IEEE. La identidad nacional rusa y la perpetuidad del conflicto de Ucrania

Cuadro resumen de las teorías de la búsqueda de identidad rusa en el contexto de la guerra de Ucrania

18 dic 2025

IEEE. La identidad nacional rusa y la perpetuidad del conflicto de Ucrania

Gonzalo Rodríguez Suanzes. Capitán de Fragata. Departamento de Estrategia, Seguridad y Defensa de la ESFAS (CESEDEN)

Introducción

La teoría de las relaciones internacionales nos ofrece diversas maneras de interpretar los valores que conforman la identidad de una nación y sus intereses en política exterior. En este contexto, el Realismo contemporáneo entiende los valores como algo superfluo en cuanto a categoría conceptual, por eso prefiere hablar solo de intereses nacionales como el único recurso válido para la consolidación nacional1.

Para el Realismo, la identidad nacional sería por tanto algo “inmutable, objetivo y eterno”2, que serviría a los intereses nacionales en una concepción materialista de los efectos de la distribución de poder entre los estados.

Sin embargo, en el caso de Rusia, la perspectiva realista podría no ser suficiente para explicar las dinámicas del comportamiento ruso en el contexto de la guerra de Ucrania. En contraposición a la visión realista, la teoría constructivista, cuya figura más representativa es Alexander Wendt, defiende que la identidad nacional de los estados es un proceso de construcción3, y no algo ya “preexistente” determinado por cuestiones geográficas, culturales o étnicas.

El realismo rebate el constructivismo con la afirmación contundente y “Waltziana”4 de que “La razón de Estado puede contra cualquier identidad construida”. Esta afirmación quizá es válida en la mayoría de los casos, pero hay ejemplos en los que podríamos decir que es la identidad la que construye y orienta el interés nacional (eso le diría Wendt a Waltz). La intervención en la guerra de Vietnam, por poner un ejemplo, no fue con parámetros realistas sino en función de la identidad que EEUU se había conformado como adalid del anticomunismo en el mundo5.

Con esto se quiere decir que no cabe un razonamiento lógico fundamentado en un verdadero interés nacional de EEUU por intervenir en Vietnam. Karl Deutsch6 confirma estas aseveraciones haciendo hincapié en que “las identidades nacionales no serían algo natural ni espontáneo, sino construcciones sociales que pueden ser maleables con el tiempo y las políticas adecuadas”. Al mismo tiempo, defiende que las comunidades de comunicación desempeñan un papel fundamental en la transmisión de ese arraigo identitario, si bien es cierto que de la misma manera que estas comunidades nacen, pueden ser igualmente destruidas. Con este razonamiento, el concepto de conciencia nacional podría quedar definido como un subproducto de estos dos procesos7.

Pero entonces ¿Cómo se desarrollan la construcción de una identidad nacional y el papel de las comunidades de transmisión en la formación de una sólida conciencia nacional? La respuesta la podemos encontrar en el énfasis que pone el constructivismo en el poder de la narrativa (“discursive power”), que no abarcaría solo su control o censura (muy en boga en las sociedades actuales), sino la construcción de la realidad en positivo8. La narrativa aspira a construir una mente colectiva9, por lo que el comportamiento de la sociedad estaría muy vinculado a su capacidad de penetración10.

En este punto, y en el contexto del conflicto de Ucrania, cabe resaltar el mérito de Putin de haber convertido la invasión del país vecino en una cuestión de interés nacional en donde la censura, la represión selectiva y la selección de narrativas constituyen elementos indispensables para reescribir y dar forma al proyecto de construcción de una nueva identidad nacional rusa. Todo ello motivado por las divisiones internas y profundamente arraigadas en Ucrania que han provocado un fuerte nacionalismo étnico y una narrativa del Kremlin basada en un ensalzamiento neo-nazi11 al que considera de interés nacional ponerle freno12.

El dilema entre la “perpetuidad” y la “perpetuación” del conflicto

El título que encabeza este artículo reza sobre una presunta “perpetuidad” del conflicto de Ucrania que respondería a un futuro incierto de las posibilidades que se presentan para su resolución. Esta perpetuidad se refiere a una “duración sin fin, larga o incesante” de algo de lo que no hay “fecha de vencimiento” y por lo tanto tampoco control o capacidad de influir en su finalización13.

Hablar de perpetuidad del conflicto de Ucrania responde por tanto a una percepción generalizada de que ambos bandos se encuentran en una situación de estancamiento y de desgaste mutuo que no parece llevar hacia ningún lado y de la que no repunta un posible vencedor. Esto significa que no podría ejercerse un control efectivo sobre los avances para una solución final y tampoco predecir su posible duración. Esta circunstancia, unida a los continuos fracasos de mediación y negociación de todas las partes implicadas consolidarían esa condición de “perpetuidad” del conflicto.

Sin embargo, si hablamos de una posible perpetuación nos referimos a una “acción de conservación o mantenimiento de una cosa durante largo tiempo”; lo que implicaría una intencionalidad y una capacidad de control sobre su duración14.

En este contexto, aunque la mayoría de los analistas apuntan a que nos encontramos en esa situación de perpetuidad (duración no controlada del conflicto aunque con tendencia favorable a Rusia), existen otras esferas de pensamiento como podrían ser las nacionalistas15 y eurasianistas16, de las que se deduce una posible estrategia rusa de perpetuación (intencionada y controlada del conflicto), incentivada por unas circunstancias geopolíticas que parecen conceder a Putin un factor de ventaja sobre el control de la guerra17.

Estas circunstancias son el resultado de la apabullante llegada al poder de Trump que ha llevado al distanciamiento de sus aliados tradicionales y a la incapacidad de EEUU de dar una solución rápida y eficaz al conflicto (que ya fue prometida por Trump antes de su llegada).

El impacto geopolítico generado por la nueva administración estadounidense y su creciente desinterés por los problemas europeos, ha conformado un caldo de cultivo que sirve favorablemente a los intereses de Putin, otorgándole una ventaja estratégica que le permite manejar el “Tempo” de las operaciones militares prácticamente a su antojo y que explica el último recrudecimiento de la ofensiva rusa18.

Con estas premisas cabe entonces plantearse: ¿Responde la posible “perpetuidad” del conflicto a la inefectividad de Occidente, o más bien a la falta de voluntad de solucionarlo por las partes implicadas? ¿Se podría dar la vuelta a la moneda y plantear un posible interés de Putin por la “perpetuación” del conflicto porque no le convenga (en las circunstancias actuales), un acuerdo de paz que a todas luces le favorecería19?

Esta posibilidad de perpetuación de la que hablamos se centraría por tanto más en mantener el “camino” (redefiniendo y adaptando los intereses rusos), que en buscar el “fin” (acabar con la guerra y crear las condiciones adecuadas para una paz duradera); en tanto que, a ojos de Putin, el hecho de ocupar la primera plana en la agenda de seguridad internacional devuelve a Rusia una importancia histórica arrebatada y una creciente revalorización de su estatus de gran potencia.

Esto nos lleva a especular sobre si Putin habría estado esperando la llegada de la nueva administración Trump para darle un nuevo impulso a la guerra; activando con ello algo parecido a una “segunda fase” de su “operación especial”, y confirmando posiblemente esa redefinición 20 de los intereses de Putin adaptada a las circunstancias geopolíticas actuales.

El constructivismo y la búsqueda de la identidad nacional rusa

Según la teoría de la identidad social en el marco constructivista de Wendt, las identidades nacionales se construyen a través de las interacciones entre actores internacionales y la persecución del reconocimiento mutuo. Estas identidades responden a un proceso evolutivo basado en una cierta fundación de atributos culturales estable pero que siempre permanecen abiertos a parámetros de ajuste y transformación21.

Wendt niega que las identidades e intereses de los actores sean preexistentes a la interacción que se produce entre ellos afirmando que se desarrollan a partir de esa interacción, y luego continúan redefiniéndose a lo largo del tiempo. Putin parecía que perdía, y sin embargo ahora parece que va ganando tras cederle Trump una posición renovada y dominante en el control de las negociaciones con sus interlocutores occidentales, lo que reafirma al presidente ruso en sus intereses y en sus posibilidades de ganar la guerra.

Esta posición de dominio refuerza las intenciones de Putin de seguir moldeando la identidad nacional rusa, lo que significa que cada vez es más importante frenar sus pretensiones antes de que se consolide una conciencia nacional de oposición firme a Occidente y de mayor “grandeza” de Rusia.

¿Es entonces la conformación de una nueva identidad nacional rusa el verdadero motor de las aspiraciones de Putin? Teniendo en cuenta el ensayo del presidente ruso “On the historical unity of russians and ucranians”, y el análisis de las causas de la invasión de Ucrania desde la perspectiva de la teoría constructivista22, podemos encontrar cuatro características de la identidad rusa que así lo confirman:

En primer lugar, el Excepcionalismo ruso, que haría referencia al carácter único de la nación, y a que Rusia estaría llamada a cumplir un rol fundamental en la historia. “Fuimos capaces de desarrollar reglas para la interacción después de la Segunda Guerra Mundial y fuimos capaces de llegar a un acuerdo en Helsinki en la década de 197023. Nuestro deber común es resolver este desafío fundamental [construir un orden mundial más estable], en esta nueva etapa de desarrollo24.

En segundo lugar, el orgullo de pertenecer a un Imperio poderoso a lo largo de la historia que ha sido capaz de doblegar a Napoleón y a Hitler. “Más de dos mil soldados se convirtieron en héroes de la Unión Soviética (…). Esta generación indomable luchó, esas personas dieron su vida por nuestro futuro, por nosotros. Olvidar su hazaña es traicionar a nuestros abuelos, madres y padres”25. Como dijo además Henry Kissinger “Rusia ha comenzado más guerras que cualquier otra potencia contemporánea, pero al mismo tiempo ha evitado la dominación de Europa bajo un solo poder al resistir a Napoleón y Hitler26.

En tercer lugar, la noción de colectivismo y la reivindicación del trabajo comunal, para el bien de la patria y en contraposición al individualismo de Occidente. Cabe destacar aquí que el colectivismo ruso serviría históricamente para desarrollar una economía de guerra potente, pero a costa de un control estatal sin precedentes sobre el campo, una tierra nacionalizada, y un campesinado convertido en empleado del estado27.

Y por último la conflictividad entre Occidente y Rusia, atributo clave de la identidad rusa que la sitúa como una civilización alternativa frente a un Occidente decadente, y que encuentra sus bases en un victimismo y una falta de respeto a la identidad de gran potencia que reclama Rusia28. “Los académicos han establecido que el reconocimiento de una potencia por parte de otras grandes potencias reduce la asertividad y actitud revisionista, mientras que la falta de reconocimiento alienta precisamente ese comportamiento29.

La guerra como construcción de la identidad nacional

En su expansión hacia Oriente, la identidad rusa ha sido siempre desafiada y reinventada ya sea por Pedro I o Catalina “la Grande” (intentando abrir ventanas a Europa), o por los bolcheviques, (presentándola como la cuna de la revolución global posnacional). La Fe Ortodoxa aparejada a esta expansión – entendida como la única fórmula genuina de la cristiandad – y el conservadurismo social que la acompañaba, acabarían llevando a Rusia a rechazar unas modas cada vez más degeneradas del conjunto de la sociedad occidental30.

Desde la exitosa resistencia a la Horda de Oro en el siglo XIV hasta la derrota de Napoleón en la “Guerra patriótica de 1812”, el erigido como “salvador” de Europa con el Zar Alejandro I acabó ocupando la mitad del Continente y convirtiéndose en una amenaza para el resto de las naciones.

Cabe destacar aquí que Napoleón afirmó tras su derrota que “los franceses habían demostrado ser dignos de la victoria, y los rusos ser dignos de la invencibilidad”.

Esto nos lleva a reflexionar sobre lo peligroso que puede llegar a ser el día en que un régimen se convenza así mismo de su propia invencibilidad. Si lo extrapolamos al contexto actual, encontramos una Rusia que, si aún no ha llegado a ese convencimiento, los desafíos de cohesión interna a los que se enfrenta Occidente estarían actuando como catalizador de este proceso.

El siguiente hito en importancia en cuanto a construcción de la identidad rusa vendría tras la derrota final de Hitler en su intento de invadir la URSS. El Telón de acero sería el culmen de una época que acabaría aislando a Rusia definitivamente del resto de Europa, convirtiéndola desde ese momento en la construcción social del “otro” (como enemigo), y reforzando a partir de ahí una continua resistencia ideológica de admitir a Rusia en las instituciones occidentales31.

Con la caída de la URSS en 1991, cualquier vestigio de identidad rusa acabaría desapareciendo casi por completo; del régimen de los zares se había pasado a la sovietización y de la sovietización a la fragmentación y al caos; todo ello consecuencia de la “gran paradoja” que siempre ha perseguido a Rusia de haberse formado como un gran imperio mucho antes de haberse consolidado como nación32.

Las 15 repúblicas en las que se fragmentó la URSS dejaron el territorio de la actual federación rusa ocupado y legitimado por apenas un 41% de rusos étnicos, por lo que había que construir una nación institucional y territorialmente33.

Imperaba entonces la necesidad de formulación de una política exterior que recuperara el orgullo y la autoestima a partir de la construcción de una sólida identidad cultural; prestando atención a la relación no solo con el “otro” (Occidente), sino también con las minorías étnicas de las repúblicas ex soviéticas como parte del “nosotros”.

La reacción pos imperial tras la caída de la URSS y el posterior declive ruso, fue lo que llevaría finalmente a Putin al Kremlin y al comienzo de un esfuerzo por construir una identidad nueva para el país. Para ello se centraron los esfuerzos en compensar la fuerte carga ideológica del pasado con apelaciones constantes a la “Gran Guerra Patriótica”34. A esto se uniría más tarde el recurso de la victimización con la expansión de la OTAN35, que se tornó en amenaza tras la cumbre de Bucarest del 2008 y en acciones de carácter ofensivo en Georgia, Crimea, Donbás y Siria36. Estas acciones serían constantemente justificadas por Putin como “respuestas defensivas a los intentos occidentales de aislar y marginar a su país negándole su status global37.

En febrero de 2022, la culminación de la agresividad rusa quedaría constatada con la invasión de Ucrania y una guerra no declarada a Occidente confirmando aquello que Marx decía que “las guerras ponen a prueba las naciones (…) La guerra es el juicio supremo para los sistemas sociales que han perdido su vitalidad”.

Putin necesitaba dar un nuevo impulso a sus pretensiones de volver a hacer “grande” a Rusia y las guerras siempre tienden a acelerar el ritmo del cambio38. Por eso la invasión de Ucrania no ha hecho sino reforzar esa narrativa de victimización y de lucha por la "restauración" de una Rusia fuerte en un intento de recuperar la ansiada vitalidad identitaria como nación. Esta mentalidad no ha hecho sino complicar todavía más las opciones para una posible resolución pacífica.

El papel de Ucrania en la “mitificación” de la identidad rusa

La identidad de Rusia ha estado históricamente vinculada a Ucrania, desde el origen de la “Rus de Kiev” hasta la visión contemporánea de Putin sobre la “Gran Rusia” y su justificación para la intervención en Ucrania.

En este sentido, la creación de “mitos” históricos39 es un sello distintivo propio de la formación de nacionalismos; practicado por casi todos los movimientos nacionales que han existido e impactando de lleno en la ya mencionada identidad nacional “construida”.

Rusia es además un país que nunca ha tenido unas fronteras geográficas, culturales o étnicas claras, con lo que siempre ha estado deseoso de adquirir unos mitos nacionales que ayudaran a unir y definir su identidad. Catalina la Grande ya decía que “la única manera que tengo de defender mis fronteras es expandiéndolas40.

Esta idea ha ido marcando de alguna manera el camino hacia la búsqueda de la identidad rusa en la que Ucrania siempre ha jugado (a ojos de Putin), un papel fundamental. “Nuestros lazos espirituales, humanos y civilizacionales, forjados a lo largo de siglos y con orígenes en la misma fuente, se han fortalecido con pruebas, logros y victorias comunes41. (…) Está en el corazón y en la memoria de quienes viven en la Rusia y Ucrania modernas. (…) Juntos siempre hemos sido y seremos mucho más fuertes y exitosos. Porque somos un solo pueblo42.

Estos mitos demuestran algunas de las características propias de la exaltación de la conciencia nacional como pueden ser la auto glorificación del Estado (Self-glory), auto blanqueo (Self-whitewhasing), y la difamación de los “otros” (Other-maligning), configurando todas ellas las distintas formas de interpretar la historia que tienen las naciones43.

En este sentido, Putin intenta influir en cómo Rusia ha de interpretar su propia historia creando un “pedigrí” nacional que le ayude a encarnar un proyecto de reconstrucción que sirva a las necesidades políticas del momento; siempre libre de contradicciones internas y evitando dobles interpretaciones.

Los posibles escenarios de evolución del conflicto y sus repercusiones en la identidad rusa

Para poder poner en contexto las posibilidades de futuro de la guerra de Ucrania, es necesario tener en cuenta dos aspectos cruciales que sin duda influyen en los pretextos de Rusia para justificar su invasión.

El primero de ellos es la ya mencionada necesidad de consolidación de una renovada identidad nacional rusa, que parte de la idea enunciada por el mismo Putin de que los “rusos y ucranianos fueron un solo pueblo”, y que el muro construido que separa a ambos es consecuencia de los esfuerzos deliberados de occidente por minar este arraigo común identitario empleando para ello una política de “Divide y vencerás”44. El nacionalismo existencial es por tanto la motivación de Rusia para hacer la guerra 45.

El segundo es el fracaso en la estrategia de disuasión de Occidente 46 frente a los indicadores que desde hace años apuntaban a la posibilidad de invasión del territorio ucraniano47 , y que finalmente ha servido para añadir a la retórica rusa la necesidad de contrarrestar el expansionismo de la OTAN por esa permanente percepción de amenaza a su seguridad ontológica 48.

La combinación de estos dos aspectos es la que Rusia usa a su favor para definir su política exterior justificando un interés nacional identitario, heredera de la doctrina político-religiosa de la “Tercera Roma”49 , y la importancia de hacer prevalecer el espíritu de gran imperio frente a la opresión de Occidente.

Con este objetivo, la evolución probable del conflicto podríamos contemplarla desde tres variables que impactan en el progreso de una solución definitiva.

La primera variable la conforma el papel que llevan desempeñando los aliados estratégicos de Rusia desde el inicio de la invasión. Países como China, Corea del Norte, Irán, Bielorrusia y otras naciones no occidentales siempre han respaldado a Rusia o al menos no se han opuesto abiertamente a sus acciones50 .

La segunda es el papel de la energía y los recursos naturales en el conflicto. La dependencia de Europa de los recursos energéticos rusos influye en la dinámica internacional y en las relaciones con Rusia, limitando el alcance y los efectos de las sanciones occidentales.

Y la última es la respuesta internacional a la invasión rusa. El apoyo militar y económico prestado a Ucrania, liderado por Estados Unidos y la Unión Europea, ha dado muestras evidentes de la dificultad que tienen los países en mantener la unidad necesaria para poder hacer frente a la amenaza rusa.

Teniendo en cuenta las limitaciones impuestas por las tres variables consideradas podríamos hablar de tres posibles escenarios futuros:

Un primer escenario donde la presión del ejército ucraniano provoca finalmente la afección y final retirada rusa. Esta situación se presenta como la menos probable teniendo en cuenta el desarrollo actual de la guerra y el recrudecimiento de las acciones rusas en territorio ucraniano. La retirada rusa sin condiciones se considera inviable desde que hoy por hoy no parece existir la posibilidad de que se ceda en el territorio ya conquistado.

Además, el esfuerzo de Putin por confeccionar una Rusia con una identidad nueva, a partir de los retazos de su historia, y hacer de ella una potencia respetada, no deja otra alternativa que ganar esta guerra. De ello depende que las continuas referencias a la historia del mandatario ruso no se descubran como invocaciones ingeniosas a un pasado reinventado que acabe condenando a su pueblo a una nueva época de decadencia. Esto podría significar el final de Putin, dado que, citando nuevamente a Marx: “la historia se repite por primera vez como tragedia, pero la segunda vez como farsa”, y los rusos de hoy no son los de la década de los 70.

Con esta premisa, contemplar la posibilidad de la retirada rusa se saldría de cualquier razonamiento lógico debiendo de asumir que, independientemente del acuerdo o situación final que se pudiera alcanzar, Putin hace tiempo que “ya habría vencido”.

Sí que es cierto que las ganancias relativas y la verdadera dimensionalidad de su victoria estarían aún por determinar, y dependerá sin duda de las pretensiones rusas del momento, o de incluso un posible nivel de ambición “renovado” de Putin si el bloque occidental continúa con esa aparente inefectividad. Esta es sin duda la cuestión que arroja la mayor incertidumbre y el desconcierto estratégico en Occidente dentro de las posibilidades reales de resolución del conflicto.

Además, habría que medir igualmente las consecuencias de este escenario en el contexto regional, en tanto que una retirada rusa podría hacer que China reforzara su constatada “neutralidad pro rusa”51 con un apoyo aún más explícito al Kremlin (máxime si la continuidad de Putin se viera amenazada)52 .

En el segundo escenario Rusia se impondría finalmente a Ucrania forzando una capitulación del país. En este caso es importante tener en cuenta las formas que tendría Rusia de imponerse a Ucrania. La manera de obtener la victoria es importante porque las consecuencias podrían ser de diversa naturaleza. Por ejemplo, si Rusia se mostrara más asertiva en el uso del armamento nuclear táctico para doblegar a las fuerzas ucranianas, la alianza que mantiene actualmente con China podría verse comprometida y provocar el aislamiento de Putin. No hay que olvidar que, para la consecución de sus intereses estratégicos, a China le interesa exportar una imagen de sí misma de socio confiable y garante de la estabilidad global.

Por otro lado, si la victoria viniera como consecuencia de la rendición de Ucrania en el campo de batalla y por medios convencionales, el gran objetivo de construcción de la identidad rusa y su refuerzo como imagen de nación poderosa (sobreponiéndose por fin a la opresión de Occidente), causaría un gran calado en el pueblo ruso, reforzando el liderazgo interno y conformando un nuevo tablero geopolítico mundial donde Rusia quedaría proclamada de facto como la nación más peligrosa del mundo 53.

El tercer escenario representa un caso paradigmático de “conflicto congelado” en donde finalmente se lograría un Status Quo y una zona de exclusión fronteriza posibilitando la formación de un corredor Azov-Crimea que sirviera a los intereses estratégicos de Rusia. A cambio, Rusia se comprometería a no continuar ganando terreno con la invasión, siendo esta solución (de dudosa fiabilidad), lo más parecido a una política de apaciguamiento que acabaría siendo una mala inversión de futuro 54.

En esta situación, Occidente tendría que asumir la anexión del territorio ya conquistado imposibilitando definitivamente un acuerdo de paz justo para Ucrania. Esta victoria parcial podría convertirse en una victoria más completa si Ucrania confirmara finalmente su neutralidad y abandonara las intenciones de ingresar tanto en la OTAN como en las instituciones europeas.

El problema es que la consecución de este escenario le otorgaría la posibilidad a Rusia de evolucionar hacia la final capitulación de Ucrania (segundo escenario), en tanto que, como se ha dicho anteriormente, la incertidumbre de las actuales pretensiones rusas y la posible evolución en su nivel de agresividad dejaría a Occidente sin la posibilidad de recuperar (si es que alguna vez la tuvo), la iniciativa estratégica que hace falta para vencer.

Cuadro resumen de las teorías de la búsqueda de identidad rusa en el contexto de la guerra de Ucrania
Figura 1. Cuadro resumen de las teorías de la búsqueda de identidad rusa en el contexto de la guerra de Ucrania. (Fuente: elaboración propia)

Otro punto de vista: La ambición personal de Putin y su futura sucesión en el Poder

De todo lo planteado hasta ahora, se deduce que las aspiraciones actuales de Putin parecen enfocadas al interés nacional de devolver a Rusia a un lugar privilegiado en el Orden Internacional, y de erigirse como esa gran Potencia que logró resistir de manera estoica las injusticias de Occidente.

Sin embargo, desde un punto de vista más personalista, la ambición de Putin podría ir más allá de una razón puramente “patriótica” y buscar también ser recordado como el gran salvador e instigador del resurgimiento identitario ruso. Esto implicaría que, además de la victoria en Ucrania, Putin tendría que consolidar un cambio de régimen necesario para Rusia que la aísle definitivamente de Occidente. La consecución de este objetivo se entiende que solo sería posible asegurando un buen legado55.

Esto implicaría que, en su estrategia a largo plazo, Putin estaría pensando actualmente en su posible sucesor, que tendría que ejercer una política continuista de firme oposición a Occidente como llave para mantener la vitalidad identitaria de Rusia y ese renovado estatus de superpotencia.

Por tanto, la pregunta que cabe plantearse es ¿La victoria de Rusia en Ucrania supondría realmente el final de la guerra? Si estamos en lo cierto respecto a las ambiciones de Putin la respuesta es no. Supondría el final de la guerra con Ucrania – al menos por el momento –, pero no con Occidente, y si el legado de Putin prevalece, es cuestión de tiempo que volvamos a ver una nueva ofensiva o invasión en territorio europeo.

La mejor opción para Europa es por tanto que a Rusia le vaya “mal” una vez que Putin deje de ser presidente, ya que daría pie a la posibilidad de un nuevo gobierno ruso más cercano a Europa 56 en aras de evitar una nueva época de decadencia rusa. Esta posibilidad constituye hoy sin duda una de las mejores bazas de Europa y Ucrania para seguir resistiendo al invasor.

Conclusiones

De entre los factores clave que dificultan la resolución de la guerra en Ucrania se encuentra un fuerte componente de construcción y manipulación de la identidad nacional rusa. Esta búsqueda de redefinición identitaria ha hecho del conflicto ucraniano un fenómeno persistente y difícil de resolver, muy alejado de perspectivas de paz duraderas y, por ende, de un posible final de la confrontación histórica que mantienen Rusia y Occidente.

La teoría del constructivismo refuerza esta conclusión y amplía la visión del Realismo que defiende que los estados se centran únicamente en la búsqueda de equilibrio de poder y en la persecución unos intereses nacionales muy definidos – como la supervivencia y el aumento de cuota de poder relativo –, que operan al margen de una identidad nacional considerada preexistente e inmutable desde la perspectiva realista.

La estimulación del nacionalismo ruso mediante narrativas adecuadas, creación de mitos y manipulación de la historia, constituye el verdadero sustento motivacional del conflicto desde el punto de vista constructivista, y nos ayuda a entender un poco mejor los objetivos y aspiraciones de esta nación tan compleja, pero, sobre todo, nos ayuda a entender por qué es tan difícil derrotarla.

En este contexto, los obstáculos que presenta Occidente para desarrollar las estrategias más adecuadas contra Rusia son bien conocidas por el Kremlin, que los emplea a su favor desarrollando unos postulados del discurso ruso de victimización por el expansionismo de la OTAN y de negación de la identidad soberana propia de Ucrania, que junto a las apelaciones a su pasado histórico constituyen las principales narrativas para la construcción de esa nueva identidad nacional.

Entre los obstáculos mencionados destaca el papel poco productivo de la UE en la gestión de la crisis, ya sea como actor de sanciones o en la asistencia a Ucrania, y sus limitaciones debido a las disparidades internas y dependencia de recursos rusos. Todo ello impacta en el planeamiento y desarrollo de acciones decisivas que vislumbren un final definitivo de la guerra y una paz perdurable para Europa.

Además, la llegada de Trump ha provocado una falta de consenso claro dentro de la OTAN y un alejamiento de la UE, que condiciona aún más la efectividad de la respuesta occidental y ha complicado los esfuerzos para alcanzar una solución negociada.

Basado en el análisis efectuado, resulta realmente complicado predecir las posibles trayectorias del conflicto de Ucrania y mucho menos las opciones para una resolución pacífica. Si damos por válida esa voluntad de “perpetuación” por parte del Kremlin (sustentado por esa redefinición constante de su identidad), el desarrollo del conflicto quedaría supeditado a las distintas formas de evolución de los métodos de la guerra, desde lo convencional y lo híbrido (lo estamos viendo con el empleo de drones), hasta la posibilidad de empleo de armamento nuclear.

Con esta premisa los posibles escenarios a futuro tendrían como factor común la potencialidad de redefinir drásticamente las relaciones internacionales, y muy especialmente (por lo que afecta e interesa a Rusia), el papel de China.

Por tanto, con la situación del panorama estratégico global – teniendo en cuenta las variables planteadas – y mientras el bloque Occidental no gane la iniciativa estratégica, es muy difícil pensar que Rusia no saldrá de una manera u otra más fortalecida que antes.

La suma de todos los aspectos analizados nos arroja finalmente dos posibles conclusiones. La primera es que la “perpetuación” (intencionada) del conflicto parece más probable que la “perpetuidad” (incontrolada) del mismo, y la segunda es que Occidente parece abocado a que, solo si Putin golpea otra vez, se logrará quizá desatascar los mecanismos adecuados para activar una defensa eficaz en Europa.

Gonzalo Rodríguez Suanzes
Capitán de Fragata
Departamento de Estrategia, Seguridad y Defensa de la ESFAS.

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]Tsygankov, A. “Vladimir Putin's last stand: the sources of Russia's Ukraine policy”, Post-Soviet Affairs, 2015.
[2]Baqués, J., “¿Cómo funciona el Mundo? Una perspectiva desde la geopolítica”. Tyrant Lo Blanch, Valencia, 2023.
[3]Palacio Urrutia, G. “Análisis de las causas de la invasión rusa a Ucrania desde la perspectiva de la teoría constructivista de las relaciones internacionales”. Revista de Política Internacional, 2022.
[4]En referencia Kenneth Waltz, padre del Realismo estructural, el cual afirmaba quelos valores e identidad de los estados no son factores determinantes en la política internacional. Los estados (que se encuentran inmersos en un entorno anárquico de distribución de poder), son vistos como unidades que buscan la supervivencia en un entorno competitivo, priorizando la seguridad y el poder sobre otros objetivos. https://www.britannica.com/biography/Kenneth-N-Waltz
[5]Baqués, J. (2023) op.cit.
[6]Karl Wolfgang Deutsch (21 de julio de 1912 – 1 de noviembre de 1992), fue un científico social y político de Praga cuyotrabajo se centró en el estudio de guerra y paz, nacionalismo, cooperación y comunicación.
[7]Baqués, J. (2023) op.cit.
[8]Ibídem.
[9]“Es el estrato más profundo de la personalidad nacional, y articula todos los niveles de la realidad y los valores de cada estructura y cada época” González Páramo, J.M “Concepto de conciencia nacional”, 2014
[10]“La permanencia de las identidades no depende – en última instancia – del propio comportamiento ni de las reacciones ajenas; sino, ante todo, de nuestra capacidad para mantener una narrativa coherente que nos diga quiénes somos y hacia dónde evoluciona nuestra vida”. Morales Hernández, J. “Seguridad ontológica y percepciones de amenaza: Rusia ante la ampliación de la OTAN”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 4, No. 2, (2018), pp. 1-15
[12]Según Eleanor knott (2022) “Rusia (alega) que está lanzando una "operación militar especial" para salvar a Ucrania, un estado supuestamente dominado por los nazis que necesita ser desmilitarizado y desnazificado. Sin embargo, tal afirmación no tiene sentido político, fáctico ni discursivo cuando Ucrania está actualmente dirigida por el presidente democráticamente elegido, Volodymyr Zelenskyy, quien es judío, perdió a su familia en el Holocausto y habla ruso. Knott, E. (2022) “Existential nationalism: Russia´s war against Ukraine”. Department of Methodology, LSE, London (UK)
[13]Definición de la RAE
[14]Definición de la RAE
[15]“La tradición de pensamiento predominante en la Rusia contemporánea ha sido, sin duda, la nacionalista o estatista, vinculada a la idea de derzhavnost: el “estatus de gran potencia” […] Su vigencia en la actualidad comienza con el giro en 1996 a la doctrina “Primakov” de la que se resaltaba la ”capacidad de combinar la defensa acérrima de los intereses de Rusia con una actitud abierta a la cooperación en asuntos de interés común” […] Sin embargo “La frustración y el rencor acumulados hacen ahora más difícil para Moscú defender sus intereses con una estrategia racional, planeando las consecuencias a largo plazo y adecuando los medios a los fines” Morales Hernández, J. “La comunidad de expertos sobre política exterior en Rusia” Documento de opinión 92/2018. IEEE, 2018.
[16]Esta corriente es la que “considera que existe un “choque de civilizaciones” entre la globalización impulsada por Occidente y los pueblos que se resisten a ella, como Rusia […] nace […] como una forma extrema de nacionalismo que rechazaba la perniciosa influencia europea en la cultura rusa”. Ibídem
[17]Cabe resaltar aquí que para no desviarse de los objetivos que se persiguen con este artículo no se ha tratado una posible segunda tendencia a la perpetuación, ésta vez desde el bando occidental, y explicada por el neorrealismo ofensivo: el “bloodletting”, que consiste en el apoyo a Ucrania para que Rusia se desgaste. Esto puede interesar a la UE y OTAN: cuanto más dure la guerra y más desgaste asuma Rusia, menos opciones de que, después, ataque a los bálticos.
[19]Conviene recordar en este punto que, hoy por hoy, en ningún acuerdo de paz se contempla la posibilidad de que Rusia renuncie al territorio conquistado.
[20]Hablamos de “redefinición” de intereses si damos por hecho que el primer objetivo que perseguía Putin en febrero de 2022 era la invasión del territorio ucraniano; objetivo al que, lógicamente, ha tenido que renunciar.
[21]Palacio Urrutia, G. “Análisis de las causas de la invasión rusa a Ucrania desde la perspectiva de la teoría constructivista de las relaciones internacionales”. Revista de Política Internacional, 2022.
[22]Ibídem.
[23]Los diez principios sobre las relaciones entre los Estados participantes del Acta Final de Helsinki fueron adoptados en 1975. Rubio Plo, Antonio R. “La inviolabilidad de las fronteras y el Acta final de Helsinki” Real Instituto Elcano (2015).
[24]Putin, V. 2023. “On the historical unity of russians and ucranians”.
[25]Ibídem.
[26]De hecho, de todos los países con los que Rusia tiene fronteras, Noruega es el único con el que aún no ha entrado en guerra.
[27]Galeotti, M. “Una historia breve de Rusia: Cómo entender la nación más compleja del mundo” (ENSAYO) Capitán Swing, 2022.
[28]Colom, G., Baqués, J. 2023. “El entorno estratégico tras la guerra de Ucrania” Tyrant Lo Blanch, Valencia, 2023.
[29]Tsygankov, A. “From Global Order to Global Transition. Russia and the Future of International Relations”. Russia in Global Affairs, 2019.
[30]Galeotti, M. (2022) Óp. Cit.
[31]Bremmer, Ian (2023) who runs the world? - GZERO Media.
[32]Galeotti, M. (2022) Óp. Cit.
[33]Ibídem.
[34]“La II Guerra Mundial fue el momento histórico más útil para reconstruir la Rusia moderna y su identidad nacional, […]. El mito cuenta la historia de cómo los soviéticos defendieron su tierra natal con valor, en una guerra patriótica de liberación contra la malvada Alemania nazi […] el heroísmo de los rusos que se alzaron con una victoria triunfante que trajo libertad a la mitad de Europa, y convirtió a la URSS en una superpotencia mundial”. Preen, A. (2023) “Putin´s retelling of the Great Patriotic War myth and the construction of Russian national identity”. Putin’s retelling of the Great Patriotic War myth and the construction of Russian national identity | Australian and New Zealand Journal of European Studies
[35]En el año 2004 se aprobó el ingreso en la OTAN de 7 países centroeuropeos.
[37]“[La Federación rusa] pretende diseñar una estrategia para conservar su estatus de gran potencia una vez que finalice la guerra o si esta se cronifica, sabiendo que las potencias occidentales reducirán al máximo las relaciones económicas y tecnológicas con Rusia, tratando de aislarla todo lo posible del resto del mundo”. IEEE (2023). Estrategias de Seguridad Nacional: La competencia entre grandes potencias. Documento de Investigación 02/2023 DIEEEINV02_2023_EstrategiasdeSeguridad.pdf
[38]Donnelly C. “La guerra en tiempos de paz: cómo afrontar un mundo que cambia a gran velocidad”. CIDOB 2017.
[39]Alexia Preen (2023), citando a Bouchard (2013), define mito nacional como “una forma eficaz de unificar a los miembros de una nación y distinguir el “Yo” nacional de un “Otro” extranjero, porque los mitos ofrecen una comprensión compartida de los acontecimientos pasados. Esta comprensión compartida, a su vez, impregna el pasado, el presente y el futuro de una nación con un conjunto de valores, ideales y creencias” [Traducción del autor].
[40]Galeotti, M. (2022) Óp. Cit.
[41]Según Taras Kuzio (2022), Putin interpreta que históricamente los ucranianos florecieron en el Imperio zarista y en la Unión Soviética, y sin embargo excluye de su relato de “mitificación” la represión que ejercieron ambos sobre la nación ucraniana, su identidad nacional y su idioma, porque estos no encajaban en el estereotipo de "relaciones fraternales" entre rusos y ucranianos. Putin minimiza la prohibición de la lengua y la cultura ucranianas que se llevaron a cabo por parte de la Rusia zarista, ignorando igualmente la rusificación del régimen soviético. La profunda admiración de Putin por Stalin le obliga además a ignorar el Holodomor, que asesinó a más de cuatro millones de ucranianos. Kuzio, T. (2022) Russian Nationalism and the Russian-Ukrainian War. Autocracy-Orthodoxy-Nationality. Taylor & Francis Group (p.20 Preface) Russian Nationalism and the Russian-Ukrainian War; Autocracy-Orthodoxy-Nationality; First Edition
[42]Putin, V. (2023) “On the historical unity of russians and ucranians”.
[43]Mearsheimer, J. (2011) “Kissing Cousins: Nationalism and Realism” University of Chicago, 2011.
[44]Putin, V. (2023) “On the historical unity of russians and ucranians”.
[45]Knott, E. (2022) Óp. Cit.
[46]Xiying Z. “The U.S. Deterrence Strategy and the Russia-Ukraine Conflict”. Foreign Policy, 2022.
[47]Mearsheimer, J (2019) “why the Ukraine Crisis Is the West’s Fault. The Liberal Delusions That Provoked Putin”. https://www.mearsheimer.com/wp-content/uploads/2019/06/Why-the-Ukraine-Crisis-Is.pdf
[48]Morales Hernández, J. “Seguridad ontológica y percepciones de amenaza: Rusia ante la ampliación de la OTAN”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 4, No. 2, (2018), pp. 1-15
[49]Ibídem
[50]Esto se puede ver con la votación en la ONU para condenar la agresión rusa del 2 de marzo de 2022. 141 votos de condena, 5 votos de no-condena (Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Siria y Rusia), 35 votos de abstención. Los 40 votos que no fueron de condena suman casi la mitad de la población mundial (incluyen a China e India), pero también Pakistán y Bangladesh (que suman el triple de población de Rusia). Todo esto confirma que esa votación no podría calificarse de “exitosa” (Baqués, 2023)
[52]Colom, G., Baqués, J. (2023) Óp. Cit
[53]En tanto que quedaría demostrado que la agresividad y las acciones ofensivas proporcionan un rédito estratégico que abre las puertas a su aplicación en el futuro.
[54]Rodríguez Suanzes, G. (2025) “La Gran estrategia estadounidense y el Realismo en el Siglo XXI ¿Declive o Hegemonía?” Documento de opinión 38/2025. IEEE, 2025
[55]“Putin no está dispuesto a parar una invasión que, entre otras cosas, le sirve para imponer a sus sufridos conciudadanos el régimen autocrático que, como todos los dictadores que en el mundo ha habido, quiere disfrutar de por vida y, además, dejar por legado”. Rodríguez Garat, J. (El Debate) https://www.eldebate.com/internacional/20250709/ucrania-despues-huracan-trump_315082.html
[56]“Hitler solo ha sido uno más del montón de ilusos que han soñado con un Reich que duraría mil años. Todos ellos han fracasado y también lo hará Putin —con el tiempo, Rusia volverá a ser una democracia— pero, por desgracia, será la humanidad quién pague el precio y no el verdadero culpable”. (Ibídem)
    • La identidad nacional rusa y la perpetuidad del conflicto de Ucrania

    • Russian National Identity and the Perpetuity of the Ukraine Conflict