IEEE. Mundos a caballo. Irán como pivote geopolítico

Imperio Persa

02 jul 2025

IEEE. Mundos a caballo. Irán como pivote geopolítico

Federico Aznar Fernández-Montesinos. Analista del IEEE (CESEDEN)

La palabra Irán significa en farsi «país de los arios.» Esta denominación sustituyó en 1935 a la milenaria denominación de Persia. El nuevo nombre refería también un ánimo de modernización y hasta de refundación. Con ello, simultáneamente, se venía a expresar una singularidad y una demanda de pureza. Estamos ante un país bellísimo, una cultura milenaria e imprescindible, y eso aunque esté de permanente actualidad. Y es que su conducta es objeto de especial preocupación desde 1979, el año en que Oriente Medio y Asia Central se incendiaron juntos.

Afirma un dicho que, "el islam no conquistó a Persia, sino que Persia conquistó al islam". Y es que en Irán se dio una indoeuropeización y des-semitización de esa religión, que se enriqueció culturalmente, dándole solidez y dotándole de rasgos definitorios propios. No en vano, el Imperio persa, es uno de los grandes imperios del mundo antiguo (las dinastías de Elam son del 2800 a. C) cuando abarcaba todo el espacio comprendido entre China y el Imperio bizantino, su gran rival histórico. De hecho,  llegó a incluir, en algún momento, parte de Libia, Bulgaria o de Pakistán.

La persa, es ante todo y por la región que abarca una cultura significada por no árabe y no sunita. Pero es que, además, trasciende lo étnico y lo religioso. Es un nacionalismo que se sirve del lenguaje simbólico del shiismo y de sus mitos.

Nación de contrastes y paradojas, Irán es una sociedad joven, pujante, culta, hospitalaria y en transformación1, a la que se adivina próxima a eclosionar. Quienes la conocen aprecian singulares paralelismos con nuestro país. Es contradictorio hasta lo esquizoide. La pretendida Revolución se anquilosó hace ya demasiado tiempo y una densa sociedad civil trata de escapar de sus rigideces colándose por los agujeros del sistema y adquiriendo, como consecuencia, formas anómalas y sorprendentes.

En el ámbito internacional, ahí está la inquietud que suscita su pasado -y presente- revolucionario y perturbador; su eventual liderazgo en la región; su rivalidad geopolítica con Arabia Saudí; su oposición al Estado de Israel con la que trata de hacerse con la representación del mundo islámico y eso pese a no ser árabe y al carácter minoritario con que cuenta el shiismo; su apoyo a grupos de milicias como Hezbolá, Yihad Islámica y Hamas; su papel en la guerra Siria, donde contaba con entre 70 y 80 mil efectivos nutridos probablemente por contingentes de refugiados afganos y paquistaníes; y eso sin incluir las fuerzas de Hezbolá, tan implicadas que son nada menos que un tercio han caído en combate en Siria.

Precisamente, el colapsó de Hezbolá por el ataque israelí al Líbano junto a la debilidad rusa, explican la caída del presidente Ásad. Sus interferencias y juegos geopolíticos en Afganistán y los países de Asia Central; su rol en Irak; la polémica suscitada por el enriquecimiento de uranio y el ataque de israelíes y norteamericanos; su apuesta por la expansión del shiismo en países sunitas; su presencia en Iberoamérica y África así como en cualquier alianza antioccidental; la instrumentación desestabilizadora del llamado arco shií ...

Con todo, Irán es uno de los países más sólidos de la región. La raíz del problema está en que es prisionero de la retórica de una Revolución que se produjo hace cerca de 50 años ya y que trata de retener una sociedad que ha cambiado y quiere mutar sus estructuras. Y ese cambio acabará por producirse. Los signos en ese sentido no son pocos; la mutación mejor que sea pilotada desde dentro para que sea ordenada. Esto, a veces, hace hasta olvidar que antes de la Revolución, Irán era el guardián de los intereses de Occidente en la región.

Muchas son las noticias y análisis de los sucesos pasados y presentes y de sus políticas. Puede hablarse incluso de un ánimo intoxicador. Y es que algunos estudios se sitúan, para quienes conocen de primera mano su realidad, entre lo ditirámbico y lo apocalíptico. Así se presenta a los líderes iraníes como individuos irracionales cuyo celo religioso es capaz de llevarlos a destruirse a sí mismos y a los demás.

La cuestión es, otra vez, que no hay actores irracionales sino sujetos dotados de su propia racionalidad e intereses Y en el gobierno iraní, han predominado como herencia del usulismo, la rama del shiismo mayoritaria en el país, los académicos, los doctores que, en general, no suelen serlo, creo yo. En cualquier caso, sus hechos primero y su retórica después, les han alejado de la comunidad internacional.

La geografía explica no pocas cuestiones; en ella está escrito el destino de los Estados. Y el país ocupa un espacio atravesado por distintas líneas de fractura - religiosas, étnicas, lingüísticas, culturales - ha sido frontera - hasta la creación del Estado tapón de Afganistán en el contexto del Gran Juego - de los imperios indio, otomano, ruso y chino.

Irán, como el dios Jano, mira a un lado y otro; y lo hace entre conflictos. Su concurrencia es necesaria, más aún, imprescindible, para su resolución.

A fin de cuentas, es lugar de paso hacia Oriente Próximo, el Caspio, el Cáucaso y Asia Central. Como consecuencia cuenta con 17 fronteras terrestres y marítimas. Es el Estado mejor situado para dominar Oriente Medio y, junto con Rusia, para monopolizar las rutas entre el Gran Oriente y el Gran Occidente. Y tiene, además, un peso demográfico suficiente.

Estas circunstancias lo convierten en objeto de atención internacional, una suerte de falla a caballo entre varios mundos, que hizo que Brzezinski la identificara como uno de los cinco pivotes geopolíticos de Eurasia, una encrucijada estratégica. Y no es sólo una falla geopolítica sino también geológica. De hecho, periódicamente, se suceden movimientos telúricos como el que, en 2003, arrasó la ciudad histórica de Bam.

Claves de la situación
El país

Irán es un vasto territorio, 1.698.195 km2, esto es, algo más de tres veces el tamaño de España. Contaba en 2024 con 87 millones de habitantes, sobre el 1% de la población mundial. Su PIB ese año fue de 370.921 millones de euros (41 del mundo) mientras alberga en su territorio las segundas reservas probadas de petróleo y gas; pero su inflación ha sido del 31,7% también en 2024 (con picos interanuales de hasta el 51,3%). El Índice de Desarrollo Humano le situaba entonces en el puesto 76 de 196.

Su ineficiente sistema económico es próximo a la economía centralizada. De hecho, el Estado es omnipresente, controla entre el 67 y el 88% del PIB2. Además, entre el 80 y el 85% de los ingresos por exportaciones y el 70% de los ingresos del Estado dependían del petróleo, lo que da origen a una economía rentista;3 y a un crecimiento tildado de empobrecedor ya que, sin llegar a generar el conocido como “mal holandés4”, ha sido fuente de múltiples desequilibrios al promover una cultura de la subvención y desincentivar la innovación. No obstante, pugna por investigar y no renuncia a disponer de una tecnología propia. Esto es una expresión más de su nacionalismo.

Su sistema bancario es débil con falta de oferta de crédito. Esta ha sido suplida por “chiringuitos financieros” que ha elevado astronómicamente el precio del dinero, y eso aun considerando su disparatada inflación.5 También es poco eficiente en la gestión de los fondos públicos, hecho este acentuado por una gran corrupción (ocupa el lugar 99 a nivel mundial) Todo ello se combina con un desigual reparto de la riqueza del petróleo que sitúa a más del 18,7% de la población por debajo del límite de la pobreza6.

Su talón de Aquiles es así su economía. La renta del país es acaparada por una minoría. El 10% de la población con más altos ingresos dispone del 29,6% de los totales, mientras el 10% de los más pobres, solo cuenta con el 2.6%. A esto se suman importantes paradojas estructurales. Así, adolece de Seguridad Alimentaria pues la economía es deficitaria en alimentos (30%); y hasta debe importar la gasolina que consumía por falta de capacidad de refino, razón por la que la mayoría de sus vehículos funcionan con gas.

La sociedad iraní

En el ámbito religioso el país es mayoritariamente shií; de este credo7 es el 89% de la población, otro 10% son sunitas y el 1% profesa otras religiones. Merece reseñarse que el colectivo baha´i, religión surgida en Irán, ha sufrido una severísima persecución.

Por su pasado imperial, es étnicamente diverso: persas 51%, azerí 24%, gilakis 8%, kurdos 7%, árabes 3%, luries 2%, baluchis 2%, turkmenos.8 Además, existen múltiples lenguas, de la cual el farsi es la más importante, siendo la lengua materna de, al menos, la mitad de los iraníes. Una sociedad con esta composición no puede ser monolítica.

Esto genera no pocos problemas. Así, existe un terrorismo kurdo que coopera con baluchis y otras minorías. Pero el PJAK, que así se denomina la organización que pretende representar a 7 millones de kurdos iranies, cuenta con bases operativas en Irak. Baluchis y kurdos son grupos suníes y la diferencia, además de étnica y regional, está en que el PJAK y PKK (ahora en disolución) se apoyaban sobre raíces socialistas.9

En fin, la sociedad iraní es una sociedad joven. Su población se ha duplicado desde la Revolución que puso fin a las prácticas de control de natalidad del régimen del sah, si bien ahora su tasa de fecundidad se sitúa 1,7 hijos por mujer, lo que refiere un nuevo cambio social; y la mayoría de su población no conoció los tiempos de la Revolución. Pero es una sociedad pujante y culta ya que la educación se ha mostrado como una prioridad real del Estado para hombres y mujeres. No es una sociedad uniforme pues sus numerosas razas y lenguas la hacen necesariamente diversa; ni tampoco estática. De hecho, ha experimentado notables cambios; por ejemplo, desde 1979 hasta 2014 la población urbana ha crecido del 40 al 69%, lo que, a su vez, trajo consigo su proletarización.

Es tan contradictoria como el propio país. Una sociedad que, pese a parecer cerrada, hace del persa una de las lenguas principales de Internet. Además, tiene el problema de emigración de los mejor preparados lo que, a su precio, garantiza la conexión con el exterior. El turismo es una industria aún incipiente y con efectos internos pues supone la apertura del país.

Merece reseñarse, más allá de las frecuentes manifestaciones de entusiasmo organizado, la existencia de una brecha cada vez más grande entre lo oficial y lo real, entre la norma y su práctica. La tensión de una gente hastiada porque se les imponen cargas, no se les ofrezcan soluciones y la economía sufre de recurrentes crisis.

Y es que si en apariencia la sociedad cumple con las normas, los hechos no son acordes. Sí, llama la atención la incorporación de la mujer al mercado laboral -paradójicamente de la mano del velo o pañuelo-, en contraste con los países sunitas y pese al papel secundario al que, en principio, parecía estar relegada, por ejemplo, el 65% de los profesores y estudiantes son mujeres.

Tal cosa junto a un cambio en sus patrones de vida: retraso en la edad del matrimonio, abrupta reducción del número de hijos, incremento del número de mujeres voluntariamente solteras, la normalidad de la cirugía estética o la presencia de entre 2 y 3 millones de drogadictos10. Así, la muerte bajo custodia de Mahsa (Zhina) Amini -detenida por no llevar el tradicional pañuelo- a manos de la “policía de la moral” iraní en 2022 desencadenó fuertes disturbios. En este sentido, una encuesta de 2023 estimaba que un 81% de los iraníes apostaba por transformaciones fundamentales en el régimen.

Todo lo anterior lleva a concluir que se ha producido una pérdida del sentido de la religiosidad como, paradójicamente, acreditan las campañas del gobierno para adecuar las conductas personales a su receta moral.

En fin, la visibilidad plástica de la Revolución hizo que la propuesta de islamizar la modernidad fuera sentida como una realidad practicable, haciendo que lo islámico se convirtiera en iraní y dotando al país de una vocación transnacional. Y es que al dar al islam una dimensión revolucionaria se evitaba que se le considerarse un factor de atraso al tiempo que Occidente y sus valores dejaban de equipararse a la modernización.11

Pero la Revolución, al tratar de perpetuarse e institucionalizarse, se ha anquilosado. La incorporación a la realidad (comunidad internacional) es el Termidor de todo proceso revolucionario, su banalización como propugna Oliver Roy.

El sistema institucional.

Ciertamente la imagen del país no es la de una democracia al uso. Los rostros de los líderes religioso-políticos inundan las calles, mientras las televisiones están copadas por clérigos; y eso cuando, desde la sociedad, parecen demandarse menos corsés sacros y más y mejores soluciones a los problemas mundanos. La confrontación social por el uso de velo islámico y los disturbios derivados lo corroboran.

El éxito de la Revolución se debió a la impronta personal y grandes habilidades políticas del Ayatolá Jomeini, pero también a que, con todo, se mantenían intactas las estructuras tradicionales de poder; estas se mostraron capaces de desafiar a la occidentalización e hicieron caer un Estado fuertemente armado prácticamente sin lucha.12

El enfrentamiento con los Estados Unidos y la guerra con Irak sirvieron para apuntalar un régimen que, como Saturno con sus hijos, fue capaz de desembarazarse de quienes lo hicieron posible; así, los líderes del partido Comunista, el Tudeh, fueron ajusticiados en 1980 en la denominada Revolución Cultural. Las consignas del nuevo régimen -“Independencia, libertad y República Islámica” o “ni Este, ni Oeste; República Islámica”- delataban la voluntad de crear una nueva opción política para los países musulmanes.

La Revolución convirtió a Irán en la porción liberada de la Umma,13 en un faro que iluminaba al resto de los países hermanos sunitas. Y el resurgir de los valores religiosos se identificaba ampliamente con el sentimiento nacional. El resultado es que lo islámico se convirtió en iraní y dotó a la Revolución de una nueva identidad14 produciéndose una mezcla y hasta un liderazgo de categorías en principio incompatibles.15

El sistema político iraní surgió de la visión que el Ayatolá Jomeini plasmara en Velayat e-faqhi [El guardián jurisconsulto], una suerte de teología política que acerca lo político a lo espiritual estableciendo un modelo cultural y adaptado de democracia -la democracia islámica- en la que deja abierto como político lo que no es objeto de regulación religiosa, constituyéndose así en un faro para el resto del mundo islámico, en una referencia.16 Para lograrlo creó un sistema de balances y contrapesos que favoreciera el consenso interno y evitaba teóricamente cualquier autoritarismo personalista permitiendo un filtrado de las propuestas y líderes políticos para asegurar su concordancia con los valores islámicos.17

Se tilda al sistema de “democracia imposible18.”La razón es que no pueden debatirse todas las ideas, sino solo las que se autorizan tras una criba religiosa hecha desde el poder. Esto genera un déficit de legitimidad y afecta a la calidad del sistema democrático, máxime sí se considera que quienes han sido elegidos democráticamente quedan bajo la autoridad de quienes no lo han sido.

Así, se da pie a un control político-clerical del régimen que impide la entrada de elementos periféricos y, con ello, se dificulta su regeneración. No obstante, a la contra y en un malabarismo más, si por un lado inserta la religión en la política, también se seculariza lo religioso para finalizar anteponiendo los intereses del Estado a través de órganos como el Consejo de Discernimiento de la Razón de Estado: el jurista en el poder puede hacer caso omiso de la Sharía en nombre de la realidad. Paradójicamente, al final, los clérigos quedan insertos en la estructura del Estado y hasta sometidos a su razón.19

Y, por si fuera poco todo lo anterior, la neutralidad institucional del Estado se ha visto reiteradamente alterada mediante el falseamiento sistemático de los resultados electorales. Esto, ya en 2009, provocó una “marea verde” presentada en el contexto de las primaveras árabes. Aunque, también es cierto que es el país musulmán con mayor continuidad en la celebración de procesos electorales, por más que haya habido protestas recurrentes y acusaciones reiteradas de fraude masivo. No obstante, si antes estaba manifiestamente por delante de los países islámicos en democracia, ahora ya no. Además, han aparecido otras propuestas hechas desde el islam político, como la que presenta el AKP turco.

Como resumen, en lo que a estructura se refiere, prima lo religioso -en último término a través de un Guía Supremo que dispone de poderes efectivos (como el mando supremo de las Fuerzas Armadas) y es el encargado de delinear las líneas maestras de la política al tiempo que inserta a los clérigos en la estructura del Estado20- pero, también lo somete a su razón de modo que el conjunto acaba por desembocar en una política pragmática. Esta primacía se da en el marco de un juego de contrapesos institucionales con los que se pretende promover la cultura del consenso interno de la elite político-clerical para evitar cualquier sombra de absolutismo personalista.21

Y es que el sistema político es, en la práctica, un conjunto de equilibrios entre diferentes factores y sectores en el poder, lo que da al presidente una autoridad limitada. Además, debe considerarse que ser clérigo no implica ser irracional ni dejar de ser pragmático. De hecho, los gobiernos iraníes, y muy en particular los que detentaran Rouhani o Masoud Pezeshkian, se han caracterizado, como se ha dicho, por el gran peso académico de sus miembros, la mayoría con estudios de posgrado realizados en el extranjero.

Otra cuestión estriba en que las líneas de demarcación de los partidos políticos no coinciden con las de sus homólogos occidentales y trascienden la dicotomía derecha izquierda, componiendo un mosaico plural y diverso. No se puede presentar la realidad política iraní en blanco y negro, en base a solo dos grandes tendencias, la oficial y la oposición, ignorando la compleja heterogeneidad existente en los campos ideológico y político. Como comentara, describiendo a su familia, un activista local:

“Mi padre es clérigo, pero no cree en la teocracia. Uno de mis hermanos es un veterano herido de la guerra Irán-Irak, mi otro hermano es miembro del Basij [milicias] y yo soy marxista ... El día en que los oficiales llegaron a arrestarme, creyeron que habían ido a la dirección equivocada, ya que en la pared había una foto de Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá del Líbano, así como una fotografía del ayatolá Jamenei. Una foto de Ahmadineyad había estado hasta hace poco allí, pero mi hermano la rompió en pedazos cuando Ahmadineyad no besó la mano de Jamenei durante la ceremonia de su toma de posesión presidencial en 2009” (Citado en Rekondo, 2012).

El régimen iraní tampoco es monolítico. De hecho el poder está atomizado. Radicales y reformistas controlan diferentes sectores del poder, dando origen a políticas evolutivas y en arabesco. En la configuración de estas intervienen múltiples facciones, organizaciones y personalidades, cada una de ellas con sus intereses concretos. Estas organizaciones y redes están controladas a su vez por personas  ligadas entre sí y con otros miembros de la élite político-clerical-militar por lazos familiares, económicos, regionales y políticos, lo que hace aún más complicado desenmarañar la telaraña de relaciones que mantiene en funcionamiento al sistema político22. Tan es así que algunos autores hablan de una «república oligárquica», una mesocracia que no responde a los estándares occidentales. Se encuentra asentada sobre el clientelismo y dominada por el reparto de las rentas del petróleo.

Beneficiarias de los dividendos del petróleo, además, de la guardia revolucionaria están las milicias paramilitares Basij una fuerza capaz de movilizar varios cientos de miles de hombres (hay quien habla de 10 millones), el proletariado de la urbanización, la fuerza moral del régimen; o, las fundaciones revolucionarias que controlan en torno a un 25% del PIB y no pagan impuestos.23

Los cuatro pilares ideológicos de la República islámica son: el carácter inseparable de religión y política, la recuperación del islam, una revolución cultural y la creación del hombre islámico.24 Todas ellas suponen una apuesta por la educación.

Factores histórico-culturales

Irán, la antigua Persia, es una estructura política milenaria que se remonta a los primeros imperios hídricos, a los Aqueménides con el hito de Ciro II que logro su expansión a territorios africanos y europeos. Aún pueden verse cerca de Persépolis los esqueletos de las tiendas montados por el Sah Reza Phalevi en 1971 con ocasión del 2500 aniversario de la fundación del imperio, cuya legitimidad recababa.


Imagen. Imperio persa.
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La expansión árabe ocupó el vacío geopolítico dejado por los imperios persa (634 D.C) y bizantino, pero, con la fragmentación del califato, las dinastías persas se reactivaron nuevamente. El farsi se consolidó definitivamente como lengua en el siglo IX, coincidiendo con la recuperación de Afganistán para los persas. En 1221 se produjo la invasión mongol. Y en 1501 se declaró el shiismo como religión de Estado, lo que les alejó paradójicamente de algunos elementos periféricos iranizados pero suníes.

En el siglo XVIII Ahmad Sha Durrani subyugó buena parte Irán convirtiéndose en el fundador del Afganistán moderno. Sus dominios se extendieron por el noreste de Irán, Afganistán, el Sur de Asia Central hasta la India, convirtiendo Herat en uno de los principales centros de poder. Pero sus sucesores fueron incapaces de mantenerlo, viéndose este reducido a principios del XIX a Kabul y sus alrededores. Mohammad Sha reivindicó entonces la pertenencia de Herat a Irán, entrando en la ciudad en 1837. Pero sus intentos por controlar esta fracasaron por intervención de rusos y británicos. Afganistán quedó así bajo la influencia británica como un colchón frente a los rusos.

Durante el siglo XIX, la antigua Persia fue un Estado muy débil y atrasado que no se sumó a la Revolución Industrial y de los Transportes; por su relevancia geopolítica, no pudo evitar ser incorporada al Gran Juego y sufrió, impotente, sucesivas amputaciones territoriales en beneficio de Rusia, su actual socio estratégico, mientras las potencias occidentales se disputaban la tutela de sus intereses aún en el contexto de las dos guerras mundiales.

No obstante, fue capaz mantener la independencia, al igual que hizo Turquía. La diferencia con este país es que no se produjo la proclamación de la República tras la Primera Guerra Mundial y la cuestión de las relaciones islam-Estado no quedaron resueltas – Atatürk depuso al último califa en 1924-, siendo además el shiismo de tradición usulí, que es el que impera en Irán, más estructurado y jerarquizado, y por ende, más fuerte políticamente de lo que lo es un islam sunita, de facto, desvertebrado. Sus gobernantes civiles, además, adolecían del plus de legitimidad heroica de Atatürk y no sufrieron tampoco la frustración derivada de una derrota militar, que facilitaron sus reformas políticas y religiosas, entre otras, el fin de califato25.

En 1921, tras un golpe militar, la dinastía Qajar fue sustituida por la dinastía Pahlevi. El derrocamiento del primer ministro Mosadeq en 1953 por la nacionalización de la petrolera Anglo Iranian Company efectuada por las potencias occidentales y la subsiguiente restitución de los poderes del Sah, se encuentran entre las razones de la Revolución de 1979 y determinó un poderoso rencor nacionalista hacia los EE. UU. Por ello, la exitosa occidentalización que, a partir de 1963, el sah emprendiera con el nombre de 'Revolución Blanca', fue identificada como un proceso tutelado por intereses norteamericanos, ejecutado por un régimen dictatorial y corrupto en beneficio de extranjeros y las minorías ya privilegiadas que gobernaban el país.

Las estructuras tradicionales de poder clerical, que se habían preservado y tenían fuentes de recursos independientes del poder político, reaccionaron provocando la caída de un régimen fuertemente armado prácticamente sin víctimas.26 La guerra con Irak, que causó un millón y medio de muertos, sirvió para la consolidación del nuevo régimen por más que dejara al país sumido en el caos y muy deteriorado.27

En cualquier caso, el peso de la Historia ha hecho que el área de expansión cultural se extienda al conjunto de la región. Afganistán y Paquistán son vistos desde Teherán como Estados artificiales. De hecho buena parte de Afganistán e Irán han compartido espacio político hasta 1857. Este substrato común, como se verá, condiciona poderosamente la acción iraní en Afganistán y permite un mejor entendimiento de la interacción entre ambas naciones.

Referir que la definición de Paquistán y Afganistán obedece a claves diferentes. Al norte de la Línea Durand la respuesta fue la afiliación étnica toda vez que Afganistán es, en la práctica, un proyecto nacional del pueblo pastún. Contrariamente, al sur, la réplica fue la religión. La razón de ser y existir de Pakistán es el islam -la conceptualización del Estado Islámico de la que es prototipo es de Mawdudi- y su contraposición a la India. De hecho, Pakistán se encuentra asediado por conflictos como el dado entre militares y partidarios de Imran Khan, la insurgencia en Baluchistán y el cambio climático. Y Afganistán por su parte ha dado recurrentes señales de conflicto interno28.

En fin, aparte del artístico, el principal legado persa es lingüístico. El darí (un dialecto del farsi), por ejemplo, constituye el idioma primario del 60% de la población afgana, con una importante implantación en las provincias occidentales y noroccidentales. El persa era la lengua de Corte en Afganistán y la que usaban los otomanos para la diplomacia. Y fue el idioma oficial de India hasta 1835, siendo el segundo idioma del país y el preferido como lingua franca por sus élites.

Como resultado se puede aun viajar desde Bagdad hasta Dhaka usando el persa. Idiomas como el darí afgano, el tayiko de Tayikistán y Afganistán, el urdu de Pakistán y el bengalí de India y Bangladés son, o bien variantes del persa o idiomas con fuerte influencia pérsica. A modo de ejemplo, el sufijo "-istán", que significa "lugar" y que sirve de gentilicio para muchos países, es de origen persa.

La idea del “Gran Irán,” al menos en su sentido cultural, se encuentra muy extendida lo que genera sentimientos irrendentistas y presenta al país como víctima de engaño de la Historia, haciendo incluso que Herat, en determinados foros, sea presentada como una provincia iraní. Pero Irán manifiesta no tener vocaciones irredentistas. No hay anhelos de expansión territorial, aunque, de vez en cuando, surjan esporádicas reclamaciones sobre Bahréin, recordando que fue una provincia de la antigua Persia; y mantiene en su poder tres islas de los Emiratos Árabes Unidos ocupadas desde los tiempos del sah. Irán, se presenta, así y en este entorno, como un «poder suave» constructivo y componedor en el ámbito de su esfera cultural.

Los baluchis son una minoría sunita que residen principalmente en el Sureste de Irán y a ambos lados de las fronteras de Pakistán y Afganistán. Son la mayoría étnica de la provincia Sistán va Baluchistán (unos 600.000 a mediados de los ochenta). Hablan el indo-iraní, diferente del persa y más parecido al pastún y son mayoritariamente suníes. Estas diferencias étnico-religiosas han sido un foco de tensión y se ha acusado a Irán de persecución. En Pakistán se cobija, como se ha dicho, el grupo terrorista Jondollah que opera en la zona; pretende la reunificación con sus hermanos paquistaníes y afganos para la formación del llamado «Gran Beluchistán».

Azerbaiyán, país caucásico y shií del espacio post soviético, que formaba parte de su imperio persa hasta ser incorporado en el siglo XIX al ruso, cuenta con una conciencia más laica que sus vecinos del Sur, que incluye en su vida política a partidos proturcos y proiraníes. Es preciso destacar que en Irán viven 26 millones de azeríes, tres veces más que en Azerbaiyán. Como viva expresión del pragmatismo de su política exterior, referir que, en el conflicto de Nagorno Karabaj, Irán apoyó a la cristiana Armenia enfrentándose con Turquía.

Irán también se encuentra muy presente en Asia Central por razones históricas, culturales y económicas; y no sólo en Tayikistán. Y es que los tayikos son uno de los grupos étnicos más numerosos en Afganistán; son culturalmente persas, en su mayoría suníes, y representan el 27% de la población. Esta etnia posee un mejor nivel cultural y un papel eminente en la administración y el clero.

El tercer grupo étnico en importancia de Afganistán está constituido por los hazara, de origen probablemente mongol pero de religión shií. Este grupo supone en torno a 2,5 millones afganos, en torno a un 9% de la población. Su idioma, el hazaragi guarda una gran similitud con el persa. Fuera de su tradicional área de asentamiento en la región montañosa central del país (Hazarajat), existe una importante población de etnia hazara en la zona occidental de Afganistán, especialmente en la provincia de Herat (10 %) que es la más poblada e influenciada por la cultura iraní. También existen poblaciones significativas en las provincias de Ghowr (39 %) y de Farah (5 %).29 Como consecuencia el número de shiitas es importante en comparación con otras zonas del país. A ello habría que sumar la fuerte implantación en la región (particularmente en Herat) de la etnia tayika cuyo idioma predominante es el darí y entre la cual existen fuertes minorías de orientación religiosa shiita (como los farsiwan o los quizilbash).30

Aspectos conflictivos
La Política exterior de Irán

La política exterior de un país es el resultado del desarrollo de su política interior. Existe continuidad entre una y otra; y las claves son propias. En el caso de Irán, no es constante sino evolutiva. Podíamos definirla como una política en arabesco, fruto de la naturaleza contradictoria de las fuerzas que la determinan.

La política exterior iraní tendría tres niveles decisorios: los decisores formales, los informales y las influencias. Así, buscando consensos, incorpora múltiples centros de poder: la oficina del líder supremo, el Parlamento, la Presidencia, los Guardianes de la Revolución, el estamento religioso, pero también organizaciones y consejos nuevamente formales e informales como los bazaríes.31 De ahí sus múltiples incongruencias, pero también su pragmatismo y su control consensuado.

Su política exterior desde 1979 podría calificarse de dual en el sentido de que ha tratado de exportar la Revolución y, a la vez, atender a sus intereses nacionales,32 primando unos u otros más o menos según la fase considerada, aunque sus anhelos revolucionarios han ido desapareciendo -hasta quedar como una pátina legitimadora- para regirse por intereses. Tiene así las dimensiones de su pasado: imperial, religioso y revolucionario.33;

Las decisiones adoptadas según esta lógica, aunque sólidas por consensuadas, tienen un aspecto caótico. Siempre han sido un equilibrio entre la situación regional e internacional y la interna. Un equilibrio sometido a fluctuaciones y generador de incertidumbres pero que ha sabido mantener una cierta coherencia en la acción exterior.34 Su análisis abarca un amplio abanico: global, regional y el referido a su entorno cultural.

Cabe dividir la política exterior iraní en cuatro fases; una primera de exportación de la Revolución que abarcaría el período de 1979 a 1989; en este, la política exterior contaba con un trasfondo expansionista y activista. Abandonar tal postura era perder la impronta revolucionaria y, con ello, la legitimidad.

La segunda, sería el Termidor del movimiento revolucionario con su incorporación al sistema internacional de la mano de los presidentes Rafsanjani, primero, y Jatami, después, y que alcanzaría hasta 2005, en que el ascenso de Ahmadineyad marcaría una nueva retórica de confrontación, la tercera. Esta se convirtió en una síntesis entre lo convencional y lo revolucionario.

La vuelta de la moderación con Rouhani en 2013, un conservador que recibió en última instancia el apoyo de los reformistas, la cuarta, parecía querer la definitiva inserción de Irán en la comunidad internacional y con ello una nueva moderación, con sus contradicciones pero no ha sabido escapar de las dinámicas impuestas por la cuestión nuclear ni de la guerra de Gaza. Reseñar la probada la participación, no tan lejana, del régimen en actos terroristas.

En esta lógica cabe el acuerdo con el grupo G5+1, con independencia del cambio de postura de la primera administración Trump y el retorno parcial al consenso de la Administración Baiden. La elección de Raisi en 2021 – que hasta se posicionaba de este modo como sucesor de Jatami -profundizaba en dicha línea al anunciar su intención de reducir tensiones con los vecinos. El acuerdo con Arabia Saudí es su más meritorio logro hasta su muerte en 2024.

En términos globales existen tres aspectos de la política exterior de Irán que precisan de un detenido e ineludible análisis, a saber; la política hacia los países de su entorno, el desafío a Occidente y la cuestión nuclear. La conjunción de ellos refiere el lugar que pretende ocupar el país en el mundo, en el islam y en la región. La cuestión inherente a toda su acción exterior y clave para entender estos aspectos: el reconocimiento de Irán como la gran potencia regional de Oriente Medio.

La rivalidad con Occidente

Las relaciones de EE. UU. con Irán se intensificaron en la segunda mitad del siglo XX, tras la salida de los británicos al nacionalizarse la Anglo Iranian Oil Company. Como ya se ha señalado, en 1953 auspició un golpe de Estado contra el presidente Mossadegh que dio paso a una relación estratégica que, durante 29 años, convirtió a Irán en el gendarme de Occidente, pero también hirió al nacionalismo iraní.

Por eso los problemas con Irán se adentran en lo emocional, lo que ha cronificado el conflicto. Y es que, tras esta, Jomeini demonizó a los EE. UU. - «el Gran Satán»- por haber apoyado el régimen anterior. Y cuando este país admitió temporalmente al sah, se produjo el secuestro del personal de su Embajada que fue retenido durante 444 días. Esto, unido a una operación de rescate fallida, impidió la reelección del presidente Carter auspiciando, paradójicamente, la era Reagan pero también el Irangate. Además, esta acción, alentada por el Ayatolá Jomeini, condicionó la actuación del gobierno iraní y sirvió a consolidar la Revolución imponiendo a esta la línea política auspiciada por el Ayatolá.35 La base de la Revolución, en clave de política exterior, fue, por tanto, la humillación de Estados Unidos.

Las razones racionales del actual desencuentro con los norteamericanos han sido la cuestión nuclear, la oposición iraní a Israel, la perturbación del orden regional o su apoyo al terrorismo internacional. Irán, por su parte, ha reclamado tradicionalmente a EE. UU. que no interfiera en sus asuntos internos, acepte la legitimidad de la Revolución y construya sus relaciones sobre el respeto y la igualdad. Pretende que acepte a Afganistán, Asia Central y el Golfo Pérsico como sus zonas de influencia, reconociendo al país como una gran potencia autónoma e islámica.36

El caso de Salman Rusdie es paradigmático del modelo y es de una lógica asimilable a su compromiso con la sunita Palestina: La actuación del ayatolá Jomeini (con ciertas raíces indias) condenando a un escritor de origen indio (nacionalizado británico) y también suní por su libro, supuso todo un desafío a Occidente, lo colocó a la cabeza del mundo islámico, le consolidó en el poder, tendió un puente entre shiíes y suníes, le restituyó la iniciativa y volvió a situar a Irán y a su Revolución en la escena internacional, otorgándoles presencia y visibilidad.37

En este contexto de confrontación, EE. UU. ayudó a Irak durante la guerra (1980-1988), aislando diplomáticamente a Irán, si bien a esa época corresponde también el affaire Irán-Contra o Irangate, esto es, la venta de armas norteamericanas también a Irán, para financiar la contra nicaragüense y debilitar a Iraq. En 1996, la ley D´Amato impuso sanciones a las compañías extranjeras que invirtieran en el sector energético iraní.

Tras el 11-S la Comisión creada al efecto acusó a las autoridades iraníes de haber consentido la libre circulación de miembros de Al-Qaeda por el país en tránsito para su entrenamiento en territorio controlado por los Talibán, entre ellos de ocho a diez de los secuestradores que participaron en el 11-S. En 2002 el presidente Bush situó a Irán en el «Eje del mal» mientras Jatami trataba de realizar una aproximación apoyando tácitamente la invasión norteamericana de Afganistán. Tal declaración fue contestada desde Irán con una comparecencia conjunta de todas las líneas representativas del régimen incluyendo el líder espiritual Jamenei (apoyado por los fundamentalistas de la línea dura), Jatami (reformista) y Rafsanjani (antiguo presidente, tecnócrata).38

Fruto de estas dinámicas, EE. UU. ha llegado a rodear Irán desplazando fuerzas a Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait, Irak, Omán, Uzbekistán y Tayikistán. Era una broma muy conocida en Irán decir que Canadá e Irán son los dos únicos países del mundo cuya única frontera es EE. UU.39

Irán ha transferido a los EE. UU. su odio histórico a Rusia (su actual aliado) y al Reino Unido. En 2011 la embajada británica fue atacada por una multitud; de hecho, fue reabierta conservando las pintadas de los manifestantes que habían violado este espacio diplomático. Por parte iraní, la avenida dedicada Winston Churchill que la alberga fue rebautizada como avenida de Bobby Sands en homenaje al miembro del IRA preso que se dejó morir de hambre. Los EE. UU., a su vez, fueron blanco de una retórica antiimperialista y anticolonial. De ahí también su enfrentamiento con el “Pequeño Satán” (Israel) al que combate indirectamente en el complejo escenario de Oriente Medio, con réditos políticos y de liderazgo a ojos del mundo islámico.

El desafío a Occidente se inscribe en el antiimperialismo y su defensa ultranza del principio de «no injerencia» de la Revolución, cosa que hace mientras desarrolla actividades extraterritoriales. Merece citarse su apoyo (militar, financiero, político, armamentístico...) a grupos como Hezbolá, Yihad Islámica o Hamas, así como su pasada -y probada- participación en actividades terroristas en Alemania o Argentina. Y no se pierda de vista la autonomía con que cuentan organizaciones como los Pashdaran y cuyo proceder radicaliza al régimen.

Los hutíes son una organización chiita zaidí apoyada por Irán y cuyo lema es “muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, maldición a los judíos, victoria al islam”. Esta controla la costa en torno a Bab el Mandab y el mar Rojo donde ha atacado buques occidentales y ligados a intereses israelíes. Los daños a la economía mundial de sus actos son relevantes y acreditan la fragilidad de la globalización y los riesgos geopolíticos de las empresas. Son así una herramienta de presión geopolítica en manos iraníes.

El “asesinato selectivo” de Qasem Solimani por un dron norteamericano en Bagdad en 2020 o las muertes de oficiales de al Quds en Siria en 2023 marcaron nuevos hitos en su enfrentamiento con Estados Unidos e Israel que se verían superados con creces en 2025 con los ataques aéreos israelíes y norteamericanos y las oleadas de misiles iraníes.

Aquel era uno de los principales líderes la Guardia Revolucionaria y jefe de su fuerza al Quds, una figura clave y emblemática, expresión del compromiso del régimen tanto con la expansión exterior de la Revolución -participó activamente en los conflictos de Siria y Líbano, o en la represión de los kurdos- como en la defensa de las esencias de la revolución. Referir que Estados Unidos sitúa a la Guardia de la Revolución Islámica en la lista de organizaciones terroristas y la Unión Europea lo ha hecho igualmente.

La guerra de Gaza activó las alianzas antiisraelíes potenciado la acción exterior iraní, pero el divorcio entre el régimen político y la sociedad le impidió implicarse más, aún tras el asesinato de Ismail Haniya en Teherán. Irán evitó, con todo y en la medida que pudo, instalarse de forma directa en la espiral acción reacción, por más que estimulase el choque indirecto y a través de proxys, hasta atraer la propia acción norteamericana en el ascenso a los extremos impuesto por la lógica de la guerra.

La cuestión de los derechos humanos es otro plano de enfrentamiento que ha servido a la demonización del régimen. La vulneración de derechos fundamentales como son los de asamblea, petición, libertad de opinión y religión e intimidad, la violencia en la actuación de las fuerzas de orden público, casos de tortura o las ejecuciones públicas y hasta publicitadas (para el desafío) por procedimientos del pasado (menores y homosexuales incluidos) han suscitado en no pocas ocasiones la condena internacional. Y eso por no hablar de la manipulación de procesos electorales.

Estas áreas, dentro de la distribución de roles, han estado controladas por miembros de la línea dura del régimen siendo tradicionalmente utilizadas para tensionar las Relaciones Internacionales y escoger el momento de poner contra las cuerdas a los moderados. En los informes de Amnistía internacional se sigue dando cuenta de esto.

La cuestión nuclear

Otro aspecto candente es, obviamente, el nuclear. En 1957 Irán firmó un acuerdo con EE. UU. que preveía para finales del siglo XX dispusiera de 23 centrales nucleares. Jomeini era contrario al arma nuclear y abandonó estos proyectos.40 En 2002 unas fotos satélites descubrieron dos emplazamientos nucleares clandestinos y, en 2003, Jatami anuncia el abandono de Irán del programa de enriquecimiento de uranio.

La llegada al poder de Ahmadineyad supuso en 2005 el retomo de las aspiraciones nucleares y el choque con la comunidad internacional en su conjunto. A partir de 2006 el Consejo de seguridad y la comunidad internacional impusieron sanciones multilaterales y unilaterales y la producción de petróleo cayó de los 2,5 de barriles diarios a 1 millón, y el PIB se contrajo anualmente un 9%.41

Tras el levantamiento de las sanciones se volvió a recuperar los niveles iniciales pero la incertidumbre y también la burocracia iraní dificultaron las inversiones de empresas tan relevantes como Total, Shell, Siemens, PSA Peugeot Citroën, Boing y Airbus, pero con todo y con eso las exportaciones de la UE alcanzaban los 12.600 millones de euros, el 33º destino.42

Irán es -o era- un país signatario del Tratado de no Proliferación Nuclear; cuenta con derecho al uso de esa tecnología para fines civiles pero su conducta no se ha mostrado fiable. Su afirmación es la esencia del desafío que ha utilizado como palanca para el cambio de estatus en la región; es difícil que pueda -o incluso que quiera- conseguir el arma como hiciera Corea del Norte, ante la mirada impotente de un Occidente que contempla, escarnecido, como va seccionando en sucesivas rodajas el problema al igual que un trozo de salami.

Pero ni Irán es Corea, ni Oriente Medio el nordeste asiático. Y es que un Irán nuclear alteraría los equilibrios en la zona y podría originar una carrera de armamentos en la región (Arabia Saudí y posiblemente Turquía se sumarian a ella y en la que está ya Paquistán); e Israel que difícilmente lo consentiría, como se ha visto.43 El ataque de Estados Unidos es además un aviso a futuros proliferadores.

Con su programa ha tratado de asumir el liderazgo tecnológico (e industrial) acorde a su nacionalismo. Ha tenido éxito en campos como la informática, los drones, la nanotecnología o la industria militar; está entre los nueve países del mundo capaces de colocar un satélite en órbita, y su vehículo de lanzamiento, por más que en esto no haya llegado tan lejos como Corea del Norte; cuenta con misiles Shahab 3 de 1.300 kilómetros de alcance. A tal misma lógica de prestigio ha obedecido su presencia naval en el Cuerno de África contra la piratería.

La elección de Hassan Rouhani, que había sido jefe del equipo negociador entre 2003 y 2005, auguraba los buenos resultados que finalmente se alcanzaron; no en vano, calificaba a su gobierno como “de la esperanza y la prudencia”. De hecho, tildó este enfrentamiento de “innecesario,” reconociendo su naturaleza simbólica. Era siempre una opción win. Su programa político se centraba en la maltrecha economía nacional para la que el acuerdo era un gran paso adelante.

Este, alcanzado en 2015 y denominado Plan de Acción Conjunto y Completo44, se explica en el contexto regional de Oriente Medio y la necesidad de una colaboración activa de Irán en sus casi infinitos problemas, de no pocos de los cuales es parte cuando no causa. También se explica por la debilidad de un régimen anquilosado y con problemas de legitimidad con una población que clama por que no se le impongan mordazas y se mejore su situación económica.

Por ello, el régimen, no podía permitirse ni una crisis económica ni nuevos procesos de contestación social; los esfuerzos por reprimir tal contestación han supuesto un severo peaje en términos de legitimidad. Y es que un Estado autoritario cuenta con un déficit de legitimidad que solo se cubre mediante la eficacia.

Los críticos con el Acuerdo incidían en el hecho de que este deja fuera los vectores de lanzamiento mientras Irán, que los continúa perfeccionando, comprometía la seguridad de Israel; además tampoco entraba en su papel de perturbador regional. Irán estaba cada vez más cercano geográficamente a su retóricamente demonizado Israel al que acosaba mientras trataba de crear un “eje de resistencia” apoyando a los hutíes, a Hezbolá y a Hamas.

Con ello conseguiría, al socaire de los Acuerdos, el envolvimiento estratégico y contacto con su enemigo declarado al que así podía enfrentar directamente; y eso mientras su propio territorio queda resguardado. Tal cosa podía ser un riesgo existencial para Israel; por tanto, demandaba respuestas a corto plazo, por más que la condición de minorías regionales de ambos Estados, paradójicamente, podía hacer concurrentes sus intereses y posibilitar la colaboración en el largo plazo.45

La decisión del presidente Trump de retirarse del Acuerdo derivó en el incumplimiento iraní a partir de 2019, según informa la OIEA, lo que provocó que en 2023 la UE no hiciera efectiva la segunda fase de la retirada de las sanciones. Y en 2025, tras el ataque norteamericano, ha verbalizado la posibilidad de retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear que había suscrito y del que, dicho sea de paso, Israel no es parte.

De hecho, según un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de ese año, Irán había enriquecido uranio hasta un 60%, esto es, cercano al 90% que es necesario para la fabricación de un arma atómica mientras sigue sin cooperar con la OIEA. Pero había moderado deliberadamente la velocidad de enriquecimiento. Con todo, a finales de 2024, tras la sorpresa de la caída del régimen de Ásad en Siria, Irán anunció haber enriquecido uranio hasta niveles próximos a los de uso militar.

Tal cosa se encuentra detrás de las actuaciones militares de Estados Unidos e Israel contra las centrales nucleares de Irán en 2025. Pero estas parecen no haberse mostrado decisivas y servido solo para atrasar el programa nuclear. Tras los bombardeos no solo no hay rastro del material nuclear producido, sino que muchos otros centros nucleares no han sido atacados. Por el contrario Irán pretende abandonar el régimen ONU de control como represalia a tales ataques.

Referir que la actuación de la primera Administración Trump fue muy dañina para la economía iraní y trajo la intensificación del conflicto con sus vecinos, particularmente en Yemen. Como peaje para Estados Unidos, esta actitud unilateral estresó aún más su relación con sus aliados (entre ellos la UE, su coordinadora) perjudicando a las empresas europeas implantadas, al sancionar extraterritorialmente -al igual que hacía la ley Helms-Burton, pero ahora de modo aún más riguroso y sin excepciones- a quienes comerciaran con Irán e hicieran negocios en Estados Unidos. Y es que la UE ha sido la gran valedora de un pacto que dio oxígeno a los moderados del régimen. A pesar de ello, los flujos económicos con la UE se incrementaron notablemente tras la suspensión de sanciones.

La economía el talón de Aquiles de Irán como acreditan sus niveles de inflación. Referir que el sector financiero ha sido de los más renuentes a comprometerse en Irán ni aun con garantías. Las empresas occidentales perdieron posiciones costosamente adquiridas y dejaron el mercado, a empresas chinas, rusas… como ya hicieron en 2006 y más ahora que ha ingresado en los BRICS y profundiza en su relación con China.

Su resistencia a las sanciones se explica por una economía de signo desarrollista pues, aunque la “sustitución de importaciones” sea tecnológicamente regresiva se ha beneficiado de un vasto mercado interior. Y eso a pesar de que el riesgo geopolítico, y, en particular, la amenaza norteamericana, disuaden la inversión europea. Ello explica el reforzamiento de la apuesta iraní por el Este, un giro en esta dirección como manifiestan su incorporación a la OCS y a los BRICS46. Tal cosa se ha traducido en la venta de drones Shahed 136 y misiles a Rusia para la guerra de Ucrania, o en la firma de un acuerdo de asociación estratégica en 2025.

Y es que Rusia e Irán comparten las sanciones de Occidente lo que los lleva a buscar un entendimiento frente a este y sobre la forma de liberarse de ellas. Una colaboración, dicho sea de paso, que olvida los odios del pasado por la destrucción del imperio persa. Con todo, las economías iraní y rusa son similares por lo que las posibilidades de colaboración son limitadas. No comparten el pan sino los enemigos.

Implicaciones globales y regionales
Implicaciones globales

Rusia, China e Irán mantienen similitudes en sus políticas exteriores en tanto que confrontan con Occidente; así, los drones iraníes no funcionarían sin sus piezas chinas. Las tres son potencias revisionistas y comparten un trasfondo de rivalidad. Su colaboración recíproca ayuda a hacer inefectivas las sanciones de Occidente. La envergadura económica de China proporciona colchón tanto a Rusia como Irán. Y ayuda a China a satisfacer sus necesidades de materias primas proporcionándole, además, una puerta de entrada a Oriente Medio ante el vacío geopolítico que provocó el giro hacia Asia Pacífico de Estados Unidos. No obstante, la diversificación de fuentes de recursos que ha hecho China la hace menos dependiente del acuerdo de lo que este resulta para Irán estableciéndose así de facto una relación asimétrica o de patronazgo entre ambos47.

Referir también y en este contexto, su reconciliación con Arabia Saudí de la mano de China. No en vano, China supone un 30% del comercio internacional de Irán; de hecho, en 2022 adquiría diariamente 700.000 barriles de petróleo. Esto ha convertido a Irán en el principal cliente y socio comercial de China. El país asiático ha mejorado su tecnología, construido infraestructuras y suministrado material militar, y hasta puede haber apoyado su programa nuclear.

Pero no olvidemos que China también es el mayor importador del petróleo saudita, tras la autosuficiencia en la materia proclamada por Washington y que subyace en su parcial salida de la región. Por eso China ha actuado como un poder moderador entre ambos en tanto que no ha dudado en emplear su preponderancia económica para presionar a ambas partes. Esta lógica facilita comprender las razones de su acuerdo, de su incorporación a la Organización de Cooperación de Shanghái, (OCS) y de su entrada en los BRICS. Estas opciones multilaterales son mejores, desde la perspectiva del nacionalismo iraní, que escapar de la dominación norteamericana para entregarse al patronazgo chino y, además, consolidan su giro hacia el Este48.

Irán se encuentra en horas bajas no solo por su confrontación con Israel y Estados Unidos sino por la debilidad de sus socios–Hezbolá, Hamás y el caído régimen de Bashar al Asad en Siria–, lo que constituye una razón adicional para dotarse de un arma atómica y recuperar su capacidad de disuasión. Para evitar este escenario y frenar la cooperación con Rusia, el grupo formado por Alemania, Francia y Reino Unido trata de reconducir sus relaciones con Occidente.

Las relaciones con Arabia Saudí y su entorno estratégico

Las correlaciones de fuerzas y el carácter policéntrico de Oriente Medio dan lugar a un juego pragmático y bismarckiano de alianzas, explícitas e implícitas, por imposibles y contra natura que parezcan. Estamos hablando de auténticos juegos malabares propios del más puro realismo político. En cualquier caso, no hay un frente homogéneo suní frente al shiismo. El mundo suní se encuentra más fragmentado que el shií desde una perspectiva estatal; no obstante, descuellan países como Arabia Saudí por su población (36 millones de habitantes, así como 8 millones de trabajadores extranjeros), tamaño y recursos pero que no puede competir en población con Egipto (110 millones) y Turquía (90), situándose además Paquistán (232) en los aledaños de la región.

Arabia Saudí es el paladín wahabita. Incluye los Santos Lugares del islam, La Meca y Medina, de ahí su papel de referencia y su especial legitimación, que se suma a sus reservas petrolíferas. El rey de Arabia Saudí antepone a todos su título de Guardián de los Santos Lugares y, por ende, de las esencias de la religión. No obstante, es un país esclerotizado con una organización interior cuasi feudal basada en un sistema de privilegios; se configuró definitivamente como Estado en 1932. Su política exterior incorpora una mezcolanza a veces contradictoria entre intereses e identidad49.

Así, sí por un lado se erige en representante del islam y se opone públicamente al Estado de Israel habiendo financiado la expansión del movimiento wahabita por el mundo; por otro, mantiene una alianza estratégica con Estados Unidos desde 1945 50que, si le hace fuerte, ha lastrado su legitimidad y liderazgo en la zona, probando, una vez más, que, a la hora de la verdad, las relaciones internacionales se construyen sobre los intereses y el pragmatismo.

Tras la salida de la región de Estados Unidos ha suscrito, una alianza con China, de cuya mano ha llegado a un acuerdo con Irán. El cambio geopolítico que implica su aproximación a China mientras trata de mantener su alianza con Estados Unidos es la constatación de la alteración del orden internacional pero también del carácter complementario y no contradictorio de tales relaciones. Téngase en cuenta que el comercio entre China y Arabia Saudí ascendió en 2022 a 106 mil millones de dólares con un aumento del 30% respecto al año anterior. Como puede verse, pues este es un ejemplo, China compite con EE.UU. y ocupa las áreas de las que este se repliega satisfaciendo las necesidades de financiación y comercio de los países con que se relaciona.

Se presenta como la cabeza del mundo suní (y del islámico), pero cuenta con una importante comunidad shií en sus territorios, precisamente, además, en la región oriental, la gran zona petrolera del país. Su rivalidad con Irán se ubica en el histórico desafecto entre shiíes y suníes. Su dependencia estratégica del exterior se evidenció durante la invasión de Kuwait cuando debió aceptar el despliegue de tropas norteamericanas en un territorio tradicionalmente vedado a no musulmanes.

Como Piscatori afirma:

“el caso saudí nos lleva a cuestionar, primero, sí existe una cosa llamada política exterior islámica, y segundo, sí el islam desempeña un papel tan importante en la políptica exterior saudí como se cree habitualmente. Si por política exterior islámica se entiende que un conjunto de valores determina de manera uniforme lo que será la política, entonces no existe tal cosa”.51

Arabia Saudí, tras la Revolución, sustituyó a Irán como guardián preferente de los intereses occidentales en Oriente Medio. Pese a ello, ciudadanos saudíes han sido sospechosos de financiar a través de donaciones religiosas (waqf) movimientos salafistas ultramontanos; además tiene problemas de delimitación de fronteras con sus vecinos.

Como prolongación de los añejos odios entre sunitas y shiitas, Arabia Saudí e Irán han mantenido una larga disputa, que, aunque desarrollada de modo indirecto, ha ido creciendo en violencia e intensidad, se ha desplazado a otros ámbitos y se ha materializado en otros territorios (proxy wars). Y es que la lucha entre ambos se había extendido desde el Líbano o el Afganistán de los talibanes hasta Siria, Irak y Yemen.

Así, apoyó a Irak en su enfrentamiento con Irán y tratado de quebrar el eje sirio iraní creado en 1988 para hacer frente a Saddam Hussein. Para eso amparó tanto a la oposición como a movimientos islamistas en su interior, política esta que también ha seguido durante la guerra civil siria; y eso mientras se yergue como paladín de los gobernantes suníes de los Estados del Golfo. Y en Afganistán, los saudíes y los paquistaníes (principales beneficiarios de las donaciones saudíes) apoyaron al régimen talibán (fue uno de los tres países que los reconocieron) mientras Irán lo hacía a la Alianza del Norte.

Además, Arabia Saudí (e Israel también) ha respaldado a los kurdos de Irán e Irak que son sunitas. Igualmente, se ha enfrentado en el Líbano a Hezbolá, el grupo shií apoyado por Irán. Es más, en 2017, acompañada de algunos países del Golfo, entre otros, declaró que considerará al Líbano país hostil mientras Hezbolá formara parte de su gobierno. El primer ministro Hariri dimitió durante una visita a Riad alegando la existencia de una conspiración para acabar con su vida instigada por Hezbolá que fue responsable ya del asesinato de su padre, mientras Irán acusaba a Arabia Saudí de haberle forzado a ello.

En clave religioso-política, merecen citarse las protestas iraníes tras la muerte de peregrinos shiitas en La Meca en 1987 después de una manifestación antijudía, o las críticas a la gestión saudí de la avalancha humana de 2015; de hecho, ha habido periodos en que se prohibió la peregrinación a los ciudadanos iraníes. La ejecución en 2016 del clérigo shií Nimr Baqr al-Nimr acusado de terrorismo, condujo a la ruptura de relaciones entre ambos países y a la exacerbación de su enfrentamiento en Yemen.

Irán, por su parte y tras la revolución, denunció por ilegítimos a los regímenes monárquicos de los países del entorno, tratando de exportar su modelo de “República islámica” y apoyó distintos movimientos y complots con tal propósito en los países de su entorno. En 2011, fue detectado un posible intento de atentado contra el embajador de Arabia Saudí en Estados Unidos52. Los saudíes acusaron reiteradamente a Irán de suministrar armas, especialmente misiles, a los hutíes. Y, no es baladí recordarlo, ha quedado acreditada la concertación política de los hutíes con Irán.

Además, Irán se había abierto un pasillo, a través de su influencia en Siria -hasta la caída de Ásad- y el Líbano, que le había llevado hasta el Mediterráneo aislando así a Arabia Saudí de Oriente Medio.

En este escenario, los saudíes habían dado señales de reevaluar su relación con Israel -sin relaciones diplomáticas entre ambos, por ejemplo, se han autorizado sobrevuelos hacia Israel para aeronaves procedentes del Lejano Oriente, lo que puede ahorrar casi 2.000 kilómetros-, toda vez la convergencia de intereses vitales y el paraguas de aliados comunes como Estados Unidos. E incluso podría haberse acercado a los Pactos de Abraham. El ataque de Hamas -organización apoyada desde Turquía, Irán y Qatar- en Gaza en 2023 truncó tal aproximación al obligar a un cierre de filas con los palestinos.

Otro conflicto regional relevante, ya aludido, es el de Yemen, un país además azotado por el cólera y la hambruna con un 53% de sunitas y un 47% de shiitas y con una larga frontera con Arabia Saudita. Este se inició en 2014 cuando los rebeldes hutíes se hicieron con la capital. Arabia Saudí ha tomado parte activamente en el conflicto liderando una coalición internacional de Estados sunitas. Se estiman entre 370.000 y 500.000 víctimas.

Ello en línea con la existencia de un arco shií, y, como se ha referido, con la de un “eje de resistencia” articulado por su carácter antiisraelita y antinorteamericana. Este se encontraría constituido por Irán, en su momento, la Siria de Ásad, el grupo Hezbolá, las milicias shiitas en Irak, Afganistán y Pakistán, grupos militantes en territorios palestinos -como Hamas- y por los hutíes de Yemen. Este eje recibiría el apoyo logístico, económico e ideológico de Irán, que articularía el conjunto de los conflictos locales.

Como resultado, según el SIPRI, en 2022 Arabia Saudí realizó el quinto gasto mundial en Defensa, 75 mil millones de dólares, equivalente aproximadamente al 10% de su PIB. Irán gastó 14,5 mil millones de dólares e Israel 19,5 mil millones. La intervención en Yemen le costaba solo en 2019 entre 3 y 5 mil millones de dólares.

Desde una perspectiva geopolítica Yemen daría a Irán el control directo o indirecto de los dos hoke points, los estrechos de Ormuz y Bab El-Mandab (que recibe así el poético nombre de la Puerta de las Lágrimas) lo que le permite controlar las rutas de la mayor parte del tráfico mundial de hidrocarburos. Los ataques a mercantes de los rebeldes hutíes -con el probable apoyo técnico de Irán- en el contexto de la guerra de Gaza han introducido relevantes dosis de incertidumbre al comercio internacional acreditando su fragilidad.No obstante, en mayo de 2025, el presidente Trump anunció una tregua con los hutíes.

Además se ha producido una relevante reconfiguración geopolítica de Oriente Medio. Así el acuerdo de 2023 entre Irán y Arabia Saudí facilitado por China – y del que está ausente Estados Unidos- posibilita el restablecimiento de relaciones diplomáticas, rotas desde 2016, y ha traído la tregua en Yemen. Pero no solo, y es que este acuerdo contribuye a la pacificación de Afganistán -escenario en el pasado de enfrentamientos proxy y donde los sauditas mantienen una relevante capacidad de influencia- en la frontera de su territorio y con ello favorece la conectividad de Asia Central en beneficio de su proyecto de Franja y Ruta.

A ello ha de añadirse en 2024 la alianza estratégica firmada adicionalmente entre China y Arabia Saudí. Por su parte, Rusia e Irán han suscrito un acuerdo de asociación estratégica. Este reequilibrio en las relaciones hizo posible que el inicio de las conversaciones de paz sobre Ucrania tuviera lugar en territorio saudí.

Ante esto, Estados Unidos, tras haberse replegado de la región, bajo el liderazgo del presidente Trump está volviendo a ella.. Como apunta Vericat este ha reconducido la posición que sostuviera al inicio de su mandato y estaba redefiniendo la política estadounidense en Oriente Medio alejándose de una reorganización de la región basada en la normalización de relaciones con Israel mientras promovía una perspectiva no intervencionista, por más que acabara en el bombardeo de Irán. Además, suprimió las sanciones a Siria, lo que puede servir a estabilizar y reordenar Oriente Medio; y hasta había comenzado a negociar directamente con Irán y Hamás, y llegado a un alto el fuego con los hutíes53.

Estas negociaciones supusieron una ruptura del proceder tradicional norteamericano dado que Israel, que tiene fuertes objeciones al respecto de todos estos contactos, había quedado totalmente marginado hasta su actuación contra Irán que forzó un nuevo realineamiento norteamericano. En cualquier caso, la guerra de Gaza había detenido el acercamiento de Arabia Saudí a los Acuerdos de Abraham. Emergía un nuevo orden regional basado en una arquitectura diferente de la que una de sus aristas será Arabia Saudí con la que Estados Unidos ha firmado importantes acuerdos económicos y de Defensa para contrarrestar la influencia China54.

Por su parte, los países del Golfo mantienen relaciones ambivalentes con Irán, resultado de la presencia de amplias poblaciones shiitas y de ser este un relevante socio comercial.55 De hecho, las dificultades para actuar como un actor estratégico de Arabia Saudí propiciaron la creación en 1981 del Consejo de Cooperación del Golfo. Y es que los Estados del Golfo son débiles para enfrentarse y fuertes para ceder frente a los iraníes. La naturaleza dual de tales relaciones abrió la puerta a la entrada de EE. UU. (y la OTAN) en la región para restituir su equilibrio. De ahí surgió en 2004 la Iniciativa de Cooperación de Estambul entre el Consejo de Cooperación del Golfo y la OTAN.

En Bahréin (base de la V Flota), la mayoría shií del país está sometida a la autoridad de gobernantes suníes, y que, según el secretario de Estado norteamericano Tillerson en 2017, trataban a los shiíes como ciudadanos de segunda; de hecho, estuvieron años admitiendo como ciudadanos a suníes para compensar la desigualdad demográfica. Las protestas de 2011 trajeron como consecuencia el desplazamiento temporal de tropas de Arabia Saudí para controlar el movimiento, acusándose a Irán – que ya en 1981 había intentado un golpe de Estado- de ser su instigador. Irán por su parte, protestó por estas acciones. Y eso que Bahréin posibilita el control del sector oriental del golfo pérsico.56

Para añadir complejidad, citar las recurrentes tensiones entre Arabia Saudí y Qatar que afectan a las que este país mantiene, a su vez, con Irán y, sobre todo, Turquía, uno más de los malabarismos de la región. Este enfrentamiento, pese a su carácter incruento y subsidiario, es notorio y ha debilitado al Consejo del Golfo. Qatar, como Turquía, apoya a los Hermanos Musulmanes y cuenta con abundantes recursos financieros y también con Al Jazeera que le dota de una voz y una política exterior que no son acordes a sus dimensiones geográficas.

En 2017, Arabia Saudí, que se ha pronunciado por grupos salafistas, encabezando un grupo de Estados sunitas, cortaron relaciones, cerraron la frontera y hasta se plantearon hacer un canal alrededor del país para convertirlo en una isla. Qatar, en respuesta, apostó por mejorar sus relaciones con Irán con el que suscribió un tratado. Con todo, en 2023, las relaciones con Arabia Saudí mejoraron.

En 2009, Omán e Irán firmaron un acuerdo de cooperación en materia de seguridad, mantienen unas relaciones aceptables lo que ha posibilitado la realización hasta de labores de mediación, si bien ha sufrido las presiones de los países del Golfo y Arabia Saudí para que se alinee con su visión de la seguridad de la región.

Kuwait mantiene también unas relaciones aceptables con Irán y, en momentos difíciles para este país, declaró que no permitirá que su territorio fuera utilizado para una acción militar. Se opuso al incremento de influencia iraní en Siria, Líbano e Irak, pero ha sido el único Estado del Golfo en mantener relaciones con Irán tras la retirada de Estados Unidos del Acuerdo nuclear y, a diferencia de Arabia Saudí, Emiratos y Bahréin, no apoyó esta.

Los Emiratos Árabes Unidos, con una importante comunidad iraní y cuestiones contenciosas sobre la soberanía de algunas islas, hacen un gran desembolso en gasto militar contra una supuesta amenaza iraní y apoyan activa y políticamente a Arabia Saudí al tiempo que, paradójicamente, gozan de una sólida relación comercial con aquel país.

Irak es un país de 441.839 km2 y 42 millones de habitantes mayoritariamente árabes con entre un 60%–65% de shiíes y un 32%–37% de suníes. Los suníes son mayoritarios en el Noroeste y centro, los shiíes en el Sur y centro; y los kurdos suníes al Noreste. Desde la invasión de Irak en el 2003, el país vive una situación muy delicada en términos de seguridad con instituciones débiles y unos elevados índices de corrupción. Sus principales inversores son Irán, Rusia y China. Pero, al mismo tiempo, Irak cuenta con fuerzas occidentales, (de países OTAN, entre ellas españolas), que le ayudan frente al Dáesh y forman su Ejército.

Las derrotas de los talibanes al Este y la invasión de Irak al Oeste liberaron a Irán de dos tradicionales enemigos, gracias, sorprendentemente, a la actuación de los Estados Unidos. Irak ha hecho el recorrido recíproco al de Siria: país sunita que fue controlado durante 55 años por minoría alauí, a la inversa que Irak país shií controlado hasta su ocupación por una minoría sunita. Pero los shiitas de Irak se sienten ante todo iraquíes y árabes, diferentes a los iraníes con quienes sostuvieron una cruenta guerra. Es más, el poder shiita de Irak puede acabar por desplazar la imagen shiita de Irán y llevarlo a su cuna árabe fundacional: las ciudades santas del shiísmo, Kerbala y Najab, están en Irak.

El apoyo iraní ha sido clave para la derrota del Dáesh e Irak e Irán colaboran para afrontar el problema kurdo. En este contexto no viene mal, recordar el atentado en 2017 protagonizado por kurdos suníes adscritos al Dáesh contra el Parlamento iraní y el mausoleo de Jomeini.

El resultado es que Irak se ha convertido en un país influido a todos los niveles por Irán con el que ha suscrito importantes acuerdos económicos -una forma de escapar a las sanciones y hasta le proporciona electricidad- y con fuerzas militares occidentales. Irak, por razones obvias, ha tratado de quedar al margen de la confrontación con Estados Unidos e Irán.

Y como no referirnos a la problemática siria. País este de 185.180 Km2 y 23,8 millones de habitantes en el centro de Pentalasia y con un acuerdo con Rusia que le permitía disponer de instalaciones navales en el Mediterráneo. Siria ha estado en guerra civil desde 2011. Según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores español de 2024 se estima que en este conflicto han perecido al menos 300.000 personas, 100.000 más están desaparecidas; 5,6 millones de sirios buscaron refugio en otros países (principalmente en Turquía, Líbano, Jordania, Egipto y Alemania) y 7,2 millones son desplazados internos. El 90% de la población siria vive por debajo del umbral de la pobreza y el coste de la reconstrucción del país se estima en 400.000 M$.

El régimen de Ásad había sido apoyado directa e indirectamente (Hezbolá) por Irán, pero la acción militar israelita de 2024 en el Líbano debilitó a Hezbolá. Y eso con una Rusia, el otro gran valedor del régimen de Ásad, estaba absorbida por la guerra de Ucrania.

Siria se convirtió de este modo también en uno más de los conflictos por delegación propios de una reconfiguración geopolítica. Y es que la situación de impasse fue aprovechada por Turquía cuyos aliados sirios se hicieron con el poder central. Siria quedó dividida en cuatro secciones diferentes, controladas, entre otros, por fieles al régimen de Ásad y por diversos grupos varios con diferentes ideologías y lealtades. De este modo un Estado fallido, controlado por un yihadista apoyado por Turquía, el presidente Trump y Arabia Saudí, ha configurado un agujero negro geopolítico en el centro de Pentalasia delante de las fronteras de Israel de las que, con ello y pese a todo, se ha alejado a Irán mientras Israel ha tomado posiciones en Siria y batido objetivos de su interés en este país.

Otra cuestión son las relaciones de Irán con Turquía que podríamos calificar de paz fría, en línea con la tradicional política turca de no tener problemas con sus vecinos musulmanes. Comparten intereses como el problema kurdo (la situación siria post Ásad deja a Turquía las manos relativamente libres en el país) mantienen unas cada vez más intensas relaciones comerciales, pero el neootomanismo, la “estrategia profunda” preconizada por Davutoglu, choca con el irredentismo shií; el islamismo turco es demasiado suní y el iraní demasiado shií. Desde 1639, fecha de la primera paz fría con la dinastía safaví, cuando las relaciones mejoran entre ellos la cuestión de los credos siempre aflora. Y más cuando compiten o suman fuerzas en escenarios compartidos como Asia Central, el Sahel o Latinoamérica.

Y no podemos sino mencionar el poder suave de cadenas de televisión como Hispan TV de origen iraní y en español y la expresión de voluntad que ello supone.

El entorno regional de levante: Irán, Afganistán y Pakistán
Una historia compartida

Como se ha visto, históricamente, la mayor parte de Afganistán estuvo bajo el control del primer imperio persa de los Aqueménidas, al igual que bajo el de sus sucesores Partos y Sasánidas. El farsi se consolidó definitivamente como lengua en el siglo IX. En 1221 se produjo la invasión mongola y en 1501 la nueva dinastía Safaví proclamó el shiísmo como religión de Estado diferenciándose así de los otomanos. A partir de este momento, se estableció una clara fractura entre la Persia shíi y sus vecinos iranios pero suníes.

Recordemos que, en el siglo XVIII, Ahmed Shah Durrani se convirtió en el fundador del Afganistán moderno. Sus dominios se extendían por el noreste de Irán, Afganistán, el Sur de Asia Central hasta India, más allá del río Indo, siendo Herat uno de los principales centros. Pero este imperio fue disgregándose progresivamente a lo largo de la primera mitad del siglo XIX. Mohammad Shah reivindicó entonces la pertenencia de Herat a su imperio, entrando en la ciudad en 1837. No obstante, sus intentos fracasaron por intervención de los imperios ruso y británico. Afganistán quedó progresivamente transformado en una suerte de “Estado-tapón”, entre el Imperio Ruso y la India Británica.

En 1856 los iraníes intentaron de nuevo incorporar Herat al imperio lo que fue contestado por la contraparte británica con la conquista del puerto iraní de Busher. En 1857, ya se ha apuntado, por el Tratado de París, Irán se retiraba de Herat, a cambio de que los británicos hicieran lo propio con Busher. Los iraníes se sintieron humillados, aunque no renunciaron a influir sobre lo que sucedía allende las fronteras. A estos tratados siguieron otros a lo largo del siglo XIX y del XX que consolidaron la situación.

Desde 1979 en que coincidieron la Revolución y la ocupación soviética de Afganistán la tensión entre ambos países se incrementó. Hasta entonces, tradicionalmente las relaciones entre Irán y Afganistán se encontraban en un muy en segundo plano. Afganistán era el vecino pobre y atrasado; su interés vino tras la ocupación soviética.

Durante ésta Irán apoyó la insurgencia de lengua persa y fue un actor en la sombra relevante durante la Guerra civil (1992-1996) en la que apoyó, financió y entrenó a una débil coalición de shiitas y fuerzas propersas (aunque sunitas y turcomanas) en su lucha contra los pastunes; estos eran a su vez apoyados por Arabia Saudí y Paquistán. Con todo, los iraníes jugaron un relevante papel en la pacificación del país. Pero, en 1998 el asesinato de nueve diplomáticos y agentes de inteligencia iraníes junto a la denuncia de masacres de shiitas en Mazar–e Sharif estuvieron a punto de desembocar en una guerra. Afganistán fue, como se ha dicho, otro teatro de enfrentamiento con Arabia Saudí.

La presencia de fuerzas occidentales en Afganistán constituía un motivo de inquietud para Irán, lo que hizo que una parte de su estrategia en el país vecino estuviese dirigida a debilitar las relaciones entre Washington y Kabul y reducir así la influencia de Occidente en el proceso de pacificación. Para ello busca la acción concertada con Kabul e Islamabad sobre la base de los intereses compartidos, pero también instrumentando sus evidentes discrepancias en aspectos de la política norteamericana para la región.

Con tal propósito siguió una estrategia en positivo complementada con otra de presión. Su esfuerzo económico y político ha propiciado un cambio de equilibrios dentro del país y aun en el entorno regional. Su estrategia en positivo se sustanció en políticas pragmáticas de desarrollo y mejora de las condiciones económicas, a nivel local y regional. Estas se concentraban en la región occidental de Irán, en las provincias de Herat, Nimrud y Farah cuyo desarrollo ha promovido buscando su asimilación a Irán; y, por vía de la diferencia, su desconexión del resto del territorio afgano mediante el incremento de su interconexión al territorio iraní.

Como señala Esteban de Lama, Irán trataba de absorber el oeste Afganistán dentro de su esfera de influencia económica a mayor velocidad de la que Afganistán está integrando sus propias regiones y ciudades. Las vías terrestres de conexión fueron lo más potenciado. De hecho, Irán ha puesto en marcha numerosos proyectos de carreteras y vías férreas que alcanzan incluso a Tayikistán. Referir que la conexión a la red eléctrica iraní permitió disponer en la zona de unos estándares de suministro de los que aún no disponía ni Kabul57. El resultado fue que Herat -donde se han realizado las infraestructuras de mayor enjundia- y las otras dos capitales provinciales fronterizas quedaron mucho más cercanas a Irán de lo que lo están de Kabul.58

Simultáneamente avanzó en la dirección del panpersianismo y el panshiismo estrechando los lazos con las minorías étnicas y lingüísticas afines, apoyando la difusión del farsi (darí) tanto a través de los medios de comunicación como en el ámbito de la comunicación. Se promovió la construcción de escuelas y universidades de credo y lengua afín, bien becando alumnos para estudiar en Irán bien apostando por la implantación de universidades y centros de formación en suelo afgano.59

Estas acciones fueron complementadas con publicaciones religiosas alineadas con su posicionamiento político y la presencia de misioneros al modo saudí, esto es, como educadores. Y ello junto a entidades filantrópicas (hospitales, clínicas…) de capital iraní que proporcionan servicios que el Estado no era capaz de suministrar. Y a nivel político mediante el apoyo a partidos prohazara y shiitas. Y no solo eso. También se le acusó del despliegue de su servicio de inteligencia, especialmente en Herat y de utilizar sus empresas para tales propósitos.60

Además, durante la ocupación occidental se decomisaron armas iraníes en Afganistán en manos de grupos que apoyan a este país. Y se notificaron reuniones de lideres de la insurgencia talibán en Irán. Tras la caída del régimen prooccidental, este país no reconoce al gobierno talibán por el trato que dispensa a las minorías shiitas y hazaras. De hecho, y nuevamente, se ha informado de reuniones de los grupos contrarios al régimen talibán en su territorio, pero, a la vez, mantiene relaciones diplomáticas para abordar los problemas comunes.

Geopolítica regional

La política de Irán hacia Afganistán ha ocupado tradicionalmente un segundo nivel viéndose relegada, al menos hasta la ocupación soviética del país, y ha estado centrada, como se ha visto, sobre la región más próxima a su territorio. Afganistán tiene una extensión de 652,000 km2 y 42 millones de habitantes. Irán, 1,698,195 km2, por lo que es un 68 por ciento más grande que Irak y Afganistán juntos y cuenta con un 40% más de población. Pakistán posee por su parte una población de 182,589 millones de habitantes y una extensión de 796,000 km2.

Los cuadros adjuntos recogen la comparativa económica entre los tres países con datos de 2012, en la que se puede constatar el notable desequilibrio existente entre ellos, tanto en términos de PIB (el de Irán es casi 33 veces superior al afgano y más del doble del pakistaní) como de renta per cápita, urbanización, desarrollo industrial o educación.


Imagen: Datos económicos de Afganistán, Irán y Pakistán en 2012.

Los tres países están vinculados comercialmente. El 25,8% de las importaciones de Afganistán y el 33,1% de sus exportaciones lo son con Pakistán. El comercio bilateral anual se estima en 1500 mil millones de dólares, Irán trata de aumentar su cooperación bilateral comercial con Pakistán, siendo ésta de 1000 millones de dólares. Además, están teniendo lugar negociaciones sobre distintas infraestructuras. Los tres países pertenecen simultáneamente a numerosas organizaciones internacionales, lo que mejora la cohesión regional y contribuye a la estabilidad.

Es inevitable hablar de las relaciones entre Afganistán y Pakistán, para subsumirlas en el contexto triangular de las relaciones con Irán. La frontera afgano pakistaní, la denominada Línea Durand, se extiende a lo largo de 2400 km. y es heredera de la política de división característica del proceder imperial británico. Es una frontera fijada por un tratado de 1893 sobre criterios militares pero sin precisión. Divide en dos el territorio de mayoría pastún razón, por la que es cuestionada por el gobierno afgano en múltiples aspectos (lo que apuntaría a la creación de una suerte de Pastunistán), postura radicalmente contraria a la paquistaní, que afirma su validez actual, política e histórica.

Muchos ciudadanos de ambos Estados residen y trabajan en el otro país. La geografía, los vínculos étnicos y la cultura compartida entre los pakistaníes y los afganos pastunes, además de una frontera porosa que permite los movimientos regulares a uno y otro lado de la Línea Durand, ponen de relieve la interdependencia entre ambos países. Las condiciones geográficas de Afganistán le hacen depender en materia de vías de comunicación de Pakistán. Es más, su puerto marítimo más próximo, Karachi, se encuentra en Pakistán y a más de 1.300 km.

Históricamente, Pakistán ha tenido siempre unos vínculos geopolíticos, culturales y religiosos muy estrechos con Irán. Fue el primer país en reconocer su independencia en 1947; ambos países -en el contexto de la Guerra Fría y bajo el paraguas norteamericano- en el CENTO (Organización del Tratado Central), o el Pacto de Cooperación Regional. Sus relaciones se vieron perturbadas por la revolución iraní, pese a lo cual Pakistán fue el primer país en reconocer al gobierno que surgió de ella. Tras la invasión soviética de Afganistán las relaciones empeoraron aún más al apoyar ambos países a facciones enfrentadas: Pakistán a los pastún e Irán a la Alianza del Norte.

Tras la victoria talibán, los sentimientos antishiíes de los talibanes y la violencia sectaria subsiguiente condujo a un enfriamiento en las relaciones. También desde Irán se acusó a los paquistaníes de no luchar suficientemente e incluso de apoyar y permitir la instalación en su territorio del grupo terrorista Jundollah, que afirma defender en el Baluchistán los derechos de los suníes. Y Pakistán es uno de los principales receptores del mecenazgo saudí. No obstante, y con todo, siempre se han apoyado mutuamente a nivel internacional. Pakistán se ha opuesto al aislamiento de Irán y representa los intereses iraníes en Washington. Y el comercio entre ambos países ha crecido.

Afganistán ocupa una posición central entre Irán, Pakistán y las exrepúblicas soviéticas de Asia Central. En consecuencia y considerando el papel que Irán pretende desempeñar como potencia regional, es natural que trate de alcanzar una posición influyente respecto a Afganistán ya que este país se encuentra muy debilitado.

Ampliando el marco también a la periferia de la región, todo está envuelto entre razones geopolíticas. Por ejemplo, la India ha aprovechado el conflicto afgano para introducir sus empresas en ese país de la mano de la ayuda al desarrollo, convirtiéndose en el segundo donante de la región por detrás de Irán y buscando el envolvimiento de su rival Pakistán. Y apostó por la construcción de una línea de ferrocarril, desde Afganistán por Irán y hasta el mar de Arabia reduciendo la dependencia de Pakistán para el flujo mercantil.61

Por su parte, Paquistán trata de “evitar un nexo Kabul-Nueva Delhi” y, con ello, el envolvimiento estratégico. Esto es primordial para la política de Seguridad Nacional pakistaní, toda vez las largas fronteras con ambos países y la proximidad de los centros de población. La posibilidad de que Pakistán tuviese que atender simultáneamente a un doble frente le resulta inaceptable.62

Las principales rutas comerciales afganas al mar son terrestres y a través de Pakistán, lo que genera dependencia. Consecuentemente, los pakistanís vieron en el programa indio de construcción de vías de comunicación entre Irán y Afganistán, un intento de debilitar su posición. Y es que los afganos querían reducir su dependencia de Pakistán. La India completó la autopista estratégica entre Zaranj (en la frontera con Irán) y Dilaram en Afganistán, con lo que ha mejorado el acceso desde el puerto iraní de Chabahar, en el océano Índico, (que a su vez se está ampliando y acondicionando con fondos de la India), hasta la red de carreteras afganas favoreciendo su independencia respecto de Pakistán. Empresas indias han mejorado la red vial entre Chabahar y Zaranj, mientras apostaban por un enlace ferroviario entre Chabahar y Afganistán.63

Merece también referirse que Pakistán ha jugado un papel ambiguo, simbolizando por un lado el papel de aliado crítico de los EE. UU. en la guerra contra el terror, mientras era el epicentro de la militancia Islámica y yihadista en la región. Su implicación simultánea en los proyectos de oleoductos IP (Irán-India-Pakistán) y TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Paquistán-India) ha sido clara expresión de los malabarismos de su política exterior, no menos compleja que las diferentes dinámicas internas que vive el país. Y otorga una salida a China que le permite obviar el estrecho de Malaca accediendo al mar a poniente del subcontinente indio por lo que es muy relevante en la OBOR. La clave es la posición final de los talibanes y que puede provocar el resurgir de nuevos conflictos internos favorecidos por la confluencia de intereses opuestos. En cualquier caso, el acercamiento entre Arabia Saudí e irán de la mano de su socio chino favorece la pacificación de Afganistán.

Fronteras, corrupción y narcotráfico

La longitud de las fronteras afganas es directamente proporcional a las interrelaciones con sus vecinos. Pero la orografía complica las fronteras de Irán. Estas no son naturales y son proclives al tráfico ilegal de armas, drogas, personas, etc. De hecho, favorece la actuación de grupos terroristas y guerrilleros, como es el caso de la insurgencia azerí en el noroeste, los terroristas de Jundollah en el Este, o, los contrabandistas y traficantes de opio afganos.

Irán y Afganistán comparten 936 Km. de frontera en los que Irán ha construido un muro. La política iraní en Afganistán, en concordancia con el resto de la zona, es una aproximación poliédrica y en arabesco. Por un lado, mantiene relaciones con el gobierno de Kabul, aun sin reconocerlo; y, por otro, con algunos grupos insurgentes y líderes afganos a lo ancho del espectro político.

Una cuestión critica ha sido el narcotráfico que, reducido en la primera época de los talibanes, experimentó tras la intervención un notable desarrollo contribuyendo a la financiación de los grupos insurgentes, a la aparición de mafias económicas y a la corrupción de todos los aparatos del Estado y gobierno. Se calcula que representaba entre el 80 y el 90% de la producción mundial de opiáceos y el 14% del PIB nacional.64

Irán, especialmente desde 2008, se implicó a fondo en la lucha contra este fenómeno. Según la ONU (informe de ONUDC de 2013) era el país del mundo que decomisaba mayores cantidades de opio y heroína con un 81 y un 34 por ciento respectivamente de la incautación mundial. Más de 200.000 personas eran capturadas cada año por tráfico de drogas y no pocas condenadas a muerte. Según cifras de organizaciones de derechos humanos, tres cuartas partes de los ejecutados en Irán lo fueron por tráfico de drogas; en el año 2011, casi quinientas personas. Añádase, en esas fechas, 3.700 oficiales iraníes muertos y 12.000 heridos en combates con los narcos. De todo ello culpaba a la intervención en Afganistán toda vez el incremento de la producción de drogas tras ella.

En 2022 el gobierno talibán prohibió el cultivo del opio. Según ONUDOC, esto redujo las hectáreas cultivadas desde las 233.000 a unas 10.800 y la producción de goma de opio cayo a solo 300 toneladas, cuando el 95% de la heroína europea era de orígenes afganos (Afganistán, Myanmar y Colombia eran los principales productores). Ha habido enfrentamientos entre los talibanes y los productores de opio. El resultado es que se está produciendo una reconfiguración de los tráficos que tendrá consecuencias en España y en toda Europa, y su previsible sustitución por otros derivados como el fentanilo. Y es que el precio de esta droga se ha multiplicado por ocho pese a unas reservas que aseguran el suministro hasta 2027. Y la carencia de heroína en Europa puede traer su sustitución por el fentanilo, en tanto se desplaza la producción de opio a otros territorios.

Referir que, en 2023 y en la frontera, se produjeron distintos incidentes armados con narcotraficantes en los que se hizo uso hasta de la artillería. Referir, también de paso y por las recurrentes disputas, un problema bilateral histórico entre ambos como es la gestión del caudal del rio Helmand que discurre por Afganistán – donde se han construido presas y desviado el río- y desemboca en un lago fronterizo.

En cualquier caso, los flujos ilícitos han asolado hasta ahora la región como acreditan los de 2 a 3 millones de drogadictos iraníes. Estos, generan un gran desafío desde punto vista moral (el consumo está condenado en el islam), socioeconómico (detracción recursos dedicados a programas rehabilitación y educación, instalaciones penitenciarias, seguridad fronteriza) y sanitario (infecciones por virus VIH).65

A resultas del conflicto se intensificó la emigración económica, legal e ilegal, y, por supuesto, el flujo de refugiados a Irán. Irán cuenta con entre 950.000 (registrados) y 3 millones de refugiados afganos que son piezas del tablero político. Estos han vivido sin estar confinados en campos y con un gran coste social y una fuerte competencia laboral. Ha habido informaciones de su reclutamiento para la guerra de Siria.

En 2002 un acuerdo entre la ONU, Irán y Afganistán establecía el retorno gradual de los refugiados. A partir de 2006 un empeoramiento de la economía y la presión de la población iraní sometida a un incremento de las tasas de paro trajo consigo un empeoramiento de las condiciones de estancia: nuevos procedimientos empadronamiento, reducción de los subsidios y permisos de trabajo, prohibición de empleo a las mujeres afganas.66

Entre 2007 y 2009 fueron deportados un millón de afganos, lo que generó una caótica crisis humanitaria toda vez el desarraigo de quienes no podían volver al entorno del que partieron lo que, junto a la incapacidad de la sociedad afgana para absorber tales volúmenes de personas, hacían que acabasen en el entorno de las grandes ciudades como una suerte de lumpen proletariado urbano que incrementaba aún más las ya de por sí exiguas condiciones de seguridad.

Tras el retorno de los talibanes al poder se produjo nuevamente un incremento del número de refugiados, aunque de distinto signo. En cualquier caso, los refugiados se han convertido en una pieza del juego político, en una baza de presión y negociación. En 2025, y tras el restablecimiento informal de relaciones entre ambos países, se está forzando su retorno. Algunas fuentes apuntan cifras de 5000 refugiados al día.

Conclusiones y prospectiva

El desplazamiento del centro de gravedad de la política exterior norteamericana hacia Asia-Pacífico junto a nuevas técnicas de explotación petrolífera como el fracking han reducido el interés norteamericano por Oriente Medio. Una interés, además, mucho tiempo condicionado por Israel. Y el vacío consiguiente ha sido rellenado por China. En sus aledaños y en el tránsito al Lejano Oriente, se sitúa Irán.

Este país ha pretendido ser, atendiendo a su población, historia, geografía y recursos, la gran potencia islámica y desplazar a países como Turquía, Egipto, Paquistán o Arabia Saudí mientras aspira a mantener un estatus similar al de la India. Pero ser imperio requiere una economía acorde.

Y hacer la guerra también; algunas fuentes calculan el costo de la ayuda militar y económica de Irán a Siria entre los 30.000 y 105.000 millones de dólares, ayuda sin la que el régimen de Damasco no habría sobrevivido hasta que a finales de 2024, sorpresivamente, se disolvió como un azucarillo. E Irán es también un aliado incómodo para los suyos por poder encarnar actitudes de dominación desde otra cultura y etnia diferente de la mayoritaria67. Controlar Oriente Medio, aunque sólo sea el shií, no es ni fácil ni barato.

En cualquier caso, Oriente Medio precisa estabilizarse. Cuenta con múltiples centros de poder que mantienen relaciones cruzadas entre sí. Los malabarismos de cinco bolas y las políticas de poder pertenecen al siglo XIX y son muy peligrosos, además de difícilmente reproducibles; por ejemplo, las fuerzas trasnacionales propias del siglo XXI los dificultan. De hecho las bolas no son tan rígidas como antaño, están dotadas de una textura y consistencia variables dado que son productos híbridos en tanto que amalgamas de distintas partes y materiales. Esto dificulta las carambolas, cuando no las hacen imprevisibles.

La globalización es la racionalización de cualquier ensueño, revoluciones incluidas. En el siglo XXI la retórica revolucionaria no es de recibo. Alamut, el mítico castillo de la secta de los asesinos no es propiamente un castillo sino una pieza del sistema defensivo nizarí que protegía un bellísimo valle de igual nombre, no demasiado lejos –para el tamaño del país- de Teherán y del Caspio. Irán está plagado de lugares míticos, de historia y de sueños.

Esa secta puede identificarse con ese Irán exportador de inestabilidad, algo peligroso, porque al final, como en 1256, pueden venir los mongoles. Y es que Irán ha amparado el terrorismo y ha estado implicado en buena parte de los conflictos regionales. Para ser readmitido en la sociedad internacional deberá renunciar a esa página de su Historia. No obstante, la Historia también alcanza a Occidente. Para algunos, la imagen de lo sucedido en Irak o Libia es que estos países primero se desarmaron para luego ser atacados. Tales ejemplos perjudican posibles acuerdos y favorecen apuestas tan ultramontanas como la nuclear como forma imprescindible para alcanzar la invulnerabilidad.

Decía Lord Palmerston que lo único eterno de las naciones son sus intereses y Bismark apostillaba que los intereses nacionales son los más fríos de los intereses fríos. El presente y el futuro, no tanto como el pasado, son las piedras desde las que se construyen. Irán y Occidente llevan casi 50 años de desencuentros tras una Revolución que ya no es un referente para el mundo islámico.

El islamismo se ha banalizado y la inserción en la comunidad internacional, el proceso de racionalización que impone la globalización, modulará sus demandas. En el siglo XXI progreso económico e independencia (cultural, ética…) son procesos difícilmente compatibles. El paquete se vende completo. Internet y el turismo, por ejemplo, necesariamente harán evolucionar al país. Es más, el nivel de preparación de sus líderes hace pensar que son sobradamente conscientes de ello. Lo único que estarían tratando de encontrar es la forma de vehicularlo; en suma, una Transición como la que se realizó en España. Conocer Europa entonces, era saber que España tenía que cambiar.

Dada la continuidad que debe haber entre una y otra, la transformación de la política exterior de un país moderno, e Irán lo es, está en relación con la transformación de su política interior, Y es que su problema no es sólo de seguridad, sino que incorpora también dimensiones, económicas, financieras y energéticas. Precisa, además, actuar en una pluralidad de planos: interno, regional y global. El interno es el primero de todos y la base de los demás.

La institucionalización de un proceso revolucionario ha traído, una vez más, su abotargamiento y esclerotización. La sociedad iraní lleva mal los corsés artificiales, y se le nota. Un régimen demandante con sus ciudadanos debe solucionar sus problemas básicos; la crisis económica iraní, en parte inducida por el embargo, obligó a Irán a sentarse a negociar, no se olvide. La economía, y especialmente el sector financiero, han demostrado ser el talón de Aquiles de un Irán excesivamente dependiente del petróleo y con problemas de distribución de riquezas. Pero también deben destacarse los esfuerzos para diversificar ingresos y contar con una industria y una tecnología propia.

El equilibrio del sistema iraní es muy inestable. Y es que ningún régimen -ni siquiera este- puede ignorar su realidad social. Si a una reislamización de las bases debe corresponder una reislamización de la cúpula, igual movimiento debe suceder a una secularización. Una bien visible falta de adecuación entre estas dos realidades ha generado un déficit de legitimidad del Estado, que, previsiblemente, se incrementará.

El país precisa de reformas estructurales tan profundas que, inevitablemente, alterarán los equilibrios del Estado. Y se van a producir por más que se aplacen; cualquier pequeño cambio puede alterar el sistema y traer uno grande, un vuelco.  La edad del Guía Jamenei pueden acabar por precipitarlas.

El elemento que propicia una falsa estabilidad no es tanto el hecho o la singularidad religiosa como un acendrado nacionalismo. Este carácter nacionalista y la propia Historia de Irán hacen difícil que la solución a sus problemas pueda venir desde fuera; interferir directamente en sus asuntos internos es arriesgado y, a la larga, puede ser hasta contraproducente. La solución a sus problemas conviene que venga de dentro y como fruto natural de una evolución. Tal vez, curiosamente, los iraníes se parezcan demasiado a los españoles. Las formas, sino lo son todo, son mucho.

La inserción de Irán en la comunidad internacional debe hacerle moderar sus demandas, como se deduce de la sola aceptación de las reglas para poder vehicularlas. Para ello los beneficios que se deriven para el país deben superar a los costes. De instalarse esta lógica, a la larga es de esperar una mayor implicación y una postura más constructiva en la resolución de los conflictos que asolan Oriente Medio y ello puede implicar hasta un cierto cambio en el orden regional.

El eventual y definitivo abandono de Irán del Tratado de No Proliferación Nuclear Acuerdo Nuclear puede suponer un duro golpe para este y tener implicaciones más allá de la región, toda vez la cada vez mayor facilidad con que cuentan los países para dotarse de esta tecnología. Y eso en el contexto de un orden internacional también cada vez más multipolar y por ello más proclive a que se produzca un efecto dominó.

Las sanciones buscan claramente provocar el colapso financiero del régimen, al que seguiría el caos económico, de ahí la protesta social y finalmente la caída del sistema político. Con todo, hay factores difícilmente cuantificables y no menores como el profundo nacionalismo iraní y la victimización shií. La llamada “guerra impuesta”, la guerra con Irak trajo millón y medio de muertos y siete millones de mutilados que no quebraron la voluntad de combate iraní.

Y eso cuando el mantenimiento tanto de las sanciones como del régimen puede suponer la entrega del mercado iraní a Rusia y, sobre todo, a China, por la naturaleza complementaria de sus economías.

Es este un régimen que utiliza la represión eficazmente y basa su legitimidad en el hecho religioso; ello unido a la falta de dirección política de la oposición hace difícil que pueda sucumbir ante movimientos como la “marea verde” de 2009 o la contestación social contra el velo que fueron desactivados violentamente. Y menos aún a las llamadas a la insurrección hechas aprovechando que el país afronta a un enemigo exterior.

Con todo, los cimientos sobre los que se ha construido la sociedad iraní son sólidos. Un pueblo educado, una sociedad civil vertebrada…están preparados como lo estuvo España en 1975. Solo falta un evento interior precipitante.

Y eso cuando los aprendices de brujo no son bienvenidos en las relaciones internacionales ni lo serán nunca. La centralidad geopolítica de Irán es demasiado importante para que Occidente lo ignore o renuncie a mantener unas relaciones más constructivas y ventajosas.

En resumen, los Estados sirven a los pueblos y no a la inversa. Lo que tiene que producirse, se producirá. El ritmo lo debe marcar el país y la comunidad internacional y Occidente deben pensar en clave de futuro y, a la vez, evitar cualquier forma de proliferación y contribuir a la estabilidad regional. Un equilibrio ciertamente complicado, pero al arabesco y al farsi, los estilos propios de la región, solo admiten una respuesta válida y buena que contenga más arabesco y más farsi.

Federico Aznar Fernández-Montesinos
Analista del IEEE

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

1KEDDLE. Niikki R. El Irán moderno. Verticales de bolsillo. Barcelona 2009.
2MALEKI, Abbas”. ¿A dónde va Irán?” en VV.AA La Vanguardia Dossier núm. 24/ 2007 “Irán por dentro” p. 29.
3HAKIMINIAN, Hassan “La economía después de la revolución” en VV.AA La Vanguardia Dossier num. 24/ 2007 “Irán por dentro” p. 75
4La abundancia de petróleo y gas pueden ser problemáticos si los ingresos obtenidos se usan inadecuadamente. Esto se conoce como síndrome o mal holandés, término acuñado tras el golpe a la industria de ese país tras descubrirse grandes yacimientos de gas cerca del Mar del Norte.
5FALAHI, Alí. “Los detonantes económicos del estallido de las protestas en Irán,” Diario “El País” 2 de enero de 2018.
6CIA World Fact Book.
7VV. AA. Dossier Irán 201O. www.maec.es.
8IBIDEM.
9VATANCA, Alex. Op. Cit., p. 7.
10VATANCA, Alex. “Republic enemy – “US policy and Iránian elections”. Janes Intelligence Review, 2008 p. 8
11Ibidem.
12DE PLANHOL, Javier. Las naciones del Profeta. Biblioteca del Islam Contemporáneo, Ediciones Bellaterra, Barcelona 1988, p. 667.
13IBIDEM, pp. 667-669.
14IBIDEM.
15IBIDEM.
16YANN, Richard. Op. Cit.
17ZACCARA, Luciano. «Irán: sociedad política y económica» en VV. AA. Irán como pivote geopolítico. Ministerio de Defensa 2010.
18SCHIRAZI, Asghar «Una república imposible» en VV. AA. La Vanguardia Dossier nº 24/ 2007. «Irán por dentro» pp.18-26.
19YANN, Richard. Op. Cit.
20Ibidem
21ZACCARA, Luciano. Op. Cit.
22NASR, Vali. «La nueva potencia hegemónica» en VV. AA. La Vanguardia Dossier nº 24/ 2007. «Irán por dentro» pp.18-26.

23SCHIRAZI, Asghar. Op. Cit.

24TOSCANO, Roberto. Op. Cit.
25HALLIDAY, Fred. «Contexto sociopolítico: La política interna de Irán y efectos en su política exterior» en VV. AA. Irán Potencia emergente en Oriente Medio. Implicaciones en la estabilidad del Mediterráneo. Cuaderno de Estrategia nº 137, Ministerio de Defensa 2007, p. 28.
26DE PLANHOL. Javier. Op. Cit., p. 667.
27NÚÑEZ GARCÍA-SAUCO, Antonio. «Introducción» en VV. AA. Irán como pivote geopolítico. Ministerio de Defensa 2010.
28SANTOS ROLDÁN, Alex. “Caos en la frontera entre Afganistán y Paquistán”. https://www.descifrandolaguerra.es/caos-frontera-entre-afganistan-y-pakistan/
29ESTEBAN DE LAMA, Miguel Ángel. “Irán ante la misión de ISAF en Afganistán”. Monografía para el III CSIFAS, Escuela Superior de las Fuerzas Armadas 2010
30Ibidem.
31ZACCARA, Luciano. Op. Cit.
32HALLIDAY, Fred. Op. Cit.p. 35.
33Ibidem, p. 24.
34NASR, Vali. Op. Cit. pp.18-26.
35CLAWSON, Patrick. «The red lines. How to progress in US Iran Policy». The Washington Institute Working paper. 2010. www.washingtoninstitute.org.
36NASR, Vali. Op. Cit., pp.18-26.
37YANN, Richard. Op. Cit.
38AMUZEGAR, Jahangir. «Iran crumbli
39PATRIKARAKOS, David. Iranian Impasse. ISN, Center for Security Studies (CSS), ETH Zurich, Switzerland 2010.
40CARPINTERO, Natividad. «El programa nuclear iraní» en VV. AA. Irán como pivote geopolítico. Ministerio de Defensa 2010.
41ARTEAGA, Félix. “La retirada unilateral de EEUU del Acuerdo nuclear con Irán: repercusiones inmediatas”. ARI 68/ 2018, Real Instituto Elcano 2018.
42MUNS, Alexandre. “Claves del acuerdo nuclear con Irán” Diario “Cinco Días,“ 04.08.2018.
44Las claves del acuerdo son que Irán no producirá uranio altamente enriquecido durante los próximos 15 años; se deshará del 98% del material nuclear que posee; eliminará 2/3 de las centrifugadoras instaladas; las potencias podrán verificar el grado de cumplimiento del acuerdo. Naciones Unidas podrá levantar las sanciones que pesan sobre Irán, que antes del levantamiento deberá cumplir algunos acuerdos básicos. Las sanciones se mantendrán durante los próximos cinco años en el caso de las armas y durante los próximos ocho en el caso de los misiles balísticos. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150714_iran_acuerdo_nuclear_potencias_ac
45ARTEAGA, Félix. Op. Cit.
46DE CATHEU Luis; BATMANGHELIDJ, Estfandyar. “irán. Las consecuencias geopolíticas de la substitución de importaciones” https://legrandcontinent.eu/es/2024/04/03/iran-las-consecuencias-geopoliticas-de-la-resiliencia-industrial-frente-a-las-sanciones/
47Ibidem.
48Ibidem.
49MATALOBOS GONZÁLEZ DE LA VEGA, Ignacio. “Yemen” en VV.AA. Panorama Geopolítico de los Conflictos 2012. Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2013.
50Se escenificó mediante el encuentro entre el Rey Faisal y el presidente Roosevelt a bordo del acorazado Quincy en 1945. Durante el mismo, Ibn Saud preguntó al presidente Roosevelt sí creía en Dios o tenia colonias. (MEDDEB, Abdelwahab. La enfermedad del islam. Ed. Galaxia Gutenberg, Barcelona 2003.)
51FERNÁNDEZ-MOLINA Irene. Op. Cit., pp. 291-286.
52CHAPUR, Belén Maria. “Arabia Saudita, Irán y China: un intento de traición que costó muchas vidas a Israel”. Infobae 15.09.2023. https://www.infobae.com/america/mundo/2023/10/15/arabia-saudita-iran-y-china-un-intento-de-traicion-que-le-costo-muchas-vidas-a-israel/
53VERICAT; José. “ Trump redefine la política estadounidense hacia Oriente Medio” Real Instituto Elcano 13.06.2025 https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/trump-redefine-la-politica-estadounidense-hacia-oriente-medio/
54Ibidem.
55VV. AA. «Dossier Irán 2018» Op. Cit.
56TALT, Robert. «Iran still center of middle east great game» http://www.rferl.org/content/is_Irán_still_center_of_mideast_great_game/3556457.html.
57“Iran pledges help in power sector”, Pajhwok Afghan News, june 25, 2006.
58“Iran to carry out projects in Iraq, Afghanistan, Tajikistan”, Fars News Agency, julio 3, 2008.
59“Iran Universities to open branches abroad”, Fars News Agency, february 15, 2009.
60ESTEBAN DE LAMA, Miguel Ángel. Op. Cit.
61VV.AA. “Análisis de regiones. Sur de Asia (I). Afganistán-Pakistán-Irán” Escuela Superior de las Fuerzas Armadas, diciembre 2012.
62Ibidem.
63Ibidem.
64Ibidem.
65Ibidem.
66ESTEBAN DE LAMA, Miguel Ángel. Op. Cit.
67GORDON, Evelyn. “Irán Aliado incómodo” Israel noticias 02.08.2018 www.israelnoticias.com
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