
18 sept 2025
IEEE. Eurasia, validez de un concepto geopolítico
Leonardo Quijarro Santibáñez
“Regularmente relacionamos la Era Moderna con el apogeo del Poder Americano. En realidad, hemos estado viviendo un siglo de larga y violenta Eurasia. Desde principios del XX Eurasia ha sido el centro de las rivalidades globales”
Hal Brands, “The Eurasian Century”, 2025
Planteamiento: ¿existe la Eurasia?
El último lustro ha visto el resurgimiento de conflictos a nivel mundial en características y escala se pasaba eran reminiscencias del pasado. La “Operación Militar Especial”, título con el que Rusia designó al ingreso de fuerzas militares, a gran escala, en territorio ucraniano, ha marcado la reaparición de un fantasma que se pensaba no retornaría a suelo europeo y que ha obligado a replantearse la visión estratégica a todas las potencias del viejo continente.
Oriente Medio no se ha quedado atrás. A pesar de que las fricciones de Israel con grupos musulmanes extremos como son Hamas y Hezbollah, han sido una constante en todo lo que va del presente siglo, los alcances que ha tenido la declarada “guerra” contra Hamas, como reacción al alevoso ataque contra las comunidades israelitas el 7 de octubre de 2023, ha escalado, generando un involucramiento directo de Irán en algunas etapas, como lo fue mediante el ataque con misiles y vehículos no tripulados (UAV) del 1 de octubre de 2024 o de grupos tan distantes como los Hutis desde Yemen, los que buscaron afectar, no solo los activos de Israel sino que además el tráfico marítimo a través del mar Rojo.
Más recientemente, una nueva escalada de acciones militares en la disputada región de Cachemira entre India y Paquistán, ha activado las alertas ante fricciones entre dos países con capacidad de armamento nuclear, lo que, a ojos de la comunidad internacional, siempre es motivo de preocupación por la incertidumbre de su empleo, aunque sea a nivel táctico.
Desde la perspectiva geoestratégica, occidente ha volcado su mirada hacia el Indo Pacífico, movido por los intereses económicos que han planteado los gigantes del este de Asia, no solo por el potencial que representan sus mercados internos sino también por el cómo, en su desarrollo y capital humano, desafían las capacidades militares de Estados Unidos y occidente, tanto en el Índico como en el Pacífico, específicamente, India y China, respectivamente.
El presente artículo, empleando la metodología del estudio de caso, busca proponer la plena vigencia de la Eurasia como concepto y objetivo geopolítico de las grandes potencias, tanto en alcanzar su conquista (control) como en su defensa, dependiendo de su ubicación geográfica y, por ende, de sus intereses nacionales y objetivos políticos.
La historia evoluciona, pero la geografía permanece.
A principios del siglo XX el geopolítico y geógrafo inglés Halford Mackinder, presentó y definió el concepto del Heartland o Centro del Mundo al referirse a la Eurasia, desde la perspectiva geopolítica, expresando la tesis “Quien gobierna el Heartland (Eurasia) gobierna la Isla del Mundo; quien gobierna la Isla del Mundo gobierna el mundo”1.
El siglo XX, en sí, estuvo marcado por las dos grandes guerras mundiales, de las cuales, la segunda en particular, replicando lo realizado por Napoleón en 1812, las fuerzas alemanas del Hitler emprendieron la denominada “Operación Barbarroja”, en un intento por conquistar la Rusia bolchevique y sus riquezas. Al igual que la invasión francesa de principios del siglo XIX, la aventura de Hitler no tuvo éxito, marcando con ello, el inicio de la caída del Tercer Reich2.
Lo que siguió a la Segunda Guerra Mundial fue la denominada Guerra Fría entre Occidente, liderado por Estados Unidos de Norteamérica, y el bloque liderado por Rusia, junto a las naciones que unión bajo el control de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (U.R.S.S.). El balance en este enfrentamiento estuvo dibujado por el desarrollo de arsenales nucleares por parte de estos dos bloques, estableciendo, por parte de Estados Unidos, una estrategia de disuasión nuclear según lo definiera el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert McNamara, en un discurso en 19673. Con ello, ambas potencias, se enfrentaron con una capacidad potencial de empleo de estas nuevas armas, cuyo costo, con el correr del tiempo, fue desgastando la capacidad económica del régimen soviético hasta su derrumbe.
La caída de la U.R.S.S. en 1991 generó la aparición de 15 nuevos estados independientes, a saber, en el Báltico, Lituania, Letonia y Estonia; entorno a Europa Central, Bielorrusia, Moldavia y Ucrania; en las montañas del Cáucaso, Armenia, Azerbaiyán y Georgia; en Asia Central, Kazakstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán y Rusia propiamente tal4.
A la mirada de este supercontinente no se puede dejar de mencionar y destacar a los dos países con mayor población del mundo como son India y China5.
A fines del siglo XX, el politólogo estadounidense Zbigniew Brzezinski expresó “la potencia que domine Eurasia ejercerá influencia decisiva sobre dos tercios de las regiones económicamente más productivas del mundo”6. Esta realidad es la que lleva a este autor a plantear la existencia de países de primer orden, “jugadores geoestratégicos”, por su capacidad y voluntad de influir más allá de sus fronteras. Por otro lado, están aquellos países que, principalmente, por su ubicación geográfica adquieren relevancia dado que sus relaciones con uno u otro actor de primer orden puede implicar movimientos en la blanca de poderes en el nivel geopolítico. Estos países bisagra fueron definidos por Brzezinski como “pivotes geopolíticos”. A finales del siglo XX, el rol de jugador geoestratégico era alcanzado por países como Estados Unidos, China, India, Francia y Alemania; por su parte, los pivotes geopolíticos eran Ucrania, Azerbaiyán, Corea del Sur, Turquía e Irán7. En la mirada de la época del citado autor Rusia no fue considerada dentro de estos actores de primer orden, probablemente debido a que la recofiguración de naciones posterior a la caída de la U.R.S.S. no era visible con claridad; sin embargo, claramente debiera incorporarse en ese grupo. De igual forma, en la actualidad, probablemente, no todas estas naciones sigan manteniendo la posición de jugadores que Brzezinski le asignara en su época, pero sí, es más probable que, los pivotes sigan jugando su rol considerando sus características asociadas a la geografía.
Desde la perspectiva geográfica, la Eurasia combina dos continentes del mundo antiguo, Europa y Asia. Es bordeada por el Mar del Norte, el Océano Atlántico, el Mar Mediterráneo, el Océano Índico, el Océano Pacífico y el Océano Glacial Ártico estructurando la ya mencionada “Isla del Mundo” de Mackinder. Este espacio geográfico de características insulares contiene un tercio de los territorios del mundo. En ellos vive cerca del 66% de la población mundial8.
En una mirada económica, la Eurasia concentra el 61% del PIB mundial, conteniendo además gigantescas reservas en recursos minerales de todos tipos.
Globalización y Conflictos
Al buscar aproximar un análisis de cuál sería la realidad a nivel mundial, desde la perspectiva de los enfrentamientos, se hace necesario, inicialmente, normalizar el entendimiento de qué se entiende por conflicto.
Es así como, desde la mirada más simple y recurriendo al diccionario, conflicto, palabra derivada del latín “conflictus”, se define como la oposición entre personas o cosas9. Esta misma conceptualización se podría ampliar a grupos de personas o países.
En esa mirada superior y más amplia, cuando los enfrentamientos traen consigo violencia y empleo de armas, el Derecho Internacional Humanitario o Derecho Internacional de los Conflictos Armados, distingue dos tipos: el que implica a partes beligerantes dentro de un solo Estado (conflictos armados no internacionales) y el que implica a fuerzas armadas de dos o más Estados (conflictos armados internacionales)10.
El siglo XXI, producto de la interconexión y enlaces asociados a la globalización, los conflictos (crisis o guerras), se han hecho más difíciles de distinguir y delimitar, además, de ser más limitados. De acuerdo con las definiciones presentadas en párrafos precedentes, el conflicto, de por sí, implica intereses de las partes, contendientes, que son incompatibles; sin embargo, en nuestros tiempos, con el aumento de las relaciones entre los países, y con ello, de los intereses, es más improbable que se alcance ese nivel de incompatibilidad. Es así como, en la actualidad, los conflictos asimétricos han dejado en evidencia la existencia de un espacio de ambigüedad al que se ha denominado Zona Gris, espacio en que la conducta de las partes no es precisamente pacífica, siendo la fricción y agresividad de las acciones lo que la diferencia de una realidad ordinaria11.
Más recientemente, la pandemia del COVID-19 que afectó al mundo, acentuó y develó una realidad que el mundo venía viviendo desde finales del siglo XX a propósito de la irrupción de China en la escena mundial como potencia económica, convirtiéndose en la gran fuente de abastecimiento de las, hasta entonces, las principales economías mundiales, dejando al descubierto la interdependencia entre las diferentes economías a nivel mundial, entrelazando desde proveedores de suministros básicos hasta productores de tecnología avanzada, mostrando la fragilidad que, en el tiempo, había producido esta dependencia o conexión entre unos y otros, quebrándose al tener que adoptar medidas para frenar la expansión del virus. Un mundo globalista no había sabido reconocer la diferencia entre multilateralismo e intereses nacionales12. Como consecuencia, muchos países tuvieron que reactivar sus aparatos productivos para evitar esa dependencia, redirigiendo sus economías a sistemas más autárquicos, lo que ha llevado a plantear el advenimiento de una nueva etapa conocida como Globalización 2.0. Esta nueva realidad, que, en la práctica no es tan nueva, sino que vio en la pandemia una interfaz entre uno y otra, ha implicado un aumento en la rivalidad entre las grandes potencias, de polarización y divisiones políticas. En definitiva, un mundo que se ha fragmentado y con un quiebre en muchas de las relaciones se establecieron en la etapa previa13.
Eurasia: ¿Coincidencia geopolítica o destino histórico?
En una mirada a la situación de los conflictos en desarrollo a nivel mundial este año 2025, diferentes organizaciones dedicadas a su observación y seguimiento, como lo son la Organización Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados (ACLED)14 o el Grupo Internacional de Crisis (International Crisis Group) han determinado que los principales conflictos a seguir su desarrollo este año son los de Siria, Ucrania/ Rusia, Sudán, el Sahel, la región de los Grandes Lagos de África, Israel/ Irán, Haití, México, Myanmar (Birmania), Colombia, Corea (Península), Paquistán/ India y China/ EE.UU.
De los conflictos mencionados anteriormente, más de la mitad ocurren en la Eurasia, y de éstos, bajo el criterio del D.I.H., la totalidad de aquellos entendidos como “armados internacionales”.
Por otra parte, en una mirada más exhaustiva a estos conflictos internacionales, podremos reconocer la participación directa o indirecta de los Estados Unidos de Norteamérica en ellos, friccionando con otros actores que de alguna forma están desafiando o, definitivamente, enfrentando la supremacía de este país alcanzada en el siglo XX y, al menos cuestionada, en lo que va del siglo XXI.
Es así como, en la guerra entre Rusia y Ucrania, EE.UU. ha sido el país que más ha aportado y apoyado a Ucrania, tanto militar, financiera como en forma humanitaria, con prácticamente el doble de la sumatoria de la ayuda, de cualquier tipo, de todo el resto del mundo, al 31 de diciembre de 2024, con un total de 119,2 mil millones de dólares15. De esta forma, EE.UU. participa, indirectamente, en el devenir del conflicto. Más recientemente, con el advenimiento del presidente Donald Trump en su segundo periodo en la Casa Blanca que, a través de sus intervenciones en la arena diplomática, ha presionado para que se llegue a una solución del conflicto, dejando de lado la posición mediadora mostrada anteriormente, para asumir un sitial negociador con Rusia, lo que ha generado un impacto no sólo en los potenciales resultados de la guerra sino que también, ha producido efectos, a la fecha difíciles de determinar, con las naciones europeas y con la propia Ucrania, que hasta el momento, ha apoyado con el esfuerzo señalado. La firma del acuerdo comercial entre Estados Unidos y Ucrania de fines de abril del presente año, para la explotación de los minerales asociados a las tierras raras, podría entenderse como una forma de que este último país salde las cuentas por el apoyo recibido durante el conflicto; sin embargo, al existir ahora, intereses comerciales norteamericanos directamente en suelo ucraniano mueve la línea de su involucramiento futuro en cualquier acción que pudiera amenazar la condición de Ucrania como Estado soberano e independiente más cerca de las fronteras de Rusia. Lo anteriormente mencionado lleva a pensar que, independiente cuál sea el resultado de la guerra en curso, Ucrania no dejará de cumplir un rol como “pivote geopolítico”.
Turquía, si bien no ha estado involucrada en conflictos directos, en el conflicto entre Rusia y Ucrania ha cumplido un rol clave como garante y controlador de los accesos al Mar Negro de acuerdo a lo dispuesto por la Convención de Montreux16. Además de su privilegiada ubicación, reconocida en la historia desde tiempos del imperio romano, Turquía ha sabido articularse como un actor capaz de navegar en occidente siendo parte de la Organización del Tratado para el Atlántico Norte (O.T.A.N.) y, a su vez, mantener fuertes vínculos con Rusia, particularmente en los ámbitos comerciales, energéticos y de cooperación militar. Lo antes indicado ha sido motivo para que, a pesar de ser parte de la OTAN no a podido acceder a ser miembro de la Unión Europea (U.E.) y tener fricciones con EE.UU. Con todo lo referido en el presente párrafo, Turquía constituye un “pivote geopolítico” por definición.
En el caso de Oriente Medio, el ya histórico enfrentamiento entre Israel y mundo árabe, o en concreto contra los árabes palestinos, tiene décadas; sin embargo, después de los ataques del grupo islámico Hamás del 7 de octubre de 2023, ha adquirido un carácter de “guerra” de acuerdo con lo declarado por el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Este conflicto ha tenido la característica de arrastrar a otros actores a la escena, como ha sido el grupo islámico Hezbollah del Líbano, los rebeldes Hutis de Yemen y, finalmente, en acciones directas por primera vez, en lo que llevan estas décadas de enfrentamientos, a Irán. Nuevamente, el principal aliado de Israel es EE.UU. El apoyo permanente, no solo con recursos económicos, sino también con inteligencia y transferencia tecnológica, ha contribuido, en el tiempo, a la posición que hoy sustenta el esfuerzo israelí y su capacidad para hacer frente, simultáneamente, a múltiples frentes. De esta forma, Israel se plantea como el principal aliado de EE.UU. en el Oriente Medio, apoyando de esta forma el esfuerzo norteamericano de contención de Irán en su esfuerzo por alcanzar la calidad de potencia nuclear. Asimismo, ante la irrupción de nuevos actores, en este caso, no convencionales, EE.UU., ha demostrado su capacidad militar, mediante el empleo de grupos de batalla de portaaviones, marcando una presencia en la región, como también, se ha posicionado como un actor capaz de llevar seguridad a los usuarios de tan importante ruta marítima17. En este caso también, los intereses de EE.UU. por neutralizar y contener, no solo la posibilidad de que Irán acceda al selecto grupo de los países con armamento nuclear sino también, su influencia en el mundo árabe. Los argumentos señalados parecieran validar a Irán también como “pivote geopolítico”.
Si en este recorrido mundial nos desplazáramos hacia el sur de Asia, en el subcontinente indio, la breve crisis que enfrentó a India y Paquistán respecto de la disputa por los territorios de Cachemira, incorporó acciones militares de mayor envergadura desarrollándose, de acuerdo a lo expresado por analistas de defensa, el mayor enfrentamiento entre aviones de combate desde la II Guerra Mundial18, pero en este caso, además de los resultados de las acciones tácticas, se enfrentaron en la escena aeronaves de origen occidental contra aviones de procedencia China. El derribo de algunos aviones Rafale, de origen francés, a manos de aviones J-10 CE chinos ha puesto en entredicho la antes cuestionada competencia del material producido por el gigante asiático. Como se ha señalado, India, por su capital humano y su desarrollo económico-industrial, ya es un actor de primer orden; sin embargo, a pesar que se posiciona como un actor regional no alcanza a validarse como “jugador geoestratégico”.
Las acciones militares señaladas en el párrafo anterior tienen la relevancia de llevar el enfrentamiento comercial entre EE.UU. y China al plano de la industria de defensa también. El presente año, con el presidente Donald Trump, en su segundo mandato en la Casa Blanca, las fricciones económicas entre las dos potencias han sido escaladas con el alza de los aranceles a diferentes productos por cada una de las partes. Sus efectos han tenido impacto a nivel mundial. Si bien es cierto, en este caso, no se trata de enfrentamientos armados, si son relevantes por cuanto la economía, como parte de los instrumentos del poder nacional, si tiene “armas” para actuar en pos de alcanzar los objetivos políticos y/o los intereses nacionales19.
En el área del Cáucaso, aunque en el presente año no se han registrado acciones bélicas significativas, no puede dejar de mencionarse la persistente tensión entre Armenia y Azerbaiyán por la región de Nagorno-Karabaj. Las acciones militares de septiembre de 2023 constituyeron el último episodio de fricción en un conflicto cuyas causas de fondo aún no han sido resueltas. Desde su independencia en 1991, estos enfrentamientos han generado nuevos antagonismos, con la intervención, aunque limitada, de potencias occidentales interesadas en ejercer influencia sobre una región rica en recursos naturales20.
Si bien no participan de forma directa, tanto Rusia como Estados Unidos han intervenido por medios indirectos. Rusia ha desempeñado un papel activo como mediador en sucesivos acuerdos de alto al fuego, desde el primer conflicto abierto entre 1988 y 1994. Armenia ha mantenido buena parte del equipamiento militar heredado de la antigua U.R.S.S., mientras que Azerbaiyán, impulsado por los ingresos derivados de la exportación de petróleo, ha modernizado significativamente su arsenal, adquiriendo tecnología de origen occidental, especialmente israelí21, como sistemas de misiles balísticos, cohetes, vehículos aéreos no tripulados (UAV) y municiones merodeadoras. Este acceso revela un apoyo indirecto por parte de Estados Unidos y sus aliados.
Actualmente, ambos países se encuentran en un proceso de negociaciones de paz, aunque con un futuro incierto debido a los numerosos puntos de desacuerdo aún vigentes y a las constantes denuncias de violaciones al alto al fuego. Si bien Azerbaiyán fue identificado por Zbigniew Brzezinski como un “pivote geopolítico” a finales del siglo XX, hoy su influencia parece haber disminuido, como lo demuestra la escasa proyección de este conflicto en la dinámica estratégica global. Esta aparente pérdida de centralidad da mayor peso a otras zonas de fricción geopolítica, como Irán y el subcontinente indio.
En este recorrido global, no podemos dejar de mirar lo que ocurre en el Asia Oriental. En la península de Corea, desde la perspectiva particular de los conflictos armados, en forma silenciosa, Corea del Norte, ya se ha hecho parte de la guerra entre Rusia y Ucrania, inicialmente con munición y sistemas de armas para, a contar de junio de 2024, en virtud de un Tratado de Asociación Estratégica, enviar soldados al frente de batalla. Pero este país, no solo fricciona con occidente en el mencionado conflicto dado que, su desafío permanente a los EE.UU. y amenaza a Corea del Sur, han sido una constante, en particular desde que asumió Kim Jong Un como líder supremo en diciembre de 2011. A través de este incremento en las relaciones con Rusia, Corea del Norte ha buscado, probablemente, actualizar y mejorar su entrenamiento al enfrentar las fuerzas ucranianas que están operando con doctrinas occidentales además de recibir, por parte de Rusia, de la tecnología necesaria para mejorar sus sistemas de misiles, particularmente, su capacidad nuclear. Lo antes mencionado afecta directamente a Japón, que el presupuesto del presente año ha continuado el aumento en la asignación a defensa desde que el año 2022 generase un vuelco histórico que no se veía desde la II Guerra Mundial22. Respecto de esta área geográfica, no se puede dejar de mencionar a Taiwán y el anhelo de China de lograr la incorporación definitiva a su territorio, asunto que no deja de tener implicancias por cuanto la expansión de su poderío militar, particularmente en la dimensión marítima, tiene directa relación con la aspiración antes señalada. El desarrollo de medios de diferente naturaleza que le han permitido implementar la estrategia del Anti Acceso/ Negación de Área (A2/ AD)23 disputando espacios marítimos que, hasta un par de décadas, eran de absoluto dominio norteamericano24. En el Asia Oriental se podría decir que el “pivote geopolítico” en la actualidad se ha ampliado a toda la península de Corea.
La continua presencia, directa o indirecta, de los EE.UU., en los diferentes conflictos armados y fricciones de diferente índole, descritos en párrafos precedentes y vigentes este año 2025 en el mundo y en particular entorno a la Eurasia, dan cuenta de cómo, desde la caída de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, EE.UU. se ha convertido en la potencia unipolar del siglo XX, lo que ha buscado mantener hasta la actualidad. Este hecho tiene la trascendencia que, por primera vez en la historia de la humanidad, un país se ha convertido en una verdadera potencia global y, que este sitial, no es ocupado por una nación euroasiática25.
Es así como, el interés por el control de la Eurasia, ha sido y será un imperativo geoestratégico y motor geopolítico, en el caso actual, para EE.UU., condición que ha sido permanentemente desafiada por diversos actores y de diferentes formas el presente siglo.
Comentarios finales
El macro continente de la Eurasia, combinando las realidades geopolíticas de Europa y Asia, constituye un área geográfica de importancia estratégica a nivel mundial, por la cual, actores geoestratégicos friccionan para alcanzar su control.
El potencial que tiene la Eurasia, tanto desde la perspectiva de crecimiento en el capital humano como del económico, sigue planteando un desafío para cualquier nación que aspire a alcanzar el sitial de potencia mundial predominante.
El concepto de “jugadores geoestratégicos” sigue vigente, pero reducido a tres actores, cuales son EE.UU., Rusia y China. Por otra parte, dada su característica particular, asociados a la geografía, los “pivotes geopolíticos” se han mantenido o, su variación, solo se debe a una expansión de las áreas en fricción, pudiendo indicarse que en esta categoría estarían Ucrania, Turquía, Irán y la península de Corea.
La globalización 2.0 como fenómeno tanto económico como de relaciones internacionales, teniendo como evento sísmico la pandemia del COVID-19, constituye un medio más para validar como, en diferentes ámbitos, las superpotencias se encuentran en una fricción permanente avanzando hacia sus objetivos e intereses nacionales.
Los conflictos vigentes en el mundo, en desarrollo este año 2025, confirman la acción, directa o indirecta de las grandes potencias, entorno a la Eurasia, destacando el actuar de los Estados Unidos de Norteamérica, en su defensa al desafío le plantean recurrentemente actores de primer orden, como son China y Rusia.
En el futuro cercano se puede esperar un incremento en fricciones de diferente índole en particular de EE.UU. y China, ya que no sólo se enfrentan en lo militar, sino que en otros ámbitos como son el económico o el diplomático, pero con un único fin cual es alcanzar el control de la Eurasia.
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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Eurasia, validez de un concepto geopolítico
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Eurasia, validity of a geopolitical concept
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