IEEE. La vigencia del tratado Nuevo START en el contexto de la guerra en Ucrania

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19 nov 2025

IEEE. La vigencia del tratado Nuevo START en el contexto de la guerra en Ucrania

Luis V. Pérez Gil. Doctor en Derecho con Premio Extraordinario. Teniente RV. Analista IEEE (CESEDEN)

Introducción

El 8 de abril de 2010 los presidentes Dimitri Medvédev, por Rusia, y Barack Obama, por Estados Unidos, firmaron en Praga el Tratado de Limitación de Armas Estratégicas (Nuevo START) que, por primera vez, estableció límites taxativos sencillos y más fácilmente verificables sobre los sistemas de combate de la triada nuclear de ambas potencias1. El tratado estableció un período transitorio de cinco años desde su entrada en vigor (5 de febrero de 2011) para alcanzar dichos límites: 1.550 ojivas nucleares estratégicas y 800 vectores de lanzamiento (misiles balísticos intercontinentales con base en tierra, misiles navales del mismo tipo y bombarderos estratégicos), de los que solo 700 podrían estar en servicio a la par. En la fecha estipulada (5 de febrero de 2018) ambas potencias alcanzaron los límites acordados y ese cumplimiento se ha mantenido estrictamente hasta hoy. El tratado se acordó por un plazo de diez años (hasta el 5 de febrero de 2021) prorrogable por una sola vez por otros cinco (5 de febrero de 2026)2.

Es preciso tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: en primer lugar, las partes excluyeron de las negociaciones y, por tanto, de la aplicación del tratado, las armas nucleares tácticas o de teatro, donde Rusia acumula una diferencia significativa a su favor, que compensa el menor peso de su arsenal estratégico frente al estadounidense3; en segundo lugar, a pesar de las enormes reducciones aplicadas desde el final de la Guerra Fría en sus respectivos arsenales, ambas potencias todavía acumulan el 87% de las armas nucleares que existen en el mundo (Rusia 5.455 y Estados Unidos 5.177)4.

El Nuevo START formaba parte de un conjunto de tratados conocidos como «acuerdos de desarme», que pusieron fin a la Guerra Fría, como el Tratado de Misiles de Alcance Intermedio (Tratado INF) de diciembre de 1987, el tratado de Cielos Abiertos (Open Skies) de marzo de 1992, así como otros acuerdos, canjes de notas y declaraciones.

Todos ellos componían la estructura jurídica del régimen de estabilidad estratégica, basado en los principios de paridad y bilateralidad, que, junto con el monopolio del uso de la fuerza en manos del Consejo de Seguridad (el directorio mundial), ha garantizado la paz y la seguridad mundial hasta ahora5. En este punto se hace referencia a la ausencia de guerras entre grandes potencias que, desde la invención del arma nuclear, tienen que ser evitadas porque no se pueden ganar (Declaración Reagan-Gorbachov). Es lo que hemos denominado en otro lugar, el efecto inmunizador de las armas nucleares, porque su mera existencia inhibe el conflicto6.

Sin embargo, una errónea valoración de su poder y de sus capacidades, en un mundo en el que ya despuntaban otras potencias emergentes, hizo que los dirigentes políticos estadounidenses se fueran retirando progresivamente de ese conjunto normativo, hasta poner en peligro la existencia misma del régimen de estabilidad estratégica y, por tanto, la paz mundial7. Estas decisiones se tomaron bajo la premisa de que su posición de supremacía mundial —que, a la postre, siempre fue una hegemonía imperfecta— les habilitaba para tomar todo tipo de medidas unilaterales en interés propio y de que, además, el resto de los países las aceptarían de buen grado, por compulsión o mediante la aplicación de la fuerza, como sucedió a partir de 2001 con un período de guerra permanente que llega hasta la actualidad. Todo ello, simplemente, para no lograr ninguno de los objetivos que se plantearon, porque ni Estados Unidos es hoy más seguro ni tiene más poder ni el mundo es más estable, de modo que esa política se puede calificar de absoluto fracaso. Con este trasfondo, el tratado Nuevo START ha quedado como el último de los acuerdos de desarme.

Como se ha dicho, las partes se ajustaron estrictamente a los límites impuestos a sus arsenales nucleares, así como al cumplimiento de las obligaciones de transparencia e información establecidas en el propio tratado. Desde la entrada en vigor del Nuevo START, los gobiernos de ambas potencias publicaron de forma regular datos numéricos sobre el estado de sus arsenales nucleares. De este modo, para el 12 de mayo de 2023 —fecha del último intercambio divulgado— se habían realizado 328 inspecciones presenciales, 25.720 notificaciones, 42 intercambios semestrales de datos y se habían realizado 19 reuniones de la Comisión Consultiva Bilateral, lo que permitió a cada una de las partes obtener una imagen bastante completa de las capacidades nucleares estratégicas de la otra. Como se verá más adelante, la tensión provocada por la guerra en Ucrania afectó al cumplimiento de esas obligaciones, haciendo retroceder mecanismos de confianza que, a pesar de discrepancias puntuales, eran eficaces y funcionaban porque respondían a los intereses de seguridad de ambas partes8.

La prórroga del Nuevo START en un contexto de creciente tensión internacional

Como reacción a la caducidad del Tratado INF, consecuencia de la retirada estadounidense durante el primer mandato del presidente Donald Trump, en declaraciones de agosto y septiembre de 2019, el gobierno ruso formuló una moratoria sobre el despliegue de misiles de medio alcance en territorio europeo y asiático, siempre que la parte estadounidense se sumara a dicha medida. No hubo respuesta, pero se mantuvo el statu quo bajo el principio jurídico de quien calla, debiendo hablar, otorga.

A la par, se activaron negociaciones sobre la renovación o prórroga del Nuevo START, que no pudieron llegar a buen fin debido a la obstinación de la Administración Trump por incluir a la China comunista en dicho acuerdo. Ni la parte rusa estaba dispuesta a perder su posición en el régimen de estabilidad estratégica —que se basa en los principios de paridad y bilateralidad—, ni el gobierno chino aceptaba limitaciones a su arsenal nuclear en crecimiento, que, a pesar de todas las declaraciones y escenarios alarmistas, es poco más de una décima parte del de Estados Unidos y Rusia, cada uno por separado9.

De este modo, el final del primer mandato de Trump se saldó con un sonoro fracaso en este punto, situación que generó ansiedad en el resto de los actores mundiales, que observaban cómo se podía desencadenar una nueva carrera de armamentos nucleares en un plazo muy breve de tiempo si no se tomaban decisiones in extremis10. Las elecciones presidenciales estadounidenses se celebraron el noviembre de 2020 y el presidente Joseph (Joe) Biden tomó posesión el 20 de enero de 2021.

La primera medida adoptada por la Administración Biden fue acordar la prórroga del tratado. Al día siguiente de su toma de posesión (21 de enero de 2021), la Casa Blanca emitió una declaración oficial anunciando su intención de negociar una prórroga de cinco años del Nuevo START —la parte rusa había propuesto solo un año—, afirmando que la medida estaba «manifiestamente en el interés de la seguridad nacional de Estados Unidos y tiene aún más sentido cuando la relación con Rusia es contradictoria»11. Cuatro días después, el gobierno ruso confirmó el inicio de los contactos. El 26 de enero de 2021 los presidentes de ambas potencias acordaron, durante su primera conversación telefónica, la prórroga del tratado, que se formalizó mediante un mero canje de notas. De este modo, el Nuevo START continuaría vigente hasta el 5 de febrero de 2026, si ninguna de las dos partes lo denunciaba antes. Es precisamente en este contexto estratégico en el que se produjo la escalada que llevó al estallido de la guerra en Ucrania.

En efecto, la prueba de que la disuasión falló fue el inicio de la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022, cuando los dirigentes rusos decidieron que debían tomar por la fuerza lo que se les negaba en la mesa de negociaciones, tuvieran o no razón en ello. La realidad internacional muestra que las grandes potencias —y algunas otras a las que se les permite— recurren al uso de la violencia cuando lo estiman conveniente y no tienen que justificarse por ello ante nadie, porque son quienes ostentan el poder y crean las normas que rigen el sistema internacional. Esto no es solo teoría —realismo político—, sino la aplicación del poder efectivo, como pueden observar cada día quienes siguen los asuntos internacionales12.

Durante este período se han sucedido las amenazas nucleares rusas contra Occidente, que tienen como objetivo fundamental desincentivar su participación directa en el conflicto. Esta política ha incluido la amenaza de despliegue de armas nucleares de teatro en territorio bielorruso, así como el empleo, por primera vez, de un misil balístico de alcance intermedio para destruir la Fábrica de Cohetes Yuzhmash, en Dniepropetrovsk (21 de noviembre de 2024).

Suspensión rusa de su participación en el tratado

Una de las respuestas de los dirigentes rusos al apoyo continuado de Estados Unidos y sus aliados a Ucrania fue el anuncio de la suspensión del Nuevo START. El 21 de febrero de 2023 el presidente Putin anunció durante su discurso anual a la Asamblea Federal la decisión de suspender su participación en el tratado13. De inmediato activaron el procedimiento parlamentario para llevarlo a cabo y una semana después (28 de febrero de 2023), el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso notificó a la parte estadounidense la suspensión unilateral de su participación en ese tratado, amparándose en razones de seguridad nacional relacionados con la implicación de Estados Unidos en la guerra en Ucrania, situación que a su juicio no solo pone en peligro la seguridad de Rusia, sino el funcionamiento de la disuasión nuclear.

A la luz del tratado, se considera una situación anómala, porque no hay cláusulas específicas sobre la suspensión o paralización de sus efectos; sin embargo, tampoco es algo que prohíba el Derecho de los Tratados si las partes manifiestan su aceptación de forma tácita o explícita14. En consecuencia, ambas partes realizaron declaraciones sobre la continuación del cumplimiento de los límites cuantitativos, así como otras obligaciones anejas, por lo que sus efectos fundamentales continúan en vigor hasta la actualidad15.

El 12 de mayo de 2023 el Departamento de Estado estadounidense publicó datos numéricos de su arsenal nuclear como parte de su compromiso con la transparencia y para mostrar una conducta nuclear responsable, al tiempo que instó a las autoridades rusas a volver al cumplimiento del tratado16. La respuesta, a través del viceministro de Asuntos Exteriores Serguéi Riabkov, fue que Rusia no compartiría ni publicaría información sobre su arsenal nuclear mientras Estados Unidos mantuviese su apoyo a Ucrania. Poco después, el 1 de junio de 2023, el gobierno estadounidense anunció medidas de respuesta simétricas a la suspensión rusa: no habría notificaciones, inspecciones ni entrega de datos de telemetría hasta que las autoridades rusas volvieran a acatar sus obligaciones en el marco del Nuevo START17. No obstante, se mantendrán las notificaciones sobre lanzamiento de misiles balísticos intercontinentales y sobre ejercicios, conforme a sendos acuerdos bilaterales de 1988 y 1989.

Un acuerdo de este tipo habría sido un ejemplo extraordinario del funcionamiento del equilibrio de poder si no mediara una guerra convencional a gran escala en Europa y, además, no existiera el riesgo de un enfrentamiento directo entre Rusia y la OTAN. Pero ambas circunstancias se mantienen en la actualidad.

Estados Unidos ha constatado que no tiene el poder real necesario para actuar en todos los lugares siempre y al mismo tiempo. Ni siquiera sumando a sus aliados europeos y asiáticos es capaz de ordenar las respectivas áreas regionales, donde cada vez tiene menos poder e influencia. Esto es consecuencia de la existencia de otras grandes potencias que ocupan los espacios que no puede controlar la potencia hegemónica (conviene insistir en la idea de hegemonía imperfecta). De este modo, Rusia y China son cada vez más capaces de superar las barreras comerciales, financieras y económicas que se les tienden, así como de contrarrestar las amenazas y sanciones tanto de Estados Unidos como de sus aliados, hasta llegar a un punto en que se oponen abiertamente al ejercicio del poder estadounidense, lo que demuestra, una vez más, el fracaso estrepitoso de las tesis sobre el fin de la historia18.

En consecuencia, el sistema internacional entra en un bucle en el que Estados Unidos trata de imponerse con más fuerza, pero carece de la capacidad para coaccionar a esas grandes potencias. Estas, por su parte, se unen y crean foros para atraer a otros descontentos a su propio bando (BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái, Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, entre otras), dando forma a un bloque que rechaza el ejercicio del poder occidental19. En tiempos de crisis este tipo de iniciativas suele tener éxito, tanto en el plano interno como en el internacional. De nuevo, para quienes siguen los asuntos internacionales, la historia es una gran aleccionadora.

Es cierto que este enfoque puede llevar a pensar en la inevitabilidad del conflicto. Sin embargo, el realismo político, en su versión kissingeriana, aporta las herramientas necesarias mediante la aplicación de las tesis del equilibrio de poder y de la negociación permanente, con el fin de lograr acuerdos que faciliten la creación de regímenes, implícitos o explícitos, que contribuyan a mantener la paz entre los actores principales del sistema internacional, es decir, las grandes potencias. Entonces, se puede examinar la situación actual: algunas persiguen una escalada en la guerra en Ucrania, existe una violencia incontrolada en Oriente Medio y emergen escenarios de conflictos en el Asia-Pacífico, donde no deberían existir.

En el punto álgido de la escalada, un choque directo entre grandes potencias llevaría inevitablemente al uso masivo de armas nucleares20. Es el escenario de la destrucción mutua asegurada que ha descrito recientemente Annie Jacobsen en un estudio de caso hipotético21. Entonces, el sistema internacional podría verse abocado a una guerra absolutamente destructiva en aras de un poder que no funciona, porque no se impone. Una de las grandes lecciones de la Guerra Fría fue que los dirigentes políticos entran en razón cuando se enfrentan al dilema de la amenaza nuclear.

Propuesta rusa para extender la vigencia del tratado

Esos parecen ser los fundamentos en los que se basa la propuesta realizada por el presidente Putin el 22 de septiembre de 2025, durante una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad ruso, en la que participaron los funcionarios más importantes del régimen putiniano. En su intervención, afirmó que Occidente ha estado dando pasos negativos para socavar los cimientos de la estabilidad estratégica y las relaciones entre las potencias nucleares, y responsabilizó a Estados Unidos del desmantelamiento de los acuerdos de desarme en su intento por alcanzar una superioridad estratégica decisiva. Las autoridades rusas han advertido repetidamente sobre estas circunstancias y sus consecuencias, pero sus propuestas han sido desoídas. A su juicio, fue esta situación la que motivó el abandono de la moratoria unilateral sobre las obligaciones del Tratado INF, como respuesta al despliegue de tales sistemas en Europa y Asia-Pacífico.

Pero, también aseveró que Rusia cuenta con las capacidades necesarias y está lista para responder con la fuerza a cualquier amenaza. Literalmente Putin declaró: «Enfatizo, y nadie debería tener ninguna duda al respecto, que Rusia es capaz de responder a cualquier amenaza existente y emergente»22. No obstante, afirmó que no están interesados en una carrera de armamentos (principalmente porque no se lo pueden permitir con o sin guerra en Ucrania, esta es otra de las grandes lecciones aprendidas de la etapa de la Unión Soviética). Justificó la suspensión de la participación en el Nuevo START como resultado de «la política extremadamente hostil de la Administración Biden», en un claro mensaje dirigido directamente a los oídos del presidente Trump. En su opinión, el tratado ha tenido un papel positivo en el mantenimiento del régimen de estabilidad estratégica, por lo que sería un grave error acabar con él.

En este punto, lanzó la propuesta de adherirse a los límites vigentes durante un año después de su finalización el 5 de febrero de 2026. La decisión sería efectiva si Estados Unidos actúa de la misma manera y no toma medidas que socaven el equilibrio actual en materia de disuasión nuclear. Para ello, anunció que había ordenado tomar medidas de vigilancia adicionales para verificar el cumplimiento de la parte estadounidense.

Desde el lado ruso, este fue uno de los temas fundamentales que se discutieron en la cumbre de Alaska celebrada en Anchorage del 15 al 16 de agosto de 202523 y cuyo objetivo es intentar mantener la vigencia del último tratado que puede salvar la paz entre grandes potencias, mientras al mismo tiempo trata de imponerse por la fuerza en Ucrania. Es decir, estamos ante una propuesta de acuerdo implícito en materia de estabilidad nuclear, que pone de manifiesto el grado de deterioro de la estabilidad internacional con una vuelta al período anterior a los Acuerdos de Moscú de 1972. Mientras tanto, los dirigentes chinos observan estos acontecimientos para tomar sus propias decisiones, que también estarán basadas en sus intereses nacionales.

Reacción estadounidense y misiles Tomahawk

El 5 de octubre de 2025 el presidente Trump calificó la propuesta rusa de «buena idea», pero sin expresar una posición clara sobre su aceptación ni propuso la apertura de negociaciones, como se habría acordado en la cumbre de Alaska24. Por su parte, el Kremlin acogió favorablemente esas palabras. El problema es que las declaraciones se produjeron en medio del debate abierto sobre el suministro de misiles de crucero de largo alcance BGM-109 Tomahawk estadounidenses a Ucrania, precisamente el tipo de armamentos que prohibía el fenecido Tratado INF, denunciado durante la primera Administración Trump y que retrocedió la situación política y estratégica del conflicto al período de escalada que terminó con el empleo de un IRBM ruso contra Ucrania25.

Como es la norma en la aplicación de la propaganda de guerra rusa, destacados funcionarios del régimen putiniano iniciaron una campaña de comunicación pública siguiendo las tesis formuladas por Putin en el Club Internacional de Valdai, el 2 de octubre de 2025, destinada a generar efectos tanto en el gobierno estadounidense como en sus aliados europeos26. Así, el mismo día, el director del Fondo de Inversión Directa ruso, Kirill Dmitriev, habló de posibilidades favorables de la propuesta del presidente ruso. Es preciso recordar que Dmitriev es enviado presidencial para la cooperación económica con otros países y ha formado parte de las delegaciones rusas en las conversaciones con Estados Unidos para poner fin al conflicto de Ucrania, iniciadas en marzo de 2025. Al día siguiente, el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, acogió con satisfacción la reacción del presidente estadounidense, en el sentido de que apoyaría la iniciativa de mantener las restricciones del tratado START.

Dos días después (7 de octubre de 2025), el vicepresidente de la comisión de Defensa de la Duma (cámara baja del parlamento ruso), Vladimir Dzhabarov, anunció una respuesta decisiva no solo contra Ucrania, sino contra países de la OTAN en caso de que se entregasen (y usasen contra territorio ruso) los misiles de crucero Tomahawk, aplicando las tesis de la doctrina de la disuasión por el miedo (doctrina Karaganov)27. También advirtió que se podría producir un escenario de escalada que, debido a su rapidez, terminara siendo inmanejable para las partes, «con el que podría estallar un conflicto mundial»28. Por su parte, el director del Centro para la Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias, académico Alexéi Arbatov, señaló que el principal objetivo de la propuesta rusa es impedir, en la medida de lo posible, un escenario de carrera armamentista multilateral con gran variedad de sistemas de armas y tecnologías avanzadas29.

El 8 de octubre de 2025 el viceministro de Asuntos Exteriores Riabkov se sumó a las advertencias sobre las consecuencias de una medida de esa naturaleza, declarando que los dirigentes estadounidenses deberían abordar el asunto con sensatez y responsabilidad, puesto que el suministro de esas municiones supondría una escalada en el conflicto y su uso solo es posible con personal estadounidense adiestrado que, inevitablemente, se convertiría en un objetivo de las fuerzas rusas30. También afirmó que se había agotado el impulso de la cumbre de Alaska. No obstante, el 10 de octubre el presidente Putin afirmó que ambas partes continuaban comprometidas con las discusiones de Alaska y que no tenían intención de introducir cambios. Sobre el asunto de los misiles Tomahawk, dijo que las fuerzas armadas rusas reforzarán sus capacidades antiaéreas para hacer frente a esa amenaza. Además, enfatizó que Rusia responderá de la misma manera en caso de que cualquier potencia reanude las pruebas nucleares, lanzando la enésima amenaza velada en este sentido31.

El 13 de octubre de 2025 Medvédev insistió en que la entrega de esos misiles podría tener consecuencia negativas para todas las partes en el conflicto, incluido Estados Unidos, insistiendo en los factores que interesan a la propaganda de guerra rusa: su empleo no podría llevarse a cabo sin el concurso de personal estadounidense y, una vez  en vuelo no se podría distinguir si portan ojiva convencional o nuclear, con el riesgo que ello implica para la toma de decisiones cuando se emplean contra objetivos de alto valor estratégico32. Tendenciosamente, planteaba un escenario de ataque nuclear, aunque también aplicable a la respuesta. A continuación, Peskov abundó en los riesgos de tal escalada33. Como ha ocurrido en situaciones anteriores, estas declaraciones forman parte de la retórica de Kremlin para tratar de bloquear la entrega de los misiles, pero también de su estrategia de tratar de crear disensiones entre Estados Unidos y sus aliados europeos en el contexto de la guerra en Ucrania.

La posición de la Administración Trump respecto al Nuevo START se ha caracterizado en el pasado por su falta de compromiso, como demuestra la dejación total con la que actuó cuando expiraba en su período de vigencia ordinario, antes de su prórroga en febrero de 2021, que solo se pudo acordar después de su salida de la Casa Blanca. ¿Tacticismo político o que duda real de los beneficios del tratado para la seguridad de Estados Unidos ante un hipotético enfrentamiento contra la primera y tercera potencias nucleares?34.

Próximos pasos

Como se ha dicho, ambas superpotencias nucleares se mantienen dentro de los límites del Nuevo START, pero nada asegura que el tratado continúe surtiendo efectos más allá del 5 de febrero de 2026, fecha de su vencimiento definitivo. Se repite el escenario de finales de 2020, con la adopción de una decisión en el último momento, o el del verano de 2021, con la propuesta rusa de moratoria de las obligaciones del Tratado INF, que nunca se aceptó y que se rompió en noviembre de 2024 tras el uso de un IRBM ruso contra Ucrania. No obstante, también es cierto que, en caso de no lograrse un acuerdo, la alternativa sería el inicio de una nueva carrera de armamentos nucleares y, en ese escenario, se plantea la amenaza de que tanto Rusia como Estados Unidos puedan reiniciar las pruebas nucleares, cuya moratoria se mantiene desde 1992.

Por su parte, la posición del gobierno chino es completamente diferente. Su política nuclear militar se basa en los principios de disuasión mínima y no primer uso (solo recurrirán a estas armas en caso de sufrir un ataque nuclear y solo contra un poseedor de armas nucleares)35. A pesar de las disquisiciones interpretativas que se han realizado al respecto, las declaraciones de las autoridades chinas en la materia son regulares y coherentes y no ha habido ningún cambio hasta ahora. Además, los números del arsenal nuclear chino justifican esta afirmación36. Pero, dicho esto, el gobierno chino quiere seguir teniendo las manos libres para adoptar sus propias decisiones en el caso de que aquellas tomen escenarios de escalada.

En estas, el 16 de octubre de 2025 Putin y Trump acordaron preparar una segunda cumbre bilateral para tratar de poner fin a la guerra en Ucrania. En el trasfondo están los misiles Tomahawk, la moratoria del Nuevo START y el mantenimiento del régimen de estabilidad estratégica, asuntos que están estrechamente relacionados entre sí.

Conclusiones

La idea de un sistema internacional basado en la búsqueda de la paz y la seguridad, con unos arsenales nucleares en mínimos, se ha desvanecido frente a una nueva etapa de competición estratégica entre grandes potencias, en la que se ha vuelto a un período de lucha por el poder y la influencia y, de nuevo, el uso de la fuerza se considera legítimo.

Este tipo de pugna no augura tiempos favorables para la estabilidad mundial. Las grandes potencias suman rápidamente amigos y aliados, las potencias medias pierden su valor como generadoras de equilibrio en sus respectivos espacios regionales, y el resto de los Estados se ven sometidos a la influencia, las presiones y, en último caso, la violencia por parte de las grandes potencias o de sus adláteres, que llegan a ejecutar acciones irreconciliables con sus propios intereses nacionales porque saben que se juegan su propia existencia.

Al final, si no se imponen las reglas del equilibrio de poder, nada impedirá que se produzca una guerra entre grandes potencias (enfrentamiento decisivo), por lo que el último límite para que eso no suceda es, precisamente, la existencia de la amenaza permanente de sufrir un ataque nuclear masivo que produzca daños catastróficos a ambos contendientes. Ese es, en definitiva, el fin último de los costosísimos programas de modernización de armas nucleares que garantizan la vigencia de la estrategia de la destrucción mutua asegurada.

En cuanto al tratado Nuevo START, desde 2023 se han perdido casi todos los canales de intercambio de información y de confianza que costó décadas de negociaciones alcanzar, a pesar de que es la única pieza que sostiene el régimen explícito de estabilidad estratégica, el cual forma parte del núcleo del régimen de seguridad mundial.

Su abandono definitivo acarrearía no solo el inicio de una nueva carrera de armamentos nucleares, incluido volver a las detonaciones de prueba, sino que terminaría definitivamente con mecanismos de confianza mutua que requirieron décadas para consolidarse, afectando de modo inevitable a los procesos de toma de decisiones de las grandes potencias en escenarios extremos de crisis y conflicto, como es el caso de la guerra en Ucrania.

Luis V. Pérez Gil
Doctor en Derecho con Premio Extraordinario. Teniente RV. Analista IEEE

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]En el período de la posguerra fría le precedieron el tratado START I, en vigor desde el 5 de diciembre de 1994 hasta 5 de diciembre de 2009, y el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (SORT), de 1 de junio de 2003 al 5 de febrero de 2011.
[2]Véase CONGRESSIONAL RESEARCH SERVICE.
U.S.-Russian Nuclear Arms Control: Overview and Potential Considerations for Congress. Washington, 14 de abril de 2025.
[3]Véase KRISTENSEN, H. y otros. «Russian nuclear weapons, 2025», Bulletin of the Atomic Scientists n.º 3, 2025, pp. 208-237.
[4]Datos disponible en el «Nuclear Notebook» dirigido por Hans Kristensen en el Bulletin of the Atomic Scientists.
[5]En otra parte hemos señalado la naturaleza constitucional de este tratado en la sociedad internacional (en PÉREZ GIL, L. «Poderío nuclear de Rusia: nuevos planteamientos sobre capacidades y doctrina de empleo», Panorama nuclear global (Pérez Gil, L. coord.).
Cuaderno de Estrategia IEEE 229. Ministerio de Defensa, Madrid, 2025, pp. 71-106, en p. 76).
[6]Ibíd., pp. 71, 93 y 95.
[7]En 2002 el presidente George Bush hijo tomó la decisión de denunciar y abandonar el Tratado de Misiles Antibalísticos de mayo de 1972 (Tratado ABM). Después vendrían el resto de los tratados que se mencionan en este análisis: el Tratado INF en 2019 y el Tratado de Cielos Abiertos en 2020.
[8]Así en Frías Sánchez, C. «El futuro de la disuasión nuclear: análisis de las estrategias de las grandes potencias», Panorama nuclear global (Pérez Gil, L. coord.). Cuadernos de estrategia IEEE 229. Ministerio de Defensa, Madrid, 2025, pp. 35-69.
[9]Para los datos más recientes sobre el arsenal nuclear chino véase KRISTENSEN, H. y otros. «Chinese nuclear weapons, 2025», Bulletin of the Atomic Scientists n.º 2, 2025, pp. 135-160.
[10]Como ha dicho Frías Sánchez recientemente, se trata de una situación que no interesa a ninguna de las dos partes porque, además de los costes que impone, va contra los intentos de mantener el statu quo y, en consecuencia, degrada su posición de supremacía en el sistema internacional global («El futuro de la disuasión nuclear: análisis de las estrategias de las grandes potencias». Op. cit.).
[11]CONGRESSIONAL RESEARCH SERVICE.
The New START Treaty: Central Limits and Key Provisions. Washington, 3 de febrero de 2021.
[12]En teoría de la ciencia se llama la prueba de falsabilidad. En POPPER, K. La lógica de la investigación científica. Tecnos, Madrid, 1973 (trad. de The Logic of Scientist Discovery. Basic Books, Nueva York, 1959).
[13]Para el texto completo del discurso, ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/70565 Está disponible en español en https://www.youtube.com/watch?v=838HG7ijveU.
[14]El artículo XIV apartado 3 del tratado Nuevo START habla específicamente de la retirada y establece el mecanismo para llevarla a cabo. Véase GOTTEMOELLER, R. y BROWN, M. Jr. «Legal aspects of Russia’s New START suspension provide opportunities for US policy makers», Bulletin of the Atomic Scientists, marzo de 2023.
[16]DEPARTAMENTO DE ESTADO. New START Treaty. Bureau of Arms Control, Deterrence, and Stability. Washington, 12 de mayo de 2023. Disponible en: https://2021-2025.state.gov/reports-bureau-of-arms-control-deterrence-and-stability/.
[18]FUKUYAMA, F. The end of history and the last man. Free Press, Nueva York, 1992.
[20]Así lo hemos razonado en PÉREZ GIL. «Poderío nuclear de Rusia: nuevos planteamientos sobre capacidades
[21]Es el escenario de la destrucción mutua asegurada que ha descrito recientemente Annie Jacobsen en un estudio de caso hipotético.
[22]Para el texto completo del discurso, ver: http://www.kremlin.ru/events/president/news/70565 Está disponible en español en https://www.youtube.com/watch?v=838HG7ijveU.
[23]Sobre la cumbre de Alaska. Véase JONATHAN, T. «Biden and Trump discuss 'constructive' Alaska meeting». CNN, 17 de agosto de 2025.
[24]«Trump apoya la propuesta de Putin de extender el tratado START» (EFE), 5 de octubre de 2025.
[25]«El suministro de misiles Tomahawk a Ucrania: ¿Un punto de no retorno?» (Agencia Internacional de Noticias).
[26]Para el texto de Putin en Valdai. Ver: http://en.kremlin.ru/events/president/news/72412.
[27]Dzhabarov, V. (Comisión de Defensa de la Duma). Declaración a RIA Novosti, 7 de octubre de 2025.
[28]Ibid.
[29]Arbatov, A. (Director del Centro para la Seguridad Internacional...). Entrevista en Kommersant, 8 de octubre de 2025.
[30]Riabkov, S. (Viceministro de Asuntos Exteriores). Declaraciones a TASS, 8 de octubre de 2025.
[31]Putin, V. (Presidente de Rusia). Declaración en reunión del Consejo de Seguridad, 10 de octubre de 2025.
[32]Medvédev, D. (Vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia). Declaraciones en canal de Telegram, 13 de octubre de 2025.
[33]Peskov, D. (Portavoz del Kremlin). Declaración a prensa, 13 de octubre de 2025.
[34]Análisis propio del autor.
[35]Véase CHEN, B. «China’s Nuclear Doctrine and Force Posture». Carnegie Endowment for International Peace, 15 de marzo de 2025.
[36]KRISTENSEN, H. y otros. «Chinese nuclear weapons, 2025». Op. cit.
    • La vigencia del tratado Nuevo START en el contexto de la guerra en Ucrania

    • The validity of New START Treaty in the context of the war in Ukraine