IEEE. Europa: una revisión de riesgos geopolíticos, económicos, sociales y climáticos

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17 jun 2025

IEEE. Europa: una revisión de riesgos geopolíticos, económicos, sociales y climáticos

Daniel Fuentes Castro. Profesor de Teoría Económica de la Universidad de Alcalá y director de KREAB Research

Introducción

Europa se enfrenta a un periodo de profundas transformaciones marcado por tensiones geopolíticas, cambios económicos, dinámicas sociales disruptivas y una crisis climática cada vez más palpable. Este capítulo pasa revisión a los principales riesgos de un contexto global marcado por la elevada incertidumbre y explora distintos escenarios estratégicos que puedan guiar a Europa hacia un futuro más sostenible y resiliente.

En el ámbito geopolítico, la rivalidad creciente entre Estados Unidos y China, como potencia emergente, interroga directamente a Europa y su papel en un mundo multipolar. Mientras tanto, la reemergencia de Rusia como actor desafiante, la guerra en Ucrania y los conflictos regionales en Oriente Próximo y África del Norte continúan generando inestabilidad en sus fronteras. A esto se suma la amenaza latente del terrorismo internacional, las nuevas formas de guerra híbrida y los ataques cibernéticos, que subrayan la necesidad de una política exterior europea coherente y efectiva, auténtica asignatura pendiente de una UE debilitada por la fragmentación interna.

En el plano económico, la pandemia del covid y la crisis energética desencadenada a raíz de la invasión rusa de Ucrania, junto con el subsiguiente episodio inflacionario, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad europea frente a las interrupciones en las cadenas de suministro y la competencia por recursos naturales estratégicos. Las desigualdades regionales, la brecha entre zonas rurales y urbanas, y el impacto de las políticas monetarias y fiscales en el crecimiento económico y la estabilidad financiera serán factores determinantes en el futuro cercano.

Aunque, en el conjunto de la eurozona, 2024 parece haber sido el punto más bajo del ciclo económico de recuperación tras la pandemia, las proyecciones económicas para 2025 y 2026 siguen siendo de crecimiento débil (con la excepción de España), a la espera de recortes sucesivos de los tipos de interés por parte del BCE y de la materialización del plan de inversiones recogido en el informe Draghi. Es necesario prestar atención a la crisis económica que atraviesa Alemania, con elementos tanto estructurales como coyunturales, y a la evolución del déficit público en Francia y su impacto en los mercados de deuda pública.

Los desafíos sociales y demográficos añaden otra capa de complejidad. El envejecimiento poblacional, la migración y las tensiones asociadas a la diversidad cultural plantean interrogantes sobre la cohesión social y el futuro de las democracias europeas. Además, el auge de movimientos populistas, alimentado por desigualdades sociales y la percepción de abandono en ciertos sectores de la población, representa una amenaza directa a los valores democráticos y a la estabilidad política en varios países del continente.

El cambio climático y los riesgos ambientales constituyen quizá el desafío más transversal y urgente. La transición energética es una prioridad para Europa no solo por la necesidad de reducir las emisiones de carbono, sino también por su dependencia de fuentes externas de energía. Este capítulo examina cómo la diversificación energética, la descarbonización y las innovaciones en movilidad sostenible pueden ayudar a Europa a cumplir sus objetivos climáticos y mitigar los efectos de un clima cambiante que ya está impactando al continente.

Por último, el capítulo explora distintos escenarios estratégicos que podrían definir el rumbo de Europa en las próximas décadas. Desde un camino de integración y consolidación hasta escenarios más pesimistas de fragmentación y declive, el análisis busca ofrecer perspectiva para anticipar riesgos y promover decisiones informadas. A través de lecciones aprendidas de crisis anteriores, como la importancia de la solidaridad entre Estados miembros, las reformas estructurales y la cohesión social, se aboga por un enfoque proactivo y coordinado para abordar los retos actuales y futuros.

El papel de Europa como actor global dependerá en gran medida de su capacidad para adaptarse a un mundo en constante transformación, equilibrando sus objetivos de crecimiento, sostenibilidad, estabilidad y cohesión interna. En este sentido, este capítulo identifica los riesgos más acuciantes y ofrece una hoja de ruta para construir un futuro más seguro y próspero para todos los europeos.

Riesgos geopolíticos
Tensiones globales y su impacto en Europa

La rivalidad EE.UU.-China y su impacto en Europa

La creciente rivalidad entre Estados Unidos y China es un determinante principal de la geopolítica global con implicaciones directas para Europa. Estados Unidos, que históricamente ha sido el principal aliado de Europa en cuestiones de seguridad, ha centrado sus esfuerzos en contrarrestar el ascenso de China como potencia global. Este cambio estratégico viene generando una incertidumbre creciente sobre el compromiso de EE.UU. con la seguridad europea a largo plazo que se acentúa tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y que es el reflejo de una dinámica de competencia estratégica que coloca a Europa en una posición delicada.

  • Trump ha propuesto aranceles universales del 10% y medidas específicas contra exportaciones europeas como los automóviles, lo que supone un riesgo para la relación comercial transatlántica, que alcanzó un valor de 1,6 billones de euros en 2023.
  • En el ámbito de defensa, su escepticismo hacia la OTAN y una eventual reducción del apoyo a Ucrania podrían obligar a la UE a asumir mayores responsabilidades en seguridad.
  • Por otro lado, su retirada del Acuerdo de París en el pasado y su postura escéptica frente al cambio climático podrían debilitar los esfuerzos globales de descarbonización, dejando a la UE como líder solitario en esta agenda.

China, por su parte, ha expandido su influencia global no solo en Asia, sino también en Europa a través de inversiones en infraestructuras clave, como el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, y su presencia pujante en los mercados tecnológicos. Distintos informes del European External Action Service (EEAS)1 destacan cómo esta estrategia ha sido diseñada para ganar influencia en sectores críticos y advierten de las dependencias económicas y la falta de oportunidades para empresas europeas. Aunque muchos países europeos, incluida España, han buscado fortalecer las relaciones comerciales con China, el auge de la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China coloca a Europa en una situación vulnerable al tener que equilibrar su relación con ambos actores globales.

Las políticas económicas y comerciales de China, en especial su enfoque hacia el control de suministros estratégicos y el desarrollo tecnológico, están remodelando las dinámicas globales. Según el Economic Outlook 2024 de la OCDE2, estas políticas afectan directamente a los intereses económicos de Europa, que se enfrenta al dilema de asegurar sus intereses sin comprometer su autonomía geopolítica ni su capacidad para formar alianzas estratégicas con potencias occidentales. El riesgo de que Europa se vea atrapada en un conflicto de intereses entre Estados Unidos y China es significativo, y España no es ajena a esta presión.

El resurgir de Rusia como potencia desafiante

El regreso de Rusia como una potencia desafiante para Europa ha sido uno de los desarrollos más significativos en la geopolítica global en las últimas dos décadas. La invasión rusa de Ucrania ha marcado un punto de inflexión en las relaciones internacionales y deja al descubierto las vulnerabilidades de Europa frente a las agresiones militares externas. Para España y el resto de Europa, este conflicto ha tenido un impacto directo en términos de seguridad energética, flujos migratorios y estabilidad política interna.

Rusia, bajo el liderazgo de Vladimir Putin, ha adoptado una postura cada vez más agresiva, utilizando su poder militar y energético como herramientas para influir en la política europea. Según el informe anual de la OTAN 20233, esta estrategia ha revelado la insuficiencia de Europa para prepararse ante amenazas militares directas en su vecindad inmediata. A pesar de la existencia de la Alianza como un garante de seguridad colectiva, la creciente tensión con Rusia pone en evidencia la necesidad de fortalecer las capacidades defensivas y las estrategias de disuasión.

España, en su papel de miembro de la OTAN y de la UE, se ha visto afectada no solo por los desafíos directos de seguridad, sino también por las repercusiones económicas de las sanciones impuestas a Rusia, especialmente en los sectores de la energía y el comercio. Las interrupciones en el suministro de gas y el aumento de los precios de la energía han tenido un impacto directo en la economía española, exacerbando las tensiones sociales y económicas ya existentes. Diversos informes de la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA)4 subrayan el aumento de ciberamenazas provenientes de Rusia que representan un desafío continuo para la seguridad cibernética de los países europeos.

Conflictos regionales y terrorismo internacional
Conflictos en Oriente Próximo y África del Norte

Los conflictos prolongados en Oriente Próximo y África del Norte siguen siendo una fuente importante de inestabilidad global con implicaciones directas para Europa.

La guerra en Gaza es de gran relevancia para la Unión Europea tanto en el plano internacional como en el ámbito doméstico. La inestabilidad en la región puede tener efectos directos sobre la seguridad en Europa incrementando el riesgo de terrorismo y actividades extremistas dentro de sus fronteras. Además, las tensiones internas en la UE se han intensificado debido a las diferencias en cómo responder al conflicto, lo que podría fortalecer movimientos de extrema derecha y generar mayor islamofobia. La crisis humanitaria también podría provocar un aumento en los flujos migratorios hacia Europa, lo que pondría a prueba las políticas de migración y gestión de fronteras de los países miembros.

A lo anterior se suma la evolución de la guerra civil en Siria, el conflicto enquistado en Libia y las tensiones en el Sahel africano.

España, debido a su proximidad geográfica, está en la primera línea de los efectos derivados de estos conflictos, especialmente en relación con los flujos migratorios y la seguridad fronteriza. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), solo entre enero y septiembre de 2023 se registraron 281.924 personas que partieron desde el norte de África hacia Europa en viajes marítimos irregulares5.

La amenaza del terrorismo internacional

El terrorismo internacional sigue siendo una de las amenazas más persistentes para Europa. Aunque los grandes atentados terroristas de los últimos años han disminuido en número, la radicalización y el extremismo violento siguen representando riesgos para la seguridad interna de los países europeos. Los ataques perpetrados por grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico han dejado una huella profunda en la memoria colectiva de Europa y continúan motivando políticas de seguridad estrictas.

El fenómeno del terrorismo yihadista sigue siendo una preocupación, especialmente en países como España, que ha sido objetivo de grupos terroristas en el pasado. La radicalización de jóvenes musulmanes en las grandes ciudades europeas, exacerbada por la falta de integración social y económica, sigue siendo un desafío significativo para la cohesión interna y la seguridad. Además, el fenómeno de los lobos solitarios, personas radicalizadas que actúan de forma aislada, ha generado un nuevo tipo de amenaza difícil de predecir y prevenir.

Desafíos en ciberseguridad y guerra híbrida
Aumento de las ciberamenazas

La ciberseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los Gobiernos europeos debido al aumento de los ataques cibernéticos y las guerras híbridas. Los ciberataques, tanto de actores estatales como de grupos criminales, están diseñados para desestabilizar a los países y afectar su infraestructura crítica, incluidos los sistemas financieros, energéticos y de salud.

La guerra cibernética se ha convertido en una herramienta clave en las estrategias geopolíticas, con Rusia y China a la vanguardia de las ciberamenazas. Según la ENISA6, estas amenazas son cada vez más sofisticadas y afectan tanto a entidades públicas como privadas. En el caso de España, las amenazas cibernéticas se han intensificado en los últimos años, con ataques dirigidos a infraestructuras críticas.

El global cybersecurity index (GCI), elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), evalúa el nivel de preparación de los países en términos de ciberseguridad. Según el GCI de 2024, aunque muchos países han avanzado en términos de ciberseguridad, aún existen brechas significativas en áreas clave como la legislación, las medidas técnicas y el desarrollo de capacidades7.

La Unión Europea necesita fortalecer sus defensas cibernéticas a través de una mayor cooperación pública y privada, además de impulsar la formación de personal especializado para hacer frente a los ataques cibernéticos. Sin embargo, la naturaleza cada vez más sofisticada de los ataques, que a menudo provienen de actores no estatales o de Estados con intenciones subrepticias, hace que la lucha contra estos riesgos sea extremadamente compleja.

Estrategias de guerra híbrida

La guerra híbrida, que combina tácticas convencionales y no convencionales (como desinformación, ciberataques y operaciones encubiertas), es otro de los desafíos clave para la seguridad de Europa. La amenaza de las campañas de desinformación y manipulación mediática ha crecido, especialmente por parte de Rusia, con el objetivo de desestabilizar las democracias europeas y socavar la confianza en las instituciones. Estos ataques a la cohesión interna de los países miembros de la UE son un riesgo latente para la estabilidad social y política.

España, al igual que otros países europeos, ha sido blanco de operaciones de desinformación y fake news que han tenido un impacto directo (difícil de estimar) en los procesos electorales, la polarización social y la opinión pública. La manipulación de las redes sociales y los medios de comunicación digitales se ha convertido en una herramienta poderosa para influir en la política interna y externa de los países, y es necesario fortalecer las capacidades de defensa en este ámbito.

La política exterior europea: un desafío para la coherencia estratégica
Una Europa fragmentada

Las tensiones entre los países del este y el oeste de Europa, las diferencias en las políticas migratorias y el creciente auge de movimientos populistas y nacionalistas son claros ejemplos de cómo las dinámicas globales afectan la cohesión interna de la UE. Distintas notas del European Council on Foreign Relations (ECFR) analizan desde hace años cómo estas tensiones dificultan la acción conjunta en la política exterior europea8.

El Brexit ha sido una clara muestra de cómo las tensiones internas en Europa, exacerbadas por el descontento hacia la UE, pueden llevar a la salida de un miembro clave. Este evento ha generado incertidumbre económica y política, y ha planteado preguntas sobre el futuro de la integración europea. Los movimientos populistas en países como Hungría, Polonia, Italia y, en menor medida, en España, también reflejan una creciente desconfianza hacia las instituciones europeas y su capacidad para gestionar crisis globales.

Este ambiente de desconfianza se ve agravado por la competencia tecnológica entre Europa, Estados Unidos y China, en especial en sectores estratégicos como la inteligencia artificial (IA), las telecomunicaciones (5G) y la ciberseguridad. En el informe presentado durante la reunión anual de 2024 en Davos, el World Economic Forum (WEF) subrayó que Europa necesita invertir más en tecnologías limpias, inteligencia artificial, semiconductores y otros sectores estratégicos. Además, se enfatizó la importancia de equilibrar las colaboraciones internacionales con la reducción de dependencias en las cadenas de valor críticas.

La política exterior común: un camino lleno de desafíos

La política exterior y de seguridad común (PESC) de la UE fue diseñada para promover la paz, la estabilidad y los derechos humanos a nivel global. Sin embargo, la aplicación de esta política ha sido un desafío constante debido a las diferencias políticas entre los Estados miembros, que varían según su historia, ubicación geográfica y prioridades económicas.

La falta de una postura unificada ante crisis globales, como el conflicto israelí-palestino, la guerra en Ucrania o la crisis en Siria, ha debilitado la influencia de la UE en la escena internacional. La incapacidad de la UE para dar una respuesta contundente a la agresión rusa de 2022 o a la desproporcionada reacción de Israel ante los atentados de Hamás de octubre de 2023, por ejemplo, ha dejado en evidencia la necesidad urgente de avanzar hacia una política exterior más coherente y menos dependiente de las dinámicas entre los diferentes Estados miembros.

Además, el creciente populismo dentro de la UE, que pone en duda los valores fundamentales de la integración europea, complica aún más la creación de una estrategia exterior cohesionada. A pesar de esto, la UE sigue siendo una potencia global en términos de comercio y diplomacia, y su capacidad para influir en la agenda global, en especial en áreas como el cambio climático, los derechos humanos y la paz, continúa siendo considerable.

Riesgos económicos y financieros
Impactos económicos globales y regionales

La crisis energética y el impacto en la inflación

En los últimos años, Europa ha afrontado la mayor crisis energética desde la década de 1970 marcada por el aumento de los precios del gas y la electricidad, así como por la inflación resultante. Esta situación ha sido exacerbada por tres factores: los cuellos de botella en la cadena global de suministros en la fase de recuperación de la crisis del covid, la invasión rusa de Ucrania y la (hasta entonces) demasiado lenta transición hacia energías renovables.

En Alemania, la dependencia del gas ruso (que representaba el 55% del suministro antes del conflicto) agravó la situación cuando el abastecimiento se interrumpió. En 2022, los precios del gas en la UE aumentaron un 1000% en relación con los valores históricos9, lo que contribuyó a una inflación récord del 10,4% en octubre de ese año según el índice armonizado de precios al consumo (HICP). Para mitigar los efectos, el gobierno alemán aprobó un fondo de 200.000 millones de euros para subsidiar los costos energéticos y apoyar a hogares y empresas, lo que requirió la suspensión temporal de un límite constitucional al endeudamiento público10. En 2024, la inflación ha estado en torno al objetivo de 2% del BCE, con un mínimo del 1,6% en septiembre.

Francia, menos dependiente del gas ruso debido a su amplia infraestructura nuclear, experimentó también tensiones en el mercado energético. Problemas de mantenimiento en varias plantas nucleares redujeron la capacidad de generación, lo que obligó a importar electricidad. Esto contribuyó a que la inflación fuera del 6,2% en octubre 2022, la más alta en décadas. El Gobierno francés limitó el aumento de tarifas de electricidad al 4% y ofreció ayudas a los hogares más afectados. En 2024, la inflación ha estado en torno al objetivo de 2% del BCE, con un mínimo del 1,2% en septiembre.

En conjunto, la eurozona alcanzó un máximo histórico de inflación del 10,6% en octubre de 2022. La crisis ha llevado a Europa a priorizar la transición energética mediante iniciativas como REPowerEU, que busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles rusos y fomentar el uso de renovables.

Desigualdades regionales y brecha campo-ciudad

Una de las consecuencias más preocupantes de la sucesión de crisis económicas de los últimos quince años (crisis financiera internacional de 2008, crisis del euro de 2012, crisis del covid 2020 y crisis inflacionaria de 2022) es la profundización de las desigualdades económicas, tanto dentro de los países como entre ellos. Estas desigualdades se reflejan en diferencias de ingresos, acceso a servicios básicos y oportunidades laborales que afectan tanto a la cohesión social como al desarrollo económico sostenible.

A nivel regional, existe una marcada diferencia en el PIB per cápita entre las regiones más desarrolladas del norte y oeste de Europa y las menos desarrolladas del este y el sur. En 2023, el PIB per cápita de Luxemburgo fue el más alto de la Unión Europea, situándose un 139% por encima del promedio de la UE, mientras que Bulgaria registró el más bajo, un 36% por debajo del promedio, según datos de Eurostat. Estas disparidades se ven agravadas por diferencias en la inversión en infraestructuras, educación y tecnología entre regiones.

De este modo, por ejemplo, la desigualdad económica entre el este y el oeste de Alemania persiste décadas después de la reunificación. Según el Instituto Halle para la Investigación Económica (IWH), los ingresos medios en el este del país son aproximadamente un 16% inferiores a los del oeste, y la productividad laboral también es menor en las regiones orientales.

La brecha campo-ciudad también constituye una preocupación creciente. En áreas rurales, las tasas de empleo son generalmente más bajas, con un acceso limitado a servicios esenciales como educación y atención médica. La disparidad de riesgo de pobreza o exclusión social en regiones rurales sigue siendo significativa y destaca en países como Rumanía y partes del sur de Italia, donde las tasas son especialmente altas. En contraste, en muchas capitales europeas, los niveles de riesgo son bastante menores debido a mejores oportunidades económicas y el acceso a servicios11.

Además, la digitalización y la automatización están cambiando con rapidez los mercados laborales, lo que implica nuevos desafíos para la capacitación y la reestructuración de las economías nacionales. El riesgo de que grandes sectores de la población se queden atrás en este proceso es elevado, en especial para aquellos que trabajan en empleos poco cualificados o en industrias que están siendo reemplazadas por tecnologías más eficientes.

Competencia por los recursos naturales

El creciente nacionalismo económico y la competencia por los recursos naturales es una tendencia geopolítica que afecta a Europa en su transición hacia un futuro más sostenible. A medida que los recursos naturales, como los metales raros necesarios para las tecnologías de energías renovables y la electrificación del transporte, se vuelven más escasos y demandados, las tensiones geoeconómicas entre las grandes potencias globales, como Estados Unidos, China y la Unión Europea, se intensifican12.

España, con su creciente enfoque en energías renovables y su apuesta por la electrificación de la economía, se enfrenta a la necesidad de asegurar el acceso a recursos críticos como el litio, el cobalto y el grafito, que son esenciales para la fabricación de baterías y otros dispositivos tecnológicos. La dependencia de China en el suministro de estos materiales presenta un riesgo significativo para la seguridad económica de Europa. De hecho, las políticas proteccionistas de algunos países han hecho que las cadenas de suministro globales se vuelvan más frágiles y que se genere un entorno de competencia más agresivo por el acceso a estos recursos.

Situación económica y previsiones
Proyecciones económicas para 2025

El Banco Central Europeo (BCE) prevé, para 2025 y 2026, un crecimiento moderado de la economía de la zona euro, con tasas del 1,4% y 1,6% respectivamente apoyadas en la mejora de la demanda interna y un entorno de inflación más controlado13. La inflación general, medida por el índice armonizado de precios al consumo (IAPC), se proyecta en el 2,2% en 2025 y en el 1,9% en 2026, con lo que se acerca al objetivo del BCE del 2%. Esto refleja una disminución de las presiones inflacionarias, especialmente en alimentos y energía, gracias a la estabilización de los precios de materias primas y una moderación de los costes laborales.

Entre los riesgos para estas proyecciones se destacan las tensiones geopolíticas, como la intensificación del conflicto en Ucrania o la escalada en Oriente Próximo, que pueden desestabilizar los mercados energéticos. Además, los efectos del cambio climático, como eventos climáticos extremos, representan una amenaza para la estabilidad económica. En el plano interno, los problemas estructurales en la industria manufacturera y un ajuste fiscal más severo de lo previsto podrían ralentizar el crecimiento.

Como fortalezas, el mercado laboral continúa mostrando resiliencia, con tasas de desempleo históricamente bajas en torno al 6,3% en la zona euro. Asimismo, las políticas monetarias del BCE han moderado la demanda de crédito y han contribuido a una reducción gradual de la inflación sin generar un impacto desproporcionado en el crecimiento económico.

En cuanto a los tipos de interés, han registrado una moderación reciente gracias a la caída de la inflación, que se acerca al objetivo del 2% del BCE, y a la necesidad de dar oxígeno al débil crecimiento económico. En su última reunión de 2024, el BCE recortó el tipo de depósito hasta el 3% y las proyecciones actuales indican que podría situarse en torno al 2% o 2,25% a finales de 2025.

En contraste, los mercados prevén menos recortes para la Fed en 2025 que para el BCE, lo que refleja la mayor fortaleza de la economía estadounidense y la necesidad de mantener una postura vigilante frente a la inflación al otro lado del Atlántico. En todo caso, persiste cierta coordinación indirecta entre las políticas monetarias del BCE y la Fed, aunque con diferencias que pueden ser significativas en sus ritmos y objetivos en función de la coyuntura de cada área económica.

Los informes Letta y Draghi: Europa necesita inversión

El informe Letta y el informe Draghi, ambos publicados en 2024, coinciden en la urgencia de adoptar medidas integradas y ambiciosas para garantizar el futuro económico y social de la Unión Europea.

El informe Letta14, encargado por el Consejo Europeo, aborda la modernización del mercado único europeo. Letta propone añadir una «quinta libertad» al mercado único, la libre circulación de conocimiento y creatividad, como base para adaptarse a los retos de una economía digital y verde. También sugiere reforzar la integración financiera, energética y en telecomunicaciones, y simplificar la regulación para fomentar la competitividad empresarial. Este mercado único debe impulsar la cohesión social, facilitar empleos de calidad en las comunidades locales y garantizar que las ampliaciones de la UE sean planificadas y sostenibles.

Letta señala una importante vulnerabilidad del mercado de capitales europeo: la existencia de un ahorro privado abundante que, en la actualidad, está financiando inversión en otras áreas, concretamente en EE.UU.

En cuanto al informe Draghi15, encargado por la Comisión Europea, centra su análisis en la productividad y competitividad de la UE frente a Estados Unidos y China. Draghi destaca la necesidad de invertir 800.000 millones de euros anuales (lo que representa en torno al 5% del PIB europeo) para cerrar la brecha tecnológica y mejorar la productividad, clave para sostener el modelo social europeo. Plantea medidas como reforzar la independencia tecnológica y energética, crear una unión de mercado de capitales más sólida y priorizar la innovación en sectores estratégicos.

Draghi propone financiar su plan de inversiones a través de la emisión de deuda común en el ámbito de la Unión Europea y siguiendo el modelo del programa NextGenerationEU implementado durante la pandemia de covid-19. La propuesta cuenta con resistencia por parte de algunos países, como Alemania y Países Bajos, que temen cargas fiscales desproporcionadas y argumentan que los problemas estructurales de algunos Estados no se resolverán mediante endeudamiento conjunto.

La deuda pública y sus riesgos para la estabilidad financiera

La deuda pública en la eurozona sigue siendo un tema central para la estabilidad económica, en especial por los desafíos asociados al cumplimiento de las normas fiscales de la Unión Europea y en el contexto de las necesidades de inversión señaladas en los informes Letta y Draghi. Francia destaca como un caso preocupante debido a su alto déficit público, que cerrará 2024 por encima del 6% del PIB, y a su trayectoria creciente de deuda, por encima ya de 122% del PIB.

El elevado gasto público francés, que representa casi el 60% del PIB (el más alto de Europa), y la inestabilidad política dificultan la implementación de las reformas necesarias. El efímero Gobierno Barnier propuso ajustes por 60.000 millones de euros combinando recortes y aumentos de impuestos que fueron rechazados en la moción de censura que puso fin a su paso por Matignon y que, de facto, ha supuesto la prórroga de los actuales presupuestos para el ejercicio 2025.

Aunque el riesgo de una crisis de deuda soberana generalizada en la eurozona es actualmente bajo, la situación francesa podría tener repercusiones. Su prima de riesgo ha superado incluso a la de Grecia, lo que refleja la preocupación de los mercados. Además, la Comisión Europea ha reactivado los procedimientos por déficit excesivo, lo que obligará a Francia a aplicar ajustes más estrictos en los próximos años para evitar tensiones financieras en toda la región. 

Riesgos sociales y demográficos
Cambios demográficos y desafíos para la cohesión social

Envejecimiento de la población

Uno de los riesgos sociales más europeos es el envejecimiento de la población. En muchos países, como España, Italia, Grecia y Alemania, la proporción de personas mayores está aumentando con rapidez, mientras que la población joven se mantiene estable o disminuye. Este fenómeno demográfico tiene implicaciones profundas para los sistemas sociales, económicos y políticos, ya que implica una presión creciente sobre las pensiones, los sistemas de salud y la fuerza laboral.

El envejecimiento de la población requiere una adaptación de las políticas públicas, ya que el número de personas dependientes en Europa aumentará significativamente en las próximas décadas. Esto se traduce en una mayor demanda de servicios de salud, cuidado de ancianos y gasto en pensiones, lo que podría generar una presión insostenible sobre los presupuestos nacionales, como señala el Ageing Report 2024 de la Comisión Europea16. En España, por ejemplo, se espera que la población mayor de 65 años alcance casi el 30% de la población total para 2050, lo que obligará a revisar en profundidad las fuentes de financiación de las políticas de bienestar social y salud pública.

El desafío radica no solo en la gestión del envejecimiento, sino también en cómo mantener una fuerza laboral activa que pueda sostener el crecimiento económico del continente. Los sistemas de pensiones de reparto, habituales en Europa, son particularmente vulnerables al envejecimiento de la población, ya que requieren una base amplia de trabajadores activos. Dadas las actuales proyecciones de crecimiento vegetativo, la evolución de los flujos de inmigración cobra una importancia crítica, como viene señalando el International Migration Outlook de la OCDE en sus distintas actualizaciones. 

Migración y diversidad: oportunidades y tensiones sociales

En paralelo al envejecimiento de la población, la migración sigue siendo un fenómeno clave en Europa. Si bien la migración puede ser vista como una oportunidad para rejuvenecer la población y fortalecer la economía, también genera desafíos significativos en términos de cohesión social, integración cultural y gestión política.

Desde 2022, España experimenta un boom migratorio proveniente de países como Venezuela, Marruecos, Ucrania, países latinoamericanos y el este de Europa. Este fenómeno contribuye, en parte, a explicar el mayor crecimiento de la economía española en comparación con el promedio europeo y, de manera particular, en sectores como la agricultura, el turismo y los servicios en general.

La migración pone a prueba la capacidad de los países receptores para integrar a los recién llegados de manera efectiva y mitigar posibles tensiones sociales y políticas, lo que en cierta medida depende también de la adaptación de los servicios públicos básicos (educación, sanidad, transporte, etc.) al aumento de la población en las zonas más tensionadas.

En algunos países de Europa, los movimientos nacionalistas y populistas han explotado la cuestión de la inmigración como una forma de capital político argumentando que la inmigración masiva pone en peligro la identidad cultural y la seguridad social. Estos movimientos han ganado terreno en naciones como Hungría, Polonia y, en menor medida, España e Italia, lo que genera una creciente polarización social.

El desafío de la integración social no es solo un asunto económico o cultural, sino también una cuestión política. La UE ha desarrollado políticas para gestionar la inmigración, como el Pacto sobre Migración y Asilo, pero la falta de una estrategia común y el creciente desacuerdo entre los Estados miembros sobre la distribución de los refugiados y migrantes ha dificultado una respuesta eficaz. La Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) destaca en su Fundamental Rights Report de 2023 los retos de garantizar la inclusión y los derechos fundamentales de los migrantes.

Desigualdad social: riesgo de fragmentación interna

La desigualdad económica en Europa ha mostrado una evolución diversa según las regiones y las políticas implementadas. De acuerdo con el World Inequality Lab, en Europa el 10% más rico captura el 58% de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre solo posee el 4%. Esto refleja una concentración significativa de recursos, aunque menor en comparación con regiones como América Latina, donde el 10% más rico posee hasta el 77%.

En términos de ingresos, Europa se caracteriza por una menor desigualdad gracias al fuerte papel redistributivo del estado de bienestar. Sin embargo, se observa que la proporción de personas en riesgo de pobreza ha aumentado en dos tercios de los Estados miembros entre 2006 y 2021, y el tamaño de la clase media ha disminuido en varios países. Este fenómeno afecta particularmente a jóvenes, personas con bajo nivel educativo y familias monoparentales, exacerbado por el encarecimiento de la vivienda y los efectos de la inflación reciente.

Fortalezas como el acceso a políticas sociales permiten mitigar estos impactos, pero se necesita fortalecer la progresividad fiscal y ampliar las coberturas a los más vulnerables. A largo plazo, esto será clave para enfrentar desigualdades estructurales y garantizar cohesión social en la región.

Esta desigualdad no solo es económica, sino también geográfica, ya que las zonas rurales y las regiones del sur de Europa sufren de una menor inversión crónica. La desigualdad educativa y la falta de acceso a la vivienda son factores que agravan la polarización social y que pueden contribuir al descontento social y a la creciente radicalización política.

La vivienda: cuello de botella para la emancipación

El acceso a la vivienda es un desafío significativo para los jóvenes en Europa que ha sido afectado por el aumento de los precios y la escasez de la oferta disponible en el mercado. Según Eurostat, en 2023 el 10,1% de los jóvenes (15-29 años) destinaban más del 40% de sus ingresos disponibles al gasto en vivienda, un nivel superior al promedio general del 8,9% en la UE. Países como Grecia (31,1%), Luxemburgo (27,5%) y Dinamarca (27,3%) presentaron las mayores tasas de sobrecarga de costos habitacionales para este grupo de edad.

Según Eurostat, los precios de la vivienda en Europa han aumentado un 48% desde 2010, con un impacto desproporcionado en los jóvenes. De hecho, el porcentaje de jóvenes entre 25 y 34 años que aún viven con sus padres ha crecido notablemente en los últimos años. Por ejemplo, en Irlanda, este porcentaje pasó del 27% al 40% entre 2017 y 2022, mientras que en España aumentó del 35% al 42%. Factores como el incremento de los precios de alquiler, las dificultades de acceso a la vivienda en propiedad y el auge de plataformas de alquiler vacacional exacerban esta situación.

El hacinamiento también es un problema crítico: el 17% de los jóvenes en la UE vivían en condiciones de hacinamiento en 2023. En países como Rumanía y Bulgaria, esta cifra se eleva al 68,3% y 51,6% respectivamente entre los jóvenes de 15-19 años, lo que refleja una desigualdad marcada entre países y grupos de edad17.

Estas tendencias subrayan la necesidad de políticas públicas enfocadas en aumentar la oferta de viviendas asequibles y mejorar las condiciones de acceso para las generaciones jóvenes.

Movimientos populistas y el desafío a las democracias europeas
El ascenso de los movimientos populistas

Europa ha visto en los últimos años un resurgimiento de los movimientos populistas, tanto de extrema derecha como de izquierda, que desafían las instituciones democráticas y la cohesión política de la UE. Estos movimientos se alimentan de la frustración de la ciudadanía ante la pérdida de poder adquisitivo, la inmigración y el fracaso de los partidos tradicionales para resolver problemas económicos y sociales (en unos casos enquistados desde la crisis financiera internacional de 2008, en otros provocados por la crisis del covid y, más recientemente, los generados a raíz de la crisis energética de 2022).

En España, el auge de partidos como Vox, con su retórica nacionalista y antiinmigración, refleja una tendencia más amplia en Europa, donde el descontento con el statu quo ha llevado a un aumento del voto a partidos que se oponen a la integración europea, la globalización y la inmigración. Algunos países de Europa central y oriental, como Polonia y Hungría, han adoptado políticas más autoritarias que desafían los principios democráticos y valores fundamentales de la UE, como el estado de derecho o los derechos humanos18.

Los movimientos populistas están erosionando la confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas y los mecanismos de gobernanza europea. Este creciente desinterés por los partidos tradicionales y las estructuras políticas formales puede llevar a una deslegitimación del sistema democrático, lo que aumentaría el riesgo de inestabilidad política y polarización en el futuro. La crisis del Brexit es un ejemplo claro de cómo el descontento popular con las instituciones europeas puede tener consecuencias profundas.

Inestabilidad política en Alemania y Francia

En 2024, tanto Alemania como Francia han vivido crisis políticas que reflejan la creciente inestabilidad en sus sistemas de gobierno y la presión paulatina de los populismos. En Alemania, el colapso de la coalición de gobierno tripartita liderada por Olaf Scholz ha llevado a la convocatoria de elecciones anticipadas previstas para principios de 2025. Esta ruptura se debió a discrepancias fiscales irreconciliables entre los miembros de la coalición en un contexto de desaceleración económica y presión de la ultraderecha, cuyo apoyo se ha incrementado especialmente en el este del país.

Por otro lado, en Francia, la moción de censura contra el primer ministro Michel Barnier apenas tres meses después de su nombramiento y la posterior designación de François Bayrou ha conducido a un escenario de parálisis legislativa. La falta de consenso en la Asamblea Nacional impide la formación de un Gobierno estable mientras el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen continúa ganando terreno y capitalizando el descontento social tras la controvertida reforma de las pensiones de 2023 y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.

No es descartable que, además de las elecciones en Alemania, puedan celebrarse nuevas elecciones legislativas en Francia en 2025 si la situación de bloqueo parlamentario se mantiene. Ambos países podrían ver cómo se consolidado el apoyo a partidos populistas, lo que complica la gobernanza y desafía la estabilidad política en el núcleo de la Unión Europea.

Riesgos ambientales y climáticos
El reto energético: transición y dependencia externa

El desafío de la transición energética en Europa

Aunque la UE ha sido pionera en la implementación de políticas climáticas, como el Pacto Verde Europeo y el objetivo de alcanzar la neutralidad en carbono para 2050, la transición hacia energías renovables presenta obstáculos significativos: la falta de infraestructura adecuada, la dependencia de fuentes de energía tradicionales (como el gas y el petróleo) y la necesidad de realizar fuertes inversiones en tecnologías limpias.

En el caso de España, aunque el país ha sido uno de los líderes europeos en el desarrollo de energías renovables, en concreto en energía solar y eólica, persisten desafíos estructurales. El sistema energético sigue siendo dependiente del gas natural, en gran parte debido a la interconexión insuficiente con otros países europeos. Esta falta de infraestructura hace que España dependa en gran medida de las importaciones de gas, particularmente de Rusia, lo que expone al país a riesgos derivados de las fluctuaciones de los precios internacionales y las políticas de los países proveedores. La Agencia Internacional de Energía (AIE) destaca en su reporte World Energy Outlook la importancia de diversificar estas fuentes y reforzar las infraestructuras energéticas para minimizar riesgos.

El aumento de los precios de la energía, exacerbado por la guerra en Ucrania y la política energética de Rusia, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de Europa a los choques externos en el mercado energético. La creciente dependencia de fuentes externas, como el gas natural y el petróleo, pone a prueba la seguridad energética de la UE y de España. La crisis energética global ha generado una fuerte presión sobre los hogares europeos, que han visto cómo han aumentado sus facturas de electricidad y gas, lo que a su vez afecta al bienestar social y a la competitividad económica.

Diversificación de fuentes y geopolítica energética

Europa ha comenzado a diversificar sus fuentes de energía para reducir la dependencia de Rusia. España juega un papel clave en esta estrategia, ya que cuenta con una de las infraestructuras de gas natural licuado (GNL) más desarrolladas de Europa, lo que le permite importar gas de diferentes partes del mundo, incluyendo Estados Unidos, Qatar y Argelia. Estas infraestructuras son críticas para la resiliencia energética de la región.

Además, España se ha posicionado como un líder en la generación de energía renovable, y la inversión en fuentes de energía como la solar fotovoltaica y la eólica continúa en aumento. Este cambio hacia fuentes más sostenibles también está alineado con los objetivos de la UE para reducir las emisiones de CO2 y cumplir con el Acuerdo de París.

Sin embargo, el desafío de la interconexión energética sigue siendo un obstáculo importante. La falta de una red de infraestructuras transfronterizas suficientemente desarrollada entre España y sus vecinos hace que la energía renovable que se produce en el país no siempre pueda ser aprovechada por otros países de la UE. Esta limitación impide que España desempeñe un papel aún más destacado en la transición energética europea y reduce la eficiencia de la distribución de energías renovables.

En cuanto a la energía nuclear, las posiciones políticas en Europa están divididas: algunos Estados la consideran parte de la transición verde, mientras otros la ven como una solución temporal o inadecuada para los desafíos energéticos actuales. Francia la considera esencial para descarbonizar y garantizar la seguridad energética. Al contrario, Alemania ha cerrado sus plantas nucleares y prioriza las renovables citando preocupaciones por la seguridad y los desechos. Países como Suecia y Finlandia apoyan su uso, mientras que España y Austria rechazan nuevos proyectos.

Descarbonización de la economía europea

La descarbonización de la economía es una de las respuestas más urgentes que Europa debe implementar para mitigar los efectos del cambio climático. La transición energética hacia fuentes de energía renovables, como la solar, la eólica y la hidráulica, es fundamental para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y alcanzar los objetivos climáticos del Acuerdo de París. Sin embargo, esta transición presenta importantes desafíos tanto en lo que se refiere a las infraestructuras como a la inversión.

En los últimos años, Europa ha hecho grandes avances en el desarrollo de energías renovables y la UE se ha comprometido a alcanzar una neutralidad climática para 2050. No obstante, la transición hacia una economía verde requiere una transformación completa de los sectores energético, industrial y de transporte, lo que implica inversiones sustanciales en infraestructuras, tecnologías limpias y políticas de innovación.

A pesar del potencial de las energías renovables, el cambio hacia una matriz energética limpia no está exento de riesgos. La dependencia de fuentes intermitentes de energía, como la solar y la eólica, puede generar problemas de suministro en momentos de baja producción. El almacenaje de energía a través de tecnologías como las baterías o el hidrógeno verde es una de las soluciones propuestas, pero su desarrollo está aún en sus primeras etapas y requiere de inversiones y de un marco normativo adecuado.

El sector de la automoción y la movilidad sostenible

El sector de la automoción es otro de los pilares clave de la transición energética en Europa. Los vehículos de combustión interna son responsables de una proporción significativa de las emisiones de CO2 y, por ello, la electrificación del transporte es una de las principales vías para reducir la huella de carbono de Europa.

El sector de la automoción europeo atraviesa un proceso de transformación marcado por la transición hacia vehículos eléctricos (VE) y una movilidad más sostenible. En 2023, las ventas de VE alcanzaron un 15% del total en la Unión Europea gracias a regulaciones más estrictas sobre emisiones y subsidios para su adopción. Sin embargo, los desafíos persisten, especialmente en Alemania, donde la cuota de mercado de VE aún es baja, con un 2% de los vehículos totales en 2023, y las metas gubernamentales de 15 millones de VE para 2030 parecen difíciles de alcanzar debido a la débil demanda local y la competencia de fabricantes chinos y de Tesla.

Otros retos estructurales de la movilidad sostenible en Europa son la dependencia europea de China para materiales críticos de baterías y el desarrollo de infraestructura de carga. No obstante, existen avances prometedores, como la investigación en baterías de estado sólido, que prometen mayor autonomía y costes más bajos a medio plazo.

Los riesgos más significativos en la transición al vehículo eléctrico son las disrupciones en las cadenas de suministro, la pérdida de empleos en la industria tradicional y una posición de partida en desventaja frente a la rápida expansión de la industria china. Europa necesitará fortalecer su capacidad industrial y tecnológica para competir globalmente.

Cambio climático: desafíos globales y locales

El cambio climático es uno de los riesgos más graves a medio o largo plazo que enfrenta Europa. A medida que las temperaturas globales aumentan, los países europeos experimentan fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes, como olas de calor, sequías prolongadas, inundaciones, tormentas intensas y desastres naturales. Estos eventos no solo tienen un impacto directo sobre las personas y las infraestructuras, sino que también afectan a la economía, la seguridad alimentaria y la salud pública. La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) ha detallado estos impactos en distintos informes y advierte sobre la urgencia de implementar medidas adaptativas19.

España, debido a su ubicación geográfica y a sus particularidades climáticas, se encuentra expuesta a los efectos del cambio climático. El sur del país, especialmente la región mediterránea, ha experimentado un aumento significativo de las temperaturas en las últimas décadas, con veranos más calurosos y secos, lo que acrecienta el riesgo de incendios forestales y episodios de «gota fría», y deteriora los recursos hídricos. A medida que la desertificación avanza en las regiones con mayor peso de la agricultura, la producción alimentaria y la seguridad hídrica podrían estar en peligro.

Además, la subida del nivel del mar en las zonas costeras representa una amenaza directa para muchas ciudades europeas, como Valencia o Barcelona, que se enfrentan a riesgos de inundaciones y la pérdida de ecosistemas marítimos. La erosión costera también es un problema creciente en muchas áreas del litoral mediterráneo español, lo que podría afectar al turismo y a las comunidades locales.

El cambio climático también está asociado con un aumento de enfermedades relacionadas con el clima, como las respiratorias y las cardiovasculares provocadas por la contaminación del aire, así como enfermedades transmitidas por vectores, como el Dengue o el Zika, cuyo avance hacia Europa ha sido más pronunciado debido a la proliferación de mosquitos en climas más cálidos.

Conclusión general
Reflexión sobre escenarios futuros: posibles desenlaces en función de las decisiones estratégicas actuales

El futuro de Europa depende en gran medida de las decisiones estratégicas que se tomen en el presente, tanto en el ámbito nacional como en el europeo, ya que los riesgos geopolíticos, económicos, sociales y ambientales son cada vez más complejos.

Escenario 1: integración y consolidación

Si los países de la Unión Europea logran superar las actuales divisiones internas y avanzar en la integración política y económica, el continente podría emerger más unido y resiliente ante los desafíos globales. La cohesión interna, la solidaridad en cuestiones como la seguridad, la inmigración y la transición energética, y el impulso a una economía verde podrían fortalecer la posición global de Europa permitiéndole competir de manera más efectiva con potencias como Estados Unidos y China. En este escenario, España desempeñaría un papel clave como puente entre Europa y otras áreas del mundo, en especial Latinoamérica y el norte de África, gracias a su ubicación geográfica estratégica y a su creciente influencia económica y política dentro de la UE.

Escenario 2: fragmentación y declive

En un escenario más pesimista, la creciente polarización política y las tensiones internas podrían llevar a una mayor fragmentación de la Unión Europea, con algunos países adoptando políticas más aislacionistas o nacionalistas y otros buscando una mayor integración. La desconfianza mutua podría debilitar a las instituciones europeas y frenar los esfuerzos para abordar desafíos globales como el cambio climático, la seguridad energética o la competencia tecnológica. En este contexto, España podría verse atrapada entre la presión de tener que dar respuesta a las tensiones internas y su compromiso con la solidaridad europea, lo que podría afectar a su desarrollo económico y su tradición europeísta.

Escenario 3: transición sostenible y resiliencia

Un tercer escenario posible es que Europa, incluida España, logre liderar una transición sostenible en términos económicos, sociales y medioambientales. El impulso hacia las energías renovables, la economía circular y la digitalización podría ofrecer una oportunidad para reducir la dependencia de recursos externos y fortalecer la competitividad de Europa en sectores económicos clave. En este caso, las políticas de bienestar social que aborden la desigualdad (con especial atención al acceso a la vivienda por parte de los jóvenes) y el envejecimiento de la población podrían ser fundamentales para garantizar una sociedad cohesionada y un mercado laboral inclusivo. Si se gestionan adecuadamente, estas reformas podrían hacer de Europa un modelo global de resiliencia frente a los riesgos sociales y económicos.

Escenario 4: tensiones geopolíticas crecientes

La competencia por recursos naturales, las tensiones con potencias como Rusia y China, y el riesgo de conflictos armados podrían llevar a un escenario de geopolítica inestable en Europa. En este contexto, la seguridad se convertiría en una prioridad absoluta, lo que podría implicar un aumento en el gasto militar y en las políticas de defensa colectiva. España, como miembro clave de la OTAN, jugaría un papel crucial en el fortalecimiento de las defensas europeas y en la gestión de posibles crisis en sus alrededores, especialmente en el Mediterráneo y en África. Sin embargo, este escenario podría también acentuar las disparidades económicas dentro de Europa, con las regiones más vulnerables a los conflictos rezagadas en términos de desarrollo y el deterioro de los actuales estándares de cohesión social.

Lecciones aprendidas de crisis anteriores: cómo pueden guiar políticas futuras

Las crisis pasadas, como la crisis financiera global de 2008, la crisis migratoria de 2015 y la pandemia de covid, ofrecen valiosas lecciones para guiar las políticas futuras de Europa. Estas crisis no solo han revelado las vulnerabilidades estructurales de la región, sino también la capacidad de la UE para adaptarse y aprender de sus desafíos.

Lección 1: la importancia de la solidaridad europea

Una de las principales lecciones de la crisis de la deuda soberana y la crisis migratoria es que, en tiempos de incertidumbre y presión, la solidaridad entre los Estados miembros de la Unión Europea es esencial para abordar problemas comunes. La respuesta unificada a la crisis sanitaria del covid, a través de la compra centralizada de vacunas o los fondos Next Generation EU, mostró cómo la cooperación y la solidaridad financiera pueden ser una herramienta poderosa para superar desafíos económicos. Esta experiencia debe guiar las políticas futuras, donde la unión no solo sea un principio abstracto, sino una estrategia concreta para afrontar los riesgos geopolíticos y económicos.

Lección 2: la necesidad de reformas estructurales

Las crisis pasadas también han evidenciado la necesidad de reformas estructurales en áreas clave como el mercado laboral, las pensiones y la gestión fiscal. España, como otros países, ha tenido y tendrá que seguir realizando ajustes significativos en sus sistemas de bienestar social y fiscal para garantizar la sostenibilidad económica. Las políticas de reforma deben ser vistas como una oportunidad para fortalecer los cimientos de la economía, garantizar la equidad social y mejorar la competitividad global. El envejecimiento de la población y los desafíos laborales requieren reformas profundas que no solo garanticen un sistema de pensiones suficiente y viable, sino que también fomenten la creación de empleo de calidad y promuevan la educación y el reciclaje profesional.

Lección 3: la importancia de la cohesión social frente a las divisiones

Las crisis también han puesto en evidencia los riesgos sociales derivados de la creciente desigualdad económica y de las tensiones políticas. El aumento de los movimientos populistas y nacionalistas en Europa refleja el malestar de aquellos que se sienten excluidos de los beneficios del progreso económico. Para evitar que esta polarización social se convierta en un riesgo sistémico, Europa debe invertir en cohesión social promoviendo políticas que reduzcan la desigualdad y fortalezcan los valores democráticos. La inclusión social y el acceso a oportunidades deben ser prioridades fundamentales para garantizar que los beneficios del crecimiento económico sean distribuidos de manera equitativa.

Lección 4: la necesidad de anticipación ante los riesgos geopolíticos

Por último, las experiencias recientes muestran la necesidad de ser más proactivos frente a los riesgos geopolíticos. La guerra en Ucrania, las tensiones con China y la crisis energética global resaltan la importancia de anticipar los riesgos estratégicos y actuar con rapidez. La seguridad energética y la autonomía tecnológica deben ser objetivos clave para Europa en su estrategia geopolítica futura. España, debido a su posición geográfica estratégica, tiene un papel clave en la política de seguridad europea y puede contribuir significativamente a la estabilidad regional.

Daniel Fuentes Castro
Profesor de Teoría Económica de la Universidad de Alcalá y director de KREAB Research

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

2OECD. (2024). OECD Economic Outlook [en línea]. OECD. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.oecd.org/en/publications/oecd-economic-outlook-volume-2024-issue-2_d8814e8b-en.html
3NATO. (2023). Annual Report 2023 [en línea]. The NATO SPS Programme. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/2024/4/pdf/240419-SPS-AnnualReport2023.pdf
4ENISA. (2022). ENISA Threat Landscape 2022 [en línea]. ENISA. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.enisa.europa.eu/publications/enisa-threat-landscape-2022
5UNHCR. (2024). West and Central Mediterranean situation [en línea]. UNHCR. [Consulta: 2025]: Disponible en: https://reporting.unhcr.org/operational/situations/west-and-central-mediterranean-situation
6ENISA. (2022). ENISA Threat Landscape 2022 [en línea]. ENISA. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.enisa.europa.eu/publications/enisa-threat-landscape-2023
7ITU. (2024). Global CyberSecurity Index [en línea]. International Telecommunication Union. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.itu.int/en/ITU-D/Cybersecurity/Documents/GCIv5/2401416_1b_Global-Cybersecurity-Index-E.pdf
8Zerka, P. (2019). The benefits of political fragmentation, ECFR.
Dennison, S. et al. (2019). How to govern a fragmented EU: What Europeans said at the ballot box, ECFR.
10The Federal Government of Germany. (2022). Relief for electricity and gas prices: 200 billion euros for economic protective shield [en línea]. The Federal Government. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.bundesregierung.de/breg-en/news/protective-shield-2131014
11Eurostat. (2014). Risk of poverty or social exclusion in regions [en línea]. Eurostat. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-eurostat-news/w/ddn-20241015-1
12Comisión Europea. (2020). Critical Raw Materials for Strategic Technologies and Sectors in the EU: A Foresight Study. Comisión Europea.
13ECB. (2024). Macroeconomic projections [en línea]. European Central Bank. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.ecb.europa.eu/press/projections/html/index.en.html
14Consejo Europeo. (2024). Much more than a market [en línea]. Consejo Europeo. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.consilium.europa.eu/media/ny3j24sm/much-more-than-a-market-report-by-enrico-letta.pdf
15Comisión Europea. (2024). EU competitiveness: Looking ahead [en línea]. Comisión Europea. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://commission.europa.eu/topics/strengthening-european-competitiveness/eu-competitiveness-looking-ahead_en
16Comisión Europea. (2024). Ageing Report. Economic and Budgetary Projections for the EU Member States 2022-2070 [en línea]. Comisión Europea. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://economy-finance.ec.europa.eu/publications/2024-ageing-report-economic-and-budgetary-projections-eu-member-states-2022-2070_en
17Comisión Europea. (2024). Young people - housing conditions [en línea]. Comisión Europea. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Young_people_-_housing_conditions
18El informe Global State of Democracy Report 2022 de IDEA Internacional destaca cómo los movimientos populistas afectan la estabilidad de las democracias europeas.
19EEA. (2022). European Climate Risk Assessment, EEA Report No 1/2024 [en línea]. EEA. [Consulta: 2025]. Disponible en: https://www.eea.europa.eu/publications/european-climate-risk-assessment
    • Europa: una revisión de riesgos geopolíticos, económicos, sociales y climáticos

    • Europe: a review of geopolitical, economic, social and climate risks