
26 sept 2025
IEEE. El espacio: la última frontera del poder. Geopolítica, seguridad y la nueva carrera espacial
Manuela Carcar Albarrán. Alumna del Máster de Geopolítica y Estudios Estratégicos en la UC3M
Introducción: el espacio y la geopolítica
El espacio puede parecer un dominio demasiado lejano para molestarse siquiera en observarlo. En realidad, el futuro de la geopolítica se va a decidir fuera del territorio convencional. Éste se ha convertido en una infraestructura vital para la prosperidad nacional de los Estados. Las finanzas, los sistemas bancarios, el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), la vigilancia del clima y las telecomunicaciones en general dependen de los satélites que orbitan la Tierra. Además, está el aspecto militar del espacio exterior. Los militares se benefician de la información que proporcionan satélites como el sistema de Inteligencia, Vigilancia, Adquisición de Objetivos y Reconocimiento (ISTAR).
El poder espacial puede utilizarse de tres formas: como poder blando; para fines estratégicos no militares y para uso estrictamente militar. El poder blando incluye el GPS, las comunicaciones, el seguimiento del clima, etc.. Este tipo de poder podría impulsar la diplomacia espacial para tratar cuestiones como los desechos espaciales. El uso estratégico del espacio está en marcha desde la Guerra Fría y el uso militar de este dominio extraterrestre ha cobrado cada vez más importancia. Las misiones avanzadas de defensa antimisiles encuentran en el espacio exterior una zona indispensable para prosperar. Estados Unidos, por ejemplo, está construyendo una Arquitectura Espacial de Guerra Proliferada (PWSA). Estas iniciativas sugieren que el espacio se convierte rápidamente en un nuevo territorio de conflicto. Naturalmente, con esta tendencia ha aumentado el número de capacidades contra-espaciales a escala mundial, especialmente las pruebas de misiles antisatélite1.
El espacio es un lugar disputado: la información de 2024 sugiere que en 2021 había 8.261 satélites, de los cuales 1.809 pertenecían a aliados de la OTAN2. El espacio es ahora más accesible que nunca: los militares, los operadores comerciales e incluso los ciudadanos utilizan pequeños satélites. Son instrumentos ideales porque son baratos, fáciles de lanzar y difíciles de rastrear. Sin un marco jurídico internacional que impida la militarización del espacio, los Estados tienen razones para preocuparse por su seguridad. Si esta tendencia se mantiene, es probable que continúe la desestabilización y, con el tiempo, el despliegue de armas en el espacio será una realidad.
Los sistemas de comunicaciones y navegación son muy vulnerables a los ataques, ya sean físicos o cibernéticos. Esto se convertirá en otra forma de desestabilizar a los Estados y de librar guerras. Aun así, un entorno espacial pacífico no es una hazaña imposible. Hasta ahora, el espacio ha sido un lugar más o menos neutral. La distribución del poder se ha mantenido relativamente estable a lo largo de los años; pero ahora, con la nueva realidad multipolar y con China cerca de alcanzar a Estados Unidos a nivel tecnológico, la incertidumbre y la tensión crecen respecto al futuro de las relaciones en el espacio exterior. Se trata de un reto geopolítico3.
El objetivo de este trabajo es estudiar cómo el poder estatal tiene su traducción en el Espacio y observar el ejemplo de España dentro de esta tendencia. Podría ser esclarecedor observar su reacción ante esta tendencia global, en contraste con los actores que llevan más tiempo presentes en la cuestión. Lo primero será estudiar la regulación existente sobre el tema para entender las herramientas disponibles para los Estados de acuerdo con el Derecho Internacional. Después, se estudiarán los posibles problemas en el futuro, así como las tensiones entre Estados. Este ensayo estudiará el potencial dilema de seguridad que podría llevar al armamento del espacio; los desechos espaciales y el rol de los gobiernos y de los actores privados en la situación. A continuación, el ya mencionado ejemplo de España y, por último, las conclusiones.
La regulación del espacio exterior
El espacio exterior se convirtió en una preocupación poco después del lanzamiento del primer satélite artificial en 1958. Desde entonces, Naciones Unidas, a través de la Asamblea General, en la resolución 1348 (XIII), creó el Comité para Usos Pacíficos del Espacio Exterior de Naciones Unidas (COPUOS en inglés), permanente desde 1959. El objetivo de este Comité es promover la exploración pacífica y la cooperación entre agentes internacionales y mantener un contacto entre organizaciones gubernamentales y no gubernamentales en el espacio exterior. Tienen dos subcomités, uno científico y otro jurídico. El espacio no es un campo reciente o inexplorado por la comunidad internacional.
Ya existen iniciativas para redactar un cuerpo normativo al que recurrir cuando sea necesario; una referencia para orientar la acción internacional en relación con el espacio. Naciones Unidas creó así el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre (Outer Space Treaty, OST), constituido por el subcomité legal del COPUOS en 1966. La Asamblea General alcanzó el acuerdo final en la Resolución 2222 (XXI)4 sobre usos del espacio y exploración. El OST entró en vigor en 1967 e incluyó una serie de principios claros para prevenir interpretaciones incorrectas en el futuro. El Tratado incluye una sección que establece cómo las iniciativas de entidades, públicas o privadas, son responsabilidad de los Estados. Estos también son responsables de cualquier daño causado por sus aparatos espaciales.
El Artículo 2 del OST establece que “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera.”. Sobre actores privados y/o la acción de un grupo de Estados, el tratado establece (art. 5) que los actores privados deben contar con la autorización del Estado en el que operan. Las organizaciones internacionales, por su parte, tienen una responsabilidad doble en el espacio: tanto sobre la organización internacional como sobre cada uno de los Estados miembros.
Existen cinco cuerpos principales que regulan los asuntos espaciales en los que se exponen las normas para la consulta de los Estados. Su gestión está a cargo de las Naciones Unidas:
- El “Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre” (OST): Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes (en vigor desde 1968)
- El Acuerdo sobre el salvamento y la devolución de astronautas y la restitución de objetos lanzados al espacio ultraterrestre (en vigor desde 1968)
- El “Convenio sobre Responsabilidad”: Convenio sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales; un tratado internacional (en vigor desde 1972)
- El Convenio sobre el registro de objetos lanzados al espacio ultraterrestre (en vigor desde 1976)
- El “Tratado de la Luna”: Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y otros cuerpos celestes (en vigor desde 1984)
El tratado que actúa como Carta Magna para la regulación del espacio es el primero, el OST; ratificado por la mayoría de los Estados miembros5.
La jurisdicción de los Estados en el espacio exterior
La jurisdicción se refiere al poder de un Estado para ejercer su soberanía y autoridad basándose en el principio de eficacia. Se refiere al territorio, pero, en la mayoría de los casos, se trata de la forma en que un Estado ejerce su poder sobre las personas, los bienes y los acontecimientos. Este concepto se refiere tanto al Derecho Internacional como al Derecho interno de los Estados. El Derecho Internacional establece las fronteras y los límites permisibles de la jurisdicción de un Estado. Cuando las jurisdicciones se solapan, prima el Derecho Internacional Privado. En lo que respecta al espacio, prevalece el principio de no apropiación. El OST, antes citado, establece claramente que la utilización y exploración del espacio ultraterrestre es una providencia de toda la humanidad (art. 1). Los dominios extraterrestres son territorio extrajurisdiccional, lo que significa que ningún Estado puede ejercer derechos de soberanía sobre él.
Esto no significa, sin embargo, que los Estados no tengan ningún papel en el espacio. Al contrario, hay muchos aspectos que les conciernen directamente. Un Estado que lanza un satélite o desde el que un actor privado lanza un satélite, tiene la responsabilidad sobre ese aparato. Tienen responsabilidades internacionales sobre la actividad nacional en el espacio ultraterrestre y, para ejercer ese control, es necesario contar con una legislación nacional al respecto. La legislación espacial nacional debe ser conforme al Derecho Internacional. La creciente comercialización de este campo exige el desarrollo de una legislación nacional que regule y registre tanto la acción gubernamental como la no gubernamental6.
¿Quiénes son los principales actores en el espacio exterior?
Estados
El equilibrio del poder espacial se distribuye entre unos pocos Estados. Sus capacidades tecnológicas les han permitido adelantarse al resto del mundo y crear, de paso, una clara jerarquía de poder en el territorio extraterrestre. Estados Unidos es la primera potencia, con una inversión, una base industrial y unos conocimientos técnicos inigualables que le permiten estar muy por delante del resto de Estados. Su presupuesto para 2023 rondaba los 73.000 millones de dólares. Esos fondos se destinaron al presupuesto militar espacial, que incluía la NASA y la Fuerza Espacial de EE. UU. (un cuerpo independiente de la Fuerza Aérea, la sexta rama militar creada en 2019)7.
China es otro Estado que ha acelerado su programa espacial. Su objetivo es convertirse en líder mundial en este campo en 2030. Para ello, ha invertido en tecnología y en su programa de exploración. Sus actividades espaciales civiles y militares no están separadas como en el caso de Estados Unidos. En el año 2022, China realizó la mitad de los lanzamientos de observación de la Tierra con naves espaciales ISR de defensa con fines militares y civiles. Cuenta con la Administración Espacial Nacional de China (CNSA), así como con su homólogo ejecutivo: China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC), una empresa estatal.
Por otra parte, se ha observado que el programa espacial ruso está en declive tras el inicio de la invasión de Ucrania. Su programa está gestionado por su agencia Roscosmos. Ahora, su uso del espacio está completamente subordinado a sus necesidades militares. Esta inferioridad puede parecer negativa, pero Rusia ha cambiado de táctica: el espacio es ahora un lugar para el ataque. Han desarrollado sus armas antisatélite (ASAT) y otras capacidades contra-espaciales como los satélites RPO para interferir físicamente con las naves espaciales adversarias en órbita8.
El programa indio desarrolla rápidamente su potencia espacial. La Organización India de Investigación Espacial (ISRO) lidera el camino hacia una nueva era para el país. India se convirtió, en 2023, en el primer estado en aterrizar en el polo sur lunar con tecnologías asequibles e innovadoras. Esto los ha llevado a establecer oportunidades comerciales, asociaciones y colaboraciones con otros estados y agentes privados9. Un ejemplo de ello es la asociación de la ISRO india con un contratista privado nacional, Alpha Design Technologies, para crear satélites y tener su propio sistema de navegación10. De forma similar, algunos estados de Oriente Medio han empezado a profundizar en su interés por el espacio y han creado sus propias agencias espaciales. Los dos principales ejemplos son Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
El último ejemplo es la Unión Europea. En este caso, la colaboración espacial se hace entre sus Estados miembros, responsables en caso de disputa. La UE ha formado la Agencia Espacial Europea (ESA en inglés) con un presupuesto común y una investigación conjunta para tener aplicaciones científicas, de defensa, de seguridad y civiles. La UE tiene menos poder político y financiero en comparación con los distintos Estados individuales, pero han conseguido varios logros: por ejemplo, la creación de varias flotas de satélites de navegación y observación como Galileo. Existen varias agencias destinadas al espacio: la Agencia de la Unión Europea para el Programa Espacial (EUSPA), el Servicio Europeo de Navegación por Complemento Geoestacionario (EGNOS), así como las agencias espaciales de los distintos Estados.
Fig.1: “Países con programas espaciales”11
Estos ejemplos demuestran que los Estados o grupos de Estados son los que históricamente han decidido en materia espacial. Su experiencia y sus conocimientos son vastos y, como sugieren sus movimientos, no tienen intención de abandonar este ámbito a corto plazo. Su interés es tanto táctico como estratégico y están preparados, como demuestran los ejemplos citados, para mantener su posición en los asuntos espaciales. Estos son los Estados más destacados ahora mismo en el espacio exterior, pero, en el futuro, habrá más. Otro factor que no debe ignorarse es la creciente importancia de los actores privados en las misiones extraterrestres.
Actores privados
Los actores privados están en alza, pero esta tendencia no es nueva. La inversión privada en el espacio creó una tendencia hacia una competencia y un liderazgo más orientados a los negocios. El número de empresas espaciales o start-ups ha aumentado significativamente, así como la entrada de empresas no consolidadas en el sector espacial, como Google o Facebook, que ya han fijado su atención en los dominios extraterrestres. Los cambios se han percibido a todos los niveles: la entrada de nuevos actores; las innovaciones en el enfoque industrial; y la importante inyección de inversión privada (especialmente notable en EE. UU.), entre otros12.
La economía extraterrestre ha crecido rápidamente en la última década. Se espera que la economía espacial supere el billón de dólares en 2035 con el avance de la tecnología espacial. La importante reducción de los costes de lanzamiento y las innovaciones comerciales permiten realizar más actividades que nunca. La cantidad de lanzamientos ha aumentado (un 50% más) mientras que los precios para hacerlo han bajado. Al mismo tiempo, el precio de los datos también ha disminuido13. Algunas de las principales empresas que han aprovechado la tendencia aquí descrita son: Blue Origin (EE. UU.), SpaceX (EE. UU.), Galactic Energy (China), Skyroot (India) y MDA (Canadá). Otras empresas son Arianespace, una compañía creada por la Agencia Espacial Europea (ESA). Esta empresa, hasta la entrada de SpaceX en el mercado, era la que controlaba hasta el 50% del mercado mundial de lanzamientos14.
También es interesante observar la cantidad de satélites en órbita para tomar conciencia de la magnitud del tema.
Preocupaciones por el futuro del espacio ultraterrestre
Vacíos legales en la legislación internacional
Las normas internacionales elaboradas para el espacio no son impecables. Como ya se ha mencionado, los Estados no pueden reclamar la soberanía sobre el espacio o sus elementos. Debe utilizarse de forma pacífica, como se estableció en el OST. La cooperación internacional y la asistencia mutua deben prevalecer en el espacio... en teoría. En la práctica, no todos los Estados han ratificado todos los acuerdos anteriormente mencionados. Es el caso del “Tratado de la Luna”, en el que se establece (art. 11) que no se permite ninguna acción que cree la cuestión de la propiedad en relación con los recursos extraterrestres.
Estados Unidos no ha ratificado este acuerdo. En su visión, la Luna no es un bien compartido por la humanidad, sino un territorio rico en materias primas listo para ser explotado por quienes sean capaces de llegar a él. Luxemburgo, que tampoco ha ratificado el acuerdo, tiene una visión similar. Está previsto explotar los viajes espaciales –probablemente a cargo de agentes privados– al igual que las materias primas de los cuerpos celestes. Esto podría convertirse fácilmente en un punto de fricción entre Estados y podría acelerar o incluso desencadenar una guerra en caso de que esos bienes se vieran amenazados. Otro problema es la falta de definiciones que permite hacer ciertas suposiciones. Los acuerdos existentes, como en el caso del OST, son claros en cuanto a la prohibición de colocar armas nucleares o de destrucción masiva en el espacio. La cuestión que se plantea es que, aunque pueda parecer que el asunto queda resuelto, existen lagunas.
No hay una definición clara de “nave espacial” en el derecho internacional y ahí es donde se encuentra la laguna. Una nave espacial que pueda convertirse en un arma constituye una posibilidad. Es una cuestión de política e interpretación jurídica. El OST sigue sin aclarar cómo se ajustan las armas convencionales a este principio. Se trata de otra laguna jurídica que los Estados podrían aprovechar para llenar el espacio de este tipo de instrumentos17. Los satélites, aunque no sean estrictamente armas, pueden utilizarse para la guerra y proporcionar información vital para que los militares ejecuten un ataque. Esto ya ocurrió en la Primera Guerra del Golfo, en 1991, cuando las fuerzas de la coalición utilizaron el ISTAR para llevar a cabo ataques de precisión. La cuestión armamentística del espacio se convierte en una preocupación para la seguridad general del Estado.
El dilema de seguridad
La posibilidad de armar el espacio exterior cuestiona el concepto de dilema de seguridad de las Relaciones Internacionales. Este concepto significa que los Estados, inseguros de las intenciones del resto de los actores internacionales, se arman por su seguridad. Al hacerlo, ponen en marcha un ciclo de escalada. Las amenazas son múltiples y no están relacionadas exclusivamente con las armas físicas. Los ciberataques; las armas robóticas que pueden dañar satélites; y los satélites que pueden interrumpir el funcionamiento de otros dispositivos, entre otras amenazas, están siendo consideradas por los Estados. Sin marcos jurídicos internacionales que impidan el armamentismo con precisión, la desestabilización continuará y es probable que en un futuro no muy lejano se produzca el emplazamiento de armas en el espacio. La mayoría de los actores ven la potencialidad de utilizar el espacio para la seguridad y éste es el caso de la Unión Europea, que pretende incluir en su estrategia el uso del espacio “con fines de seguridad y defensa”18.
Es innegable que el espacio desempeñará pronto un papel aún más esencial del que ya tiene en las políticas estatales. A medida que aumenten las apuestas y que las funciones que proporciona el espacio sean cada vez más vitales, también aumentará la necesidad de proteger los intereses del Estado. Las principales ambiciones y elementos a proteger actualmente son: las operaciones militares, las transacciones económicas, las comunicaciones y la vigilancia (agricultura, clima, etc.). Los Estados consideran que sus satélites –y los lanzados por agentes privados desde su territorio– son de su dominio, por lo que están dispuestos a protegerlos. Cualquier daño a esos satélites podría constituir una agresión y desencadenar un conflicto. Los daños a los satélites crean otro problema de seguridad: los desechos espaciales.
Desechos espaciales
La cantidad de cohetes y satélites que se han lanzado al espacio empieza a suponer una amenaza. El riesgo de colisión crece a medida que aumenta el número de estos artefactos. Cualquier pieza de maquinaria que quede flotando, junto con satélites abandonados y trozos de pintura o cualquier otro material caído de los cohetes, pueden considerarse desechos. Hay 3.000 satélites muertos que orbitan el planeta; unos 34.000 trozos de basura espacial; y millones de piezas más pequeñas que pueden crear problemas si impactaran contra otra cosa. Suponen una amenaza para otros satélites en órbita que podrían cruzarse e impactar, dañándolos o incluso destruyéndolos, y creando más basura en el proceso; esto provocaría una reacción en cadena que podría dejar la órbita de la Tierra inservible. Este proceso se conoce como el síndrome de Kessler21.
Esta cuestión debe ser abordada tanto por los Estados como por los agentes privados. La Comisión de las Naciones Unidas sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos se ocupa de ello. Los Estados y las organizaciones internacionales han intercambiado información sobre la investigación de los desechos en la Subcomisión Científica y Técnica de la Comisión. La UE ha aplicado su propio enfoque complementario al de la ONU. La Agencia Espacial Europea (ESA) tiene su propio procedimiento y va más allá de las directrices de la ONU: el enfoque Zero Debris de la ESA22. Además, cuatro agencias espaciales civiles han unido sus fuerzas para hacer frente a este desafío: la NASA (EE. UU.), Roscosmos (Rusia), la ESA (UE) y Jaxa (Japón). Juntas crearon el Comité Interinstitucional de Coordinación en materia de Desechos Espaciales (IADC)23.
El enfoque de la comunidad internacional
El futuro del espacio está en construcción todavía y, por ello, es ahora cuando el espacio puede configurarse para ser utilizado pacíficamente por todos los actores. Un marco internacional es esencial para debatir todas las preocupaciones que los Estados y otros actores tienen en relación con el espacio. El reto de la seguridad es uno de los más urgentes y la ONU es consciente de ello. Algunos Estados han declarado el espacio como un ámbito bélico, lo que preocupa a la ONU, ya que podría desencadenar una carrera armamentística. Por ello, la organización reitera la importancia de mantener el espacio exterior como un lugar neutral. A medida que aumentan los lanzamientos de satélites y también los ciberataques, la ONU teme por la seguridad internacional.
Es necesario evitar malentendidos entre Estados. La transparencia entre actores implica compartir datos. Esto ya se ha hecho antes en otros ámbitos, como en el caso del acuerdo bilateral en 1972 entre Estados Unidos y la Unión Soviética, por el que se creó el Acuerdo sobre Incidentes en el Mar para evitar colisiones. Este mismo principio podría aplicarse en el espacio exterior, que es precisamente la iniciativa que propone la UE; un marco común para la seguridad y la sostenibilidad: la Ley Espacial de la UE que se debatirá en 2025. El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) propuso crear un Código Internacional de Conducta para las Actividades en el Espacio Exterior. Se redactó en 2014, pero nunca llegó a hacerse realidad24. El tema no se ha olvidado, la ONU insiste periódicamente, a través de la Asamblea General, en la necesidad de transparencia.
La reacción de España ante la cuestión espacial
El espacio exterior en España no había sido, hasta hace relativamente poco, una cuestión especialmente acuciante. A medida que las preocupaciones espaciales se hicieron patentes para la Unión Europea, también lo hicieron para España. El Estado peninsular no es ajeno a las medidas espaciales. En los últimos años se han tomado varias medidas en esta materia. Algunos ejemplos son la Estrategia de Seguridad Aeroespacial Española; la Estrategia Nacional de Ciberseguridad; y la creación del COVE (Centro de Operaciones de Vigilancia Espacial25). Además, en 2023 se creó la agencia espacial española, la AEE (Agencia Espacial Española)26.
Antes de este organismo, España gestionaba los asuntos y retos relacionados con el espacio a través de dos entidades principales: el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) y el INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial). Ambos organismos han trabajado juntos para consolidar una base cooperativa firme para coordinar las iniciativas espaciales y la navegación por satélite, entre otras acciones. El CDTI depende del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Fue la delegación española ante la ESA desde 1986 hasta 2023. Su función principal era gestionar la participación de la industria española en proyectos de alta tecnología. Por su parte, el INTA es un organismo dependiente del Ministerio de Defensa. Se dedica a la investigación aeroespacial, la ciencia espacial y el desarrollo tecnológico. Su misión principal es innovar y desarrollar nuevas tecnologías, así como apoyar técnica y científicamente a otras industrias españolas e internacionales.
La creación de la AEE (Agencia Espacial Española) tuvo como objetivo contribuir a la estrategia de seguridad nacional de España y elaborar el plan de acción en estrategia espacial. Apoyan las actividades relacionadas con el tráfico espacial; vigilan las actividades del Programa Nacional de Vigilancia y Seguimiento Espacial (SST) y el Programa de Conciencia Situacional Espacial (SSA); y se ocupan de la ciberseguridad y la protección de la información entre otras actividades27. España ha incrementado, con el tiempo, su nivel de participación en la Agencia Espacial Europea. A través del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, España aumentó en 2022 su contribución a la ESA28. El país, según lo visto en 2023, ampliará su contribución a un máximo anual a la ESA hasta 2027. Esta tendencia se corresponde con las medidas adoptadas por el Estado para prepararse mejor ante las tendencias mundiales. En la misma línea, España cuenta actualmente con 39 satélites en órbita en funcionamiento (ya sean de uso militar, civil o ambos a la vez). El cuadro con más información figura en el anexo.
Una prueba más de que la visión española del espacio ha evolucionado es el cambio de nombre del Ejército del Aire en 2022. Se cambió el nombre para incluir el espacio exterior: en lugar de Ejército del Aire pasó a llamarse Ejército del Aire y del Espacio29. Las nuevas amenazas existentes exigen Estados resilientes, capaces de adaptarse a las nuevas circunstancias. El espacio contiene numerosas amenazas que pueden suponer un problema real para la continuidad de los estados. La ampliación de la titularidad de las Fuerzas Aéreas para incluir el espacio exterior demuestra que España necesita dirigir su atención y su poder hacia nuevos dominios. Hay que abordar todas las áreas geoestratégicas y ésta es una forma de hacerlo.
Conclusión
A lo largo de este ensayo queda clara una idea: el espacio es hacia donde se dirige el futuro. Lo ha revolucionado todo: las comunicaciones, las iniciativas privadas, la geolocalización, etc. Ha dado forma a un nuevo mundo en el que tecnologías realmente impensables están al alcance de todos. El espacio, como herramienta, puede utilizarse para fines buenos o no tan buenos. Hemos visto cómo se utilizaban los satélites para seguir el cambio climático y controlar los fenómenos medioambientales. Pero también hemos visto satélites utilizados para localizar objetivos a bombardear durante las guerras.
Todavía está por decidir si el espacio será una empresa pacífica o no. Las pruebas que se han analizado sugieren que la tendencia es hacia una nueva carrera armamentística que implica al espacio y que puede tener consecuencias -sin precedentes- en caso de guerra. Los tratados existentes son la base sobre la que construir. El reto reside en el hecho de que los Estados pueden optar por aprovechar las lagunas existentes en los tratados o negarse a firmar tratados que establezcan la paz y un objetivo común que implique a las materias primas del espacio exterior como se sugiere en el Tratado de la Luna. Es hora de que todos los actores decidan si quieren unirse para crear directrices claras que fomenten la transparencia y la colaboración o si quieren establecer las reglas de una futura guerra espacial.
En todo esto, los actores privados tienen algo que decir. También tendrán que elegir entre el beneficio a toda costa o la sostenibilidad. Se ha demostrado que los desechos espaciales pueden acabar con todo si los actores no tienen cuidado. En el peor de los casos, la humanidad se vería abocada al fin de las telecomunicaciones modernas por satélite. Los actores privados también tendrán algo que decir en materia de seguridad. A medida que las tecnologías avancen y los costes privados disminuyan con la innovación, es probable que se conviertan en proveedores indiscutibles de los Estados.
El dilema de la seguridad ha sido un problema en toda la Tierra y trasladarlo al espacio tendría consecuencias devastadoras. Es sólo cuestión de tiempo que un Estado tome la decisión, inducida por el miedo, de poner armas nucleares en órbita. Esto crearía una nueva Guerra Fría con un potencial de destrucción sin precedentes que podría acabar con la humanidad en cuestión de segundos. Parece que éste es el final inevitable, el camino fatal que la humanidad está destinada a recorrer. Sin embargo, aún cabe la esperanza. Organizaciones como la ONU, pero también la UE -lo que incluye a España, han dado tímidos pero poderosos pasos hacia la elaboración de un Código Internacional de Conducta para el Espacio Exterior, una Ley del Espacio. Iniciativas como ésta podrían marcar la diferencia y romper el círculo vicioso del dilema de la seguridad. Sólo mediante la colaboración y la cooperación abierta puede haber un futuro que no acabe en catástrofe.
Anexo
Tabla 1: “Satélites españoles en órbita”30
Manuela Carcar Albarrán
Alumna del Máster de Geopolítica y Estudios Estratégicos en la UC3M
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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El espacio: la última frontera del poder. Geopolítica, seguridad y la nueva carrera espacial
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Space: The Final Frontier of Power. Geopolitics, Security and the New Space Race
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