IEEE. Ankara 2026: la OTAN sigue viva

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14 jul 2026

IEEE. Ankara 2026: la OTAN sigue viva

Javier Rupérez. Embajador de España

El comunicado final de la cumbre de la OTAN que tuvo lugar en Ankara, la capital de Turquía, los días 7 y 8 de julio de 2026, cumple de manera adecuada el papel que tal tipo de documento debería siempre asegurar sobre la celebración del acto al que se refiere: describir con precisión el modo, el ánimo y los propósitos de los participantes en el mismo y consiguientemente del país al que representan. Por lo que respecta a la OTAN, y en este caso concreto, el dibujo es preciso y la conclusión evidente: la Organización del Tratado del Atlántico Norte sigue viva y con visible voluntad de adaptar sus planteamientos y necesidades a las que el momento actual exige. Que por supuesto ya no son exactamente los mismos a los que la Organización tuvo que hacer frente hace algunas décadas, pero no muy diferentes a los objetivos a los que su nacimiento quiso responder. Es ahí donde debemos comenzar por situar esta OTAN en el número 3.0, ya rebasados los dos numéricos anteriores.

El primer párrafo del comunicado reafirma sin duda alguna el propósito de la Alianza:

«Nosotros, los Jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza del Atlántico Norte nos hemos reunido en Ankara para reafirmar nuestro compromiso inquebrantable con nuestra defensa colectiva en virtud del artículo 5 del Tratado de Washington, y con el vínculo trasatlántico. Un ataque contra uno de nosotros es un ataque contra todos. Nuestra solidaridad, solidaridad y fuerza colectiva siguen siendo el fundamento de la paz, la seguridad y la prosperidad para los mil millones de ciudadanos de nuestra Alianza de naciones libres y democráticas. Seguimos comprometidos con nuestro enfoque de 360 grados en materia de disuasión y defensa.»

Podría parecer ese primer párrafo un tanto redundante e incluso innecesario, dada su evidente voluntad de subrayar de nuevo las razones y los términos que dieron lugar en 1949 al nacimiento de la organización, pero en conocida realidad eso no es así. Son los momentos recientes los que han conocido manifestaciones provenientes de los rectores de la política norteamericana, y en particular de su actual Presidente, Donald Trump, en los que se vertían ciertas dudas sobre el futuro de la OTAN e incluso con lo que pudiera ocurrir con respecto a su participación nacional en la misma. Ya durante su primer mandato presidencial llego a calificar a la OTAN de organización «obsoleta» y en el curso de los últimos meses, ya por segunda vez en la Casa Blanca, no han faltado observaciones que abonaban las mismas visiones dudosas y despectivas sobre la organización. Y naturalmente sobre las incertidumbres que pudieran surgir con respecto al futuro de la presencia estadounidense en la misma. Este primer párrafo del comunicado tiene claramente el propósito de disipar cualquier vacilación al respecto, tanto por lo que respecta a la voluntad participativa de los aliados como por los que supone la continuidad en el propósito fundamental y hasta ahora plenamente conseguido de disuadir a cualquier elemento exterior que deseara romper con la integridad política, social, territorial o económica de los aliados. Y el primer párrafo del comunicado en cuestión, como el resto de los que integran el documento, ciertamente ha contado con la aprobación unánime de todos los participantes en la cumbre de Ankara. Incluyendo los Estados Unidos de América.

Es indudable que ello ha tenido su precio, situado en lo evidente: las repetidas manifestaciones estadounidenses para conseguir que su participación económica y técnica en el conjunto defensivo, durante décadas predominante en el conjunto que los Estados Unidos habían contribuido a crear en 1949, fuera más equitativamente redistribuida entre el resto, predominante europeo, pero también canadiense, de los miembros de la Alianza. Los párrafos segundo y tercero del comunicado subrayan las medidas y las cantidades que los aliados europeos y canadienses han puesto en práctica para hacer frente a los gastos de defensa y se sitúan evidentemente en esa perspectiva. Con algunos añadidos significativos que obviamente reflejan los detalles de las componendas y los compromisos.

El segundo, por ejemplo, que centra su curso en describir los aumentos presupuestarios que europeos y canadienses han venido recientemente poniendo en práctica en el terreno de la defensa, comienza explicando que todo ello se debe a la necesidad de «hacer frente a la amenaza a largo plazo que Rusia supone para la seguridad y la estabilidad euroatlántica, así como a la amenaza persistente del terrorismo». Lo de Rusia toca más directamente a los europeos, en particular los que se encuentran en el Este de la masa continental. Y la mención supone una directa llamada a las tentaciones que Trump pudiera albergar para mantener una relación fluida con Valdimir Putin. Lo del terrorismo afecta a todos, pero tiene también su particular énfasis en las tierras norteñas del continente americano, donde no faltan voluntarios para acabar con la vida de tirios y troyanos.

El comunicado especifica que en el año 2025 europeos y canadienses aumentaron en más de 139.000 millones de dólares sus gastos en defensa y que para el año 2026, por lo que se refiere a nuevas adquisiciones, la cifra está situada en 50.000 millones de dólares. En términos más generales, y aunque no aparezca reflejado en el texto del comunicado, convienen recordar que en el curso de la última década, desde 2024, el gasto en defensa como porcentaje del PIB ha aumentado de forma sostenida en la mayoría de los países miembros de la OTAN. La media en el conjunto de la Alianza ha pasado del 2,56% en 2014 al 2,65% en 2024 y se estima llegar al 2,86% en 2026, reflejando un esfuerzo continuado por que todos los países alcancen al menos el 2% dedicado puramente a defensa. En la clasificación general, con los datos publicados durante la cumbre y estimados para 2026, Polonia (4,68%), Lituania (5,33%), Letonia (4,92%) y Estonia (5,10%) aparecen en los primeros lugares de la clasificación, Dinamarca (3,49%) supera a EE. UU (3,17%), y Noruega (3,17%) iguala a los estadounidenses. España ha llegado al 2% en 2025 tras no pocas dificultades, se encuentra en un numeroso grupo de países que no suben mucho más allá de esa cifra. Recordando que en la pasada cumbre atlántica se acordaron metas para 2035, siguiendo las propuestas de Trump, el porcentaje deberá alcanzar entonces el 3,5% del PIB dedicado a capacidades de defensa, más un 1,5% adicional indirectamente relacionado. Incluso EE. UU. tendrá que hacer esfuerzos para cumplir; Polonia y los del Báltico ya superan esa meta.

El tercer párrafo incide de nuevo en las necesidades defensivas poniendo el énfasis en el desarrollo de nuevas capacidades con la finalidad de mantener «nuestra ventaja en combate». Y afirmando en su comienzo: «Estamos construyendo el futuro, una Europa más fuerte, una Alianza modernizada. Los aliados europeos y Canada, en colaboración con Estados Unidos, están asumiendo una mayor responsabilidad en la defensa de la Alianza.» No hace falta retorcer la interpretación del texto para concluir lo evidente: con o sin los Estados Unidos, la Alianza modernizada construirá una Alianza europea. Propósito que ahora se encuentra en el centro de la posible reconstrucción del orden internacional con el acento situado en una Europa capaz de asegurar su propia autonomía estratégica. Todo ello muy en consonancia con las reticencias americanas a la OTAN de antaño y las correspondientes y buscadas concordancias para buscar caminos que no acaben en la salida sino en una modalidad de reencuentro.

El cuarto párrafo, claramente reflejando prioridades europeas, afirma que «Ucrania contribuye a la seguridad trasatlántica y los Aliados se mantienen unidos en nuestro apoyo inquebrantable a Ucrania en la defensa de su libertad, soberanía e integridad territorial.» Y para que no quede duda al respecto, afirma que «los aliados europeos y el Canada», - y nadie más, cabría añadir- «financian ahora la gran mayoría de la ayuda en materia de seguridad.» Los EE. UU. han desaparecido del tema. Pero no han objetado a su presencia en el texto del comunicado común.

Y el comunicado, quizás a cambio, concluye con el regalo que los europeos y canadienses conceden a los americanos al reiterar que «Irán nunca debe poseer un arma nuclear e instan a Irán a respetar planamente la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz.»

Según consta, y debe ser reflejado con satisfacción, las sesiones de la cumbre en las que tuvo lugar la negociación y conclusión unánime sobre el comunicado fueron pacíficas y constructivas. Quizás reflejando, lo que todavía no está debidamente constatado, la capacidad negociadora del Secretario General de la Alianza, el holandés Mark Rutte, quien por un lado ha sabido hacer frente con tanta habilidad como paciencia a las constantes salidas de tono del mandamás americano y por otro recordar los requerimientos básicos que para los europeos y canadienses supone la existencia de la OTAN.

Lo demás, de momento, sobra: los insultos de Trump, su variabilidad de pensamiento, suponiendo que alguno tenga en la cabeza, y conducta, sus errores al llamar Putin a Zelenski y República Islámica de Japón a Irán, o los regalos de revólveres cargados que el turco Erdogan ha entregado a los participantes en las jornadas. Quizás imaginando que les serian útiles para defenderse de los enemigos de la OTAN a su regreso domiciliario.

Cuenta la pervivencia de la OTAN. Y la inevitable participación de europeos y canadienses, sin excluir a participantes similares y esperando que los americanos no decidan ausentarse, en la tarea común de prestarse a defender la libertad ciudadana con las armas si fuera necesario. Que así sea.

Javier Rupérez
Embajador de España

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.