestabilidad política y los golpes de Estado son una constante en muchos países africanos. La fragilidad de las instituciones, la corrupción y la falta de transparencia debilitan la democracia y el Estado de derecho. Si bien se han dado avances en la democratización desde la década de 1990, con la apertura al multipartidismo y la alternancia en el poder en algunos países, la realidad es que muchas veces se copia la «fachada» del modelo democrático occidental sin una verdadera transformación profunda18 19. La presión occidental por celebrar elecciones periódicamente, a veces en contextos adversos, puede ser contraproducente. La participación ciudadana y la construcción de instituciones sólidas son esenciales para una gobernanza efectiva y legítima. Existe un divorcio entre las élites políticas y económicas y las sociedades africanas que es necesario tener en cuenta a la hora de prestar apoyo a determinados regímenes a los que sus poblaciones no consideran legítimos.

La creciente conciencia ciudadana y la movilización social, evidenciada en protestas y movimientos en todo el continente, impulsan la demanda por una mayor transparencia, el crecimiento inclusivo, la rendición de cuentas y la justicia social. Los académicos y la sociedad civil en África juegan un papel crucial en la transformación de las dinámicas perjudiciales que siguen afectando al continente. Aunque les constriñen numerosas limitaciones, como la falta de recursos, la represión por parte de los Gobiernos, la fragmentación interna y la influencia de actores externos, su labor es fundamental para promover un cambio positivo en el continente.

La gobernanza en África enfrenta desafíos como los conflictos y la desconfianza en las instituciones: 21 países, que representan el 47,9% de la población africana, muestran niveles de gobernanza inferiores a los de 2014. Por otro lado, 33 países, que abarcan el 52,1% de la población del continente, han logrado avances en esta década. Estas son las conclusiones del Índice Ibrahim de Gobernanza Africana (IIAG) 202420. Con apoyo y cooperación internacional, hay potencial para un progreso significativo y, por ello, España debe seguir colaborando en el fortalecimiento de las instituciones africanas. Esto puede incluir la formación de funcionarios y el apoyo a la descentralización administrativa, pero es crucial que se haga junto con la sociedad civil. Ya juega un papel destacado en la promoción de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo sostenible del continente, pero estas organizaciones se enfrentan a desafíos como la represión gubernamental y la falta de recursos21.

Desarrollo económico sostenible

Desde principios del siglo XXI, África ha experimentado la segunda tasa de crecimiento económico más alta del mundo, solo superada por Asia. Según las Naciones Unidas, el crecimiento económico de África seguirá siendo moderado después de desacelerarse gradualmente entre 2021 y 2023. Sin embargo, se prevé que los recientes esfuerzos para estabilizar la economía empezarán a dar frutos a partir de la segunda mitad de 2024, en particular en algunas de las economías más grandes. Se espera que la actividad económica del continente pase de un lento 3% en 2024 a un 3,2% en 202522.

Sin embargo, la región enfrenta varios desafíos de desarrollo, entre ellos la pobreza extrema, que afecta en torno a 466 millones de africanos, según el Banco Mundial23. En los últimos tiempos, el aumento de los conflictos y la violencia en toda la región ha amortiguado la actividad económica y las crisis climáticas han exacerbado esta fragilidad. La reciente policrisis, que incluye cuestiones climáticas, la pandemia de covid19 y los conflictos, ha acelerado el aumento de la deuda, lo que mantiene a la región en altos riesgos de sobreendeudamiento. No se puede apartar la vista de la creciente deuda externa de muchos países africanos, especialmente con acreedores privados (no con China, como intentan vendernos los medios), que representa una amenaza para su estabilidad económica. La dependencia de préstamos con altos intereses puede llevar a una espiral de endeudamiento que limite aún más la capacidad de los Gobiernos para invertir en desarrollo y atender las necesidades de sus poblaciones.

A pesar de estos desafíos, África también experimenta tendencias positivas. La creciente población joven representa un enorme potencial de desarrollo, con una fuerza laboral dinámica y emprendedora24.

La UA, a través de la Agenda 2063, promueve el desarrollo económico, la autosuficiencia y la independencia económica. Una de las iniciativas recientes más importantes es el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA), en vigor desde 2019. Esto representa una gran oportunidad para el continente —y también para España—, con un mercado de 1300 millones de personas y un PIB de más de 2,7 billones de euros. Apoyar la gobernanza económica propia de África es prioritario para fomentar relaciones de mutuo beneficio.

Europa debe asimismo abandonar las prácticas comerciales desfavorables que perpetúan la dependencia económica de África. El monocultivo, como el del arroz en Senegal y Mauritania, aumenta la vulnerabilidad a las fluctuaciones del mercado global25. Es un ejemplo de la herencia del pasado colonial que demuestra que queda camino en la búsqueda de una diversificación económica y, por ende, de una mayor independencia económica de África.

Por otro lado, es necesario promover acuerdos comerciales justos, facilitar el acceso a los mercados europeos para productos africanos e invertir en el desarrollo de capacidades locales para agregar valor a las materias primas. España puede apoyar este proceso a través de la transferencia de conocimientos y tecnología e incrementar la financiación para proyectos de adaptación al cambio climático en África apoyando a las comunidades más vulnerables a los impactos del cambio climático. Por ejemplo, puede aportar know-how en los ámbitos de las energías renovables, la gestión sostenible de los recursos naturales, prácticas que protejan la biodiversidad, los ecosistemas y los medios de vida de las comunidades locales.

La expansión de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) abre otras oportunidades para la educación, la innovación y el desarrollo económico. En este ámbito, se presta especial atención a las oportunidades y retos para los países africanos en el contexto global. La región está atravesando una transformación digital acelerada que, si se gestiona de forma adecuada, puede mejorar la competitividad económica, facilitar el desarrollo social y aumentar la integración regional. Sin embargo, las disparidades en el acceso a la tecnología, una infraestructura deficiente y los desafíos regulatorios continúan siendo obstáculos importantes.

Según el GSMA Mobile Economy Report 2024, el número de usuarios de Internet móvil alcanzó los 600 millones en 2022, y se espera que esta cifra continúe creciendo hasta llegar a 800 millones en 2025. Este aumento es impulsado principalmente por la adopción de teléfonos inteligentes y la expansión de la cobertura 4G y 5G en países clave como Sudáfrica, Kenia, Nigeria y Egipto26.

España, con su experiencia en telecomunicaciones, fintech, energía renovable y salud digital, tiene oportunidades de inversión y colaboración, e incluso puede actuar como puente entre África y Europa para que el continente se convierta en un socio de innovación y desarrollo sostenible. Para maximizar estas oportunidades, es crucial abordar los desafíos de infraestructura, establecer marcos regulatorios sólidos y fomentar un crecimiento económico inclusivo y sostenible en las próximas décadas.

Desarrollo social inclusivo

Socialmente, África se caracteriza por una gran diversidad cultural y lingüística, así como por una población joven en rápido crecimiento. La desigualdad, la pobreza y la falta de acceso a servicios básicos como la educación y la salud son desafíos importantes. El legado del colonialismo sigue impactando en la sociedad, desde la imposición de idiomas y modelos educativos hasta la persistencia de mentalidades y estructuras de poder. El neocolonialismo perpetúa la dependencia y limita la capacidad de los países africanos para tomar las riendas de su propio destino. La construcción de una sociedad más justa, equitativa e inclusiva es crucial para el desarrollo humano y el bienestar de la población.

España puede aprovechar su diversidad cultural para construir puentes de entendimiento con África, promoviendo el diálogo intercultural y la cooperación en educación, cultura y arte. Además, puede apoyar la creación artística y cultural en África fomentando el intercambio de experiencias y la colaboración entre artistas de ambos continentes.

Es necesario recordar que, hasta finales del siglo XX, la perspectiva dominante en la academia española en el territorio de los estudios africanos era eurocéntrica e imperialista, heredada en gran medida de la época franquista. Durante el franquismo, el Instituto de Estudios Africanos (IDEA), creado en 1945, se convirtió en el principal impulsor del conocimiento sobre África en España. Sin embargo, la visión del IDEA estaba marcada por el colonialismo y el paternalismo, por lo que proyectaba una imagen distorsionada de las realidades africanas. Esta perspectiva se vio reforzada por la escasa atención que la academia española prestó a la historia africana durante gran parte del siglo XX, en contraste con otros países europeos con mayor presencia colonial en el continente.

A partir de la década de 1980, con la llegada de la democracia y el auge de las teorías poscoloniales, se produjo un cambio de paradigma en el africanismo español. Surgieron nuevos centros de investigación y grupos de historiadores —denominados «pioneros»— que comenzaron a cuestionar la visión eurocéntrica del pasado africano. Estos investigadores se centraron en recuperar la voz de los propios habitantes del continente utilizando nuevas metodologías y fuentes, como la historia oral.

En el siglo XXI, el interés por la historia de África en España ha continuado creciendo. El aumento de la oferta académica, con la creación de másteres específicos sobre el continente, ha contribuido a la formación de una nueva generación de historiadores africanistas. A pesar de los avances, la historia de África sigue siendo un campo minoritario dentro de la academia española y pervive una enorme necesidad de mayor apoyo institucional, financiación e integración con otras redes de investigación para consolidar su lugar en la historiografía española.

El conocimiento debe ser, por tanto, un aspecto central de la estrategia española con África y debe incluir la promoción de la enseñanza de lenguas africanas en España, tal como se hace en Casa África con el wolof y el bambara.

La enseñanza del español

El español, una de las lenguas más habladas del mundo, está adquiriendo una creciente importancia en África subsahariana, una región marcada por su diversidad cultural, lingüística y económica. Aunque a lo largo de la historia el español no ha tenido un papel predominante en esta región, como sí ocurre con el inglés o el francés, su relevancia está aumentando debido a factores educativos, diplomáticos y comerciales.

La enseñanza del español en África se ha convertido en una herramienta clave para abrir nuevas oportunidades. Con más de 580 millones de hablantes en todo el mundo, el español es la segunda lengua más hablada por número de hablantes nativos y la tercera en uso global en Internet. España ha desarrollado una estrategia renovada para promover su enseñanza en África y reconoce el potencial de la lengua como puente cultural y económico. Esta estrategia se centra en fortalecer la cooperación educativa y cultural, fomentar el aprendizaje del español y mejorar la calidad de la enseñanza. La iniciativa incluye la apertura de nuevos centros de enseñanza, la formación de profesores y la creación de materiales didácticos adaptados a las necesidades locales.

Uno de los motores principales del crecimiento del español en África subsahariana es su inclusión en los sistemas educativos de varios países. Instituciones como el Instituto Cervantes o la Dirección General del Español en el Mundo, del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, y alianzas con Gobiernos locales han fomentado la enseñanza del español como lengua extranjera en un buen número de países.

El español no solo es una herramienta educativa y cultural, sino también un activo estratégico en las relaciones exteriores, ya que facilita la comunicación y el entendimiento en el ámbito diplomático, comercial y cultural. La promoción del español en África fortalece los lazos entre España y los países africanos creando un entorno propicio para el diálogo y la colaboración en diversos campos, desde la economía hasta la ciencia y la tecnología. Es, además, un activo en los procesos de integración de los africanos recién llegados a nuestro país.

Diversas instituciones y organismos trabajan junto al Instituto Cervantes, con una red de centros en todo el mundo, en países clave como Marruecos, Senegal y Egipto. En proceso de expandirse a otras regiones, el Instituto Cervantes no se limita a los cursos de español, sino que también programa actividades culturales que persiguen un acercamiento entre sociedades.

La Dirección General del Español en el Mundo fue creada en 2021 y está adscrita a la Secretaría de Estado para Iberoamérica y el Caribe y el Español en el Mundo. Desde su creación, ha sido fundamental en la política exterior de España. El Ministerio de Asuntos Exteriores ha subrayado la relevancia del español como un eje estratégico para fortalecer las relaciones internacionales y promover la cultura y economía españolas en el ámbito internacional. Su labor incluye promover el español en regiones donde no es lengua oficial, impulsar el español como factor de crecimiento económico y competitividad internacional, especialmente en el contexto de la digitalización y la economía del conocimiento, y consolidar el español como lengua de prestigio en la diplomacia y las relaciones internacionales. La creación de esta dirección general refleja el compromiso de España con la promoción de su lengua y cultura al tiempo que reconoce el español como una herramienta clave para el desarrollo y la cooperación cultural.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) es otra pieza clave en la promoción del español en África gracias a la financiación de programas de formación de profesores y becas de lectorados, así como otras acciones que se llevan a cabo junto con el Instituto Cervantes.

Por último, Casa África se centra en el apoyo a los organismos anteriormente citados y en la organización de los encuentros de hispanistas África-España, además de la segunda edición de una monografía sobre la situación de la enseñanza del español en África subsahariana, una investigación que se editará en 2025 y revelará datos impactantes sobre el crecimiento de la enseñanza del español en el continente vecino. La primera publicación de este tipo se realizó en 2015. Fue coordinada por la Embajada de España en Kenia, el Instituto Cervantes y Casa África, y se llevó a cabo en colaboración con la AECID y las embajadas españolas en África. La primera edición de este estudio reveló que casi un millón y medio de personas estudian español en África subsahariana, y la segunda edición promete actualizar y ampliar estos datos proporcionando una visión detallada de los avances y desafíos de la enseñanza del español en la región.

Migraciones

Lejos de la imagen de un éxodo masivo hacia Europa que tratan de crear algunos partidos políticos y otros grupos de interés, la realidad es que la mayoría de los migrantes africanos (51,6%) se trasladan a otros países dentro del continente. Si bien Europa es un destino significativo para los migrantes africanos (27% de los que abandonan el continente), es crucial destacar que la migración regular es mayoritaria, lo que contradice la narrativa de la llegada irregular masiva que utiliza constantemente la ultraderecha. También es cierto que las rutas migratorias irregulares, ya sea hacia Europa o hacia los países del Golfo, presentan peligros considerables: los migrantes se enfrentan a la violencia de los traficantes, las duras condiciones de viaje, el riesgo de convertirse en víctimas de trata y explotación laboral y el maltrato por parte de algunas autoridades.

La población nacida en África representa el 15,6% sobre el total de personas nacidas en el extranjero que viven en España y, entre ellas, los marroquís representan más del 73% del total de africanos, muy por encima de los senegaleses (6,4%) o los argelinos (5,1%)27.

Recientes estudios confirman que el perfil del migrante que llega mayoritariamente a España es femenino y latinoamericano, como explican organismos como la fundación Por Causa. También es cierto que 2024 ya es el año con más migrantes irregulares llegados a Canarias por vía marítima.

Según datos recogidos por EFE, las islas fueron, en 2024, la principal vía de entrada de inmigrantes irregulares a España por quinto año consecutivo, y la Ruta Canaria marcó registros sin precedentes. El periódico El País, a principios de 2025, establecía la cifra de personas llegadas a las islas durante el año anterior en 45.328. La agencia EFE también precisaba que, pese a estar en máximos históricos, la Ruta Canaria aún se encuentra lejos de los registros del Mediterráneo (62.034 entradas hasta noviembre por el Mediterráneo central y 63.935 por el oriental). La Organización Internacional para las Migraciones estima que casi 1400 personas fallecieron o desaparecieron intentando llegar a España en patera o cayuco. Sin embargo, Caminando Fronteras establece la cifra en 10.457 víctimas, lo que significa veintiocho vidas perdidas en el mar cada día en la ruta más peligrosa del mundo para este tipo de movimientos humanos.

Los movimientos migratorios intraafricanos siguen siendo mayoritarios e, impulsados por la búsqueda de oportunidades económicas, se concentran en países como Sudáfrica, Nigeria y Costa de Marfil. Las rutas migratorias más importantes en lo que se refiere al continente vecino se encuentran en África occidental y oriental, donde se evidencian flujos bidireccionales que reflejan la naturaleza temporal del trabajo.

España, como parte de la frontera sur de Europa, se convierte en un territorio de tránsito para muchos migrantes africanos que buscan llegar a países como Francia o Gran Bretaña, donde el idioma puede facilitar la integración. La inmigración africana a España se ha incrementado en las últimas décadas, impulsada principalmente por la comunidad marroquí. Factores como la exención de visado en el pasado y la alta tasa de concesión de visados en la actualidad explican esta tendencia. Es importante tener en cuenta que la migración también puede tener efectos positivos para los países africanos, como el envío de remesas, la adquisición de nuevas habilidades y conocimientos por parte de los migrantes que retornan y la creación de redes transnacionales de trabajo y apoyo.

Las migraciones presentan una serie de desafíos tanto para los países africanos como para sus ciudadanos, como la pérdida de capital humano (también denominada «fuga de cerebros») y la desestabilización económica en los países de origen. Si bien las remesas enviadas por los migrantes pueden contribuir a la economía de sus países, también puede generar desequilibrios económicos. Por ejemplo, la salida de pescadores senegaleses y mauritanos debido a la competencia de los barcos europeos afecta negativamente a la economía local y genera tensiones en las comunidades costeras.

En cualquier caso, las migraciones son fenómenos de larga data que forman parte de nuestro pasado, presente e, inexorablemente, futuro. No deben caracterizarse como un problema ni impulsar, como respuesta principal, la detención de las migraciones irregulares por otro motivo que la propia seguridad de los migrantes.

En lo que se refiere a la manera de abordar las migraciones africanas en España, además de una necesidad perentoria de cambiar discursos y narrativas que las asocian a problemas, invasiones masivas y conflicto, debemos remitirnos a ejemplos de países que han implementado políticas migratorias exitosas y han demostrado que la migración puede ser una oportunidad. Estos ejemplos se basan en la premisa de que una gestión migratoria efectiva requiere un enfoque que considere las necesidades tanto del país receptor como de los migrantes.

Entre las experiencias que se deben considerar y replicar podrían figurar el programa Diversity Immigrant Visa o Green Card de Estados Unidos, la estrategia canadiense para atraer migrantes, los proyectos destinados a contratar Gastarbeiter o «trabajadores invitados» en Alemania o las políticas francesas destinadas a incrementar su prestigio internacional en áreas como la militar (con la Legión Extranjera), la deportiva y la cultural. Desde 2010, el programa de movilidad Campus France facilita la inmigración selectiva de jóvenes universitarios, lo que convierte a Francia en el primer país no anglófono en conceder visados de estudios. En el lado negativo, se puede considerar la experiencia de Japón, que tradicionalmente no ha favorecido la inmigración y, por tanto, incide en el progresivo envejecimiento de su sociedad, o la campaña a favor del Brexit, que se basó en narrativas de odio que presentaban la inmigración como una amenaza para la seguridad y el bienestar de los británicos28.

Según el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, la discriminación laboral y educativa de la población extranjera en nuestro país está costando 17.000 millones de euros, lo que equivale a 1,3% del PIB. Señala que la discriminación no solo tiene un impacto profundo en las personas afectadas, sino que también priva al país de un importante potencial económico y social. Al no aprovechar completamente el talento y las habilidades de la población extranjera, estamos perdiendo oportunidades de crecimiento e innovación que podrían beneficiar a toda la sociedad española29.

Capítulo aparte merece el tema de los niños y adolescentes no acompañados que llegan a Canarias y cuya derivación ágil y efectiva al resto de comunidades autónomas españolas ha sido una reivindicación histórica del archipiélago. Esta exigencia cobra más fuerza en los últimos tiempos, tras un repunte en las llegadas por mar a las islas que ha dejado bajo la tutela de Canarias a casi 5500 niños, niñas y jóvenes.

Inteligencia artificial y desinformación

En el contexto actual surgen otros dos ámbitos que merecen una atención especial: la inteligencia artificial y la desinformación. Aunque la desinformación no sea un fenómeno nuevo, combinado con la IA tiene un poder potencial de cambio de grandes dimensiones, tanto en lo que se refiere a la agenda del multilateralismo como a las estructuras de poder hasta ahora conocidas.

De hecho, la inteligencia artificial ya está transformando la geopolítica, ya que hay países que invierten significativamente en su desarrollo para fortalecer su poder militar, económico y social. Aquellos Estados que lideran en investigación y desarrollo de IA obtienen ventajas importantes e influyen en sistemas económicos globales, capacidades militares e infraestructuras tecnológicas. Esta competencia por la supremacía en IA está redefiniendo alianzas y estructuras de poder y se está convirtiendo en un elemento clave en las luchas de poder globales contemporáneas. En los países en vías de desarrollo, en particular en África, la adopción de IA puede ofrecer oportunidades significativas para el crecimiento económico y la mejora de la calidad de vida, aunque también plantea desafíos únicos en términos de infraestructura y acceso a la tecnología.

La inteligencia artificial se ha convertido en un tema crucial para las negociaciones diplomáticas, ya que países y organizaciones internacionales buscan establecer normas y marcos de gobernanza globales. Los diplomáticos están negociando tratados y acuerdos que abordan los desafíos éticos, de seguridad y privacidad que presenta la IA. A nivel nacional, regional e internacional se están desarrollando marcos regulatorios para maximizar los beneficios de la IA y minimizar sus riesgos. Organizaciones internacionales como las Naciones Unidas están incluyendo cada vez más la IA en sus agendas y promoviendo discusiones para definir usos aceptables, mitigar riesgos y fomentar la cooperación internacional en su desarrollo30.

En África, estas negociaciones son muy relevantes porque el continente busca equilibrar el desarrollo tecnológico con la protección de sus recursos y la soberanía de sus naciones. Además, es importante tener en cuenta que la infraestructura de datos en África necesita un desarrollo importante. En la actualidad, todo el continente cuenta con menos centros de datos que Países Bajos, lo cual es un claro indicador de la profunda brecha digital existente. Debido a esta falta de infraestructura, los países africanos se ven obligados a almacenar sus datos en el extranjero, principalmente en Europa y América del Norte, y cada vez más en China. Esta práctica no solo plantea serias preocupaciones en términos de seguridad y privacidad, sino que también limita de forma considerable la capacidad de África para aprovechar sus propios datos con el fin de impulsar el crecimiento económico y fomentar la innovación31.

Los desafíos éticos que plantea la inteligencia artificial incluyen cuestiones de equidad, responsabilidad y transparencia. Los sistemas de IA toman decisiones que pueden tener un impacto significativo en individuos y comunidades, lo que genera preocupaciones sobre la discriminación y el sesgo que ya existían con anterioridad. Por lo tanto, el desarrollo ético de la IA es un tema clave en la agenda internacional, con esfuerzos continuos para crear estándares que aseguren que los sistemas de IA operan de manera justa y sin consecuencias perjudiciales no intencionadas.

Para los países en vías de desarrollo, y particularmente en África, es crucial que estos estándares consideren los derechos y necesidades de sus poblaciones y eviten que la IA reproduzca la discriminación ya existente. Cabe recordar en este contexto que la ética y la gobernanza de la inteligencia artificial están dominadas por el pensamiento occidental. Dado que la IA es desarrollada en gran medida por los países del hemisferio norte, las discusiones sobre la gobernanza y la ética de la IA aún carecen de las voces importantes del sur global. Esto también significa que hay enfoques valiosos hacia la ética y la gobernanza de la IA que no están representados y que pueden ser pasados por alto.

La desinformación también presenta varios retos significativos para la diplomacia, ya que puede distorsionar la percepción pública y las relaciones internacionales dificultando la toma de decisiones informadas y la construcción de confianza entre naciones. La propagación de noticias falsas y la manipulación de información pueden exacerbar tensiones, crear malentendidos y socavar los esfuerzos diplomáticos para resolver conflictos y fomentar la cooperación global. Además, la velocidad y el alcance de la desinformación en la era digital obligan a los diplomáticos a adaptarse rápidamente y desarrollar estrategias efectivas para contrarrestar estas amenazas y proteger la integridad de la comunicación internacional.

La proliferación de noticias falsas y campañas de desinformación es a menudo impulsada por actores externos profesionales con la IA, y la comunidad internacional debe tener claro que, en particular en países en conflicto, la manipulación de la información puede tener consecuencias mortales, ya que la desinformación se utiliza para fomentar la inestabilidad de entornos frágiles, impulsar los enfrentamientos armados y hacer peligrar hasta la seguridad nacional de los países.

La desinformación es, asimismo, un reto también para la gobernanza propia de los países africanos en tiempos de paz, dado que puede influir en los resultados electorales, deslegitimar procesos democráticos y erosionar la confianza del público en las instituciones del Estado y en los medios de comunicación. Además, si se produce en un contexto donde la democracia ha retrocedido por la manipulación de los procesos electorales, la extensión de los mandatos militares, las malas prácticas, la corrupción y la debilidad institucional, puede ampliar divisiones sociales, hacer peligrar los derechos humanos y afectar negativamente a bienes públicos como la salud y la economía. También se debe tener en cuenta que, en los últimos años, el escenario informativo tiene un carácter caótico debido al alto volumen de personas sin conocimiento sobre el fenómeno de la comunicación —principalmente en cuanto a técnicas y responsabilidad ética— que envían y reenvían mensajes por las redes sociales sin preocuparse por si son verdaderos o no, lo que puede afectar a los actos, la moral o la reputación de cualquier persona, Gobierno o país.

Para que la cooperación digital sea efectiva es necesario fortalecer el trabajo colaborativo, a pesar de las tensiones actuales, y sentar las bases de una economía y una sociedad digital inclusivas. Deben ser políticas e inversiones que permitan a las personas utilizar la tecnología para construir vidas mejores y un mundo más pacífico y confiable. Además, es crucial que el multilateralismo —u otro modelo mejor— incluya a las múltiples partes interesadas, lo que implica la colaboración no solo de los Gobiernos, sino también de una gama mucho más diversa de actores, como la sociedad civil, los académicos, los tecnólogos y el sector privado. Es necesario incluir muchas más voces diversas en las discusiones, en especial de países en desarrollo y de grupos tradicionalmente marginados.

Perspectivas del desarrollo energético en África

En la actualidad, más de 600 millones de personas en África carecen de acceso a la electricidad y casi 970 millones no tienen acceso a combustibles de cocina limpios. Esto genera una dependencia de la biomasa tradicional, lo que agrava sistemáticamente los problemas de salud pública y limita el desarrollo socioeconómico. A todo ello se añade que África ya se enfrenta a un cambio climático más severo que otras regiones, con eventos meteorológicos extremos, estrés hídrico y reducciones en la producción de alimentos, lo cual a su vez coadyuva a incrementar los fenómenos migratorios y la inestabilidad regional.

En teoría, el informe Perspectivas Energéticas en África de 2022, de la Agencia Internacional de la Energía, dibuja el deseable escenario sostenible para África (SAS) con el que se proyecta utópicamente un futuro en el que África logra todos los objetivos relacionados con la energía, en los que se incluye el acceso universal a servicios modernos de energía para 2030 y la implementación completa de los compromisos climáticos del continente.

Sin embargo, desde el punto de vista realista, este escenario utópico requiere un aumento significativo de la inversión en energías limpias y un fuerte liderazgo por parte de los Gobiernos africanos.

Objetivamente, África posee el 60% de los mejores recursos solares del mundo, pero solo el 1% de la capacidad global instalada de energía solar. Su proyección significaría que la energía solar se convirtiese en la fuente de energía más competitiva para el continente en 2030. Para alcanzar el acceso universal a la electricidad en África se requiere conectar a 90 millones de personas por año hasta 2030., una tasa tres veces mayor a la actual. Las soluciones más viables incluyen la expansión de las redes nacionales, así como sistemas solares autónomos y miniredes en áreas rurales.

La eficiencia energética es un parámetro clave para moderar el crecimiento de la demanda y mantener los costos asequibles. El uso eficiente de la energía puede reducir la demanda de electricidad y aliviar la presión sobre las infraestructuras existentes. África no podrá crecer desde la perspectiva industrial y con dificultad industrializará su economía; la demanda de energía ha de crecer en sectores como la agricultura, el transporte y las manufacturas. Sin electrificación de la agricultura, por ejemplo, no es posible incrementar la productividad ni generar sectores industriales de transformación de productos agrarios primarios.

Constituye una evidencia la necesidad de aumentar la inversión en el sector energético de África, para el que se estima que se requerirán más de 190.000 millones de dólares anualmente antes del 2030. Dos tercios de esta inversión han de dirigirse a energías limpias. La inversión en infraestructura energética no solo constituye una acción imprescindible para impulsar la electrificación, sino para fortalecer la seguridad energética y reducir la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles.

África necesita aumentar de manera drástica su inversión en energías renovables y eficiencia energética con el objeto de cumplir con sus metas de desarrollo y combatir el cambio climático. Las oportunidades de crecimiento, en particular en energía solar e hidrógeno verde, podrán transformar el continente modernizándolo y posibilitando la generación de industrias de transformación; sin embargo, todo ello requerirá el apoyo continuo de instituciones internacionales y un marco sólido de políticas locales.

La realidad es que el desarrollo energético en África constituye una de las prioridades clave tanto para los ODS de las Naciones Unidas como para las políticas exteriores de la Unión Europea. África cuenta con recursos energéticos abundantes y diversificados, entre los que se incluyen vastas reservas de combustibles fósiles, un alto potencial eólico y solar, así como recursos hidroeléctricos significativos. Sin embargo, tal y como se ha dicho con anterioridad y queremos conscientemente reiterar, más de 600 millones de personas carecen de acceso a la electricidad según datos de la Unión Africana y de la Agencia Internacional de la Energía. Cierto es que las inversiones en energía renovable han aumentado en las últimas décadas, pero también es cierto que solo representan una fracción del potencial total.

No se puede dejar de referenciar que España, con una posición geográfica privilegiada y relaciones políticas con países del África occidental y del norte, está en condiciones para coadyuvar en el enfoque proactivo que conduzca al apoyo de las infraestructuras energéticas con las que se garantice la sostenibilidad y se fomente la propia agencia energética a la que hacemos referencia.

En esta línea de razonamiento, es necesario poner en valor el programa de la Unión Europea conocido como Global Gateway, promovido por la Comisión Europea y por el Alto Representante de la UE. Está concebido como una nueva estrategia europea para impulsar vínculos inteligentes, limpios y seguros en los sectores digital, energético y del transporte, así como para potenciar los sistemas de salud, educación e investigación y, subsidiariamente, con la vista puesta en objetivos muy ambiciosos como la transición ecológica, la digitalización de la sociedad o una mayor cooperación al desarrollo.

Sirvan como ejemplo los acuerdos suscritos entre la UE y diferentes países africanos, como el que adoptaron en junio de 2023 la Unión Europea y Mauritania mediante el cual se lanzó el programa de electricidad asequible, limpia y verde. En él, el acceso a la energía se configura como una prioridad estratégica para Mauritania, país con una baja tasa general de acceso a la electricidad (48%) y una desigualdad significativa en el acceso a la electricidad entre las zonas urbanas (82%) y las zonas rurales (6%), altos costes de producción debido en gran medida a la dependencia de los combustibles fósiles, una red eléctrica subdesarrollada y una integración desafiante de las energías renovables en la red nacional.

Es de destacar en este sentido el acuerdo refrendado en los últimos días de 2024 por Jozef Sikela, comisario europeo de Asociaciones Internacionales, y el Gobierno mauritano, que incide en áreas prioritarias de financiación como el hidrógeno verde y el crecimiento económico, la salud y protección social y la gestión de la migración. El comisario Sikela consideró ese acuerdo una muestra de que la Unión Europea cumple sus promesas de forma rápida y eficaz y de que trasciende los simples compromisos financieros para cimentar asociaciones fuertes y mutuamente beneficiosas en las que los países africanos puedan apoyarse para promover el desarrollo inclusivo, fortalecer la cohesión social y la estabilidad y estimular el crecimiento sostenible.

Se podrían exponer otros muchos ejemplos de relaciones bilaterales en materia energética entre países africanos y europeos, pero uno que hace uso de la financiación derivada del proyecto Global Gateway lo constituye la estrategia y hoja de ruta del hidrógeno verde para Kenia. En él la UE compromete importantes cantidades financieras en subvenciones para financiar las industrias públicas y privadas en el hidrógeno verde en Kenia, con el consiguiente desarrollo previo de su industria de energía renovable, que trae consigo la consolidación de cadenas de valor agrícolas sostenibles para la resiliencia climática y la protección del medio ambiente.

Este tipo de consideraciones y otras similares en relación con el cambio climático, la brecha eléctrica africana y los sistemas de alerta temprana y sensibilización esenciales para la prevención de desastres vinculados a la cuestión climática aparecen en algunos de los artículos adjuntos y figuran entre las preocupaciones fundamentales en mis reflexiones sobre el presente y futuro del continente africano y su desarrollo.

La guerra en Ucrania hizo evidente la importancia de Europa para el abastecimiento de cereales y granos del continente africano, pero también dejó en evidencia que África se posiciona como el lugar al que mira todo el mundo hoy en día: un espacio que puede convertirse no solo en el salvavidas energético de Europa, sino en una oportunidad para revalorizar el papel geoestratégico que tiene nuestro país.

Conclusiones

La relación entre España y África está en un momento decisivo y marcado por la oportunidad de establecer una colaboración basada en la justicia histórica, el respeto mutuo y el beneficio compartido. España puede desempeñar un papel clave como puente, promoviendo un enfoque que se aleje de modelos de intervención pasados y que priorice la cooperación auténtica y equitativa y el abordaje de prioridades compartidas como la gobernanza, la seguridad, el desarrollo sostenible, la gestión de migraciones y la revolución digital.

José Segura Clavell
Director General de Casa África

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

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    • Redefining Spain-Africa relations: for a sustainable and fair future and shared development between Spain and Africa