IEEE. De la hegemonía liberal al America First doctrinal

Decorativa

10 dic 2025

IEEE. De la hegemonía liberal al America First doctrinal

Guillem Colom Piella. Doctor en Seguridad Internacional, Profesor asociado del IEEE (CESEDEN)

Introducción

Las Estrategias de Seguridad Nacional (National Security Strategy – NSS) de Estados Unidos son el instrumento doctrinal de mayor jerarquía en la arquitectura estratégica del país. Desde la aprobación de la Ley Goldwater–Nichols de 1986, la Casa Blanca está obligada por ley a remitir periódicamente al Congreso una estrategia que defina los fines (ends) que persigue, los medios (means) de los que dispone y las maneras (ways) con los que Washington pretende defender sus intereses nacionales1. Por su naturaleza y ambición, las NSS constituyen el marco sobre el que se fundamentan las estrategias de segundo orden (en especial, la Estrategia de Defensa Nacional o National Defense Strategy – NDS) y orientan la asignación de recursos y las políticas públicas en el ámbito de la seguridad y la defensa nacional2.

Leídas en serie – desde la NSS de 1987 hasta las de 2017 y 2022 – estas estrategias ofrecen una suerte de “sismógrafo estratégico” que permite rastrear la evolución del pensamiento estratégico estadounidense: del optimismo liberal de los años noventa, a la guerra global contra el terrorismo tras el 11-S, hasta el retorno de la competición entre grandes potencias a partir de 20173.

En este contexto, la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, publicada por la segunda administración Trump el pasado 5 de diciembre, merece una atención especial4. Se trata de un documento muy breve pero políticamente muy cargado, que rompe con el tono tecnocrático de estrategias anteriores para presentar una visión profundamente soberanista, civilizatoria y revisionista del papel de Estados Unidos en el mundo. Si la NSS de 2017 reintrodujo la lógica de la competición entre grandes potencias, y la de 2022 reforzó la idea de una “década decisiva” entre democracias y autocracias, la NSS de 2025 abandona en buena medida el imaginario del orden internacional liberal para abrazar una propuesta de America First doctrinalizada: un proyecto que combina realismo geopolítico, nacionalismo económico e culturalismo identitario, redefiniendo tanto las prioridades exteriores como la propia idea de seguridad nacional.

Teniendo estos elementos en cuenta, el objetivo de este Documento de Opinión es contextualizar y analizar esta estrategia desde una doble perspectiva. Primero, reconstruyendo sus antecedentes políticos e intelectuales: las NSS de 2017 y 2022, el programa Project 2025 de la Heritage Foundation, la Guía Estratégica Provisional de la Defensa Nacional (Interim National Defense Strategic Guidance – INDSG) de marzo de 2025 y la influencia doctrinal de Elbridge Colby y su propuesta de estrategia de denegación (denial strategy). Segundo, examinando el contenido de la NSS 2025, su jerarquía de intereses y teatros, el tratamiento del Indo-Pacífico y de Europa, y sus implicaciones globales.

Antecedentes: del America First a la reconfiguración estratégica (2017-25)

Las estrategias de seguridad nacional no emergen en el vacío. Cada NSS es el resultado de un proceso político y doctrinal en el que se combinan ideas, intereses, coaliciones y burocracias, lo que condiciona qué amenazas se priorizan, qué regiones se privilegian y qué instrumentos del poder nacional se movilizan. La NSS de 2025 no es una excepción: constituye el punto de llegada de un ciclo iniciado en 2017 con la primera administración Trump, reformulado bajo Biden en 2022 e impulsado con una claridad inédita por el ecosistema político e intelectual que ha articulado Project 2025.

La NSS de 2017 marcó una ruptura conceptual significativa con los documentos anteriores. Fue la primera estrategia desde el final de la Guerra Fría en afirmar explícitamente que Estados Unidos había entrado en una fase de competición estratégica con China y Rusia5. Rechazaba el optimismo liberal de los años noventa y proponía un retorno a los fundamentos del realismo: poder, intereses y rivalidad entre grandes potencias. Introdujo además dos líneas que reaparecerán en 2025: la crítica al free-riding de los aliados europeos y la necesidad de reconstruir la base industrial de defensa estadounidense.

La NSS de 2022, elaborada por la administración Biden (2021-25), buscó restaurar el marco liberal, definiendo la coyuntura como una “década decisiva” en la que las democracias debían coordinarse para contener el revisionismo autoritario, gestionar el ascenso de China, reforzar la gobernanza global e invertir en resiliencia interna6. Articuló alianzas renovadas (como laOTAN, el AUKUS o el QUAD), intentó conciliar la competición entre grandes potencias con la promoción y protección de los bienes públicos globales (global commons) y se inscribió claramente en la tradición de la hegemonía liberal.

Frente a ello, la NSS de 2025 supone una ruptura frontal. Relega la promoción de la democracia, cuestiona la utilidad de las instituciones multilaterales y sustituye el lenguaje universalista y liberal por un vocabulario soberanista, civilizacional e identitario.

El segundo elemento clave es Project 2025, una iniciativa encabezada por la Heritage Foundation para proporcionar un programa de gobierno completo para la administración conservadora7. Su documento central – Mandate for Leadership 2025: The Conservative Promise8 – ofrece reformas detalladas para todos los departamentos del Ejecutivo, incluyendo defensa, seguridad nacional e industria estratégica. En el ámbito exterior y de defensa, recomienda declarar a China como amenaza principal, recentrar el hemisferio occidental, someter la burocracia federal a un control político más estricto, reforzar la base tecnológico-industrial de defensa y revisar profundamente la postura nuclear y la política energética. Buena parte de la retórica y prioridades de la NSS 2025 – desde el diagnóstico sobre el “declive civilizacional europeo” hasta el énfasis en reindustrialización, control fronterizo o la primacía hemisférica – coinciden con este programa.

El tercer factor es la INDSG, firmada por el secretario de Defensa Pete Hegseth en marzo de 20259. Filtrada a la prensa, este documento clasificado funcionaba como una precuela operativa de la NSS: clarificaba la jerarquía de amenazas y teatros a los que debía adaptarse la fuerza conjunta y plasmaba el ideario del Project 2025. Establecía a China como “sole pacing threat” y a un ataque sobre Taiwán como “sole pacing scenario”, reforzaba la defensa del territorio continental frente a migración, fentanilo y amenazas híbridas y aceptaba explícitamente asumir más riesgos en Europa, Oriente Medio y África10.

La cuarta pieza es doctrinal. Desde 2021, el libro de Elbridge Colby, The Strategy of Denial11, se ha convertido en una referencia central en los círculos estratégicos republicanos12. Colby, que actualmente ocupa la subsecretaría de asuntos políticos del Pentágono, sostiene que el objetivo principal de la gran estrategia estadounidense debe ser impedir que China logre una hegemonía regional en Asia, y que la clave consiste en una postura militar capaz de negar un hecho consumado (fait accompli) rápido contra Taiwán o la primera cadena de islas. Para ello, propone priorizar el Indo-Pacífico, desarrollar fuerzas letales, móviles y resilientes, transferir más cargas a los aliados – especialmente a los europeos – y reorientar la base industrial de defensa hacia capacidades de precisión de largo alcance, submarinas y no tripuladas13.

Análisis de la National Security Strategy de 2025

La NSS de 2025 es un documento singular dentro de la tradición estratégica estadounidense. Más que un ejercicio tecnocrático, funciona como una declaración político-estratégica que busca redefinir qué es la seguridad nacional y qué papel debe jugar Estados Unidos en el orden internacional. En 33 páginas contiene una elevada densidad conceptual es elevada: no se limita a describir amenazas o identificar prioridades, sino que reformula fines, medios y maneras desde una óptica influida por el nacional-conservadurismo y el ideario de America First14.

El texto arranca distinguiendo entre lo que Estados Unidos quiere “para sí mismo” y lo que quiere “del mundo”. Para sí mismo, la estrategia afirma que el país debe preservar la supervivencia de la república, los “…derechos naturales dados por Dios”, la prosperidad económica y – he aquí una innovación relevante – la “salud cultural y espiritual” de la nación. Este énfasis identitario, que convierte la inmigración, los cambios demográficos y las transformaciones culturales en desafíos estratégicos, aproxima la NSS a enfoques de seguridad ontológica, que integran la identidad colectiva dentro de la definición de seguridad15.

Respecto al mundo, la NSS establece cinco grandes intereses vitales: asegurar la primacía estadounidense en el hemisferio occidental; garantizar un Indo-Pacífico libre y abierto, con especial atención al statu quo en torno a Taiwán; promover una Europa “libre y segura”, aunque reinterpretada desde categorías civilizacionales; impedir hegemonías hostiles en Oriente Medio; y consolidar un orden tecnológico global regido por estándares estadounidenses, especialmente en inteligencia artificial, ciberespacio, biotecnología y espacio16. Llama la atención la ausencia de referencias centrales a la promoción de la democracia, los derechos humanos o la gobernanza multilateral, pilares del orden liberal de posguerra.

En cuanto a los medios, la NSS reconoce los pilares tradicionales del poder estadounidense – una economía dinámica, la superioridad tecnológica, unas fuerzas armadas avanzadas o una posición geoestratégica privilegiada – pero otorga un protagonismo singular a tres vectores. Primero, la reindustrialización: la estrategia insiste en que no puede haber poder militar ni competitividad tecnológica sin una base industrial robusta y autónoma, en línea con la literatura sobre geoeconomía y capacidad estatal17. Segundo, el poder tecnológico, considerado el principal terreno de competición estratégica del siglo XXI. Y tercero, factores como la cohesión cultural, la vitalidad demográfica y el control de fronteras, que pasan a entenderse como medios estratégicos y no sólo como políticas domésticas.

La NSS formula, además, una serie de principios orientadores que operan como doctrina implícita. Toda decisión debe evaluarse según una regla simple: si hace a Estados Unidos “más fuerte, más rico y más seguro”. Este criterio recuerda a la tradición jacksoniana descrita por Walter Russell Mead, en la que el apoyo a aventuras exteriores depende de su utilidad directa para la nación y con la que Donald Trump se identificó18. También por la vinculación entre los elementos identitarios domésticos de la “comunidad jacksoniana” con el código de honor asumido por Estados Unidos en el exterior. Cabe mencionar que el jacksonianismo es identificado por Mead como la corriente de política exterior estadounidense más cercana al realismo continental europeo.

La estrategia reivindica asimismo la máxima “Peace through Strength”, pero ampliada: la fuerza ya no es sólo militar, sino también energética, industrial y cultural. Reafirma la soberanía nacional como norma suprema, exhibe escepticismo hacia organismos internacionales y aboga por una cooperación flexible, ad hoc, con regímenes no democráticos cuando existan intereses convergentes.

Ahora bien, la NSS 2025 también intenta distanciarse del ciclo de las forever wars de las dos primeras décadas del siglo XXI, subrayando la necesidad de prevenir conflictos regionales antes de que escalen y reivindicando la diplomacia y la gestión de crisis como instrumentos centrales en escenarios como Gaza, Ucrania o el Sahel. Esta retórica de la prevención convive, sin embargo, con una concepción muy competitiva del orden internacional y con un uso intensivo de la coerción económica y militar.

El tratamiento de las alianzas es quizá uno de los puntos más polémicos. La NSS reafirma la utilidad de la OTAN y de los aliados del Indo-Pacífico, pero introduce una doble condicionalidad: exige un reparto de cargas mucho más severo – llegando a citar como referencia objetivos de inversión en defensa cercanos al 5 % del PIB para algunos aliados europeos – y sugiere que el apoyo de Washington dependerá también de la sintonía ideológica con la agenda nacional-conservadora de la administración19.

La organización regional de la estrategia refleja una jerarquía distinta a la de administraciones anteriores: el hemisferio occidental pasa a ser la prioridad absoluta; el Indo-Pacífico se mantiene como teatro decisivo pero subordinado a la defensa del “interior extendido”; Europa es tratada principalmente como espacio cultural en riesgo más que como actor estratégico; y Oriente Medio y África quedan en un segundo plano, donde prima la estabilidad mínima y la competición geoeconómica20.

En suma, la NSS de 2025 redefine la seguridad nacional como defensa de la soberanía, la identidad y la cohesión interna, articulando una visión profundamente política y cultural de la seguridad. Desde el realismo neoclásico, esta estrategia nos muestra bien cómo un mismo entorno internacional – la competición con China y la crisis del orden internacional liberal – puede dar lugar a estrategias distintas en función de quién gobierne y de qué ideas y coaliciones dominen en Washington.

Indo-Pacífico, contención de China y la lógica de la “estrategia de denegación”

Aunque la NSS de 2025 sitúa al hemisferio occidental en la cúspide de sus prioridades, reconoce que el Indo-Pacífico sigue siendo el teatro decisivo del siglo XXI, especialmente por la rivalidad con China21. Como ya se ha comentado, la estrategia converge aquí con la lógica de la “estrategia de denegación” de Colby: impedir que Pekín logre una hegemonía regional que le permita coaccionar a aliados, dividir coaliciones y reconfigurar el orden mundial. La INDSG de Hegseth, filtrada en marzo de 2025, es clave para entender esta dimensión. El documento definía a China como sole pacing threat y a un ataque chino sobre Taiwán como sole pacing scenario, lo que implica organizar a la fuerza conjunta en torno a la capacidad de ganar una guerra de alta intensidad en el Pacífico occidental, incluso aceptando más riesgos en otros teatros. La NSS retoma esta lógica y la inserta en un marco doctrinal más amplio: la contención de China se concibe como una competición de poder entre grandes Estados soberanos, no como un proyecto multilateral para sostener un orden liberal. En términos operativos, la estrategia apuesta por una postura de fuerzas centrada en negar a China un fait accompli contra Taiwán mediante medios de precisión de largo alcance, plataformas submarinas, sistemas no tripulados, defensa aérea integrada y redes de sensores distribuidos. Ello requiere concentrar recursos en Asia, reforzar la interoperabilidad con aliados como Japón, Australia y Corea del Sur, y aumentar la resiliencia de las bases y líneas de comunicación en la primera y segunda cadena de islas.

Sin embargo, la NSS introduce también tensiones internas. La administración prioriza simultáneamente la primacía hemisférica y la contención de China, lo que genera fricciones a la hora de asignar recursos entre el Indo-Pacífico, Oriente Medio y Europa. Estas tensiones han puesto de manifiesto que la “estrategia de denegación” no domina por completo la toma de decisiones: coexiste y compite con otras tradiciones estratégicas dentro de la propia administración, reflejando un equilibrio inestable entre enfoques más intervencionistas y los defensores de la concentración de esfuerzos en Asia. La NSS, además, complementa esta lógica militar de negación con una lectura claramente geoeconómica del Indo-Pacífico: “ganar el futuro económico” de la región se presenta como la mejor manera de evitar una confrontación abierta con China, profundizando los lazos comerciales, tecnológicos y de defensa con socios como Japón, Corea del Sur o India para sostener un Indo-Pacífico “libre y abierto” sin depender exclusivamente de la disuasión militar.

Europa, la OTAN y la fractura transatlántica

El tratamiento de Europa en la NSS de 2025 marca una ruptura especialmente profunda. El documento describe al continente como una civilización en declive, amenazada por la inmigración masiva, el declive demográfico y la erosión de las identidades nacionales, y retrata a la Unión Europea como una estructura supranacional que socava la soberanía de los Estados y promueve agendas “antidemocráticas”. Al mismo tiempo, la NSS insiste en que la estabilidad europea pasa por contar con aliados capaces de “mantenerse por sí mismos” y asumir la responsabilidad primaria de su propia defensa. En esta lógica, el papel de Estados Unidos no sería tanto sostener indefinidamente el esfuerzo militar en el Viejo Continente como facilitar que los europeos incrementen sus capacidades y, en paralelo, explorar fórmulas para mantener la estabilidad estratégica con Rusia que reduzcan los riesgos de escalada – incluida la nuclear – sin renunciar a la presión sobre Moscú.

Por primera vez, una NSS estadounidense sugiere explícitamente que Washington debe “cultivar la resistencia” dentro de Europa apoyando a fuerzas nacional-conservadoras que cuestionen el proyecto de integración europea. Se pasa así de una política tradicional de refuerzo de la UE como pilar del orden occidental a una estrategia que, en la práctica, apuesta por reconfigurar el paisaje político europeo en clave soberanista.

Esta redefinición tiene consecuencias directas para la OTAN. Aunque la estrategia reafirma formalmente el valor de la Alianza, el compromiso estadounidense queda condicionado a que los aliados asuman una parte mucho mayor de la carga militar y se alineen con la visión de soberanía y orden defendida por la administración. Europa deja de ser un teatro prioritario para la seguridad estadounidense, como lo fue durante la Guerra Fría, y pasa a ser una región donde se pueden aceptar mayores riesgos con tal de liberar recursos para el Indo-Pacífico y el hemisferio occidental.

La guerra de Ucrania es el caso paradigmático. En la NSS, el conflicto aparece en un segundo plano: no desaparece, pero se menciona de forma lateral, como un problema que los europeos deben gestionar con un apoyo estadounidense condicionado y cada vez más selectivo22. Esta narrativa, unida a decisiones como las pausas en la ayuda militar a Kiev han alimentado el debate europeo sobre autonomía estratégica y ha incrementado la percepción de que el vínculo transatlántico es hoy más contingente que en cualquier otro momento desde 194923.

Desde una perspectiva realista, el razonamiento es coherente: concentrar recursos en Asia implica aceptar mayor riesgo en Europa. Pero desde la óptica de las alianzas, la NSS plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto es sostenible una OTAN cuyos miembros ya no comparten ni valores ni diagnósticos estratégicos comunes?24

Conclusiones

La National Security Strategy de 2025 marca un punto de inflexión en la tradición estratégica estadounidense al consolidar una lectura del mundo anclada en la competición de grandes potencias, la jerarquía regional y la primacía nacional. Frente a las interpretaciones más cooperativas o normativas que, de forma discontinua, habían acompañado la política exterior estadounidense desde el final de la Guerra Fría, la NSS reivindica el retorno a la política del poder (power politics), que asume sin ambages que la estabilidad internacional descansa menos en instituciones y regímenes que en la capacidad de Estados Unidos para imponer costes, negar ventajas a sus rivales y preservar su soberanía frente a influencias externas. Este giro es inseparable del peso creciente de la coalición nacional-conservadora, que ha logrado traducir en directrices estratégicas una visión desconfiada del multilateralismo y crítica con las estructuras del orden liberal.

En este contexto, la recuperación de facto de la Doctrina Monroe ocupa un lugar central. Más que una referencia histórica, la NSS 2025 la reinterpreta como un proyecto contemporáneo de primacía hemisférica ofensiva, donde la defensa del territorio, el control de las fronteras, la presión sobre actores extrahemisféricos y la proyección de poder en el entorno inmediato se articulan como misiones estratégicas prioritarias. Unido a la lógica de negación en el Indo-Pacífico y a la reindustrialización defensiva, el documento configura una estrategia orientada a maximizar el poder relativo de Estados Unidos, reduciendo el peso de consideraciones normativas y reforzando la idea de que la seguridad depende, sobre todo, de la autonomía estratégica y la capacidad coercitiva.

La consecuencia es una estrategia más ofensiva, revisionista y desinhibida que la de 2017. Si esta reintroducía la competición entre grandes potencias, la de 2025 la sitúa como principio organizador de la política exterior e interior. Y, desde un enfoque realista neoclásico, ilustra de forma paradigmática cómo un mismo entorno internacional puede generar respuestas estratégicas divergentes dependiendo de qué ideas, élites y coaliciones dominen el aparato estatal. La competición con China, la erosión del orden liberal o la incertidumbre sobre Europa están ahí para todos, pero no todas las administraciones extraen las mismas prioridades ni construyen la misma visión del mundo. Los primeros análisis en Washington – tanto críticos como favorables – coinciden en que la NSS 2025 consolida una ruptura doctrinal con la tradición del orden liberal, más que una mera actualización técnica de prioridades.

Para Europa, este giro supone una llamada de atención que, sin embargo, el continente parece incapaz de asumir. La NSS 2025 deja claro que Washington espera aliados capaces de compartir cargas reales, no sólo de producir discursos tranquilizadores. La Unión Europea continúa atrapada entre su autopercepción como potencia normativa – a menudo revestida de una cierta superioridad moral – y su limitada disposición a asumir los costes materiales del poder: déficits industriales persistentes, lentitud decisoria, dependencia tecnológica, presupuestos insuficientes y profundas divisiones internas. Pese a la abundante retórica sobre autonomía estratégica, Bruselas no ha demostrado todavía la voluntad política ni los recursos necesarios para avanzar en esa dirección.

La NSS 2025 no solo redefine el papel de Estados Unidos en el sistema internacional, sino que obliga a los europeos a confrontar un dilema aplazado durante décadas: o desarrollan capacidades reales que sustenten sus aspiraciones estratégicas, o aceptan que su voz en el mundo será cada vez más irrelevante. En un orden internacional crecientemente competitivo, donde el poder duro vuelve a ser el principal lenguaje de la política mundial, la distancia entre la Europa que dice ser y la Europa que puede ser se está convirtiendo en un abismo. La estrategia estadounidense de 2025 no hace sino subrayarlo con una claridad incómoda, pero ineludible.

Guillem Colom Piella
Doctor en Seguridad Internacional
Profesor asociado del IEEE

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1]Es posible hallar todas – con la única excepción de la de 2022, vigente de facto hasta el pasado viernes – las NSS en la siguiente página: Historical Office of the Secretary of War (s.f.). National Security Strategy (NSS), disponible en: https://history.defense.gov/Historical-Sources/National-Security-Strategy
[2]En la práctica, sin embargo, no todas las administraciones han cumplido con el calendario previsto y la frecuencia real de publicación ha sido irregular, lo que refuerza la idea de que cada NSS debe leerse como un hito político y doctrinal, más que como un simple ejercicio rutinario.
[3]G. Colom-Piella, “Cambio y continuidad en el pensamiento estratégico estadounidense desde el final de la Guerra Fría”, Revista de Ciencia Política (Santiago), vol. 33, nº 3 (2013), pp. 675–692, 2013, disponible en: http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2013000300005
[4]The White House, National Security Strategy of the United States of America, Washington DC: Government Printing Office, 2025, disponible en: https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf
[5]J. M. Weaver, “The 2017 National Security Strategy of the United States”, Journal of Strategic Security, vol. 11, nº 1 (2018), pp. 62-71, disponible en: http://www.doi.org/10.5038/1944-0472.11.1.1655.
[6]S. Hamid et al., “Around the Halls: Assessing the 2022 National Security Strategy”, Brookings Institution, 2022. Disponible en: https://www.brookings.edu/articles/around-the-halls-assessing-the-2022-national-security-strategy
[7]Aunque se presenta como novedad, este documento forma parte de una serie de trabajos programáticos elaborados por la Heritage Foundation desde 1981. Desde Reagan hasta Trump, Los Mandate for Leadership han influido en mayor o menor medida en las administraciones republicanas.
[8]The Heritage Foundation, Mandate for Leadership 2025: The Conservative Promise, Washington DC: The Heritage Foundation, 2023, disponible en: https://static.heritage.org/project2025/2025_MandateForLeadership_FULL.pdf
[9]Firmada por el Secretario de Guerra Pete Hegseth en marzo de 2025, la INDSG es un documento interno que pretende ofrecer, en la fase inicial de una administración, directrices provisionales para el planeamiento de la defensa y militar hasta la aprobación de la NDS. La peculiaridad de la INDSG de 2025 es doble: por un lado, su formulación extremadamente explícita de China como amenaza y porque varios de los párrafos filtrados a la prensa reproducían literalmente formulaciones del Project 2025 (A. Horton y H. Natanson, “Secret Pentagon memo on China, homeland has Heritage fingerprints”, The Washington Post, 29 de marzo de 2025. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/national-security/2025/03/29/secret-pentagon-memo-hegseth-heritage-foundation-china).
[10]C. Starling-Daniels y T. Luetkefend, “Questions Congress should ask about DOD ‘peace through strength’ plan”, Defense News, 16 de abril de 2025. Disponible en: https://www.defensenews.com/opinion/2025/04/16/questions-congress-should-ask-about-dod-peace-through-strength-plan/
[11]E. Colby, The Strategy of Denial: American Defense in an Age of Great Power Conflict, New Haven: Yale University Press, 2021.
[12]Sin embargo, la política de Washington hacia Irán muestra que el enfoque de Colby ni es el único ni siempre prevalece en la toma de decisiones: en los debates sobre los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán en 2025, diversos análisis señalan cómo la corriente de los prioritisers asociada a Colby trató de limitar sin éxito la desviación de recursos hacia Oriente Medio frente a sectores más intervencionistas.
[13]Muchas de las ideas que Colby sistematiza en esta obra no son nuevas, sino que se inscriben en una continuidad de larga duración en la gran estrategia estadounidense. Desde una perspectiva realista, autores como John Mearsheimer llevan décadas sosteniendo que el objetivo de Estados Unidos es evitar la aparición de hegemonías regionales en Eurasia, incluida Asia Oriental, para impedir el surgimiento de un competidor. Esta lógica ya estaba presente en el pivot hacia Asia de la administración Obama, que conceptualizaba el Indo-Pacífico como teatro prioritario para gestionar el ascenso de China mediante una combinación de diplomacia, presencia militar avanzada y reequilibrio de fuerzas. Del mismo modo, los debates acerca de la AirSea Battle o la respuesta a las capacidades A2/AD chinas ya apuntaban, una década antes del libro de Colby, a la necesidad de reforzar las capacidades de largo alcance, penetración, ISR avanzado, submarinos y sistemas no tripulados para frustrar un posible fait accompli chino en el Pacífico occidental. En este sentido, Colby no inventa la prioridad ni las capacidades, sino que las condensa y ordena en un marco coherente especialmente atractivo para la actual coalición republicana.
[14]C. Villanueva, “Análisis de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de los Estados Unidos,” Revista Ejércitos, 5 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.revistaejercitos.com/articulos/analisis-de-la-nueva-estrategia-de-seguridad-nacional-2025-de-los-estados-unidos
[15]En términos generales, la seguridad ontológica es la necesidad de un actor – incluido el Estado – de mantener una identidad coherente y estable en el tiempo, que le permita interpretar el mundo y tomar decisiones sin caer en ansiedad existencial (B. J. Steele, Ontological Security in International Relations: Self-Identity and the IR State. Londres: Routledge, 2008).
[16]E. Harding, “The National Security Strategy: The Good, the Not So Great, and the Alarm Bells”, Center for Strategic and International Studies, Washington DC, 5 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.csis.org/analysis/national-security-strategy-good-not-so-great-and-alarm-bells
[17]Precisamente, la literatura sobre geoeconomía concibe la política industrial, tecnológica y financiera como instrumentos centrales de poder estatal (R. D. Blackwill y J. M. Harris, War by Other Means: Geoeconomics and Statecraft. Cambridge: Harvard University Press, 2016).
[18]W. R. Mead, Special Providence: American Foreign Policy and How It Changed the World. Nueva York: Knopf, 2001 y J. Tovar Ruiz, “La doctrina Trump en política exterior: fundamentos rupturas y continuidades”, Revista CIDOB d´Afers Internacionals, nº 120 (2018), pp. 268-269.
[19]M. Price. “Trump’s security strategy slams European allies and asserts US power in the Western Hemisphere”, Associated Press, 5 de diciembre de 2025. Disponible en: https://apnews.com/article/trump-security-strategy-europe-russia-america-first-068488ca7e6d1c92ccaddd1649958218
[20]Sin embargo, en Oriente Medio la NSS apuesta por pasar de un enfoque centrado en intervenciones militares y gestión de crisis a otro basado en fórmulas de “asociación, amistad e inversión”, presentando la ampliación de marcos como los Acuerdos de Abraham como vía preferente para estabilizar la región a través de intereses económicos compartidos más que mediante grandes despliegues militares. En el caso de África, la estrategia defiende explícitamente pasar de una relación basada en la ayuda hacia otra centrada en la inversión y el crecimiento. El mensaje subyacente es que la prosperidad y la integración en los mercados globales deben convertirse en el principal anclaje de estabilidad, en competencia directa con las ofertas chinas.
[21]Véase, en este sentido, una visión china de este asunto en base a discursos recientes: F. Gao, “U.S. Indo-Pacific Strategy in the Eyes of a Chinese Scholar”, Inside China, 8 de junio de 2025. Disponible en: https://www.fredgao.com/p/us-indo-pacific-strategy-in-the-eyes
[22]G. Colom-Piella. “Como terminan las guerras”. Documento de Opinión del IEEE, nº 20, 2025. Disponible en: https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/como_terminan_las_guerras_2025_dieeeo20.pdf/e1c4dcf1-52bf-9ce1-f20f-23b29790f937?t=1742373675786
[23]S. Everts et al. (eds.). Low Trust: Transatlantic Relations in the Second Trump Administration, Chaillot Paper 187, París: European Union Institute for Security Studies, 2025. Disponible en: https://www.iss.europa.eu/publications/chaillot-papers/low-trust
[24]J. Mearsheimer, “Bound to Fail: The Rise and Fall of the Liberal International Order”, International Security, vol. 43 nº 4, 2019, pp. 7-50. Disponible en: https://doi.org/10.1162/isec_a_00342
    • De la hegemonía liberal al America First doctrinal

    • From liberal hegemony to a doctrinal America First