IEEE. Dos doctrinas y un destino. India, Pakistán y el riesgo de guerra nuclear

Mapa de la India y Pakistán

12 may 2025

IEEE. Dos doctrinas y un destino. India, Pakistán y el riesgo de guerra nuclear

Guillem Colom Piella. Doctor en Seguridad Internacional. Profesor asociado del IEEE (CESEDEN)

Introducción

La reciente escalada entre India y Pakistán, desencadenada por el atentado del 22 de abril en Pahalgam (Cachemira india), que causó veintiséis víctimas mortales, ha vuelto a situar a Asia meridional en el centro de las preocupaciones estratégicas globales. Nueva Delhi atribuyó el ataque al Frente de Resistencia, grupo vinculado a Lashkar-e-Taiba, y lanzó una operación de represalia contra nueve infraestructuras consideradas terroristas en suelo pakistaní. Islamabad negó toda implicación, condenó los bombardeos como una violación del Derecho Internacional y respondió con el derribo de aeronaves y drones, la interceptación de misiles y un ataque coordinado con vectores aéreos sobre la región india de Jammu.

Esta confrontación se ha intensificado a lo largo de la Línea de Control que separa las zonas dominadas por ambos países en Cachemira, reviviendo los peores momentos de crisis anteriores como Kargil (1999), Mumbai (2008) o Pulwama (2019). En paralelo, India ha suspendido el Tratado de Aguas del Indo – firmado en 1960 para regular la distribución de las aguas del sistema fluvial del Indo, que atraviesa ambos países – lo que Pakistán ha calificado como un acto de guerra. Ambas capitales han expulsado diplomáticos, multiplicado los ejercicios militares y endurecido su retórica, generando un clima de tensión que ha escalado hasta, de momento, un intercambio militar limitado.

Ante esta situación, potencias como Estados Unidos o China, han llamado a la contención, temerosas de que una guerra abierta entre estas dos potencias podría desembocar en un conflicto nuclear de consecuencias impredecibles para la seguridad regional y global.

En un contexto marcado por la erosión del régimen de no-proliferación, la modernización de los arsenales y el descenso del umbral nuclear, el caso indo-paquistaní ilustra los riesgos emergentes de la tercera era nuclear. A diferencia del equilibrio estructural alcanzado entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría, la relación entre India y Pakistán se desarrolla en una lógica de rivalidad asimétrica, caracterizada por suspicacias histórica, conflictos recurrentes y la ausencia de medidas de confianza mutua y mecanismos eficaces de gestión de crisis. Este artículo analiza la evolución, características y riesgos del arsenal nuclear de ambas potencias con capacidades crecientes, culturas estratégicas divergentes y políticas exteriores crecientemente ideologizadas. Una combinación altamente inestable que podría desencadenar una escalada nuclear indeseada o un conflicto atómico por simple error de cálculo.

La tercera era nuclear y la inestabilidad inherente

Desde el advenimiento del arma nuclear, el desarrollo, empleo y significado estratégico de estos ingenios ha evolucionado notablemente, estructurándose en distintas “eras nucleares”. La primera (1945-91) estuvo fundamentada en una disuasión bipolar entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el que el punto de equilibrio alcanzado con la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) y las medidas de confianza mutua y regímenes de control de armamentos entre ambas potencias proporcionaron una notable estabilidad y previsibilidad al sistema. La segunda (1991–2020) estuvo marcada por el fin de la disuasión bipolar y la aparición de nuevos actores nucleares. La proliferación horizontal, el avance tecnológico y la diversificación doctrinal – especialmente entre potencias regionales del Sur Global – erosionaron las lógicas clásicas de disuasión. En este contexto, el conflicto de Kargil (1999) entre India y Pakistán ejemplificó los límites del modelo disuasorio tradicional y evidenció los riesgos de escalada entre potencias nucleares no-occidentales. Finalmente, la tercera (2010–) se define por una creciente complejidad estratégica, en la que conviven potencias nucleares consolidadas, actores revisionistas y amenazas híbridas. Las doctrinas nucleares se han diversificado: mientras algunos Estados mantienen posturas de disuasión mínima, otros adoptan enfoques más agresivos, incluyendo doctrinas de primer uso o uso limitado. Este escenario favorece el empleo de la fuerza convencional bajo el amparo del paraguas nuclear, impulsa el desarrollo de armas tácticas y de teatro, y acentúa la interacción entre dominios (como el espacio o el ciberespacio), incrementando con ello el riesgo de escalada1.

En este contexto, la rivalidad nuclear entre India y Pakistán constituye una de las expresiones más significativas de los desafíos estratégicos que entraña la tercera era nuclear. Y no es para menos, la frágil disuasión entre ambos países se ve tensionada por una amplia gama de factores que comprenden desde asimetrías estructurales, la ausencia de mecanismos eficaces de control de crisis, la debilidad de sus sistemas de mando y control, la proliferación de nuevos ingenios, el desarrollo de nuevas capacidades, el diseño de doctrinas más asertivas o la creciente inestabilidad regional. Factores que se observarán a continuación.

El arsenal nuclear indio

India desarrolló su programa nuclear en un contexto marcado por imperativos defensivos y estratégicos. La derrota en la guerra sino-india (1962) y la entrada de China en el club atómico dos años después impulsaron a Nueva Delhi a preservar su autonomía estratégica a través de capacidades propias. En 1974, India realizó su primera detonación nuclear – la denominada Smiling Buddha – presentada como una “explosión nuclear pacífica”. Esta ambigüedad doctrinal se mantendría durante más de dos décadas, hasta que, en 1998, India se declaró formalmente potencia nuclear tras una serie de ensayos subterráneos (Pokhran-II), acompañados por la articulación pública de su doctrina de empleo2.

A diferencia de otros Estados nucleares, India no ha suscrito el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), al considerar que consagra un sistema de doble rasero que legitima el statu quo de las potencias nucleares reconocidas mientras limita el acceso del resto a la tecnología nuclear. Esta postura ha reforzado su narrativa de potencia responsable y autónoma3.

Actualmente, se estima que India dispone de unas 180 cabezas nucleares4, sustentadas sobre una tríada nuclear en evolución. El componente terrestre está representado por la familia de misiles balísticos Agni, con alcances que varían entre los 700 y los 8.000 kilómetros. El componente aéreo se basa en bombas de caída libre integradas en cazas como el Mirage 2000, el Jaguar y el Su-30MKI. El pilar naval, más incipiente, gira en torno a los dos submarinos lanzamisiles de la clase Arihant, equipados con misiles balísticos de alcance intermedio Kalam 4, y destinados a dotar a India de una capacidad de segundo golpe creíble.

La doctrina nuclear india se fundamenta en tres pilares: la disuasión mínima creíble (Credible Minimum Deterrence), la política de no primer uso (No First Use) y la amenaza de represalia masiva en caso de agresión nuclear5. Esta postura pretende proyectar una imagen de responsabilidad estratégica frente a doctrinas más flexibles – y agresivas – como la de Pakistán, y busca evitar una carrera armamentística descontrolada.

Las capacidades nucleares indo-pakistaníes
  India Pakistán Observaciones
Doctrina nuclear Disuasión mínima creíble, no primer uso, postura defensiva y cautelosa Doctrina más agresiva, uso temprano y táctico, disuasión flexible y ambigua Divergencia doctrinal, con India más contenida y Pakistán adoptando una postura más flexible y ambigua
Postura estrategia Defensiva, con un enfoque en disuasión para evitar conflictos mayores Más ofensiva, permite el uso de armas nucleares en escenarios convencionales Más ofensiva, permite el uso de armas nucleares en escenarios convencionales
Capacidades nucleares Tríada nuclear incipiente, modernización continua Arsenales tácticos, capacidad de segundo golpe con apoyo de aliados Pakistán se orienta más a la expansión rápida y tácticamente flexible de sus capacidades nucleares
Mando y Control Sistemas confiables pero estructurados para un uso defensivo, con mayor previsibilidad Mando presionado por necesidad de respuesta rápida, con sistemas más flexibles, pero con mayor riesgo La necesidad de rapidez en el control de Pakistán aumenta el riesgo de errores de cálculo en crisis

Sin embargo, esta doctrina ha sido objeto de revisión en la última década. Diversas declaraciones de autoridades, incluidos exministros de defensa y asesores de seguridad nacional, así como documentos doctrinales no oficiales, han sugerido que la política de no primer uso podría ser reconsiderada ante amenazas emergentes como los misiles hipersónicos, los sistemas de defensa antimisiles chinos o la posible cooperación estratégica entre China y Pakistán6. Esta ambigüedad ha introducido una dimensión más dinámica e impredecible en la política nuclear india, incrementando así el riesgo de escaladas inadvertidas o indeseadas con su vecino Pakistán.

El desarrollo de la tríada india ha avanzado de forma desigual. Mientras el componente terrestre muestra un mayor grado de madurez – con capacidades como el Agni-V de alcance intercontinental – el aéreo depende de plataformas de origen extranjero que no se hallan integradas en un sistema nuclear autónomo. En el plano naval, la entrada en servicio del INS Arihant en 2016 supuso un hito simbólico, aunque su autonomía limitada y el escaso alcance de sus misiles Sagarika 15 (entre 700 y 1.500 km) cuestionaban su efectividad como plataforma para garantizar la capacidad de contragolpe. Sin embargo, la entrada en servicio del misil Kalam 4 (3.500 km) y la botadura del INS Arighaat están incrementando sensiblemente esta capacidad, al menos teóricamente.

El sistema de mando y control nuclear indio está gestionado por la Autoridad de Mando Nuclear (Nuclear Command Authority), una estructura dual diseñada para garantizar el control civil sobre el empleo de estas armas. El Comité Político, presidido por el Primer Ministro, tiene la autoridad final para autorizar su uso, mientras que el Comité Ejecutivo, de perfil técnico-militar, asesora y ejecuta las decisiones estratégicas. Esta configuración refuerza el control civil y la centralización política del uso nuclear, esenciales para una doctrina de disuasión mínima creíble. En tiempos de paz, las ojivas se almacenan separadas de sus vectores y bajo custodia militar, lo que reduce los riesgos de accidente, uso no autorizado o escalada inadvertida o indeseada7.

No obstante, este modelo presenta vulnerabilidades en escenarios de crisis. La necesidad de ensamblar rápidamente cabezas nucleares y vectores ante una amenaza inminente puede generar presiones para acortar los tiempos de decisión o elevar el nivel de alerta, incrementando así el riesgo de escaladas accidentales o, incluso, de un hipotético uso preventivo del arma nuclear8. Estas dinámicas se ven agravadas por las limitadas capacidades indias de alerta temprana, aún centradas en sensores terrestres y con escasa cobertura espacial, lo que dificulta la detección inmediata de un ataque9. Además, la posibilidad de interferencias en las comunicaciones podría inducir decisiones precipitadas basadas en información incompleta o errónea, comprometiendo la estabilidad estratégica y desatando un conflicto nuclear.

Estas debilidades estructurales se ven amplificadas por el entorno estratégico regional. Por un lado, la doctrina pakistaní de “disuasión completa”, que contempla el uso táctico anticipado de armas nucleares ante una ofensiva convencional, reduce drásticamente el margen de maniobra para Nueva Delhi. Por otro, la modernización del arsenal nuclear chino y su creciente presencia en el Océano Índico obligan a India a ampliar su enfoque disuasorio más allá del subcontinente.

En este contexto, la doctrina convencional conocida como Cold Start, concebida a principios de la década de los 2000, adquiere un papel relevante. Esta estrategia, nunca reconocida oficialmente, plantea la posibilidad de llevar a cabo represalias convencionales rápidas y limitadas en territorio pakistaní tras una provocación (o crisis), sin cruzar el umbral nuclear. Aunque su estatus formal es ambiguo, el desarrollo de fuerzas más móviles y estructuras de mando más ágiles indica una voluntad de mejorar la capacidad de respuesta convencional india. No obstante, esta postura ha sido interpretada por Islamabad como una amenaza existencial, alimentando la lógica de disuasión anticipada y aumentando la inestabilidad estratégica en el sur de Asia.

En suma, el caso indio refleja con nitidez las tensiones propias de la segunda y tercera era nuclear. Su doctrina, basada en la disuasión mínima creíble y el no primer uso, pretende proyectar responsabilidad estratégica y evitar una carrera armamentística desbocada. Sin embargo, este enfoque se ve tensionado por un entorno regional cada vez más inestable, la modernización de los arsenales de China y Pakistán, los avances tecnológicos o el debate interno sobre la vigencia de los principios nucleares tradicionales.

Además, el sistema de mando y control nuclear prioriza la centralización política y el control civil, pero en contextos de crisis puede enfrentarse a dilemas operativos, como la necesidad de reducir los tiempos de respuesta o elevar el nivel de alerta, con riesgos para la estabilidad. La paradoja es clara: los mecanismos diseñados para evitar el uso accidental de los ingenios nucleares pueden, en determinadas circunstancias, incrementar el peligro de escalada inadvertida10.

India se halla, así, en una encrucijada estratégica. Como potencia nuclear regional con aspiraciones globales, debe adaptar su doctrina a un entorno más competitivo sin perder credibilidad disuasoria ni abandonar su perfil de actor responsable. Su capacidad para equilibrar estas tensiones será clave para la estabilidad estratégica de una subregión cuyo principal antagonista también está en pleno proceso de revisión doctrinal e incremento de sus arsenales.

El arsenal nuclear pakistaní

Por su parte, Pakistán inició su programa nuclear como respuesta directa al trauma estratégico que supuso para el país la guerra indo-pakistaní de 1971 y a la prueba nuclear india de 1974. Desde entonces, y pese a las restricciones tecnológicas y presiones internacionales, ha desarrollado un arsenal considerable. Se estima que Pakistán dispone de 170 cabezas nucleares, cifra que sigue aumentando gracias a su propia capacidad para enriquecer uranio y producir plutonio en reactores como los de Khushab11. Pakistán tampoco ha suscrito el TNP por las mismas razones que su adversario, ya que considera que el Tratado establece un régimen injusto al reconocer como potencias nucleares legítimas sólo a los cinco países que realizaron ensayos antes de 1967 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia) y subraya que su política nuclear constituye una respuesta al programa nuclear indio.

A nivel operativo, Pakistán ha estructurado su fuerza nuclear para garantizar una disuasión flexible y creíble atendiendo a sus peculiaridades y limitaciones inherentes. En el ámbito terrestre, el país opera una amplia gama de misiles balísticos, incluidos los sistemas Shaheen-I, Shaheen-II y Ghauri, con alcances comprendidos entre los 750 y 2.750 kilómetros. El despliegue del Nasr, un misil balístico de corto alcance (60-70 km.) diseñado para portar cargas nucleares tácticas, refleja un giro hacia doctrinas de empleo temprano frente a agresiones convencionales, especialmente aquellas contempladas por la Cold Start india. En el dominio aéreo, Pakistán ha modificado aeronaves como los Mirage III franceses, los F-16 Fighting Falcon estadounidenses y los JF-17 Thunder chinos para misiones nucleares. Además, ha iniciado el desarrollo de una incipiente capacidad de segundo golpe mediante el misil de crucero lanzado desde submarino Babur-3, aunque su fiabilidad aún suscita dudas. Ante las limitaciones de la pata submarina de la tríada nuclear, Islamabad podría haber considerado opciones para externalizar esta capacidad a través de acuerdos secretos con Arabia Saudí, con quien mantiene una relación estratégica privilegiada que incluiría acceso recíproco a infraestructuras militares sensibles12.

Desde el punto de vista doctrinal, Pakistán ha evolucionado desde una disuasión nuclear existencial – centrada en evitar una derrota convencional – hacia una postura de “disuasión completa” (full spectrum deterrence). Esta combinación de opciones tácticas y estratégicas busca disuadir no solo un ataque nuclear, sino también una agresión convencional limitada por parte de la India13. A diferencia de la postura india, Islamabad rechaza expresamente la política de no primer uso y mantiene una deliberada ambigüedad sobre sus umbrales de empleo nuclear. Esta ambigüedad busca introducir incertidumbre en el cálculo estratégico de Nueva Delhi, pero al mismo tiempo incrementa los riesgos de escalada rápida, especialmente en contextos de crisis14.

El sistema de mando y control nuclear tiene ciertas similitudes con el indio, al estar formalizado bajo la Autoridad de Mando Nacional (National Command Authority). Esta estructura dual creada en el año 2000 incluye un componente civil – presidido por el Primer Ministro y apoyado por el Comité de Control del Desarrollo – y un componente técnico-operativo liderado por la División de Planes Estratégicos, que coordina la seguridad, planificación y logística del arsenal. En tiempos de paz, las cabezas nucleares se mantienen separadas de sus vectores de lanzamiento.

Sin embargo, esta arquitectura también presenta vulnerabilidades. La lógica de disuasión completa exige una capacidad de respuesta rápida, en especial con sistemas nucleares tácticos potencialmente desplegados cerca de la “línea de control” de Cachemira. Esta situación reduce los tiempos de decisión y puede erosionar el control centralizado, abriendo la posibilidad de usos no autorizados o decisiones precipitadas ante señales erróneas15. A ello se suma la limitada infraestructura de alerta temprana, todavía dependiente de sensores terrestres y sistemas rudimentarios, lo que dificulta una detección en tiempo real de ataques entrantes y puede conducir a decisiones basadas en datos incompletos o erróneos.

Además, la persistente amenaza de infiltraciones islamistas o radicalización en sectores de las fuerzas armadas pakistaníes plantea un riesgo estructural. Aunque el liderazgo militar ha profesionalizado la gestión del arsenal y mejorado sus protocolos de seguridad, todavía existe un temor latente sobre la posibilidad de accesos no autorizados o insubordinación en un entorno político-militar inestable16.

El historial de crisis entre India y Pakistán subraya la fragilidad del equilibrio nuclear regional. Durante la guerra de Kargil, los atentados de Bombay o el incidente de Pulwama, ambos países llevaron a cabo movimientos militares significativos acompañados de señalización (signalling) nuclear, lo que incrementó considerablemente el riesgo de escalada. Estos momentos de alta tensión, caracterizados por la ausencia de canales de comunicación robustos, la escasa transparencia y la elevada presión pública, acercaron peligrosamente el conflicto convencional al umbral nuclear.

En otras palabras, el caso paquistaní resume varios de los desafíos centrales de la segunda y tercera eras nucleares: arsenales crecientes, doctrinas agresivas, control descentralizado en tiempos de crisis y altos niveles de incertidumbre. La combinación de capacidades tácticas nucleares, tiempos de decisión reducidos y escasas medidas de fomento de la confianza mutua generan una disuasión altamente inestable, en la que cualquier error de cálculo podría desencadenar una escalada catastrófica. Algo que, lamentablemente, no podemos descartar en ningún estudio prospectivo

Conclusiones

La comparación entre las doctrinas nucleares de India y Pakistán resalta las transformaciones del entorno estratégico en Asia meridional, permitiendo observar las mutaciones doctrinales, tecnológicas y políticas que definen la segunda y la tercera era nuclear. Ambas potencias han desarrollado arsenales nucleares significativos, con doctrinas que responden a contextos estratégicos dispares. Mientras India ha apostado por una postura más contenida, basada en la disuasión mínima creíble y el no primer uso, Pakistán ha optado por una doctrina más agresiva y ambigua, que contempla la posibilidad de un uso temprano y táctico de sus armas nucleares. Esta divergencia doctrinal, lejos de estabilizar la región, amplifica el riesgo de escalada en caso de conflicto convencional.

El caso indio refleja una evolución propia de la segunda era nuclear: progresiva modernización, consolidación de una tríada nuclear incipiente y una postura doctrinal formalmente defensiva, pero con creciente flexibilidad estratégica. Por el contrario, la doctrina paquistaní encarna las tensiones de la tercera era nuclear: umbrales más bajos de uso, proliferación de armas tácticas, un sistema de mando y control presionado por la necesidad de respuesta rápida, y una peligrosa externalización de su capacidad de segundo golpe. La lógica de acción-reacción entre ambas potencias ha generado una espiral ofensiva clásica, donde cada innovación doctrinal o tecnológica se percibe como una amenaza existencial por el adversario.

Este contexto plantea una realidad compleja: no existe ningún atisbo presente y futuro de estabilidad estratégica entre India y Pakistán. Aunque la disuasión nuclear ha evitado hasta la fecha un conflicto total, la coexistencia de doctrinas asimétricas, la ausencia de mecanismos básicos de gestión de crisis y el peso creciente del nacionalismo dificultan la previsibilidad y aumentan el riesgo de escaladas inadvertidas o indeseadas. La introducción de armas nucleares tácticas por parte de Pakistán y el desarrollo de capacidades contrafuerza por parte de India refuerzan la peligrosa paradoja de la estabilidad-inestabilidad: este equilibrio estratégico podría incentivar conflictos convencionales limitados bajo la creencia de que la disuasión funcionará… y que ello desemboque rápidamente en un conflicto nuclear.

En los próximos años, es probable que asistamos a una mayor sofisticación de los arsenales de ambas potencias, con la integración de vectores hipersónicos, sistemas antisatélite y medios de mando y control automatizados La creciente porosidad entre las esferas convencional, cibernética y nuclear – especialmente en escenarios de guerra limitada – complica aún más la gestión del riesgo. A falta de medidas de confianza mutuas, acuerdos de control de armamentos o “teléfonos rojos” entre ambas capitales, cada crisis entre India y Pakistán seguirá representando una amenaza desproporcionada para la seguridad regional y global.

Guillem Colom Piella
Doctor en Seguridad Internacional
Profesor asociado del IEEE

1Vipin Narang: Nuclear strategy in the modern era: Regional powers and international conflict. Princeton University Press, 2014 o Elbridge Colby y Michael Gerson (eds.): Strategic stability: contending interpretations. Carlisle Barracks: Strategic Studies Institute, 2013.
2George Perkovich: India’s Nuclear Bomb: The Impact on Global Proliferation. Oakland: University of California Press, 1999.
3Más concretamente, India considera que el TNP – suscrito en 1968 y en vigor desde 1970 – establece una distinción discriminatoria entre los cinco Estados reconocidos como potencias nucleares (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China y Francia) y los demás países, lo que India percibe como una forma de apartheid nuclear (Ramesh Thakur: The Politics of Nuclear Non-Proliferation. Nueva York: United Nations University Press, 2006).
4Kristensen, Hans et al. (2025, 26 de marzo): “Status of World Nuclear Forces”, Federation of American Scientists [en línea] https://fas.org/initiative/status-world-nuclear-forces/
5Harsh Pant: “India’s Nuclear Doctrine and Command Structure: Implications for Civil–Military Relations in India”. Armed Forces & Society, 33 (2), pp. 238-264, 2007.
6Lora Saalman (2020, 2 de diciembre): “India’s no-first-use dilemma: Strategic consistency or ambiguity towards China and Pakistan”, SIPRI blog [en línea] https://www.sipri.org/commentary/blog/2020/indias-no-first-use-dilemma-strategic-consistency-or-ambiguity-towards-china-and-pakistan
7Rajesh Basrur: Minimum Deterrence and India’s Nuclear Security. Stanford: Stanford University Press, 2006.
8Paul Kapur: Dangerous Deterrent: Nuclear Weapons Proliferation and Conflict in South Asia. Stanford: Stanford University Press, 2007.
9James Acton: “Escalation through Entanglement: How the Vulnerability of Command-and-Control Systems Raises the Risks of an Accidental Nuclear War”. International Security, 43 (1), 56-99, 2020.
10Michael Krepon y Julia Thompson (eds.): Deterrence Stability and Escalation Control in South Asia. Nueva York: Stimson Center, 2013.
11Kristensen et al., op cit.
12Bruno Tetrais: “Pakistan’s Nuclear Posture: A Status Review”, Proliferation Papers, 53, IFRI, 2015. De hecho, Arabia Saudí habría financiado parte del programa nuclear paquistaní a cambio de un eventual acceso disuasorio.
13Amber Afreen: “The Efficacy of Pakistan’s Full Spectrum Deterrence”, CISS Insight: Journal of Strategic Studies, 11 (1), 1-21, 2023.
14Ashley Tellis: Striking Asymmetries: Nuclear Transitions in Southern Asia. Nueva York: Carnegie Endowment for International Peace, 2022.
15Hans Kristensen; Matt Korda y Eliana Johns: “Pakistan Nuclear Weapons, 2023.” Bulletin of the Atomic Scientists, 79 (5): 329-45, 2023.
16Robert Oakley y Franz-Stefan Gady: “Radicalization by Choice: ISI and the Pakistani Army”. Strategic Forum, 247, 2009 [en línea] https://digitalcommons.ndu.edu/strategic-forums/47.
    • Dos doctrinas y un destino. India, Pakistán y el riesgo de guerra nuclear

    • Two doctrines and one destiny: India, Pakistan, and the Risk of Nuclear War