IEEE. El Sur Global de China: Marco Teórico, Identidad Narrativa y Gobernanza Práctica

Triángulo institucional del Sur Global por China

04 nov 2025

IEEE. El Sur Global de China: Marco Teórico, Identidad Narrativa y Gobernanza Práctica

Yingying Fu y Eduardo Olier

Introducción

El presidente de China, Xi Jinping, ha hablado con frecuencia en múltiples foros internacionales de países en desarrollo y diálogos bilaterales del Sur Global, vinculándolo con lo que él define como una Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad. En octubre de 2024, el presidente Xi señaló en el “Diálogo de Líderes” BRICS+ que: “el ascenso colectivo del Sur Global constituye un signo distintivo de los grandes cambios mundiales” (Xi, 2024). En noviembre del mismo año, reiteró otra vez que “la sagrada misión histórica que portan los países del Sur Global es promover el desarrollo del orden internacional hacia una dirección más justa y equitativa” (Xi, 2024). En septiembre de 2025, al asistir a la cumbre de líderes de los países BRICS que tuvo lugar por medio de Internet, Xi señaló nuevamente que los países BRICS, como primera línea del Sur Global, deben persistir en promover el espíritu de los BRICS en una dirección de apertura, inclusión y cooperación, en un esquema win-win, defendiendo conjuntamente el multilateralismo, manteniendo el sistema de comercio multilateral, impulsando la “Gran Cooperación BRICS”, y construyendo conjuntamente una Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad (Xi, 2025).

El concepto Sur Global en los estudios de las relaciones internacionales está relacionado, normalmente, con las regiones en desarrollo que provienen de los períodos colonialistas e imperialistas, lo que incluye las ideas sobre el Tercer Mundo de Mao Zedong o el Movimiento de los Países No Alineados de Estados Menos Desarrollados (PNAEMD; Snyder, 1990). Sin embargo, según la perspectiva de los académicos chinos, la interpretación occidental sobre el Sur Global demuestra una forma de pensar basada hegemonía epistemológica de lo que se podría denominar como Norte Global. Dicha hegemonía se basa en una estructura binaria de dos relaciones: una es la de competencia, es decir, una cooperación intra-Estados de los países del Norte, y otra basada en la dependencia y/o dominación entre el Norte y el Sur (Yu, 2025). Es decir, los Estados del Norte han logrado asumir una identidad del Sur Global que está asociada a una colectividad atrasada, la cual es heterogénea e inestable (Grovogu, 2011). A su vez, con este tipo de pensamiento, el amplio espacio estratégico que tiene actualmente el Sur Global, unido a su dependencia del Norte, funciona como “colchón amortiguador” en los conflictos de poder, o de intereses, que se dan en los Estados del Norte.

De este modo, resulta que la relación Norte-Sur acaba constituyendo el fundamento de la propia existencia de las relaciones Norte-Norte (Li, 2023). De hecho, en el marco teórico occidental, el concepto del Sur es configurado al final por el Norte. Las experiencias locales y los saberes de los Estados del Sur son considerados carentes de universalidad y de conmensurabilidad, incapaces de influir en la práctica y en el desarrollo teórico del sistema mundial (Lake, 1987).

Con el aumento de nuevas potencias regionales en los Estados del Sur, estos países se han unido al fortalecimiento de nuevas capacidades para construir una identidad propia. Dichos Estados han logrado superar las limitaciones del concepto inicial que se tenía sobre el Sur Global en los planos geográfico, político y cultural, por medio de la consolidación de mecanismos cooperativos Sur-Sur. Como resultado, esta conformación del Sur Global se ha convertido en un actor fundamental dentro del sistema político internacional, debilitando la idea del “yo sólo”, construida desde el Norte (Dirlik, 2007). Con la circunstancia de que, desde el siglo XXI, las economías emergentes y los Estados en vías de desarrollo aportan hoy más de 40% de la producción económica global, y alrededor del 80% del crecimiento económico global. Resultando que el ascenso en conjunto del Sur Global ha incrementado su influencia en la configuración política y económica mundial de manera significativa.

Hoy en día, el Sur Global ha expandido su dimensión geográfica para convertirse en una identidad compartida entre los países que lo forman, así como en una plataforma de cooperación forjada por los países en vías de desarrollo dentro del sistema internacional, que se orienta a la defensa de intereses comunes, a la resistencia frente a las potencias occidentales y a la transformación del orden internacional (Gray, 2016). Al mismo tiempo, existe un impulso decidido para crear una multipolaridad en el poder internacional; lo que ha impulsado a los países occidentales a intentar alinear a los Estados del Sur Global con el fin de mantener su posición predominante. La evolución del concepto de Sur Global, junto con las actividades de los Estados incorporados a este movimiento, demuestra que tales Estados han alcanzado un grado mayor de autonomía en su identidad narrativa, así como en la planificación de las agendas internacionales, y en la construcción de mecanismos de cooperación para el desarrollo.

Teniendo en cuenta este contexto, los objetivos del presente trabajo se dirigen a entender la manera en que China construye desde su punto de vista histórico un marco teórico del Sur Global, y cómo China lleva a cabo el reconocimiento de esta identidad y sus mecanismos de gobernanza dentro de su forma “teórica” y “práctica” de entender la importancia de estos países en la escena internacional.

Para analizar esta posición de China, hemos recurrido al constructivismo, es decir, al análisis interpretativo de los diferentes discursos sobre el Sur Global, complementándolo con la teoría de la gobernanza global, a fin de analizar el proceso histórico de cómo China elabora desde su punto de vista la identidad del Sur Global. Para ello es importante examinar el discurso narrativo de los líderes chinos y revisar las alternativas chinas sobre la gobernanza global hacia el Sur.

La construcción teórico-conceptual del Sur Global en China

Desde la reforma y apertura en 1978 impulsada por Deng Xiaoping, los académicos chinos han elaborado de manera sistemática un complejo marco teórico alternativo a los estudios occidentales de relaciones internacionales, tomando como base la tradición de la filosofía china, el internacionalismo marxista, y su propia experiencia sobre lo que significa de manera pragmática esta manera de enfocar el problema, lo cual constituye un desafío, tanto para la investigación occidental sobre el Sur Global, como para las prácticas de gobernanza global dentro de las relaciones internacionales occidentales. A partir del concepto de Los Tres Mundos propuesto por Mao Zedong, hasta la Comunidad Destino Compartido de la Humanidad impulsada por Xi, la evolución de la teoría china sobre el Sur Global ha mantenido una fuerte coherencia a lo largo de distintos contextos estratégicos históricos. Por medio de la construcción de varias teorías sobre las relaciones internacionales con un marcado carácter endógeno, aportando la innovación de sus propios mecanismos institucionales, así como el desarrollo sistemático de un poder discursivo propio, la comprensión de China sobre el Sur Global y la concepción de una Comunidad Destino Compartido de la Humanidad han perfeccionado la posición de China sobre el Sur Global, ofreciendo a su vez a los países en vías de desarrollo una auténtica alternativa más allá de los marcos definidos por Occidente (Geng, 2025).

A comienzos de la década de 1970, China se hallaba en la búsqueda de una tercera vía entre las dos superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) después de la escisión sino-soviética. La visita oficial de Nixon a China en 1972 simbolizó la normalización de las relaciones entre los dos países y, en ese momento, China vio la necesidad de construir un marco teórico capaz de justificar su singular posición en el sistema de gobierno internacional (Fu, 2021). Mao formuló el argumento de Los Tres Mundos. Estados Unidos y la Unión Soviética, en tanto superpotencias hegemónicas e imperialistas, que aspiraban a la dominación global, conformaban el Primer Mundo.

Europa Occidental, Japón, Canadá y Australia, como Estados de desarrollo intermedio, conformaban el Segundo Mundo, caracterizado por una cierta autonomía, aunque susceptible a la influencia de las otras superpotencias. Los países de Asia (excepto Japón), África y América Latina, que habían experimentado de manera común los procesos de colonialismo e imperialismo, se consideraban países en desarrollo y constituían, por tanto, el Tercer Mundo de Mao (An, 2013).

El concepto de Los Tres Mundos se sustentaba en el análisis marxista-leninista de las contradicciones internacionales, y sentaba las bases filosóficas para vincular a China con el Sur Global. Según Mao, la contradicción principal a nivel internacional era la existente entre las superpotencias y el Tercer Mundo, mientras que los conflictos entre capitalismo y socialismo, las tensiones entre países del Tercer Mundo, y las divergencias internas de cada “Mundo”, se consideraban contradicciones secundarias. A través de un proceso de construcción identitaria, Los Tres Mundos de Mao establecieron un marco teórico que situaba la lucha antihegemónica por encima de los criterios tradicionales sobre el poder político, aplicando el método de análisis del materialismo histórico a la política mundial. Desde esta perspectiva, la contradicción fundamental de la política global no residía en la oposición entre los sistemas socialista y capitalista, sino en la que existía entre las superpotencias y los países en vías de desarrollo.

En la Reforma y Apertura, Deng Xiaoping heredó el concepto de Los Tres Mundos de Mao, y profundizó en la elaboración de una teoría sobre el Sur Global a partir del materialismo dialéctico. Por medio de una estrategia basada en el taoguang yanghui (mantener un perfil bajo y consolidar las propias fuerzas), Deng promovió una cooperación pragmática con los Estados del Segundo Mundo, al tiempo que se preservaba la narrativa central del anti-hegemonismo (Sørensen, 2015). Con la instauración de la economía de mercado socialista, el establecimiento de zonas económicas especiales en diversas ciudades costeras y la aplicación del principio del yi guo liang zhi (un país, dos sistemas) en Hong Kong y Macao, se inició el acercamiento paulatino de China a los países occidentales en el ámbito económico. En cuanto a la propia posición china en la sociedad internacional, Deng subrayó de manera reiterada que, “como país socialista, China pertenece para siempre al Tercer Mundo y nunca buscará la hegemonía global” (Deng, 1978). Así, en 1980, China se incorporó al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional dentro de los países en vías de desarrollo.

En la década de los años 1980, China ofreció una asistencia internacional limitada a África como ayuda a los países africano en vías de desarrollo. Tales prácticas permitieron a China preservar su identidad dentro del Tercer Mundo, al tiempo que sentaba las bases necesarias para su futura proyección como país líder a nivel global.

Jiang Zemin institucionalizó la participación del Sur Global, estableciendo, en el año 2000, ciertos mecanismos permanentes de cooperación como fue el Foro de Cooperación China–África, basado en su idea de las Tres Representaciones y la política exterior del going out (salir al exterior). La contribución teórica de Jiang Zemin se fundamentó en superar la retórica revolucionaria para orientarse hacia un marco institucional capaz de generar beneficios tangibles en los países en vías de desarrollo. Al mismo tiempo, promovió los intereses estratégicos de China mediante la cooperación Sur–Sur. A continuación, el Desarrollo Científico y el Mundo Armonioso de Hu Jintao profundizó en una nueva articulación entre la metodología marxista y la tradición filosófica china, proponiendo la teoría del “desarrollo pacífico” como alternativa al modelo occidental de modernización. Este planteamiento vinculó de manera explícita el socialismo científico chino con la cooperación internacional en contraposición al fundamentalismo de mercado promovido por los países occidentales.

La propuesta del presidente Xi sobre la Comunidad de Destino Compartido de Humanidad combina el internacionalismo marxista con la concepción china del Datong (gran armonía). Así, este concepto se dirige a construir una propuesta china para la gobernanza global. En este marco, para Xi, el concepto de Humanidad trasciende el estudio centrado en el Estado-nación característico de Occidente; mientras que la noción de Destino subraya la idea de una riqueza común, análoga a los principios de Datong y de la Gran Unidad que mantiene la tradición cultural china; ambos principios están orientados a la construcción de un mundo entendido como tianxia weigong (el mundo como bien común) (Qin y Han, 2025). Dentro de estos conceptos, vienen a confluir las cuatro vías de acción que son fundamentales para China: el mecanismo de los BRICS, la Iniciativa de Franja y Ruta (BRI), así como las tres Iniciativas Globales: la Iniciativa de Desarrollo Global (GDI, 2021), la Iniciativa de Seguridad Global (GSI, 2022) y la Iniciativa de Gobernanza Global (GGI, 2025), que en su conjunto ofrecen a los países en vías de desarrollo una alternativa sistémica que abarca la dimensión económica, la seguridad y la dimensión política.

En la actualidad, en base al denominado Consenso de Pekín, el Gobierno chino ha impulsado de manera decidida la Iniciativa de Cooperación Abierta e Inclusiva del Sur Global, buscando liderar con rapidez plataformas de cooperación internacionales y regionales basadas en los BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái. Con ello, se pretende ofrecer un espacio más amplio para la conformación de una identidad colectiva y para la proyección de las demandas de desarrollo de los Estados del Sur Global.

Estrategias de China para reconocimiento de la identidad del Sur Global

El constructivismo, como teoría, propone que la identidad de un Estado no constituye una propiedad material dada, sino un hecho social que se genera y se reproduce en el ciclo a tres niveles: significado–interacción–práctica (Sterling-Folke, 2012). La trayectoria china para construir una identidad propia del Sur Global puede sintetizarse en un proceso dinámico que transita por la genealogía histórica, las reivindicaciones normativas, las prácticas discursivas, la provisión institucional y el reconocimiento por parte de los otros tal como muestra la Figura 1.

Trayectoria china de construir la identidad del Sur Global
Figura 1: Trayectoria china de construir la identidad del Sur Global1

La memoria histórica ofrece el punto de partida de legitimidad para la identidad del Sur Global; las reivindicaciones normativas le otorgan una orientación valorativa; el discurso diplomático visibiliza al Sur Global generando expectativas en sus destinatarios; los mecanismos y la provisión de bienes públicos se “materializan” en beneficios de cooperación tangibles; y, finalmente, dicha identidad se consolida o se ajusta a través de las retroalimentaciones positivas o negativas provenientes tanto de los países del Sur como de la comunidad internacional en sentido amplio.

1. Análisis Histórico-normativo como fundamento de la identidad del Sur Global

En 1955, veintinueve delegaciones gubernamentales de diferentes países y regiones de Asia y África se reunieron en la Conferencia Asiático-Africana de Bandung, la cual constituyó la primera gran conferencia internacional en la que los países y regiones de Asia y África, discutieron sus propios intereses vitales sin la participación de las tradicionales potencias coloniales. Este acontecimiento brindó al nuevo gobierno chino una plataforma y una oportunidad para establecer vínculos y apoyos recíprocos con los movimientos de liberación nacional en Asia, África y América Latina (Zhang, 2007). El primer ministro Zhou Enlai propuso los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica como norma para el manejo de las relaciones interestatales, los cuales recibieron el apoyo de países en vías de desarrollo como India y Birmania. Después, en el contexto de la Guerra Fría, Mao Zedong se apoyó en el Tercer Mundo y en el colectivo del Sur Global como referentes políticos y morales, configurando así la propia autodefinición de China, que se situaba como el mayor país en vías de desarrollo (An, 2013).

Esta genealogía histórica vinculó la construcción identitaria china con la narrativa de anti-colonialismo y anti-hegemonismo, entendido este como igualdad soberana, promoviendo el desarrollo autónomo de los países, configurando, a su vez, a China, tanto en la dependencia de trayectoria, como en el fundamento moral de su identidad como un verdadero país del Sur. De este modo, se proporcionó una base valorativa en China para la reinterpretación contemporánea del Sur Global.

Desde el inicio del siglo XXI, China ha pasado gradualmente a desempeñar un papel de proveedor activo de normas e instituciones al Sur Global, presentando propuestas propias, tanto para el modelo de modernización nacional de tales países, como para el de gobernanza global, a la vez que, con esta estrategia, ha incrementado su poder global. Fiel a su autoidentificación fundamental de “pertenecer al Sur y servir al Sur”, China ha ofrecido recursos que trascienden los marcos tradicionales occidentales, logrando así articular simultáneamente la continuidad histórica desde la época de Mao, a la actualización funcional del siglo XXI.

2. Discurso—narrativo como configuración de la identidad

En el análisis constructivista, la identidad estatal no constituye una propiedad ontológica preestablecida, sino un hecho social que se genera y se reproduce de manera continua dentro del ciclo de producción de los diferentes significados de inserción institucional, lo que se entiende como recepción interactiva (Sterling-Folker, 2012). En torno a la construcción identitaria del Sur Global, el discurso y la narrativa de China siguen, en términos generales, una trayectoria definida de normas, roles y prácticas. Primero, se establecen los límites de legitimidad de la identidad del Sur Global a través de valores y normas; posteriormente, mediante una relación “a tres” entre “el yo”, “el otro” y “los destinatarios”, se definen los roles de acción y los necesarios interlocutores de la interacción; y, finalmente, la institucionalización de las iniciativas y de los mecanismos transforman el discurso teórico en un modelo de gobernanza empíricamente observable (Eun, 2020).

A nivel normativo, China define el Sur Global como una comunidad política abierta, que encarna, tanto memorias históricas compartidas, como demandas de desarrollo comunes. En este marco, China subraya la necesidad de considerar tres dimensiones: un “multilateralismo genuino” en el ámbito político; el “derecho al desarrollo y la justicia redistributiva” en el plano económico; y la “igualdad en el marco de la civilización”, incluyendo “el aprendizaje mutuo en la diversidad”, en la dimensión cultural (Li, 2025).

Otros conceptos como La Comunidad Destino Compartido de Humanidad de Xi, que incluyen: “consulta, construcción y beneficio compartidos”, “cooperación de beneficio mutuo”, y “armonía en la diversidad”, conducen al entendimiento de la propia “subjetividad del Sur”, que demanda una reivindicación moral para desarrollar una fuerza legítima que impulse la democratización del orden internacional, a lo que se une su petición para la descentralización de la gobernanza global; todo lo cual permite, de esta manera, mantener un narrativa identitaria del Sur Global que permita un vínculo transmisible entre los diversos países compartiendo valores y acciones.

En nivel de los roles, la narrativa identitaria asigna, por su parte, distintas funciones por medio de una articulación estructurada de la ya mencionada relación de: “yo–otro–destinatarios” (Guzzin, 2022). China, en este caso, se autodefine como miembro natural del Sur Global y como promotor de sus normativas, destacando la continuidad histórica y la coherencia identitaria de sus países. En cuanto al “otro”, aplica un principio de diferenciación. Por un lado, enfatiza la consulta y la cooperación con socios dispuestos al diálogo y, por otro, formula demandas de corrección frente a posibles conductas hegemónicas. Los destinatarios de este modelo incluyen a los países del Sur, a las organizaciones internacionales y a la opinión pública global, lo cual se corresponde, respectivamente, con tres canales de transmisión: el técnico-institucional, el representativo-normativo y el valorativo-identitario. De esta manera, la narrativa identitaria del Sur Global se configura como un relato abierto de unión y empoderamiento, en lugar de una narrativa cerrada de alineamiento en bloques.

En el nivel práctico, el modelo chino no se limita a la mera definición, sino que se exterioriza y se articula a través de una cadena de acciones que van desde iniciativas a la institucionalización y a la ejecución de proyectos concretos (McAdams, 2011). Así, China ofrece hoy ayudas públicas internacionales que combinan normas y reglas con recursos a través de plataformas como la construcción conjunta de la Franja y la Ruta, la Iniciativa de Desarrollo Global, la Iniciativa de Seguridad Global y la Iniciativa de Civilización Global. Estas cuatro iniciativas impulsan mejoras cuantificables en la representatividad, el fortalecimiento de capacidades y el desempeño de proyectos, conformando un circuito cerrado de ideas y mecanismos, con resultados, que proporcionan una base empírica verificable para la propia subjetividad del Sur.

3. Provisión institucional como materialización de la identidad del Sur Global

El constructivismo sostiene además que, para que la identidad adquiera una realidad estable y perceptible, debe transformarse, desde una mera declaración discursiva, en una provisión institucional operativa, verificable y replicable (Ernest, 2013). Su mecanismo fundamental puede resumirse en un ciclo dinámico de ideas y mecanismos, cuyos resultados sean reconocibles. De esta manera, se definen los límites de los objetivos con ideas normativas que se insertan en el orden institucional a través de diversas organizaciones, lo cual genera efectos medibles mediante proyectos concretos que permiten desarrollar una retroalimentación positiva entre los receptores que consolidan, a su vez, su posición identitaria (Linde, 2005). Es decir, sólo cuando las plataformas, las reglas y los recursos configuran elementos sostenidos, la narrativa identitaria deja de ser una auto referencia meramente simbólico, para concretarse en un modelo de gobernanza dotado de cohesión y perdurabilidad en el tiempo.

En el marco del mecanismo de cooperación de los BRICS, esta lógica se manifiesta en una doble vertiente: la representatividad y la autonomía financiera. China ha promovido en este sentido, tanto la expansión inclusiva del formato BRICS con nuevos países del Sur Global, como la institucionalización del funcionamiento del Nuevo Banco de Desarrollo; vinculando, de facto, la visibilidad de las agendas de los países en vías de desarrollo con su capacidad de interpretación discursiva, además de la utilización de instrumentos de implementación de los objetivos comunes (Liu, 2025). Por un lado, la composición de los miembros y el diseño de las agendas políticas refuerzan la visibilidad colectiva de las cuestiones del Sur. Por otro, los mecanismos de financiación para el desarrollo, asumiendo un reparto de riesgos, mejoran la accesibilidad al crédito externo y fortalecen la capacidad de negociación. De este modo, los BRICS no constituyen únicamente una plataforma de diálogo político, sino que se ha transformado en un verdadero complejo político-financiero capaz de proveer de manera sostenida dividendos institucionales, lo cual incrementa directamente la agenda y la capacidad de acción del Sur Global.

La BRI, por su parte, ofrecen bienes públicos cooperativos diferenciados de la propia asistencia tradicional, que viene condicionada a través de la conectividad entre los países que la utilizan y la cooperación de los mismos en su capacidad económico-productiva. Su núcleo no reside en una mera inyección de capital, sino que reside en la conformación de un marco institucional de interconexión transfronteriza mediante infraestructuras en red, cadenas de valor localizadas, incluyendo estándares y procedimientos replicables.

A ello se suman la utilización de políticas comunes que, incluyen, a su vez, normativas armonizadas para reducir costes de transacción, infraestructuras logísticas y cadenas de suministro que optimizan la accesibilidad en términos de tiempo y espacio, incluyendo además parques industriales en coordinación que impulsan la modernización industrial de los participantes. De este modo, la identidad del Sur se “materializa” con mejoras mensurables en tres dimensiones: tiempo, coste y riesgo, que vienen expresadas en una circulación de los diferentes factores que intervienen, a fin de que la cooperación sea más fluida y resulte en una inserción industrial más resiliente.

La GDI ha avanzado un paso más en el objetivo de poner el foco en la agenda de desarrollo del Sur Global. A través de redefinición de prioridades, la gobernanza basada en plataformas, y la implementación proyectual, se transforma el desarrollo de una noción abstracta en resultados políticos escalables y replicables, que se centren a su vez en ámbitos clave como son: la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, la transición verde, la educación y la salud (Williams, 2018). A nivel operativo, la GDI busca reducir la fragmentación de las políticas de gobernanza mediante la interconexión en red de las agendas políticas mediante instituciones multilaterales y mecanismos regionales. A nivel instrumental, la GDI fortalece la capacidad de ejecución de los países socios a través de un paquete de herramientas compuesto por: financiación, aporte de tecnología, y desarrollo de capacidades mutuas. Y a nivel de difusión de los objetivos, busca ampliar el alcance y la penetración mediante redes de socios y un grupo de “amigos de la GDI”, favoreciendo así una convergencia evidente entre la cooperación Sur–Sur y la cooperación Norte–Sur.

En resumen, estos diseños institucionalizados traducen la “identidad del Sur” en una triple provisión de representatividad, basada en un conjunto de normativas y en recursos.

La representatividad, por su parte, se materializa al incrementar la participación con una adecuada visibilidad en la composición de los miembros y la definición de agendas políticas comunes. La normatividad se concreta a través de la institucionalización y la ejecución de estándares, procedimientos y disposiciones de cumplimiento comunes. Y el uso de recursos se plasma en un apoyo compuesto de “recursos duros y blandos”, a través de financiación, tecnología, conocimiento y fortalecimiento de las capacidades de los participantes. La coherencia entre estas tres dimensiones no solo configura la doble función de China como un emprendedor normativo (orientado a proponer valores y principios) y un proveedor institucional (encargado de ofrecer plataformas y herramientas), sino que también transforma la identidad de los participantes, de una mera declaración valorativa, al logro de resultados tangibles en proyectos y gobernanza.

4. Reconocimiento—competitivo como juego de la identidad

En el plano teórico-práctico, la estabilidad de la identidad en este contexto del Sur Global depende de la interacción entre el reconocimiento del otro y las narrativas en competencia (Visoka, 2022). En primer lugar, la estabilidad de la identidad depende esencialmente, como ya se ha dicho, de la interacción triangular entre “el yo”, “el otro” y “los destinatarios”, donde el reconocimiento del otro y las narrativas en competencia constituyen dos variables clave. El constructivismo teórico subraya que la identidad no es un atributo estático, sino que se confirma, se ajusta, y se reproduce, en un proceso continuo de análisis de significados y de interacción social. En el caso del Sur Global, cualquier reivindicación acerca de su identidad colectiva solo puede transformarse, de una “pretensión narrativa” a un “hecho social”, cuando es reconocida por un número suficiente de actores externos, aparte de encontrar una resonancia externa verificable en el plano institucional y en la práctica de sus acciones. Por el contrario, si el reconocimiento externo resulta insuficiente, o si predominan narrativas competitivas, dicha identidad tenderá a ser volátil, con un importante grado de dependencia contextual (Zhang, 2025). Esto es quizás muy teórico, pero resulta esencial para comprender cómo se estructura lógicamente esta identidad del Sur Global.

En segundo lugar, la heterogeneidad interna del Sur Global y la competencia entre las “narrativas” sobre el liderazgo de las potencias emergentes, plantean un desafío real a la cohesión del Sur Global (Ye, 2025). Ello exige impulsar la confianza transnacional y mantener una conciencia comunitaria mediante el diseño de agendas de cooperación abiertas e inclusivas, así como una provisión sostenible de bienes públicos y modalidades de cooperación entre los distintos países que estén orientadas al empoderamiento en lugar de someterse a una disciplina concreta.

En tercer lugar, Occidente ha tendido a quitar valor mediante sus opiniones sobre el Sur Global introduciéndolo en la agenda geopolítica, intentando dividir en paralelo a los diferentes países del Sur o, en su defecto, a integrarlos en los diferentes niveles del existente orden mundial actual (Xu, 2025). Esto ejerce una presión constante sobre la narrativa centrada en el desarrollo de los países del Sur Global que promueve China, lo cual la obliga a avanzar de manera simultánea en la justificación de su modelo normativo y en la demostración de los resultados empíricos de ese modelo, a fin de mantener tanto la ventaja discursiva sobre lo que representa el Sur Global, como la legitimidad de los recursos que se aportan a su desarrollo (Varadarajan, 2004). En este sentido, por tanto, el mecanismo de identidad no sólo es producto de los aspectos morales o de la propia historia, sino también del resultado del actual proceso de coordinación de las diferentes competencias que existen en el Sur Global.

De ello se desprende que, en el marco constructivista, la identidad de China respecto al Sur Global constituye, tanto la continuidad de una elección basada en su historia, como un proceso que permite verificar un desarrollo permanente del modelo chino a través de la comunicación, de un lado, y de la práctica institucional, del otro. Su significado teórico radica en ofrecer una vía interpretativa de la gobernanza global con la “autonomía y subjetividad del Sur” como centro de esa nueva gobernanza, así como la justicia a la que tienen derecho sus países a ser reconocidos en el ámbito internacional. La relevancia política del modelo chino consiste en transformar la tríada “identidad, discurso, gobernanza” en una provisión de bienes públicos medibles, incluyendo un refuerzo de la representatividad de los países del Sur Global, promoviendo de esta manera un esquema de democratización del orden político basado en una equidad normativa, a la que se une una estrategia de baja confrontación. En otras palabras, la identidad de China en el Sur Global no es una etiqueta estática, sino un ensamblaje dinámico de identidad que, en la práctica, es susceptible de ser observado, evaluado y optimizado, cuya solidez depende del equilibrio entre legitimidad discursiva, el desempeño institucional y el reconocimiento por parte de los otros.

La alternativa china hacia la modernización y gobernanza del Sur Global

Con el fin de potenciar la eficacia de la construcción teórica que marca la identidad del Sur Global, China ha traducido el concepto de Sur Global en una provisión institucional de bienes públicos a través de nuevas prácticas de gobernanza que construyen una plataformas multilaterales claves en el contexto global. En primer lugar, en organizaciones como los BRICS, la BRI, y la GDI, se ha reforzado la orientación hacia el liderazgo y el empoderamiento del Sur Global. En segundo lugar, la puesta en marcha de prácticas de gobernanza global han enriquecido las propuestas teóricas sobre el Sur Global en el contexto de las relaciones internacionales chinas.

Los BRICS, la BRI y la GDI, conforman el triángulo institucional mediante el cual China impulsa en el ámbito del Sur Global una triple provisión de; representatividad, normativas, y recursos (Figura 2). Los BRICS constituyen la “estructura ósea” en materia de representatividad y autonomía financiera, mejorando la visibilidad colectiva y las condiciones de financiación de los países del Sur a través de la convergencia entre agendas y herramientas; la BRI actúa como la “red” en el plano de la conectividad y la coordinación industrial, institucionalizando las infraestructuras transfronterizas y los regímenes comerciales que se transforman en bienes públicos replicables que se insertan en los procesos de desarrollo local; y la GDI funciona como el “motor” a nivel de las agendas macro y de la implementación de proyectos, respondiendo con resultados concretos al déficit de desarrollo existente en los diferentes países y a las posibles brechas de ejecución de proyectos. La acción conjunta de estos tres pilares proporciona a China un respaldo práctico observable en su doble papel de: emprendedor normativo (proponente de principios y valores), y proveedor institucional (ofertante de plataformas y herramientas), además de constituir una evidente lista de resultados que puedan ser reproducibles en la propia subjetividad del Sur.

Triángulo institucional del Sur Global por China
Figura 2: Triángulo institucional del Sur Global por China2

BRICS

El mecanismo de los BRICS propuesto por China constituye una plataforma que, como se ha dicho, articula para el Sur Global la triple provisión de: representatividad, normativas, y recursos (Zhong, 2025). Como vehículo de agregación de las principales economías emergentes, los BRICS, a través de cumbres periódicas y de instituciones como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), han logrado establecer posiciones coordinadas con países como Brasil, India y Sudáfrica en torno a temas de desarrollo económico, emitiendo una voz relativamente unificada del Sur en declaraciones conjuntas, procesos de comunicación política y herramientas financieras. En las dimensiones normativa y de instrumentos, China ha incorporado de manera plena las preocupaciones estructurales de los países en vías de desarrollo, defendiendo que las gobernanzas financieras globales ejercidas por el FMI y el Banco Mundial sean objeto de una estrategia de “complementariedad y corrección” en lugar de “sustitución y confrontación”. Ello implica impulsar la redistribución de cuotas y derechos de voto, optimizar el diseño de agendas y mejorar las condiciones de financiación (Ren, 2025).

El Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), impulsado por China, proporciona capital y mecanismos de reparto de asunción de riesgos para proyectos de infraestructuras y de desarrollo sostenible, incrementando la accesibilidad a la financiación y a la autonomía financiera de los países del Sur mediante un conjunto de instrumentos como los préstamos en moneda local, la financiación verde y la cofinanciación. La lógica que sigue en la selección de proyectos “sin condiciones políticas” ofrece un respaldo institucional a la narrativa del Sur centrada en el desarrollo (Lin, 2024). En cuanto a la representatividad, el formato “BRICS+” con su proceso de ampliación, ha elevado de manera significativa la visibilidad colectiva del Sur Global, así como su capacidad de incidir en la agenda política global, propiciando la coordinación de políticas y posiciones a escala trans-regional.

A nivel normativo, los BRICS promueven un multilateralismo genuino, teniendo un papel central en Naciones Unidas, incorporando, a través de declaraciones y diálogos ministeriales, temas como el derecho al desarrollo, la financiación de las políticas sobre el clima, y la gobernanza digital global. En la dimensión de recursos, el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) con las plataformas de cooperación asociadas, ofrece un suministro sostenido de bienes públicos orientados a la conectividad de infraestructuras, la transición verde y el fortalecimiento de capacidades (Nach y Ncwadi, 2024). En términos generales, la cooperación de los BRICS no sigue una lógica basada en la “hegemonía”, sino que se articula en torno al diálogo, la consulta y la coordinación como principios de gobernanza (Liu, 2023). Al mismo tiempo que se perfecciona de manera continua el sistema de normas e instrumentos que se estima desequilibrado y dominado por Occidente, las necesidades de desarrollo de los países BRICS se traducen en mecanismos de financiación ejecutables y en resultados concretos de proyectos, transformando así de manera gradual la “subjetividad del Sur” de una posición teórica a una posición de carácter institucional. Esto demuestra la viabilidad real de que el Sur Global, mediante la unidad y la autoafirmación, pueda influir en la agenda de gobernanza global (Zhu y Wang, 2025). Este objetivo constituye asimismo un pilar clave en los esfuerzos de China por impulsar la modernización del Sur Global, incluidas sus prácticas de gobernanza global.

Iniciativa de Franja y Ruta (BRI)

Desde su lanzamiento en 2013, la BRI ha sido impulsada por el gobierno chino bajo un esquema estructurado de corredores, nodos, y redes, a través de una arquitectura institucional con cinco tipos de conectividad (comunicación de políticas, interconexión de infraestructuras, fluidez comercial, integración financiera, y vinculación entre los pueblos). Esto ha fomentado una mayor intensidad en los factores de inserción productiva entre China y diversos países en vías desarrollo de Asia, África y América Latina.

A nivel geoeconómico, la BRI combina proyectos de corredores económicos con nodos fronterizos, que incluyen plataformas de parques industriales con mecanismos de coordinación, así como medidas de gestión aduanera basadas en reglas de comercio, conformando un paquete de bienes públicos alternativo al sistema Bretton Woods. Dicho paquete incluye infraestructuras de transporte, energía y telecomunicaciones; a los que se unen nodos portuarios y logísticos, coordinación de parques industriales y normas de intercambio comercial que desempeñan, en contextos de dificultad económica, una función sustitutiva a la de “prestamista de último recurso”. En caso de desbordamiento institucional por los motivos económicos que fueran, se incluyen mejoras cuantificables en tres dimensiones: reducción de los tiempos logísticos, disminución de los costes de transacción transfronterizos, y diversificación del riesgo. Estas tres dinámicas crean condiciones favorables para la modernización industrial local, la integración regional, y la asignación óptima de los factores productivos a escala transnacional (Casas-Klett, 2022).

En materia de financiación y modelos de gobernanza, la BRI ha configurado un sistema combinado que integra financiación multilateral para el desarrollo mediante herramientas específicas de mercado. En lo relativo a las políticas de financiación locales, incluido el propio fondo de la Ruta de la Seda, se coordinan bancos multilaterales y mecanismos como las asociaciones público-privadas (PPP); a lo que se añaden instrumentos tales como préstamos en moneda local, bonos verdes y cofinanciación con el fin de reforzar la resiliencia del flujo de caja de los distintos proyectos y su asunción a nivel local. En cuanto a las normativas complementarias, se articula la interacción entre “conectividad dura” y “conectividad blanda”, que se sustenta en la cooperación en pasos fronterizos, existencia de ventanilla única, inspección y cuarentena, y reconocimiento mutuo de estándares; todo ello acompañado de programas de fortalecimiento de ciertas capacidades como, por ejemplo: operación y mantenimiento de obras, formación profesional y gestión digital.

En proyectos tales como el Corredor Económico China–Pakistán y los corredores transfronterizos africanos, son perceptibles la mejoras, que se cuantifican mediante indicadores como son: la reducción del tiempo total de transporte, la disminución de la rotación y demoras en terminales portuarios, y el refuerzo de la visibilidad en las cadenas de suministro. Todo lo cual refleja un modelo de gobernanza orientado al logro de objetivos cuantificables.

Al mismo tiempo, la BRI ha respondido a las preocupaciones de los países del Sur Global en materia de gobernanza global, optimizando en los últimos años la estructura de los diferentes proyectos bajo un enfoque de “pequeños”, pero de “gran calidad”, que se orientan con criterios ESG (Environmental, Sustainability, Governance). Adicionalmente, se ha reforzado desde China el cálculo de los costes a lo largo del ciclo de vida de los proyectos, la evaluación de impactos ambientales y sociales, así como los mecanismos de anticorrupción y de cumplimiento en las contrataciones, aumentando la participación de empresas y mano de obra locales, destacando una cooperación basada en el “empoderamiento y no en la disciplina” (Sun, 2024).

La Ruta de la Seda Digital y las distintas plataformas verticales en ámbitos como la salud y la sostenibilidad verde, han aumentado el alcance de las infraestructuras hacia la interconexión de datos, la salud pública y la transición energética, promoviendo que formas de cooperación institucional, como ha sido, por ejemplo, el reconocimiento mutuo de Operadores Económicos Autorizados (AEO) o los proyectos piloto de gobernanza de datos transfronterizos, o el reconocimiento de energías verdes, que pasan de ser colaterales a situarse en el centro de la agenda política.

Iniciativa de Desarrollo Global (GDI)

En 2021, China presentó en las Naciones Unidas la Iniciativa para el Desarrollo Global, con el propósito de trasladar el desarrollo desde la periferia de la agenda política hacia el núcleo de la gobernanza macro, lo que estableció una coherencia lógica y una correspondencia funcional con los objetivos y mecanismos de ejecución de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Su orientación normativa, articulada en torno a principios como: “prioridad al desarrollo, centralidad de las personas, inclusión universal, sostenibilidad verde y baja en carbono, impulso innovador y enfoque en la acción”, ha reconfigurado una jerarquía de valores en la narrativa sobre el desarrollo global, transformando el “derecho al desarrollo”, desde un discurso de derechos, hacia un fundamento práctico para la priorización de políticas concretas y la asignación de recursos (Sun, 2025).

La GDI se lleva a cabo siguiendo una secuencia de redefinición de prioridades, gobernanza en red de plataformas, e implementación de proyectos. Por un lado, a través del “Grupo de Amigos de la GDI” se ha congregado el compromiso político y la coordinación de políticas de cerca de setenta países, conformando redes con temas y esquemas de acción conjunta de carácter transregional y multisectorial; por otro, con el respaldo de canales de financiamiento como el “Fondo para el Desarrollo Global y la Cooperación Sur–Sur”, mediante un paquete de herramientas que integra conocimientos, tecnología y fortalecimiento de capacidades, se han puesto en marcha más de doscientos proyectos en más de setenta países (Lei, 2022).

La GDI enfatiza además un equilibrio entre bienes públicos “duros” y “blandos”. Ya que, adicionalmente a los recursos materiales en seguridad alimentaria, salud pública e interconectividad, se promueve también la gobernanza de datos, las metodologías de reducción de la pobreza, los estándares de financiación verde y la formación de capital humano. Mediante la articulación de alineación de políticas, interfaz normativa y fortalecimiento de capacidades, se reducen los costes de transacción y los umbrales de ejecución en la cooperación para el desarrollo. Además, la GDI se muestra complementaria y se refuerza en combinación con los BRICS o la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Mientras que los BRICS ofrecen un marco general a partir de una agenda política que se complementa con normas y proyectos orientados a los objetivos de sostenibilidad. La Iniciativa de la Franja y la Ruta proporciona instrumentos replicables de implementación en materia de infraestructuras, coordinación industrial y herramientas financieras. La combinación entre ambas aumenta la capacidad integral del Sur Global en tres dimensiones: representatividad (mayor visibilidad de sus agendas), normativas (estándares y procedimientos más definidos) y recursos (financiación y provisión tecnológica más estables) (Guo y Wang, 2025).

Con respecto al multilateralismo, la GDI sostiene que, a través de Naciones Unidas, deben promoverse reformas estructurales en materia de distribución y representatividad, instando a los países desarrollados a reconocer las demandas del Sur, cumpliendo sus compromisos de asistencia y transferencia tecnológica, y alentando a los países del Sur a formar “alianzas verticales” mediante redes de socios que favorezcan una convergencia paradigmática entre la cooperación Sur–Sur y el diálogo Norte–Sur, con el fin de reducir la brecha de desarrollo.

Al final, la GDI busca situar el “derecho al desarrollo” en el terreno de la provisión auditable de bienes públicos, promoviendo la construcción de un panel de indicadores basado en la lógica de insumos en tres direcciones: procesos, productos, resultados (es decir, impactos). Adicionalmente, se evalúa la disponibilidad de financiación, la adecuación de los diferentes proyectos, y los mecanismos locales de reparto de responsabilidades a nivel de los insumos, examinando la alineación de las diferentes políticas, la conformidad normativa y la transparencia a niveles de los procesos; midiendo a su vez los logros inmediatos para la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria y sanitaria, la sostenibilidad verde, y la interconectividad a nivel de los sistemas puesto en marcha. Igualmente, se valoran los impactos a medio y largo plazo en relación con los progresos hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible a nivel de sus resultados.

Conclusión

Este trabajo ha examinado de manera sistemática la genealogía del conocimiento y la lógica política de China en torno al Sur Global a través de la triple ruta de construcción teórica, la identidad del Sur Global y las prácticas de gobernanza. El discurso predominante de Occidente sobre el Sur Global presenta cuatro diferencias fundamentales respecto de la perspectiva china. En primer lugar, en el ámbito ontológico, China enfatiza su visión desde una perspectiva histórico-cultural de los componentes del Sur Global, mientras que Occidente tiende a desprenderse de la historia del Sur, reduciéndolo a una etiqueta geopolítica o de política pública. En segundo lugar, respecto de la secuencia normativa, China coloca como eje central el derecho al desarrollo, la equidad y la justicia, así como un multilateralismo genuino, en tanto que Occidente establece como umbral de su comprensión un “orden basado en reglas”, acompañado de condiciones de cumplimiento de las mismas.

En tercer lugar, en cuanto a las trayectorias de gobernanza, China favorece el diálogo, la consulta y la coordinación, promoviendo una interoperatividad normativa descentralizada, así como la provisión de bienes concretos. Occidente, por el contrario, suele extender una lógica de seguridad a los ámbitos económico, comercial y tecnológico, configurando esquemas de cumplimiento caracterizadas por “círculos reducidos y altos umbrales”. En cuarto lugar, en la producción de conocimiento, China insiste en el valor del saber local y en la descolonización de los paradigmas que se asumen sin discusión, mientras que Occidente opera mayormente con asunciones dentro de marcos ya establecidos a priori.

De este modo, se han configurado progresivamente dos conjuntos de análisis diferenciados. La propuesta china se centra en el incremento de la representatividad, la interoperabilidad normativa y los bienes públicos de carácter instrumental, conformando así un continuo en el que la agenda política, las normas, y los proyectos, se articulan de manera interconectada. En cambio, Occidente se apoya en la asistencia condicionada, la exportación de estándares y la rendición de cuentas basada en el desempeño para mantener la estabilidad del orden existente y la dependencia en las actividades. Entre ambas aproximaciones no existe una relación de suma cero. Con respecto a cuestiones globales como el cambio climático, la salud pública y la gobernanza digital, existe un espacio complementario entre la rigurosidad regulatoria enfatizada por el modelo occidental y la accesibilidad de los bienes públicos destacada por la propuesta china.

En conclusión, a nivel normativo, China ha transformado el concepto del Sur Global de una mera etiqueta geográfica a una comunidad político-normativa articulada en torno a la historia del anticolonialismo y anti hegemonismo, así como a las demandas de desarrollo que requieren los países del Sur Global. A nivel de narrativa, China consolida su autoidentificación como “el mayor país en desarrollo, que es miembro natural del Sur Global” mediante la construcción común de los ejes que marcan la Historia de los pueblos: normas, discursos, y prácticas. También China, propone una jerarquía de valores centrada en el desarrollo de bienes públicos internacionales a través de la estructura triangular de transmisión entre los proponentes y los destinatarios. Y, a nivel de la práctica concreta, China configura un triángulo institucional de representatividad, que se transforma en recursos y normas mediante los BRICS, la BRI y el GDI, lo que cambia un discurso político en un esquema institucional verificable, y en beneficios entre los miembros de estas instituciones mediante un circuito que va desde las ideas a mecanismos concretos de resultados reconocibles.

En este esquema, los BRICS se concentran en aumentar la visibilidad de la agenda política y la autonomía financiera a través del Nuevo Banco de Desarrollo, incluyendo los préstamos en moneda local y la financiación verde. La BRI contribuye a reducir los tiempos de transporte, los costes de transacción y los riesgos operativos, mediante corredores logísticos, puertos, parques industriales y transacciones comerciales. La GDI, por su parte, favorece el objetivo de desarrollo, convirtiendo sus acciones en resultados auditables a fin de priorizar objetivos, consolidar esquemas eficaces de gobernanza, y asegurar la implementación de proyectos concretos. La interacción entre los tres mecanismos hace que la propuesta china en materia de modernización del Sur Global con una propuesta de democratización de la gobernanza global se caracterice por un enfoque de empoderamiento en lugar de un esquema basado en la disciplina, con unos mecanismos de complementariedad en lugar de confrontación.

Para terminar, este trabajo ha mostrado que la vía de construcción teórica de China, basada en la identidad, la narrativa, y las prácticas de gobernanza sobre el Sur Global, presentan, desde su punto de vista, una coherencia lógica que proporciona una operatividad institucional y una un esquema de evaluación en términos de desempeño, lo que ofrece una alternativa verificable para avanzar hacia una modernización plural y una democratización del orden internacional. Su eficacia, de ser sostenida, dependerá de la convergencia dinámica entre representatividad, normatividad y recursos, así como de un ciclo virtuoso de reconocimiento interno y externo en un complejo escenario de mensajes y narrativas distintas. Unas consideraciones que constituyen elementos de clave para la análisis futuros y evaluación de políticas confrontadas.

Yingying Fu y Eduardo Olier 3

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

1Modelo propuesto por los autores.
2Modelo propuesto por los autores.
3 Yingying Fu (PhD) es Profesora en la Facultad de Sociología y Ciencia Política y Researcher en el Instituto de Comunidad de Naciones Chinas de la Universidad de Anhui (China); Researcher Senior del Instituto Choiseul España. Eduardo Olier (PhD) es Presidente del Instituto Choiseul España y Profesor Honorífico del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN). NOTA: Este trabajo es un resultado parcial del Proyecto de Investigación Posdoctoral de la Provincia de Anhui “Investigación en los riesgos geopolíticos y estrategias de prevención de las inversiones Green Field de China en América Latina” (número de proyecto: Z010118171) y del Proyecto del Instituto de Comunidad de Naciones Chinas de la Universidad de Anhui “Investigación en aproximación de narrativa positiva afuera sobre la historia de las comunidades étnicas chinas” (número de proyecto: ZLYJ202505).

 

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