
24 nov 2025
IEEE. Geopolítica y relaciones de poder en el Ártico
Mar Martínez Prieto. Grado en RRII por la UCM. Alumna de "Master International Security Management" Comillas
Introducción
En las últimas décadas, el Ártico ha dejado de ser una región periférica para convertirse en un espacio de creciente interés estratégico en el contexto global. Su importancia geopolítica ya se manifestó durante la Guerra Fría, cuando la región se convirtió en un escenario de rivalidad entre la Unión Soviética y Estados Unidos.
El Ártico fue utilizado como plataforma para las estrategias de disuasión nuclear, mediante el despliegue de submarinos y aviones que patrullaban sus aguas y cielos, aprovechando su ubicación como punto de tránsito entre los bloques enfrentados1.
Tras la disolución de la Unión Soviética, la presencia militar en la región se redujo notablemente, lo que favoreció el desarrollo de una dinámica de cooperación internacional. No obstante, en los últimos años las tensiones y las lógicas de militarización se han reactivado debido al redescubrimiento de su valor estratégico.
El interés geoestratégico actual por el Ártico responde a una serie de transformaciones derivadas del cambio climático. El aumento de las temperaturas está acelerando el deshielo y reduciendo la banquisa, lo que hace la región más accesible. Esta nueva realidad permite no solo la apertura de rutas comerciales que antes eran intransitables, sino también la creación de otras nuevas. Al mismo tiempo, el Ártico se consolida como un espacio de crecientes oportunidades económicas, tanto por la explotación de recursos naturales, como minerales estratégicos, gas y petróleo aún no extraídos. Estas condiciones han intensificado el interés estratégico de los estados árticos y de otros actores internacionales2.
Todo ello contribuye a reactivar las tensiones geopolíticas en la región, donde los intereses económicos, energéticos y estratégicos de los distintos actores convergen y, en muchos casos, compiten.
El Ártico: contexto geopolítico
Características geográficas
Con el paso del tiempo, el Ártico ha ido evolucionando, adquiriendo mayor importancia e interés político, económico y estratégico.
Por su ubicación en el polo opuesto, la Antártida suele ser comparada con el Ártico. Sin embargo, aunque guarden alguna similitud entre sí, su naturaleza es completamente diferente. Por un lado, la Antártida es un continente de más de 14.000.000 kilómetros cuadrados de superficie, rodeado por los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, mientras que el Ártico es un océano rodeado de islas y de los continentes euroasiático y americano que han facilitado su delimitación3.
El Ártico se puede definir como la región que se encuentra más al norte del círculo polar ártico, que rodea el globo en la latitud 66º 33´ 45´´Norte. La región está compuesta por el océano Ártico y los ocho estados que lo rodean, también conocidos como ‘Ocho Árticos’ o Artic Eight (A8), que son Rusia, Canadá, Noruega, Dinamarca/Groenlandia, Estados Unidos, Finlandia, Islandia y Suecia.
Los cincos primeros son bañados por aguas árticas y se denominan Artic Five (A5). Cabe destacar que, de los ocho estados árticos, siete son aliados OTAN, con la excepción de Rusia4.
En cuanto a las temperaturas, en invierno pueden variar notablemente de -43 ºC a -26 ºC, con una media que se sitúa alrededor de -34 ºC. Mientras que, en verano las temperaturas se sitúan alrededor del punto de congelación, es decir, 0 ºC5.
El Océano Ártico se caracteriza por una gran profundidad media, que supera los 1.200 metros y por un extenso litoral que suma más de 45.000 kilómetros de costa, de los cuales aproximadamente la mitad corresponde a Rusia. La superficie helada que lo cubre, también denominada banquisa, experimenta marcadas fluctuaciones estacionales: alcanza su mayor extensión durante el invierno, en torno al mes de marzo, y se reduce significativamente en verano, especialmente en septiembre. Este patrón estacional abre temporalmente corredores marítimos navegables. Por su parte, el grosor del hielo también varía, las capas de hielo multianual pueden alcanzar espesores de hasta 5 o 6 metros, mientras que el hielo que se forma y se derrite en ciclos anuales suele ser mucho más delgado, con espesores que rara vez superan los 2 metros6.
Figura 1. Mapa del ártico. Fuente National Geographic https://world.expeditions.com/travel-guide/arctic-travel-guide/how-to-get-to-the-arctic-circle
La región cuenta con una población aproximada de 4 millones de personas. Entre las comunidades indígenas, el pueblo inuit es el predominante con dos culturas diferentes: los Dorset y los Thule. La subsistencia de muchos de ellos depende en gran medida de los mamíferos que cacen. Asimismo, tienen que hacer frente a una serie de desafíos de transición entre una cultura tradicional y otra moderna, cuyos valores, técnicas y costumbres son diferentes7.
¿Por qué interesa el Ártico?
Como se ha mencionado previamente, el cambio climático está rediseñando el panorama económico del Ártico. El deshielo hace que recursos naturales estratégicos, concretamente hidrocarburos, minerales, y caladeros de pesca, sean más accesibles.
Cabe añadir las ventajas económicas que conlleva la apertura de las nuevas rutas marítimas, las cuales, al ofrecer opciones para el comercio internacional más eficientes y menos vulnerables a tensiones geopolíticas, incrementan aún más el interés de los actores por la región.
Sin embargo, el creciente interés por el Ártico no se limita exclusivamente a sus oportunidades económicas, sino que también posee un gran valor estratégico en términos militares.
Dada su ubicación geográfica, el Ártico constituye un espacio clave para la proyección del poder militar entre los principales actores internacionales. Durante la Guerra Fría, la región era utilizada como corredor de tránsito para bombardeos estratégicos y, actualmente, el interés estratégico por el Ártico ha resurgido como consecuencia de la posibilidad de utilizarlo como una plataforma de vigilancia y control8.
Este conjunto de factores económicos, energéticos y estratégicos han suscitado el interés de numerosos actores por la región.
Recursos estratégicos y rutas marítimas
En los últimos años, la capa de hielo del Ártico se ha reducido significativamente, provocando que una gran cantidad de recursos naturales, tanto minerales y energéticos, como en términos de pesquerías, se encuentren disponibles para su exploración y explotación.
Se calcula que el Ártico representa alrededor del 13% del petróleo no descubierto, el 30% del gas natural no descubierto, el 26,8% de diamantes, el 40% de paladio, el 15% de platino, el 11% de cobalto, el 10,6% de níquel, el 9% de tungsteno, el 8% de zinc, el 3,8% de cobre, el 3,2% de oro, el 2,3% de hierro y el 2,1% de carbón9.
De entre los estados árticos, Rusia es el que posee más recursos en la zona y, por tanto, el que más se beneficiaría de las posibles explotaciones. Hasta 2022, solo se había explorado en torno al 40% de las reservas originales de hidrocarburo, sin embargo, se estima que aún quedan por descubrir varias decenas de billones de barriles de crudo y gas. La mayor parte de estos recursos inexplorados se concentra en Siberia Occidental y en la plataforma continental rusa. Además, se ha identificado un importante yacimiento de petróleo y gas en las aguas de los mares de Barents y Kara.
Los territorios árticos de Rusia albergan también una parte significativa de los recursos naturales de la región, especialmente de níquel y carbón. Por su parte, la vertiente norte de Alaska, situada en la parte más septentrional del estado, acoge uno de los yacimientos petrolíferos más relevantes para la industria energética estadounidense. Además, en esta misma zona se encuentran aproximadamente 840 billones de metros cúbicos de gas natural.
En el contexto de los recursos minerales, Dinamarca se posiciona como otro de los actores más beneficiados por el deshielo del Ártico, debido a la riqueza del subsuelo de Groenlandia. La isla alberga múltiples explotaciones mineras, además, el deshielo y la apertura progresiva de las áreas costeras de Groenlandia están creando nuevas oportunidades de desarrollo, lo cual aumenta el interés internacional hacia proyectos vinculados a metales estratégicos, entre los que destacan yacimientos de oro, platino y metales de tierras raras con aplicaciones de alta tecnología en el depósito de Kvanefjeld10.
Con relación a las citadas tierras raras, el Ártico alberga importantes reservas de estos 17 elementos metálicos con propiedades únicas, como el magnetismo, la luminiscencia y una gran resistencia, que los hacen esenciales para las industrias de alta tecnología. Estos elementos desempeñan un papel fundamental en diversas industrias debido a sus propiedades únicas. Se emplean en la fabricación de imanes de alta potencia utilizados en turbinas de viento, en procesos de refinado de petróleo y como aditivos diésel en la industria petrolera. En la industria automotriz, estos elementos se usan para la producción de catalizadores convertidores, baterías de vehículos híbridos, motores y generadores. La industria electrónica también hace uso de ellas para la elaboración de discos duros y teléfonos móviles11.
A día de hoy, el Ártico es considerado como uno de los principales puntos de extracción de tierras raras, lo que ha suscitado el interés de las grandes potencias, a la vez que ha incrementado la competencia entre ellos. La abundante presencia de tierras raras en la región podría suponer un desafío estratégico para China, que, actualmente, controla la mayor parte de la producción global de estos minerales12.
Cabe destacar también el potencial pesquero del Ártico, que podría aumentar a medida que el deshielo extiende las áreas de acceso a los caladeros, los cuales se centran principalmente en tres áreas concretas, Groenlandia occidental, el mar de Noruega y el mar de Barents. La actividad pesquera en el Ártico representa aproximadamente un 10% de la pesca mundial13.
Rutas marítimas
El progresivo deshielo del Ártico ha abierto nuevas rutas marítimas. Se distinguen principalmente tres vías emergentes.
- La ruta del Norte: también conocida como ruta del Noreste, pasa por la costa de Rusia y conecta el este de China con Europa occidental. Actualmente es la ruta que presenta las mejores características para la navegación. De Shanghái a Amberes es aproximadamente un 40% más corta, es decir, en torno a 7000 kilómetros menos que la ruta actual, la cual discurre a través del canal de Suez. El uso de esta ruta presenta numerosas ventajas, por un lado, se evitaría el mar de la China Meridional y la costa somalí, puntos conflictivos que pueden presentar numerosos obstáculos y, por otro, se esquivarían puntos de estrangulamiento como el estrecho de Malaca. La apertura de esta ruta puede suscitar cambios en la economía mundial, aunque, a su vez, aún existen ciertas dudas sobre su viabilidad en el corto plazo. Por último, cabe destacar que esta ruta resulta navegable principalmente en verano14.
- El Paso del Noroeste: se sitúa en el Ártico canadiense, conecta los océanos Atlántico y Pacífico. Permite acortar aproximadamente un 15% la distancia marítima entre Estados Unidos y Asia, no obstante, se considera la ruta más peligrosa para la navegación, puesto que es la más estrecha y sus aguas son más restringidas y frías15.
- La ruta Transpolar: traza un recorrido directo entre el estrecho de Bering y el corredor GIUK (Groenlandia, Islandia y Reino Unido), atravesando áreas cercanas al Polo Norte. A diferencia de otras alternativas, esta ruta evita estrechos, zonas económicas exclusivas (ZEE) y áreas de escasa profundidad, aunque actualmente no es navegable16.
Figura 2. Rutas marítimas a través del Ártico. Fuente: The Arctic Institute. https://www.thearcticinstitute.org/arctic-maps/
Tanto la ruta del Norte como el Paso del Noroeste recorren aguas territoriales. Canadá y Rusia afirman que estas vías son aguas interiores, lo que les otorgaría un control exclusivo sobre su uso. Por el contrario, países como Estados Unidos o Francia consideran que ambas rutas son de libre circulación, conforme a los principios establecidos por el derecho internacional17.
La apertura y el uso de estas nuevas rutas supondría una reducción en los costes logísticos entre un 25% y un 40%, así como en los tiempos de tránsito entre el Atlántico y el Pacífico.
¿Cómo se gobierna el Ártico?
Durante gran parte de su historia, el Ártico se ha caracterizado por una escasa presencia de normas y estructuras de gobierno formalizadas. Tras la Guerra Fría se iniciaron los primeros esfuerzos por construir un marco regional de cooperación y regulación.
Entre las principales instituciones y estructuras de gobernanza destacan el Consejo Ártico y, como norma de referencia legal, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Consejo Ártico
El Consejo Ártico se creó a través de la Declaración de Ottawa el 19 de septiembre de 1996. Es el órgano principal de interacción, cooperación y coordinación entre los A8, cuyo objetivo es fomentar la cooperación entre estos estados en tres ámbitos fundamentales: la protección medioambiental, el desarrollo sostenible de la región y la investigación científica18.
Además de los A8, el Consejo Ártico está formado por seis comunidades indígenas árticas, que participan de manera permanente en asuntos comunes. Del mismo modo, los países no árticos, así como múltiples organizaciones tanto gubernamentales como no gubernamentales pueden participar en la institución en calidad de observadores mediante el apoyo a sus objetivos o la implicación en asuntos árticos, por ejemplo, a través de programas de investigación polar.
Actualmente, el Consejo Ártico cuenta con un total de 39 observadores, entre los que se incluyen trece estados no árticos, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Polonia, España, Reino Unido, China, Corea del Sur, India, Japón y Singapur y trece organizaciones intergubernamentales e interparlamentarias19.
En este último grupo, cabe destacar el caso de la Unión Europea, cuya solicitud para convertirse en observadora ha sido rechazada en varias ocasiones, por lo que cuenta con estatus especial de ‘invitada permanente’. Por último, a estos se suman trece organizaciones no gubernamentales20.
Si bien el Consejo Ártico ha facilitado la construcción de un espacio de cooperación, también presenta ciertas debilidades que obstaculizan su capacidad de gobernanza. En primer lugar, carece de autoridad jurídica para imponer decisiones a sus miembros, puesto que no tiene carácter vinculante. Sin embargo, la mayoría de las decisiones son implementadas por las partes. Por otro lado, aunque el nivel económico de los países que lo componen es elevado, los fondos del Consejo Ártico son limitados21.
Es importante destacar que el Consejo Ártico ha excluido de su mandato los asuntos relativos a la seguridad militar, control de armas y desarme, los cuales tienen cada vez más importancia en el contexto geopolítico actual. Por ello, en 2011 se creó un foro militar llamado Arctic Security Forces Roundtable (ASFR), encargado de tratar temas militares como el empleo de las aguas árticas. En los años 2012 y 2013 tuvieron lugar las primeras reuniones del ASFR y, en 2014, tras la anexión rusa de Crimea, Rusia fue excluida del foro22.
Por último, es relevante señalar que la invasión de Ucrania en 2022 desencadenó un boicot diplomático a Rusia por parte del resto de los miembros del Consejo Ártico, quienes suspendieron su cooperación con dicho país dentro del organismo. Aunque Rusia no ha sido expulsada formalmente, esta suspensión ha interrumpido los canales de diálogo y coordinación sobre cuestiones clave para la región.
Actualmente, el Consejo Ártico ha retomado cierta actividad con Rusia y se han hecho avances a nivel de proyectos de trabajo, pero no a nivel político. No obstante, esta situación continúa planteando un reto considerable para la gobernanza del Ártico, al dificultar la gestión conjunta de riesgos compartidos y la prevención de posibles incidentes en un contexto de creciente tensión geopolítica23.
Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS, por sus siglas en inglés) es un acuerdo internacional que se firmó en el año 1982 y entró en vigor en 1994, que sirve como marco de referencia en la regulación de los espacios marítimos globales. Este tratado fomenta el uso pacífico de los océanos, la explotación justa y sostenible de sus recursos, la investigación científica, la protección del entorno marino y la conservación de la vida marina.
Esta convención actúa como instrumento legal que permite a los estados resolver conflictos sobre delimitación fronteriza. Los cinco países con costa en el círculo polar ártico, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Noruega y Rusia, es decir, los A5, tienen derecho a explotar sus recursos dentro de sus espacios marítimos y zonas económicas exclusivas. Cabe señalar que todos los estados árticos han ratificado el Tratado, excepto Estados Unidos, pero lo acepta informalmente como derecho internacional consuetudinario.
La gobernanza del ártico resulta compleja y, aunque la Convención proporciona un marco normativo definido, no tiene la capacidad para abordar todos los desafíos que plantea el Ártico. Esto se debe a que aplica un conjunto de normas uniformes para todos los océanos sin considerar las características geográficas y ambientales de la región ártica, que, por su fragilidad, exige una regulación adaptada a su contexto particular. Como consecuencia, siguen existiendo disputas sin resolver entre los estados árticos, entre las que destacan el reparto de la plataforma continental ártica, la disputa entre Canadá y otros países sobre la calificación legal del Paso del Noroeste, la delimitación de fronteras marítimas entre Canadá y Estados Unidos en el Mar de Beaufort, el desacuerdo entre Rusia y Estados Unidos respecto al Mar y el Estrecho de Bering y la controversia territorial entre Canadá y Dinamarca por la soberanía sobre la Isla Hans24.
¿Qué está pasando?
Evolución de la militarización del Ártico y panorama actual
Durante la Guerra Fría la relevancia estratégica del Ártico era alta, dada la proximidad geográfica entre Estados Unidos y la Unión Soviética a través del Polo Norte, que transformaba la región en un corredor directo para vuelos de misiles intercontinentales y vigilancia aérea.
No obstante, en 1991, al terminar la Guerra Fría y tras la disolución de la URSS, este elevado valor geopolítico disminuye y tiene lugar un desarme progresivo en la región. Para hacerlo posible, fue clave el discurso pronunciado en 1987 por Mijaíl Gorbachov, el entonces presidente de la URSS, en el que proponía una serie de objetivos para transformar el Ártico en una zona de paz, fomentando la cooperación en ámbitos como la protección ambiental, la navegación y la investigación científica. Esto abrió las puertas a un periodo de paz y cooperación en la zona, que estuvo acompañado del cierre de muchas bases rusas del norte25.
En la década de los 2000, principalmente a partir de 2008, la situación comienza a cambiar de nuevo cuando Rusia inicia un proceso de remilitarización del Ártico, marcando un giro en la dinámica regional. En este contexto, los efectos del deshielo y el interés de Moscú por recuperar influencia en el sistema internacional han contribuido a devolver al Ártico su relevancia estratégica. Para Rusia, la región representa una fuente crucial de recursos naturales, una cuestión de soberanía nacional y un componente central de su identidad geoestratégica. La concibe como una extensión natural de su plataforma continental, lo que justifica su defensa de un acceso preferente a los recursos energéticos ubicados en la zona. Además, considera estas aguas como un espacio clave para su seguridad y su supervivencia económica. Desde ese momento, la política rusa hacia el Ártico se ha vuelto más asertiva, con el objetivo de reafirmar su soberanía, controlar las rutas de navegación y explotar los recursos energéticos de la región26.
En los últimos años, la remilitarización rusa se ha traducido, entre otras cosas, en la reapertura de antiguas bases soviéticas, la construcción de nuevas instalaciones militares a lo largo de su costa norte y la ampliación de su flota de rompehielos con capacidad militar.
Estas acciones han generado inquietud entre el resto de estados árticos, que han respondido reforzando también su presencia en la región mediante el aumento y la modernización de sus capacidades e infraestructuras.
En definitiva, la creciente militarización del Ártico es el reflejo de una escalada de tensiones entre las principales potencias. Esta evolución puede entenderse como el resultado directo de las preocupaciones estratégicas vinculadas a la seguridad militar y al acceso energético. A medida que el deshielo abre nuevas oportunidades económicas y geoestratégicas, los estados han reforzado su presencia en la región para proteger sus intereses nacionales. Aunque por el momento no se ha producido una confrontación directa, esta dinámica está redefiniendo el Ártico como un espacio de competencia global, en el que convergen la rivalidad geopolítica, la seguridad de los recursos y el control de las rutas marítimas emergentes.
Actores clave en la región y sus posturas
Rusia
Rusia desempeña un papel clave en el Ártico en términos geográficos, históricos y militares, y considera la región como un elemento fundamental para su desarrollo económico, seguridad nacional y proyección internacional. Desde la llegada de Putin al poder, el Ártico se ha convertido en uno de los ejes de la política exterior y de seguridad rusa.
En agosto de 2007, dos minisubmarinos rusos plantaron una bandera sobre la dorsal de Lomonósov, una formación submarina que Rusia reclama como prolongación de su plataforma continental. Este gesto, fue interpretado como una afirmación de soberanía sobre la zona, y marcó un punto de inflexión en las tensiones entre Rusia y Occidente27.
Asimismo, como resultado del deterioro de las infraestructuras tras el final de la Guerra Fría, Rusia comienza un proceso de remilitarización del Ártico, el cual se traduce en la modernización y reapertura de bases aéreas y navales, así como el despliegue de nuevas unidades a lo largo del litoral ártico.
Figura 3. Instalaciones rusas en el Ártico. Fuente CSIS Research and Analysis
Este rearme se ha intensificado en las últimas décadas como consecuencia del retroceso del hielo, que siempre había actuado como una barrera frente a amenazas exteriores. El cambio climático ha provocado que, poco a poco, las tierras y las fronteras del norte, que antes eran inaccesibles, queden expuestas, incrementando la sensación de vulnerabilidad de Rusia. Esto ha impulsado a Rusia a priorizar su defensa empleando un enfoque que combina la presencia disuasoria con el control territorial, con el fin de proteger sus recursos, sus oportunidades de desarrollo en la región y sus fronteras marítimas del norte.
Una parte esencial de su estrategia de seguridad y defensa es la protección de la península de Kola, base de la Flota del Norte, que alberga gran parte de su flota de submarinos. Para ello, se han realizado esfuerzos por modernizar tanto las capacidades navales como aéreas.
La ruta del Norte ha cobrado especial importancia para Rusia, puesto que constituye una alternativa económica a su dependencia del mercado europeo. Con el fin de explotarla comercialmente, Rusia ha llevado a cabo la construcción de nuevos puertos, sistemas logísticos y estaciones de apoyo. Al mismo tiempo, está tratando de imponer normativas que limitan la navegación de buques extranjeros, reforzando así su soberanía sobre esta ruta28.
La postura rusa responde a una lógica de anticipación geoestratégica orientada a proteger sus fronteras, las cuales están cada vez más expuestas. Al mismo tiempo, busca asegurar el acceso exclusivo a los recursos y consolidar una posición dominante frente a otros actores regionales, lo que ha desencadenado la respuesta del resto de estados.
China
Aunque China no es un estado ártico, busca establecerse en la región por sus intereses económicos, especialmente en la explotación de los recursos minerales y energéticos que ofrece el territorio. A su vez, tiene como objetivos expandir sus rutas comerciales a lugares estratégicos fuera de su zona de influencia natural y fortalecer su imagen como gran potencia.
Poco a poco ha ido consolidando su presencia en el Ártico mediante la inversión en investigación científica y la participación en los foros multilaterales. En el año 2012, con la llegada de Xi Jinping, el interés de China por la región se intensificó y en 2013, el país se convirtió en observador permanente del Consejo del Ártico, lo cual ha incrementado su influencia en la zona29.
En 2018, China publica su Libro Blanco del Ártico, en el que se describe a sí misma como país cercano al Ártico y reconoce la soberanía de los A8, pero considera que otros estados también tienen derechos en la zona30.
Como parte de su estrategia, impulsa la llamada ‘Ruta Polar de la Seda’, un proyecto integrado en su iniciativa de la Franja y la Ruta, que contempla el uso de las rutas marítimas árticas para conectar Asia con Europa, reduciendo las distancias y los tiempos de transporte. Para ello, ha intensificado su cooperación con Rusia, mediante inversiones en iniciativas clave, como la construcción de puertos e infraestructuras logísticas o el desarrollo de ejercicios navales conjuntos31.
Asimismo, China basa su presencia en la región en el desarrollo de tecnologías que pueden usarse tanto con fines civiles como militares. Un ejemplo de esto es la instalación de estaciones con sensores submarinos cerca del Ártico. Aunque se presentan como herramientas científicas, estos instrumentos forman parte de la estrategia china de combinar usos civiles y militares, lo que ha despertado preocupación en los países occidentales ante la posibilidad de que se utilicen con fines de vigilancia.
China aboga por la libertad para navegar por las rutas árticas, lo cual va en contra de la postura rusa. En este sentido, también ha mostrado interés por la pesca y el uso futuro de los recursos de la zona, tratando de garantizar su acceso a ellos.
La postura de China en el Ártico podría considerarse de ambigüedad calculada, puesto que por un lado refuerza sus lazos con Rusia, pero por otro, trata de evitar un enfrentamiento con el orden internacional o una respuesta por parte de los países occidentales. Además, aunque sus actividades se presenten como científicas o comerciales, la posibilidad de que en un futuro los intereses de China deriven en una postura más militarista genera cierto recelo32.
En este escenario, la creciente presencia de China en el Ártico genera inquietud entre los A5, que se muestran reticentes. Al mismo tiempo, Rusia, a pesar de haber estrechado sus lazos con China, mantiene cierta desconfianza respecto a las consecuencias de una fuerte presencia china en la región.
Estados Unidos
Durante años, el Ártico no ha ocupado un lugar prioritario en la agenda estratégica de Estados Unidos. Sin embargo, el aumento de las tensiones geopolíticas y la creciente presencia militar rusa han impulsado a Washington a reconsiderar su papel en la región y a reforzar su presencia. Un ejemplo de este cambio es que, hasta 2017, Estados Unidos solo disponía de un rompehielos de gran tamaño operativo, pese a que contaba con 4. No obstante en 2018 decidió reactivar la segunda Flota en el Atlántico Norte, que había sido desmantelada previamente33.
Estados Unidos plantea como objetivo principal en el Ártico la promoción de una región segura, estable, pacífica, próspera y sostenible. No obstante, este enfoque va acompañado de un mensaje firme hacia Rusia y China, al situar la seguridad como la máxima prioridad en su agenda para la región.
Cuenta con la Estrategia Nacional para la Región Ártica, la cual se presentó en 2024, que sustituye y amplía la versión de 2013. Se trata de un documento que refleja la preocupación del país por la cooperación entre Rusia y China, así como por el uso de las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, en las operaciones árticas34.
Entre los principales objetivos de la estrategia se encuentra la mejora de la vigilancia en el Ártico, que permitirá monitorear movimientos militares, actividades de adversarios e incidentes medioambientales. Al mismo tiempo, este documento aboga por intensificar la cooperación con aliados y socios árticos, ampliar los ejercicios militares conjuntos y reforzar su presencia disuasoria en la región para contrarrestar la militarización por parte de Rusia y China35.
En este contexto, se debe destacar también que el interés de Estados Unidos por Groenlandia ha incrementado. Aunque no se trata de un interés nuevo, se ha intensificado en los últimos años, especialmente durante la presidencia de Donald Trump, por diversos factores, que analizaremos más adelante.
La postura estadounidense refleja que, a pesar de que la atención sigue centrada en el Indo-Pacífico, existe una voluntad clara de desempeñar un papel relevante en el Ártico, para contrarrestar las posturas de Rusia y China.
Otros actores relevantes
El resto de Estados Árticos apuestan por mantener la cooperación y la paz en la región, aunque les preocupa la postura rusa y las crecientes tensiones.
Canadá, que durante muchos años se ha mostrado reticente a aceptar una presencia militar aliada en el Ártico, ha comenzado a replantearse esta posición a raíz de las crecientes tensiones geopolíticas, considerando ahora más pertinente el papel de la Alianza en la zona36.
Por su parte, Noruega está inquieta por las acciones del Kremlin en la región. Dada su proximidad geográfica con Rusia, con quien comparte fronteras, Noruega se muestra más receptiva en cuanto al papel de la OTAN en temas de defensa. El Ártico representa una prioridad estratégica tanto para Noruega como para Rusia. En el caso noruego esta atención responde a consideraciones económicas y geopolíticas. Para Rusia, además de los intereses económicos, el factor determinante es su preocupación por la defensa, ahora que el deshielo está dejando al descubierto su parte norte37.
En esta línea, Noruega, cuyas capacidades de disuasión son limitadas, percibe a Rusia como una amenaza cercana y tangible. Por ello, busca el apoyo de la OTAN y de Estados Unidos y apuesta por aumentar la presencia de la Alianza en la zona.
Dinamarca, junto a Groenlandia y a las islas Feroe, constituye un estado ártico. A raíz de las tensiones y declaraciones de posibles adquisiciones estadounidenses sobre Groenlandia, mantiene una postura mucho más activa en los últimos meses.
En 2021, Dinamarca creó una Oficina para Asuntos Árticos. Cuatro años más tarde, en 2025, el país aprobó el Acuerdo de Defensa para la región Ártico-Atlántico Norte, un plan que incluye inversiones significativas para responder a los desafíos de seguridad y defensa en la zona, con el fin de intensificar la presencia militar y reforzar la capacidad de respuesta ante amenazas38.
Actualmente Dinamarca se propone aumentar las inversiones en Groenlandia destinadas a reforzar su defensa y seguridad, mejorando infraestructuras como puertos y comunicaciones, y fomentando la autosuficiencia en ámbitos como turismo y minería39.
Cabe destacar que, durante el periodo 2025-2027, Dinamarca asume la presidencia del Consejo Ártico, impulsando una agenda centrada en la biodiversidad, el cambio climático, la contaminación y el desarrollo sostenible.
Dinamarca aboga por una defensa fuerte y una gobernanza ártica activa, con el fin de alcanzar sus intereses de seguridad, soberanía e impulso sostenible.
Por otro lado, Islandia, que en la Segunda Guerra Mundial desempeñó un papel clave como base estratégica, vuelve a adquirir relevancia geopolítica en el escenario ártico. Esta recuperación de importancia podría allanar el camino para un eventual retorno de tropas estadounidenses al país.
En términos generales, los países árticos procuran compatibilizar la defensa de sus intereses, especialmente en lo que respecta al acceso a recursos y a las rutas marítimas emergentes, con la necesidad de mantener la estabilidad regional y evitar el aumento de la tensión.
OTAN
A pesar de que la Alianza no es una organización ártica, siete de los ocho estados árticos son también miembros de la OTAN y, en el contexto geopolítico actual, el papel de esta en el Ártico está cobrando relevancia.
Durante la Guerra Fría, el Ártico jugaba un papel clave en las estrategias de la OTAN. A pesar de las décadas de calma y estabilidad en el Ártico tras la implosión de la Unión Soviética, actualmente, como resultado de las tensiones geopolíticas y el aumento de la presencia rusa en la región en los últimos años, la inquietud de la Alianza por la zona ha aumentado notablemente, y con ella el interés por la misma.
La OTAN considera preocupante la capacidad de Rusia para bloquear el acceso y el movimiento en el norte, así como las posibles acciones desestabilizadoras de China en la región. En particular, la Alianza enfoca su atención en el GIUK Gap, el paso entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido, punto clave para el acceso de las fuerzas navales rusas, en particular sus submarinos, al Atlántico Norte40.
En vista de esto, la OTAN promueve una estrategia basada en la disuasión frente a Rusia y de vigilancia a las actividades chinas en el Ártico, a la vez que refuerza la protección y seguridad de sus estados miembros. Aunque no se plantea una militarización activa del Ártico por parte de la Alianza, si se observa una mayor coordinación en el despliegue de capacidades defensivas en su flanco norte, así como un creciente interés por definir una estrategia común para garantizar la estabilidad en la región sin aumentar innecesariamente la tensión41.
Unión Europea
Aunque el papel de la Unión Europea en el Ártico es limitado, resulta pertinente señalar brevemente su posición en la región.
La estrategia ártica de la UE es activa y está orientada a impulsar un Ártico seguro, sostenible, estable y próspero. No obstante, aborda temas más amplios, dejando en un segundo plano las cuestiones de seguridad y defensa, donde sus competencias por otra parte son muy limitadas.
Las políticas clave de la Unión en el Ártico se centran en fomentar un desarrollo sostenible, impulsando una transición hacia una economía más ecológica. Además, buscan fortalecer la resiliencia de la región frente al cambio climático y el deterioro ambiental, proteger el ecosistema marino, especialmente los recursos pesqueros, y fomentar una cooperación científica más dinámica.
Asimismo, la UE ha manifestado su disposición a cooperar con los países árticos, de los cuales solo tres son miembros de la Unión (Dinamarca, Finlandia y Suecia), y a colaborar en la valoración estratégica de los desafíos emergentes en la región, especialmente con la OTAN (de los 27 Estado Miembro de la UE, 23 son simultáneamente aliados OTAN).
Cabe recordar que la solicitud de la UE para ingresar como observadora en el Consejo Ártico ha sido rechazada, debido al veto de Canadá y Rusia, motivado en parte por desacuerdos en materia de política pesquera. Esta decisión limita la capacidad de la Unión para influir de manera directa en las decisiones multilaterales sobre el futuro de la región, además pone de manifiesto las tensiones geopolíticas existentes entre la UE y algunos actores árticos42.
El caso de Groenlandia y el interés de Estados Unidos
Tras la disolución de las coronas de Dinamarca y Noruega en 1814, Groenlandia quedó bajo control danés, y durante estos dos últimos siglos ha sufrido diversas vicisitudes para, finalmente, incorporarse de manera formal a Dinamarca en la Constitución danesa de 1953 como un condado. Se trata de una isla semiautónoma poco poblada, que desde 2009 tiene derecho a declararse independiente en referéndum, no obstante, depende en gran medida de los fondos estatales daneses43.
El interés de Estados Unidos por la isla comenzó hace mucho tiempo. En 1946, el entonces presidente estadounidense Harry Truman quiso comprar Groenlandia por 100 millones de dólares en oro. Dinamarca rechazó la oferta, pero años más tarde permitió la presencia militar estadounidense permanente44.
En 2019, Donald Trump expresó su intención de comprar Groenlandia, una propuesta que fue nuevamente rechazada por Dinamarca. Desde entonces, el interés del presidente estadounidense por la isla ha aumentado, debido a su enorme valor estratégico en el contexto ártico. Groenlandia representa una puerta de entrada clave a la región por su posición geográfica, a lo que suma su valor estratégico por los recursos clave que alberga, además de petróleo y gas, especialmente los minerales del grupo de las tierras raras. Su proximidad a las rutas marítimas emergentes del noreste y del noroeste, que bordean sus costas oriental y occidental, la convierte en un punto geoestratégico de primer orden. Esta ubicación hace que Groenlandia sea un lugar estratégico para construir centros de apoyo y abastecimiento (puertos, almacenes o estaciones de repostaje) para los barcos que navegan por las nuevas rutas del Ártico. También permitiría tener un mayor control sobre esas rutas comerciales, acceder más fácilmente a minerales importantes y reforzar la presencia militar en la región45.
Los movimientos de Donald Trump en relación con Groenlandia responden principalmente a cuestiones de seguridad. En primer lugar, la isla permite a Estados Unidos vigilar mejor el Atlántico Norte y el Polo, puesto que desde allí se controla la ruta de vuelo de los misiles intercontinentales, que sobrevuelan Groenlandia, por lo que alberga la base aérea de Thule (ahora llamada Pituffik), instalación clave para el sistema de defensa antimisiles y de alerta temprana de EE.UU.
Los recursos de Groenlandia son otro de los motivos por los que interesa a Trump. Groenlandia alberga yacimientos de oro, litio, cobre, hierro, níquel, cobalto y uranio, y el deshielo hace que sean más accesibles. Aunque hay que tener en cuenta que, por razones medioambientales, el gobierno de Groenlandia ha prohibido la explotación minera46.
Otra de las razones es el temor a una expansión por parte de China o Rusia en la isla. China ha mostrado interés en invertir en infraestructuras estratégicas en Groenlandia, lo que podría facilitarle establecer una presencia permanente bajo una apariencia civil. Por su parte, ante el aumento de la presencia militar rusa en el Ártico, Estados Unidos busca evitar que Moscú continúe reforzando su posición y obtenga una ventaja estratégica en la región47.
En definitiva, Groenlandia constituye para Estados Unidos una pieza clave cuya relevancia se ha intensificado con el deshielo. En el contexto de competencia actual entre potencias como China, Rusia y EE.UU, garantizar su presencia en Groenlandia permite a Trump anticiparse a posibles amenazas y consolidar su papel como actor dominante en la región.
Conclusiones
El Ártico se ha convertido en un escenario geopolítico prioritario debido a una combinación de factores estratégicos, económicos y medioambientales. El deshielo provocado por el cambio climático está transformando la región de un espacio inaccesible a un territorio lleno de oportunidades, pero también de tensiones. La apertura de nuevas rutas marítimas y el acceso a vastos recursos naturales ha despertado el interés de los estados árticos y de actores externos, como China.
Cada actor articula su presencia en el Ártico desde una lógica de seguridad nacional y posicionamiento geopolítico, dando lugar a un cierto deterioro de los canales de cooperación existentes. El Consejo Ártico, limitado en competencias y debilitado por el boicot a Rusia, refleja la dificultad de sostener espacios de gobernanza inclusiva en un entorno cada vez más estratégico y polarizado.
Se observa en la región una militarización progresiva y estratégica impulsada por percepciones de vulnerabilidad, competencia por los recursos y disputas de soberanía. Rusia, en particular, ha liderado este proceso, reactivando y ampliando su infraestructura militar en la región como parte de su estrategia de defensa y control de recursos. Esto ha provocado una respuesta por parte de Estados Unidos, la OTAN y otros países árticos, reactivando la dinámica de rivalidad que recuerda a los tiempos de la Guerra Fría. Paralelamente, China busca consolidar su influencia con una presencia estratégica presentada como científica y comercial, lo que añade complejidad a las relaciones multilaterales en la zona.
En definitiva, el Ártico refleja las tensiones del nuevo orden internacional, donde las preocupaciones por la seguridad militar y el acceso a recursos estratégicos están reconfigurando su papel en el tablero global.
La región se encamina hacia un equilibrio inestable en el que la cooperación y la confrontación coexisten. Su futuro permanece abierto y plantea un dilema clave: puede evolucionar hacia una cooperación reforzada o derivar en un escenario de conflicto latente, en el que la lógica de la competencia y el control territorial prime sobre el interés común. Todo dependerá de la capacidad de los actores implicados para gestionar sus intereses sin escalar las tensiones.
Mar Martinez Prieto
Alumna de "Master International Security Management" - Comillas
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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Geopolítica y relaciones de poder en el Ártico
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Geopolitics and power relations in the Arctic
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