IEEE. Geoestrategia, una renovada atención

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20 abr 2026

IEEE. Geoestrategia, una renovada atención

David Cuesta Vallina

El interés

El escenario internacional actual ha impulsado significativamente el interés por los temas relacionados con la geopolítica. Programas, libros, análisis y otros recursos accesibles al público en general han aumentado su difusión, haciendo que conceptos y teorías vinculados a este campo se hayan popularizado considerablemente. Estos temas están de moda.

Mientras que la geopolítica se centra en la interacción entre geografía y política, la geoestrategia se enfoca en el análisis estratégico. Comprender y prever la política internacional y las estrategias de las grandes potencias a través de la variable geográfica se ha vuelto no solo esencial, sino también un ámbito de formación imprescindible.

Google Trends respalda esta tendencia, al ofrecer una medición casi en tiempo real del interés social sobre diversos temas1. Esta herramienta revela las preocupaciones inmediatas de la sociedad, proporcionando información sobre los cambios en la atención colectiva. En este contexto, se observa un aumento del interés por los temas de geopolítica y geoestrategia, especialmente durante períodos de crisis, conflicto o tensión internacional. En esos momentos, los usuarios buscan información sobre guerras, actores involucrados, amenazas y consecuencias geopolíticas. Estos picos de interés suelen correlacionarse con la proximidad geográfica de los eventos y con el interés por lo que hacen esos actores globales como Estados Unidos, China, Rusia y Europa.

Por otro lado, Ngram Viewer, con su enfoque empírico sobre el lenguaje, permite rastrear la frecuencia de términos a través de los libros y a lo largo de la historia2. Esta herramienta facilita la detección de tendencias y variaciones en marcos conceptuales específicos. Los datos muestran un crecimiento sostenido desde la segunda mitad del siglo XX, con picos en torno a la Guerra Fría, el período posterior a 1989, el posterior a 2001, y otro impulso durante la década de 2010-2020, asociado a la rivalidad entre potencias y crisis sucesivas.

Estas tendencias también se reflejan en la bibliografía, que ha evolucionado y, en muchos casos, ha contribuido a popularizar la geopolítica como una disciplina cada vez más necesaria para comprender las dinámicas internacionales. En un mundo cada vez más interconectado, con rivalidades y dinámicas de poder que tienen el potencial de afectarnos a todos hasta el punto de alterar nuestro modo de vida, conceptos como geopolítica, geoestrategia o relaciones internacionales son protagonistas.

La incertidumbre como protagonista

La incertidumbre ha dejado de ser una variable residual para convertirse en un elemento estructural dentro del sistema internacional, un ecosistema complejo en el que convergen factores de todo tipo como los tecnológicos, económicos, sociales o medioambientales. En este contexto, la incertidumbre es alimentada por la combinación de los llamados cisnes negros y rinocerontes grises. Estos cisnes son eventos altamente improbables, pero que tienen un impacto disruptivo o extremo una vez materializados. Los rinocerontes grises, en cambio, son amenazas evidentes y previamente diagnosticadas, pero que no generan una respuesta estratégica adecuada hasta que se convierten en crisis abiertas.

La principal aportación de este enfoque radica en señalar que el verdadero problema no es la falta de información o análisis, sino la incapacidad sistémica para actuar de manera efectiva ante lo que ya se sabe. Actuar es más relevante que solo conocer: evita la parálisis.

Las democracias avanzadas, y especialmente las sociedades occidentales, han desarrollado una cultura política centrada en la gestión de lo inmediato, penalizando las políticas de prevención, cuyos beneficios no son siempre visibles a corto plazo. Esta dinámica favorece la normalización del riesgo y la postergación de decisiones estratégicas clave, lo que nos deja vulnerables a eventos disruptivos o a estos animales.

La pandemia de la COVID-19 constituye un ejemplo paradigmático de cisne negro funcional. Aunque la posibilidad de una pandemia global estaba contemplada en informes de organismos internacionales y centros de análisis estratégico, su impacto real superó con creces los escenarios previstos. El colapso de los sistemas sanitarios, la interrupción de las cadenas de suministro y la erosión de la confianza institucional pusieron en evidencia la fragilidad de estructuras que, a priori, se consideraban sólidas y bien preparadas.

En paralelo, la guerra de Ucrania puede entenderse como un rinoceronte gris. El deterioro progresivo de la arquitectura de seguridad europea, la militarización de la política exterior rusa y la erosión de los mecanismos de control de armamentos eran tendencias ampliamente documentadas. Sin embargo, la invasión de 2022 mostró hasta qué punto estas señales fueron asumidas como parte del paisaje estratégico, sin traducirse en una respuesta preventiva suficiente. En consecuencia, estas dinámicas de riesgo se convirtieron en eventos de crisis de gran magnitud, subrayando la necesidad urgente de repensar nuestras estrategias de prevención y respuesta.

Vivir y decidir en la incertidumbre del siglo XXI

Esta acumulación de cisnes negros y rinocerontes grises genera un efecto de saturación estratégica, lo que dificulta la capacidad de los actores internacionales para mantener posturas claras o incuestionables. La sobrecarga de eventos inesperados y amenazas visibles complica la toma de decisiones y aumenta la incertidumbre, tanto en el ámbito geopolítico como en el estratégico. Este fenómeno provoca que la cultura estratégica se vuelva más amplia y, en muchos casos, más ambigua, pues las respuestas a estos desafíos no son fáciles de delimitar ni implementar. Además, las sensibilidades sociales también se amplían, ya que las crisis y los conflictos no se limitan a una sola región o área de influencia; todo está interconectado en el siglo XXI.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2021 del Gobierno de España reconoce explícitamente esta realidad al situar la anticipación, la prevención y la resiliencia como principios rectores. Esta postura subraya la necesidad de abordar la incertidumbre de manera estructural, advirtiendo que los cambios imprevistos pueden ser tan disruptivos como las amenazas evidentes. Sin embargo, el verdadero desafío radica en trasladar este diagnóstico a políticas públicas sostenibles, que no solo respondan a los eventos a corto plazo, sino que sean capaces de mantenerse a largo plazo, facilitando la adopción de decisiones estratégicas que no se vean anuladas por el contexto inmediato. En este sentido, hacer estrategia, hacer geopolítica, significa construir marcos sólidos que sean capaces de soportar la volatilidad y las crisis recurrentes.

En cuanto a los escenarios globales con mayores consecuencias potenciales, aquellos relacionados con el sur global, como la región africana, el persistente Oriente Próximo y la reciente guerra entre Ucrania y Rusia, destacan por su complejidad e impacto. Pensar en estos escenarios dentro del marco de los cisnes negros y rinocerontes grises no nos permitirá predecir el futuro con certeza, pero sí nos preparará mejor para afrontar o convivir con la incertidumbre inherente. La capacidad de resiliencia de un país o de un actor internacional no depende de predecir cada evento disruptivo, sino más bien de su capacidad para adaptarse rápidamente a situaciones inesperadas. En un entorno caracterizado por la aceleración del cambio y la interdependencia global, la ventaja estratégica ya no pertenece a quien mejor anticipa un evento concreto, sino a quien desarrolla la mayor capacidad de adaptación sistémica. La estrategia se construye a partir de un aprendizaje continuo y de una disposición para ajustarse a lo inesperado. El desafío es ser proactivo en el conocimiento y la acción con criterio y eficacia.

Mirando al «sur». Donde hemos estado: África como foco de fragilidad

Todo pasa en África. El Magreb y el Sahel constituyen uno de los principales ejes de inestabilidad del entorno estratégico europeo y, de forma particular, del español. Lejos de tratarse de crisis coyunturales, la región presenta dinámicas estructurales de fragilidad que tienden a reproducirse y a expandirse en el tiempo.

Este espacio, caracterizado por la convergencia de debilidad estatal, violencia armada, presión demográfica, degradación medioambiental y creciente competencia geopolítica, aumenta las opciones de posibles crisis y focos de inestabilidad3.

El Sahel central se ha convertido en el epicentro de esta dinámica. El colapso progresivo de la autoridad estatal en amplias zonas de Mali, Burkina Faso y Níger ha permitido la expansión de organizaciones yihadistas que no solo actúan como actores armados, sino que desempeñan funciones cuasi-gubernamentales, proporcionando servicios básicos y articulando sistemas alternativos de gobernanza. Esta realidad cuestiona los enfoques tradicionales de seguridad, centrados exclusivamente en la neutralización militar del adversario, a la vez que propicia una visión propia de lo que significa un golpe de Estado (coup d´etat). Si nos dicen que 9 de los 10 últimos golpes de Estado, sucedidos en el mundo y que hayan obtenido cierto éxito, se han originado en África y que más de 400 se han producido en el siglo XX, posiblemente no nos sorprenda: los cisnes negros se transforman en rinocerontes grises en esta zona.

La retirada o reducción de misiones internacionales, unida al auge de regímenes militares con legitimidad limitada, han agravado la situación. No hace mucho que nuestras Fuerzas Armadas mantenían una importante contribución en el ámbito de la Misión EUTM Mali (European Union Training Mission in Mali). Su objetivo era fortalecer las capacidades del ejército de Mali para luchar contra el terrorismo y estabilizar el país, promoviendo la seguridad y el desarrollo regional. No obstante, la experiencia demuestra que la respuesta europea ha sido fragmentada y reactiva.

Para Europa, y especialmente para España, esta inestabilidad tiene consecuencias directas. La presión migratoria irregular, la amenaza terrorista, el crimen organizado… están estrechamente vinculadas a esta evolución. La proximidad geográfica convierte estos riesgos en una cuestión de seguridad inmediata tal como refleja nuestra Estrategia de Seguridad Nacional 2021 identificando el flanco sur como una prioridad estratégica. Es un rinoceronte gris estratégico, se ve venir, no actuamos y el deterioro se mantiene.

Mirando donde siempre. Donde estamos: Oriente Medio, volatilidad permanente

Oriente Medio sigue siendo una de las regiones más volátiles del sistema internacional. Lejos de avanzar hacia un marco de seguridad cooperativa, la región se caracteriza por la persistencia de conflictos no resueltos, rivalidades estratégicas y una profunda fragmentación política, lo que le ha valido el sobrenombre de «cinturón de quiebra»4.

Líbano, durante años, o Gaza, más recientemente, son nombres estrechamente vinculados a esfuerzos militares y representan escenarios paradigmáticos de guerra indirecta, donde actores tanto estatales como no estatales libran enfrentamientos en busca de sus objetivos y en función de sus propias geopolíticas.

En este escenario complejo, somos activos con la Misión Libre Hidalgo, bajo el marco de las Naciones Unidas. Con el objetivo de contribuir a la estabilidad y seguridad su tiempo está llegando a su fin5. En esta zona, los cascos y boinas azules han jugado un papel destacado desde 1974, cuando la misión UNDOF (Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación), fue desplegada en los Altos del Golán sirios6.

Actualmente, el foco se ha trasladado a Gaza, donde el esfuerzo global se centra en establecer una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) para asegurar las fronteras junto a Israel y Egipto y entrenar a la policía palestina7. La ISF podría tener otros cometidos que siempre supondrían un desafío significativo y que podrían suponer el fortalecimiento de un rinoceronte gris, un riesgo evidente, pero aún manejable.

Estos escenarios deben entenderse en su conjunto, reconociendo la proliferación de actores relevantes. Potencias como Irán proyectan su influencia a través de actores interpuestos, lo que incrementa el riesgo de errores de cálculo y escaladas no deseadas. Mientras Gaza sigue siendo un lugar marcado por ciclos de violencia, los enfrentamientos entre Israel e Irán no cesan de materializarse de diversas formas, reflejando la dificultad de alcanzar una solución política viable, mientras las capacidades militares avanzadas, incluido el factor nuclear, siguen siendo un componente crucial en la ecuación. El riesgo sigue siendo constante; el cisne negro puede surgir en cualquier rincón de esta vasta área. Esta compleja interacción de actores y eventos resalta cómo las dinámicas geopolíticas de Oriente Medio afectan no solo a las potencias regionales, sino también a los intereses internacionales.

Mirando al «Este». Donde estaremos: el retorno de la guerra a Europa

La guerra en Ucrania ha marcado el retorno de la guerra convencional de alta intensidad al continente europeo, tras décadas de predominio de conflictos asimétricos y guerras de baja intensidad. Este enfrentamiento interestatal ha revitalizado la importancia de la guerra tradicional, recuperando un lugar central en el pensamiento estratégico global. Esta situación ha alterado profundamente la arquitectura de seguridad europea, generando una nueva dinámica geopolítica que redefine el equilibrio de poderes8.

Inicialmente, la guerra ha reforzado el papel de la OTAN como el principal garante de la seguridad europea, actuando como una barrera ante posibles expansiones de la agresión rusa. Sin embargo, al mismo tiempo, ha puesto en entredicho las limitaciones de la autonomía estratégica de la Unión Europea. Se ha reabierto el debate sobre la necesidad de fortalecer la autonomía de defensa europea, una cuestión que podría redefinir el futuro de las relaciones transatlánticas cuestionadas hoy.

Además de los aspectos geopolíticos y estratégicos, este conflicto está generando una transformación en la naturaleza misma de la guerra, impulsada por el uso de capacidades militares altamente avanzadas y tecnológicas. El uso de drones, el empleo de aplicaciones digitales, la guerra electrónica y ciberataques están cambiando drásticamente la forma en que se libran los conflictos. Este escenario se está configurando como un laboratorio bélico que no solo involucra operaciones convencionales, sino también el despliegue de nuevas tácticas y tecnologías que afectan de manera directa al concepto mismo de guerra.

A pesar de la incertidumbre sobre el tiempo que pueda durar el conflicto, las potencias internacionales ya están considerando las opciones de desplegar una fuerza militar para estabilizar la región una vez finalizada la guerra, con la condición de que se logre una tregua fiable y verificable9. Esta posibilidad refleja el reconocimiento de que, incluso después de la guerra, los esfuerzos para reconstruir la seguridad y garantizar la paz en la región requerirán un compromiso militar y político sostenido. La necesidad de una nueva aproximación a la seguridad colectiva, abarcando todas las dimensiones posibles, económicas, tecnológicas y diplomáticas pueden suponer un cisne negro. Ucrania puede suponer un punto de inflexión para redefinir la geopolítica.

Un nuevo protagonista

Las amenazas conocidas, pero no adecuadamente abordadas que representan los rinocerontes grises, o los eventos de gran impacto e improbabilidad como los cisnes negros, pueden no ofrecernos la visión completa. Lo adecuado sería incluir un punto intermedio entre eventos. El término «flamenco rosa» se utiliza en algunos contextos como una metáfora para describir un evento o fenómeno altamente improbable, similar al concepto de cisne negro. Sin embargo, a diferencia del cisne negro, que se refiere a eventos impredecibles, con un impacto disruptivo masivo, aquí el impacto es menor.

La geopolítica tiene eventos improbables y, cuando ocurren, muchas veces no son tan extremos, ya que la valoración del riesgo es algo a considerar frente a cualquier desafío. Pocos esperaban una acción tan precisa en Venezuela, pero el impacto fue menor del que podría haber sido en cuanto a bajas o heridos10. La idea detrás de un flamenco rosa es que, aunque el evento o fenómeno en cuestión es poco común, es más fácil de reconocer, y puede ser algo que, aunque raro y sorprendente, es visible y susceptible de ser entendido dentro de ciertos límites. Es una forma de conceptualizar la incertidumbre que se percibe como rara pero no completamente fuera de lo posible.

El ataque del 11 de septiembre de 2001 es nuestro cisne negro clásico, nadie lo esperaba y supuso un impacto global masivo afectando a la propia geopolítica con las posteriores acciones en Afganistán e Irak que cambiaron profundamente la política internacional y la seguridad global. Su magnitud fue mucho mayor de lo anticipado.

La guerra en Oriente Medio o en Siria, una amenaza ampliamente reconocida, con señales claras de inestabilidad política y sectaria, con tensiones y protestas durante la Primavera Árabe, son nuestro rinoceronte gris. Tardó la comunidad internacional en intervenir de manera significativa. Era una amenaza evidente, pero no se actuó.

El conflicto entre Rusia y Ucrania, inicialmente (2014), fue relativamente limitado en su alcance y duración, ya había señales claras de que las tensiones entre Rusia y sus vecinos estaban creciendo, especialmente con la situación en Osetia del Sur y Abjasia (2008). La invasión rusa fue un evento raro, pero no completamente inesperado, dado el historial de disputas territoriales y las políticas de expansión rusa. Este conflicto podría ser nuestro flamenco rosa, ya que fue sorprendente pero no tan destructivo como un cisne negro y fue reconocido en su contexto geopolítico. Esperemos que la versión de 2022 no tenga un alcance desastroso que lo convierta en un cisne negro.

El «flamenco rosa»: entre lo improbable y lo previsible

La geopolítica está condicionada por actores, situaciones, geografía, historia… las variables se multiplican cuando se trata de explotar las vulnerabilidades de los adversarios. Buscar rinocerontes grises y convertirlos en oportunidades estratégicas, protegerse de los flamencos rosas o pensar atrevidamente para identificar los posibles cisnes negros puede ampliar las perspectivas de las estrategias y visiones geopolíticas.

En esas variables está China que representa el principal desafío al orden liberal internacional. Su enfoque combina expansión económica, proyección tecnológica y creciente presencia militar si bien no ha mostrado una actitud ofensiva tan clara como los Estados Unidos. En África, Pekín se ha convertido en socio económico clave; en Oriente Medio, mantiene una estrategia centrada en la estabilidad energética. En el conflicto ucraniano, adopta una postura ambigua, buscando beneficios estratégicos sin asumir costes directos.

Estados Unidos continúa siendo el actor central del sistema internacional, su nueva Estrategia de Seguridad Nacional refleja un giro hacia la competencia entre grandes potencias, con China como principal desafío y Rusia como amenaza inmediata11. Washington busca reforzar alianzas, redistribuir recursos y priorizar el Indopacífico, sin abandonar otros escenarios críticos.

En las variables también está el factor tecnológico en lo referido al desarrollo de la inteligencia artificial (IA) que podría transformar el análisis de la geopolítica mundial. A través de modelos avanzados de IA, se pueden procesar grandes cantidades de información no estructurada (como texto de noticias y medios) para obtener análisis más precisos y en tiempo real de conflictos internacionales12. Los esfuerzos para prever y clasificar eventos geopolíticos pueden dar su fruto y estar al alcance de muchos, pero será precisamente en la localización de cisnes negros donde los algoritmos fallen; la creatividad y la imaginación siguen sin poder programarse de forma fiable.

El seguimiento de noticias y su geolocalización puede aportar ganancias en tiempo, pero siguen estando alejadas de las dinámicas geopolíticas complejas, incluso en la capacidad de prever futuros eventos y de mejorar la formulación de políticas y estrategias globales basadas en un análisis más profundo de los eventos internacionales.

Conclusiones

La geopolítica contemporánea se caracteriza por un entorno de creciente complejidad e incertidumbre, el entorno manda, aunque los ejercicios de prospectiva siguen siendo necesarios a pesar de ser inherentemente imperfectos. El uso de la fauna estratégica descrita no pretende eliminar la incertidumbre; más bien, busca ofrecer un marco analítico que permita interpretarla con mayor rigor y evitar la parálisis decisoria. Pensar estratégicamente, más que anticipar con exactitud, exige criterio, capacidad de lectura contextual y disposición para actuar.

El escenario africano, y en particular el Sahel, ejemplifica la primacía de los rinocerontes grises con sus amenazas conocidas, progresivas y persistentemente ignoradas. La combinación de crecimiento demográfico acelerado, degradación medioambiental y violencia armada genera una presión estructural constante que facilita la expansión de actores armados no estatales. No se trata de dinámicas inesperadas, son consecuencias previsibles de décadas de abandono institucional y respuestas fragmentadas. La inestabilidad resultante trasciende el ámbito regional, afectando directamente a la seguridad europea, a las rutas migratorias y a las cadenas globales de suministro. El problema no es la falta de señales de alerta, se trata de su normalización.

En Oriente Medio, el riesgo adopta una lógica distinta, dominada por la posibilidad de cisnes negros. La interacción estratégica entre actores como Irán e Israel, basada en la disuasión indirecta y la confrontación encubierta, incorpora un elevado potencial de escalada asociado al factor nuclear. Un error de cálculo, una crisis interna o una respuesta desproporcionada podrían desencadenar efectos sistémicos inmediatos sobre la estabilidad regional, los mercados energéticos y el comercio internacional. En este contexto, el cisne negro no surge de la ausencia de información, más bien de la acumulación de tensiones latentes no resueltas.

A estos escenarios se suma un elemento transversal como es la intensificación de la competencia entre potencias por influencia, recursos y legitimidad. África, Oriente Medio o incluso Europa del Este deben entenderse como espacios interconectados dentro de un mismo sistema internacional, donde la retirada parcial o la falta de coordinación de algunos actores tradicionales ha abierto espacio a otros con enfoques más pragmáticos. Esta reconfiguración no implica mayor estabilidad, sino un orden más flexible, con zonas grises más amplias y márgenes de error cada vez menores. Lo que pasa en un área tiene su repercusión en las otras; todo está conectado.

El conflicto entre Rusia y Ucrania introduce una lógica intermedia, representada por los flamencos rosas. No se trata de una sorpresa extrema ni de una amenaza ignorada, en esta ocasión se refiere a una señal de cambio gradual que anticipa una nueva etapa estratégica. La posibilidad de una paz condicionada o de un conflicto congelado bajo supervisión internacional podría reducir la violencia directa, pero no resolver las causas estructurales del enfrentamiento. La transición posterior al conflicto, aunque necesaria, seguirá siendo frágil y altamente incierta.

En conjunto, estos escenarios confirman que el futuro estratégico no se manifiesta de forma homogénea. Los equilibrios son inestables, las soluciones parciales y el cansancio estratégico suelen producir pausas más que paces duraderas. La presencia internacional y el despliegue militar pueden contribuir a generar confianza y facilitar procesos de negociación, pero resultan insuficientes si no se acompañan de esfuerzos sostenidos de reconstrucción, fortalecimiento institucional y legitimidad social.

Comprender si una amenaza avanza como un rinoceronte gris, irrumpe como un cisne negro o se anuncia como un flamenco rosa aporta un valor analítico esencial. No para eliminar la incertidumbre o justificar una acción, sino para anticipar con mayor lucidez, reducir los márgenes de error y evitar respuestas meramente reactivas en un entorno internacional cada vez más volátil.

David Cuesta Vallina

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

1Búsqueda de términos de geopolítica, geoestrategia y geografía en https://trends.google.es/trends/
2Búsqueda similar en https://books.google.com/ngrams/
3SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. El Sahel: ¿también epicentro de la reconfiguración global? IEEE. 18 de marzo de 2025.
4CASTRO TORRES, José Ignacio. La tercera partición de Oriente Próximo y la cuestión siria. IEEE. 14 de enero de 2025.
8FUENTE COBO, Ignacio. Ucrania. ¿Mejor una buena guerra que una mala paz? IEEE. 18 de febrero de 2025.
12ORTIZ, Álvaro y RODRIGO, Tomasa. Análisis de la geopolítica mundial mediante inteligencia artificial (IA) y big data. Documento de Análisis IEEE 01/2025.