IEEE. La visión estratégica de la República Popular China en la nueva era: análisis del Libro Blanco sobre Seguridad Nacional (2025)

06 oct 2025
IEEE. La visión estratégica de la República Popular China en la nueva era: análisis del Libro Blanco sobre Seguridad Nacional (2025)
Mario Laborie Iglesias. Coronel ET ( r ). Subdirector Adjunto IUGM (UNED). Doctor en Seguridad Internacional
Introducción
“El mayor consenso en el análisis del vigente sistema internacional es el referido a que el caos y la anarquía son la regla dominante del inestable escenario global”1. El gobierno chino, en su reciente Libro Blanco “La Seguridad Nacional de China en la nueva era”, coincide con esta misma perspectiva:
“el mundo, los tiempos y la historia están cambiando de una forma sin precedentes. Múltiples contradicciones y riesgos se entrelazan, y el déficit de paz, desarrollo, seguridad y gobernanza se agravan. La sociedad humana se enfrenta a la crucial disyuntiva de paz o guerra, prosperidad o decadencia, unidad o confrontación, y se encuentra una vez más en la encrucijada de la historia”.
En este contexto de aparente caos e incertidumbre mundial, el 12 de mayo de 2025, la Oficina de Información del Consejo de Estado de la República Popular China (RPC) presentó el arriba citado Libro Blanco. Se trata del primer documento oficial que aborda, de manera integral, las distintas dimensiones de la seguridad desde una perspectiva gubernamental. Con el propósito de explicar los conceptos rectores, prácticas institucionales y logros alcanzados por la RPC en materia de seguridad, el texto también busca fortalecer la comprensión internacional sobre su posición en todos aquellos ámbitos que considera decisivos para el mantenimiento de sus intereses. Se trata, sin lugar a duda, del texto estratégico de seguridad más relevante publicado hasta la fecha por Pekín2.
El término “nueva era”, habitual en los últimos documentos estratégicos chinos, designa el periodo iniciado en 2012 con la llegada de Xi Jinping al liderazgo del Partido Comunista de China (PCCh). Esta etapa se caracteriza por un enfoque integral de la seguridad, que combina la modernización institucional, la prioridad del desarrollo económico y la estabilidad política. En este ámbito, la “nueva era” implica una perspectiva más ambiciosa con respecto a épocas anteriores. Ahora, China no sólo busca garantizar su estabilidad interna, sino también proyectarse como potencia global bajo la guía del socialismo con características chinas. En este marco, el liderazgo absoluto del PCCh y el pensamiento de Xi Jinping constituyen el núcleo doctrinal desde el cual se articulan las metas de modernización, seguridad y protagonismo internacional3.
En los últimos años, China ha publicado diversos documentos relacionados con la seguridad y la defensa nacional4, reflejo de una preocupación creciente por definir su postura ante un entorno internacional cada vez más complejo. A diferencia de las estrategias formales, este nuevo texto adopta el formato de Libro Blanco, lo que le confiere un carácter más declarativo y descriptivo, orientado tanto hacia el ámbito doméstico como hacia la comunidad internacional. Este tipo de documento permite a la RPC proyectar su visión sobre la seguridad como parte de un pensamiento estratégico en evolución. Al mismo tiempo, constituye una narrativa con la que reafirma su autoimagen como potencia estabilizadora frente a lo que percibe como un entorno volátil, marcado, entre otros factores, por la política exterior de Estados Unidos.
Aunque el documento ha pasado casi desapercibido en España, su relevancia no debería subestimarse. Se trata del primer documento estratégico sobre seguridad nacional publicado por la superpotencia asiática, lo que por sí solo justifica un análisis detenido. Es cierto que este tipo de textos tienden a ser más explicativos que vinculantes en términos de implementación de políticas públicas, pero en el actual contexto internacional —donde China desempeña un papel central— resulta pertinente examinar si la aplicación de su doctrina de “seguridad integral” puede contribuir efectivamente a la estabilidad global, como sostiene Pekín.
Este Documento de Opinión tiene como finalidad analizar los pilares estratégicos del Libro Blanco sobre Seguridad Nacional, prestando especial atención a sus implicaciones tanto internas como externas, y a la manera en que refleja los intereses fundamentales y las percepciones de amenaza por el PCCh.
Fundamentos ideológicos y doctrinales
El Libro Blanco se apoya en una base ideológica y doctrinal que combina elementos tradicionales y contemporáneos del pensamiento estratégico chino. En este apartado se analizan cuatro pilares que estructuran su enfoque: la imagen y el papel que China se otorga a sí misma; la noción de “seguridad nacional integral” como concepto rector; la influencia de la milenaria cultura estratégica china; y la centralidad del Partido Comunista Chino, así como del pensamiento de Xi Jinping, como núcleo dirigente de toda la arquitectura de seguridad del gigante asiático.
China a los ojos de China
El documento proyecta la imagen de cómo China se concibe a sí misma en el escenario global: una potencia en ascenso, moderna, autosuficiente y garante de la estabilidad interna y regional. Guiada por el liderazgo absoluto del Partido Comunista –sujeto al principio de “socialismo con características chinas”–, la RPC se presenta como un país resiliente, capaz de hacer frente a los riesgos internos y externos, y decidido a proteger su soberanía, unidad territorial y sistema político frente a presiones externas, especialmente de las potencias occidentales.
El documento destaca que China ha logrado “los dos milagros” de rápido desarrollo económico y prolongada estabilidad social, y que ahora se encuentra en una etapa crítica de modernización nacional y “gran rejuvenecimiento”. Ante esta circunstancia, se posiciona como una fuente de estabilidad en el mundo. China defiende un modelo propio de gobernanza y seguridad, adaptado a sus características históricas y culturales, que prioriza la independencia, la autosuficiencia y la no injerencia.
Un elemento significativo en esta postura es la autoridad moral. El Libro Blanco subraya que la RPC aspira a ejercer un liderazgo ético tanto en el plano interno como internacional. Esta autoridad moral legitimaría el papel del PCCh, reforzaría la cohesión ideológica y serviría como fundamento para promover un orden mundial más justo y cooperativo. Así, China se presenta como un actor estabilizador y responsable, con un modelo alternativo de seguridad y desarrollo al de Occidente.
Seguridad Nacional Integral
Este segundo pilar constituye el prisma con el que se debe observar la seguridad de la RPC en esta “nueva era”. El concepto de seguridad integral fue introducido por el presidente Xi en 2014 como respuesta a la amenazante evolución del panorama internacional, así como a las lecciones extraídas de la experiencia histórica de China en materia de seguridad. Este enfoque, adoptado oficialmente por el PCCh, amplía de manera significativa la noción tradicional de seguridad para incluir tanto la defensa militar y la estabilidad política, como también ámbitos no convencionales como el ciberespacio, la inteligencia artificial, la bioseguridad, la salud pública, el medio ambiente o el espacio exterior, entre otros. Hoy en día, el concepto abarca más de veinte áreas diferenciadas y constituye una referencia obligatoria en todos los niveles del Partido5.
Su finalidad es construir un sistema de seguridad nacional integrado y coordinado que proteja la soberanía, salvaguarde la estabilidad del régimen y los intereses fundamentales del país, al mismo tiempo que garantizaría un desarrollo económico de “alta calidad”. El Libro Blanco ratifica este concepto como el eje doctrinal de la política de seguridad nacional china. Se subraya que la seguridad del pueblo es su propósito, la seguridad política su base, y los intereses nacionales su criterio fundamental. De esta manera, se promueve un sistema de seguridad nacional sistematizado y regido por la ley, pero sin olvidar el papel rector del Partido Comunista.
La cultura estratégica de China
La cultura estratégica de un país surge de la combinación de su geografía, historia y narrativas compartidas. Estos factores influyen en la cosmovisión de las élites encargadas de la seguridad nacional, quienes a su vez orientan las respuestas del Estado ante los desafíos y amenazas6. Este factor es especialmente significativo para países como China que se enorgullecen de su espléndida cultura y rica historia. Es decir, si “la teoría social depende en gran medida de la historia, la experiencia y la práctica de un pueblo, debemos reconocer que la cultura tiene importancia en la innovación y la evolución teórica”7. Tradicionalmente, los aspectos culturales han sido considerados una dimensión esencial para interpretar la política de seguridad y la estrategia militar de la RPC.
De manera muy simplificada, la cultura estratégica china se movería entre dos polos: el legado confuciano, que valora la armonía y la estabilidad, y un enfoque más realista, que podría decirse influido por el pensamiento occidental. Históricamente, China ha sostenido un discurso que privilegia “la paz”. No obstante, las crecientes tensiones geopolíticas y las percepciones de amenaza han impulsado una estrategia más pragmática, que combina la defensa de sus intereses con una creciente preparación militar. Esta dualidad sigue siendo fundamental para comprender el comportamiento del régimen chino en el escenario internacional. A nivel interno, Xi Jinping ha promovido una síntesis entre marxismo y tradición confuciana como base ideológica para reforzar la cohesión social y la legitimidad del Partido Comunista8.
Dentro de este marco, se identifican seis principios fundamentales que guían la toma de decisiones de las élites chinas9: la unificación nacional como objetivo superior; una aguda percepción de amenazas externas; la defensa activa como doctrina operativa; la legitimación de la fuerza bajo la teoría de la guerra justa; el temor al desorden interno; y la primacía del bienestar colectivo sobre los derechos individuales. Estos principios refuerzan la idea, promovida por el propio gobierno, de que las actividades militares de China son esencialmente defensivas y no representan una amenaza. Sin embargo, este enfoque permite reinterpretar acciones de carácter ofensivo como respuestas legítimas dentro de una lógica defensiva más amplia.
El Libro Blanco presenta una visión de la cultura estratégica china profundamente arraigada en su historia y moldeada por la experiencia revolucionaria del Partido Comunista. El texto destaca cómo, a lo largo de más de cinco mil años, China ha desarrollado una tradición estratégica basada en la conciencia del peligro, la prioridad de la estabilidad interna y la búsqueda de relaciones armoniosas con sus vecinos. Esta herencia, aunque no mencionada de forma explícita como confuciana, se expresa a través de máximas tradicionales que valoran la prevención, la moderación y el orden como fundamentos de la seguridad. Al mismo tiempo, el documento establece una línea de continuidad con el legado del PCCh, en el que la defensa de la soberanía y la unidad nacional se presentan como una constante histórica frente a amenazas e injerencias externas.
El enfoque pacífico declarado por la RPC no excluye la firmeza en la defensa de sus intereses vitales, lo que justifica la doctrina de “defensa activa”. Dado que las amenazas se perciben de forma integral, todas las acciones de China, incluso aquellas que desde fuera pueden parecer ofensivas, son interpretadas como medidas defensivas orientadas a preservar la estabilidad interna y el orden internacional.
Centralidad del liderazgo del PCCh y del pensamiento de Xi Jinping.
El nuevo documento se debe enmarcar en la llamada “Perspectiva General de la Seguridad Nacional”, un concepto introducido por el presidente Xi Jinping10 en 2014 que actúa como guía teórica central de la política de seguridad del país. Se trata de un sistema doctrinal que fusiona marxismo, tradición estratégica china y experiencias contemporáneas.
Bajo esta perspectiva, la seguridad es tanto un objetivo como una condición para el desarrollo11, y exige una respuesta coordinada a los desafíos tradicionales y no tradicionales, al mismo tiempo que se moderniza el sistema nacional de seguridad. En otros términos, seguridad y desarrollo se encuentran intrínsecamente entrelazados. El documento describe esta relación como “las dos alas de un mismo cuerpo y las dos ruedas de un mismo motor”, subrayando que el desarrollo de “alta calidad” es la base de la seguridad, y que una seguridad sólida es indispensable para un crecimiento sostenible. El texto advierte que los problemas de desarrollo pueden transformarse en riesgos de seguridad, y que la falta de seguridad puede frenar el progreso económico y social.
Por ello, el Libro Blanco promueve una “interacción positiva” y un “equilibrio dinámico” entre ambos conceptos, integrando la seguridad en todas las etapas del desarrollo nacional. La seguridad se presenta como un soporte estructural para la apertura y la modernización. Se sostiene que el desarrollo sin seguridad es frágil, y que la seguridad sin desarrollo es insostenible. En consecuencia, ambos deben ser planificados, ejecutados y promovidos de forma coordinada y complementaria, como parte de una visión integral del futuro del país.
En la sesión de estudio celebrada por el Politburó del Comité Central del PCCh12 en febrero de 2025, el presidente Xi, destacó la importancia de que todos los funcionarios del partido promuevan el desarrollo y la seguridad de manera que se refuercen mutuamente; además, pidió que la resolución oportuna de los problemas de seguridad constituya un asunto esencial para la estabilidad nacional a largo plazo. Xi enfatizó que salvaguardar la seguridad política de China debe ser una prioridad absoluta, para incluir la protección del sistema político, la seguridad institucional y la seguridad ideológica. Reafirmó la adhesión a la llamada “Experiencia Fengqiao”, una práctica originada durante la Revolución Cultural que hoy se ha reactualizado con el objetivo de preservar la armonía y la estabilidad social dentro del modelo de gobernanza del Partido Comunista13.
En esta línea, el Libro Blanco establece que China debe “adherirse y desarrollar la ‘Experiencia Fengqiao’ en la nueva era” para impulsar la gestión local de controversias. Este modelo, que se ha consolidado como base de la seguridad interna en la RPC, busca descentralizar la resolución de conflictos y aliviar la carga del sistema judicial, al tiempo que refuerza el control social desde las bases. Más que una estrategia de autogobierno, “Fengqiao” operaría como un mecanismo preventivo, alineado con el modelo de seguridad integral14. Sin embargo, esta “experiencia” también plantea riesgos. Al fomentar formas de vigilancia informal entre vecinos, puede incentivar la autocensura y fortalecer el control ideológico del PCCh. Para éste, el modelo constituiría una vía para replicar ciertos resultados de las democracias liberales —como la rendición de cuentas y la satisfacción ciudadana— dentro del marco político propio del sistema chino15.
Con todo, el contenido del documento estratégico se articula alrededor del pensamiento de Xi Jinping al que atribuye explícitamente la formulación del concepto de seguridad nacional. El documento identifica la seguridad política y el liderazgo del Partido Comunista chino como sus pilares fundamentales. Aunque declara objetivo último la “seguridad del pueblo”, entendida como la mejora del sentido de realización, felicidad y protección de los ciudadanos, la seguridad política —es decir, la defensa del liderazgo absoluto del PCCh y del sistema socialista— es prioritaria.
Ámbitos principales de la seguridad integral
El pensamiento estratégico “extrae su inspiración de cada siglo, o más bien de cada momento histórico, y de los problemas que encierra”16. En otros términos, el diseño de estrategias está influenciado por el concepto de seguridad adoptado por cada comunidad política y debe adaptarse al contexto histórico y los desafíos específicos de cada momento.
El Libro Blanco presenta una concepción amplia de la seguridad nacional, similar a la que se ha desarrollado en Occidente décadas atrás. Sin embargo, esta amplitud conlleva el riesgo de diluir la capacidad del Estado para proteger de manera eficaz los intereses colectivos de la nación. En términos prácticos, un asunto solo debería considerarse un problema de seguridad cuando ha sido claramente definido como tal; solo entonces se justifica la asignación de recursos específicos para afrontarlo. Por esta causa, mientras que en las democracias liberales el proceso de securitización17 ha comenzado a retroceder, al no responder adecuadamente a las actuales dinámicas geopolíticas, la RPC propone una seguridad integral con características distintivas que reflejan la singularidad de su enfoque frente a los mismos desafíos.
A diferencia de los países occidentales, donde la securitización suele estar sujeta al debate público y al control institucional, en China este proceso está fuertemente centralizado y responde a los intereses del Régimen. El PCCh identifica como intereses fundamentales el poder estatal, la soberanía, la unidad territorial, el bienestar del pueblo y el desarrollo sostenible. En este marco, la seguridad nacional se garantiza por medio de la acumulación de poder por parte del Estado.
El Libro Blanco destaca la “armonía social” y las bajas tasas de criminalidad como logros de una gobernanza eficaz. Sin embargo, la participación de organismos de seguridad en la formulación de políticas tecnológicas y económicas permite al Estado ejercer vigilancia y censura bajo el argumento de la prevención de riesgos. Este enfoque permite securitizar fenómenos como la disidencia política, la inestabilidad social, la ciberdelincuencia, la religión o la identidad étnica, tratándolos como amenazas a la seguridad nacional. Así, se justifican medidas excepcionales como la vigilancia masiva, la censura o la intervención directa en comunidades específicas. Al ampliar el espectro de lo que se considera una amenaza, el Estado refuerza su capacidad de control en ámbitos que, en otros países, no se considerarían parte de la seguridad nacional.
Pese a las críticas internacionales por sus políticas en regiones como Xinjiang o el Tíbet, el énfasis del texto en la “unidad étnica” y la “armonía religiosa” sugiere una continuidad en el uso de medidas coercitivas.
El documento también reafirma que solo el Partido Comunista puede garantizar el futuro del país, y que su protección es prioritaria. Esta posición se ve reforzada por la confianza de los lideres chinos en su capacidad para hacer frente a los desafíos globales, como lo demuestra su interpretación triunfalista del reciente conflicto comercial y arancelario con Estados Unidos18. De esta manera, la resiliencia económica se sitúa como un componente esencial de la estabilidad nacional. En consecuencia, la RPC impulsa una doble línea de actuación: por un lado, fomentar el consumo interno y, por otro, restringir los flujos transfronterizos, la inversión extranjera y los intercambios académicos.
Por otro lado, todo lo concerniente el ámbito tecnológico adquiere un papel central en la seguridad nacional de China. El Libro Blanco incorpora una perspectiva en la que la protección de datos, el desarrollo seguro de la inteligencia artificial y la defensa del ciberespacio son elementos inseparables de la soberanía y la seguridad del país.
Asimismo, se integra la seguridad cultural como otro componente primordial para preservar la estabilidad del Estado. Esta dimensión se centra en la defensa del sistema socialista frente a lo que el documento denomina “infiltración ideológica”, subrayando la necesidad de mantener la supremacía del liderazgo del Partido Comunista y la homogeneidad de pensamiento en la sociedad. El texto promueve la adhesión al marxismo como guía, la construcción de una narrativa socialista fuerte y la protección del espacio público y digital frente a influencias externas. Se advierte sobre los riesgos que representan los valores occidentales y la democracia liberal, considerados herramientas de presión o desestabilización. En consecuencia, se refuerzan los controles sobre medios, redes sociales y contenidos educativos, al tiempo que se intensifican las campañas de educación en seguridad nacional.
Ejemplos concretos de esta política incluyen la censura de contenidos digitales19, la prohibición de materiales académicos que promuevan ideas liberales y la vigilancia sobre comunidades religiosas o étnicas, como en el caso de Xinjiang. Estas acciones justificarían un control más estricto sobre la sociedad con la coartada de proteger la identidad ideológica del país20.
Igualmente, el Libro Blanco sitúa la seguridad militar como un elemento central de la estrategia nacional, articulada en torno a la modernización de las Fuerzas Armadas y al fortalecimiento de la disuasión. El documento subraya la necesidad de acelerar la transformación del sistema de defensa nacional mediante la integración de innovación tecnológica, reformas organizativas y el desarrollo de una industria militar avanzada y autosuficiente. El objetivo es dotar al Ejército Popular de Liberación (EPL) de capacidades adecuadas para que pueda hacer frente a amenazas múltiples y salvaguardar la soberanía y los intereses estratégicos del país21.
En respuesta al cerco estratégico que percibe que se le está imponiendo, Pekín enfatiza la necesidad de reforzar de manera holística la capacidad de disuasión. Para ello, propone un desarrollo coordinado en los ámbitos político, económico, tecnológico y militar, orientado a preservar los intereses fundamentales frente a presiones externas. Se subraya la importancia de prepararse para escenarios extremos e imprevistos, adoptando una postura de defensa activa. En lo concerniente a Taiwán, China advierte que no cederá “ni una pulgada” en sus principios y que está preparada para responder a cualquier intento de socavar su unidad nacional.
La visión china del orden mundial.
El Libro Blanco identifica un orden mundial en transformación, en el que China se posiciona como defensor de la multipolaridad y promotor de una reforma del sistema internacional. El documento sostiene que el mundo avanza hacia un equilibrio más justo entre potencias, y rechaza la búsqueda de la “hegemonía” y la imposición de “valores universales” por parte de Occidente, especialmente de Estados Unidos. En su lugar, Pekín propugna un orden en el que cada país tenga derecho a elegir libremente su modelo de desarrollo y sistema político.
Asimismo, el texto critica abiertamente las alianzas militares excluyentes, los bloques ideológicos y las políticas de contención, a las que considera vestigios de una mentalidad de la Guerra Fría que pone en riesgo la estabilidad mundial. El documento reafirma el compromiso del país con un sistema internacional centrado en las Naciones Unidas, aunque subraya la necesidad de reformarlo para reflejar mejor el peso creciente de los países en desarrollo. Del mismo modo, Pekín declara su compromiso tanto con su propia seguridad como con la seguridad compartida a nivel regional y global, destacando la cooperación frente a amenazas no tradicionales como el cambio climático, las pandemias y el cibercrimen.
Como parte de su intención de lograr un orden internacional más equilibrado, el Libro Blanco propone a la Iniciativa de Seguridad Global (GSI en siglas en inglés) como el recurso con el que abordar los desafíos comunes. Lanzada por Xi Jinping en 2022 y respaldada por más de 110 países a través de acuerdos bilaterales y multilaterales, la GSI promueve principios como la seguridad común, el respeto a la soberanía, la no injerencia, la resolución pacífica de disputas y el rechazo a la confrontación de bloques22. Esta iniciativa plantea fortalecer el papel de la ONU como plataforma para la gobernanza de la seguridad global. Además, la GSI aboga por la cooperación en ámbitos emergentes como la ciberseguridad, los flujos de datos y la exploración espacial, posicionando a China como defensor del multilateralismo y del Sur Global frente a la coerción liderada por Occidente23.
En coherencia con esta línea estratégica, y aunque el texto no trata de forma detallada la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés)24, su lógica está implícita en diversas secciones del texto, particularmente en lo relativo a la protección de los intereses chinos más allá de sus fronteras. En este marco, la BRI representa un ambicioso proyecto económico y geopolítico, al tiempo que se ha convertido una política de importancia creciente para la seguridad de Pekín25. El documento subraya la necesidad de reforzar las capacidades para hacer frente a riesgos y contingencias más allá de sus fronteras, lo que incluye la salvaguarda de infraestructuras críticas, ciudadanos e inversiones vinculados a la BRI. Así, la expansión mundial promovida por esta iniciativa se incluiría dentro del concepto de “seguridad integral”, convirtiéndose en una herramienta idónea para coordinar desarrollo y seguridad.
EE. UU. y Europa en el Libro Blanco
Como no puede ser de otra manera, el Libro Blanco dedica una atención destacada a Estados Unidos, al que identifica como el principal desafío externo y rival estratégico de China. El documento acusa a Washington de aplicar una estrategia sistemática de contención, mediante sanciones, guerras comerciales y tecnológicas, y el fortalecimiento de alianzas militares en Asia-Pacífico. Esta presión se describe como un “entorno de riesgo sin precedentes”, en el que EE. UU. busca occidentalizar y desestabilizar a China, apoyando movimientos separatistas en Taiwán, Hong Kong, Xinjiang y el Tíbet. Asimismo, se advierte de que acciones como la imposición de aranceles, sanciones o restricciones tecnológicas son interpretadas como amenazas directas al sistema político chino, frente a las cuales Pekín está dispuesto a aplicar contramedidas.
China sostiene, de forma explícita, que Estados Unidos está llevando a cabo un intento de cerco estratégico contra ella. El Libro Blanco previene sobre la creciente militarización de la región Asia-Pacífico26. Un ejemplo concreto citado en el documento es el despliegue del sistema de misiles estadounidense Typhon en Filipinas27, que Pekín juzga como una maniobra destinada a aumentar la presión militar y a complicar la resolución pacífica de controversias territoriales y marítimas.
Al mismo tiempo, el documento define la relación con EE. UU. como una competencia estructural marcada por la desconfianza. No obstante, pese al tono firme y, en ocasiones, amenazante, el documento también deja espacio para el diálogo. China afirma no buscar la confrontación y defiende la cooperación como base para la estabilidad internacional. Subraya que la rivalidad perjudica a ambas partes y que la colaboración en áreas como economía, tecnología y desafíos globales es posible, siempre que se respeten su soberanía e intereses.
Aunque el Libro Blanco dedica un espacio limitado a Europa, su mención es coherente con la visión estratégica de Pekín. El documento enfatiza que la potencia asiática percibe a Europa como un socio clave y un actor relevante dentro de un mundo multipolar, al que respalda en su aspiración de fortalecer una autonomía estratégica genuina. En este marco, China reafirma su compromiso con el desarrollo de una asociación estratégica integral con Europa, basada en el respeto mutuo y la cooperación. Asimismo, manifiesta su disposición a trabajar conjuntamente para proteger el libre comercio, defender el multilateralismo y hacer frente, de manera coordinada, a los grandes desafíos globales, entre ellos el cambio climático28.
La proyección de China hacia los países de la región
El texto dedica atención relevante a las relaciones de China con su entorno regional. En el Indo-Pacífico, China se presenta como un actor comprometido con la paz y el desarrollo regional, subrayando la importancia de mantener el equilibrio ante un contexto internacional inestable. El documento reafirma la prioridad de salvaguardar su soberanía, integridad territorial y derechos marítimos, al tiempo que denuncia la intervención de potencias externas —sin duda refiriéndose a Estados Unidos— como fuentes de tensión. Frente a ello, Pekín promueve fórmulas regionales de cooperación, como la ASEAN+3, que refuercen un orden más autónomo, menos influido por potencias externas29.
El Libro Blanco también expresa preocupación por la evolución estratégica de Japón, destacando su modernización militar y la profundización de su alianza con Washington. China interpreta estas dinámicas como una respuesta directa a su creciente presencia en el mar de China Oriental y Meridional, lo que alimenta una creciente rivalidad. En el caso de la India, la relación es definida como tensa y compleja, marcada por disputas fronterizas históricas y por el malestar generado por las políticas internas indias. Aunque Pekín aboga por el diálogo, acusa a Nueva Delhi de instrumentalizar el conflicto para desviar la atención sobre tensiones domésticas.
Finalmente, el documento concibe a Asia Central como parte vital de la periferia estratégica china. La RPC promueve allí un enfoque centrado en la estabilidad, la cooperación económica y la lucha contra amenazas transnacionales, apoyándose en mecanismos como la Organización de Cooperación de Shanghái para moldear una arquitectura de seguridad regional más favorable a sus intereses.
Las especiales (y asimétricas) relaciones con Rusia.
China considera la relación con Rusia una asociación estratégica integral y multifacética, clave en la arquitectura internacional, describiéndola como “sólida, autónoma y profunda”. Estas relaciones son consideradas un factor esencial para contrarrestar la presión de Estados Unidos y sus aliados. China y Rusia se presentan como ejemplo de cooperación entre grandes potencias en el siglo XXI.
El documento destaca la necesidad de coordinación de ambos países frente a Occidente, en particular ante las políticas de “doble contención” de EE. UU., la expansión de alianzas militares occidentales y la militarización del Indo-Pacífico. Ambos países rechazan la confrontación de bloques, las sanciones unilaterales y lo que consideran una subversión occidental del orden internacional.
La cooperación bilateral abarca múltiples ámbitos: defensa, tecnología, energía, inteligencia artificial o gobernanza multilateral, entre otros. Se subraya la realización de ejercicios militares conjuntos, el apoyo mutuo en cuestiones de soberanía —como Taiwán y Ucrania— y la promoción de instituciones alternativas como los BRICS o la Organización de Cooperación de Shanghái.
En términos de visión global, Pekín y Moscú se presentan como arquitectos de un orden multipolar, defensores del “verdadero multilateralismo” y críticos del dominio estadounidense. Invocan la memoria de la Segunda Guerra Mundial como base moral y legitimadora de su alianza y de su narrativa revisionista del orden internacional.
No obstante, el Libro Blanco también reconoce los límites de esta relación; no se trata de una alianza militar formal, y existen asimetrías y cautelas, especialmente en regiones como Asia Central o el Ártico. Si bien China evita un apoyo militar directo en la guerra de Ucrania, en realidad, juega un papel crucial. Ha intensificado la cooperación en áreas que, aunque no vinculadas directamente al conflicto, significan en la práctica un apoyo crítico al esfuerzo bélico ruso30.
Reflexiones finales
La seguridad nacional constituye un pilar esencial para la supervivencia de cualquier Estado. En el contexto actual de competencia estratégica, China ha elevado esta premisa a un nuevo nivel, integrándola de forma transversal en todos los ámbitos de su modelo sociopolítico.
El Libro Blanco sobre Seguridad Nacional refleja esta transformación al advertir que el país no puede permitirse vulnerabilidades estratégicas. La estabilidad política, la integridad territorial, el control social y el crecimiento económico son concebidos como componentes inseparables de una estrategia a largo plazo, respaldada por una sólida capacidad institucional. En este marco, se refuerza el papel central del PCCh y del pensamiento de Xi Jinping como ejes rectores de la política de seguridad. La protección del régimen —definida como seguridad política— se posiciona como la prioridad absoluta, por encima de cualquier otra dimensión, consolidando un enfoque en el que el interés vital no es otro que el mantenimiento del poder y del orden interno.
El momento de la publicación del Libro Blanco no ha sido casual. Su oportunidad radica en capitalizar tanto el aumento de las rivalidades internacionales como la necesidad de fortalecer la cohesión interna, en una coyuntura clave para redefinir el papel de China en el escenario mundial.
El documento fue presentado 112 días después del inicio del segundo mandato de Donald Trump, quien el 1 de febrero de 2025 desató una nueva ofensiva comercial al imponer aranceles generalizados a las importaciones, con especial dureza hacia China. Entre febrero y mayo, Washington elevó los aranceles desde un 10% inicial hasta un máximo del 145% en ciertos productos, antes de reducirlos a un 30%. Aunque la disputa sigue abierta y no se han producido concesiones sustanciales por parte de Estados Unidos, Pekín ha presentado la situación como una victoria. Esta narrativa ha calado especialmente en la opinión pública nacional y entre algunos países del Sur Global, donde se ha reforzado la imagen de China como potencia capaz de resistir la presión externa. Así, no es de extrañar que el documento sea, al menos aparentemente, una muestra de confianza estratégica:
“China […] no acepta amenazas ni presiones, […], basa la solución de los problemas de seguridad en su propia fuerza y se adhiere al camino de la seguridad nacional con peculiaridades chinas. […] Ninguna presión extrema, amenaza o chantaje puede quebrantar la unidad de más de 1.400 millones de chinos.”
China ha sabido aprovechar el aumento de las tensiones internacionales para proyectarse como un actor responsable que promueve la estabilidad. Sin embargo, el contenido del Libro Blanco revela una percepción de cerco estratégico, especialmente frente a Estados Unidos y sus aliados, que alimenta una postura defensiva cada vez más firme.
Aunque el texto mantiene formalmente este enfoque defensivo, en línea con la tradición cultural y diplomática china, la ampliación del concepto de seguridad y la disposición a actuar con determinación en asuntos considerados vitales pueden interpretarse como señales de una actitud más asertiva, e incluso potencialmente ofensiva en ciertos escenarios. Así se refuerza la imagen de una China que se considera en posición de defensa, pero que está dispuesta a emplear todos los medios necesarios para proteger sus intereses fundamentales, estableciendo líneas rojas innegociables en nombre de la seguridad y el desarrollo nacional. En este marco, la noción de “defensa activa” cobra especial relevancia, ya que permite justificar respuestas preventivas ante amenazas percibidas como inminentes. Así, el discurso oficial sigue siendo reactivo, pero deja abierta la puerta a acciones anticipatorias si se considera que sus intereses estratégicos están en riesgo.
La ampliación del concepto de seguridad hacia un modelo integrado otorga a China una mayor flexibilidad estratégica, pero también revela una lógica de control interno impulsada por el temor a la inestabilidad. El Libro Blanco vincula directamente seguridad y desarrollo, lo que permite justificar la modernización militar, la protección de intereses en el extranjero —incluidos los relacionados con la Iniciativa de la Franja y la Ruta— y la promoción de marcos normativos alternativos, como la Iniciativa de Seguridad Global. A través de esta estrategia, China pretende blindar su entorno doméstico, al mismo tiempo que busca moldear el orden internacional conforme a sus propias prioridades e intereses. De esta manera, el binomio desarrollo-seguridad se consolida como eje de su proyección a escala mundial.
Más que una guía estratégica, el Libro Blanco de mayo 2025 debe entenderse como un verdadero instrumento de comunicación pública diseñado para difundir cómo Pekín interpreta el contexto actual y qué se puede esperar de su actuación. El documento cumple una doble función: por una parte, legitima internamente la dirección política trazada por Xi Jinping; por otra, posiciona a China en el ámbito internacional como garante de estabilidad global y como una potencia responsable comprometida con el orden mundial.
Con todo, el Libro Blanco sobre la “Seguridad Nacional en la Nueva Era” proyecta una China que, bajo el discurso de la defensa nacional, redefine su seguridad como herramienta de poder y legitimación global. En otras palabras, se trata de geopolítica en su forma más genuina.
Mario Laborie Iglesias
Coronel ET ( r )
Subdirector Adjunto IUGM (UNED)
Doctor en Seguridad Internacional
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
-
-
La visión estratégica de la República Popular China en la nueva era: análisis del Libro Blanco sobre Seguridad Nacional (2025)
-
The Strategic Vision of the People's Republic of China in the "New Era": An Analysis of the White Paper on National Security (2025)
-
