IEEE. La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (2025): análisis y comparativa con la ESN 2022

Decorativa

10 dic 2025

IEEE. La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (2025): análisis y comparativa con la ESN 2022

Francisco Márquez de la Rubia, Analista principal del IEEE (CESEDEN)

Introducción

La publicación de la National Security Strategy (ESN) de 2025 por la Administración estadounidense supone un punto de inflexión en la doctrina estratégica de EE. UU. El documento representa una ruptura explícita con el enfoque globalista, intervencionista teóricamente respetuoso con el orden internacional basado en reglas que regía el mundo desde comienzos de los años noventa. La nueva estrategia redefine tanto los intereses vitales estadounidenses como los medios para garantizar su seguridad, introduciendo un marco conceptual que combina realismo geopolítico, soberanía nacional, competitividad económica y prioridades regionales selectivas. Se sostiene que las anteriores estrategias fracasaron porque eran meras ¨listas de deseos¨ wish lists, sin prioridades claras y basadas en planteamientos erróneos de partida. El objetivo esencial de esta nueva Estrategia es corregir estos errores para inaugurar una nueva “Edad de Oro¨ para el país.

Elementos esenciales de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025
Marco conceptual y diagnóstico

La NSS-2025 parte de una autocrítica severa: las estrategias estadounidenses posteriores a la Guerra Fría habrían expandido artificialmente el concepto de “interés nacional”, diluyendo prioridades y conduciendo a intervenciones militares costosas y poco útiles. En oposición, la nueva doctrina establece un principio rector: solo los intereses vitales deben guiar la acción exterior, y estos intereses se definen en relación a:

  • Protección de la soberanía y fronteras.
  • Defensa de la población y la integridad territorial.
  • Seguridad económica, energética e industrial.
  • Preservación del modo de vida y la identidad cultural estadounidense.

La estrategia enuncia además la necesidad de reconstruir la base industrial, energética y tecnológica para sostener la superioridad militar y económica.

Enfoque regional
a) Hemisferio Occidental

Vuelve la doctrina de las esferas de influencia. América es la prioridad estratégica absoluta. El documento introduce explícitamente un llamado 'Trump Corollary' a la Doctrina Monroe, según el cual es esencial:

  • Contener la influencia de potencias rivales (China, Rusia, Irán).
  • Controlar los flujos migratorios irregulares.
  • Proteger infraestructuras críticas y recursos estratégicos.

Se trata de un retorno claro a una hegemonía defensiva hemisférica por la que los EEUU no aceptará la influencia de otro hegemon que él mismo en su patio trasero. Y excluye explícitamente la posible presencia china, rusa o iraní.

b) Indo-Pacífico

La prioridad geopolítica externa más importante. Predominan variables geoeconómicas y de seguridad marítima: cadenas de suministro, minerales estratégicos, libertad de navegación y disuasión frente a China, especialmente en el estrecho de Taiwán. Es esencial mantener la posibilidad de suministros al Pacífico a partir de la 'primera cadena de islas'.

c) Europa

La estrategia formula el objetivo europeo de manera muy distinta a la clásica retórica “transatlántica”: EE. UU. dice querer apoyar a sus aliados en preservar la libertad y la seguridad de Europa, al tiempo que restaura la confianza civilizacional europea y la identidad occidental. Pero ello lo hace desde el siguiente sorprendente diagnostico situacional

  • Diagnóstico económico: Europa continental ha pasado de un 25 % del PIB mundial en 1990 al14 % hoy. Y esto se atribuye a regulaciones nacionales y supranacionales que “sofocan” creatividad y esfuerzo económico. La hiperregulacion de la UE.
  • Diagnóstico de peligro para la civilización occidental: La ESN lo describe como “perspectiva de borrado civilizacional”: crítica frontal a la UE y a otros organismos transnacionales por erosionar libertad política y soberanía. Se vincula la decadencia con las políticas migratorias que “transforman el continente” y generan conflicto, la bajísima natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de autoestima colectiva y atacan con viveza lo que denominan ¨censura de la libertad de expresión y represión de la oposición.

La frase clave: si continúan las tendencias, el continente será “irreconocible” en unas dos décadas; se cuestiona incluso que algunos países sigan siendo aliados robustos.

En cuanto a Rusia y la guerra de Ucrania, reconocen que muchos europeos ven a Rusia como amenaza existencial, pero subrayan que Europa tiene superioridad material clara sobre Moscú (salvo en lo nuclear). Ante esto declaran como interés central de EE. UU. negociar un cese rápido de hostilidades en Ucrania para: estabilizar economías europeas, evitar escaladas no deseadas, restablecer estabilidad estratégica con Rusia y permitir la reconstrucción de Ucrania como Estado viable. En definitiva EEUU debe resolver con rapidez esta cuestión para centrar sus esfuerzos en el Indopacífico.

Europa por tanto es socio necesario, pero está en una peligrosa crisis interna que pone en riesgo su propia existencia. A pesar del diagnóstico sombrío, se insiste en que Europa sigue siendo estratégica y culturalmente vital: comercio transatlántico, industria, tecnología y cultura. Rechazan “dar por perdida” Europa: sería autoderrotarse, porque se necesita una Europa fuerte para competir globalmente.

Piden apoyar a “partidos patrióticos” y a fuerzas políticas que impulsen un renacimiento de orgullo nacional y espíritu europeo.

Al final del capítulo se fija una lista de prioridades para la política de EE. UU. hacia Europa: estabilidad con Rusia, Europa como conjunto de naciones soberanas que se defienden por sí mismas, apertura de mercados europeos a EE. UU., fortalecimiento de los países “sanos” de Europa central, oriental y meridional, y “poner fin a la percepción y a la realidad de la OTAN como alianza en expansión permanente”.

¿Qué significa este enfoque para el papel de Europa?
De “pilar del orden liberal” a “civilización en riesgo”

La ESN-2022 de Biden describía a Europa y la OTAN como núcleo del orden democrático, con una defensa explícita de la ampliación y del papel central de la UE y las instituciones multilaterales. La ESN-2025, en cambio:

  • Desconfía del “transnacionalismo” europeo (UE, CEDH, burocracias supranacionales) al que acusa de minar soberanía y libertades.
  • Ve a Europa menos como laboratorio de democracia liberal avanzada y más como frente de batalla demográfico-cultural: natalidad, inmigración, identidad, libertad de expresión.
  • Sitúa la cuestión civilizacional al mismo nivel que la estrictamente militar.

Es decir: Europa deja de ser sobre todo un “actor normativo” y pasa a ser una civilización aliada que hay que rescatar de su propia deriva.

Relación con la OTAN y la defensa europea

Hay dos mensajes muy claros:

  1. Europa debe asumir la carga principal de su propia defensa con independencia del apoyo EEUU. La estrategia pide que Europa “se ponga en pie” como grupo de naciones soberanas alineadas, que asumen la responsabilidad primaria de su seguridad, sin ser dominadas por potencias adversarias.
  2. Fin de la ampliación indefinida de la OTAN. Literalmente se propone “acabar con la percepción, y prevenir la realidad, de la OTAN como alianza en expansión perpetua”, lo que implica una ruptura con el ciclo de ampliaciones post-Guerra Fría y proyecta una señal clara y negativa hacia las aspiraciones de Ucrania y otros candidatos. Combinado con el contexto actual de la OTAN (5 % de PIB en defensa como objetivo 2035, dudas sobre la continuidad del compromiso estadounidense, presión sobre el “pilar europeo”), se proyecta una OTAN congelada y centrada en los europeos en cuanto al reparto de cargas.

Europa como “multiplicador” económico y tecnológico si rectifica rumbo

El texto subraya que Europa sigue siendo pieza central del comercio, la tecnología y la cultura occidentales y los EE. UU. quieren abrir más los mercados europeos a sus bienes y servicios, garantizando trato justo a trabajadores y empresas estadounidenses.

Para ello se propone “desarrollar las naciones sanas de Europa central, oriental y meridional” mediante vínculos económicos, ventas de armas, cooperación política e intercambios culturales y educativos.

Es decir, si Europa corrige su deriva (en términos de regulación, energía, migraciones, demografía y soberanía), puede convertirse en un multiplicador de poder occidental frente a China, Rusia y otros. Si no lo hace, se convierte en un socio debilitado que arrastraría a EE. UU. en costes y vulnerabilidades.

Rusia, Ucrania y la “estabilidad estratégica” en la visión 2025

El capítulo sobre Europa no plantea la victoria de Ucrania como prioridad absoluta, sino que aspira a un cese expedito de hostilidades, con tres objetivos: estabilizar la economía europea, reducir el riesgo de escalada y reestablecer estabilidad estratégica con Rusia.

Despues de esto se abordaría la reconstrucción de Ucrania como Estado viable, pero sin atar esto explícitamente a su ingreso en OTAN/UE.

La Estrategia se emplaza a lograr una nueva redacción de la relación europeo-rusa en parámetros de equilibrio de poder clásico, más que de confrontación existencial. Esto es un giro claro respecto al lenguaje de 2022 (“Rusia como amenaza inmediata” y “apoyo a Ucrania el tiempo que sea necesario”) y confirma que para Washington, el principal riesgo no es ya Rusia, sino la combinación de una guerra prolongada con una Europa débil y necesitada de apoyo americano, desindustrializada y dividida.

La UE aparece más como problema que como solución. Su “transnacionalismo” se vincula a erosión de soberanía, exceso regulatorio, políticas migratorias descontroladas y censura.

La ESN-2025 quiere reformar o contener esas estructuras para que dejen de “drain sovereignty” y sirvan de verdad a intereses nacionales, empezando por los de EE. UU.

EE. UU. ya no se alinea de forma automática con las elites europeas pro-integración, sino que se declara simpatizante de “partidos patrióticos” y corrientes euroescépticas/nacional-conservadoras que reivindican su propia identidad y soberanía.

Dicho sin rodeos: el documento legitima políticamente a las fuerzas europeas que cuestionan la trayectoria actual de la UE.

La mención a “los países sanos de la Europa central, oriental y meridional” introduce a España, Italia, Grecia, Portugal, etc., en el grupo sobre el que EE. UU. quiere invertir capital político, económico y militar.

En relación a nuestro país

  • Flanco sur y Atlántico: España ganaría relevancia como ancla occidental en el Mediterráneo occidental, el Estrecho y el Atlántico (Rota, Morón, Canarias), en un contexto en el que EE. UU. quiere autonomía energética, control de rutas y contención de influencias rusas y chinas en África y el Sahel.
  • Puente con Iberoamérica y África: La prioridad hemisférica y africana de EE. UU. encaja con la proyección española tradicional, lo que abre margen para una coordinación reforzada Madrid-Washington en cadenas de suministro, minerales críticos, energía y estabilidad en América Latina y el Sahel.
  • Reindustrialización de defensa: La apuesta estadounidense por bases industriales robustas y por rearmar a sus aliados abre espacio para que España fortalezca su base industrial (naval, aeroespacial, terrestre, mando y control, etc.) en clave tanto OTAN como UE-Defensa.

Europa, en la ESN-2025, deja de ser el teatro central de despliegue militar y pasa a ser una civilización hermana, imprescindible para la competencia global, pero a la que se exige que se defienda sola, que sane su economía, recupere su identidad y renuncie al automatismo de ampliaciones OTAN y al transnacionalismo institucional.

Adscripción teórica: ¿Qué doctrina geopolítica ampara la ESN-2025?

La estrategia se sitúa claramente fuera del liberal-internacionalismo tradicional y se alinea en una combinación de tres corrientes:

  • Realismo ofensivo / primacía selectiva:
    • Defensa de la superioridad militar y tecnológica.
    • Prioridad en impedir que potencias rivales dominen regiones clave.
  • Offshore Balancing adaptado
    • EE. UU. solo intervendría directamente cuando la correlación de fuerzas lo exigiera.
    • Delegación de seguridad en aliados (Europa, Japón) mientras se concentra en sus prioridades vitales.
  • Nacional-industrialismo estratégico:
    • Soberanía y poderío económico y tecnológico como núcleo del poder nacional.
    • Protección cultural e identitaria como elemento explícito de seguridad.

En términos doctrinales, la ESN-2025 representa la primera estrategia abiertamente realista y me atrevería a decir que supremacista civilizacional de EE. UU. desde principios de la Guerra Fría.

Análisis de la ESN 2025 desde el punto de vista de sus ENDS, MEANS y WAYS

La ESN 2025 redefine de manera profunda cómo Estados Unidos entiende su posición en el mundo y qué objetivos considera verdaderamente vitales. Sus ENDS, o fines estratégicos, ya no se articulan en torno al mantenimiento del orden liberal internacional, sino en torno a una reevaluación radical de los intereses reales del país. La prioridad absoluta pasa a ser la seguridad interna del homeland, entendida no solo en términos territoriales y económicos, sino también culturales e identitarios. Proteger las fronteras, frenar la inmigración irregular, asegurar la cohesión social y recuperar la autonomía energética e industrial se convierten en elementos centrales de lo que ahora constituye la razón de ser de la política exterior estadounidense. La seguridad nacional empieza en casa, y todo lo demás —incluidas alianzas y compromisos históricos— queda subordinado a esta premisa.

A partir de ese núcleo interior, el documento identifica otros dos fines esenciales. El primero es mantener la superioridad estratégica frente a China, considerada el competidor más relevante en términos económicos, tecnológicos y militares. A diferencia de aproximaciones previas, esta rivalidad no se presenta como un conflicto ideológico entre modelos políticos, sino como una lucha por el control de cadenas de suministro críticas, rutas marítimas, minerales estratégicos y superioridad industrial y militar. El Indo-Pacífico sigue siendo el teatro externo prioritario: allí se juegan la libertad de navegación, la resiliencia económica global y la capacidad de Washington para impedir que China imponga una hegemonía regional. El segundo fin estructural es la contención de las potencias revisionistas, especialmente Rusia, Irán y Corea del Norte. Pero esta contención se redefine: no se busca una victoria absoluta sobre Moscú ni prolongar indefinidamente la guerra de Ucrania, sino restaurar cuanto antes un equilibrio de poder estable que permita a Estados Unidos liberar recursos, reducir riesgos de escalada y evitar el colapso estratégico de una Europa debilitada.

Estos fines requieren MEANS profundamente distintos a los empleados en décadas anteriores. La ESN-2025 apuesta por un incremento sustancial del gasto en defensa, pero no para sostener guerras largas en varios continentes, sino para revitalizar la base industrial militar y garantizar capacidad de producción masiva en caso de conflicto mayor. Reaparece una visión nacional-industrialista del poder: Estados Unidos no puede depender de cadenas de suministro globales vulnerables, y por ello prioriza el desarrollo doméstico de semiconductores, energía, IA aplicada a defensa, municiones y capacidades navales. La tecnología adquiere un estatus estratégico central: no es solamente un multiplicador militar, sino un pilar de soberanía. Junto a esto, la estrategia adopta una diplomacia coercitiva y transaccional, en la que el apoyo estadounidense —militar, económico, político— se condiciona de forma explícita a las aportaciones concretas de socios y aliados. Desaparece la diplomacia basada en valores; emerge una diplomacia basada en la reciprocidad, la presión y el coste-beneficio. América Latina y Europa reciben este mensaje con especial claridad: quien quiera el apoyo de Washington debe alinearse con sus prioridades estratégicas, contribuir a su propia defensa y abrir espacios económicos que beneficien a la industria estadounidense.

Con estos medios, Estados Unidos pone en marcha una serie de WAYS, o modos de actuación, que marcan un giro doctrinal hacia un realismo clásico. En el plano militar, la disuasión vuelve a ser el mecanismo fundamental: se trata de elevar los costes de una acción enemiga hasta hacerla inasumible, especialmente en Taiwán y en la primera cadena de islas. La finalidad no es necesariamente derrotar a China en una guerra, sino impedir que ésta se atreva a iniciar una. En Europa, la estrategia abandona la retórica de confrontación total con Rusia. El modo preferente ya no es sostener una guerra prolongada a través de un flujo ilimitado de ayuda a Ucrania, sino congelar el conflicto en términos aceptables, estabilizar el frente y evitar una erosión geopolítica de Europa que distraiga a Estados Unidos de su verdadero teatro prioritario. Este enfoque se complementa con un esfuerzo sistemático para trasladar cargas a los aliados: la defensa de Europa debe recaer sobre Europa; la estabilidad del Mediterráneo, sobre europeos y socios regionales; el control migratorio, sobre actores del hemisferio occidental; y la preservación de la prosperidad global, sobre cadenas de suministro reconfiguradas en torno a socios “sanos”.

La competición con China es el modo que unifica todos estos movimientos. No se plantea como una cruzada ideológica, sino como una carrera por la supremacía económica, tecnológica y marítima. Para competir, Estados Unidos debe redirigir recursos, reducir compromisos en regiones secundarias y reconstruir su propio poder material. Para disuadir, debe reforzar alianzas en Asia mientras exige autonomía estratégica a Europa. Para contener a potencias revisionistas, debe evitar guerras interminables que consuman energía estratégica sin mejorar su posición relativa.

En síntesis, la narrativa estratégica de la ESN-2025 describe un país que reordena su política exterior desde dentro, reciente en el hemisferio occidental, redefine sus alianzas en términos de reciprocidad y se prepara para un escenario de competencia prolongada entre grandes potencias en el que el poder económico, industrial, tecnológico y cultural será tan determinante como el militar. La revisión de sus fines, medios y modos apunta a un giro histórico: Estados Unidos deja de actuar como garante global del orden liberal y pasa a operar como una potencia realista enfocada en preservar su hegemonía interna y hemisférica frente a un sistema internacional crecientemente multipolar.

Un breve análisis comparativo de la ESN 2025 -Trumpp frente a la ESN 2022-Biden
Filosofía estratégica: liberalismo vs realismo

  • ESN 2022 (Biden)
    • Se inscribe plenamente en el liberal-internacionalismo.
    • El mundo se divide entre democracias y autocracias.
    • EE. UU. es el líder del orden internacional basado en reglas, cuya misión es preservar y fortalecer.
    • Las instituciones multilaterales (ONU, OTAN, UE, G7, OMC) son herramientas centrales.
    • Visión optimista de la globalización como fuente de prosperidad.
  • ESN 2025
    • Se desmonta explícitamente ese paradigma: se afirma que las estrategias anteriores eran wish lists desconectadas de los intereses reales estadounidenses.
    • Se adopta un marco de realismo geopolítico, focalizado en soberanía, poder duro, fronteras, industria y cultura.
    • El orden internacional basado en reglas no aparece como prioridad, y se reduce la importancia de organismos multilaterales.
    • Introduce un elemento nuevo: la seguridad civilizacional (identidad, demografía, migración, cohesión cultural).
  • Contraste doctrinal
    • 2022 = EE. UU. como arquitecto y garante del orden liberal.
    • 2025 = EE. UU. como poder soberano que opera en un sistema competitivo entre grandes potencias y esferas de influencia.

China: rival sistémico vs competidor estratégico

  • ESN 2022
    • China era el único competidor capaz de remodelar el orden global.
    • La rivalidad tenía un componente ideológico: democracia vs autocracia.
    • La respuesta incluía alianzas, diplomacia, comercio, tecnología y defensa dentro de un marco basado en reglas.
  • ESN 2025
    • China sigue siendo prioridad, pero la narrativa cambia por completo.
    • Desaparece la dimensión ideológica: no se habla de democracia vs autocracia.
    • El foco está en las cadenas de suministro, minería estratégica, libertad de navegación, Indo-Pacífico y Taiwán.
    • El objetivo ya no es “mantener el orden liberal”, sino evitar una hegemonía china en Asia.
  • Contraste
    • 2022 = competición sistémica.
    • 2025 = competición geoeconómica y militar.

Rusia y Ucrania: derrota estratégica vs estabilidad rápida

  • ESN 2022
    • Rusia es la amenaza inmediata más grave.
    • Objetivo: debilitar estratégicamente a Moscú y asegurar el apoyo a Ucrania “el tiempo que sea necesario”.
    • La ampliación de la OTAN se considera un éxito histórico.
  • ESN 2025
    • La prioridad ya no es la derrota de Rusia, sino evitar que la guerra prolongada debilite Europa y distraiga recursos de Asia.
    • Se apuesta por un cese rápido de hostilidades en Ucrania, estabilización estratégica y reducción del riesgo nuclear.
    • La OTAN debe abandonar la lógica de “expansión permanente”.
  • Contraste
    • 2022 = confrontación abierta, Ucrania como frente principal.
    • 2025 = congelar el conflicto, restaurar equilibrio, liberar recursos para China y el homeland.

Europa y la OTAN: pilar del orden liberal vs continente en crisis civilizacional

  • ESN 2022
    • Europa es el pilar central del orden democrático.
    • UE y OTAN son piezas esenciales y positivas del sistema occidental.
    • Se refuerza la ampliación y el compromiso estadounidense con la defensa europea.
  • ESN 2025
    • Diagnóstico severo: Europa atraviesa una crisis civilizacional (demografía, migración, hiperregulación, erosión de soberanía, censura).
    • EE. UU. no pretende seguir siendo garante primario de la seguridad europea.
    • Se pide que Europa “se ponga en pie” y asuma su defensa.
    • Se rechaza una OTAN en expansión ininterrumpida.
  • Contraste
    • 2022 = fortalecer la OTAN y Europa.
    • 2025 = recentrar la OTAN, dejar de expandirla y exigir autonomía europea.

Hemisferio Occidental: prioridad secundaria vs eje principal

  • ESN 2022
    • Importancia moderada: cooperación, democracia, anticorrupción.
    • Migración tratada como desafío gestionable mediante cooperación multilateral.
  • ESN 2025
    • El primer escenario estratégico es América, el hemisferio.
    • Retorno a una lectura dura de la Doctrina Monroe (“Trump Corollary”).
    • Objetivos:
      • o contener China, Rusia e Irán;
      • o controlar la migración irregular;
      • o asegurar recursos, infraestructura crítica y soberanía energética.
  • Contraste
    • 2022 = hemisferio como área de cooperación.
    • 2025 = hemisferio como esfera exclusiva de influencia y prioridad absoluta.

Seguridad interior: resiliencia democrática vs frontera, industria e identidad

  • ESN 2022
    • Seguridad interior definida por resiliencia democrática, cambio climático, salud pública, ciberseguridad y terrorismo doméstico.
    • Énfasis en cohesión democrática y lucha contra la desinformación.
  • ESN 2025
    • Seguridad interior = núcleo de la estrategia nacional.
    • Prioridades: frontera, crimen, control migratorio, energía, industria, cohesión cultural.
    • La dimensión cultural/identitaria se convierte en componente explícito de seguridad.
  • Contraste
    • 2022 = resiliencia democrática y seguridad humana.
    • 2025 = soberanía territorial, frontera, industria y cultura.

Economía y tecnología: cooperación global vs nacional-industrialismo estratégico

  • ESN 2022
    • Economía abierta, global, con reformas para proteger a la clase media estadounidense.
    • Cooperación tecnológica con aliados y gobernanza global de IA y cadenas de valor.
  • ESN 2025
    • Reindustrialización masiva de defensa, energía y alta tecnología.
    • Control de cadenas de suministro críticas.
    • Reducción de dependencia de China y limitación de organismos supranacionales que “drenan soberanía”.
    • Europa y aliados deben abrir mercados a EE. UU. y alinearse con las prioridades industriales estadounidenses.
  • Contraste
    • 2022 = economía internacional cooperativa.
    • 2025 = proteccionismo estratégico y soberanía industrial.

Diplomacia: valores vs transacción

ESN 2022

  • Diplomacia multilateral, cooperativa, basada en valores democráticos.
  • Reforzamiento de alianzas y organismos internacionales.
  • ESN 2025
    • Diplomacia coercitiva y transaccional, basada en intereses materiales.
    • Ayuda y cooperación condicionadas a contribuciones concretas (defensa, apertura comercial, control migratorio, alineamiento geopolítico).
    • Apoyo político a “partidos patrióticos” euroescépticos que favorezcan la soberanía nacional frente a estructuras supranacionales.
  • Contraste
    • 2022 = diplomacia de alianzas y normas.
    • 2025 = diplomacia de transacción y presión.

Síntesis final de diferencias clave ESN22_ESN25

Ámbito ESN 2022 ESN 2025
Doctrina Liberal-internacionalista Realismo ofensivo + soberanismo
Orden mundial Defender y expandir el orden basado en reglas Competencia entre potencias y esferas de influencia
China Rival sistémico global Competidor geoeconómico-militar en Asia
Rusia/Ucrania Derrota estratégica de Rusia Alto el fuego rápido y equilibrio
Europa Pilar democrático Continente en crisis civilizacional
OTAN Expansión y refuerzo Fin de la expansión; Europa debe defenderse
Hemisferio Occidental Cooperación Esfera exclusiva de influencia
Seguridad interior Democracia y resiliencia Frontera, identidad, industria
Tecnología Gobernanza compartida Autonomía tecnológica y control
Diplomacia Cooperativa en valores Transaccional y coercitiva

 

Conclusiones: Aislacionismo renovado, fin del liberalismo y retorno del realismo duro

La ESN-2025 marca un punto de ruptura histórico: supone, en la práctica, la clausura del ciclo liberal-internacionalista que definió la política estadounidense desde 1991 y el retorno explícito a una lógica de realismo duro, centrado en poder, soberanía, fronteras y esferas de influencia. Lo que emerge no es una mera rectificación táctica, sino un cambio de paradigma que reconfigura el papel de Estados Unidos en el mundo.

La estrategia abandona la idea de un EE. UU. que lidera un orden global universalista y normativo. Ese proyecto —que había estructurado la expansión de la OTAN, la promoción de la democracia, las intervenciones humanitarias y la defensa de instituciones supranacionales— aparece descrito como un error histórico, una expansión artificial del “interés nacional” que dispersó prioridades y debilitó al propio país. En su lugar, la ESN-2025 propone un retorno al núcleo tradicional del interés nacional estadounidense, entendiendo la política exterior como una herramienta estrictamente funcional para proteger la seguridad interna, la primacía industrial, la cohesión cultural y la hegemonía hemisférica.

Es aquí donde se percibe el nuevo aislacionismo, no como retirada completa del escenario internacional, sino como una reducción drástica del radio de compromisos. La prioridad absoluta pasa a ser el homeland y el Hemisferio Occidental, mientras Europa y Oriente Medio dejan de ser teatros centrales y pasan a depender de la capacidad —y voluntad— de los actores locales. Lejos del internacionalismo liberal, que buscaba profundidad estratégica a través de la interdependencia, esta estrategia promueve un aislacionismo selectivo: Estados Unidos ya no sostendrá estructuras de seguridad que no contribuyan directamente a su posición en la competición entre grandes potencias, especialmente frente a China.

Este repliegue del compromiso universalista supone, por extensión, la defunción del liberalismo estratégico. Las instituciones multinacionales, la expansión de la OTAN, la gobernanza compartida, la defensa de la democracia y el multilateralismo normativo desaparecen como pilares. El documento critica abiertamente el transnacionalismo —particularmente el europeo— por erosionar soberanías nacionales, desincentivar la autonomía estratégica y debilitar identidades colectivas. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Washington no se muestra como el garante de la arquitectura internacional, sino como una potencia que se desentiende de su papel de “administrador global” y antepone su capacidad de acción soberana a cualquier régimen normativo supranacional.

Este viraje consolida el retorno del realismo duro como marco rector. La estrategia asume abiertamente que el sistema internacional es un espacio de competición entre potencias y no un ecosistema cooperativo regulado por normas universales. La seguridad se define en términos de equilibrio de poder, disuasión, contención y supremacía material, no de orden internacional “basado en reglas”. Europa se describe no como un socio normativo, sino como una región debilitada cuya crisis demográfica, migratoria y regulatoria la sitúa al borde de un colapso civilizacional. Rusia deja de ser objeto de castigo y pasa a ser un actor con el que es necesario restaurar una estabilidad estratégica clásica, basada en límites, acuerdos pragmáticos y reconocimiento de esferas.

En esta óptica, Ucrania ya no es el emblema de la defensa de la democracia, sino un conflicto que debe cerrarse rápidamente para evitar que Europa se hunda y arrastre a Estados Unidos hacia un desgaste estratégico incompatible con la competición con China. La victoria total deja de ser un objetivo; la gestión del riesgo y la consolidación del equilibrio sustituyen a la ambición moralizante del liberalismo.

Frente a este retorno del realismo duro, el aislacionismo selectivo funciona como su complemento operativo: Washington mantiene presencia donde es indispensable para preservar su primacía frente a China y asegurar su soberanía interna, pero reduce o condiciona severamente su compromiso en regiones donde el beneficio estratégico no compensa el coste. La política exterior estadounidense deja de ser expansiva y se vuelve instrumental, defensiva, transaccional.

En conjunto, la ESN-2025 cristaliza un giro doctrinal que rompe con tres décadas de estrategia liberal y anuncia una etapa nueva en la que Estados Unidos ya no busca modelar el mundo, sino proteger su mundo. La hegemonía ya no se concibe como liderazgo moral ni institucional, sino como capacidad de imponer costes, asegurar cadenas de suministro, controlar regiones críticas y evitar la intromisión de rivales en su hemisferio. Es la reaparición sin ambages del realismo de esferas de influencia, un regreso a la política de poder que la posguerra fría había intentado dejar atrás, pero que esta estrategia reivindica con claridad.

Francisco Márquez de la Rubia
Analista principal del IEEE

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

    • La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (2025): análisis y comparativa con la ESN 2022

    • The United States National Security Strategy (2025): Analysis and Comparison with the 2022 NSS