
09 jul 2025
IEEE. El Magreb: oportunidades y desafíos para España en el nuevo escenario internacional
Elena C. Díaz Galán. Profesora Titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales. Universidad Rey Juan Carlos
Introducción
El Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Gobierno de España reconoce, en la ficha sobre el Magreb dentro de la parte relativa a su política exterior, que “tanto el Magreb como Oriente Próximo constituyen un pilar fundamental y prioritario de nuestra acción exterior. Ambas regiones están experimentando cambios profundos, portadores de oportunidades y desafíos para los intereses de nuestro país”2. La expresión de esta voluntad, unida a la reciente práctica desarrollada por España, así como los datos que demuestran las estrechas relaciones económicas, sociales y culturales entre España y el Magreb, llevan a confirmar que particularmente esta región, aunque también el Sahel3, se constituyen en áreas de sumo interés para nuestro país desde hace algún tiempo4.
En los últimos decenios, los expertos y la doctrina científica española se han hecho eco de estas relaciones que han sido analizadas en múltiples ocasiones y desde distintas perspectivas, al menos, desde el punto de vista histórico, económico y de seguridad. Los vínculos entre el Magreb-Sahel y España son un tema clave en las relaciones internacionales siglo XXI, para la política exterior española. Esto se aprecia claramente en el resumen ejecutivo de la Acción Exterior de España para los años 2025-2028, ya que si bien “América Latina y el Caribe es una constante en la identidad y la acción exterior de España” y, además, “en los próximos cuatro años el objetivo es redoblar este esfuerzo y fortalecer el Espacio Iberoamericano”, este Plan afirma que en España, para los próximos años, se “intensificarán nuestras relaciones con los países de la cuenca mediterránea en el Magreb y Oriente Medio, con una apuesta firme por la paz y la estabilidad de nuestro vecindario sur”. Además, “se continuará invirtiendo en un salto cualitativo en nuestra relación con África, a través de la implementación de la nueva Estrategia España-África 2025-2028 y con un foco especial en África Occidental”5.
En este sentido, conviene recordar que cuatro países de los que integran África Occidental, uno de ellos pertenece también a la región del Magreb (Mauritania) y, si tomamos como referencia la definición institucional de algunos autores sobre el Sahel6, también se incluirían en esta región cuatro de sus cinco países (Mauritania, Mali, Níger, y Burkina Faso)7. En todo caso, por su cercanía geográfica, y también en parte por la lengua y la cultura, el espacio del Magreb sería el que guarda vínculos más estrechos y profundos con España y, en particular, al menos cuatro países de esta región: Marruecos, por un lado, y Argelia, Túnez, y Mauritania, por otro. El primero de forma histórica, y los países del segundo grupo de manera más reciente.
Así, hace menos de un año, en la Declaración Conjunta entre Mohamed Ould Cheikh El Ghazouani, presidente de la República Islámica de Mauritania, y Pedro Sánchez, se afirmó con rotundidad que “Mauritania es país prioritario para la cooperación española”. Y, asimismo, se recordó “el excelente estado de las relaciones bilaterales” entre los dos países, indicando algunos de los instrumentos de colaboración adoptados recientemente en “ámbitos como la sanidad, las migraciones y la seguridad, expresando su voluntad de seguir profundizando en la cooperación en estos sectores tradicionales y de ampliarla a nuevos ámbitos de interés mutuo”8 en los próximos años. Incluso, se podría recordar también, en esta línea, la existencia de Tratados de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación entre España y Marruecos, Argelia, Túnez y Mauritania.
Por lo tanto, si bien América Latina y el Caribe no solo sigue siendo una región clave para España y un espacio de hermandad histórico-cultural y lingüístico, los datos muestran, sin embargo, que se está produciendo un acercamiento significativo entre España y África, tanto de carácter general como en relación con determinados países, en diferentes sectores de la cooperación y en materias y formas de colaboración de distinta naturaleza. En el informe España-África, publicado en noviembre de 2024, se indica que “España exporta mercancías por más valor a África que a América Latina (10.429 millones de euros frente a 9.760 millones en primer semestre de 2024, pero la tendencia se mantiene en general desde hace años) e importa mercancías de África por un valor muy superior a las que provienen de América Latina (18.225 millones frente a 11.872 millones de euros en el primer semestre de 2024)”9. Y, como se observa en el siguiente gráfico, publicado en febrero de 2025, Marruecos sería uno de los países africanos con más importaciones y exportaciones, desde y hacia España10.
| Área Geográfica | Exportaciones | Importaciones | Saldo (Mill. €) | |||||
| Millones € | %total | tva (%) | Millones € | %total | tva (%) | feb-25 | feb-24 | |
| ÁFRICA | 1.896,6 | 5,9 | 14,1 | 2.941,7 | 8,3 | -4,4 | -1.045,0 | -1.414,2 |
| Argelia | 198,1 | 0,6 | 157,6 | 416,8 | 1,2 | -7,5 | -218,7 | -373,5 |
| Egipto | 104,2 | 0,3 | 6,2 | 105,0 | 0,3 | -13,1 | -0,8 | -22,8 |
| Marruecos | 1.045,1 | 3,3 | -0,1 | 907,5 | 2,6 | 3,5 | 137,6 | 169,1 |
| Nigeria | 29,5 | 0,1 | 17,7 | 407,0 | 1,1 | -48,9 | -377,5 | -770,7 |
| Sudáfrica | 110,1 | 0,3 | 7,2 | 83,3 | 0,2 | 10,5 | 26,8 | 27,3 |
Fuente: Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, Gobierno de España, Informe Mensual de Comercio Exterior, febrero 2025.
Las cifras económicas, aunque elocuentes, no son las únicas que evidencian este acercamiento. Respecto a la influencia cultural y, en particular, el interés por la lengua española en el Magreb se ha destacado que durante el año 2023-2024, y en relación con los cursos de español, “el mayor volumen de actividad se localiza, al igual que el pasado curso, en el área geográfica del Magreb, con 26.741 matrículas”11. En especial, “el idioma español está presente, si bien de forma modesta, en países como Argelia, Túnez, Libia e incluso Mauritania. En el caso de Argelia, además, el español es hablado como segunda lengua por los refugiados saharauis establecidos en la provincia de Tinduf”, aunque “el país en el que la presencia del español resulta más intensa es, sin duda, el Reino de Marruecos”, afirmándose que “en el norte de Marruecos el español puede considerarse como una segunda lengua para muchos de sus hablantes”12 lo que es bastante significativo. La influencia de la lengua española en la región tiene un gran valor como elemento clave de la política exterior y “soft power” de nuestro país hacia el espacio geográfico del Magreb13.
Ahora bien, estas relaciones España-Magreb involucran también a otros actores relevantes de las relaciones internacionales del siglo XX y del siglo XXI, como son la UE, los Estados Unidos, y Rusia lo que, sin duda, va a condicionar el papel que pueda jugar España en la región africana y su necesario, fuerte o controlado protagonismo. Además, en los últimos años, se ha revitalizado la presencia de estos actores globales, sobre todo de EEUU y Rusia (y de múltiples maneras), en los países de América Latina y el Caribe14, y en determinados países del Magreb, lo que afectará a la política exterior española en este espacio. Tampoco cabe olvidar los lazos históricos, en muchos casos por el vínculo España-América Latina y el Caribe, de algunos Estados latinoamericanos y caribeños con zonas del Magreb15. En definitiva, una amalgama y una anudada red de relaciones, intereses y actores que van a complicar y condicionar la evolución del vínculo bilateral y triangular: Magreb-España, y Magreb-España-UE.
En el marco de la UE, es Francia con toda seguridad el país que más vínculos tiene tradicionalmente con el conjunto de la región africana. Sin embargo, el actual rechazo a las políticas francesas en el continente africano, ligado a la relación particular de España con Marruecos, como uno de los actores clave de la región, podrían ayudar a que nuestro país dirigiera, en el marco de la UE, las políticas hacia el Magreb en un contexto geopolítico internacional de máxima tensión y en el que Francia ha perdido claramente influencia16. En esencia, hablar de la relación entre España y África pasa necesariamente por analizar las conexiones con el Magreb, ya que Marruecos es un actor muy destacado de esta región, realidad de la que, como en años anteriores17, también se hace eco la actual Estrategia de acción exterior de España para el periodo 2025-2028.
Además, entre España y el Magreb existe un vínculo bastante completo desde el punto de vista de las relaciones internacionales, al menos, por dos factores. Por un lado, por los eventuales “roces de vecindad” entre España y los países que integran la región del Magreb, aspecto que influye en cuestiones esenciales de la política exterior como la seguridad y la defensa o las migraciones; y, por otro lado, por los distintos actores involucrados que, además de países poderosos en la actual comunidad internacional, también incluirían Organizaciones internacionales de cooperación e integración. Por todo, con este trabajo se pretende destacar algunos de los ámbitos y sectores en los que se podría fortalecer la relación España-Magreb, y el papel que podría (y tendría) que jugar España como país líder en la relación con el norte de África, en el marco de su condición de Estado miembro de la UE. Todo ello, desde luego, con especial énfasis en las oportunidades para nuestro país en el contexto de un nuevo orden mundial.
Principales ámbitos en los que se expresa y podría consagrarse la relación España-Magreb
En la actualidad, las relaciones entre España y el espacio del Magreb se proyectan en distintos ámbitos y sectores de la cooperación en los que intervienen diferentes actores. Así, la doctrina ha destacado el papel que, en esta interacción, tienen, entre otras, las empresas, las Organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil, las Instituciones autonómicas y nacionales, las Universidades y los Centros e Institutos académicos, o, en general, los distintos partidos políticos18. Efectivamente, la presencia y conexión de estos actores tiene reflejo en múltiples campos en los que se desarrollan las relaciones tanto entre España con el Magreb en su conjunto, como las relaciones de carácter bilateral del país ibérico con los distintos países que conforman la realidad magrebí. Aunque también tiene proyección en las relaciones UE-Magreb, o UE-y Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, y Mauritania, sin olvidar el vínculo que se genera con el espacio iberoamericano. Más aún, se ha destacado que “de la pléyade de interacciones que mantiene España en la escena internacional, no muchas alcanzan tanta importancia como las que lo vinculan con Marruecos”19, que será un país prioritario para la cooperación española dentro de la región.
Además, en el marco de la Unión por el Mediterráneo (UpM), se han aprobado distintos Acuerdos Euromediterráneos de asociación entre la UE y algunos países del Magreb, como Argelia y Marruecos. Los campos de aplicación y contenido esencial de estos Acuerdos refuerzan la tesis de que, más allá de la relevancia de ciertos países magrebís en la colaboración europea, existen también ámbitos de cooperación especialmente notables en los últimos años, - y vinculados entre sí -, tales como el campo de la educación, la cultura y la lengua; la seguridad y la defensa, así como los conflictos territoriales; la conectividad y la migración; y el sector económico en sus diversas dimensiones20. En todos ellos se observa, primero, el interés del Magreb por España (y por consiguiente por la UE y América Latina y el Caribe) y viceversa; y, segundo, los vínculos especialmente estrechos de España con el Magreb, dentro del continente africano, y, en particular, con determinados países de la región, entre los que sobresale: Marruecos.
i) En primer lugar, por lo que respecta a la educación, la ciencia, la cultura y la lengua, es bien sabido que tanto la lengua francesa como la cultura y el sistema educativo galo, han predominado en el continente africano. Ahora bien, la influencia histórica de la cultura y la lengua española no es desconocida en la región y, sobre todo, en el norte de África, al mismo tiempo que hay una influencia del árabe en la cultura y la lengua española. Con razón se ha afirmado que “en su contacto con los árabes y los norteafricanos de Marruecos, los pueblos ibéricos enriquecieron sus fondos léxicos con palabras árabes haciéndolas suyas”, así como “los marroquíes, (…) supieron acoger palabras de origen español y portugués en sus variantes dialectales”21. En esta línea, cabe recordar que “en el Magreb viven más 86 millones de personas y son de mayoría árabe”22, por lo que el predominio del árabe y la influencia del árabe en el español contribuyen a que se generen importantes vínculos lingüísticos entre España y los países de la zona.
A esto se le suma que, en los últimos años, el español ha ganado influencia en la región africana y que, más allá de los nítidos lazos históricos, “la lengua de Cervantes ha tenido un perfeccionamiento notable en el Norte de África, especialmente en Argelia y Marruecos. Diariamente, son más los norteafricanos no hispanohablantes que intentan aprender esta lengua y muchos preparan exámenes internacionales como el Diploma de español como lengua extranjera del Instituto Cervantes para poder encontrar un trabajo con el mundo español”23. Hasta el punto de que Marruecos se sitúa en el cuarto lugar (incluyendo también al bloque de la UE) en la lista de países con mayor población de hispanohablantes, destacándose, como se puede observar en el cuadro de abajo, la cifra de “1.754.485” como el número “total de usuarios potenciales de español” en Marruecos24.
| País | Grupo Dominio Nativo (GDN) | Grupo Competencia Limitada (GCL) | Total de usuarios potenciales de español |
| Estados Unidos | 41.899.801 | 15.354.000 | 57.253.801 |
| UE-27 | 1.267.000 | 28.047.000 | 29.314.000 |
| Reino Unido | 216.518 | 4.882.741 | 5.099.259 |
| Marruecos | 12.774 | 1.741.711 | 1.754.485 |
| Canadá | 707.400 | 664.959 | 1.372.359 |
| Brasil | 522.443 | 170.444 | 692.887 |
| Filipinas | 4.584 | 562.337 | 566.921 |
| Suiza | 212.970 | 343.161 | 556.131 |
| Australia | 175.491 | 384.000 | 559.491 |
| Sáhara Occidental | 423.739 | 423.739 | |
| Belice | 58.893 | 157.363 | 216.256 |
| Antillas Neerlandesas | 46.621 | 156.715 | 203.339 |
| Argelia | 1.149 | 173.600 | 174.749 |
| Japón | 131.000 | 29.000 | 160.000 |
| Israel | 104.000 | 45.000 | 149.000 |
| Aruba | 14.737 | 74.650 | 89.387 |
| Andorra | 34.132 | 37.545 | 71.677 |
| Trinidad y Tobago | 4.000 | 66.401 | 70.401 |
| Noruega | 13.000 | 24.000 | 37.000 |
| Guam e Islas Marianas del Norte (Estados Unidos) | 1.309 | 30.924 | 32.233 |
| Rusia | 28.924 | 28.924 | |
| Nueva Zelanda | 22.000 | 22.000 | |
| Turquía | 5.460 | 16.200 | 21.660 |
| Islas Vírgenes (Estados Unidos) | 16.788 | 16.788 | |
| China | 15.130 | 15.130 | |
| Jamaica | 8.500 | 8.500 | |
| Bulgaria | 5.000 | 5.000 | |
| India | 4.855 | 4.855 | |
| Otros países | 160.323 | 160.323 | |
| Total | 45.689.802 | 53.390.493 | 99.080.295 |
Fuente: El español en el mundo. Anuario del Instituto Cervantes 2024, pp. 52y 53.
El Instituto Cervantes, con apoyo de las instituciones iberoamericanas, es una pieza clave en la expansión de la lengua española, aunque también de la cultura española con carácter general, lo que acrecienta el interés por nuestro país, especialmente en la totalidad de los países del norte de África y de países concretos del Magreb, como Marruecos, en los que resulta más factible estrechar lazos en los ámbitos académicos, culturales, y lingüísticos. Todo ello hasta el punto de que, como se expresaba por el embajador español en Rabat, al hilo de la Presentación del programa anual de actividades culturales de España en Marruecos 2025, celebrado el 3 de febrero de este año en la capital marroquí, “Marruecos y España viven un momento excepcional en sus relaciones culturales, artísticas y científicas”25.
Las conexiones en el campo de la educación entre España y Marruecos son cada vez mayores, escalando puestos el sistema español respecto a la prevalencia del sistema francés en el país, y penetrando con fuerza en la región. Este interés se observa tanto en los países del Magreb como, en concreto, en el número de estudiantes marroquíes y argelinos que deciden realizar sus estudios en España. Ya en el año 2004 se señalaba que “cada vez más alumnos marroquíes cursan estudios en las universidades españolas, especialmente en la de Granada, grupos de escritores, artistas e intelectuales publican en español y la televisión oficial marroquí emite un telediario en español en hora de máxima audiencia”26. Incluso, un dato adicional sería que, en el año 2024, Libia contaba con “40.628” estudiantes de español (entre otros, dentro de la enseñanza primaria, secundaria y formación profesional; la enseñanza universitaria y los centros del Instituto Cervantes), cifra que era superada por Marruecos con “62.258” estudiantes, aunque a la cabeza se encontraba el país argelino con un total de “88.679” estudiantes27. Hasta el punto de que España y el español se consideran en Marruecos, al menos, la puerta de entrada hacia Europa e Iberoamérica, y nuestro país es la expresión de un “mestizaje” entre cuyos componentes se encuentra la influencia árabe y musulmana28.
En definitiva, en los últimos años, se advierte una intensa inclinación de los países del Magreb por el idioma español, pero también por el sistema de educación y los Centros de formación y Universidades españolas. A esto se suman las buenas relaciones entre la región del Magreb y España en otros aspectos culturales, como la música, o en ámbitos que potencian los vínculos de naturaleza cultural, como serían los medios de comunicación, o la creación de asociaciones, entre otros29.
ii) En segundo lugar, por lo que respecta al ámbito económico, son conocidos los excelentes nexos que hay, desde hace tiempo, entre el norte de África y España30, siendo en la actualidad numerosos los buenos datos que se podrían destacar al respecto. En particular, como sucede con las demás materias, esta relación se aprecia fundamentalmente con determinados países del Magreb, como Marruecos y Argelia, a pesar de la compleja situación que vivimos con este último país como consecuencia de acontecimientos recientes en la política exterior española. Además, el campo económico-comercial se podría considerar estratégico para España en las relaciones con el Magreb y, sobre todo, en el liderazgo que nuestro país podría ejercer en la relación Magreb-UE.
Veamos la situación en relación con los dos países del Magreb mencionados. Por lo que respecta a los datos relativos a la relación entre Marruecos y España se ha destacado que este país “es el destino de tan solo el 3% de sus exportaciones, y el origen de un modesto 2,2 de sus importaciones. Para Marruecos, sin embargo, España es su principal proveedor y cliente. El país magrebí recibe de España el 15,6% de sus importaciones –por delante de Francia (12,2%), China (10,1%), o Estados Unidos (7,4%)–, y envía a España el 24,1% de sus exportaciones, por delante de Francia (21,6%), Italia (4,7%) o Estados Unidos (4%). España es, pues, un socio comercial capital para Marruecos, mientras que, para España, Marruecos es, por el momento, un socio más”
Así, además de la importancia de determinados países de la región africana en las relaciones económicas en sentido estricto, también hay sectores especialmente relevantes que han tenido una gran transcendencia históricamente en las relaciones España-Magreb, y que se aprecian igualmente en las conexiones del Magreb con la UE, como podrían ser los ámbitos de la pesca, o la energía. Hace ya algunos años, se señalaba que “dentro de este marco bilateral de relaciones, (…) priman las relaciones económicas de la UE y España con Marruecos y Argelia, siendo el comercio y la energía, este último uno de los ámbitos estratégicos y prioritarios de la Unión, (…) Marruecos es el principal socio comercial de la UE y España en el Mediterráneo. Además, a través de la interconexión eléctrica en el Estrecho de Gibraltar, Marruecos participa en el mercado eléctrico comunitario, a través de España. (…) En el caso de Argelia, (…) es uno de los tres suministradores gasísticos principales de la UE y el primero en el caso de España”34, posición que se ha tambaleado después de la reciente crisis diplomática entre los dos países, aunque, como refleja la información publicada en 2025 y los datos que se señalan más abajo, parece haberse mantenido35.
A pesar del relativo enrarecimiento de las relaciones entre España y Argelia a partir de la declaración del Gobierno español respecto al Sáhara, “en el año 2024, España compró a Argelia el 38,7% de todo el gas importado (frente al 29,2% del año anterior). En 2024 las exportaciones de España a Argelia ascendieron a 857,1 M€ (141,5% de incremento en relación a 2023), mientras que las importaciones se situaron en 6.623,2 M€ (0,4% de incremento en relación a 2023)”36. Por lo que, aunque desde el año 2022 se hayan ido recuperando poco a poco y tímidamente las relaciones económicas y políticas entre el país magrebí y España37, parece razonable coincidir con Sagrario Morán cuando afirma la necesidad de, como estrategia para los próximos años, “abrir con mayor determinación nuevos cauces de cooperación sobre temas que se plantean ya en el futuro próximo y que están vinculados con la sostenibilidad y el progreso en todas las dimensiones de los dos países. De hecho, se pueden incrementar y fortalecer las relaciones económicas hispano-argelinas en ámbitos como el agroalimentario, el de las comunicaciones, la tecnología, las energías renovables o la gestión del agua”38.
En definitiva, se trata de diversificar los campos de colaboración económica entre España y el Magreb, lo que podría ser beneficioso para nuestro país pero, sobre todo, para el bloque europeo que precisamente tampoco está en el mejor momento de las relaciones con Argelia39, y que requiere fortalecer campos esenciales de su política exterior que son, además, su sello distintivo para este siglo, como la sostenibilidad, la protección del medio ambiente o la digitalización.
iii) Por último, y como aspectos más sensibles estarían los ámbitos de la seguridad y la defensa y también de las migraciones e, incluso, lo que con carácter amplio se podría denominar la conectividad entre el Magreb-España y la UE, es decir, diversos sectores de la cooperación que presentan singularidades y en los que se han ido intensificando las relaciones entre las partes. Detengamos la atención en el campo de las migraciones. Desde luego, la cuestión de las migraciones y la seguridad ha sido una constante en los últimos años entre España y ciertos países del Magreb, en particular Marruecos, lo que, en ocasiones, ha producido una sobresaliente inestabilidad política y territorial con consecuencias en la esfera europea. De nuevo, en los campos señalados, Marruecos es uno de los países del Magreb con el que España tiene mayores relaciones y a través de los que se podría canalizar el liderazgo de nuestro país hacia el Magreb en el marco del bloque comunitario en estas materias40.
En este sentido, es vital que España y Marruecos colaboren para regular la migración, fundamentalmente desde el norte de África a nuestro país, al menos como destino intermedio antes de avanzar hacia el norte de Europa. Esto lleva a afirmar que España y Marruecos están “condenados” a entenderse en materia migratoria y de seguridad. Por tanto, más allá de los claros vínculos económicos entre los dos países, siendo Marruecos “uno de los principales socios comerciales de España fuera del ámbito de la Unión Europea”, se puede afirmar que “Marruecos desempeña un papel fundamental en la gestión de los flujos migratorios hacia Europa, habiendo ambas naciones fortalecido su colaboración en la lucha antiterrorista a través del intercambio de información y la realización de operaciones conjuntas”41.
El análisis más pormenorizado de las relaciones en estas materias (migración, y seguridad y defensa) obliga a no perder de vista la delicada situación en la que se encuentran¸ desde esta óptica, la mayoría de los países del Magreb. Todo esto, condiciona la naturaleza de las relaciones que puedan establecerse con España y la UE, hasta el punto de diseñar las estrategias de colaboración tomando en consideración los “desafíos” que existen en la región africana42, o los “retos compartidos”, tal y como se ha señalado, por ejemplo, al hilo de relaciones entre España y Mauritania. Más allá de los lazos con Marruecos o Argelia, se podría anotar que “España y Mauritania comparten retos, amenazas y desafíos en materia de seguridad. Ambos países se comprometen a reforzar su cooperación, (…), y subrayan la necesidad de definir unos objetivos comunes en la lucha contra el terrorismo, la radicalización y la delincuencia organizada, en particular, contra el tráfico y la trata de personas, (…) En este sentido, celebran la adopción de una Declaración para impulsar la cooperación en la lucha contra las organizaciones y redes criminales internacionales”43. Al mismo tiempo, se dice que, en relación con Marruecos, Argelia y Mauritania, hace tiempo que España lleva a cabo “un enfoque integral en materia migratoria”, teniendo en cuenta a estos países en lo que se refiere a la migración irregular. Este sería solo un ejemplo entre otras políticas, también de naturaleza europea, en materia migratoria44.
Algo similar ocurre con otros países del Magreb como Argelia y Túnez. Ahora bien, en todos los campos analizados se observa la ausencia, en muchas ocasiones, de una política común, tanto por lo que respecta a la parte europea como, sobre todo, en relación con el lado africano del Magreb o, en todo caso, se aprecia la prevalencia de intereses nacionales y un afianzamiento de las relaciones bilaterales, lo que se podría explicar por la falta de instituciones sólidas en la región magrebí, así como por la inestabilidad social, económica, política y de seguridad en la que está sumida esta región. Así, las relaciones desde Europa hacia el Magreb se desarrollan normalmente y en la práctica con los países magrebís individualmente considerados, es decir, mediante relaciones netamente bilaterales, lo que llevaría a afirmar lo siguiente:
Primero, no existe una colaboración real y fuerte entre la UE con la Unión del Magreb Árabe (UMA)45, sino que, como se ha señalado, estas relaciones se han inclinado, desde hace tiempo, hacia la colaboración bilateral46. Todo ello, a pesar de que, en el año 2002, se aprobó el “Informe sobre las relaciones entre la Unión Europea y la Unión del Magreb árabe: puesta en marcha de una cooperación privilegiada (2001/2027(INI))”, en el que se destacó la importancia de impulsar las relaciones regionales, mediante el fortalecimiento de la integración regional magrebí47 en la que “los intercambios entre los países de la región, (…) nunca han superado el umbral del 4%”48. La integración en la región magrebí sería fundamental para gestionar las relaciones con la UE, al menos, como ha anotado parte de la doctrina, “entre sus tres países centrales (Marruecos, Argelia y Túnez)”, generándose “una cooperación reforzada de la UE con estos tres países”49.
Segundo, se refuerza la idea de los estrechos vínculos que existen entre determinados países europeos y algunos países del Magreb, tanto por la relevancia de estos países como actores clave en la región, como por la ubicación geográfica y los lazos históricos. En particular, se trata de Marruecos y Argelia. Hasta el punto de que, como se ha observado, las relaciones económicas, lingüísticas y culturales de España con Marruecos superan las del país árabe con el bloque europeo. Todavía más, España sería la puerta de entrada a Europa y al territorio de la UE. Esto lleva a defender el liderazgo de España en la colaboración que se pueda implementar por la UE en los campos analizados. En todo caso, como se sabe, las relaciones bilaterales de España con Marruecos, Argelia, Túnez y Mauritania se han encauzado a través de la celebración de Tratados de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, siendo la expresión más sobresaliente de su aplicación las Reuniones de Alto Nivel (RAN) que, además, abarcan la colaboración en las distintas materias que se han apuntado50.
En síntesis, se puede asegurar que, por un lado, la proyección hacia el Magreb es una prioridad para la política exterior española de los últimos años; y, por otro lado, los temas de las migraciones, la conectividad y también la seguridad y la defensa son aspectos clave en esta relación51. Sin embargo, los estrechos vínculos que existen entre las partes se expresan fundamentalmente en los campos económico, cultural y político – especialmente con determinados países magrebís- lo que refleja, al mismo tiempo, la privilegiada posición que ocupa España, como Estado miembro de la Unión Europea, para capitanear los acuerdos y colaboraciones que surjan entre el bloque comunitario y los países del norte de África.
A pesar de las eventuales crisis políticas, la proximidad entre nuestro país y los vecinos africanos, siendo Marruecos uno de los países más importantes de la región magrebí, es imprescindible el entendimiento o, en todo caso, se requiere de interacción y, sin duda, la necesidad de fomentar la interculturalidad y multiculturalidad entre ambas partes. Hasta el punto de que “las relaciones entre España y el Magreb, y especialmente con Marruecos, tienen un carácter cambiante pero siempre vivo”, al mismo tiempo que “desde un punto de vista extralingüístico, lo español es, además, el puente hacia lo europeo y hacia lo occidental en general”52.
En concreto, la cercanía de Marruecos con el continente europeo, por su vecindad con España, implicaría que tanto el país alauita como nuestro país sean puntos clave para la conexión con el Magreb, y en general con África y el mundo árabe, por una parte; y con la UE e Iberoamérica, por otra parte. Ahora bien, la importancia que tiene España en este escenario no solo se debe a su situación como eslabón con distintos espacios geográficos y geoestratégicos, sino también al valor que pueda alcanzar en el marco de la “autonomía estratégica” europea y del Mediterráneo53 e impulsando los valores europeos. Todo ello reforzaría el rol de la UE como bloque sólido en el cambiante e incierto panorama internacional y, también, el papel de España dentro del bloque europeo y en la comunidad internacional del siglo XXI.
El multilateralismo como herramienta para facilitar el liderazgo de España en el Magreb
El multilateralismo está siendo objeto de una considerable discusión en la actual escena internacional, desde el momento en que la potencia norteamericana lo ha atacado directamente. No son pocos los titulares de prensa que, con la llegada de Donald Trump al poder, han hecho referencia al “fin del multilateralismo”54, además de la reciente práctica norteamericana con la retirada y amenazas de hacerlo, por parte de este país de salirse de algunas Organizaciones internacionales, estimando esta salida como una de las “prioridades” del mandato del presidente norteamericano55. Las diversas instancias internacionales han defendido con celeridad los mecanismos instaurados por las Organizaciones internacionales que tan beneficiosos han sido en los últimos años. Así, basta recordar cómo la resolución aprobada por la Asamblea General, el 22 de septiembre de 2024, sobre el Pacto para el Futuro se compromete al “inicio de una nueva era para el multilateralismo”, a través de la adopción de “acciones para reforzar y revitalizar el multilateralismo y estrechar la cooperación internacional”56. Efectivamente, a pesar de los ataques a la cooperación multilateral (ya sea expresada a través de acuerdos internacionales o esquemas institucionales); muchos han visto una oportunidad en la nueva configuración internacional que precisamente podrían aprovechar Europa y España en sus relaciones con el Magreb.
Desde la perspectiva europea, algunos se han referido a esta cuestión, ya que las ofensivas al multilateralismo por parte de EEUU o Rusia podrían generar beneficios para las coaliciones internacionales como la UE, hasta el punto que “en lugar de lamentar estas turbulencias, debemos aprovechar esta oportunidad para sentar las bases de un nuevo multilateralismo, temporalmente sin Estados Unidos, que respete los valores de Europa ante los desafíos globales de las próximas décadas: el cambio climático, las nuevas tecnologías digitales, la inmigración, la desigualdad y el auge del populismo de extrema derecha”57. Es decir, la eventual creación de un multilateralismo en el que se reduzca la dependencia de los países de la UE respecto de los Estados Unidos y que sirva de base para la divulgación de los valores y principios de la UE en sus relaciones internacionales.
De sobra son conocidas las relaciones que algunos países del Magreb tienen, desde hace tiempo, con la potencia norteamericana, por un lado, y con Rusia y China, por el otro, aunque “lo novedoso ahora es el intento de Washington de forjar una alianza estratégica con Rabat, convirtiendo a Marruecos en un aliado preferente en África y en el mundo árabe”58, lo que condiciona el papel de Marruecos en la región del Magreb y genera distintos bloques, que serían, por una parte, Marruecos con el apoyo de EEUU; y, por otra parte, Argelia con el apoyo de Rusia y China59. Todo ello a pesar de que la llegada de Trump pueda hacer tambalear los diversos acercamientos que se produjeron en los últimos decenios y que en esta atmósfera de total incertidumbre se pueda producir cualquier escenario60. En todo caso, en los últimos meses, se ha afirmado que “Marruecos y Estados Unidos estrechan sus relaciones tras la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca”61, lo que “podría pasar factura a España”62. En efecto, Marruecos ha sido hábil políticamente uniéndose a Estados Unidos para defender sus causas, vinculadas con aspectos críticos de la soberanía y de la seguridad, y la defensa o la integridad territorial, lo que podría condicionar a España y a la configuración de las relaciones España-Marruecos en un futuro a medio-largo plazo.
Ahora bien, más allá de las apresuradas noticias y contextos que pueda generar el presidente Donald Trump, la UE constituye para España el mecanismo esencial en el que podría centrarse a la hora de construir una relación privilegiada y permanente con el Magreb, que sitúe en una buena posición a la UE, al tiempo que España ejerza el liderazgo. El interés del Magreb y también de los países del Sahel es, con toda seguridad, estrechar los nexos con Europa y, en particular, con lo que significa y representa la UE, pudiendo ser España la puerta de entrada, al igual que sucedería en el caso de América Latina y el Caribe. Es decir, España como ruta hacia Europa y América. No es de extrañar, entonces, que bajo el lema “reforzar el multilateralismo y la relación entre Mauritania y la UE”, que se contiene en la Declaración conjunta entre España y Mauritania, adoptada en el 2024, el Presidente del país africano destacara “el papel esencial de España en la Unión Europea, el G20 y las Naciones Unidas y subraya(ra) el compromiso y el liderazgo de España en el avance de la política europea hacia el Mediterráneo y el Sahel, congratulándose de su labor como puente entre Mauritania y la UE, (…) esta labor permite, asimismo, que las preocupaciones de Mauritania sean conocidas y atendidas en el seno de la UE”63.
El papel que podría tener el multilateralismo en estas relaciones es verdaderamente significativo, creándose lazos entre los países del Magreb y los países de la UE, impulsados por la cooperación institucionalizada. En esta línea, sobresale la importancia de la representación de la Unión Africana (UA) en la región a partir de países del Magreb como Mauritania, que ha ocupado la presidencia de la Organización regional hasta febrero de 2025. Esto se ha puesto en valor en la Declaración conjunta entre el país islámico y España64. Además, existen otros esquemas de colaboración con países del Magreb con influencia europea como, por ejemplo, el Foro del Mediterráneo Occidental, también “conocido como 5+5”, y que “reúne a cinco países de la UE (España, Francia, Italia, Malta y Portugal) y a cinco países del sur del Mediterráneo (Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez)”65; y la UpM creada en el año 2008 y que encuentra sus orígenes en el Proceso de Barcelona impulsado por España en el año 199566, constituyendo el marco actual de colaboración entre la UE y 16 Estados del Mediterráneo Meridional y Oriental (que tiene como miembros a todos los países del Magreb, excepto Libia que ostenta la categoría de observador)67.
El liderazgo de España en la región, tanto bilateralmente como en el marco del proceso de construcción europea, no sería nuevo68, pero sí diferente como consecuencia del actual contexto internacional. En esta dirección, Francia es otro de los países que guarda estrechos lazos con el continente africano y que ha influido en la región en términos culturales y lingüísticos. Como se sabe, Francia, más allá del norte de África y exceptuando algunos casos como la intervención belga, ha sido el país europeo que más influencia ha tenido en la zona. Sin embargo, como se asegura por los expertos en la materia, en los últimos años “no solo la antigua potencia colonial, Francia, sino Occidente en su conjunto, están siendo expulsados de la región, incluyendo a las fuerzas militares que fueron desplegadas en la zona a petición de las propias naciones sahelianas. Y ese vacío geopolítico, inducido en gran medida, está siendo aprovechado por otras potencias revisionistas, especialmente por Rusia”69. En general, se aprecia sin duda un rechazo del continente a la “intromisión europea” aunque, en particular, por lo que respecta al norte de África y al Magreb-Sahel esta “antipatía” se produce fundamentalmente en relación con el país galo70. Esta situación puede ser aprovechada tanto por el comportamiento histórico de España en la zona -diferente de la conducta francesa en la región- y, también, por las características de la política exterior por la que ha optado España en los últimos años y por los lazos consustanciales –y naturales- entre, particularmente, Marruecos, el Sáhara y España.
Desde el punto de vista del bloque europeo, la posición de Francia en el área magrebí no es la mejor vista, teniendo España una mejor consideración, aunque la “expulsión” francesa de la zona se está completando con el dominio de otros actores en la región. Como se decía en 2023, “China en particular (…) ha acrecentado su presencia de manera aplastante. A ella se añaden potencias medianas como Turquía, Qatar y Emiratos Árabes Unidos (…). Estados Unidos (…) que tiene un importante papel en aspectos de seguridad, (…) (y) Rusia, (…) está claramente de regreso y de manera agresiva”71. Todo ello, en el marco de un nuevo contexto internacional en el que, junto al auge de los conflictos bélicos y la ruptura del multilateralismo, se constata una tendencia a utilizar la diplomacia y el “soft power” para lograr los intereses, en lo que algunos países del Magreb, como Marruecos, están siendo extremadamente habilidosos, y en lo que quizá tendría que reflexionar la UE para orientar su política en los próximos años, al menos por lo que respecta a la zona del Magreb.
Se ha afirmado que “ante un contexto regional de rivalidad con Argelia e imposibilidad de avanzar en la integración regional, Marruecos optó desde la llegada al trono de Mohamed VI por una estrategia africana que combina diplomacia, negocios y soft power”72. Efectivamente, estas divergencias en la zona del Magreb también se han apreciado en el seno de los países de la UE, ya que, en los últimos años, mientras España se ha posicionado a favor de Marruecos, Francia ha tendido a mantener intereses más estrechos con Argelia73. Así, se han originado divergencias en la política exterior de los distintos países de la UE respecto a la región, hasta el punto de que se afirma que “la política francesa ha jugado sus propias cartas en el Norte de África y África Occidental, pero sin lugar a dudas el declive del multilateralismo europeo debe además entenderse en el marco de las intervenciones de Francia en los asuntos domésticos y regionales”74.
Ahora bien, esta situación no se observa únicamente en los casos de España y Francia, sino también con las posturas de Italia y Alemania, como se ha destacado “las políticas para el Magreb de los cuatro Estados miembros de la UE más influyentes divergen entre sí, ya que están conformadas por la política nacional de cada país y su interacción con la evolución de los acontecimientos en la región”. Efectivamente, la prevalencia de las políticas nacionales oscurece los objetivos comunes que se deben perseguir por el bloque europeo, aunque se aprovechen las sinergias que los Estados individualmente puedan construir. A pesar de que la región del Magreb no haya impulsado la cooperación institucionalizada como Europa, lo más valioso sería actuar conjuntamente a través de la UE, para tener un mayor poder en la escena internacional. Por todo ello, coincidimos plenamente con que “una mejor estrategia europea sería aprovechar las sólidas relaciones bilaterales como puntos de entrada para aplicar una política más coordinada, basada en los ámbitos donde convergen los intereses de la UE”75.
España y Francia no solo son vecinos, sino que son miembros de la UE y tienen una oportunidad esencial para impulsar, junto con Italia, Alemania y Portugal, una política común europea hacia la región africana, solventando las diferencias que existen o, en todo caso, haciendo prevalecer el interés de la UE como actor clave de las relaciones internacionales. En este sentido, más allá de la cooperación en el marco de la UpM, seguir reforzando el Foro del Mediterráneo Occidental (diálogo 5+5) podría ser una buena opción y esto debido, al menos, a los siguientes motivos.
Por un lado, es innegable que en la UpM, España no ocupa una posición privilegiada. Se trata, como hemos señalado, de una Organización integrada por los Estados miembros de la UE y 16 países del Mediterráneo Meridional y Oriental, entre los que se encuentran países de África o de Oriente Medio, cuya relación con España es menos estrecha como, por ejemplo, Egipto o Túnez; o Siria y Jordania. Asimismo, aunque los orígenes de la UpM están en el Proceso de Barcelona, sorprende sobremanera la ausencia de referencias específicas a la contribución española en su creación, así como anida la dificultad para encontrar alusiones específicas y favorables a España por parte de la Organización76.
Por otro lado, el Diálogo “5+5” es un foro más flexible de cooperación que la UpM, lo que puede ser beneficioso para adaptarse a los distintos escenarios que surjan en el nuevo contexto internacional, en particular, por lo que respecta a las relaciones entre España y el Magreb. Este foro ha conseguido importantes logros, algunos puestos en marcha por nuestro país, ya que “ha servido como plataforma para buscar soluciones a desafíos compartidos, destacando iniciativas como la Estrategia del Agua para el Mediterráneo Occidental (2015), impulsada por España y Argelia”. Además, en el marco de este Diálogo, España tendría una posición más ventajosa, lo que podría ser complementario con la política común de la UE representada a través de la UpM. Como se ha dicho, “los países del Sur de Europa, y en especial España, enseguida vieron una gran oportunidad para lograr el pacto (refiriéndose al Proceso iniciado en Barcelona), dando apoyo siempre que fuera acompañado de una política comunitaria europea”77. Incluso, se debe subrayar que España ha ocupado en el año 2024 la presidencia de la Iniciativa 5+5 Defensa que existe desde el año 200478.
Este proyecto versa sobre una cuestión esencial para los países que participan en el Dialogo 5+5 y, en particular para los países vecinos dentro de esta asociación, como son España y Marruecos; y, como se ha destacado, es “una herramienta fundamental para la Diplomacia de Defensa española por su contribución a la estabilidad, el fomento del entendimiento mutuo y la construcción de confianza entre los países de ambas riberas del Mediterráneo occidental”79. Todo ello, esboza un panorama en el que España cuenta con los elementos necesarios para jugar un papel preponderante en la política europea que se desarrolla con el Magreb, al menos, en dos ámbitos: en el campo de cultural, lingüístico, y de la educación; y en el terreno de la seguridad y defensa.
Aunque en la UpM estén representados todos los países de la UE, la política europea tendría que superar las divergencias que se plantean entre algunos de los países más representativos para la región del Sahel y también para la zona particular del Magreb. En esta línea, aprovechando las relevantes sinergias que crea el Diálogo 5+5, como foro político de cooperación, España podría encabezar un liderazgo en el marco de una política europea unida y fuerte, al menos en determinados campos de esta relación. Se debe coincidir con la aseveración de que “la verdadera revolución se producirá si las oportunidades sustituyen a los riesgos a la hora de marcar prioridades y si los esfuerzos cooperativos alcanzan a producir mejores resultados para todas las partes implicadas. He aquí otro ámbito donde los europeos podrían empezar predicando con el ejemplo”80. Todo ello, desde una política europea sólida a pesar de que, como se sabe, ni el continente africano y tampoco el Magreb son los espacios más avanzados en materia de cooperación institucionaliza, al mismo tiempo que las relaciones estrictamente institucionales no parecen funcionar plenamente en la zona.
Asimismo, se deben tener en cuenta las diferencias que existen entre los distintos países que integran el Magreb, así como las diversas situaciones en las que se encuentran desde el punto de vista actual, e histórico81. Estos aspectos condicionan, ciertamente, la relación España-Magreb y UE-Magreb, generándose una ligazón desigual en la que se encuentra, por un lado, la UE y, por otro lado, cada uno de los países que componen el Magreb. Partiendo del análisis del multilateralismo como elemento clave de discusión en la actual comunidad internacional se deriva la reflexión de ¿hasta qué punto quedaría condicionado el papel de España como líder de la UE en la relación con el Magreb? La pérdida de institucionalidad, con carácter general, afectaría negativamente no solo al avance de los procesos de integración y cooperación en la región africana, sino también a la política de la UE, al menos en sus nexos con los países del Magreb.
Las críticas al multilateralismo por los líderes de las ponencias globales, y los entornos políticos convulsos que habitan en la actualidad en la escena interancional, han llevado a impulsar el “soft power”, siendo los países del Magreb bastante sólidos en este tipo de ejercicio de poder. El combate del multilateralismo, lo que tiende a favorecer el fortalecimiento de marcos de cooperación más flexibles (como, entre otros: el Diálogo 5+5), debe tenerse presente a la hora de diseñar una política adecuada de la UE y de España hacia la región del Magreb. Y esto en razón, fundamentalmente, de la influencia de diversos actores e intereses que condicionan la relación entre la UE-Magreb, así como a la situación política e institucional en la que se encuentra la región africana.
Conclusiones
El análisis de las relaciones entre España y el Magreb pone de manifiesto que es un buen momento para fortalecer nuestra presencia en este espacio, así como gestar nuevos vínculos entre nuestro país y los países que integran esta región del continente africano. Esto queda demostrado por los intensos nexos de naturaleza económica, cultural, lingüística o social; así como por la política exterior española de los últimos años, que ha puesto en foco en esta región. Más aún, los instrumentos político-jurídicos que se han aprobado con distintos países de la región señalan que la relación España-Magreb es una de las prioritarias para los próximos años. Ahora bien, la falta de institucionalización regional en el Magreb, frente a lo que sucede en Europa, en particular, en el espacio que representa la UE, tiene algunas implicaciones negativas en el desarrollo de estas conexiones.
Por un lado, la relación de España con el Magreb queda vinculada a la política europea, fundamentalmente, como se ha señalado, mediante la UpM, que representa a toda la UE; y con el Diálogo 5+5 como foro del que son miembros algunos de los países de la UE más relevantes para la zona magrebí, como España, Francia, Italia, Portugal, y Malta. Por otro lado, destacan los lazos bilaterales que se han establecido entre España y distintos países que integran en Magreb, en particular, Marruecos, y Argelia; y, en los últimos años, con otros países de la zona, como Mauritania. Esto se combinaría con las relaciones que tienen otros países de la UE con diferentes países del Magreb. Desde ahí, se deben considerar, al menos, algunos aspectos para esclarecer el rol de España en los próximos años en la región magrebí.
Primero, en las relaciones de los países de la UE con el Magreb, destacan algunos países de esta región como Argelia, Túnez y Marruecos. Mucho menos se dice de países como Mauritania, con menos recursos y más problemas de infraestructuras y, en general, de desarrollo; y de Libia, con amplias y agudas crisis internas. En todo caso, España es el país europeo, y uno de los países del mundo, que tiene más relaciones – y en la actualidad, buenas relaciones, al menos, -con Marruecos; y con Argelia. Desde el punto de vista económico, los intercambios son innegables, alcanzando cifras sumamente relevantes para nuestro país y también para la región magrebí. Aunque no solo eso, Marruecos representa un espacio idóneo en la región africana por lo que respecta a la buena acogida de la lengua española, la cultura española-iberoamericana, y las conexiones educativas y sociales.
Segundo, el futuro de las relaciones entre España y el Magreb pasa, por lo tanto, por el marco de la acción comunitaria que perfila la UE. Conviene valorar las posibilidades conjuntas en la Unión y que se pueda determinar el liderazgo, en esta relación particular con el Magreb, de países como España. A tal efecto, se requiere emprender una política europea unida, fuerte y sostenible que se diseñe de forma inquebrantable ante los cambios políticos, sociales, y económicos de la región, con independencia de que se amolde, con la puesta en marcha de política concretas, ante las distintas realidades que vayan apareciendo, tanto por la parte europea, como por la parte africana. Asimismo, por lo dicho, nada impide que España juegue un papel preponderante en esta relación, con el fin de que la política común europea aproveche las ventajas de este liderazgo y, al mismo tiempo, nuestro país se sitúe como clave en una dimensión especifica de la política europea, como sucede en el caso de las relaciones con los países hispanohablantes del continente americano y el surgimiento de la identidad iberoamericana.
España podría ser un país idóneo para dirigir la política europea en la región del Magreb, con independencia de que se establezcan alianzas estrechas y concretas en cada caso, esencialmente con aquellos países europeos que integran también el Diálogo 5+5. Es evidente que España podría contribuir a reforzar la Asociación UE-África, así como se impulsó en su momento la Asociación Estratégica Birregional entre la UE y Latinoamérica, también a partir de los postulados de la política exterior española. Al menos con determinados países o en algunos ámbitos de la cooperación se observa con claridad la preponderancia española en la zona magrebí y, sobre todo, las eventuales oportunidades mediante, por ejemplo, la lengua y la cultura españolas.
Así, una relación entre España y el Magreb necesaria, fuerte o controlada dependerá de la habilidad que tenga nuestro país a lo hora de redefinir la política europea para la zona. Lo más conveniente podría ser compensar fuerzas, aprovechar lo que pueda aportar España, aunque con una visión europea, en la que se fijen claramente los objetivos y se articule una verdadera política común, que es la clave para que funcione la estrategia comunitaria y de nuestro país ante una zona sumamente relevante desde el punto de vista geopolítico como es el Magreb. Esto permitirá que la UE alcance también una mayor representación en el actual escenario internacional, caracterizado por el debilitamiento de los espacios multilaterales de cooperación; y por los intereses de actores relevantes en la zona. La Unión Europea tendrá que alcanzar la capacidad suficiente para proyectar una política que perviva a los aspectos de índole política, que perfilan las relaciones entre algunos de los países magrebís y las actuales potencias globales como EEUU, Rusia y, en menor medida, China.
En definitiva, atendiendo a los cambios que se están produciendo y se avecinan en el panorama internacional actual, la relación multilateral UE-Magreb se puede fortalecer a través de la relación bilateral España-Magreb, o, incluso, la conexión de España con determinados países de la región. En un escenario internacional incierto, las relaciones entre nuestro país y el Magreb gozan, en general, de buena salud y, en todo caso, la región magrebí se constituye como una prioridad política para los próximos años. La posición que puedan lograr la UE y España en el norte de África va a depender de cómo se sepan aprovechar los cambios que se palpan y que despuntan, en la actualidad, en la sociedad internacional.
Elena C. Díaz Galán
Profesora Titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales
Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, España
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
Este trabajo se ha realizado en el marco del Grupo de investigación de alto rendimiento en Libertad, Seguridad y Ciudadanía en el Orden Internacional de la Universidad Rey Juan Carlos (INTER-CIVITAS), así como forma parte del Proyecto CLAEU - European Union policy in Latin America and the Caribbean: Values, principles and areas of action, de la European Commission-Universidad Rey Juan Carlos, Referencia externa: 101127378.
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