IEEE. La consolidación de Azerbaiyán como potencia geopolítica y energética regional

Uno de los últimos encuentros entre los líderes armenio y azerí tuvo lugar el pasado 10 de julio en Abu Dhabi

03 oct 2025

IEEE. La consolidación de Azerbaiyán como potencia geopolítica y energética regional

Rafael Santiago Orti. Doctor en RRII. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

Introducción

Los recientes acontecimientos geopolíticos reflejan un cambio profundo en el equilibrio de poder en el Cáucaso y Asia central, donde Rusia ve erosionada su influencia histórica mientras Azerbaiyán consolida su posición como actor clave bajo el respaldo estratégico de Turquía. Este proceso se manifiesta en varios frentes simultáneos que están redefiniendo las dinámicas regionales.

El acercamiento entre Azerbaiyán y Turkmenistán marca un punto de inflexión en el panorama energético de la región. Los recientes acuerdos entre ambos países, separados por el mar Caspio, sugieren un fortalecimiento de los vínculos que podría reconfigurar los flujos de hidrocarburos. Para Turkmenistán, tradicionalmente aislado y dependiente de Rusia y China, esta apertura hacia Azerbaiyán representa una oportunidad para diversificar sus rutas de exportación. Para Bakú, supone consolidar su papel como puente energético hacia Europa, justo cuando el continente busca alternativas a los suministros rusos. Este realineamiento perjudica claramente a Moscú, ya que debilita su proyecto de corredor energético Norte-Sur y reduce su influencia sobre Ashgabat.

Paralelamente, se observa una relativa calma en las relaciones entre Armenia y Azerbaiyán, un cambio notable tras décadas de conflicto. Los recientes encuentros entre los líderes de ambos países han mostrado un tono inusualmente cordial, motivado en gran medida por el interés azerbaiyano en desarrollar el corredor de Zangezur. Esta ruta, que pasaría por territorio armenio, conectaría directamente Azerbaiyán con su enclave de Najicheván y, por extensión, con Turquía, ofreciendo una vía más eficiente hacia los mercados europeos. Aunque persisten las tensiones subyacentes, este proyecto podría transformarse en una rara oportunidad de cooperación entre vecinos tradicionalmente enfrentados como lo han sido de un lado Armenia y del otro Azerbaiyán junto con Turquía.

Sin embargo, este panorama regional contrasta con el marcado deterioro en las relaciones directas entre Rusia y Azerbaiyán. Los últimos incidentes diplomáticos han dejado al descubierto una creciente rivalidad estratégica. La relación, antaño caracterizada por cierta cooperación pragmática, se ha vuelto cada vez más fría y calculadora.

Esta tensión refleja no solo diferencias geopolíticas inmediatas, sino también una competencia más profunda por la influencia en el Cáucaso y Asia Central, donde Azerbaiyán, fortalecido por su victoria en Nagorno-Karabaj y sus alianzas con Turquía e Israel, ya no acepta el papel de socio menor que Moscú esperaba que mantuviera.

Este complejo entramado de intereses y realineamientos sugiere que estamos ante una transformación estructural de la región, donde el tradicional dominio ruso da paso a un escenario más abierto en el que el régimen azerí consolida su poder y liderazgo. Azerbaiyán emerge como claro beneficiario de este proceso, mientras Rusia enfrenta el desafío de adaptarse a una realidad donde su capacidad para dictar los términos de la política regional se ve crecientemente cuestionada.

La cumbre Azerbaiyán-Turkmenistán

El tradicional hermetismo de Turkmenistán, ese país centroasiático conocido por su opacidad y riguroso neutralismo, está dando muestras de un notable giro en su política exterior. Lo que antaño se presentaba como una "neutralidad positiva" parece estar evolucionando hacia lo que podríamos denominar un "aperturismo diversificado", particularmente visible desde el relevo generacional que en 2022 llevó a Serdar Berdimuhamedow, hijo del anterior mandatario, a la presidencia del país1.

Este cambio de rumbo se ha materializado en un notable incremento de contactos bilaterales con Azerbaiyán, donde las cumbres entre ambos estados se han sucedido con una frecuencia inusual. Estos encuentros, enmarcados en la cooperación entre vecinos del Caspio, responden a intereses estratégicos compartidos que trascienden la mera retórica diplomática.

La paradoja azerbaiyano-turkmena: competidores y socios necesarios

Desde una perspectiva energética, se produce una curiosa paradoja: aunque Azerbaiyán y Turkmenistán son competidores como productores de hidrocarburos, Ashgabat necesita imperiosamente de Bakú para acceder a los mercados europeos. Azerbaiyán se ha convertido así en el principal canal para las exportaciones turkmenas hacia Occidente, consolidando el llamado "Corredor Medio" o TITR ( Ruta de Transporte Internacional Transcaspiana) que conecta China con Europa a través de Asia central y el Cáucaso.


Imagen 1: Mapa de las principales conexiones en la región Caspio-Cáucaso. Fuente: https://www.newsilkroaddiscovery.com/usaid-full-potential-of-trans-caspian-international-transport-route-yet-to-be-achieved/

Esta dinámica representa un duro revés para los intereses rusos en la región. Moscú, que contaba con Turkmenistán como pieza clave para su proyecto de corredor Norte-Sur, ve cómo su influencia se erosiona paulatinamente. La diversificación turkmena no solo debilita la posición rusa como proveedor energético dominante en Europa, sino que simboliza un cambio más profundo: las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central están encontrando alternativas a la tradicional dependencia de Moscú.

Sin embargo, entre las ambiciones de diversificación y su materialización efectiva media un trecho considerable. Hoy en día, Rusia y China siguen siendo los principales destinatarios del gas turkmeno2 y las infraestructuras existentes, los acuerdos a largo plazo y las realidades geográficas imponen límites a esta reorientación estratégica. La verdadera prueba para esta nueva política exterior turkmena llegará cuando deban materializarse los acuerdos con Azerbaiyán en flujos concretos de energía hacia Europa. Solo entonces podrá evaluarse si este "aperturismo diversificado" representa un cambio estructural o simplemente un reajuste táctico en la compleja geopolítica energética de la región.

Mientras tanto, Rusia se ve obligada a contemplar, con creciente preocupación, cómo su espacio tradicional de influencia se fragmenta, en un proceso donde la combinación de cambios generacionales en el liderazgo regional y la reconfiguración de las rutas energéticas están redibujando el mapa geopolítico de Eurasia.

El Corredor Medio: un eje estratégico nacido de la convergencia geopolítica

La emergencia del Corredor Medio como ruta clave de conectividad eurasiática no es fruto del azar, sino el resultado de dos dinámicas históricas que han convergido en el momento preciso. Por un lado, encontramos la ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) impulsada por China, cuyo brazo centroasiático buscaba precisamente crear una red de infraestructuras que vinculara el gigante asiático con Europa a través de las antiguas repúblicas soviéticas. Este megaproyecto, inicialmente concebido como una alternativa a las rutas marítimas dominadas por Occidente, encontró en Asia central su eslabón natural.

Sin embargo, fue el estallido del conflicto en Ucrania en 2022 lo que catapultó definitivamente la relevancia estratégica de este corredor. Las sanciones occidentales a Rusia no solo alteraron el mapa energético continental, sino que fracturaron el monopolio que Moscú ejercía sobre las rutas comerciales terrestres hacia Europa. De pronto, lo que era una alternativa teórica se convirtió en una necesidad práctica: el Corredor Medio ofrecía a los países de la región -y a sus socios europeos- una vía de escape a la dependencia de las infraestructuras rusas.

El actual contexto geopolítico favorece especialmente el desarrollo de estas vías que atraviesan Asia Central y el Cáucaso, potenciando los movimientos pantúrquicos y revitalizando las alianzas entre países que comparten orígenes étnicos, tradiciones culturales y, cada vez más, intereses estratégicos comunes. Turquía, como principal valedor de esta identidad turcófona, ha sabido capitalizar este resurgimiento, tejiendo una red de cooperación económica y política que desafía la tradicional hegemonía rusa en la región.

La saturación kazaja y la búsqueda de alternativas

El éxito mismo del corredor ha generado nuevos desafíos logísticos. La ruta principal, que atraviesa Kazajstán para llegar al Caspio por su costa norte hacia Bakú, muestra claros síntomas de saturación. Esta congestión ha impulsado la búsqueda de vías secundarias que permitan distribuir el creciente flujo comercial.

Aquí es donde entra en juego el potencial de Turkmenistán y su litoral caspio, que podría ofrecer una ruta alternativa complementaria (Imagen 3).

Esta diversificación de rutas responde a una lógica geoeconómica imparable: a medida que Europa acelera su desvinculación energética y comercial de Rusia, los corredores que evitan territorio ruso ganan valor estratégico. El Caspio se ha convertido así en un verdadero "lago logístico", donde las conexiones entre Azerbaiyán, Kazajstán y Turkmenistán adquieren una importancia sin precedentes.

Un nuevo mapa de influencias

Lo que comenzó como un proyecto de conectividad china está transformándose en un complejo entramado de intereses donde múltiples actores -desde Turquía hasta la UE- buscan asegurar su posición. Rusia, por su parte, contempla cómo su tradicional dominio sobre las rutas terrestres euroasiáticas se erosiona progresivamente, mientras China ve cómo su iniciativa BRI adquiere dimensiones que trascienden sus planes originales.

El desarrollo futuro del Corredor Medio dependerá de la capacidad para resolver sus actuales cuellos de botella y de la evolución del conflicto ucraniano. Pero una cosa parece clara: ha llegado para quedarse, redefiniendo los equilibrios de poder en una región que durante siglos fue dominio exclusivo de Moscú y que hoy se convierte en un espacio de competencia entre múltiples potencias.

El dilema de Rusia y la búsqueda de nuevas alternativas energéticas

Las recientes sanciones internacionales contra Irán, impuestas en el contexto de su escalada con Israel, unidas a la apertura del mercado turkmeno han impactado significativamente los planes energéticos de Rusia.  Los rusos habían considerado al país persa como una ruta estratégica para eludir las restricciones occidentales y exportar sus recursos energéticos a los mercados globales. Sin embargo, el endurecimiento del cerco económico a Teherán ha obligado a Moscú a buscar urgentemente alternativas viables que aseguren la salida de sus suministros en caso de que la crisis en Oriente Medio se prolongue.

En este escenario, Rusia ha comenzado a explorar una opción polémica pero potencialmente útil: el acercamiento al régimen talibán en Afganistán3. Esta estrategia no solo respondería a la necesidad inmediata de encontrar nuevas rutas comerciales, sino que también contempla el acceso a los vastos recursos minerales afganos, aún poco explotados. El movimiento representa un giro significativo en la política exterior rusa, que tradicionalmente había mantenido una posición cautelosa hacia los talibanes.

Este cambio de postura evidencia la creciente desesperación de Moscú por sortear el aislamiento económico y mantener su capacidad de exportación energética. No obstante, la apuesta por Afganistán conlleva importantes riesgos: desde la inestabilidad interna del país hasta las posibles repercusiones diplomáticas de legitimar al gobierno talibán. La decisión final dependerá de cuánto se prolongue la crisis iraní y de la capacidad rusa para negociar términos favorables con un régimen conocido por su imprevisibilidad.

Mientras tanto, la situación sigue demostrando cómo los conflictos en Oriente Medio pueden alterar los cálculos geopolíticos en regiones aparentemente distantes, forzando a potencias como Rusia a reconsiderar sus alianzas y estrategias en tiempo récord.

El corredor de Zangezur

Curiosamente, el presidente Ilham Aliyev no podría haber elegido un escenario más cargado de simbolismo para sus reuniones con los delegados turcomanos que la ciudad de Khankendi (antes Stepanakert), la otrora capital de la extinta República de Artsaj. Este gesto, que refuerza la narrativa azerbaiyana de soberanía sobre el territorio, contrasta con la delicada realidad geopolítica que enfrenta Bakú: para materializar su ansiado corredor terrestre hacia Turquía, -evitando así la ruta georgiana- Azerbaiyán depende, irónicamente, de la colaboración de Armenia.

El proyecto, que conectaría la región azerbaiyana de Najicheván con el territorio principal a través de suelo armenio, el llamado "Corredor de Zangezur", (Imagen 4) promete beneficios económicos y estratégicos para ambas partes, pero también despierta recelos profundos en Ereván. Armenia, con justificada cautela, teme que este paso se convierta en una vulneración encubierta de su soberanía, replicando las tácticas de presión que Bakú ha empleado en el pasado. Sin embargo, si se garantizan salvaguardas diplomáticas claras -como el respeto a la jurisdicción armenia sobre el corredor y mecanismos internacionales de supervisión-, la iniciativa podría transformarse en una oportunidad histórica.

Ganadores, perdedores y dificultades

Para Armenia, el corredor supondría una inyección económica significativa: no solo generaría ingresos por tránsito y servicios logísticos, sino que revitalizaría su estratégica región sur, fronteriza con Irán. Además, Ereván obtendría cierto margen de negociación en otros temas espinosos, como el estatus de los enclaves armenios aún bajo control azerbaiyano. Azerbaiyán, por su parte, consolidaría su integración territorial -al conectar con Najicheván sin intermediarios- y ahorraría los costosos peajes que ahora paga a Georgia. Turquía, principal aliado de Bakú, vería reforzado su papel como eje energético y comercial entre Asia y Europa.

Sin embargo, el plan tiene claros perdedores. Irán, cuya economía ya sufre por las sanciones occidentales, perdería relevancia como ruta alternativa para el comercio regional. Tiflis, por su parte, vería mermados los ingresos que hoy obtiene por el tránsito de mercancías azerbaiyanas, un golpe para Georgia en un momento de fragilidad política interna. No es casual que la UE apoye el proyecto: una ruta directa para el gas azerbaiyano reduciría los precios e incrementaría las alternativas a los suministros rusos.

El mayor obstáculo no es logístico, sino político. Armenia exige garantías de que el corredor no se militarizará ni servirá para exigir futuras concesiones territoriales. Bakú, mientras, insiste en que el proyecto debe operar bajo su control, circunstancia que pondría en peligro la unidad territorial de Ereván.

En este contexto de tensiones, Estados Unidos ha emergido como posible mediador, proponiendo un modelo de gestión que recuerda al histórico acuerdo del Canal de Panamá: un contrato de arrendamiento por 100 años que le otorgaría a Washington participación en los beneficios económicos del corredor4. Esta fórmula, que combina seguridad operativa con incentivos económicos, podría resultar atractiva para Azerbaiyán, cuyo estrecho vínculo con Israel facilita su acercamiento a los intereses estadounidenses.

Sin embargo, Armenia mira con recelo esta opción y probablemente preferiría a la Unión Europea (Francia) como garante neutral, buscando equilibrar así la influencia de las distintas potencias en la región.

La disputa por el modelo de gestión del corredor refleja en miniatura la compleja geopolítica del Cáucaso, donde proyectos de infraestructura aparentemente técnicos se convierten en campos de batalla por la influencia entre potencias globales y regionales. La solución, si llega, probablemente requerirá concesiones dolorosas por ambas partes y un delicado equilibrio entre los intereses de los actores externos involucrados.


Imagen 5: Uno de los últimos encuentros entre los líderes armenio y azerí tuvo lugar el pasado 10 de julio en Abu Dhabi. Fuente: https://www.aa.com.tr/es/mundo/la-reuni%C3%B3n-entre-aliyev-y-pashinyan-en-abu-dabi-transcurre-en-un-ambiente-constructivo/3627394#

Tensión en las relaciones Putin - Aliev

El extraordinario fortalecimiento de Azerbaiyán en los últimos años está redefiniendo por completo el equilibrio de poder en la región del Cáucaso, provocando un deterioro estructural en sus relaciones con Rusia que va mucho más allá de los meros desencuentros diplomáticos ocasionales. Este proceso no es casual ni unilateral, sino que responde a una compleja combinación de factores estratégicos, económicos que están transformando profundamente las dinámicas regionales5.

Por un lado, el éxito militar de Azerbaiyán en el conflicto de Nagorno-Karabaj en 2020 y su posterior consolidación del control sobre el territorio en 2023 demostraron al mundo su capacidad para actuar con independencia del tradicional paraguas de seguridad ruso. Por otro, su alianza estratégica con Turquía -cada vez más sólida en los ámbitos militar, económico y energético- le ha proporcionado un margen de maniobra impensable hace apenas una década. A esto se suma su acercamiento a Israel, que ha convertido a Bakú en un actor clave en la compleja geopolítica de Oriente Medio, precisamente en un momento en que Rusia intensifica su apoyo a Irán.

La competencia en el sector energético añade otra capa de conflicto. Mientras Rusia ve cómo las sanciones occidentales limitan su capacidad de exportación, Azerbaiyán ha sabido posicionarse como proveedor alternativo para Europa, ampliando el gasoducto Transadriático (TAP) y fortaleciendo su papel en el Corredor Sur de gas. Esta rivalidad económica se traduce inevitablemente en tensiones políticas, especialmente cuando ambos países compiten por influir en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, tradicional zona de influencia rusa.

Una espiral de tensiones sin retorno

El punto de no retorno en este deterioro bilateral podría situarse en el trágico incidente del derribo del avión de Azerbaijan Airlines, cuyas 38 víctimas mortales quedaron en el limbo de las medias disculpas rusas. La negativa de Moscú a asumir responsabilidades institucionales completas envió un mensaje claro a Bakú: en el nuevo orden regional, Azerbaiyán debería resignarse a seguir siendo un actor secundario.

Sin embargo, la respuesta azerí ha sido precisamente la contraria. Los recientes acontecimientos -desde la dura reacción a la redada en Ekaterimburgo hasta la detención de los responsables de Sputnik Azerbaiyán6- demuestran que Bakú ya no está dispuesto a aceptar el tradicional papel de socio menor. Cada acción rusa encuentra ahora una respuesta medida pero firme por parte azerí, en una peligrosa dinámica de acción-reacción que parece condenada a intensificarse.

El futuro de las relaciones: ¿confrontación o nueva normalidad?

Esta creciente tensión no parece coyuntural, sino el reflejo de un cambio tectónico en las relaciones de poder regionales. Con Rusia debilitada por el conflicto en Ucrania y las sanciones internacionales, y Azerbaiyán fortalecido por sus victorias militares, alianzas estratégicas y recursos energéticos, el espacio para la reconciliación parece cada vez más reducido.

Los próximos acontecimientos serán cruciales para determinar si ambos países logran establecer una nueva forma de coexistencia - quizás más fría y calculadora - o si, por el contrario, la espiral de tensiones desemboca en una ruptura abierta. Lo que ya es evidente es que el Cáucaso ha dejado de ser el "patio trasero" indiscutido de Rusia, y Azerbaiyán emerge como el principal actor capaz de desafiar, con éxito creciente, la tradicional hegemonía moscovita en la región.

Conclusiones

La prolongada confrontación entre Rusia y Ucrania sigue minando la posición estratégica de Moscú en múltiples dimensiones, creando un vacío de poder que Azerbaiyán ha capitalizado con notable maestría política. Con el respaldo determinante de Turquía como aliado principal, el gobierno de Ilham Aliyev ha ejecutado una transformación geopolítica sin precedentes, posicionándose como actor indispensable en el complejo tablero euroasiático y no sólo desafiando el tradicional dominio ruso en la región sino supliéndolo.

En el plano económico, Bakú ha implementado una estrategia de diversificación comercial magistral que ha reducido drásticamente su dependencia histórica de Rusia. Sus exportaciones energéticas encuentran ahora su mercado principal en la Unión Europea a través del gasoducto Transadriático (TAP), que transporta gas natural azerí hasta Italia. Paralelamente, ha profundizado su cooperación tecnológica con Israel, especialmente en sistemas de defensa e inteligencia, mientras consolida una alianza económica integral con Turquía que abarca desde megaproyectos de infraestructura hasta inversiones conjuntas en sectores de diversa tipología. Esta reorientación estratégica ha sido facilitada por su posición geográfica privilegiada, que lo convierte en el eslabón natural entre los mercados europeos y las emergentes rutas comerciales centroasiáticas.

El sector energético representa quizás el triunfo más significativo de la diplomacia azerí. Mientras Rusia enfrenta sanciones que debilitan su influencia energética en Europa, Azerbaiyán ha logrado posicionarse como proveedor alternativo clave mediante una infraestructura cuidadosamente planificada. El sistema TANAP que atraviesa Turquía, conecta el gasoducto del Caucaso Sur (Azerbayán-Georgia) con el Trans-Adriático (también denominado TAP que conoecta Grecia, Albania e Italia) se ha erigido como uno de los principales suministradores de gas al continente europeo, con ambiciosos y factibles planes de expansión.

El potencial Corredor de Zangezur (o de Syunik, como lo denominan los armenios) actualmente en negociación, podría multiplicar exponencialmente su capacidad de transporte al conectar directamente con los mercados turcos y europeos. Simultáneamente, los recientes acuerdos con Turkmenistán amenazan con marginar aún más a Moscú al ofrecer a las repúblicas centroasiáticas una ruta exportadora independiente del tradicional eje norte-sur controlado por Rusia.

En la dimensión geopolítica, el ascenso de Azerbaiyán adquiere especial relevancia. Su alianza estratégica con Turquía, miembro de la OTAN, e Israel, potencia tecnológica, le proporciona acceso a sistemas militares avanzados y un respaldo político internacional sin precedentes. La victoria en Nagorno-Karabaj no solo ha neutralizado a Armenia como competidor regional, sino que ha demostrado la capacidad de Bakú para imponer sus términos sin necesidad del tradicional arbitraje ruso, marcando un hito en la redistribución del poder regional.

Esta nueva realidad se ve reforzada por la inestabilidad política en Georgia y las limitaciones económicas de Tiflis, que eliminan cualquier posibilidad de desafío por parte de sus vecinos a la hegemonía azerí en el Cáucaso Sur.

Este reordenamiento del poder regional representa un revés histórico para Rusia, que ve cómo su tradicional “patio trasero” no sólo se ha transformado en un espacio de abierto de competencia multipolar, sino que Azerbaiyán está ganando momentáneamente la partida en este tablero geopolítico. Los instrumentos de influencia que Moscú empleó durante décadas (desde el control energético hasta el arbitraje de conflictos) pierden eficacia ante el pragmatismo económico y la firmeza estratégica de Bakú.

Azerbaiyán, por su parte, ha demostrado una habilidad excepcional para capitalizar las debilidades rusas, combinando una diplomacia energética agresiva con alianzas militares innovadoras. El resultado es un nuevo equilibrio de fuerzas donde Bakú emerge como potencia regional indiscutible, mientras Moscú enfrenta el desafío más serio a su influencia desde la disolución de la Unión Soviética, con capitales implicaciones que trascienden del Cáucaso y afectan el balance de poder en toda Eurasia.

Rafael Santiago Orti
Doctor en RRII. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

1CUTLER, Robert M. “Turkmenistan's Strategic Reentry into the Gas Diplomacy”. The Times of Central Asia, 30/07/2025. https://timesca.com/turkmenistans-strategic-reentry-into-gas-diplomacy/
2BERNAD-PEARL, Joshua. “Bridging the Caspian: Turkmenistan's Foreign Minister Meets With Azerbaijan's President Aliyev”. Caspian Policy Center, 07/11/2025. https://www.caspianpolicy.org/research/turkmenistan/bridging-the-caspian-turkmenistans-foreign-minister-meets-with-azerbaijans-president-aliyev
3DRURY, Flora y WILSON, Tabby, “Russia becomes first state to recognise Afghanistan's Taliban government”. BBC, 04/07/2025. https://www.bbc.com/news/articles/c78n4wely9do
4U.S. Department of State, “Strengthening U.S. ”Türkiye Relations and Advancing Relations with Syria”, FPC Briefing 2025, https://www.state.gov/briefings-foreign-press-centers/strengthening-us-turkiye-relations-and-advancing-relations-with-syria. Fecha de consulta 10.08.2025.
5SANTIAGO ORTI, Rafael. “La guerra en Ucrania: El declive de la influencia rusa en Asia Central y el Cáucaso”. Documento de Opinión IEEE 98/2024. Nº 36 (Octubre - Diciembre), 2024. https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/la-guerra-en-ucrania-el-declive-de-la-influencia-rusa-en-asia-central-y-el-c%C3%A1ucaso
6ROZANSKIJ, Vladimir, “Las muertes de azerbaiyanos en Ekaterimburgo reavivan las tensiones entre Bakú y Moscú”. Asia News, 08/07/2025. https://www.asianews.it/noticias-es/Las-muertes-de-azerbaiyanos-en-Ekaterimburgo-reavivan-las-tensiones-entre-Bak%C3%BA-y-Mosc%C3%BA-63455.html
    • La consolidación de Azerbaiyán como potencia geopolítica y energética regional

    • The consolidation of Azerbaijan as a regional geopolitical and energy power