
01 oct 2025
IEEE. La política exterior rusa hacia los BRICS en el contexto de la guerra en Ucrania
Luis V. Pérez Gil. Doctor en Derecho con Premio Extraordinario. Teniente RV. Analista IEEE (CESEDEN)
Introducción
Desde comienzos del siglo XXI, y en particular durante la última década, el sistema internacional global ha estado sometido a dinámicas marcadas por profundos cambios en la estructura de poder. Después de un breve período de hegemonía imperfecta estadounidense surgieron nuevas potencias, denominadas emergentes, que han ido consolidando progresivamente su poder e influencia, primero en el ámbito regional y después en el global. La más destacada es la China comunista, seguida de India, Sudáfrica, Brasil, Turquía e Indonesia, así como de otras potencias menores que gozan cada vez más de influencia regional. Junto a ellas aparece una Rusia revisionista, o incluso revanchista, según se perciba con más asertividad o agresividad en su política exterior, que trata de recuperar su antigua influencia.
Tras un período de aproximadamente quince años en el que aceptaron a regañadientes todas las propuestas occidentales, a partir de 2007 los dirigentes rusos comenzaron a introducir cambios en su política exterior. Esto incluyó el rechazo a la ampliación de la OTAN, que ya se había extendido a antiguos miembros del bloque soviético y a las repúblicas bálticas, reconocidas como Estados independientes tras el rechazo a la doctrina de la soberanía limitada (doctrina Brézhnev), tanto por parte de los últimos dirigentes soviéticos como por la naciente Federación de Rusia.
Este cambio de enfoque fue consecuencia de la constatación de la falta de reconocimiento de los intereses rusos y tiene su fundamento en un programa político-filosófico propio, habitualmente desconocido en Occidente1. Aunque existen opiniones diversas, la mayoría de los dirigentes políticos y académicos de prestigio coinciden en que el punto de inflexión fue el famoso discurso del presidente ruso, Vladímir Putin, en la conferencia de seguridad de Múnich, el 10 de febrero de 20072.
Sin embargo, el giro de la política exterior rusa no fue inmediato, sino que vino de la mano tanto de procesos de consolidación internos de orden político y económico como de la constatación de la existencia de intereses comunes con otras potencias emergentes, con las que pudieron poner en marcha estructuras y organizaciones de cooperación (BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái o OCS y dos exitosas cumbres Rusia-África3). Es preciso comentar, con carácter previo, que, a pesar de estos esfuerzos, todavía no se ha llegado a consolidar ningún tipo de alianza formal comparable a las que reúnen a las potencias occidentales. Por tanto, no existe ni una OTAN ni un G7 de las potencias emergentes4.
Este documento de análisis recoge cuestiones fundamentales planteadas en el simposio titulado «BRICS: ¿Mito o realidad de un nuevo orden internacional?», celebrado en el marco del 58.º Congreso Internacional de Americanistas en Novi Sad, del 30 de junio al 4 de julio de 2025. En primer lugar, se analiza dicha asociación como el foro más exitoso creado hasta ahora para servir a los intereses de la política exterior rusa; se estudia, además, cómo el trasfondo de la guerra en Ucrania ha propiciado el acercamiento de esas potencias, así como su capacidad para atraer a otros países que también quieren zafarse de la influencia occidental5.
En segundo lugar, se trata de constatar si se han alcanzado los objetivos establecidos por los dirigentes rusos en el BRICS, especialmente en su lucha contra las sanciones occidentales, así como en sus esfuerzos por ganar influencia política entre los países del denominado Sur Global6. Para ello, se estudian los resultados de las cumbres más recientes: Kazán (octubre de 2024), organizada por Rusia, y Río de Janeiro (julio de 2025). En tercer lugar, se plantea si, a largo plazo, el BRICS puede convertirse en un polo de poder alternativo al Bloque occidental, con las consecuencias que, a largo plazo, tendría ese cambio para el funcionamiento del sistema internacional global7.
Creación y consolidación del grupo BRICS
El acrónimo BRICS (originalmente BRIC) apareció por primera vez en noviembre de 2001 en un informe del director de economía global del banco estadounidense Goldman Sachs, Jim O'Neill, titulado Building Better Global Economic BRICs, que lo empleó para referirse a los cuatro países con mayor potencial de crecimiento económico durante la recién iniciada primera década del siglo XXI: Brasil, Rusia, India y China8.
No obstante, fue el 16 de junio de 2009 cuando los dirigentes políticos de esas potencias se reunieron por primera vez en Ekaterimburgo (Rusia) en una cumbre informal constitutiva. Dos años después se sumó Sudáfrica, el país más desarrollado del continente africano en aquel momento, consolidándose el BRICS como un foro de cooperación intergubernamental que se reunía anualmente en una cumbre de jefes de Estado para discutir asuntos políticos y económicos mundiales de interés común9.
El 1 de enero de 2024 tuvo lugar la mayor expansión del grupo como resultado de los acuerdos adoptados en la cumbre anterior, celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica) en agosto de 202310. De este modo, se sumaron cinco nuevos miembros: Arabia Saudí11, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán12. Además, en esa reunión decidieron mantener el nombre BRICS como denominación de su asociación13.
Todos ellos, junto con otros países invitados, se reunieron en la cumbre de Kazán en octubre de 2024 bajo presidencia rusa, alcanzado acuerdos y creando nuevas formas de participación con la finalidad de seguir ampliando su influencia y ganando terreno a las organizaciones occidentales. De este modo, a principios de 2025, Indonesia se unió a la asociación, que pasó a contar con once países miembros de pleno derecho.
El fortalecimiento del grupo BRICS ha permitido la creación de instituciones subordinadas, como el Nuevo Banco de Desarrollo o el Consejo Empresarial, que ponen de manifiesto una clara disposición a convertirse en alternativa a los organismos financieros occidentales surgidos de Bretton Woods en 1945. En términos cuantitativos, cuenta con los dos países más poblados del mundo (India y China), el primero y el tercero en extensión (Rusia y China) y tres potencias nucleares (Rusia, China e India). En cuanto a su peso económico, en 2018 los países que lo componen superaron por primera vez a los del G7 en PIB PPA (producto interior bruto medido por paridad de poder adquisitivo). Más recientemente, en 2025 alcanzaron el 40% del total mundial, incluida Indonesia, frente al 30% del G7, y los intercambios comerciales entre sus miembros superaron, por primera vez, el billón de dólares14.
Sin embargo, es precisamente en materia de seguridad donde ha habido menos avances. China continúa al margen de cualquier acuerdo de seguridad multilateral, mostrando su disposición a mantener un gran margen de libertad en la toma de decisiones. Rusia tiene su propia alianza defensiva con las repúblicas exsoviéticas de Asia Central en el marco de la OTSC, así como un tratado de defensa colectiva con Corea del Norte, renovado recientemente15. Por su parte, India participa en el diálogo estratégico QUAD con Estados Unidos, Australia y Japón, países cada vez más enfrentados a China y a Rusia en una creciente competición estratégica.
Rusia rompe con Occidente
La invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022 y la reacción de Occidente marcaron el inicio de la ruptura de las relaciones mutuas. Los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países aprobaron inmediatamente sanciones masivas contra Rusia y el bloqueo de sus activos soberanos, se coordinaron políticamente para intentar aislarla diplomáticamente en las organizaciones internacionales y continúan prestando a Ucrania apoyo financiero y sostenimiento militar para resistir la agresión rusa.
Este escenario planteó a Rusia problemas fundamentales en todos los ámbitos, especialmente en los sectores bancario, financiero, de transportes y de exportación de materias primas, incluidos los hidrocarburos. Las autoridades rusas reaccionaron con dos tipos de medidas: unas de carácter político y otras de orden técnico, destinadas a sortear las sanciones occidentales y mantener el esfuerzo de guerra16.
En el ámbito político, el 30 de septiembre de 2022, durante la ceremonia de anexión de los territorios ocupados en Ucrania, el presidente ruso declaró que ni los gobiernos occidentales ni la ONU iban a cambiar las decisiones de Moscú. Miles de bajas en la guerra habían provocado un profundo rencor en las élites dirigentes rusas, profundizado su sentimiento de victimismo, así como la necesidad de identificar un culpable: Occidente. Putin dedicó la mayor parte de su intervención a acusarlo de crímenes presentes, pasados (incluidas referencias a la esclavitud, el colonialismo y el bombardeo atómico contra Japón) y futuros, ante la perspectiva de un mundo hegemónico basado en reglas que son inaceptables para Rusia, pero también para otros países17.
A continuación, se explayó en el ataque a la ideología que, según su interpretación, está detrás de los esfuerzos de dominación hegemónica de Occidente, liderado por Estados Unidos y la OTAN. Frente a una visión del mundo conservadora y basada en valores tradicionales, Occidente trata de imponer abiertamente una ideología que, desde la visión putiniana, sostiene su expansión sin límites en el mundo. Además, afirmó que no había posibilidad de alcanzar ningún acuerdo en zonas de influencia con Occidente, por lo que seguirá su propia política, basada en sus intereses y en los hechos consumados. Los acontecimientos recientes en Oriente Medio parecen confirmar la validez de esta tesis.
En el orden económico, desde el verano de 2022 las autoridades rusas comenzaron a tomar medidas para hacer frente a las sanciones, proteger sus empresas y poner en marcha una economía de guerra que les permitiera sostener el esfuerzo bélico. Para lograrlo, impulsaron relaciones bilaterales con países amigos y aquellos gobiernos que se mostraban comprensivos con sus acciones. También buscaron ganar influencia en organizaciones y foros internacionales, donde progresivamente lograron mayores apoyos en detrimento de las posiciones occidentales. China, India, Kazajistán, Georgia, así como algunos países del golfo Pérsico, se convirtieron en los mayores apoyos rusos. Recordemos que al menos cuatro de ellos son Estados miembros de los BRICS.
El sostenimiento de los ingresos procedentes de las exportaciones de gas y petróleo, el éxito de su economía de guerra y la persistente capacidad para sortear las sanciones a través de terceros países les ha permitido no solo mantener el esfuerzo bélico y continuar creciendo económicamente a tasas superiores a la media mundial18, sino también demostrar que el poder de Occidente es limitado y puede ser superado. Este es su discurso y tratan de aplicarlo a toda costa.
Además, ha sido capaz de atacar intereses estratégicos de Occidente lejos de su propio territorio, expulsando a las potencias europeas de varios países del Sahel, mientras continúa presionando contra sus intereses en otras zonas de África, sin implicar grandes recursos, de los que tampoco dispone. Esta es una lección de gran importancia para el resto de las potencias revisionistas y países del Sur Global, a quienes José Antonio de Castro ha definido recientemente como «la nueva mayoría global»19.
La cumbre del BRICS de Kazán en octubre de 2024
Del 22 al 24 de octubre de 2024 doce jefes de Estado y de gobierno de los países BRICS se reunieron en la ciudad rusa de Kazán, bajo la presidencia de turno de Rusia20. Asimismo, acudieron representantes de países candidatos y otros que aspiraban a obtener la condición de asociados, sumando un total de treinta y seis delegaciones estatales con veintidós jefes de Estado y de gobierno, entre ellos el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan21. También comparecieron los secretarios de tres organizaciones internacionales, entre ellos el de la ONU, Antonio Guterres22.
El gobierno ruso se volcó en esta cumbre. Junto con el presidente, participaron los funcionarios más cualificados del régimen putiniano, como el vicejefe de la Administración Presidencial, Maxim Oreshkin; el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov; el ministro de Hacienda, Antón Siluánov; el asesor presidencial en política exterior, Yuri Ushakov, y la presidenta del Banco Central de Rusia, Elvira Nabiúllina.
Durante la primera jornada, Putin mantuvo reuniones bilaterales con su homólogo chino, Xi Jinping; con el primer ministro indio, Narendra Modi (que fue especialmente agasajado); con el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, y con la presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo, Dilma Rousseff. A continuación, los dirigentes de los diez países BRICS mantuvieron conversaciones en las que aprobaron una declaración sobre el conflicto de Ucrania, basada en la propuesta de paz promovida por Brasil y China.
Al día siguiente, el presidente ruso inauguró la cumbre de jefes de Estado. En la parte pública disertó sobre el poder económico de los países BRICS, planteó la creación de una bolsa de cereales y una plataforma común de inversión, y propuso estudiar las solicitudes de adhesión. Después, se examinaron las propuestas rusas sobre integración financiera y creación de una moneda única, pero nada en términos equivalentes al modelo europeo, sino como mecanismos para seguir esquivando las sanciones23. En este punto, Brasil e India plantearon objeciones, ya que hasta ahora no han querido aparecer como antioccidentales.
Por su parte, Xi planteó un enfoque político-estratégico de la asociación: el mundo se enfrenta a una elección entre un futuro turbulento o un desarrollo pacífico. En este escenario, los esfuerzos de los países BRICS deben orientarse a promover la paz, evitar la escalada y la extensión de los conflictos. Además, afirmó que China está preparada para crear espacios a todos los gobiernos que estén interesados en cooperar con el BRICS.
El último día se celebró una reunión ampliada en la que participaron treinta y seis representantes estatales. El presidente Putin habló de los factores que unían a los presentes: respeto a la soberanía y a los regímenes políticos internos, reconocimiento de intereses mutuos y la visión de un orden internacional multilateral. Además, insistió en la necesidad de crear un sistema de pagos propio con el objetivo de evitar que Estados Unidos continúe usando el dólar como arma política, declaración concordante con el enfoque ruso de desdolarización de las economías de los países BRICS. Para dar solidez a esta propuesta, afirmó que casi el 95% del comercio ruso-chino ya se formaliza en las respectivas monedas nacionales.
Por su parte, Xi reiteró su enfoque estratégico de la asociación, afirmando que está llamada a convertirse en un foro de promoción de la estabilidad, la paz y la solución negociada de los conflictos, mismo planteamiento que se aplica a la OCS. En este punto, recordó su propuesta de un final rápido de la guerra en Ucrania, que evidentemente no se ha producido.
Los principales resultados de la cumbre de Kazán fueron:
- Éxito en la asistencia de representantes de los Estados miembros y de los candidatos a formar parte de la asociación.
- Aprobación de la Declaración de Kazán, de treinta y dos páginas24.
- Creación del estatuto de socio del BRICS y aceptación de candidatos.
- Apoyo a la reforma de la ONU y del Consejo de Seguridad para satisfacer las aspiraciones de los países del Sur Global.
- Apoyo a la admisión de Palestina como Estado miembro de pleno derecho de la ONU, sobre el principio de dos Estados, como mecanismo para atraer a los países musulmanes.
- Compromiso de estudiar la creación de un sistema internacional propio de compensación de pagos, como una de las prioridades rusas a corto plazo.
- Instrucciones a los ministros de Hacienda de cada país para estudiar medidas destinadas a eliminar barreras que limiten los intercambios financieros en monedas nacionales (otra de las prioridades rusas).
Es preciso señalar las implicaciones estratégicas de la creación de un segundo anillo de países BRICS bajo la forma de socios, así como la incorporación inmediata de ocho países de cuatro continentes25. Entre ellos destaca Indonesia, el mayor país musulmán del mundo y una de las economías emergentes con mayor potencial de crecimiento a largo plazo26, que el 1 de enero de 2025 pasó a ser miembro de pleno derecho27. Por su parte, Turquía se convirtió en el primer Estado miembro de la OTAN que solicitó formar parte de la asociación, tanto por la perspectiva de beneficios futuros como reacción a su bloqueo permanente para formar parte de la Unión Europea28, aunque no ha llegado a formalizar esas intenciones todavía.
El nombramiento de Oreshkin como representante presidencial ruso para la cooperación financiera y económica con los países BRICS pone de manifiesto el gran interés del gobierno ruso en potenciar las relaciones con los nuevos socios29.
Perspectivas de desarrollo
La cumbre celebrada en Río de Janeiro, del 6 al 7 de julio de 2025, se consideró de bajo impacto por varios motivos. Por un lado, por el escaso peso político internacional que está mostrando el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, y también por la ausencia de Xi y de Putin, aunque este envió una importante delegación encabezada por su incansable ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov30. En segundo lugar, puso el foco en asuntos políticos a largo plazo, lo que choca frontalmente con los intereses rusos a corto plazo.
Estas cuestiones se vieron reflejadas en la Declaración de Río de Janeiro31, donde al menos la delegación rusa logró la aprobación de una declaración condenatoria contra los ataques ucranianos llevados a cabo contra las infraestructuras ferroviarias en los oblasty (provincias) fronterizos de Briansk, Kursk y Vorónezh en junio de 2025, que provocaron víctimas mortales entre los civiles. Más allá de eso, su alcance político fue escaso.
Sin embargo, durante la sesión final de la cumbre, el gobierno estadounidense anunció la decisión de imponer aranceles a los terceros países que apoyen a los BRICS. Se trata de un golpe directo contra la asociación por sus iniciativas respecto al dólar, pero en realidad está dirigido más bien contra China y Rusia, por sus planes a largo plazo de socavar el poder estadounidense.
El 31 de julio de 2025 el presidente estadounidense Donald Trump calificó al BRICS como coalición antiestadounidense que actúa contra el dólar, tratando de privarlo de su estatus de moneda de reserva global. Para contrarrestar esas acciones, anunció la adopción de medidas arancelarias contra sus miembros como parte de la política de retorsión que está aplicando con carácter general a todos los países, con independencia de que se trate de aliados, socios, competidores comerciales o estratégicos32.
Poco después, aprobó fuertes aranceles contra Brasil y contra la India, basados en argumentos políticos y estratégicos, y no de orden comercial. Esto supone que ambos países, que hasta ahora habían sido reticentes a ser tildados de «antioccidentales», tienen fuertes incentivos para dialogar con los rusos, con los demás miembros del BRICS y también de la OCS, con el fin de acordar una solución multilateral y alcanzar una posición común para afrontar los intentos de retorsión estadounidenses33. De este modo, el gobierno brasileño propuso la convocatoria de una cumbre extraordinaria del BRICS, con el objetivo de adoptar una posición común frente a esas políticas de retorsión estadounidenses, que se celebró por videoconferencia el 8 de septiembre de 202534.
Estos movimientos muestran que se ha abierto una nueva brecha de oposición entre países y bloques, lo que pone de manifiesto la pugna entre los esfuerzos por mantener la hegemonía y los avances hacia el multilateralismo en el que se encuentra inmerso el sistema internacional. Por consiguiente, ¿cuáles son las perspectivas de desarrollo de la asociación?
Resulta patente que Rusia y China tienen objetivos complementarios, pero con prioridades o plazos temporales diferentes. Los objetivos rusos son de carácter más inmediato, a corto y medio plazo, y están relacionados con el conflicto bélico en el que se encuentra inmersa. Por ello, insisten en la creación de un sistema propio de compensación de pagos, el establecimiento de nuevos mecanismos financieros, el incremento de las relaciones comerciales y la firma de nuevos acuerdos transfronterizos, todos ellos destinados a superar los obstáculos occidentales.
Por su parte, el gobierno chino planea y decide con una perspectiva a largo plazo, que se ve reflejada en una concepción estratégica del papel de la asociación. Esta incluye proyectos económicos y comerciales mundiales, vías de transporte, sanidad, cooperación al desarrollo, lucha contra los desastres naturales, dominio de las tecnologías de información y aplicación de la IA a todos los ámbitos, con el objetivo de atraer a los países del Sur Global.
Pero además, Rusia y China comparten ambiciones en el Ártico, la Antártida y la exploración espacial, espacios donde cada vez más chocan con los intereses de Occidente y que, por tanto, están llamados a convertirse en futuros escenarios de conflicto. En ellos sumarán nuevos socios, singularmente entre los países del Sur Global, cada vez más descontentos con el poder avasallador de Occidente35.
La perspectiva de consolidación de un bloque de países cada vez más numeroso e institucionalizado les permitiría mejorar posiciones, alcanzar acuerdos y avanzar en su objetivo final: crear un régimen internacional favorable a sus intereses36. Esto lo pueden lograr coexistiendo con las organizaciones occidentales, donde el G20, la ONU y el Consejo de Seguridad actuarían como órganos de coordinación entre bloques. Pero también cabe un escenario opuesto de crecientes crisis, tensiones y conflictos que termine desembocando en un enfrentamiento decisivo.
Conclusiones
Desde el inicio de la guerra en Ucrania, el gobierno ruso ha recurrido activamente a la diplomacia: sus agentes han buscado nuevos socios políticos y comerciales, han utilizado los foros internacionales para exponer sus posiciones y han sido capaces de organizar dos grandes cumbres que han involucrado a una mayoría de países del Sur Global.
Han tenido un éxito relativo en el espacio de comunicación global, presentándose como una potencia benévola que dice propugnar un orden internacional más justo, mientras al mismo tiempo aplican la fuerza en Ucrania para tratar de crear un nuevo régimen de seguridad en Europa oriental que satisfaga su sentimiento casi permanente de inseguridad.
En este contexto, han avanzado en la creación de nuevos flujos comerciales, económicos, de transporte y financieros mundiales, con el objetivo de sortear las sanciones occidentales. Al mismo tiempo, han potenciado la cooperación multilateral, donde el BRICS aparece como su principal objetivo. El apoyo de China ha sido inestimable y así lo han reconocido los dirigentes del Kremlin en varias ocasiones.
Desde su enfoque, el crecimiento de la influencia de esta asociación apunta al fin de un período de hegemonía política, económica, cultural y militar de Occidente en el mundo. Por tanto, su objetivo inmediato es convertirse en una alternativa a un G7 completamente occidental. Las implicaciones estratégicas son de gran alcance, porque cada vez más países miran tanto al BRICS como a la OCS como opciones más viables e incluso más estables que sus contrapartes occidentales.
Sin embargo, presentan carencias significativas, como composición heterogénea, falta de cohesión interna (por ejemplo, en los BRICS India y Brasil habían rechazado hasta ahora un enfoque de confrontación con Occidente), y debilidad institucional, cuestiones que deben resolverse antes para avanzar en sus objetivos.
Precisamente por estos motivos, hasta ahora han evitado abordar la cooperación militar. Pero esto no obsta para que, más adelante, puedan plantearse acuerdos de esa naturaleza entre los miembros, con los socios o incluso con terceros países no asociados, dependiendo de la evolución del contexto internacional.
Los avances en esa línea indicarían un deterioro creciente del régimen de seguridad global, así como la constatación de la desaparición de la prohibición del uso de la fuerza establecida en la Carta de las Naciones Unidas, fenómeno al que estamos asistiendo en directo.
De consumarse, se plantean escenarios inéditos a largo plazo, como la creación de relaciones de protección militar bajo el paraguas nuclear de Rusia y China (nuclear sharing) o el establecimiento de un acuerdo de defensa colectiva, de geometría variable en función de la posición que ocupe cada Estado en la asociación, que estaría formada por varias capas o círculos concéntricos.
Luis V. Pérez Gil
Doctor en Derecho con Premio Extraordinario
Teniente RV. Analista IEEE
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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La política exterior rusa hacia los BRICS en el contexto de la guerra en Ucrania
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Russian foreign policy toward the BRICS in the context of the war in Ukraine
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