
12 may 2025
IEEE. El Conflicto en las Islas Senkaku/Diaoyu
Pablo Gordo Hurtado. Analista Junior en Prácticas
¿Qué importancia puede tener un pequeño archipiélago deshabitado en medio del Mar de China Oriental como para desestabilizar las relaciones entre dos de las mayores potencias asiáticas? La disputa entre China y Japón por las islas Senkaku (Diaoyu en chino), es un conflicto territorial que tiene raíces históricas que se remontan al siglo XIX, siendo influenciado por el Tratado de Shimonoseki (1895) y la Conferencia de Potsdam (1945). Estas islas han sido y son, a día de hoy, motivo de disputa debido a su gran importancia geoestratégica y a su relevancia económica.
Características Geográficas
El archipiélago de las Senkaku/Diaoyu está formado por cinco islas y tres islotes, actualmente deshabitadas, en el Mar de China Oriental. Se encuentran a 140 kilómetros al suroeste de Pengjia, en Taiwán, y a 170 kilómetros al norte de la isla Ishigaki, Japón. Sus nombres y características son:
- Uotsuri-jima (1) (En chino, Diaoyu Dao). Es la isla más grande del grupo, con una superficie de 4,3 km² y una altitud máxima de 362 metros.
- Kuba-jima (6) (En chino, Huangwei Yu). Tiene una extensión de 1,08 km². Se sitúa al noreste de Uotsuri-jima.
- Taisho-jima (7) (En chino, Chiwei Yu). Cuenta con un área de 0,0609 km². Es la isla más al este del archipiélago.
- Kita-kojima (3) (En chino, Beixiao Dao) y Minami-kojima (3) (En chino, Nanxiao Dao). Con 0,31 km² y 0,40 km², respectivamente.
Mapa 1 / Fuente: Kontinentalist
Además de estas islas, existen tres islotes: Tobise (2), Oki-no-Minami-iwa (4), y Oki-no-kita-iwa (5).
Contexto Histórico
Durante la Primera Guerra Sino-japonesa (1894-1895), el Imperio de Japón logró una contundente victoria ante las tropas de la dinastía Qing de China. Tras la derrota, el 17 de abril de 1895 se firmó el Tratado de Shimonoseki. En el tratado, China cedía a Japón la soberanía de Taiwán, las islas Pescadores y la península de Liaodong. En el mismo periodo, Japón también se anexionó las islas Senkaku/Diaoyu, con el argumento de que eran tierras vacantes (“terra nullius”) y que no estaban bajo el control efectivo de ningún Estado1. Sin embargo, China afirma que estas islas siempre han sido parte de su territorio ya que, según el gobierno chino, sus aguas eran utilizadas por sus pescadores desde el siglo XIV. No obstante, la debilidad política y militar de la dinastía Qing como consecuencia del Tratado de Shimonoseki impidió que se protestara por la anexión en ese momento2.
Con el final de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados acordaron en la Conferencia de Potsdam (17 de julio - 2 de agosto de 1945) los términos de la rendición japonesa. En la Declaración que siguió a la conferencia se decidió que Japón debía devolver todos los territorios conquistados por la fuerza3. Más tarde, el Tratado de San Francisco (1951), que hizo efectiva la paz entre Japón y las potencias aliadas, estableció la devolución de Taiwán a China, pero no se mencionaron explícitamente las islas Senkaku/Diaoyu4, quedando bajo control japones durante la ocupación estadounidense. En 1972, Estados Unidos, tras la firma del Acuerdo de Reversión de Okinawa, transfirió la soberanía a Japón5.
China protestó. Afirmaba que las islas estaban ligadas a Taiwán históricamente y que también debían ser devueltas. No obstante, tras el acuerdo de Revisión de Okinawa, Japón y la República Popular China (RPC) volvieron a establecer relaciones diplomáticas mediante la firma del Comunicado Conjunto Sino-japonés.
Es de destacar que durante las negociaciones ambos países evitaron tratar directamente el estatus de las islas Senkaku/Diaoyu, lo que se interpretó como una estrategia para priorizar la cooperación económica y política6.
De hecho, en 1978 miembros de un grupo nacionalista japonés, con vínculos en el grupo yakuza Sumiyoshi-kai, denominado “Nihon Seinensha” (Federación de la Juventud de Japón), desembarcaron en la isla de Uotsuri-jima/Diaoyu Dao y construyeron un faro7. Aunque la acción causó protestas por parte de la RPC y de la República China (RC), no fue razón suficiente para que en el mismo año no tuviese lugar la firma del Tratado de Paz y Amistad entre China y Japón. En aquel entonces viceprimer ministro chino, Deng Xiaoping, sugirió que la disputa fuera dejada para futuras generaciones, para evitar un enfrentamiento directo en ese momento. Esta era una estrategia pragmática, pues en aquel momento se pretendía priorizar la modernización económica del país, sin generar fricciones con Japón8. En 2005, el gobierno japonés asumió el control del faro construido en 1978.
A pesar del acuerdo implícito de postergar la disputa, en la década de los 90 resurgieron las tensiones en torno a las islas Senkaku/Diaoyu. Ya a principios de 1992 había bastantes conflictos entre barcos pesqueros japoneses y taiwaneses, pero los mayores problemas llegarían cuatro años después. En julio de 1996, el mismo grupo nacionalista construyó otro faro en la isla de Kita-kojima/Beixiao Dao. Dos meses después, el 7 de octubre del mismo año, algunos manifestantes de la RPC y Hong Kong iniciaron otra protesta por la nueva infraestructura. Miembros del “Movimiento Bao-Diao” (Movimiento de Defensa de las Islas Diaoyu), un grupo nacionalista chino y taiwanés creado en los años 70, para defender la soberanía china de las islas9; colocaron las banderas de Taiwán y la República Popular China en la isla principal10. Rápidamente, los manifestantes, fueron desalojados por la Guardia Costera Japonesa lo que provocó que el gobierno chino intensificase sus reivindicaciones sobre la soberanía del archipiélago. Un año más tarde, China y Japón establecieron un acuerdo pesquero para regular la explotación de los recursos marinos en la zona, sin abordar la cuestión de la soberanía territorial. Sin embargo, este acuerdo no solo no logró reducir la mutua desconfianza, sino que además suscitó críticas en ambos países11. En 1998, Jiang Zemin realizó la primera visita oficial que un jefe de gobierno chino hacía a Japón. Durante esta visita, se enfatizó la necesidad de que Japón reconociera su responsabilidad histórica en la Segunda Guerra Mundial. Este generó fricciones durante las negociaciones sobre cooperación económica y seguridad regional12.
A principios del siglo XXI, China y Japón mantuvieron reuniones bilaterales en el marco de foros internacionales como la ASEAN+3 y la APEC. No obstante, a pesar de los esfuerzos diplomáticos, la falta de confianza y la presión de los sectores nacionalistas en ambos países impidieron avances en el conflicto territorial13.
Argumentos de las Partes
Japón sostiene que el archipiélago de las Islas Senkaku/Diaoyu es parte de su territorio, basándose en el principio de ocupación efectiva y su administración continua desde la Reversión de Okinawa en 197214. Según el Principio de Ocupación Efectiva, en la jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), un estado debe demostrar un control continuo y efectivo sobre un territorio para reclamarlo. Japón administra las islas y sus aguas desde antes de la ocupación estadounidense, asumiendo el control directo de estas desde 1972, reforzando su posición. La posición japonesa, también argumenta que no se han registrado reclamaciones previas por parte de China hasta la década de los setenta, cuando se descubrieron posibles fuentes de recursos energéticos en la zona.
La República Popular China, por su lado, esgrime que estas islas han sido históricamente parte de su territorio usando mapas y documentos dinásticos como evidencias15. Apoyándose en el Principio, del CIJ, “Uti Possidetis Iuris”, que sostiene que las fronteras coloniales deben respetarse tras la independencia de un territorio, según el argumento chino, al ser estas islas históricamente parte de Taiwán serían de soberanía China.
Esta misma línea argumental también es utilizada con las islas en el Mar Meridional de China. La RPC afirma que, tras la Segunda Guerra Mundial, la cesión territorial fue interpretada de manera errónea, ya que las islas debían de ser devueltas junto con Taiwán a su soberanía.
Japón ha demostrado una administración continua de las islas, en términos de ocupación efectiva y reconocimiento internacional, lo que refuerza su argumento jurídicamente. Como se mencionó en el apartado anterior, la omisión de las islas en el Tratado de San Francisco (1951) ha mantenido abierta la disputa sobre el estatus de estas tras la Segunda Guerra Mundial, dando lugar a la interpretación China. La falta de una resolución jurídica ha permitido que ambas naciones mantengan sus posiciones.
Según la Carta de las Naciones Unidas, en el artículo 2.3, se establecen los mecanismos para resolver las disputas territoriales a través de un sistema pacífico, evitando el uso de la fuerza. No obstante, ambos países han evitado llevar el caso a la CIJ, optando por las gestiones diplomáticas y las demostraciones de fuerza16.
Lo más relevante del conflicto, no es el archipiélago en sí, es la disputa del territorio alrededor de las islas. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (COVEMAR) establece la denominada Zona Económica Exclusiva. Esta se extiende hasta doscientas millas náuticas, unos trescientos setenta kilómetros, desde la línea de base de un país. En esta zona, el estado poseedor tiene derecho exclusivo para la explotación y exploración de los recursos naturales, tanto en la columna de agua como en el lecho marino. No obstante, debe permitir la libre navegación y el sobrevuelo de la zona por aviones de otros países.
El Conflicto en el Siglo XXI
El conflicto, derivado de la disputa territorial entre China y Japón por las islas Senkaku/Diaoyu, que había estado latente, volvió a recrudecerse en el año 2010. Este año marcó el punto álgido de hostilidad entre ambas potencias, debido a una serie de incidentes llegaron a tensionar de manera significativa las relaciones diplomáticas. Las repercusiones de este enfrentamiento afectaron severamente a la estabilidad de la región Asia-Pacífico.
El incidente más importante ocurrió el 7 de septiembre de 2010, cuando un barco pesquero chino, el Minjinyu 5179, colisionó con dos patrulleras de la Guardia Costera de Japón en aguas cercanas a las islas Senkaku/Diaoyu. La Guardia Costera japonesa detuvo al capitán del barco, Zhan Qixiong y a su tripulación, alegando que el pesquero había realizado unas maniobras peligrosas contra sus patrulleras17. Cuando la detención se hizo pública, la República Popular China reaccionó inmediatamente, convocando al embajador japonés de Pekín y exigiendo la liberación incondicional del capitán junto con toda la tripulación. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China calificó la acción como una violación de su soberanía territorial18.
Ante la negativa inicial de Japón, el 15 de septiembre de 2010, China decidió incrementar la presión decretando una serie de medidas económicas entre las que destacaba la suspensión de las exportaciones de minerales de tierras raras a Japón. Estas eran y son esenciales para la producción de tecnología avanzada como componentes electrónicos y baterías19. Cinco días después, China también canceló las reuniones bilaterales de alto nivel y retrasó las negociaciones acerca de la explotación conjunta de los yacimientos de gas en el Mar de China Oriental20. Estas medidas aumentaron la tensión regional, y afectaron severamente a las relaciones comerciales entre ambas naciones. Finalmente, el 24 de septiembre de ese año, debido a la presión diplomática y económica, Japón decidió liberar a Zhan Qixiong. Se Justificó la decisión alegando la necesidad de preservar la estabilidad de las relaciones bilaterales. No obstante, el gobierno japonés aclaró que la medida no implicaba el reconocimiento de la soberanía china sobre las islas21.
Dos años después, el 15 de agosto de 2012, un grupo de catorce activistas chinos, del Comité de Acción para la Defensa de las Islas Diaoyu (Action Committee for Defending the Diaoyu Islands), zarpó desde Hong Kong con el objetivo de reclamar y reafirmar la soberanía de China sobre las islas. Aunque la Guardia Costera japonesa no escatimó en advertencias de represalias, cinco de los activistas lograron desembarcar en la isla de Uotsuri-jima/Diaoyu Dao, la isla de mayor tamaño del archipiélago. Cuando llegaron a tierra, ondearon banderas chinas y proclamaron que el territorio les pertenecía. El país nipón respondió arrestando a los activistas por ingreso ilegal y los trasladó a Okinawa para ser interrogados22. Las detenciones generaron una gran indignación en China, donde se realizaron varias manifestaciones en diferentes ciudades llegando algunas de ellas a finalizar con ataques contra negocios japoneses. Esta acción fue respondida con varias manifestaciones en suelo japonés. La creciente presión diplomática, por parte de ambos países, terminó haciendo que el gobierno japonés deportara a los activistas dos días después, tratando de evitar una escalada mayor23.
Imagen 1 / Fuente: Diaoyu, agosto de 2012 / Masataka Morita / AP
El 19 de agosto de 2012, como respuesta a los activistas chinos, un grupo de ciento cincuenta activistas japoneses, contando entre ellos a varios políticos locales y miembros de grupos nacionalistas, partió hacia las islas Senkaku/Diaoyu con el objetivo de reafirmar la soberanía japonesa sobre el archipiélago. Cuando llegaron a las cercanías de las islas, diez de ellos nadaron hasta Uotsuri, donde plantaron banderas japonesas y cantaron el himno nacional24. En este caso, las autoridades japonesas no detuvieron a los participantes lo que provocó que el gobierno chino condenara el suceso y lo calificara como provocación. Además, en diversas ciudades chinas se volvieron a intensificar las protestas, volviendo a realizar actos de violencia contra empresas y ciudadanos japoneses25. En septiembre de 2012, la controversia aumentó, otra vez, cuando el gobierno japonés, dirigido por Yoshihiko Noda, anunció la compra de tres de las islas (Uotsuri-jima/Diayou Dao, Kita-kojima/Beixiao Dao y Minami-kojima/Nanxiao Dao) a la familia Kurihara, propietarios privados de estas islas. La compra se llevó a cabo con el argumento de mantener una administración estable y pacífica, acción que tuvo lugar después de que el gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, tratara de comprarlas con financiamiento público. Esto convocó otra oleada de protestas masivas en China, ya que sentía que su soberanía estaba siendo violada, y un aumento de la actividad marítima militar china en la región26.
Los enfrentamientos entre activistas de los dos países aumentaron la tensión y pusieron a prueba las relaciones diplomáticas entre China y Japón. Pekín exigió la liberación inmediata de los activistas chinos y reiteró que las islas forman parte de su territorio soberano. Tokio, por su parte, argumentó que el arresto se había llevado a cabo conforme a la ley japonesa, ya que las islas están bajo su administración legítima27. Estados Unidos llamó a la moderación, expresando preocupación por la posible escalada del conflicto. Aunque oficialmente Washington es neutral sobre la cuestión de la soberanía de las islas, ha remarcado que el Tratado de Seguridad entre EEUU y Japón incluye la defensa del archipiélago en caso de un ataque externo28.
En el plano militar, los incidentes de 2012 derivaron en un incremento de la presencia de barcos de la Guardia Costera china en la zona y un aumento de las incursiones de aviones militares chinos en el espacio aéreo cercano a las islas29. Japón respondió con patrullas aéreas y marítimas en la zona, al mismo tiempo que aumentaba su cooperación en materia de defensa con EE.UU. y otros aliados en la región30.
En noviembre de 2014, el presidente chino Xi Jinping y el primer ministro japonés Shinzo Abe tuvieron una reunión en el marco de la cumbre del foro internacional APEC en Pekín. Esta reunión, fue la primera entre líderes de ambos países tras años de tensiones. Durante el encuentro, se acordó establecer mecanismos de comunicación para evitar incidentes en el Mar de China Oriental31. Un año después, China y Japón establecieron una línea de comunicación de emergencia entre sus fuerzas armadas para evitar enfrentamientos en la zona. Este acuerdo, aunque crucial para la gestión de crisis, no resolvió la disputa de soberanía sobre las islas.
Tras la salida de Shinzo Abe del cargo de primer ministro en 2020, Japón continuó sus esfuerzos diplomáticos para una resolución pacífica de la disputa. En octubre de 2021, bajo el liderazgo de Yoshihide Suga, se mantuvo una llamada telefónica con su homólogo chino para dialogar acerca de la necesidad de mantener la estabilidad en la región y fortalecer los lazos bilaterales32. En 2022, hubo una reunión virtual entre el nuevo presidente japonés, Fumio Kishida, y Xi Jinping con motivo de la celebración del 50º aniversario del restablecimiento de sus relaciones diplomáticas. Ambos líderes destacaron la importancia de la cooperación económica y la gestión prudente de las diferencias territoriales. No obstante, el aumento de la presencia militar China en la zona ha generado nuevas fricciones33.
Actualmente, la inestable situación política de Japón puede jugar en su contra ya que China, apoyándose en su pujante poderío militar, puede ver una oportunidad para reclamar con más fuerza la soberanía del territorio. Esto es debido a que tradicionalmente China siempre ha preferido tratar con líderes fuertes. El gobierno en minoría de Ishibe Shigeru, con escaso apoyo parlamentario, no demuestra una posición firme acerca de la cuestión de Taiwán, lo que contrasta con la de Shinzo Abe. Es último, miembro del movimiento Seiwa Kai, un movimiento del partido Democrático Liberal, abogaba por un fuerte sentimiento nacionalista que priorizada la defensa y las relaciones económicas, haciendo más fructíferas las interacciones con el presidente chino.
No obstante, en los meses previos a la elección a presidente de Donald Trump, se pudo ver un tibio acercamiento entre las dos potencias asiáticas. Esto es debido a que en aquel momento existía la posibilidad de una guerra arancelaria, realidad que se ha materializado desde el momento de toma de posesión del presidente. Este acercamiento, meramente comercial, busca nuevos mercados, aunque es poco probable que se materialice. En primer lugar, porque China exige el reconocimiento de su soberanía sobre las islas Senkaku/Diaoyu y en segundo lugar porque según las últimas encuestas la animadversión de la población japonesa, acerca de la política expansionista de su gran vecino, está cerca del 80%. Además, en este mismo mes de marzo Donald Trump comentó la necesidad de fortalecer los lazos bilaterales con Japón, para contrarrestar la creciente presencia de China en el Mar de China Oriental34.
Importancia Militar de la Región
Aunque deshabitadas, de superficie reducida y naturaleza principalmente rocosa, la ubicación de las islas Senkaku/Diaoyu les otorga un gran interés geoestratégico. Esta localización es clave en la estrategia de defensa de Japón y Estados Unidos en el Mar de China Oriental ya que ambos países mantienen una alianza de seguridad bajo el Tratado de Seguridad Mutua de 1960. Por las aguas del archipiélago pasan varias rutas comerciales internacionales importantes, además de contar con zonas ricas en recursos pesqueros y potenciales yacimientos de hidrocarburos. Para China, el control de esta área no solo permitiría el acceso a todos esos recursos, sino que también le otorgaría una ventaja en términos de proyección de poder y vigilancia en la región35. Que China tomara el control de estas islas podría alterar el equilibrio de poder en la región del Indo-Pacífico ya que significaría una puerta abierta al Océano Pacífico para la Armada de la RPC.
La postura oficial de China36, sobre las islas Diaoyu, asegura que estas son parte integral de su territorio nacional, al igual que Taiwán. La presencia militar en la zona se justifica como una medida para proteger su integridad territorial. Este enfoque trata de alinearse con el principio de integridad territorial, reconocido en el derecho internacional. Este establece el derecho de un Estado a preservar y controlar su territorio ante intervenciones externas37. La presencia militar de China en el área busca equilibrar la influencia de otras potencias, especialmente Estados Unidos, que mantiene una alianza de seguridad con Japón y otra con Corea del Sur. Fortaleciendo su posición militar en las proximidades de las islas, el gigante asiático pretende disuadir intervenciones extranjeras, demostrando su capacidad para defender sus reivindicaciones territoriales38.
El control de las islas haría posible que China pudiera extender su perímetro defensivo y establecer una presencia militar avanzada en el Mar de China Oriental. Esto facilitaría operaciones de patrulla, vigilancia y respuesta rápida en una zona crítica para sus intereses estratégicos39. Con este acceso, se podría hacer una proyección de poder mayor en el área, muy cercana a Taiwán. Además, reforzaría su capacidad para controlar el tráfico marítimo y aéreo en una de las rutas comerciales más transitadas del mundo.
Para conseguir los objetivos, militares, previamente descritos la República Popular China ha llevado a cabo diversas acciones:
- Patrullas marítimas y aéreas: Con el objetivo de afirmar presencia y soberanía, las fuerzas navales y aéreas chinas realizan patrullas regulares en las cercanías de las islas. Las unidades chinas que las desempeñan suelen tener tensos encuentros con las homólogas japonesas cuando coinciden en las inmediaciones40.
- Establecimiento de zonas de identificación de defensa aérea (ADIZ): En noviembre de 2013, China declaró una Zona de Identificación de Defensa Aérea sobre un área que abarca las islas, exigiendo que las aeronaves extranjeras se identifiquen antes de atravesarla. Esta medida fue recibida con críticas por parte de Japón, ya que fue vista como un intento de control sobre el espacio aéreo en la región41.
- Ejercicios militares y despliegue de fuerzas: Para demostrar la capacidad del país para desplegar fuerzas en la región, China ha llevado a cabo ejercicios militares en el Mar de China Oriental, entre los que se incluyen maniobras navales y aéreas, simulando escenarios de defensa y recuperación de territorios insulares42.
Por su lado, Japón considera la ubicación de las islas esencial para su defensa nacional43. Es una posición estratégica para la protección del archipiélago de Okinawa y la proyección de su influencia en la región. Además, las islas representan un importante punto de contención frente a la creciente presencia militar china. Para garantizar su control, se han tomado contramedidas:
- Incremento de presencia militar: Tokio ha aumentado las patrullas marítimas de su Guardia Costera, en las aguas disputadas, para vigilar la actividad de las embarcaciones chinas. Se ha fortalecido la presencia militar en Okinawa, desplegando en islas cercanas como Yonaguni e Ishigaki, misiles antibuque y unidades de defensa aérea44.
- Búsqueda de apoyo internacional: En múltiples ocasiones, el gobierno de Estados Unidos ha reafirmado que las islas Senkaku/Diaoyu están protegidas bajo el Artículo 5 del Tratado de Seguridad entre Japón y Estados Unidos (1960), comprometiéndose a su defensa en caso de agresión. Este compromiso de seguridad ha llevado a un aumento en los ejercicios militares conjuntos y a la modernización de las fuerzas japonesas, incluyendo la compra de cazas F-35 y destructores avanzados45.
- Cooperación de seguridad regional: Japón ha intensificado su cooperación en seguridad con otras naciones, como Australia, con los que ha realizado varios ejercicios miliares. También destaca la presencia del país en la alianza QUAD, un grupo estratégico destinado a contrarrestar la influencia china en la región46.
Relevancia Económicos en la Región.< br/> Reservas de petróleo y gas natural
En 1995, China descubrió el yacimiento de gas natural de Chunxiao, cerca de la línea media que Japón propone como límite de las ZEE de ambos países. Además, el Mar de China Oriental está considerado como una zona con potencial en hidrocarburos. Estudios realizados por la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA) señala que el subsuelo marino del Mar de China Oriental puede contener grandes cantidades de recursos energéticos, sobre todo gas natural. Se estima que el área pueda haber más de veinte mil millones de metros cúbicos de gas natural47.
Mapa 2 / Fuente: World101
La interpretación y aplicación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) es esencial en la disputa. China argumenta que su plataforma continental se extiende naturalmente hasta la Fosa de Okinawa, lo que justificaría una ZEE más amplia. Japón, por otro lado, aboga por la línea media equidistante entre las costas de ambos países. Además, los japoneses han expresado varias veces su preocupación sobre las perforaciones chinas en el campo de Chunxiao, ya que estas pueden extraer gas de reservas que se extienden hacia el lado japonés de la línea media propuesta. Aunque el campo está ubicado en el lado chino de esta línea, Japón argumenta que las formaciones geológicas subyacentes podrían extenderse hacia su ZEE, lo que justificaría una reclamación compartida sobre los recursos. En 2008, se acordó explotar conjuntamente los campos de gas, pero las diferencias sobre la implementación han impedido avances significativos48.
La explotación de estos recursos podría tener un importante impacto económico para ambas naciones. El desarrollo de los campos de gas y petróleo proporcionaría una fuente adicional de energía, reduciendo la dependencia de importaciones. Se estima que el valor de las reservas podría ascender a miles de millones de dólares, dependiendo de los precios internacionales del petróleo y el gas49.
Recursos Pesqueros
Además de los hidrocarburos, el Mar de China Oriental es una de las zonas pesqueras más productivas del mundo. Esta región sustenta y genera empleo a las comunidades costeras de ambos países y también proporciona una importante fuente de alimento. En Japón, las prefecturas de Okinawa y Kagoshima dependen de la pesca en estas aguas para el mantenimiento de su economía. Al mismo tiempo, Zhejiang y Fujian, las provincias costeras chinas consideran las mismas aguas cruciales para su sustento50.
La riqueza pesquera ha sido una recurrente fuente de tensión entre China y Japón. Ambos países han acusado a pescadores del otro de incursiones ilegales en sus Zonas Económicas Exclusivas (ZEE). En un esfuerzo por mitigar estos conflictos, en 1997, China y Japón firmaron un acuerdo pesquero que establecía áreas de pesca compartida y mecanismos de cooperación51. No obstante, las actuales disputas territoriales han dificultado la implementación efectiva del acuerdo, y los incidentes relacionados con la pesca continúan siendo una fuente de fricción diplomática52. Las aguas alrededor de las islas albergan una variedad de especies comerciales, incluyendo sardinas, caballas, merluzas y calamares. Estas especies son fundamentales para las industrias pesqueras y su captura representa una porción significativa de la producción pesquera nacional, en ambos países. En 2010, se estimó que la producción pesquera total en el Mar de China Oriental alcanzó aproximadamente seis millones de toneladas métricas, con un valor económico de alrededor de diez mil millones de dólares estadounidenses53.
Para tratar de regular la actividad pesquera en la zona, Japón y Taiwán firmaron un acuerdo en abril 2013. Con este acuerdo los pescadores taiwaneses tuvieron acceso a nuevas áreas de pesca, haciendo que la zona abarcara mil cuatrocientas millas náuticas cuadradas. El acuerdo también estableció una comisión pesquera conjunta para gestionar los asuntos relacionados con la pesca en las áreas en disputa54. Obviamente, dicho acuerdo no fue bien acogido en la RPC, lo que causó una escalada de la tensión en la zona.
Otro incidente tuvo lugar en agosto de 2016, cuando un barco de la guardia costera china escoltó a trescientos pesqueros con bandera china que entraron en las aguas de las Islas Senkaku/Diaoyu. Durante cuatro días, un total de quince naves de la Guardia Costera china, se adentraron en esas aguas55. Recientemente, en enero de 2024, la guardia costera de China ordenó a una embarcación pesquera japonesa que abandonase las aguas que rodean el archipiélago de las Senkaku/Diaoyu, junto con varios patrulleros de la Guardia Costera japonesa56. Este incidente es una muestra de la continua fricción entre las dos potencias asiáticas, en relación con los derechos de pesca y la soberanía territorial de la zona.
La gestión de los recursos pesqueros en las aguas de las Islas Senkaku/Diaoyu presenta varios desafíos:
- Ausencia de mecanismos de resolución de disputas: Aunque exista un acuerdo de pesca entre Japón y China desde 1997, este carece de un mecanismo efectivo para la resolución de incidentes. Además, las crecientes tensiones bilaterales y la falta de confianza mutua dejan el pacto desprovisto de efectividad para afrontar las situaciones futuras.
- Creciente presencia marítima china: La continua presencia de buques de la Guardia Costera China y la Milicia Marítima en las aguas del archipiélago, usualmente escoltando barcos pesqueros chinos, ha incrementado la desconfianza, dificultando la distinción entre actividades pesqueras legítimas y operaciones respaldadas por el Estado57. Además, los barcos que últimamente incursionan en las aguas en disputa van armados lo que complica la resolución pacífica de los posibles incidentes58.
- Pesca ilegal: La gran demanda de productos marinos ha llevado a una excesiva presión sobre las poblaciones de peces, poniendo la sostenibilidad de la zona en entredicho a largo plazo. Además, la pesca ilegal, sin declarar y sin reglamentar (INDNR) es una preocupación creciente. Según informes de la Asamblea General de las Naciones Unidas, estas prácticas se abstienen del cumplimiento de las medidas adoptadas por los órganos regionales para conservar los recursos pesqueros.
Conclusión
El conflicto sobre las islas Senkaku/Diaoyu es una de las disputas territoriales más complejas de Asia, ya que en ella confluyen factores históricos, políticos, económicos y militares. Desde la restauración de relaciones diplomáticas entre China y Japón en 1972, las islas han sido motivo de tensión constante, con episodios de crisis diplomática y el aumento de la presencia militar en la región. Mientras Japón sostiene que posee soberanía sobre ellas desde 1895 y que fueron reintegradas tras la Segunda Guerra Mundial, China argumenta que las islas formaban parte de su territorio históricamente y que fueron usurpadas. A lo largo del siglo XXI, las reuniones diplomáticas han intentado mitigar el conflicto, pero los avances han sido limitados. La compra de tres de las islas por parte del gobierno japonés en 2012 exacerbó las tensiones, generando fuertes reacciones por parte de China, que han incluido desde protestas populares hasta sanciones económicas.
La región de las islas Senkaku/Diaoyu no solo tiene un valor simbólico y estratégico, sino también económico. Se estima que el subsuelo marino de la zona contiene importantes reservas de hidrocarburos, lo que ha motivado a ambos países a reclamar su soberanía con mayor firmeza. Además, la pesca en la zona es una de las más productivas del mundo, lo que añade otro nivel de disputa. La sobreexplotación de los recursos marinos y la pesca ilegal han sido motivo de constantes roces entre China y Japón, generando un escenario donde la cooperación internacional resulta imprescindible para evitar el agotamiento de estos recursos.
Desde una perspectiva militar, la creciente presencia de embarcaciones y aeronaves tanto de China como de Japón ha transformado la región en un posible foco de conflicto. China ha intensificado su presencia en la zona y está llevando a cabo una estrategia en donde se utiliza la guardia costera para desafiar a la administración japonesa de las islas, sin llegar a un enfrentamiento militar abierto. Por su parte, Japón ha reforzado su seguridad incrementando la presencia militar en la zona, y buscando alianzas estratégicas regionales como el QUAD. Además, cuenta con el respaldo de Estados Unidos, que ha reiterado en varias ocasiones que las islas están cubiertas por el Tratado de Seguridad entre ambos países. Este equilibrio de poder ha evitado choques directos, pero también ha elevado la tensión en la región, aumentando el riesgo de un incidente que pueda desencadenar una crisis mayor.
Las negociaciones diplomáticas han sido intermitentes y aunque se han creado varios canales de comunicación, no se ha conseguido resolver el fondo del conflicto. En 2014, Xi Jinping y Shinzo Abe establecieron un mecanismo de diálogo para tratar de evitar incidentes en la zona, pero la falta de confianza mutua ha limitado su efectividad. En 2022, durante el 50º aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Japón, se realizaron esfuerzos por fortalecer la cooperación económica y gestionar la disputa de manera pacífica, aunque sin importantes avances. La posición de ambos países, sumada a la creciente influencia geopolítica de China en la región, la vuelta al poder de Donald Trump y el inicio de una guerra arancelaria; hace que la posibilidad de una solución negociada a corto plazo sea poco probable.
Pablo Gordo Hurtado
Analista Junior en Prácticas
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El Conflicto en las Islas Senkaku/Diaoyu
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The Conflict in the Senkaku/Diaoyu Islands
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