IEEE. Desafíos internos

Desafíos internos

18 nov 2025

IEEE. Desafíos internos

Rubén Campos Palarea. Director de programas del Club de Madrid.

Introducción

El presente capítulo se centrará en dar una visión estructural de las capacidades y retos internos de la India para cimentar su rol como un actor internacional crecientemente relevante a nivel global. Uno de los libros que mejor han definido este nuevo rol de la India es The New World Disorder and The Indian Imperative. Sus autores son Shashi Tharoor, político y analista y Samir Saran, presidente de la Observer Research Foundation (ORF), el centro de pensamiento o think tank sobre relaciones internacionales más influyente del país. En dicha obra, dos de los pensadores indios más influyentes en el campo internacional suman sus esfuerzos para compartir una visión india de la crisis del orden internacional liberal surgido tras la Segunda Guerra Mundial, a la que caracterizan como «el nuevo desorden mundial» (Tharoor y Saran, 2020).

Estos dos autores consideran que la India tiene un papel fundamental que jugar por su creciente influencia a nivel geopolítico que le podría dar un rol protagonista en las grandes discusiones globales sobre seguridad, el cambio climático o la gobernanza del nuevo escenario digital. Todo alrededor de las capacidades y recursos fundamentales que la India ha construido tras su independencia del Imperio británico a mediados del siglo XX. Dos de los aspectos claves de esa nueva India son el compromiso sostenido con la democracia constitucional y su identidad como potencia global no hegemónica. El imperativo indio del que hablan en su reciente obra es una reivindicación de este nuevo actor global asiático y su diplomacia, apoyada en su poder blando. Tharoor y Saran destacan, sin embargo, los desafíos que la India enfrenta para alcanzar este estatus de poder global. Estos retos de carácter interno van a ser el centro de la atención del presente capítulo.

India vive un momento de grandes transformaciones y sus líderes no solo políticos sino también sociales, del mundo de la empresa, académicos o intelectuales como Tharoor y Saran plantean sus propios escenarios sobre su papel como un actor cada vez más influyente en el ámbito internacional, mientras que en paralelo tiene que afrontar retos internos claves como la evolución demográfica, la desigualdad o la gobernabilidad democrática.

Para entender mejor esta dinámica se presentará su situación demográfica y económica, se analizarán las implicaciones sociales de la misma, incluyendo la desigual situación de la mujer india y los grupos más desfavorecidos por la organización social de castas y se explicará cómo la democracia más grande del mundo afronta desafíos como la polarización, la diversidad regional y la convivencia entre diferentes identidades.

Demografía

La población de India se ha multiplicado casi por cuatro desde su nacimiento como Estado moderno en 1947, convirtiéndola en una gran potencia demográfica. Según estimaciones recientes de las Naciones Unidas, el país del sur de Asia ha superado a China como el más poblado del mundo, sobrepasando los 1400 millones de habitantes (UNDESA, 2022). Un enorme avance comparado con los 361 millones con los que contaba según el censo nacional del año 1951.

Aunque este dato ha generado interés mediático y suele ser incluido en las informaciones o análisis recientes que se hacen sobre el país asiático (El País, 2023), lo relevante no es necesariamente la cantidad de habitantes sino el modelo de su crecimiento y el dividendo demográfico positivo de su pirámide poblacional, con una ciudadanía todavía mayoritariamente joven. Este elemento es clave para una promesa en el corto plazo de continuado crecimiento económico, pero no es algo estático. En los actores políticos claves del país preocupa su posible evolución futura ya que la tasa de natalidad y mortalidad están ambas en descenso (UNDESA, 2022), lo que implica una mayor expectativa de vida y menores tasas de fecundidad y un posible cambio en las siguientes décadas de esta pirámide poblacional.

Si esta tendencia continua en el futuro, la India tendrá que enfrentar el reto del envejecimiento de una parte significativa de sus ciudadanos, ya que el porcentaje de personas mayores de sesenta años aumentará en los próximos veinte años. Una pirámide poblacional marcada por una mayor presencia de personas jubiladas es un aspecto que supone un reto fundamental económico y que en el momento presente lastra las expectativas de crecimiento de la economía de su vecino chino (Esteban, 2024). Por todo ello y según el ya mencionado político y analista indio Shashi Tharoor su país tiene «una estrecha ventana de oportunidad para aprovechar el crecimiento de su fuerza laboral productiva para impulsar el desarrollo económico» (Tharoor, 2022).

Población india y china en 2025

Cuando se compara la población india con la china hay que destacar no solo cómo les afecta sus diferentes pirámides poblacionales, sino también que China tiene un territorio aproximadamente de 9,6 millones de kilómetros cuadrados, mientras que la India solo cuenta con un tercio de ese mismo espacio con 3,3 millones de kilómetros cuadrados. Por tanto, la densidad de población de la India es casi tres veces mayor que la de China. India con mucho menos territorio y recursos tiene que cuidar, educar, alimentar y proporcionar trabajo a una cantidad de población similar.

El auge demográfico de la India en la segunda mitad del siglo XX coincidió con una transformación económica que trajo importantes mejoras en la esperanza de vida, el nivel de desarrollo y la producción de alimentos. El aumento de la población y cómo poder proporcionar recursos educativos o sanitarios, así como empleo, ha preocupado a las autoridades, como indica medidas reflejadas en un estudio del Pew Research Center de Estados Unidos (2021): algunos estados y territorios desalientan las familias numerosas imponiendo sanciones, como prohibir a los padres con más de dos hijos recibir servicios sociales u ocupar cargos políticos.

«En 2017, el Ministerio de Salud y Bienestar de la India lanzó un programa integral de planificación familiar con el objetivo de reducir la fertilidad a niveles de reemplazo para 2025 mediante la mejora de las instalaciones de atención médica, el acceso a anticonceptivos y la educación sobre salud reproductiva, particularmente en áreas con tasas de fertilidad relativamente altas» (Pew Research Center, 2021).

Otro reto demográfico son los patrones de desigualdad regional. Los estados del norte de la India siguen en proceso de crecimiento poblacional, mientras que en el sur el aumento de personas ya se ha estabilizado. Incluso en algunos estados sureños como Kerala la población se está reduciendo. Los estados del norte, más pobres, menos educados y que en gran medida hablan hindi, el idioma nacional de la familia lingüística devanagari, representan una parte significativa del incremento, mientras que los estados del sur que tienen una identidad cultural diferente, hablando por ejemplo lenguas de la familia dravídica muy diferentes a las de sus vecinos del norte, han limitado la expansión poblacional de una forma más eficaz, debido a un mejor desarrollo humano y a mejores políticas educativas (Tharoor, 2022). En general, los estados del sur de la India (como Tamil Nadu, Karnataka, Kerala, Telangana y Andhra Pradesh) no solo tienen un crecimiento poblacional más lento, sino que están más desarrollados económicamente y en términos de indicadores sociales que muchos estados del norte (como Uttar Pradesh, Bihar, Jharkhand y Madhya Pradesh).

Otro reto relacionado con el tema demográfico y la diversidad regional tiene que ver con la dimensión democrática. El mayor peso demográfico de los estados del norte que se acaba de describir debería haberle otorgado por número proporcional de ciudadanos una mayor representación parlamentaria a nivel federal. Sin embargo, preocupada por los desequilibrios regionales, la primera ministra Indira Gandhi del Congreso Nacional Indio promovió una reforma legislativa en 1976 para congelar los efectos del censo en la distribución de escaños. Veinticinco años después el primer ministro Atal Behari Vajpajee del otro gran partido político indio, el nacionalista hindú Bharatija Janata Party (BJP), renovó esta situación por otros veinticinco años por lo que la distribución parlamentaria ha seguido sin incluir el mayor aumento de la población en los estados del norte.

El actual gobierno de Narendra Modi, también del BJP, tendrá que tomar una decisión sobre si continuar con esta situación anómala en 2026, medio siglo después de la reforma de Indira Gandhi o restructurar la distribución de escaños según la población actual. Una decisión de reconfigurar la distribución de escaños en función del censo actual daría un mayor poder al norte del país respecto al sur, en una decisión clave respecto a los equilibrios de poder internos. Para Tharoor (2022), si bien este escenario haría «que el parlamento indio fuera más representativo», también les daría a los estados del norte una mayoría de dos tercios en el parlamento o Lokh Sabha, lo que le permitiría con el apoyo de quién consiga estos votos enmendar la constitución a voluntad sin contemplar necesariamente los deseos de los representantes de los estados del sur.

Economía

Durante la última década con los gobiernos del primer ministro Narendra Modi, la India ha experimentado un crecimiento económico continuado, en línea con el que ha venido disfrutando desde principios de siglo XXI y sobre el que ha construido sus aspiraciones de convertirse en un actor global, al mismo tiempo que también ha enfrentado desafíos importantes.

El gobierno del Bharatija Janata Party ha implementado importantes reformas económicas como la desmonetización en 2016, el impuesto sobre bienes y servicios (Good and Services Tax, GST) en 2017 y diversas iniciativas centradas en la digitalización y el fortalecimiento de las infraestructuras incluyendo acceso a electricidad, agua potable o saneamiento (Pérez López, 2020). El objetivo de la política económica de Modi ha sido simplificar el sistema fiscal, reducir la corrupción y aumentar la formalización de la economía, además de mejorar el entorno para los negocios. Iniciativas como Make in India y Atmanirbhar Bharat (producir en la India o la India que depende de sí misma, en la traducción al español) han buscado con mayor o menor eficacia fortalecer la autosuficiencia y la industria nacional.

Los avances en estos últimos años han sido importantes y se han reflejado en la mejora de la India, por ejemplo, en el índice del Banco Mundial que mide la capacidad de los estados de promover y facilitar la actividad empresarial en su territorio, Ease of Doing Business, (del puesto 142 al 63 en solo cinco años) y en la atracción de inversión extranjera directa que ha ido gradualmente aumentando de forma constante desde 2014 (Pérez López, 2020). Un dato especialmente relevante es que, durante los gobiernos de Narendra Modi entre 2014 y 2022, el PIB per cápita ha aumentado de cinco mil a siete mil dólares, un incremento de un 40 % en solo ocho años. Según el Fondo Monetario Internacional, se prevé que los resultados de la economía de la India en 2024 den una tasa de crecimiento del 6,5 % en 2024. Esto es más alto que el crecimiento proyectado de China del 4,6 % y supera el de cualquier otra gran economía del mundo (Sen, 2024).

Estos excelentes datos macroeconómicos no evitan que la economía india también haya enfrentado dificultades en los últimos años. La pandemia de COVID‑19 tuvo un impacto devastador, con una disminución del PIB de alrededor del 7,3 % en 2020. La recuperación ha sido rápida con un crecimiento aproximado de un 6,4 % en 2023 y el proyectado de 6,5 % en 2024, pero millones de trabajadores informales fueron gravemente afectados. En esta línea, las reformas agrícolas y laborales del gobierno de Modi han sido controvertidas y han generado importantes protestas, sobre todo entre los agricultores. Estas leyes permitían a los agricultores vender sus productos fuera de los mercados regulados por el gobierno, facilitaban acuerdos directos entre productores y empresas y reducían el papel de los intermediarios. Sin embargo, los agricultores, especialmente de las regiones de Punjab y Haryana, protestaron masivamente alegando que las reformas beneficiarían a grandes corporaciones y pondrían en riesgo los precios mínimos de compra garantizados previamente por el gobierno. Tras un año de protestas y bloqueos en Nueva Delhi, Modi anunció en noviembre de 2021 la derogación de las leyes, marcando una de las mayores concesiones de su gobierno ante la presión popular (Narula, 2022).

Aunque los sucesivos gobiernos de Modi han logrado expandir la economía de la India, no han tenido el mismo éxito en la generación de empleos productivos para la gran cantidad de trabajadores no cualificados. Aproximadamente el 40 % de la población activa sigue trabajando en la agricultura, mientras que solo un 20 % lo hace en la industria o servicios empresariales como el sector tecnológico. A pesar de múltiples iniciativas para impulsar los empleos en el sector industrial, como el programa Make in India desde 2014 y el reciente esquema de incentivos a la producción de 2023, la participación de la industria en la economía no ha crecido significativamente (Sen, 2024).

Para que la India logre una industrialización intensiva en mano de obra como la de China, se requieren reformas estructurales profundas en los mercados de productos, trabajo y crédito. Sin embargo, estos cambios son políticamente complejos, ya que implican enfrentarse a los intereses de los poderosos conglomerados empresariales y los sindicatos del país. El tercer mandato consecutivo del gobierno de Modi tendrá como uno de sus mayores desafíos la creación de empleos productivos fuera del sector agrícola para una juventud cada vez más educada y ambiciosa.

Conscientes de las dificultades de proporcionar empleo de calidad a una buena parte de la población, el gobierno de Modi, especialmente en su segundo mandato ha puesto en marcha política públicas destinadas a proporcionar recursos económicos y materiales a la población menos privilegiada en una política denominada por algunos expertos como nuevo bienestarismo o new welfarism en inglés (Anand et al., 2020).

El nuevo bienestarismo del gobierno de Narendra Modi representa un enfoque opuesto al que su alternativa política en el centro izquierda, el Partido del Congreso, ha desarrollado durante décadas en cuanto a políticas públicas de redistribución e inclusión. No prioriza la oferta de bienes públicos como la salud básica o la educación primaria o el fortalecimiento de la red de seguridad pública que los gobiernos indios anteriores del Partido del Congreso han promovido con éxito desigual. Su apuesta es facilitar que el gobierno, con un fuerte apoyo en herramientas tecnológicas y digitales, entregue directamente a los grupos más desfavorecidos bienes y servicios esenciales normalmente proporcionados por el sector privado, como cuentas bancarias, gas para cocinar, retretes y lavabos, electricidad, vivienda y, más recientemente, agua y también dinero en efectivo (Anand et al., 2020).

Un ejemplo paradigmático de esta política se ha producido con la implementación del programa Aadhaa, lanzado en 2009 durante el gobierno del Partido del Congreso, previo al de Narendra Modi. Aadhaa es un sistema de identificación biométrica que asigna un número único de doce dígitos a cada residente en India, basado en datos como huellas dactilares y escaneos del iris. Aadhaa es una piedra angular en la estrategia de gobernanza digital de la India, reflejando el enfoque del gobierno de Modi hacia un nuevo bienestarismo que combina tecnología y políticas sociales para la inclusión y el desarrollo.

Curiosamente, el programa en sus orígenes enfrentó numerosas críticas, incluyendo las del entonces candidato Narendra Modi, quien en 2014 lo calificó de «artimaña política» (The wire, 2024). Pese a ello, el gobierno de Modi adoptó y amplió significativamente el programa tras ganar las elecciones ese mismo año y asumir el poder. En 2016, la administración de Modi promulgó la Ley Aadhaa, consolidando el uso de la iniciativa en diversas iniciativas gubernamentales. Hoy en día el 99% de los indios mayores de edad están incluidos en dicho programa (Sen, 2024).

Bajo el liderazgo de Modi, Aadhaa se ha integrado en múltiples esquemas para mejorar la eficiencia de las políticas públicas de redistribución y reducir el fraude. Por ejemplo, se ha utilizado en la campaña Pradhan Mantri Jan Dhan Yojana para facilitar la inclusión financiera, permitiendo la apertura de millones de cuentas bancarias para personas previamente no bancarizadas. En 2024, el 71,1% de los indios tienen una cuenta en una institución financiera comparado con el 48,3% que contaba con una diez años antes, cuando Modi comenzó su primer mandato (Sen, 2024).

La implementación de Aadhaa, con esta visión de «nuevo bienestarismo» ha permitido al gobierno federal indio y a los diferentes estados que lo conforman distribuir beneficios a la población con menos recursos, directamente a través de sus cuentas bancarias vinculadas a Aadhaa. También ha ayudado a frenar las habituales corruptelas de intermediarios en la entrega de subsidios a los hogares pobres, que durante mucho tiempo han sido un grave problema de la prestación de asistencia social en la India.

Con este esquema, el gobierno de Modi en los últimos años ha suministrado grandes cantidades de bienes esenciales como retretes e inodoros y utensilios para cocinar, que normalmente tenían que adquirirse de forma privada. Según el exconsejero económico del gobierno de Modi en su primer mandato, Arvind Subramanian, el cálculo del nuevo bienestarismo es que existe una gran oportunidad electoral al proporcionar bienes y servicios tangibles, como un inodoro o una cuenta bancaria, a las clases más desfavorecidas. Cuando el gobierno promete dinero en efectivo o baños, todos pueden monitorear el progreso de si el dinero llega a las nuevas cuentas bancarias o los inodoros se han instalado o no en las casas de las familias de menores ingresos (Anand et al., 2020).

A pesar de sus beneficios en términos de eficiencia y ahorro, Aadhaa ha sido también objeto de críticas por preocupaciones relacionadas con la privacidad y la seguridad de los datos. Algunos expertos señalan que el sistema podría facilitar la vigilancia estatal y socavar principios democráticos (Bhatia, 2021)

Desigualdades sociales y de género

Resulta evidente que el gran reto del gobierno y la sociedad india en su conjunto es el de hacer compatibles los índices de crecimiento de la economía, de los que se ha dado cuenta en la sección anterior, con reformas adecuadas para que porcentajes más amplios de la población puedan beneficiarse del aumento de la influencia y la riqueza del país. En esta línea y durante la última década, la India ha logrado avances significativos en la reducción de la pobreza, especialmente en términos de pobreza multidimensional, de acuerdo con los datos proporcionados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Entre 2015 y 2021, alrededor de 135 millones de personas, en especial en áreas rurales, salieron de la pobreza multidimensional, lo que redujo la tasa de pobreza de 24,85% a 14,96%. Las áreas rurales redujeron la pobreza más rápidamente, pasando del 32,59% al 19,28%, mientras que la pobreza en las áreas urbanas se redujo proporcionalmente a menos nivel del 8,65% al 5,27% (NITI Aayog, 2023).

distribución de la riqueza en India

Sin embargo, según un informe reciente del World Inequality Lab, la desigualdad económica en la India es todavía una de las más relevantes a nivel mundial, a pesar de su reciente crecimiento económico. Este informe proporciona un análisis detallado de la distribución de la riqueza en India y destaca las crecientes disparidades económicas en el país. En términos de riqueza, el 10% más rico de la población posee el 77% del total de la riqueza nacional y solo el 1% más rico controla el 53%. En contraste, la mitad más pobre de la población tiene solo el 4,1% de la riqueza del país (Bharti et al., 2023)

Un aspecto preocupante desde la perspectiva de los gobiernos de Modi que el informe destaca es que la desigualdad económica disminuyó desde la independencia de India en 1947 hasta principios de los años ochenta. Durante esas décadas la actual oposición del Partido del Congreso fue la fuerza dominante a nivel político. Desde entonces, la desigualad ha ido en aumento, con un crecimiento exponencial, especialmente entre 2014 y 2023, donde la concentración de riqueza entre la élite del país se ha intensificado, alcanzando sus niveles históricos más altos (Bharti et al., 2023). En términos de participación en los ingresos nacionales, la élite económica de India supera incluso a países con altos niveles de desigualdad como Sudáfrica, Brasil y Estados Unidos.

El informe también plantea preocupaciones sobre el carácter regresivo del sistema tributario de la India, cuando se analiza desde la perspectiva de la riqueza neta. Actualmente, el sistema fiscal no consigue recaudar suficientes recursos de las enormes fortunas acumuladas por la élite, lo que contribuye a la persistencia de la desigualdad. El informe del World Inequality Lab propone una reestructuración de la política fiscal que contemple tanto los ingresos como la riqueza, así como mayores inversiones públicas en sectores clave como salud, educación y nutrición, para garantizar que los beneficios del crecimiento económico lleguen a una mayor parte de la población y no solo a las élites, aunque remarca que este tipo de medidas han sido descartadas tanto por parte del gobierno de Narendra Modi como de los sectores económicos más privilegiados (Bharti et al., 2023).

Otro aspecto fundamental del informe, que apunta a un problema estructural de India para poder afrontar el reto de la desigualdad económica y la pobreza, es la mala calidad de los datos económicos en las fuentes oficiales del país, señalando que la disponibilidad y precisión de la información ha disminuido en los últimos años. Como resultado, las estimaciones actuales sobre la desigualdad son solo tentativas y no reflejan completamente la realidad económica del país. Se trata de un problema histórico en la India, pero con los avances en digitalización y el progreso económico y modernización en otros aspectos de la burocracia y las políticas públicas, también subraya la necesidad y responsabilidad del gobierno de Modi de mejorar la recopilación de datos y garantizar mayor transparencia en la información oficial para diseñar políticas más efectivas contra la desigualdad (Bharti et al., 2023).

Otro aspecto que considerar en este marco, son las desigualdades de género ya que la India, entre otros problemas en este campo, tiene una proporción de sexos desequilibrada debido a prácticas como el aborto selectivo de fetos femeninos y la preferencia por hijos varones en muchas áreas rurales y urbanas. El feminicidio incluye casos de homicidios relacionados con dotes, asesinatos por honor y feminicidios prenatales. Esta forma de violencia está arraigada en las estructuras patriarcales de la sociedad india y es una extensión de las desigualdades de género que existen a nivel social, cultural y económico (Mitra vom Berg, 2021).

La experta Nishi Mitra vom Berg del Tata Institute of Social Sciences en un capítulo sobre esta problemática de 2021 en el manual sobre feminicidios de la editorial Routledge contextualiza cómo el sistema social predominante de castas, las normas de género tradicionales y las prácticas de control sobre la autonomía femenina contribuyen al mantenimiento en la India de una de las tasas más altas de feminicidios a nivel mundial (Mitra vom Berg, 2021). La cultura de la impunidad y la falta de aplicación efectiva de las leyes también juegan un papel crucial en la perpetuación de estos crímenes. La autora argumenta que, a pesar de los avances en la legislación, como la ley de protección contra la violencia doméstica de 2005, la implementación de estas políticas públicas es deficiente en muchas áreas del país, en especial en zonas rurales.

Estos patrones de comportamiento analizados por Mitra vom Berg llevan a que en el Global Gender Gap Report 2024 del Foro Económico Mundial, India ocupe el puesto 129 de 146 países que el informe analiza en desigualdad de género. Existe una brecha significativa en la participación económica y las oportunidades para las mujeres, el acceso a la educación y la violencia de género (Global Gender Gap Report, 2024).

Pese a esta situación de desigualdad, algunos avances se han logrado en los últimos años. Según datos del gobierno de la India a través del Informe Nacional sobre la Salud Familiar que recoge información de 2019 a 2021 (International Institute for Population Sciences, 2021) se observó un incremento en la tasa de alfabetización femenina en comparación con informes anteriores. En el estudio previo de 2015-16, la tasa de alfabetización femenina era del 70,3%, mientras que en el de 2021 alcanzó el 72,9%.

Esto indica una ligera mejora general en la alfabetización de las mujeres en India, aunque todavía está por debajo de la tasa de alfabetización masculina, que en el estudio más reciente llega al 84,9% (International Institute for Population Sciences, 2021). Además, persisten disparidades significativas entre géneros y regiones, especialmente en áreas rurales, donde las mujeres aún enfrentan barreras sociales y culturales significativas para acceder a la educación.

Respecto a la violencia de género el Informe Nacional sobre Salud Familiar destaca que una proporción significativa de mujeres ha experimentado alguna forma de violencia doméstica. En concreto casi una de cada tres mujeres de entre 15 y 49 años (el 31,1%) han sufrido algún tipo de violencia física o sexual por parte de su pareja en algún momento de sus vidas. De las mujeres que declararon haber experimentado violencia por parte de su pareja, aproximadamente un 5,7% de ellas indicaron que la violencia ocurrió en los últimos doce meses. Aunque ha habido una ligera disminución en estos casos respecto a informes previos, la situación sigue siendo preocupante, subrayando la necesidad de intervenciones más efectivas. La respuesta institucional y el acceso a recursos legales para contrarrestar esta situación siguen siendo insuficientes para muchas mujeres, en especial en áreas rurales y desfavorecidas (International Institute for Population Sciences, 2021).

Por último, en este aspecto de desigualdad de género, a pesar del crecimiento económico reciente, la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha disminuido en los últimos años. Factores como normas socioculturales, responsabilidades domésticas y falta de oportunidades económicas contribuyen a esta disparidad. La mayoría de las mujeres trabajan en el sector agrícola, pero la mecanización y la falta de incentivos han reducido las oportunidades en este sector. Al mismo tiempo, el empleo en la industria y en el sector de servicios ha crecido de manera insuficiente para absorber a las mujeres que buscan empleo. Además, las cargas domésticas y la falta de infraestructura de apoyo, como guarderías y licencias parentales adecuadas, dificultan la integración laboral femenina. En concreto, la caída en la participación de las mujeres en la fuerza laboral en India se observa sobre todo en las zonas rurales, donde el porcentaje de mujeres empleadas cayó del 54% en 1980 al 31% en 2017 (Mahajan, 2024).

Esta disminución se vio agravada por la pandemia de COVID‑19. Durante el trimestre de julio a septiembre de 2020, la tasa de participación laboral femenina cayó al 16,1%, la más baja entre las principales economías mundiales. En momentos de crisis, las mujeres indias se vieron afectadas desproporcionadamente, llevándolas a abandonar la fuerza laboral de forma mayoritaria, debido a responsabilidades domésticas incrementadas, cierre de guarderías y escuelas y una mayor carga de cuidado de familiares enfermos (Yasir and Schmall, 2021).

La experta Nikita Mahajan destaca, para contextualizar esta preocupante dinámica que ha continuado una vez superada la crisis de la epidemia del COVID‑19, la falta de oportunidades en sectores formales y el predominio del trabajo informal, donde las mujeres enfrentan condiciones precarias. El incremento en la educación de niñas y mujeres no ha sido suficiente para generar empleo estable, ya que las normas sociales siguen limitando la participación femenina en el mercado laboral, especialmente después del matrimonio. Para revertir esta tendencia, Mahajan propone una serie de medidas como incentivos públicos para la contratación femenina, mejoras en la infraestructura de cuidado infantil y un impulso a sectores que tradicionalmente han empleado a mujeres, como la manufactura y el comercio. La autora enfatiza la necesidad de políticas públicas activas que faciliten la incorporación de las mujeres al trabajo y reduzcan la brecha de género en la economía india (Mahajan, 2024).

Como último factor de desigualdad a destacar en el contexto actual indio tenemos la todavía fundamental influencia que genera en la sociedad la estructura de castas, que es la norma social que estructura a la gran mayoría de la población de religión hindú, alrededor de un 85% de la ciudadanía. Uno de los grandes frenos para un desarrollo más justo y equitativo en la India actual es el rígido y jerárquico sistema de organización social a través de castas, que quedó legalmente desmontado en la Constitución de 1950 pero que aún sigue teniendo una influencia decisiva, en especial en el ámbito rural.

La herencia milenaria del sistema de castas, una estructura social jerarquizada y justificada por razones religiosas, vinculadas con la pureza espiritual, todavía juega un papel esencial en la vida cotidiana de la población, especialmente en el ámbito rural y es uno de los grandes problemas de desigualdad que tiene la India y que afecta sobre todo a sus grupos sociales más desfavorecidos.

Esta división en grupos cerrados denominados castas es el elemento más característico de la religión mayoritaria en el subcontinente indio, el hinduismo, cuyas raíces surgen alrededor del año 1500 antes de Cristo con las culturas que se desarrollaron a lo largo del río Indo en el noroeste del subcontinente. El hinduismo divide jerárquicamente a los miembros de su religión en castas o grupos sociales por nacimiento (Flood, 1998)1.

La casta, que es heredada de padres a hijos y no puede cambiarse en toda la vida, tiene una connotación religiosa vinculada con la idea de la reencarnación. Según esta religión las almas más puras se reencarnan en los nacidos en castas altas, las almas más impuras que han llevado una existencia alejada del camino religioso, el dharma, en pasadas reencarnaciones, en las castas más bajas.

El nacimiento en una casta determinada tiene también implicaciones socioeconómicas ya que cada grupo está vinculada a una función social determinada: las castas más altas, como las de los brahmanes, se dedican tradicionalmente a las tareas más privilegiadas y valoradas por la población como la política, la religión o el ejército, mientras que las más bajas ocupan funciones menos consideradas socialmente como campesinos, artesanos o albañiles, por ejemplo.

El propio concepto de casta es, sin embargo, equívoco y no incluye toda la complejidad de este sistema social. La palabra, que deriva del portugués (donde casta quiere decir tipo), comenzó a ser utilizada por los representantes de esta potencia colonial que llegaron a la India en el siglo XV. Con ella intentaban definir como la estructuración social de las gentes que vivían en estos territorios se dividía en una serie de grupos o tipos cerrados y con una clara jerarquía entre ellos.

Aunque desde un punto de vista externo el sistema parece injusto y deshumanizado, para los hindúes el sistema de castas es una gran familia que les protege y ayuda en momentos de necesidad, ya que existe una solidaridad entre todos sus miembros, aunque no haya lazos de parentesco directo. La pervivencia del sistema se basa también en la interrelación entre todos los grupos y sus funciones. A pesar de que el trato social pueda ser inexistente desde el punto de vista económico y funcional todas las castas cumplen una función imprescindible y se necesitan los unos a los otros para cohesionar y hacer que la sociedad funcione.

Sin embargo, el carácter hereditario del sistema de castas que perpetua la injusticia estructural que supone esta fórmula de organización social, entra en colisión con los principios democráticos y de respeto a los derechos humanos del nuevo estado independiente de la India. A pesar de que la Constitución de 1950, que coronó la transición del sistema autoritario del Imperio británico a una democracia independiente y laica liderada por un gobierno de los propios indios, prohíbe de forma tajante la discriminación por motivo de casta, la tradición milenaria de organización social se ha adaptado a las nuevas circunstancias y ha pervivido.

Dos grupos han sufrido de manera más directa esta dimensión jerárquica e injusta del sistema. Los denominados grupos descastados, también conocidos de forma despectiva durante la época de dominio británico como intocables y como dalit en su propia denominación; y los pertenecientes a las tribus, también conocidos como adivasis, que quiere decir antiguos habitantes, ya que se refieren a los habitantes indígenas del subcontinente, que vivían en el territorio siglos antes de que el hinduismo incluso se desarrollara.

Los adivasis son un grupo muy heterogéneo que incluye a multitud de etnias que por vivir en zonas aisladas como bosques o montañas no fueron asimilados dentro del marco religioso y cultural hindú y, por tanto, están fuera del sistema de castas y considerados y tratados como inferiores por la ortodoxia hindú. Son más de seiscientos grupos tribales adivasis reconocidos oficialmente tras la independencia y la llegada de la democracia. Se denominan «scheduled tribes (STs)» o tribus catalogadas (Flood, 1998).

Por otra parte y según el último censo oficial de población de India de 2011, alrededor del 16,6 % de la población pertenece a las castas marginadas reconocidas oficialmente (Scheduled Castes, SC), que incluyen a los dalits. Esto representa a unos doscientos millones de personas aproximadamente en ese momento. La población de adivasis estaría en torno a 8,6 % de la población total, lo que a comienzos de esa década de 2010 equivaldría a unos cien millones de personas. (Office of the Registrar General & Census Commissioner, 2011). En ambos casos se trata de un porcentaje minoritario de la población, pero al mismo tiempo de decenas de millones de personas, más de dos tercios de los habitantes actuales de toda la Unión Europea, por ejemplo.

En el caso de los dalits según el mismo censo de 2011, la tasa de alfabetización es significativamente más baja que la media nacional, el 66%, mientras que la media nacional en ese momento era del 74%. Los adivasis aún tienen una situación más problemática con solo una tasa de alfabetización del 59%. Las mujeres dalit y adivasis tienen una tasa de alfabetización aún más baja.

Los dalits y adivasis también representan un porcentaje desproporcionado de la población en situación de pobreza en la India: aproximadamente el 40% de la población dalit y el 45% de los adivasis viven por debajo de la línea de pobreza, lo que es un indicador claro de su exclusión económica y social (Office of the Registrar General Census Commissioner, 2011).

No solo es un problema socioeconómico, la violencia contra los dalits de otros grupos más privilegiados, por ejemplo, sigue siendo un problema grave. Según un informe del National Crime Records Bureau (NCRB, 2021), se registraron más de cincuenta mil casos de crímenes contra dalits en 2020, que incluyen asesinatos, agresiones físicas, violaciones y acoso. El académico dalit Suraj Yengde en su libro Caste Matters de 2019 defiende que pese a los avances legales la casta sigue moldeando la vida social, política y económica en la India moderna. Yengde describe con ejemplos de su propia experiencia vital como dalit y datos estadísticos la discriminación sistémica que sufren las castas más desfavorecidas y también de los esfuerzos de estas por organizarse, luchar por sus derechos y buscar justicia.

Política interna y tensiones regionales

En esta sección del capítulo analizaremos el desempeño de la democracia más grande del mundo y los desafíos de mantener libertades y derechos para una población de más de 1400 millones de personas con la diversidad enorme y las distintas identidades ya reflejadas previamente.

Desde su independencia en 1947, India ha mantenido, a pesar de incontables dificultades, una de las experiencias democráticas más fructíferas de todos los estados surgidos en el proceso de descolonización. Como muchas otras democracias en el momento actual tiene que afrontar retos complejos como el nuevo entorno digital con sus oportunidades para aumentar y agilizar la participación, pero también con problemas como la desinformación y el aumento de la polarización.

En el caso indio se analizarán estos temas en el marco de la trayectoria de los gobiernos de Narendra Modi que llegó al poder en 2014 con un mensaje ilusionante para una mayoría del electorado de regeneración política y económica y abanderando una visión hinduista de la sociedad frente a una oposición debilitada del Partido del Congreso y otras fuerzas que sigue apoyando una identidad construida en torno a la diversidad de las culturas y religiones que amalgaman la nación india.

La consolidación de un sistema democrático en India tiene sus raíces en la influencia que los británicos ejercieron en el subcontinente durante su mandato colonial. Los líderes, que pusieron en marcha el movimiento nacionalista indio a finales del siglo XIX, como B. K. Gokhale o Lokamanya Tilak admiraban el sistema político inglés y su principal reivindicación era que tal sistema se aplicara en Calcuta o Delhi con la misma consistencia que se cumplía en Londres o Edimburgo. La siguiente generación de dirigentes nacionalistas, encabezada por Mohandas K. Gandhi o Jawaharlal Nehru, ambos educados en universidades inglesas, también mostraron su identificación con los ideales democráticos, que juzgaban antagónicos con las prácticas del Imperio británico en su territorio (Campos, 2003).

Tras la independencia de 1947, los valores y principios del sistema democrático indio van a quedar configurados formalmente en la Constitución de 1950. La misma sanciona la igualdad política y jurídica de todos los ciudadanos por encima de diferencias de raza, religión, casta o género. En su Carta Magna la India se constituye como una república federal con dos grandes cámaras legislativas: Lokh Sabha (Asamblea del Pueblo) y Rajya Sabha (Consejo de los Estados). Los representantes de la primera son elegidos por sufragio universal y son los responsables de designar el poder ejecutivo. El Rajya Sabha es un órgano de participación de los estados que forman la unión india y sus representantes son elegidos por los respectivos parlamentos de dichos estados.

Las primeras elecciones tuvieron lugar en 1952 y dieron el poder al partido del Congreso de Jawaharlal Nehru. Desde ese año hasta la actualidad, las elecciones federales y estatales se han venido celebrando regularmente, aunque la confianza en la clase política se ha debilitado. La generación que tomó el relevo tras la muerte de Nehru en 1964, simbolizada por la hija de este, Indira Gandhi, cambió el estilo inclusivo y abierto del Partido del Congreso por una línea más verticalista donde la fidelidad al líder pasó a ser el principio directivo de esta fuerza política. El poder comenzó a pasar de los afiliados del partido en todo el territorio y sus representantes en el Parlamento a una serie de consejeros privados de la propia primera ministra, una práctica que no se ha modificado sustancialmente en liderazgos posteriores del partido de otro signo.

En 1977, acorralada por diversas decisiones judiciales y por la creciente oposición política, Indira Gandhi decretó el estado de emergencia, que durante varios meses suspendió los derechos constitucionales. Pero incluso este breve lapso de ausencia de garantías democráticas, con jueces destituidos, opositores encarcelados y el parlamento clausurado, terminó en una nueva convocatoria de elecciones que la propia Indira perdió, dando la primera vez el gobierno a una coalición de fuerzas políticas entre las que no estaba incluido el Partido del Congreso (Campos, 2003).

El desprestigio del Partido del Congreso ha ido creciendo con los años, convertido en una máquina electoral al servicio de la familia Nehru‑Gandhi. Tras los asesinatos de Indira (1984) y su hijo Rajiv (1991), en la actualidad dirige los destinos del partido, el hijo de este, Rahul Gandhi, que ha perdido las tres últimas elecciones de forma consecutiva con el BJP de Narendra Modi.

Modi es el primer jefe de gobierno indio, desde Indira Gandhi a comienzos de la década de los setenta, en conseguir dos mandatos sucesivos con una clara mayoría parlamentaria y en las elecciones de 2024 ratificó su poder con un triunfo más ajustado pero que le ha permitido seguir gobernando en coalición con otras fuerzas políticas aliadas.

En las elecciones de 2014 Modi consiguió una victoria histórica con un mensaje claro sobre la importancia de promover reformas económicas, luchar contra la corrupción del Partido del Congreso y crear empleos para la joven población india (Campos, 2019). En comparación, su campaña para renovar el apoyo del electorado indio en 2019 y 2024 se ha centrado en la seguridad nacional y la promoción de su visión de la hindutva o modo de vida hindú. Un factor común en este recorrido electoral también ha sido su visión de India como un actor clave en el escenario internacional que debe recuperar el peso histórico que la civilización india ha tenido en la historia de la humanidad, solo ensombrecido por los años de decadencia relativa tras la revolución industrial del siglo XIX liderada por los países occidentales.

La llegada al poder de Modi y el BJP en 2014, en unas elecciones donde se consiguió por primera vez en décadas una mayoría absoluta, es el foco del libro del periodista Prashant Jha How the BJP Wins: Inside India's Greatest Election Machine. En dicha obra, Jha ofrece un análisis detallado de las estrategias que han llevado al BJP a consolidarse como una fuerza política dominante en India, no solo en el gobierno federal sino también en muchos estados. El BJP ha consolidado con el liderazgo de Modi su dominio en estados del norte como Uttar Pradesh, Madhya Pradesh, Haryana, Rajasthan y Bihar, donde ha logrado grandes victorias electorales tanto a nivel estatal como nacional.

Jha en su obra no solo tiene en cuenta la contribución esencial del liderazgo de Modi para este logro, sino también la de otras figuras claves del BJP como Amit Shah y herramientas innovadoras como el uso de las tecnologías digitales y las redes de apoyo a nivel local y regional para la creación de una maquinaria electoral exitosa.

La obra de Jha permite entender el proceso de transformación del nacionalismo hindú del BJP, que ha pasado de ser una narrativa periférica en la sociedad india en las décadas de los cincuenta y sesenta a convertirse en el marco ideológico principal de un partido que ha logrado tres victorias electorales consecutivas a nivel nacional.

Una de las claves del éxito del BJP, según Jha, es su capacidad para conectar con diversos segmentos de la sociedad india. El partido ha sabido articular un mensaje que resuena tanto con las aspiraciones de desarrollo económico como con los sentimientos nacionalistas y culturales. Esta dualidad le ha permitido atraer a votantes de diferentes castas, religiones y regiones, ampliando su base de apoyo más allá de sus bastiones tradicionales Todo ello arropado por una narrativa de cambio político basada en un modelo económico liberal y de una nueva identidad para la India construida en torno a la religión mayoritaria del hinduismo (Jha, 2017).

Además, el autor analiza el uso estratégico de la tecnología y las redes sociales por parte del BJP. El partido ha sido pionero en la adopción de plataformas digitales para difundir su mensaje, contrarrestar narrativas adversas y movilizar a sus seguidores. Esta innovación le ha otorgado una ventaja significativa en un país con una población joven y cada vez más conectada. Al mismo tiempo ha generado fuertes dinámicas de polarización política, no solo contra los seguidores de la fuerza opositora principal del Partido del Congreso sino entre la visión hindutva y la de India como país laico o secular y las identidades de otros grupos religiosos como los musulmanes.

Según el Censo de la India de 2011, la población musulmana era de unos 172,2 millones de personas, lo que representaba el 14,2% de la población total en ese momento (Office of the Registrar General & Census Commissioner, 2011). La evolución del crecimiento de la población en la última década ha aumentado el número de los indios que profesan el islam hasta más de doscientos millones, lo que sitúa a India como el tercer país del mundo con mayor número de musulmanes solo por detrás de Indonesia y Pakistán. Aunque siguen siendo una minoría es una parte fundamental de la población y el choque contra la visión hindutva del primer ministro Modi supone un riesgo de confrontación social importante.

El gobierno de Narendra Modi ha implementado varias políticas recientes que han generado controversia en relación con la minoría musulmana. Una de las más discutidas es la Ley de Enmienda de Ciudadanía de 2019, que otorga la ciudadanía india a refugiados de religiones que tienen su origen histórico en el subcontinente indio (hindúes, sijes o budistas, entre otros) provenientes de Pakistán, Bangladesh y Afganistán, pero excluye a los musulmanes. Esto ha sido visto por muchos críticos como una medida discriminatoria, especialmente porque no proporciona un camino similar para los musulmanes perseguidos en esos países (Guha, 2020). Además, las políticas relacionadas con el Registro Nacional de Ciudadanos en la región de Assam han generado preocupación, ya que se teme que puedan usarse para excluir a muchos musulmanes que no puedan proporcionar los documentos requeridos, lo que podría llevar a la pérdida de su ciudadanía y derechos legales.

Estas políticas han sido vinculadas con las posturas del BJP sobre el templo Ram en Ayodhya, un tema profundamente controvertido en la política india. El BJP ha defendido la construcción de un templo hindú en el sitio donde antes se encontraba la mezquita Babri, que fue demolida por grupos hindúes en 1992, un evento que desató violentos disturbios religiosos. Tras años de disputas legales, la Corte Suprema de India dictaminó en 2019 que el sitio debía ser entregado para la construcción del templo, lo que fue visto como una victoria para los sectores nacionalistas hindúes liderados por el BJP. Este vínculo entre las políticas hacia los musulmanes y el templo Ram ha reforzado la percepción de que el gobierno de Modi favorece los intereses hindúes, lo que ha aumentado las tensiones interreligiosas en el país y ha sido criticado por muchos defensores de los derechos humanos como un retroceso en la igualdad religiosa y la cohesión social (Pande, 2019).

En este contexto es especialmente relevante la situación política interna en la región de Cachemira, ya que es la única de toda la India donde la población musulmana es mayoritaria. Esta región, situada en el noroeste del subcontinente indio, es objeto de reivindicaciones territoriales por parte de India y Pakistán desde la independencia de ambos países en 1947 y ha tenido recientemente sus primeras elecciones tras la abolición por parte del gobierno central del estatus de semiautonomía de la región en agosto de 2019.

Región de Cachemira

Tras un enfrentamiento entre India y Pakistán a finales de la década de 1940 por el control de este territorio, este quedó dividido en dos regiones diferenciadas: al este y al sur se encuentra el estado indio de Jammu y Cachemira, con unos dos tercios del total del territorio. Su capital es Srinagar y un sesenta por ciento de sus habitantes son de religión musulmana. Al norte se extiende la región montañosa dominada por Pakistán denominada por los dirigentes paquistaníes como Azad (Libre) Cachemira, con capital en Muzaffarabad.

Las promesas en esta época del gobierno indio de celebración de un plebiscito, apoyado por Naciones Unidas para determinar su futuro nunca se cumplieron. Pakistán se negó a retirar su ejército de la zona bajo su control y el gobierno indio se basó en esta decisión para cerrar la opción del referéndum. Desde la década de 1950 la situación de seguridad en esta región ha sido una constante fuente de conflicto entre India y Pakistán que han vivido tres guerras causadas directa o indirectamente por el control del territorio cachemir (1948‑49, 1965 y 1971). A partir de la década de 1980 los enfrentamientos han continuado más centrados entre milicias pro‑paquistaníes, identificados como grupos terroristas por el gobierno de Nueva Delhi y el ejército indio dejando miles de muertos en las décadas siguientes y una herida abierta que hoy en día no ha encontrado una solución diplomática a pesar de los intentos de reconciliación y diálogo a comienzos del siglo XXI (Jacob, 2013).

La autonomía política de Jammu y Cachemira dentro del estado indio ha sufrido también muchas limitaciones a lo largo del tiempo. En 1953, el primer ministro cachemir, Sheik Abdullah, fue detenido acusado de fomentar tendencias separatistas. Elecciones en diferentes décadas con sospechas de fraude, represión política con detenciones de los líderes de la oposición, influencia decisiva en ciertos periodos desde el gobierno federal de Nueva Delhi, son otros ejemplos de las restricciones a la democracia en Cachemira.

La polarización y la tensión en Cachemira han empeorado con los gobiernos de Narendra Modi. David Devadas, un periodista y analista político con amplia experiencia en Cachemira, explora en su reciente libro The generation of rage in Kashmir. Las razones detrás de la creciente ira y radicalización entre los jóvenes cachemires que el título de la obra explícita, se producen por una generación nacida después del auge de la insurgencia en los años noventa que ha crecido en un entorno de violencia, represión y falta de oportunidades, lo que ha llevado a un sentimiento de desesperanza y frustración. Devadas argumenta que la generación actual se ve impulsada por una combinación de agravios históricos y represión estatal liderada por el gobierno central, lo que ha llevado a un ciclo continuo de disturbios y protestas (Devadas, 2019).

El libro examina el papel del Estado indio en la crisis de Cachemira, señalando cómo las políticas gubernamentales y la militarización de la región han alimentado aún más el resentimiento entre la juventud. La represión de manifestaciones, la censura y las violaciones de derechos humanos han generado un ambiente de desconfianza y hostilidad hacia el gobierno central, llegando a su punto culminante con la revocación del artículo 370 en 2019, que eliminó el estatus especial de Jammu y Cachemira, como un factor que exacerbó la tensión y profundizó la sensación de alienación en la población local.

Un aspecto relevante en este contexto fue que el estado de Jammu y Cachemira fue reorganizado y la región de Ladakh se separó del mismo. Los habitantes de Ladakh, especialmente la mayoritaria comunidad budista en Leh, llevaban mucho tiempo exigiendo una administración separada de Cachemira que fue otorgada en 2019 por la iniciativa del primer ministro Modi, aunque sin asamblea legislativa propia y bajo control directo del gobierno central. En el resto del estado de Jammu y Cachemira, con mayoría de religión musulmana, esta separación fue recibida con protestas y fue otro motivo de desencuentro con el gobierno.

Como otro elemento fundamental en la región, Devadas en su libro también analiza el papel de las redes sociales y la tecnología en la radicalización de una parte de la juventud cachemir. Con la creciente disponibilidad de Internet, las narrativas sobre la lucha de Cachemira se han amplificado, permitiendo que la juventud se conecte con discursos de resistencia y militancia de manera más rápida y efectiva. Devadas señala que, a diferencia de generaciones anteriores que tenían líderes políticos moderados como referentes, la actual generación ha sido influenciada por ideologías extremistas y ha adoptado un enfoque más militante hacia la lucha por la autodeterminación. El autor sostiene que, si no se abordan las preocupaciones legítimas de los cachemires mediante el diálogo y un enfoque más inclusivo, en lugar de depender principalmente de la fuerza militar y la represión estatal, la región podría enfrentar una escalada aún mayor del conflicto (Devadas, 2019).

En este sentido, en las recientes elecciones regionales de Jammu y Cachemira, celebradas en octubre de 2024, la alianza opositora formada por el Partido del Congreso y la Conferencia Nacional (NC) obtuvo una mayoría significativa, logrando 48 escaños, mientras que el Bharatiya Janata Party del primer ministro Narendra Modi obtuvo veintinueve escaños. Estas elecciones fueron las primeras en una década en la región y las primeras desde que el gobierno central revocó el estatus especial de Jammu y Cachemira en 2019. La participación electoral fue notable, alcanzando el 64 %, lo que indica un compromiso significativo de la población con el proceso democrático.

El resultado se interpreta como un rechazo a las políticas del BJP en la región, especialmente la decisión de 2019 de revocar la autonomía de Cachemira, una medida que fue ampliamente criticada y vista como un ataque a la identidad cachemir. Omar Abdullah, líder de la Conferencia Nacional ha abogado por la restauración del estatus previo para el estado para Jammu y Cachemira.

La situación de Cahemira no es el único frente de tensión regional. Hay problemas de seguridad con grupos armados en otras muchas regiones. Uno de los más significativos es la insurgencia naxalita o maoísta, que opera en el llamado cinturón rojo del centro este de India, abarcando estados como Chhattisgarh, Jharkhand, Odisha y Maharashtra. Este movimiento, influenciado por la ideología comunista maoísta, ha librado una lucha armada contra el Estado desde finales de la década de 1960, argumentando que defienden los derechos de los campesinos y tribus indígenas. Aunque la insurgencia ha disminuido en los últimos años debido a operaciones militares y programas de desarrollo, los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad aún persisten en diversas zonas de estos estados.

Otro foco de conflicto está en el noreste de India, donde diversos grupos separatistas han buscado autonomía o independencia en estados como Assam, Nagaland, Manipur y Mizoram. En Assam, por ejemplo, el United Liberation Front of Asom (ULFA) ha llevado a cabo ataques contra objetivos gubernamentales y comerciales desde la década de 1970. En Nagaland, las demandas de un «Gran Nagalim», que incluiría territorios de China, India y Myanmar, han llevado a décadas de enfrentamientos entre insurgentes y el ejército. Aunque el gobierno ha firmado acuerdos de paz con algunos grupos, la región sigue siendo volátil debido a rivalidades étnicas y el tráfico ilegal de armas.

Por último, hay que destacar que existen tensiones no vinculadas con grupos armados como las relacionadas con las políticas lingüísticas y de identidad regional. Un ejemplo es la persistente oposición a la imposición del hindi como lengua nacional en el sur de India. En esta región las lenguas nativas son de origen dravídico de una familia diferente al hindi y otras lenguas habladas en el norte del país que son de origen devanagari. En estados del sur como Tamil Nadu los intentos del gobierno central de popularizar el hindi como idioma oficial desde la década de 1960 se enfrentaron a un poderoso movimiento político y social que canalizó la protesta de millones de personas durante años defendiendo el uso del tamil y otros idiomas regionales frente al hindi. Estas tensiones han llevado al gobierno federal a promover políticas de pluralidad lingüística en la administración y educación. Sin embargo, aún hoy hay fricciones en estados del sur como Karnataka, donde grupos nacionalistas locales siguen protestando contra la preeminencia del hindi, insistiendo en la promoción del idioma regional, el canarés. Estas disputas reflejan la diversidad lingüística de India y el desafío constante de equilibrar la identidad regional con la unidad nacional.

Conclusiones

Con estos retos y desafíos como contexto, el gobierno del BJP de Narendra Modi consiguió en las recientes elecciones nacionales de 2024 un resultado agridulce. El partido nacionalista hindú perdió la mayoría absoluta que había mantenido en solitario durante los últimos diez años, de forma bastante clara en 2014 (trescientos tres parlamentarios) y muy amplia en 2019 (353 parlamentarios) quedando lejos de los 272 que marcan esta mayoría. Solo con sus socios de la coalición National Democratic Alliance ha podido sumar los votos suficientes para un tercer mandato.

La nueva legislatura tendría que llevar al nuevo gobierno de Narendra Modi y el BJP hasta el año 2029 si es capaz de terminar su mandato actual. El gran interrogante que se cierne sobre su futuro desempeño es si será capaz el primer ministro de enderezar este desgaste en su apoyo popular y buscar soluciones más eficaces a los problemas demográficos, económicos, de desigualdades y políticos que se han analizado en este capítulo para llevar a India al lugar privilegiado en el contexto internacional que su gobierno siempre ha defendido que merece alcanzar.

Bibliografía

Rubén Campos Palarea
Director de programas del Club de Madrid

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]La explicación detallada de las implicaciones religiosas, pero también culturales y socioeconómicas del sistema de castas se desarrolla en la siguiente obra: Gavin Flood. El hinduismo. Madrid, Cambridge University Press, 1.ª edición 1996, 1.ª edición en español 1998 y es la base de la información presente en este apartado.