IEEE. Poderío nuclear de Rusia: nuevos planteamientos sobre capacidades y doctrina de empleo

Bandera de Rusia

14 oct 2025

IEEE. Poderío nuclear de Rusia: nuevos planteamientos sobre capacidades y doctrina de empleo

Dr. Luis V. Pérez Gil. Teniente Reservista Voluntario del Ejército de Tierra. Analista del IEEE (CESEDEN)

Introducción

Las armas nucleares son una garantía para la seguridad nacional de los países que las poseen porque, desde el mismo momento en que acceden al átomo militar, gozan de inmunidad. También son un aliciente para la paz mundial porque evitan las guerras entre grandes potencias, ya que actúan como inhibidores del enfrentamiento entre ellas1. El fundamento de su efectividad es el miedo a sufrir daños de proporciones catastróficas y, en ese sentido, las armas nucleares mostraron su naturaleza esencialmente disuasoria durante la Guerra Fría en la que Estados Unidos y la Unión Soviética no llegaron jamás a un enfrentamiento directo. Pero, también es así en la posguerra fría, donde las nuevas formas de guerra (asimétrica, irrestricta, multidominio) y las armas avanzadas en lo que respecta a la tecnología no han conseguido desplazar la avasalladora supremacía de las armas nucleares. Su condición fundamental es que inhabilitan la agresión entre grandes potencias y ni siquiera requieren que los líderes de las potencias que las poseen sean inteligentes, porque imponen la racionalidad, sea entendida esta tanto como resultado del cálculo de una relación de coste y beneficio como de sensatez o prudencia frente a un miedo insuperable.

Como se analiza en este cuaderno de estrategia, hasta nueve países poseen armas nucleares, pero solo dos están en condiciones de destruir por completo al otro y, de rebote, al resto con ellos si se superara esa barrera racional. Para recordar que las armas nucleares están ahí y que están preparadas para cumplir su función las dos grandes potencias se ejercitan regularmente en su empleo. En la Rusia de Putin, este ejercicio se denomina Grom (trueno en ruso) y su finalidad es certificar el funcionamiento de los sistemas de trasmisión de órdenes en caso de un ataque masivo contra el país.

Pero, a veces, este tipo de ejercicios se llevan a cabo en momentos de tensión con el objetivo de enviar un mensaje político‑estratégico a otras grandes potencias2. La respuesta se basa en la preparación permanente de las fuerzas nucleares estratégicas, compuestas por la famosa tríada nuclear, para descargar todo el poder nuclear sobre el territorio del país cuyos líderes hubieran errado en aquel cálculo de poderío3. Desde la perspectiva rusa, en un enfrentamiento entre grandes potencias, el resultado sería el primer y último caso de empleo porque, después de una respuesta nuclear masiva, solo quedaría un mundo muerto4. Este es, en esencia, el fundamento de la estrategia de la MAD, que nació en la Guerra Fría, pero que continúa manteniendo toda su vigencia. Por tanto, el ejercicio Grom es de suma importancia para garantizar el funcionamiento de la disuasión al transmitir una señal clara sobre la preparación y disposición a usar las armas nucleares cuando su presidente lo estime absolutamente necesario.

Por esta razón, cuando estaba a punto de expirar la vigencia del tratado Nuevo START de 8 de abril de 2010, la primera medida adoptada por la recién llegada administración Biden fue negociar una prórroga de cinco años5. Pero, con esta prórroga, los dirigentes del Kremlin lograron varios objetivos: uno, extender su vigencia hasta el plazo máximo previsto en el propio tratado sin pasar por trámites parlamentarios; dos, no incluir a China en ningún acuerdo, puesto que solo serviría para degradar su propia posición, y tres, no tocar la cuestión de las armas nucleares tácticas, donde existe una situación de desbalance a favor de la parte rusa. De este modo, el Nuevo START continuará vigente hasta el 5 de febrero de 2026 si ninguna de las dos partes lo denuncia antes.

Como se señaló en el capítulo primero, se trata del último de un conjunto de tratados, acuerdos y declaraciones internacionales conocidos como «acuerdos de desarme» que pusieron fin a la Guerra Fría y que conformaban lo que los teóricos denominan el régimen de estabilidad estratégica. Además, forma parte del núcleo del régimen de seguridad internacional que, junto con el monopolio del uso de la fuerza en manos del Consejo de Seguridad de la ONU (el gran directorio mundial), tienen el cometido de garantizar la paz y la seguridad global6. Su pérdida sería una catástrofe en términos estratégicos porque su mantenimiento sirve tanto al interés mundial como a los intereses nacionales de ambas grandes potencias. Es importante retener esta idea porque permite explicar el fundamento del poder ruso en la actualidad y su consideración como gran potencia.

Ese reconocimiento viene dado, por un lado, por la posesión de un inmenso arsenal nuclear: Estados Unidos y Rusia poseen el 90% de las armas nucleares que existen (Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, 2022). Hacen descansar sus respectivas estrategias de seguridad nacional en la posesión de esos arsenales, en doctrinas de la disuasión y en una estrategia común basada en la destrucción mutua asegurada, que se mantiene vigente gracias a los gigantescos programas de modernización de la triada nuclear que tienen en curso permanentemente. Por otro lado, su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad (con derecho de veto) le legitima para participar en la creación de las normas fundamentales que gobiernan la sociedad internacional y que el resto de los Estados solo tiene la posibilidad de someterse a su aplicación o sucumbir, como ha ocurrido con persistencia desde 19457. Por ello, no es nada casual que sean los Estados nucleares legales, como los denomina el TNP de 1 de julio de 1968. El corolario es que solo los miembros del directorio mundial pueden poseer las armas que eliminan la guerra entre grandes potencias de la ecuación del conflicto, precisamente por esa capacidad de producir daños incalculables a cualquier agresor nuclear que, por ahora, no ha existido. Esto es lo que significa ser una gran potencia en la actualidad8.

En consecuencia, como señala Frías Sánchez en el capítulo anterior, la destrucción de los acuerdos de desarme implica una quiebra grave en los mecanismos de seguridad existentes, promueve una carrera de armamentos que no interesa a ninguna de las dos partes y permite a terceras potencias aspirar a desempeñar un papel global, lo que va contra los intentos de mantener el statu quo y, en consecuencia, degrada la posición de supremacía de las dos grandes potencias nucleares. En realidad, este fue el fundamento del régimen de no proliferación hasta 20029. En consecuencia, el Nuevo START forma parte del núcleo de régimen de estabilidad estratégica basado en los principios de bilateralidad y paridad, goza de naturaleza constitucional de la sociedad internacional y su mantenimiento forma parte del interés nacional de ambas potencias. Esto puede cambiar si China intentase tener un arsenal similar al de Estados Unidos y Rusia10.

Arsenales nucleares en 2024
  Rusia Estados Unidos China
Ojivas estratégicas 2822 3508 438
De empleo táctico 1554 200  
Total en servicio 4376 3708 438
Producidas no operativas     62
En desmantelamiento 1200 1336  
Total 5576 5044 500

Fuente: elaboración propia a partir de datos extraídos de los análisis de Hans Kristensen y su equipo en el Nuclear Notebook del Boletín de los Científicos Atómicos11

Esta es, por ahora, la posición que sostienen los dirigentes del Kremlin, a pesar de la decisión de suspender su participación en el Nuevo START anunciada por el presidente Putin el 21 de febrero de 2023 en su discurso anual a la Asamblea Federal12. El régimen ruso es tan peligrosamente eficiente en el ejercicio del poder que ese mismo día la Duma (cámara baja del parlamento ruso) recibió un proyecto de ley para ejecutar esa decisión. Una semana después, el 28 de febrero de 2023, las autoridades rusas notificaron la decisión al gobierno estadounidense. Se trata de una situación anómala, porque el propio tratado no contiene una cláusula específica de suspensión de los efectos del mismo, pero tampoco es algo que prohíba el Derecho de los Tratados si las partes muestran su aceptación, bien sea de forma tácita o explícita13. De hecho, ambas partes realizaron declaraciones sobre la continuación del cumplimiento de los límites cuantitativos del tratado (1550 ojivas nucleares, 800 vectores de lanzamiento en servicio, de los cuales solo 700 pueden estar en servicio al mismo tiempo) y otras obligaciones anejas, por lo que sus efectos fundamentales continúan en vigor (Departamento de Estado de Estados Unidos, 2024). Sin embargo, el abandono definitivo del tratado acarrearía no solo el inicio de una nueva carrera de armamento nuclear, sino que eliminaría los mecanismos de confianza y transparencia en el intercambio de información sobre arsenales nucleares consolidados durante las últimas décadas, lo que afectaría de modo inevitable a los procesos de adopción de decisiones de ambas partes en escenarios extremos de crisis y conflicto, como es el caso de la guerra en Ucrania14.

De este modo, un acuerdo entre las grandes potencias hubiera sido un ejemplo fundamental del funcionamiento del balance de poder si no hubiera estallado una guerra convencional a gran escala en Europa y existiese el riesgo de un enfrentamiento directo entre Rusia y la OTAN15. Por ello, cuando algunos dirigentes políticos hablan de adoptar medidas punitivas contra Rusia, ¿son en realidad conscientes de las consecuencias de lo que están diciendo? ¿Piensan acaso que en el Kremlin estarán dispuestos a claudicar simplemente porque su actuación contradice los deseos de Occidente? Todas estas cuestiones se analizarán a lo largo de este capítulo bajo los postulados teóricos del realismo político.

La triada nuclear rusa

Desde el fin de la Unión Soviética los dirigentes rusos saben que la primacía militar rusa y su condición de gran potencia mundial se sostiene en la posesión de su inmenso arsenal nuclear, pero para ser creíble debe de ser actualizado y probado de manera continua y estar sustentando por una sólida doctrina de empleo. Para ello, desde 2010 las autoridades rusas han estado aplicando importantes recursos financieros a la modernización de sus fuerzas de disuasión nuclear, las municiones de precisión y las comunicaciones espaciales en dos programas estatales de armamento sucesivos de 2011 a 2018 y de 2020 a 2027, evitando entrar en una nueva carrera de armamentos, como ocurrió en varias etapas de la Guerra Fría.

El 1 de marzo de 2018, el presidente Putin informó durante su discurso anual a la Asamblea Federal sobre el desarrollo de unos nuevos sistemas estratégicos avanzados que pondrían a Rusia a la cabeza de las grandes potencias en materia de disuasión nuclear estratégica16. Habló de cinco sistemas de armas que llevaban décadas en desarrollo y que pudieron avanzar gracias a los avances tecnológicos y a la disponibilidad de los recursos necesarios para acometer dichos programas con el objetivo de ponerlos en servicio. Entre ellos están el vehículo planeador hipersónico (glider) Avangard y el misil balístico hipersónico de lanzamiento aéreo (ALBM) Kh‑47 M2 Kinzhal (AS‑24 Killjoy en OTAN), ya en servicio, así como el misil balístico intercontinental (ICBM) RS‑28 Sarmat (SS‑X‑30), el torpedo estratégico de propulsión nuclear 2M39 Poseidón (Kanyon) y el misil de crucero (LCM) de propulsión nuclear 9M730 Burevestnik (SSC-X-9 Skyfall) en diferentes fases de pruebas. A estos habría que añadir también el LCM 3M22 Tsirkon (Zircon), también en servicio. Funcionarios y expertos rusos han declarado que todos estos programas están destinados a superar los sistemas de defensa contra misiles balísticos estadounidenses (BMD) y lograr una ventaja decisiva con la finalidad de mantener el régimen de estabilidad estratégica17. Por este motivo se han desarrollado en el mayor secreto, se desconocen sus características reales y, en algunos casos, resulta difícil encajarlos calificarlos como arma estratégica o no estratégica a efectos de determinar si están sometidos a la aplicación del Nuevo START.

Ocho meses después del comienzo de la guerra en Ucrania, el 14 de octubre de 2022 se divulgaron los datos de los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia. Según estas informaciones, a 1 de septiembre de 2022, Rusia contaba con 1549 ojivas nucleares estratégicas en servicio, 759 sistemas de lanzamiento entre ICBM, SLBM y bombarderos estratégicos, de los cuale 540 estaban operativos, por lo que había aumentado en los tres indicadores respecto a la medición del periodo anterior18. En ese momento, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso presentó una queja alegando que las cantidades declaradas por Estados Unidos no eran correctas debido a que no se contabilizaban sistemas que estaban regulados por el tratado19. Tales discrepancias no eran nuevas, pero en el contexto de la creciente intervención de Occidente en la guerra en Ucrania tenían un valor propagandístico añadido y podían ser usadas como justificación para denunciar el tratado o eventualmente dejar de cumplirlo, como de hecho sucedió.

Es preciso recordar que esos datos no incluyen el volumen total de armas nucleares de cada parte, puesto que el Nuevo START solo se ocupa de las armas estratégicas con los límites y tipos señalados más arriba. A principios de 2024, se estimaba que el arsenal nuclear ruso ascendía a 5576 ojivas o cargas nucleares que se distribuyen como sigue (Kristensen et al., 2024a)20. En primer lugar, 2822 ojivas estratégicas en estado operativo o almacenadas listas para su uso en caso necesario. El desacuerdo entre los datos que se citan para las ojivas estratégicas y los publicados a la luz del tratado Nuevo START se explican porque, a los efectos de ese tratado, los bombarderos estratégicos cuentan como una unidad, con independencia del número de ojivas que puedan lanzar. Segundo, 1554 ojivas de empleo táctico o de teatro, que se pondrían a disposición de los mandos operativos de las tres ramas tradicionales de las Fuerzas Armadas para su uso en caso de conflicto. Tercero, el resto, unas 1200 cargas nucleares se encuentran guardadas pendientes de desmantelamiento. Su número se reduce de año en año, pero podrían ser recuperadas en caso necesario. En este sentido, existen aproximadamente cuarenta instalaciones de almacenamiento permanente de armas nucleares, incluidos diez depósitos centrales de nivel nacional, todos bajo dependencia de la 12.ª Dirección Principal (12.º GUMO) del Ministerio de Defensa, que es el organismo encargado de la guarda, custodia y protección de todas las armas nucleares.

Por consiguiente, es necesario señalar que las Fuerzas Armadas rusas cuentan con dos triadas nucleares: una estratégica que tiene una función eminentemente disuasiva (incluida una poderosa fuerza de contragolpe) y otra de empleo táctico, también denominada de teatro, para su empleo en el campo de batalla.

Las fuerzas nucleares estratégicas reúnen todos los ICBM fijos y móviles, los SSBN con sus SLBM y los bombarderos estratégicos y están subordinadas directamente al Estado Mayor General en Moscú. El programa de modernización basado en tecnologías conocidas y capacidades industriales heredadas de la época soviética ha avanzado a buen ritmo y ha logrado reemplazar el 88% de los sistemas de combate heredados de la época soviética (Karakayev, 2024). Estas fuerzas suman en la actualidad una potencia explosiva estimada de 455,09 megatones (Mt), equivalente a 25.282 bombas atómicas como la empleada en Hiroshima21.

Las Fuerzas de Misiles Estratégicos (RVSN) son una rama independiente de las Fuerzas Armadas rusas desde su creación en 1956 y se organizan en tres ejércitos de misiles balísticos intercontinentales con 11 divisiones y 39 regimientos de combate que están distribuidos en tres zonas principales del país: la Rusia europea, la región del Volga y Siberia. Mantienen en servicio 326 ICBM de cuatro tipos diferentes con 1244 ojivas nucleares, que acumulan una potencia explosiva total de 274,52 Mt (equivalente a 15.251 bombas de Hiroshima). Se ha introducido de forma masiva el ICBM RS-24 Yars (SS‑29) armado con varios tipos de ojivas de 100 kilotones (kt) tanto en las versiones en silo como móviles sobre tractor‑lanzador (TEL), que está sustituyendo a los misiles Topol (SS‑25 Sickle) y Topol-M (SS‑27 Sickle‑B). Por su parte, el nuevo ICBM pesado Sarmat acumula cinco años de retrasos sobre los planes de despliegue iniciales22 a pesar de las declaraciones de responsables políticos y militares, incluido el propio presidente Putin23.

Las pruebas de vuelo no comenzaron hasta abril de 2022, se han registrado varios fallos (febrero y octubre de 2023) y, en septiembre de 2024, un misil de pruebas explotó dentro de un silo en Plesetsk provocando graves daños a la instalación (Podvig, 2024b). Se trata de un gigantesco misil de 208 toneladas de peso con capacidad para volar más de 15.000 kilómetros armado con un vehículo de reentrada múltiple independiente (MIRV) con hasta diez ojivas nucleares o varias ojivas hipersónicas Avangard que le permite entregar una carga explosiva de entre 5 y 8 Mt prácticamente en cualquier punto de planeta24. El objetivo de fuerza de las RVSN es contar con unos trescientos ICBM (250 Yars y 50 Sarmat) armados con diferentes tipos de ojivas adaptadas a la misión.

Mientras se alcanza ese objetivo, se decidió activar dos regimientos de misiles estratégicos armados con las ojivas hipersónicas Avangard empleando viejos ICBM UR‑100NUTTk (SS‑19 Stiletto Mod. 4) en silos hasta que puedan ser reemplazados por el Sarmat. De este modo, en diciembre de 2019 entró en servicio la primera pareja de misiles en la 13.ª División de Misiles de Dombarovsky en el Distrito Federal de los Urales y en noviembre de 2022 comenzó a equiparse el segundo regimiento (cada uno con seis misiles junto con sus unidades de mando y control) (Pérez Gil, 2022b). Esta medida pone de manifiesto los esfuerzos del Kremlin para mantener la disuasión en unos momentos donde se habla sin ambages del empleo de armas nucleares en conflictos convencionales.

La Marina rusa (VMF en ruso) cuenta con dos divisiones de SSBN asignadas a las Flotas del Norte en el Ártico y del Pacífico, que tienen encomendadas las misiones de disuasión y ataque nuclear y que acumulan una formidable capacidad de ataque de contragolpe con doce SSBN armados con 192 SLBM que pueden cargar hasta 992 ojivas MIRV con una potencia total de unos 99,2 megatones, unas 5510 bombas de Hiroshima. Desde 2014 ha recibido y puesto en servicio siete SSBN Proyecto 955 (clase Borey), que están reemplazado a los de la generación anterior del Proyecto 667BDRM (clase Delta IV). Otros tres están en construcción en los astilleros Sevmash de Severodvinsk y se ha anunciado la construcción de otros dos con el objetivo de tener una paridad estricta con la US Navy durante las próximas décadas25. Cada SSBN Borey carga dieciséis SLBM 3M30 Bulavá (SS‑N‑32) armados con hasta seis ojivas MIRV con una potencia explosiva de 9,6 Mt equivalente a 530 bombas de Hiroshima, se reparten a partes iguales entre el Ártico y el Pacífico y constituirán la columna vertebral de la fuerza de contragolpe rusa durante las próximas cuatro décadas (Pérez Gil, 2023). Además, se están construyendo nuevos submarinos nucleares clase Belgorod y Khabarovsk (uno en servicio y al menos dos en construcción) como portadores del torpedo gigante de propulsión nuclear Poseidón que estaría equipado con una ojiva de varios megatones diseñada para destruir grandes infraestructuras costeras enemigas (Pérez Gil, 2023). Su calificación como armas estratégicas es complicada y se discute si están incluidas o no en las previsiones del Nuevo START.

La Aviación de Largo Alcance (Aviación Estratégica), que forma parte de las Fuerzas Aeroespaciales (VKS), reúne 67 bombarderos estratégicos turbohélice Tu‑95MS (Bear‑H) y los supersónicos Tu‑160 (Blackjack) distribuidos en dos grandes unidades aéreas estacionadas en dos zonas separadas del país: en la Rusia europea y en Siberia‑Extremo Oriente. De ellos, unos cincuenta ejemplares están asignados a la misión primaria de ataque nuclear. Como parte del programa de modernización de las fuerzas de disuasión nuclear, se aprobó retomar la producción del Tu‑160 con un objetivo a largo plazo de cincuenta aparatos (modelo Tu‑160M2), destinados a reemplazar a todos los bombarderos que siguen en servicio desde la época soviética. Se trata de un objetivo muy ambicioso, pero que es inasumible por la industria aeronáutica rusa. Estos bombarderos funcionan como auténticas plataformas de lanzamiento de misiles de crucero de muy largo alcance con capacidad convencional o nuclear y forman parte también de la fuerza de contragolpe rusa. En la actualidad, se estima que tienen unas 586 ojivas nucleares entre misiles de crucero de lanzamiento aéreo (ALCM) y bombas de caída libre que suman una potencia explosiva de 58,6 Mt, equivalente a 3255 bombas de Hiroshima.

Junto con esas capacidades estratégicas existe un inmenso arsenal de armas nucleares (1554 ojivas) de empleo táctico o de teatro que conforman una segunda triada nuclear rusa. Estas municiones cumplirían los más diversos cometidos en caso de guerra y son fuente de preocupación permanente para decisores políticos, militares y analistas especializados occidentales.

Las Fuerzas Terrestres (SV) cuentan con trece brigadas de misiles de corto alcance de tipo balístico 9M723 Iskander‑M (SS‑26 Stone) y de crucero 9M728 (SSC‑7) y de crucero de alcance medio 9M729 (SSC‑8), que pueden cargar ojivas de 10 a 100 kt. Se estima que hay unas 95 en servicio26. La Marina tiene almacenadas 807 cargas nucleares para misiles de crucero, antisubmarinos, torpedos, minas submarinas y misiles costeros27. Las Fuerzas Aeroespaciales cuentan con 334 cargas nucleares tanto en misiles como en bombas de caída libre para ser lanzadas por bombarderos y cazas multimisión y otras 318 de muy bajo rendimiento para misiles antiaéreos. Todos los vectores de lanzamiento táctico, desde misiles hasta aviones de combate, buques de guerra y sistemas antiaéreos, están sometidos a programas de modernización, sin embargo, se desconoce casi por completo el estado de conservación y mantenimiento de esas ojivas heredadas de la época soviética. Esta situación se torna más preocupante debido a que todos los ejércitos y componentes de las Fuerzas Armadas rusas están inmersos en una lucha por los recursos financieros cada vez más limitados como consecuencia del fuerte aumento de los gastos de la guerra en Ucrania.

La existencia de planes de modernización permanente de todos los componentes de las fuerzas de disuasión nuclear, con programas a largo plazo dotados de financiación prioritaria, ponen de manifiesto la voluntad de los dirigentes rusos de seguir manteniendo su estatus de gran potencia. Al mismo tiempo, conservan los medios necesarios para garantizar la destrucción de cualquier enemigo en caso de agresión. Por tanto, desde la perspectiva rusa, las armas nucleares siguen cumpliendo las funciones para las que fueron creadas, que son disuadir la agresión, evitar el conflicto no deseado y mantener el orden y la estabilidad entre grandes potencias. Precisamente, la ruptura del régimen de desarme que puso fin a la Guerra Fría con el abandono de los tratados que se han visto abre las puertas a nueva carrera de armas nucleares, que esta vez sumará más actores como destaca Herrera Almela en el capítulo 3 de este cuaderno.

La doctrina rusa de empleo de armas nucleares

La doctrina militar rusa de 19 de diciembre de 2014 mantuvo en vigor el anexo reservado del documento homónimo de 5 de febrero de 2010, donde se afirma que las armas nucleares cumplen tanto una función disuasoria como también militar porque son la garantía última de la existencia de la Federación Rusa en caso de agresión (Pérez Gil, 2015). El 2 de junio de 2020, el presidente Putin hizo públicos por primera vez esos supuestos de empleo con la aprobación del documento Fundamentos de la política estatal sobre disuasión nuclear28. Como se señala en el capítulo anterior, la disuasión se basa en la capacidad que tiene una potencia nuclear para causar daños de proporciones inaceptables (catastróficas) como represalia frente a un ataque de otra potencia nuclear, pero también en el supuesto de una guerra convencional generalizada.

Por tanto, la publicación de ese documento tenía como objetivo «garantizar que el adversario potencial comprenda la inevitabilidad de las represalias en caso de agresión contra Rusia o sus aliados»29, de modo que, frente a una agresión, el Kremlin podrá responder con un contraataque nuclear, esto es, disuasión por castigo. Asimismo, de forma coherente no existe una declaración de no primer uso30, como sí la hubo en la época soviética, y no contempla el supuesto de una guerra nuclear limitada31. Es preciso tener en cuenta que la doctrina nuclear rusa es una declaración política que emana del propio presidente ruso y obliga hasta donde él quiera porque no existe una autoridad nacional ni mucho menos internacional que pueda sancionar un eventual incumplimiento de ella. Su finalidad principal es lanzar un mensaje al exterior, que puede ser cierto o no.

Es preciso aclarar de antemano que la Unión Soviética primero, así como la Rusia independiente después, consideraron que una guerra nuclear siempre implicaría el uso masivo de las armas nucleares disponibles. Se trata, por consiguiente, de una guerra de destrucción total por la aplicación de la estrategia de la MAD. Esta concepción de la guerra nuclear es incompatible con planteamientos teóricos sobre la posibilidad de librar una guerra nuclear limitada o la llamada estrategia de escalada para desescalar (Kofman y Fink, 2022; Post, 2024), que siempre fueron rechazadas por los dirigentes soviéticos y, también, por la élite política y de seguridad rusa, como señaló el presidente Putin en el foro de seguridad de Valdai (también conocido como Club de Valdai) el 18 de octubre de 2018, cuando declaró que «el agresor debe saber que el castigo es inevitable y será destruido en cualquier caso», enfatizando que «nosotros, como víctimas de la agresión, iremos al paraíso como mártires, mientras que ellos simplemente morirán, porque ni siquiera tendrán tiempo de arrepentirse»32. Se puede argüir que este tipo de aseveraciones son un farol, es decir, una mera declaración política destinada a amedrentar a potenciales adversarios, pero se plantea una cuestión de muy fácil resolución: ¿quién se atreve a ponerla a prueba si las consecuencias pueden ser absolutamente catastróficas? La respuesta es muy racional: una valoración correcta de intereses excluye el enfrentamiento militar directo contra otras potencias nucleares.

Por tanto, aquel documento de junio de 2020 confirmó los principios fundamentales enunciados en el anterior de 2010. Se afirma que:

«La Federación de Rusia considera las armas nucleares únicamente como un medio de disuasión cuyo empleo es el último recurso y una medida extrema y está realizando todos los esfuerzos necesarios para reducir la amenaza nuclear y evitar el deterioro de las relaciones interestatales que pueden provocar el uso militar, incluido un conflicto nuclear».

En consecuencia, esta política tiene como finalidad «mantener el potencial de las fuerzas nucleares al nivel suficiente para garantizar la disuasión nuclear y asegurar la protección de la soberanía e integridad territorial del Estado».

El documento también enunciaba las amenazas que podrían provocar el uso de las armas nucleares: la presencia de armas nucleares y otro tipo de armas de destrucción masiva en poder de otros Estados, la proliferación incontrolada de armas nucleares, el despliegue de estas armas en el territorio de Estados no nucleares o de armas ofensivas en países que puedan ver a Rusia como un adversario potencial, los sistemas antimisiles, los misiles de crucero de corto y medio alcance, los misiles hipersónicos, las armas de energía dirigida, los sistemas ofensivos espaciales y la acumulación de fuerzas militares cerca de las fronteras rusas, en lo que era una clara alusión a la OTAN. Poco más de un año después, el 2 de julio de 2021, el presidente ruso aprobó la nueva estrategia de seguridad nacional rusa, en la que, a lo largo de cuarenta y tres páginas, se plasman las amenazas y los desafíos a los que tendría que hacer frente el país durante la presente década33. No se trata de un documento nuevo, sino una actualización de la estrategia anterior, en el que se repiten los temas sobre la amenaza de las actividades de la OTAN, el incremento de sus infraestructuras militares en el este de Europa y la expansión de los ejercicios militares cerca de las fronteras rusas. También reitera el aumento de las amenazas militares convencionales y cómo reducen el umbral de empleo de las armas nucleares en caso de conflicto. Pero, además, pone énfasis en la existencia de fuerzas internas y externas que tratan de atacar la cohesión nacional y que aprovechan la existencia de conflictos interétnicos e interreligiosos para desestabilizar a los países del denominado «extranjero cercano», conformado por las repúblicas exsoviéticas. Asimismo, debido a la existencia de las sanciones occidentales desde 2014, estableció como prioridad la aplicación de medidas para preparar la economía y la sociedad para enfrentar crisis o conflictos. Este plan incluía también la defensa de los valores tradicionales, la cultura y la historia rusa34.

Como se verá más adelante, esta doctrina nuclear ha sido cuestionada en Rusia en el contexto de la guerra en Ucrania. Precisamente, el 28 de octubre de 2024 los académicos Serguéi Karaganov y Dimitri Trenin, junto con el excomandante de la Flota del Pacífico, el almirante retirado Serguéi Avakyants (quien mandó una gran fuerza de combate nuclear), presentaron en Moscú un libro titulado De la disuasión a la intimidación, en el que han sistematizado las ideas fundamentales que debían servir de base para una nueva doctrina nuclear rusa que sea efectiva, es decir, que funcione y disuada a los enemigos de Rusia, incluso frente al uso de proxies y guerras por delegación cuando lo que esté en juego sean intereses de seguridad vitales (como en el caso de Ucrania, pero probablemente no sea el único caso)35. Según estos autores, no usar armas nucleares en esas circunstancias pone de manifiesto una debilidad que es aprovechada en términos político‑estratégicos por los potenciales enemigos para avanzar en sus posiciones antirrusas.

Pero no se puede desconocer que esas posiciones han sido promovidas desde el Kremlin bajo la concepción de que ya tan solo el debate público conlleva un mensaje de intimidación que, en manos de propagandistas exitosos (y demuestran que lo son), se puede manejar y ajustar a cada público objetivo (propio, ajeno, occidental, europeo, estadounidense o mundial) para alcanzar los fines de la disuasión. No obstante, también requiere acciones y demostraciones de poder, necesita que esas capacidades que se declaran y la preparación que se adquiere en ejercicios se conecte con el factor más importante en el ejercicio del poder por parte de las grandes potencias: la intención o voluntad de usar dichas armas en caso necesario36. Así y solo así es como funciona la disuasión nuclear.

De este modo, el 19 de noviembre de 2024, el presidente Putin firmó un nuevo decreto sobre actualización de la doctrina de empleo de armas nucleares37 que no introduce modificaciones sustanciales que permitan afirmar que Rusia ha cambiado su política nuclear: sigue sin adherirse a una política NFU, las armas nucleares continúan siendo la garantía de la seguridad del Estado y serán empleadas contra cualquiera que intente un curso de acción similar al que llevó a cabo en 1941 la Alemania de Hitler contra la Unión Soviética38. Los nuevos supuestos que podrán activar una respuesta nuclear son:

  • Cuando se produzca una agresión por parte de un Estado no nuclear con el apoyo de uno nuclear, que será considerado como un ataque combinado.
  • Una agresión de este tipo por parte de cualquier país que forme parte de una alianza militar (léase la OTAN) se considerará como una agresión de toda la alianza, que en consecuencia sufrirá las consecuencias de manera colectiva.
  • Como reacción al uso de armas de destrucción masiva contra Rusia o sus aliados.
  • Cuando exista una amenaza crítica a su soberanía e integridad territorial o a la de Bielorrusia.

Estos cambios están estrechamente relacionados con el desarrollo del conflicto actual y la necesidad a ojos del Kremlin de fortalecer la disuasión nuclear frente a los intentos de Occidente de entrar en Ucrania, como recordó el presidente ruso el 16 de diciembre de 2024 durante la reunión anual con los altos mandos militares para analizar las principales líneas de actuación del Ministerio de Defensa y las actividades del plan de adiestramiento anual del año entrante: «quiero subrayar una vez más que nadie debe acusarnos de hacer sonar armas nucleares. Se trata de una política de disuasión nuclear»39. Rápidamente, el aparato de propaganda ruso comenzó a desarrollar las ideas expuestas por el presidente Putin. El mismo día, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, afirmó que el uso de misiles de largo alcance occidentales por parte de las fuerzas armadas ucranianas contra Rusia podría conducir a una respuesta nuclear según la nueva doctrina40. Por su parte, el vicesecretario del Consejo de Seguridad ruso y expresidente del país, Dimitri Medvedev, declaró que:

«El uso de misiles de la OTAN de esta manera ahora puede calificarse como un ataque de los países del bloque contra la Federación Rusa. En este caso, surge el derecho a tomar represalias con armas de destrucción masiva contra Kiev y las principales instalaciones de la OTAN, estén donde estén. Y esto ya es la Tercera Guerra Mundial»41.

Esta declaración contiene una doble amenaza: por un lado directa contra el gobierno de Kiev, pero también contra Occidente declarando que, en caso de confrontación directa, el mundo tal como se conoce dejará de existir.

De este modo, las armas nucleares se emplearían cuando se produjera un ataque nuclear contra Rusia o sus aliados, cuando sufrieran un ataque con otro tipo de armas de destrucción masiva o en caso de un ataque contra instalaciones estatales y militares vitales como son la sede del poder político, los centros de mando y control y las bases de las fuerzas estratégicas, puesto que su intento de destrucción pondría en peligro la capacidad de represalia de las fuerzas nucleares rusas. Para finalizar, también se citaba el caso extremo de que estuviera en peligro la existencia del Estado como consecuencia de un ataque militar generalizado.

La decisión de usar las armas nucleares corresponde al presidente de Rusia, quien puede, si lo considera pertinente, informar a los dirigentes de otros Estados u organizaciones internacionales sobre la disposición para emplear sus armas nucleares, sobre la decisión misma de usarlas o sobre su empleo efectivo. En caso de descabezamiento de la cúpula político‑militar rusa como consecuencia de un ataque previo, el sistema automático Perimetr estaría en disposición de ejecutar un ataque de represalia contra el agresor (denominado justamente «Mano muerta»), cumpliendo la máxima que se ha enunciado antes de la disuasión nuclear como la capacidad para causar daños de proporciones catastróficas en caso de agresión. Una decisión de esta naturaleza se tomaría en cuanto se recibieran datos fiables del sistema de alerta temprana (en sus segmentos espacial y terrestre) sobre la existencia de un lanzamiento masivo de misiles balísticos contra el territorio ruso o de sus aliados o cuando el país o sus aliados sufriera un ataque de alguna de las formas enunciadas con anterioridad. En este punto es importante insistir en que Rusia no sostiene una política NFU, lo que es consecuencia de su inferioridad militar convencional frente a la OTAN y también frente a China42.

Además, el objetivo de la disuasión se logra con la planificación estratégica y la existencia de planes de ataque nuclear contra los potenciales oponentes; con la disponibilidad permanente en tiempo de paz de las fuerzas nucleares estratégicas, que incluyen el sistema de alerta temprana contra misiles balísticos, el adiestramiento continuo, despliegues regulares de los componentes de la triada nuclear y con ejercicios anuales de guerra nuclear gran escala (Grom); durante la amenaza inmediata de agresión, y en tiempo de guerra hasta el inicio del intercambio nuclear.

La importancia de esas declaraciones aprobadas en forma de decretos radica en que sirven para recordar las tres funciones primordiales que cumplen las armas nucleares:

  • La función disuasiva, puesto que la posesión de un enorme arsenal nuclear inmuniza al país frente a un ataque de otra gran potencia43.
  • La función estratégica, en tanto que la posesión de ese arsenal otorga al país el estatuto de gran potencia mundial y le convierte en una parte ineludible del régimen de estabilidad estratégica.
  • La función pacificadora, porque la mera existencia de las armas nucleares es una garantía de que no se producirá una nueva guerra mundial porque, mientras las armas nucleares existan y cumplan su función, habrá solo conflictos limitados entre las grandes potencias.

La crisis de la disuasión nuclear rusa en el contexto de la guerra de Ucrania

En 2020, o quizá 2021, los decisores políticos rusos se sintieron lo suficientemente fuertes como para tratar de cambiar la situación estratégica en Europa conforme a sus propias reglas44. Su objetivo era restablecer las relaciones con Occidente bajo el principio fundamental de la paridad, creando de este modo las condiciones necesarias para mantener la estabilidad interna una vez que el presidente Putin se retire del poder. La secuencia de los hechos es próxima y bien conocida.

El 2 de diciembre de 2021, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, mantuvo una reunión con el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, en Estocolmo sobre la tensión provocada por despliegues cada vez más masivos de tropas rusas cerca de la frontera ucraniana. La parte rusa planteó la exigencia de acuerdos vinculantes que limitasen la expansión de la OTAN hacia el este, así como recuperar la estabilidad en el continente europeo. El 7 de diciembre, los presidentes Putin y Biden mantuvieron una videoconferencia de más de dos horas de duración sobre el régimen de estabilidad estratégica y también sobre la situación de seguridad de Ucrania. Aunque la reunión concluyó sin una declaración oficial, era patente que el Kremlin estaba dando pasos para alcanzar un nuevo acuerdo de Yalta en Europa (Baqués Quesada, 2024). Tres días después, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso anunció que estaba preparando una propuesta integral sobre garantías de seguridad para una próxima reunión con representantes estadounidenses.

El 15 de diciembre de 2021, durante una breve visita a Moscú, la vicesecretaria de Estado Karen Donfried recibió el contenido de estas propuestas formalizadas en dos proyectos de tratados, uno de carácter bilateral Rusia‑Estados Unidos (de ocho artículos) y otro multilateral con los países miembros de la OTAN (nueve artículos) en los que se regulaban temas básicos como eran la limitación de la expansión de las infraestructuras, efectivos y ejercicios cerca de las fronteras mutuas; el bloqueo de la adhesión a la OTAN de Georgia y Ucrania; la prohibición de prestar asistencia militar bilateral a países de la antigua Unión Soviética, excluidos los países bálticos, que ya son miembros de la OTAN, y la suspensión de vuelos de bombarderos estratégicos, con o sin armas nucleares, cerca de las fronteras mutuas, así como la prohibición de desplegar misiles de corto y medio alcance y armas nucleares fuera del territorio de ambas potencias45. También se incluía una referencia al papel del Consejo de Seguridad en su misión de mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, que en términos rusos significaba que la OTAN dejase de actuar como una organización de seguridad global sin mandato.

Las autoridades rusas hicieron hincapié en que los dos documentos formaban un todo y no eran divisibles y tampoco admitían negociaciones separadas ni que fuesen aprobados o aplicados de forma parcial. Las conversaciones parecieron frenéticas, pero sin resultados, debido a las posiciones de bloqueo de ambas partes46. Los motivos de la oposición occidental a las demandas rusas contienen argumentos filosóficos, políticos y morales no desdeñables e, incluso, encomiables, pero también desconocen la realidad de la política del poder, al menos definida en términos de equilibrio de poder, siguiendo las tesis kissingerianas (Kissinger, 1994). El objetivo ruso de amedrentar a los países europeos con un fuerte despliegue militar a lo largo de las fronteras ucranianas no tuvo éxito y es probable que ya hubieran tomado la decisión de intervenir militarmente en Ucrania. Sin embargo, es preciso recordar que, en medio de las secuelas de la pandemia mundial de la covid-19, el estallido de una guerra a gran escala en Europa se antojaba en esos momentos como un escenario muy poco probable (Pérez Gil, 2022c).

Significativamente, en esas mismas fechas (3 de enero de 2022), los representantes de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (P5) aprobaron una declaración conjunta sobre la prevención de la guerra nuclear, el rechazo de las carreras de armamentos y el compromiso con el régimen de no proliferación47. Esta declaración enfatiza la necesidad de mantener la racionalidad entre los dirigentes políticos de las grandes potencias. Estas reuniones han continuado en medio de la tensión provocada por la guerra en Ucrania y declaraciones regulares de naturaleza amenazante.

Sin embargo, el Kremlin no dudo en lanzar un mensaje estratégico disuasorio contra Estados Unidos y la OTAN cuando decidió invadir Ucrania. El 19 de febrero de 2022, ejecutó el ejercicio de guerra nuclear Grom‑21, en el que participaron todos los componentes de la triada nuclear estratégica, un aviso de que las armas nucleares están ahí y están preparadas para cumplir su función48. Cinco días después, las Fuerzas Armadas rusas iniciaron la invasión de Ucrania aplicando la máxima de Clausewitz de obtención de los objetivos políticos por otros medios, entendidos estos como medios violentos (Dacoba Cerviño, 2022). El resultado es una guerra larga, con frentes estancados, continuo desgaste, sostenimiento de Ucrania por el bloque occidental, sanciones y cientos de miles de muertos (Calvo Albero, 2024; Pardo de Santayana, 2023b). En un nivel superior, Rusia ha roto con Occidente, pero sin destruir por ahora el régimen de estabilidad estratégica con Estados Unidos, que sirve a sus intereses (Pérez Gil, 2023a).

Los dirigentes políticos de las grandes potencias hablan abiertamente de armas nucleares y también esgrimen amenazas de uso e incluso de su uso en la guerra en Ucrania. A esta retórica se han sumado algunos dirigentes de países aliados con declaraciones extremadamente peligrosas que demuestran que no son conscientes de que lo que está en juego no es solo la paz y la seguridad internacionales, sino la existencia misma de los países que representan. En este punto hay que tener en cuenta que o se pone prudencia (aplicación de la racionalidad) en las declaraciones que hacen y en las decisiones que se toman o el mundo se aboca a un desfiladero de la historia (Pérez Gil, 2024b: 1-14).

Por su parte, el Kremlin ha recurrido a la amenaza nuclear e incluso ha planteado la posibilidad de su uso con tres motivaciones principales (Pardo de Santayana, 2023a):

  • La primera es la amenaza de su empleo para bloquear una intervención directa de la OTAN en favor de Ucrania desde antes del inicio de la guerra. Aquí es donde entra la demostración del ejercicio Grom-21, aplicada con éxito.
  • La segunda es la posibilidad de empleo en caso de que las fuerzas rusas se enfrentaran a una derrota militar. Este escenario no ha llegado a producirse.
  • La tercera es bloquear la entrega de misiles de largo alcance occidentales a Ucrania con capacidad para alcanzar objetivos muy en profundidad el territorio ruso. En este caso ha tenido un éxito parcial.

El mismo 24 de febrero de 2022, el presidente Putin hizo una comparecencia televisiva en la que expuso justificaciones, argumentos, verdades e invenciones, pero también formuló una serie de advertencias contra Estados Unidos y la OTAN si intentaban proponer alguna medida coercitiva contra Rusia. Putin declaró que:

«En cuanto a la esfera militar, la Rusia moderna, incluso después del colapso de la Unión Soviética, es hoy una de las potencias nucleares más poderosas. Y, lo que, es más: tiene ciertas ventajas en una serie de armamentos de última generación. En este sentido no debe de haber ninguna duda de que un ataque directo a Rusia conduciría a la derrota y a consecuencias nefastas para el agresor potencial. […] Quien intente interferir y, más aún, crear amenazas para nuestro país, para nuestro pueblo, debe de saber que la respuesta de Rusia será inmediata y le llevará a consecuencias que nunca ha afrontado en su historia. Estamos preparados para cualquier desarrollo, se han tomado todas las decisiones necesarias al respecto. Espero que se me escuche»49.

Es decir, lanzó una advertencia directa de que cualquier acción que pudiera poner en peligro a su país, entendido esto como acciones militares contra Rusia durante la campaña de Ucrania, podría recibir un castigo de proporciones catastróficas. Además, esa declaración es coherente con la entonces vigente doctrina de empleo de armas nucleares que se ha analizado antes.

Estos son términos que se emplean cuando se habla de disuasión nuclear y del empleo de armas nucleares en caso de conflicto. Pero, también permite valorar como los dirigentes rusos se consideran inmunes a una agresión, precisamente gracias a la posesión de un arsenal completo de armas nucleares que garantiza dicha inmunidad, lo que avala la tesis de que las armas nucleares evitan las guerras directas entre grandes potencias, aunque incentivan conflictos menores. Si no fuera así, el mundo se vería abocado a guerras con resultados devastadores, no solo para los propios participantes, sino para el resto de los actores internacionales.

De nuevo, el 21 de septiembre de 2022, durante un mensaje televisado con motivo de la movilización de 300.000 reservistas para la guerra en Ucrania, Putin recordó a Occidente una vez más no solo la existencia de las armas nucleares sino la voluntad de usarlas en caso necesario. Pocos días después, el 30 de septiembre de 2022, se escenificó en el Kremlin la anexión de los territorios ocupados del Dombás y el sur de Ucrania50, que quedaron formalmente bajo la protección del paraguas nuclear ruso. Menos de un mes después, el 26 de octubre de 2022, las fuerzas de disuasión nuclear ejecutaron el ejercicio Grom 22. Fue el primer ejercicio de esta naturaleza desde el inicio de la guerra en Ucrania y, en esta ocasión, se trató de transmitir un mensaje de normalidad y de fortaleza a pesar de los reveses militares de ese momento (repliegues de las fuerzas rusas de Járkov y Jersón). Pero también llevaba implícito un mensaje para el gobierno ucraniano, en el que se advertía que Rusia tiene la capacidad para ganar la guerra en cualquier momento ejecutando un ataque nuclear demoledor contra sus fuerzas armadas o sus instituciones gubernamentales, que destruiría toda capacidad de resistencia de forma terrorífica y radical. No obstante, aquí es donde entra en juego la racionalidad de los decisores políticos de las grandes potencias, que se ve reforzada de manera extraordinaria por la posesión de las armas nucleares, la amenaza de su uso y la capacidad de emplearlas, que debe ser cierta y no dejar lugar a dudas de ello, pero que, al mismo tiempo, cumplen su función con su no empleo. Como demostraron los teóricos estratégicos hace mucho tiempo, su mera posesión disuade por el miedo y su perfección radica en que nunca van a ser usadas porque el agresor no estará dispuesto a asumir el daño que su empleo lleva implícito (Freedman, 1992).

El 25 de marzo de 2023, el presidente Putin anunció la decisión inédita de almacenar armas nucleares rusas en Bielorrusia a partir del 1 de julio de ese año. Para evitar acusaciones de violación del TNP, las autoridades rusas declararon que tanto la custodia como el empleo operativo de esas municiones quedarían en todo momento bajo el control de las Fuerzas Armadas rusas. No obstante, el despliegue de armas nucleares en Bielorrusia no aumenta por sí mismo el riesgo de empleo, sino que ofrece más opciones en el que caso de que se tome tal decisión (Sokov, 2023; Kütt, Podvig y Mian, 2023). Esta decisión tiene al menos tres objetivos. A corto plazo, trata de perturbar el proceso de toma de decisiones de Occidente en la guerra en Ucrania. A medio, se preparaban para un escenario de competencia estratégica con la OTAN tras el final del conflicto. Y a largo plazo busca aumentar su influencia sobre el régimen bielorruso avanzando en la integración de los dos Estados con la finalidad de disponer de mayor profundidad estratégica con Europa. Hay que recordar que este debate se planteó en el verano de 2023, cuando se hablaba de la posibilidad de que las fuerzas ucranianas pudieran plantarse a las puertas de Crimea y el eventual uso de uso de armas nucleares en Ucrania. Sin duda, se trataba de un escenario extremo, pero que estaba previsto en la doctrina de empleo rusa.

El 5 de octubre de 2023, el presidente ruso declaró en el foro de Valdai que la guerra en Ucrania no es un conflicto territorial, sino que en él se están decidiendo los principios básicos del orden internacional, que las Fuerzas Armadas rusas continuarán con las operaciones militares hasta alcanzar los objetivos estratégicos establecidos y que la respuesta rusa ante un ataque nuclear dejaría al agresor sin ninguna oportunidad de supervivencia:

«Quiero asegurarles a todos que hoy la respuesta es absolutamente inaceptable para cualquier potencial agresor. Porque desde el momento de la detección, el lanzamiento de misiles, no importa de dónde vengan, desde cualquier lugar de los océanos o desde cualquier territorio, en un contraataque de represalia […] ningún enemigo tendrá posibilidades de sobrevivir»51.

Además, habló de los progresos en los misiles Sarmat y Burevestnik y planteó la posibilidad de abandonar el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBT) de 10 de septiembre de 1996, del que Estados Unidos no forma parte52.

Veinte días después, 25 de octubre de 2023, dirigió el ejercicio Grom‑23 desde el puesto de mando del Kremlin, donde estaba conectado con los componentes de la autoridad nacional de empleo de armas nucleares y los jefes operativos de las fuerzas de la triada nuclear estratégica (terrestre, naval y aérea). Las fechas de ejecución y los medios empleados fueron los mismos que los de la edición de 2022, sin acciones que se salieran del guion. En consecuencia, transmitían un mensaje de normalidad, preparación y capacidad, pero también de voluntad de actuar solo en el caso de recibir un ataque previo. Y este punto es muy importante para comprender cómo piensan y actúan los dirigentes del Kremlin en el contexto de la guerra en Ucrania.

El 29 de febrero de 2024, Putin volvió a advertir sobre las potenciales consecuencias que tendría una intervención directa en la guerra en Ucrania durante su intervención anual ante la Asamblea Federal53. En su discurso dijo que la soberanía rusa no se acota al territorio ruso reconocido en el ámbito internacional, sino que se extiende a aquellos que han sido históricamente rusos o donde hay una presencia significativa de ciudadanos rusos o de origen ruso. En esas áreas, Rusia estaría llamada a ejercer poder e influencia y, en última instancia, servirían para garantizar la seguridad de sus fronteras internas como zona de amortiguación (buffer zone), que alcanzó su máxima expansión durante la Guerra Fría, con su presencia militar en Alemania Oriental y con la existencia del Pacto de Varsovia como mecanismo de control. Como en esa época, también ahora estiman que su zona de amortiguación puede y debe ser defendida con armas nucleares. Además, afirmó de modo brutal que «Occidente se ha olvidado de las consecuencias que tiene una guerra», que «piensan que son dibujos animados» y «eso les hace perder la razón y crear riesgos para todos», argumentos que ya fueron puestos sobre la mesa por el antiguo asesor presidencial Karaganov en sendos artículos publicados en junio y octubre de 2023 (Karaganov, 2023a y 2023b). Como corolario, Putin afirmó que el arsenal nuclear mantiene una disponibilidad total, que tienen la capacidad y la voluntad para escalar hasta el punto más alto y que están preparados para combatir una guerra bajo la premisa de que nadie podrá ganar porque el resultado será la desaparición de la civilización (Cimbala y Korb, 2024).

Como es propio, sus advertencias suelen ir seguidas de actos de demostración para tratar de mantener la vigencia de la disuasión nuclear. De este modo, un día después, el 1 de marzo de 2024, el Ministerio de Defensa ruso anunció la ejecución de un ejercicio de adiestramiento que implicó el lanzamiento de un ICBM Yars desde un sitio de pruebas en Plesetsk, en el norte de la Rusia europea (Nilsen, 2024). El 12 de abril de 2024 se llevó a cabo otro lanzamiento, esta vez desde el campo de tiro Kapustin Yar, de un ICBM Topol‑M destinado a probar un nuevo vehículo de reentrada para ojivas de combate (Podvig, 2024c).

El 6 de mayo de 2024, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso convocó por separado a los embajadores de Francia y Reino Unido como reacción a sendas declaraciones de sus gobernantes sobre el apoyo militar a Ucrania. En paralelo, el Ministerio de Defensa ruso anunció ejercicios de preparación de unidades de misiles de las Fuerzas Terrestres y de la Aviación Táctica con capacidad nuclear en el sur Rusia, cerca de la zona de operaciones en Ucrania. El 8 de mayo de 2024, los presidentes Putin y Alexander Lukashenko confirmaron en Moscú la participación de personal y equipo militar bielorruso en los ejercicios, que incluían la ejecución de lanzamiento de misiles con capacidad nuclear contra objetivos tácticos. Un día después, el 9 de mayo de 2024, Putin declaró durante el discurso del Día de la Victoria que no permitirá que nadie amenace a Rusia, que hará todo lo posible para evitar un conflicto mundial, pero que rechaza cualquier país o alianza que tratara de imponerse sobre los demás. Asimismo, dijo que, para garantizar la seguridad, mantienen activadas de forma permanente las fuerzas nucleares estratégicas, es decir, el funcionamiento de la disuasión por la amenaza de destrucción mutua asegurada. Tras terminar el desfile, acompañado por Lukashenko, afirmó que «Dado que las armas nucleares no estratégicas están desplegadas en el territorio de Bielorrusia, invitamos a nuestros amigos y aliados, y el presidente de Bielorrusia lo pidió, a participar en una de las etapas de este ejercicio». Era un reconocimiento expreso y oficial por primera vez de la presencia de armas nucleares rusas en territorio bielorruso desde 1994. Precisamente, en este momento, el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, declaró que la evolución de la situación de seguridad internacional (es decir, el nivel de participación de las potencias occidentales en la guerra en Ucrania) podría implicar una revisión de la política de empleo de armas nucleares y también el abandono de la moratoria unilateral sobre el despliegue de misiles de corto y medio alcance en Europa declarada por el presidente ruso en septiembre de 2019.

Durante la celebración del Foro Económico de San Petersburgo (que contó con 21.300 asistentes de 139 países y 4200 periodistas), el 7 de junio de 2024, Karaganov moderó un debate sobre el tema de la doctrina y el empleo de armas nucleares en el contexto de la guerra en Ucrania en el que participó el propio presidente Putin, quien, de nuevo, lanzó un mensaje estratégico inapelable: «Solo la valoración de nuestros propios intereses es lo que determina nuestras decisiones»54.

El 29 de octubre, un día después de la presentación del libro de Karaganov, Trenin y Avakyants mencionado más arriba, Putin declaró que el uso de armas nucleares es una medida extrema para garantizar la seguridad del país, que Rusia no participará en una carrera armamentista, que mantendrá un nivel de armamento nuclear suficiente y que continuará mejorando todos los componentes de la triada nuclear. A continuación, dirigió el ejercicio anual Grom‑24 desde el puesto de mando ubicado en el Kremlin con las conocidas demostraciones prácticas de lanzamiento de ICBM, SLBM y ALCM desde vectores de la triada nuclear estratégica55.

La última actualización de esta serie de amenazas nucleares del Kremlin (mientras se escribe este cuaderno de estrategia) se produjo a mediados de noviembre de 2024. El 15 de noviembre, el presidente ruso mantuvo una conversación telefónica con el canciller alemán, Olaf Scholz, donde dijo una vez que Rusia está lista para negociar, pero sobre la base de sus propios intereses, no de los de Ucrania o los de Occidente. Esto, en la teoría del realismo político, se llama una política exterior racional. Por tanto, esa conversación solo sirvió para actualizar las demandas de cada una de las partes de cara a una futura negociación. Dos días después, el 17 de noviembre de 2024, las Fuerzas Armadas rusas reiniciaron la campaña de bombardeo estratégico contra Ucrania (denominada Operación Estratégica de Destrucción de Infraestructuras Críticas o OPEDIC) interrumpida en agosto de 2024, muy probablemente para hacer acopio de misiles para poder mantener un esfuerzo sostenido durante todo el invierno basado en sus capacidades adquiridas de targeting dinámico. Ese día emplearon más de doscientos misiles de todos los tipos (terrestres, navales y aéreos) y municiones merodeadoras de largo alcance del tipo Geranio‑2 contra las instalaciones energéticas ucranianas. Previamente, durante dos semanas, bombarderos de la Aviación Estratégica habían estado realizando vuelos de preparación sobre el mar Negro y el mar Caspio en áreas que están completamente fuera del alcance de las defensas antiaéreas ucranianas. Se trataba una vez más de transmitir un mensaje sobre el curso de acción que iba a seguir.

De este modo, el anuncio estadounidense (17 de noviembre de 2024) de retirar algunas restricciones a Ucrania para que emplease misiles de largo alcance contra objetivos en profundidad en territorio ruso estaba más que descontado en el lado ruso; el Kremlin tenía la retórica preparada y los medios listos para ser empleados. Al día siguiente, el primer vicepresidente de la Comisión de Defensa del Consejo de la Federación, Vladimir Dzhabarov, declaró que Occidente había decidido subir la escalada hasta un punto que podría concluir con la destrucción de Ucrania y que la respuesta sería inmediata56.

El 21 de noviembre de 2024, el presidente Putin realizó un nuevo mensaje especial en el que anunció el empleo de un novedoso misil balístico de alcance medio denominado Oreshnik contra la Fábrica de Misiles Yuzhmash en Dniepropetrovsk, que recibió el impacto de un puñado de ojivas hipersónicas armadas con explosivos convencionales57. No sería una acción significativa en esta guerra, si no fuera por el tipo de misil empleado y por la campaña propagandística dirigida a demostrar que el abandono del Tratado INF por parte de Estados Unidos en 2019 había sido un error y que eran otros los que pagaban las consecuencias, en este caso, Ucrania. También supuso la ruptura de la moratoria unilateral sobre no desplegar misiles de corto y medio alcance en Europa. De este modo, el empleo de ese misil también era una repuesta a la instalación de sendos lanzadores MK‑41 del sistema BMD estadounidense, primero en Rumanía y más reciente en Polonia. Las autoridades rusas han afirmado reiteradas veces que esos sistemas ponen en peligro la disuasión porque tratan de anular la capacidad para responder a un ataque nuclear en caso de conflicto, circunstancia que, llevada al extremo, incentivaría a un agresor a ejecutar un primer ataque de descabezamiento.

Pero, en su intervención, Putin también mencionó las ojivas hipersónicas, esto es, cargas explosivas que vuelan a altísimas velocidades que hacen ineficaz cualquier tipo de armamento antiaéreo existente. De este modo, estaba transmitiendo el mensaje de que, a pesar de toda la ayuda y superioridad militar de Occidente, Ucrania está indefensa ante la supremacía de las armas estratégicas rusas. Esa acción y esas declaraciones ponen de manifiesto que los dirigentes rusos piensan que han recuperado la iniciativa estratégica en la guerra en Ucrania y que, además, no se la van a arrebatar de nuevo de las manos, salvo que los países de la OTAN se impliquen de manera directa en un conflicto mutuamente destructivo. La escenificación de la reunión del presidente ruso con los altos mandos militares el 22 de noviembre de 2024 para hablar de armas estratégicas avanzadas fue la culminación de las acciones destinadas a enviar un mensaje estratégico dirigido, en este caso, a la nueva administración Trump, que debía tomar posesión el 20 de enero de 2025. Por tanto, el misil empleado (sea de nueva producción o un arma ya en servicio) no era significativo, lo era el mensaje estratégico lanzado por el Kremlin.

Todas esas amenazas forman parte de una estrategia coordinada en la que participan funcionarios a todos los niveles con el objetivo de mantener viva la disuasión frente a Occidente con la finalidad de bloquear cualquier intento de intervención directa en su guerra en Ucrania. Por consiguiente, esos mismos funcionarios se dedican a proclamar los probables objetivos de las armas nucleares rusas (que no señalan en el territorio ucraniano), en el caso de que los dirigentes del Kremlin decidieran dar el paso que han pedido de modo enfático Karaganov y Trenin para restaurar el funcionamiento de la disuasión por el miedo a golpe de detonación nuclear y, de rebote, acabar de inmediato con la guerra en Ucrania (Karaganov, 2024; Trenin, 2024). Destacan, además, que se trataría del empleo de armas nucleares tácticas, dejando de lado las estratégicas, destinadas a disuadir a las grandes potencias por aplicación de la estrategia de la MAD. El objetivo final de toda esa retórica es alcanzar a toda costa sus objetivos estratégicos en Ucrania58.

Perspectivas de futuro

Las grandes potencias hacen descansar sus estrategias de seguridad nacional en la posesión de enormes arsenales nucleares, en unas doctrinas de la disuasión determinadas y en estrategias de MAD, que se mantienen gracias a gigantescos programas de modernización nuclear porque solo entre ellas funciona el principio de disuasión por destrucción mutua asegurada en el sentido más literal del término. El régimen de estabilidad estratégica ha garantizado hasta ahora la paz y la seguridad al evitar un enfrentamiento directo entre grandes potencias. Este conjunto de factores permite pronosticar que las armas nucleares continuarán siendo el fundamento de la seguridad de Rusia (también de Estados Unidos) al menos hasta la década de 208059, si antes no se produce una revolución tecnológica que posibilite el descubrimiento o la invención de un nuevo tipo de armamento disruptivo, desconocido hasta ahora, que vuelva a cambiar la naturaleza de la guerra y altere el equilibrio de fuerzas existente (Freedman, 1992).

Por eso mismo, las apelaciones al desarrollo de misiles hipersónicos con capacidad dual (convencional y nuclear) que ponen en peligro la percepción del contrario sobre la naturaleza de un eventual ataque, el empleo de armas nucleares tácticas en conflictos convencionales o la doctrina de la guerra nuclear limitada son peligrosas para la paz y la seguridad mundial. No obstante, estas formulaciones teóricas llevan en su seno la convicción de que solo se usarán contra potencias nucleares menores o países no nucleares porque su empleo contra la contraparte del sistema estratégico global llevaría aparejada en sí misma la destrucción de la civilización tal como se conoce.

En este sentido, es conveniente recordar que, a pesar de la suspensión de la participación rusa en el tratado Nuevo START desde el 21 de septiembre de 2023, tanto Estados Unidos como Rusia continúan respetando de manera estricta los límites cuantitativos, así como el acuerdo sobre notificación de lanzamientos de misiles balísticos destinado a evitar un incidente no deseado debido a una interpretación errónea sobre las intenciones de dichas pruebas, y esta situación se mantiene tácitamente60.

La alternativa de no hacerlo es muy peligrosa al tener enfrente a dos potencias revisionistas según la terminología morgenthauniana (Morgenthau, 1963), como son Rusia y China: un juego peligroso que puede que no salga bien y que, en lugar de conseguir más poder, lo que se logre sea un sistema internacional mucho más inestable, más inseguro y donde la moderación del conflicto descanse en un régimen implícito, sin normas claras y todo esto en medio de un conflicto convencional a gran escala en Ucrania en el que intervienen (Arceneaux, 2024; O’Brien, 2024). Es decir, un escenario mucho más complejo que el de la Guerra Fría, en el que hay tres grandes potencias con armas nucleares que aspiran a tener sus propias esferas de influencia y donde cada una de ellas quiere imponer su hegemonía para abarcar todas las áreas y espacios posibles (Castro Torres, 2024). En este peligrosísimo escenario es probable que las armas nucleares no puedan seguir cumpliendo su función fundamental, que es evitar la guerra entre grandes potencias, y dejen de ser los moderadores del conflicto entre poderosos para convertirse en un arma más que puede ser empleada para ganar una contienda.

A pesar de esto, algunos dirigentes apelan a continuar escalando contra Rusia, a atacar objetivos en el interior del territorio ruso y a desplegar fuerzas militares en territorio ucraniano para tratar de sostener el frente. Estas posiciones ponen de manifiesto dos cuestiones fundamentales en la teoría de las relaciones internacionales: la primera es que desconocen el poder limitador del conflicto que tienen las armas nucleares y, segunda, la ausencia del interés nacional en el cálculo de sus decisiones. Pero ambas tienen un curso que lleva a un enfrentamiento directo con una gran potencia nuclear. Por tanto, un conflicto de estas características tendría como resultado previsible el empleo masivo de armas nucleares, con las consecuencias que, solo a pequeña escala, pusieron de manifiesto los bombardeos atómicos de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Se debe descartar, como se ha dicho más arriba, la falacia de que es posible combatir y ganar una guerra nuclear limitada, porque, una vez iniciada, se desconoce el punto más alto de la escalada y los poseedores de dichas armas no estarán dispuestos a perder una guerra de tales características.

Entonces, las cuestiones que se plantean son: ¿está Occidente preparado para afrontar una guerra contra Rusia? ¿es consciente de las consecuencias que podría tener tal guerra? ¿quiénes están adoptando tales decisiones? ¿se verá Occidente arrastrado a una guerra donde no se pongan en juego intereses esenciales en aras de una lucha entre las grandes potencias por la supremacía mundial?

Conclusiones

El inicio de la guerra en Ucrania ha sometido al mundo a una sensación de vértigo que ha sido usada de forma despiadada por los dirigentes rusos cada vez que han percibido que Occidente se acercaba peligrosamente a su operación militar en Ucrania.

Los historiadores dedicarán bastante tiempo a estudiar y completar las informaciones sobre este periodo en un ámbito tan significativo y también tan exclusivo en cuanto al manejo de la información, pero baste recordar algunos momentos puntuales en los que el Kremlin esgrimió la amenaza nuclear: durante los días iniciales de la invasión (con Occidente en estado de sorpresa); en septiembre de 2022, cuando, mientras se replegaban de Járkov, completaban la anexión de los territorios del sur de Ucrania; más tarde, como argumento para bloquear la entrega a las fuerzas ucranianas de proyectiles contracarro con núcleo de uranio empobrecido; durante la primavera de 2023, como recordatorio de que Crimea era una línea roja durante los preparativos de la fracasada ofensiva ucraniana contra Zaporiyia, y, más recientemente, cuando, tanto antes como después del verano de 2024, varias potencias europeas y Estados Unidos jugaron con la baza de conceder a Ucrania autorización para emplear misiles de largo alcance de origen occidental contra instalaciones críticas en profundidad en el territorio ruso.

En todos esos momentos, la retórica nuclear marcada por el Kremlin y enunciada por sus funcionarios cualificados (Medvedev, Peskov, Riabkov, Nebenzia, Zajárova) ha respondido a las necesidades de cada momento. Pero, además, esa retórica tan amenazante ha sido apoyada desde el mundo académico ruso, donde se ha acuñado la doctrina Karaganov que, básicamente, pide la restauración de la disuasión por el miedo, es decir, mediante el empleo ejemplificador de armas nucleares contra un país de la OTAN que no las tenga tras la culminación de una escalada en la que no habría funcionado la disuasión. Este es el lenguaje que emplean las grandes potencias.

La actualización de la doctrina nuclear rusa el 19 de noviembre de 2024 surgida al calor de la guerra en Ucrania no supone cambios significativos respecto al documento anterior, de junio de 2020; amplía los supuestos de empleo, pero no rebaja el umbral de uso. Su actualización se asocia a la necesidad de generar disuasión ante el anuncio de las potencias occidentales de levantar las restricciones que aplicaban a Ucrania en el empleo de misiles de largo alcance contra territorio ruso.

Sin embargo, el peligro de una guerra nuclear ha pasado porque en el Kremlin estiman que han recuperado la iniciativa estratégica en la guerra y no observan que la otra parte esté en condiciones de fortalecer sus acciones, sino todo lo contrario. Mientras la amenaza nuclear bloquea el poder de decisión de Occidente, consideran que su ventaja militar convencional sobre el terreno es el mayor activo para preparar una negociación favorable a sus intereses en Ucrania.

Pero, si no se impone la racionalidad, la guerra solo puede llevar más daño y destrucción y continuará la amenaza latente de que una gran potencia con armas nucleares no aceptará una derrota cuando están en juego sus intereses vitales. En el caso de Rusia es así porque se juega su propio territorio (históricamente consideran que es así).

Para el próximo futuro, se observa un alto grado de confrontación entre Rusia y el bloque occidental, que va más allá del resultado que tenga la guerra en Ucrania. El enfoque ruso es identificar aquellas áreas donde dispone de ventajas relativas respecto a sus adversarios y tratar de explotarlas al máximo y, donde se vea en desventaja, aplicará la contención a través de medidas asimétricas centradas en las vulnerabilidades del adversario. Entre esas acciones, la amenaza nuclear tendrá un papel destacado porque los dirigentes rusos saben que es un poderoso inhibidor de un enfrentamiento directo.

De este modo, en el continente euroasiático, su objetivo será contener las amenazas militares procedentes de la OTAN a través de un refuerzo de sus capacidades convencionales, guerra híbrida y disuasión nuclear, que incluirá acciones contra las infraestructuras de comunicaciones y energéticas. En el espacio postsoviético, continuará manteniendo una ventaja relativa que explotará de modo estratégico con múltiples herramientas de influencia. En el Ártico, tratará de ejercer su dominio con carácter exclusivo y excluyente invirtiendo grandes recursos en su control, lo que sin duda generará nuevos focos de crisis. Además, en el Pacífico, tratará de ejercer su papel de gran potencia para lo que refuerza sus capacidades militares, incluido su poderío nuclear, de cara al próximo enfrentamiento decisivo entre grandes potencias.

Dr. Luis V. Pérez Gil
Teniente Reservista Voluntario del Ejército de Tierra
Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

1Esta es la tesis de Waltz en *The Spread of nuclear weapons: A Debate Renewed*. Sin embargo, otros autores como Glenn Snyder (1961) señalan que, aunque esto es cierto, provocan una sensación de impunidad suficiente como para atreverse a guerras contra potencias no nucleares. Este sería, por ejemplo, el caso de Rusia contra Ucrania.
2Desde 2012, este ejercicio se ejecuta cada año en el mes de octubre como culminación del plan anual de adiestramiento, con dos excepciones significativas: en 2014 se adelantó a mayo en medio de las tensiones provocadas por la anexión rusa de Crimea y en 2021 se retrasó hasta el 19 de febrero de 2022, cinco días antes de la invasión de Ucrania. En todas las ediciones han participado todos los componentes de la triada nuclear estratégica y también en algunas ocasiones medios de la triada de vectores tácticos o de teatro.
3Aunque los dirigentes políticos se muestran extremadamente racionales cuando se enfrentan al dilema de las armas nucleares, no se puede excluir una interpretación errónea sobre la posición de la otra parte. En la Guerra Fría hubo episodios de este tipo, el más peligroso se produjo durante el ejercicio de la OTAN Able Archer‑83 en Europa.
4Es oportuno traer a colación el lema de las Fuerzas de Misiles Estratégicos rusas (RVSN en ruso): «Después de nosotros, el silencio».
5El 21 de enero de 2021, una declaración oficial de la administración estadounidense entrante anunció su intención de acordar una prórroga de cinco años debido a que estaba «manifiestamente en el interés de la seguridad nacional de Estados Unidos y tiene aún más sentido cuando la relación con Rusia es contradictoria». Cuatro días después, el gobierno ruso confirmó que se habían iniciado los contactos. El 26 de enero de 2021, los presidentes estadounidense y ruso acordaron durante su primera conversación telefónica la prórroga, que se formalizó mediante un mero canje de notas previsto en el propio tratado.
6Su misión fundamental es evitar la guerra entre grandes potencias, no la guerra en sí misma, y, de hecho, cuando lo consideran necesario, recurren al uso de la fuerza en diferentes grados para imponer su voluntad, que van desde la imposición de gobierno ilegítimos hasta la creación de Estados ficticios.
7El 21 de octubre de 2021, el presidente ruso, Vladimir Putin, habló en el foro de seguridad de Valdai sobre la absoluta necesidad de mantener el directorio mundial formado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que tiene atribuido el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Intervención disponible en: http://www.kremlin.ru/events/president/news/66975
8John Mearsheimer (2003) añade la capacidad de contragolpe nuclear para ser considerado como tal.
9Por denuncia del gobierno estadounidense, en 2002 se extinguió el tratado ABM; en 2019 el Tratado de Misiles de Alcance Intermedio (Tratado INF), que mantenía una prohibición absoluta para los sistemas de este tipo para las dos partes, y en 2020 el Tratado de Cielos Abiertos (Open Skies).
10China cuenta en la actualidad unas quinientas armas nucleares; es decir, once veces menos que Rusia y diez menos que Estados Unidos (Kristensenet al., 2024b).
12Para el texto completo del discurso, ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/70565 Se puede seguir en español en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=838HG7ijveU
13El artículo XIV apartado 3 del tratado Nuevo START habla específicamente de la retirada y establece el mecanismo para llevarla a cabo.
14.Desde la entrada en vigor del Nuevo START, los gobiernos de ambas potencias han publicado de forma regular datos numéricos sobre el estado de sus arsenales nucleares por aplicación de las cláusulas de información y transparencia. Hasta el 1 de marzo de 2023 se habían llevado a cabo 328 inspecciones presenciales, 25 311 notificaciones, 42 intercambios semestrales de datos sobre el estado de dichos arsenales y se habían realizado 19 reuniones de la Comisión Consultiva Bilateral. La guerra en Ucrania ha afectado a estas obligaciones.
15.El poder estadounidense mantuvo la paz en Europa durante setenta y siete años mediante la creación de mecanismos político-militares que impedían el estallido de una guerra a gran escala. Todo eso saltó por los aires el 24 de febrero de 2022 con la invasión rusa de Ucrania.
16.Para consultar el texto completo del discurso, ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/56957
17.El 20 de diciembre de 2018, el presidente Putin declaró: «No buscamos una ventaja en la carrera nuclear, buscamos mantener el equilibrio y garantizar nuestra propia seguridad» (para el texto, ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/59455).
18.Por su parte, Estados Unidos tenía 800 lanzadores, 659 de ellos operativos y un total de 1420 ojivas nucleares.
19.En concreto, las autoridades rusas repetían reclamaciones relacionadas con los silos de adiestramiento con base en tierra (cuatro en total), categoría que no aparece en el tratado, así como 41 bombarderos estratégicos B-52H y 56 SLBM Trident II, que no cumplían las condiciones para quedar fuera de contabilización.
20.Los datos están cotejados con otras fuentes especializadas.
21.El carácter absolutamente secreto de las características y potencia explosiva de las ojivas en servicio impide conocer datos reales en todos los casos y dificulta las valoraciones sobre capacidades, por lo que los análisis estadísticos tienden a ir a máximos y, por tanto, pueden generar resultados engañosos por exagerados. En este capítulo empleamos datos de potencia en el rango más bajo de los conocidos.
22.Está destinado a reemplazar al R-36M Voevoda, que entró en servicio en los años ochenta y que fue denominado SS‑18 Satan por la OTAN debido a su terrorífica capacidad destructiva. Actualmente quedan en servicio una treintena, cada uno armado con hasta diez ojivas nucleares de 500 y 800 kt.
23.El 21 de junio de 2023, el presidente Putin declaró que el Sarmat entraría en servicio en un futuro próximo y, el 1 de septiembre siguiente, el director de Roscosmos, Yuri Borisov, anunció que las RVSN habían puesto en servicio los primeros ICBM de este modelo. Estas declaraciones hay que entenderlas en el contexto de la guerra en Ucrania, tanto en clave interna de lucha por los recursos financieros cada vez más limitados como externa como parte de la estrategia permanente del Kremlin de amenaza nuclear.
24.El Ministerio de Defensa anunció que equiparán dos divisiones de misiles ubicadas muy en profundidad en el territorio ruso: la 13.ª División de Dombarovsky, provincia de Oremburgo, y la 62.ª División de Uzhur, territorio de Krasnoyarsk, donde se han observado trabajos de construcción de nuevos silos e instalaciones.
25.Significativamente, cuando entre en servicio el primer SSBN de la nueva clase Columbia, en torno a 2032, las Fuerzas Submarinas Estratégicas rusas contarán con doce submarinos estratégicos Borey operativos.
26.En el contexto de la guerra en Ucrania se están creando nuevas brigadas de misiles como unidades orgánicas de nuevos ejércitos constituidos en las Fuerzas Terrestres.
27.Como resultado de un acuerdo verbal de septiembre de 1991 entre los presidentes Reagan y Gorbachov, los submarinos nucleares de ataque y de misiles de crucero (SSN y SSGN) no cargan ojivas nucleares en sus patrullas en tiempo de paz. Dicho acuerdo no ha sido denunciado hasta ahora ni puesto en duda por ninguna de las dos partes, por lo que continúa su cumplimiento.
28.Decreto número 355/2020, de 2 de junio de 2020. Documento disponible en: http://www.kremlin.ru/acts/news/63447
29.Ibidem.
30.Un día después de publicarse el decreto presidencial, el 3 de junio de 2020, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, declaró que Rusia nunca usaría armas nucleares en primer lugar (Ver: https://www.armscontrol.org/act/2020-07/news/russia-releases-nuclear-deterrence-policy). Sin embargo, esa declaración no fue respaldada por ninguna autoridad política o militar del Estado ruso, por lo que carece de cualquier valor.
31.Durante la Guerra Fría, Herman Kahn propuso medidas para esto (en *Thinking about the Unthinkable*. Nueva York. Horizon Press, 1962). No obstante, las ingenuas teorías sobre la guerra nuclear limitada no tienen en cuenta que, una vez iniciado el intercambio nuclear, es imposible fijar un umbral de empleo máximo de las armas nucleares porque el oponente que se vea superado subirá al siguiente escalón y así sucesivamente.
32.Texto de la intervención disponible en: http://www.kremlin.ru/events/president/news/58848
33.La estrategia de seguridad nacional es el documento básico de planificación a largo plazo en el que se definen los intereses nacionales y los objetivos de política exterior y en el que se establecen las directrices políticas para garantizar la seguridad nacional y el desarrollo del país.
34.La propaganda oficial rusa acusa constantemente a Estados Unidos y a otros países occidentales de fomentar campañas antirrusas, tanto dentro como fuera de Rusia.
36.Véase el debate que plantea Frías Sánchez en el capítulo anterior sobre la existencia de un tabú en el empleo de las armas nucleares.
37.El decreto número 991/2024, de 19 de noviembre de 2024, está disponible en: http://www.kremlin.ru/acts/news/75598
38.Son los mismos fundamentos que sostienen la doctrina de suficiencia estratégica de Francia, la cuarta potencia nuclear del mundo, al menos por número de ojivas nucleares.
39.El texto de su intervención está disponible en: http://www.kremlin.ru/events/president/news/75887
42.Es exactamente la situación contraria a lo que ocurrió durante la Guerra Fría, cuando las fuerzas soviéticas disponían de una capacidad convencional numéricamente abrumadora y su estrategia contemplaba el uso generalizado de armamento nuclear de teatro para ganar una guerra contra la OTAN (Frías Sánchez, 2020).
43.Durante los últimos cuatro siglos, Rusia ha sufrido cinco invasiones desde Occidente con un balance de decenas de millones de bajas, la más cruenta de todas fue la Segunda Guerra Mundial.
44.El reconocimiento de esta circunstancia se puede encontrar en unas declaraciones del presidente Putin durante su comparecencia en la línea directa con los ciudadanos el 19 de diciembre de 2024. Ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/75909
45.El contenido de estos documentos está disponible en: https://mid.ru/en/foreign_policy/news/1790809/
46.Ante el órdago lanzado por el Kremlin, se iniciaron consultas en el lado occidental, que se resolvieron rápidamente al rechazar la idea de crear nuevas áreas de influencia. No obstante, se convocaron negociaciones directas con representantes rusos: el 3 de enero de 2022 una reunión en el marco de las conversaciones sobre desarme en Viena, el 10 de enero una reunión ruso‑estadounidense en Ginebra, el 12 de enero reunión del Consejo OTAN‑Rusia en Bruselas y el 13 de enero reuniones de Rusia y Estados Unidos y los países europeos parte de la OSCE en Viena.
47.La declaración fue publicada íntegramente en los sitios oficiales de los presidentes de las grandes potencias. Para el caso ruso, ver: http://en.kremlin.ru/events/president/news/67551 (en inglés) y para el de Estados Unidos, ver: https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2022/01/03/p5-statement-on-preventing-nuclear-war-and-avoiding-arms-races/
48.La situación de seguridad en la frontera de Ucrania y en el Dombás comenzó a empeorar a finales de octubre de 2021, precisamente cuando Estados Unidos estaba ejecutando su propio ejercicio de guerra nuclear, denominado Thunder, que concluyó el 28 de octubre. Mientras tanto, las fuerzas rusas continuaban acumulando poderosos medios convencionales cerca de Ucrania. Es probable que el Kremlin decidiera, en esas circunstancias, esperar y evitar enviar un mensaje que pudiera ser interpretado erróneamente por Occidente.
50.El discurso de Putin estuvo dirigido a justificar la anexión de esos territorios, tanto desde un punto de vista histórico como desde la legitimidad de dicha medida, que no tiene justificación desde el derecho internacional. Para el texto, ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/69465
52.La Unión Soviética realizó su última prueba en 1990 y Estados Unidos en 1992. Desde entonces, se han adherido a moratorias unilaterales que se mantienen hasta la fecha de redacción de este capítulo. En febrero de 2023, Putin emitió órdenes para que las Fuerzas Armadas estuvieran preparadas para reanudar pruebas nucleares en cualquier momento y, en noviembre de 2023, firmó la ley que autorizó la retirada rusa del CTBT (Diaz-Maurin, 2024; Podvig, 2024a).
53.Para el contenido completo del discurso, ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/73585
55.Desde un mes y medio antes, las fuerzas nucleares rusas activaron una decena de ejercicios en los que participaron unidades de misiles, bombarderos y buques con misiles de crucero de largo alcance Kalibr con capacidad nuclear.
58.Los objetivos estratégicos rusos son flexibles y se adaptan rápidamente a las circunstancias político‑militares de cada momento y básicamente son debilitar a Ucrania para que no represente una amenaza a largo plazo, frenar la expansión de la OTAN e imponer un espacio de seguridad propio.
59.Se estima como fecha límite de baja de los sistemas estratégicos que están actualmente en desarrollo y que entrarán en servicio a lo largo de la próximo década.
60.Este mecanismo se acordó al final de la Guerra Fría y no ha sido suspendido por ninguna de las partes, a pesar de la creciente pérdida de confianza entre ambas.
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