
16 feb 2026
IEEE. Las posiciones palestinas tras el alto el fuego de octubre de 2025
David Villar Vegas. Profesor Doctor del Área de Estudios Hebreos y Arameos UCM
Introducción
El alto el fuego alcanzado en torno al Plan de Paz promovido por la administración Trump abrió una fase tan prometedora como frágil para Gaza. El marco acordado – intercambio de rehenes y prisioneros, repliegue parcial de fuerzas, entrada de ayuda y una administración transitoria – no ha evitado que la evolución hacia la “fase dos” siga bloqueada por violaciones del cese de hostilidades, desconfianza mutua y dificultades políticas para avanzar en la desmilitarización y la llegada de una fuerza internacional1.
En esta situación, las posiciones palestinas son el núcleo del proceso. La viabilidad de cualquier arreglo, desde un comité tecnocrático hasta la celebración de elecciones o la reconstrucción institucional, depende de la percepción y aceptación internas, marcadas por diferencias entre Gaza y Cisjordania y por la crisis de legitimidad de actores tradicionales.
El trabajo analiza tres dimensiones. En primer lugar, la opinión pública palestina, clave para entender apoyos, rechazos y fracturas internas respecto al plan. En segundo lugar, el papel de la sociedad civil, que moviliza, documenta y proyecta narrativas decisivas. Y, en tercer lugar, las posiciones de las principales facciones –Hamás, Yihad Islámica, Fatah/AP, el FPLP y los clanes anti-Hamás –, cuyas capacidades e intereses condicionan cualquier transición.
Población palestina
Este primer bloque del trabajo abordará el mapa de opiniones y preferencias de la población palestina. En él se sintetizan los resultados de las principales encuestas citadas en el texto (PCPSR, ISEP, Gallup y estudios recientes sobre actitudes post-alto el fuego) para mostrar qué conoce la gente del Plan, qué apoya y qué rechaza, así como las diferencias entre Gaza y Cisjordania y las tendencias temporales. Los nombres de los institutos aparecen porque sus metodologías y preguntas condicionan interpretaciones distintas de la misma realidad.
El Plan de paz de Donald Trump para Gaza de 2005
El Plan de paz de Donald Trump para Gaza de 2025 es ampliamente conocido entre los palestinos2, con un 75% de reconocimiento en Cisjordania y un 65% en Gaza. La población entiende que el Plan propone poner fin a la guerra, liberar rehenes y prisioneros, detener los desplazamientos forzosos, permitir la entrada de ayuda humanitaria, garantizar la retirada progresiva del ejército israelí, exigir el desarme de Hamás, impulsar una reforma de la Autoridad Palestina e iniciar un proceso político hacia un Estado palestino. En conjunto, un 47% lo apoya, con mayor respaldo en Gaza (59%) que en Cisjordania (39%) y entre quienes conocen el Plan (50%) frente a quienes no (39%)3.
Cuando se analizan sus elementos por separado, las divergencias son claras. El desarme de Hamás es rechazado por el 69%4 de los palestinos, con mayor oposición en Cisjordania (78%) que en Gaza (55%), aunque ambos porcentajes han caído en torno a un 10% en los últimos meses5. Esta resistencia no deriva tanto del apoyo a Hamás, ya que casi la mitad de la población gazatí deseaba hace unos meses que abandonara el poder, sino del convencimiento de que Israel no se retiraría incluso si el movimiento se desarma, creencia sostenida por el 88% en Cisjordania y el 69% en Gaza6.
La entrada de tropas internacionales genera también resistencias. Un 68% rechaza una fuerza árabe-musulmana encargada de mantener la seguridad y desarmar a Hamás, con un 78% en Cisjordania y un 52% en Gaza. No obstante, si se elimina la referencia al desarme, el rechazo decae hasta un 47% en Gaza y en Cisjordania7. Algo similar ocurre con la propuesta de formar un comité independiente para gobernar Gaza sin vínculos ni con Hamás ni con la Autoridad Palestina: el 53% se opone y el 45% lo respalda. En Gaza, donde existe un apoyo del 51%, la medida es recibida con más apertura que en Cisjordania (41%)8. Si la pregunta omite la cláusula que excluye a Hamás y a la AP, el apoyo aumenta de forma notable hasta el 67% en Cisjordania y el 66% en Gaza. Respecto a la posibilidad de que la AP coordine este comité, el 56% de los cisjordanos se opone y el 54% de los gazatíes lo avala9, en una tendencia donde la oposición a la AP ha ido disminuyendo desde el 7 de octubre de 202310.
En este contexto, el apoyo a la celebración de elecciones ha aumentado desde el inicio de la guerra. Hoy lo respaldan el 65% de los palestinos, con un 72% en Cisjordania y un 54% en Gaza11, frente al 50% registrado a finales de 202312. Sin embargo, el 63% rechaza la condición impuesta por Mahmud Abbas de que los candidatos acepten los acuerdos con Israel. En un escenario presidencial con tres candidatos y una participación del 68%, Marwan Barghouti obtendría el 49%, Khalid Mishal el 36% y Abbas el 13%. Si solo compitieran Abbas y Mishal, la participación caería al 53%, con un 63% para Mishal y un 27% para Abbas. Si los candidatos fueran Barghouti y Mishal, la participación subiría al 64% y Barghouti obtendría el 58% frente al 39% de Mishal13. La aprobación del presidente Abbas desciende al 23%, con un 10% en Cisjordania y un 30% en Gaza, muy lejos del 64% de hace una década14.
En las legislativas, el PCPSR estima una participación del 65%, con Hamás en primer lugar (44%) y Fatah en segundo (30%). Hamás alcanzaría un 49% en Gaza y un 40% en Cisjordania15. Antes de la guerra, el 63% declaraba no sentirse representado por ninguno de los dos, que obtenían entonces un 34% y un 36% respectivamente16. El ISEP, al incluir la opción de candidatos independientes, muestra un panorama distinto. Los independientes concentrarían un 22% de intención de voto, seguidos por Fatah con un 18,9% y Hamás con un 3%, mientras que el 27% asegura que no votaría, lo que sugiere un electorado más abierto y menos condicionado por la pertenencia faccional17.
7 de octubre de 2023 y la guerra de Gaza
En relación con el 7 de octubre de 2023, el apoyo al ataque de Hamás se sitúa hoy en el 53%, con un 59% en Cisjordania y un 44% en Gaza18. Tras alcanzar máximos a inicios de 2024 - 82% en Cisjordania y 57% en Gaza - el apoyo descendió hasta el 50% en mayo19. En torno al 90% de los palestinos niega que Hamás cometiera las atrocidades difundidas internacionalmente, frente a un 10% que sostiene lo contrario, siendo más frecuente haber visto imágenes de crímenes en Gaza (25%) que en Cisjordania (7%)20. Esta percepción está relacionada con la hegemonía mediática de Al Jazeera, seguida por el 58% de los palestinos, con un 74% en Cisjordania y un 34% en Gaza21.
Las encuestas también reflejan altos niveles de satisfacción con determinados actores regionales: los hutíes de Yemen alcanzan el 74%, Qatar el 52%, Hezbolá el 50%, Irán el 44%, Turquía el 42%, Jordania el 34% y Arabia Saudí el 27%22. Aunque el apoyo a Irán ha oscilado entre el 30% y el 45%, un 54% considera que su papel es perjudicial para la causa palestina23. Entre los actores internacionales, España registra la mayor satisfacción con un 35%, seguida por China (34%), Rusia (25%), Francia (20%), Reino Unido (14%) y Estados Unidos (6%). Estas tendencias se mantienen estables24 y se acompañan de la percepción mayoritaria de que Estados Unidos tiene capacidad para influir en la política israelí25.
Las relaciones con Israel
Por último, en cuanto a las relaciones con Israel y el proceso de paz, el PCPSR sitúa el apoyo a la solución de los dos Estados sin detalles adicionales en el 45%26, con incrementos impulsados principalmente por Gaza (45%) y Cisjordania (44%)27. Antes de la guerra, el 64% se oponía a esta solución28, y aunque el apoyo actual sigue lejos del 66% de 2012, ha crecido desde inicios de 2024, especialmente entre los mayores de 50 años29. El 56% cree posible la creación de un Estado palestino. Cuando se especifica que se trataría de un Estado con fronteras de 1967, desmilitarizado y con Jerusalén Este como capital, el 53% se oponía y el 44% lo respalda, con un apoyo del 61% en Gaza y del 33% en Cisjordania30.
Las encuestas del ISEP, que formulan la pregunta dentro del marco de negociaciones “viables”, muestran apoyos mucho más altos: más del 80% en Gaza y más del 90% en Cisjordania31. Ambos centros coinciden en que la solución de dos Estados basada en 1967 supera claramente a la confederación y al Estado único democrático para judíos y palestinos32. Respecto al método más efectivo para poner fin a la ocupación, el 41% opta por la lucha armada (49% en Cisjordania y 30% en Gaza), el 36% por negociaciones y el 19% por resistencia popular pacífica33. Aunque la lucha armada alcanzó su máximo en diciembre de 2023 con un 63%, su apoyo ha disminuido desde entonces, tendencia influida, según varios estudios, por el regreso de Netanyahu al poder34.
Sociedad civil palestina
Tras analizar la opinión pública, este bloque examina a la sociedad civil como actor de movilización y construcción de relato. Se utilizan estudios académicos e informes de ONG para identificar organizaciones clave, como Al-Haq, Addameer o UPWC, así como sus funciones de documentación, asistencia, litigio y diplomacia pública. Estos nombres se incluyen por su peso institucional y por haber sido objeto de debates y medidas que afectan su capacidad de acción.
Para ello, el trabajo de Osuchukwu, Idigo, Udegbunam y Mbanefo es fundamental. Su aporte destaca porque aborda un elemento poco tratado en los estudios sobre Palestina: el papel estructural de las organizaciones de la sociedad civil35.
Estas entidades han sido esenciales durante la guerra. Han documentado presuntas violaciones, proporcionado ayuda humanitaria y difundido información a audiencias internacionales. Entre las más relevantes36 están Al-Haq, centrada en derechos humanos, y Addameer, dedicada a los presos políticos37. Ambas, junto a DCIP-P, UAWC, Bisan y UPWC, fueron designadas por Israel en 2021 como vinculadas al PFLP38, basándose en alegaciones de vínculos personales y evaluaciones de inteligencia no publicadas. NGO-Monitor respaldó estas acusaciones39, mientras que las ONG afectadas las niegan40. Diversos actores internacionales, como Human Rights Watch41, relatores de la ONU y gobiernos europeos, cuestionaron la designación por falta de pruebas públicas verificables42. La existencia de una relación sigue siendo objeto de disputa.
En su labor de movilización, las protestas se convirtieron en una herramienta central. En Cisjordania, Jerusalén Este e incluso dentro de Israel, se organizaron marchas contra las operaciones militares. En Gaza se reforzó la organización comunitaria y las redes de apoyo ante la crisis humanitaria. Fuera de Palestina, la acción se orientó hacia la incidencia política, el BDS y actividades educativas y culturales.
Un rasgo característico de estas movilizaciones ha sido su heterogeneidad. En ellas han participado partidos tradicionales, ONG, colectivos estudiantiles y redes de solidaridad. El activismo digital tuvo un papel crucial en difundir información, coordinar campañas y disputar narrativas.
En ellas, el ámbito académico fue especialmente relevante. Entre 2023 y 2024, universidades estadounidenses vivieron las protestas más extensas de su historia sobre este conflicto, influyendo en el debate público y trascendiendo los límites de los campus43.
Finalmente, cabe destacar que las denuncias de genocidio se han consolidado como eje central del trabajo de estas organizaciones. Su acción combina litigio internacional, movilización comunitaria y campañas públicas. Han buscado disputar el control del relato difundiendo testimonios, datos y análisis que sustentan sus acusaciones, con el objetivo de presionar a la comunidad internacional y ofrecer una interpretación alternativa de la situación en Gaza44.
Actores político-militares palestinos
Finalmente, este apartado examina a las principales fuerzas político-militares —Hamás, Yihad Islámica, FPLP, Fatah/AP y las milicias emergentes— para conectar la dinámica social y la opinión pública con sus estrategias, capacidades y legitimidades. Se utilizan informes sobre gobernanza local, declaraciones públicas y datos sobre apoyo social, lo que permite distinguir diferencias funcionales entre aparato de gobierno, presencia militar, base social y alianzas regionales.
Hamás
Tras el alto el fuego, Hamás ha priorizado restablecer el control interno en Gaza mediante una campaña de seguridad encabezada por unidades como la Rada’a, dirigida contra colaboradores y grupos rivales. Estas actuaciones, incluidas ejecuciones atribuidas a combatientes de las Brigadas al-Qassam (vinculadas a Hamás), han sido interpretadas por fuentes israelíes como muestra de la capacidad del movimiento para reestructurarse, dificultando proyectos de administración de posguerra diseñados externamente45.
En paralelo, Hamás ha impulsado una reorganización política junto a facciones de la resistencia. Sus encuentros con Yihad Islámica, el FPLP y otras fuerzas han reforzado su papel como actor central en Gaza, mientras Fatah y la AP han quedado en segundo plano46. El dirigente Khalil al-Hayya sostiene que Israel no alcanzó sus objetivos en la guerra y afirma que Hamás está dispuesto a ceder la administración civil a un comité dirigido por una figura nacional, aceptar fuerzas de la ONU y avanzar hacia elecciones dentro de un proceso de unidad nacional.
En el plano internacional, Hamás ha comunicado a mediadores que decisiones como el desarme solo pueden tomarse en coordinación con otras facciones47. Al-Hayya vinculó la continuidad del mantenimiento de las armas a la ocupación e indicó que, al finalizar esta, las armas pasarían al Estado palestino. La presión de Qatar y Egipto resultó decisiva para que la organización aceptara fases iniciales del plan, respaldada por incentivos diplomáticos ofrecidos por Estados Unidos48.
Pese a los daños sufridos, Hamás conserva recursos y medios relevantes para llevar a cabo acciones violentas. Irán aporta alrededor de 100 millones de dólares anuales a grupos palestinos, parte de los cuales se destinaron a una extensa red de túneles que, pese a haber quedado dañada en un 25-40 %, sigue operativa en parte. La organización ha compensado la pérdida de dirigentes mediante células descentralizadas49. El debate sobre el desarme continúa abierto: Hamás rechaza renunciar al armamento ligero y condiciona un desarme completo a garantías políticas50. Aunque acepta treguas prolongadas, mantiene reservas sobre la gestión de la seguridad durante la transición51.
Fatah y Autoridad Palestina
Fatah y la Autoridad Palestina insisten en que cualquier gobierno transitorio en Gaza debe operar bajo su legitimidad institucional. Su portavoz, Abdel Fattah Dawla, defendió que la presidencia del futuro comité administrativo recaiga en un ministro palestino, en línea con el principio de unidad territorial y con el marco institucional de la OLP y la AP52.
Las tensiones con Hamás fueron inmediatas. Informaciones sobre un posible acuerdo para nombrar a Amjad Shawa como presidente de un comité tecnocrático quedaron sin confirmar, y Fatah reaccionó acusando a Hamás de actuar unilateralmente y priorizar su supervivencia política53. El movimiento denunció el uso de la fuerza interna por parte de Hamás contra colaboradores y advirtió que mantener el control de la seguridad perpetuaría un gobierno considerado ilegítimo54. Otros portavoces de la AP, como el general Anwar Rajab, acusaron a Hamás de ejercer una violencia comparable a la de ISIS55.
Fatah y la AP afrontan presiones internas y externas relacionadas con reformas exigidas por actores internacionales, que implicarían una reducción de poder y riesgos de fragmentación. La avanzada edad del presidente Abbas incrementa la incertidumbre y complica la continuidad institucional56. Paralelamente, la AP ha presentado un plan de reconstrucción de 67.000 millones de dólares basado en evaluaciones de la ONU y en conversaciones con socios internacionales para recuperar control administrativo en Gaza57.
El papel de actores externos también genera debate. Tony Blair ha mostrado disposición a participar en la coordinación de la reconstrucción, un gesto respaldado por figuras de la AP pero criticado por otros miembros del gobierno, que cuestionan la conveniencia de delegar la supervisión en un dirigente extranjero58.
Yihad Islámica Palestina
La Yihad Islámica Palestina (PIJ por sus siglas en inglés) es una organización centrada casi exclusivamente en la lucha armada, con una capacidad operativa mucho menor que la de Hamás y escasa presencia política. Su fuerza se estima entre 5.000 y 8.000 combatientes, apoyados económicamente y militarmente por Irán, lo que le otorga capacidades significativas pero limita su autonomía estratégica. Su estructura descentralizada le ha permitido resistir la pérdida de dirigentes y mantener actividad especialmente en Cisjordania.
En Gaza, la ausencia de responsabilidades de gobierno permite a PIJ asumir mayores riesgos que Hamás. Su apoyo electoral es mínimo, lo que confirma que su relevancia se deriva principalmente de la violencia organizada y no de una aspiración a administrar el enclave59. Las Brigadas al-Quds, su brazo armado, sostienen la continuidad de la resistencia y mantienen coordinación con las Brigadas al-Qassam60. Los portavoces del movimiento describen la guerra como un intento de exterminio apoyado por Estados Unidos y destacan la solidaridad de actores de la región.
Respecto al alto el fuego, PIJ afirma cumplir la tregua y supervisar el comportamiento israelí. Sobre el futuro de Gaza, rechaza cualquier solución que implique exilio de dirigentes de la resistencia y sostiene que la gobernanza debe ser palestina, con retirada israelí por etapas y supervisión internacional61.
Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP)
El FPLP ha recuperado visibilidad dentro de los esfuerzos de reunificación política palestina. Firmante del Acuerdo de Pekín, aboga por superar la fragmentación interna y priorizar un frente unificado. Aunque designada organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, mantiene presencia en todos los territorios palestinos. Su vicesecretario general, Jameil Saleh Mezher, defiende que la prioridad no es la participación gubernamental inmediata, sino un diálogo nacional que incorpore a todas las fuerzas, incluidas Hamás y PIJ, con vistas a un gobierno de unidad bajo la autoridad provisional de la OLP.
El FPLP propone crear un organismo transitorio bajo la AP para administrar Gaza si la formación de un gobierno de unidad resulta inviable a corto plazo. En el plano estratégico, defiende adaptar la resistencia al escenario posterior al 7 de octubre y coordinar las distintas formas de lucha dentro de una estrategia nacional común, con énfasis en Cisjordania.
Históricamente independiente de la AP, el FPLP ha apoyado iniciativas que refuercen la unidad nacional, manteniendo relaciones estables con Irán. Respecto a las ejecuciones sumarias en Gaza, sostiene que responden al contexto bélico y que el debido proceso deberá restablecerse una vez cese la agresión62.
Milicias anti-Hamás en la Franja de Gaza
Israel reconoció haber armado a grupos rivales de Hamás con material capturado, con el objetivo de debilitar al movimiento63. Diversos analistas han señalado que este empleo de actores locales no es nuevo en la estrategia israelí64. Del mismo modo, han indicado que estas milicias, vinculadas en algunos casos a Emiratos Árabes Unidos o a la AP65, han dificultado la gobernanza de Hamás66, aunque no han logrado constituir una alternativa real67.
- Popular Forces: Popular Forces, con unos 500-700 combatientes, surgió en Rafah como grupo abiertamente anti-Hamás. Su aparente misión civil convive con acusaciones de saqueo de ayuda humanitaria, vínculos con redes criminales y contactos con células del ISIS. Su líder, Yasser Abu Shabab, admitió coordinación con Israel. Su muerte aumentó la incertidumbre interna y su sucesor, Ghassan al-Dahini, enfrenta la fragilidad estructural del grupo, cuyo alcance se limita a ciertos clanes del sur. Varios estudios han descrito a Popular Forces como una herramienta táctica de corto plazo sin viabilidad política duradera68.
- Counter-Terrorism Strike Force: Esta milicia de unas 40 personas opera en Khan Yunis y está dirigida por Hossam al-Astal, exoficial de seguridad preventiva acusado por Hamás de participar en un asesinato en 2018. Se presenta como protectora de civiles y promotora de una “zona humanitaria segura”, con reclutamiento vía redes sociales. Su líder afirma estar en contacto con la administración Trump y respalda una administración internacional para Gaza, mientras que el grupo entero ha mantenido enfrentamientos con unidades de Hamás69.
- Popular Army-Northern Forces: Formada también por unos 40 combatientes, opera en Beit Hanoun bajo el mando de Ashraf al-Mansi. Hamás acusa al grupo de colaborar con el Shin Bet y de participar en actividades criminales. Sus enfrentamientos con milicianos de al-Qassam y su establecimiento en una zona bajo control israelí han alimentado dudas sobre su autonomía y sus vínculos externos70.
- Shujaiya Popular Defense Forces: Integradas por miembros del clan Hilles, estas fuerzas actúan en barrios orientales de la ciudad de Gaza. El clan mantiene una relación tensa con Hamás desde 2007 y recientes detenciones y muertes han reactivado el conflicto. En un comunicado, la familia negó relación orgánica con la milicia y la describió como una facción disidente ajena a sus decisiones71.
Conclusiones
El análisis realizado, basado en encuestas, dinámicas sociales y posicionamientos políticos, confirma que comprender la etapa posterior al alto el fuego en Gaza exige asumir la complejidad interna palestina. Estos estudios no son accesorios. Permiten identificar los márgenes reales de una transición política y muestran cómo opinión pública, sociedad civil y facciones interactúan en un escenario donde ningún actor opera de forma aislada. Esta lectura debe hacerse con cautela porque abundan informaciones contradictorias y discursos estratégicos procedentes de gobiernos, actores armados, servicios de inteligencia y medios. Esto obliga a contrastar fuentes y evitar conclusiones cerradas.
Las encuestas tienen un valor central. Revelan tendencias, pero también muestran cómo la formulación de las preguntas condiciona el apoyo a medidas clave como el desarme, la presencia de fuerzas internacionales o la solución de dos Estados. El contraste entre centros como PCPSR e ISEP demuestra que el diseño metodológico puede alterar significativamente los resultados.
Los medios desempeñan otro papel determinante. La influencia de Al Jazeera, con diferencias claras entre su edición en árabe y en inglés, ha contribuido a generar marcos interpretativos propios. La percepción mayoritaria en Palestina sobre los hechos del 7 de octubre ilustra hasta qué punto el acceso a la información, la confianza en las fuentes y el clima de guerra moldean la visión social de los acontecimientos.
También pesan factores regionales y transnacionales. El apoyo iraní a diversas facciones condiciona su capacidad militar y sus estrategias. Las redes internacionales de financiación de ONG les permiten documentar, litigar y movilizar narrativas, pero también las exponen a campañas de deslegitimación. Las acusaciones sobre presuntos vínculos con el FPLP muestran la necesidad de distinguir entre pruebas verificables y simples señalamientos políticos.
La aparición de clanes y milicias anti-Hamás añade una capa adicional de complejidad. Su origen y apoyos no se explican únicamente por la intervención israelí. Intervienen dinámicas tribales, redes criminales y rivalidades históricas que requieren una investigación más profunda.
La situación palestina actual solo puede entenderse mediante un enfoque que integre todos estos elementos. La opinión pública, la sociedad civil, los actores político-militares, los flujos de financiación y los ecosistemas mediáticos deben analizarse como partes interdependientes. Solo así es posible valorar qué transiciones políticas pueden alcanzar legitimidad real dentro de la propia sociedad palestina.
David Villar Vegas
Profesor Doctor del Área de Estudios Hebreos y Arameos UCM
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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Las posiciones palestinas tras el alto el fuego de octubre de 2025 (0,28 MB)
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