
27 oct 2026
IEEE. Sociedad y demografía en la región del Cuerno de África
Fatuma Ahmed Ali. Profesora adjunta de Relaciones Internacionales Universidad Internacional de Estados Unidos-África
Introducción
La región del Cuerno de África (HoA, por sus siglas en inglés) constituye una prioridad estratégica a largo plazo debido a su proximidad geográfica al mar Rojo, el golfo de Adén y el océano Índico, así como a importantes rutas comerciales mundiales, que han facilitado la comunicación, el intercambio de ideas, las influencias culturales y la migración durante miles de años entre África, Oriente Medio y Asia. La región del Cuerno, también conocida como la península de Somalia, se refiere a la extensión más oriental de la masa continental africana. Los Estados principales del Cuerno incluyen la actual Etiopía, Eritrea, Yibuti, Somalia y Somalilandia (un Estado independiente de facto no reconocido internacionalmente), así como, según algunas fuentes, Sudán, Sudán del Sur, Kenia y Uganda.
No solo gran parte del entorno natural del Cuerno es extremadamente inhóspito, sino que las enormes diferencias en su dotación ambiental, que van desde las mesetas del norte de Etiopía hasta la sabana somalí, dan lugar a tipos de sociedad muy diferentes, con valores y formas de vida claramente diferenciados (Clapham, 2018). La región se encuentra en la frontera entre dos de las principales religiones del mundo, el islam y el cristianismo, y abarca una enorme variedad de grupos étnicos, lenguas y culturas (Clapham, 2018). Estas diferencias se han visto, a su vez, intensificadas por los patrones de conquista colonial (tanto interna como externa), la creación de Estados altamente artificiales y la incorporación desigual de la región a la economía global y a los conflictos mundiales (Clapham, 2018). La Guerra Fría afectó al Cuerno de África de forma mucho más directa e intensa que a otras partes del África subsahariana y la región se encuentra ahora de nuevo en primera línea a nivel mundial en la denominada «competencia entre grandes y medianas potencias». Además, en las últimas décadas, la región se ha visto envuelta en conflictos recurrentes, inestabilidad política, desastres humanitarios y un aparato estatal débil (Getahun Ashine, 2024).
En consecuencia, existe una abundante bibliografía sobre el Cuerno de África, centrada en la política de las élites, los conflictos armados, los grupos extremistas violentos, las migraciones y las intervenciones de seguridad extranjeras. Aunque estas perspectivas son fundamentales, tienden a pasar por alto los factores sociales y demográficos subyacentes que condicionan las acciones políticas, el potencial del Estado y la estabilidad a lo largo del tiempo. Para comprender el Cuerno de África, más concretamente, es necesario prestar mayor atención a las formas en que se organizan las sociedades, a cómo evoluciona la población y a cómo se determinan las relaciones entre los Estados y los ciudadanos.
Una de las fuerzas estructurales más importantes que afecta a la región es el cambio demográfico. La tasa de crecimiento demográfico de la mayoría de los Estados del Cuerno de África se encuentra entre las más altas del mundo, lo que da lugar a una rápida expansión de la población y a una gran proporción de jóvenes. Estos procesos demográficos operan a escalas temporales largas e influyen en los mercados laborales, los sistemas educativos, la infraestructura urbana y las instituciones políticas. Los cambios demográficos son irreversibles y acumulativos a lo largo del tiempo, a diferencia de los acontecimientos políticos a corto plazo. La cuestión de la demografía en este capítulo no se considera un mero contexto de fondo, sino una de las principales fuerzas que determinan las relaciones sociales y las consecuencias políticas en la región.
Además, una característica de este escenario demográfico es la «explosión demográfica juvenil»: el número desproporcionado de generaciones más jóvenes en relación con las generaciones mayores. El tamaño potencial de la población joven puede ser un gran activo social y económico, especialmente cuando se ofrecen educación, empleo y participación en los asuntos políticos. En situaciones en las que las oportunidades económicas son escasas y los sistemas políticos siguen orientados hacia la exclusividad, la presión demográfica puede acentuar las frustraciones, la rivalidad y las demandas de cambio. Las experiencias de los jóvenes en el Cuerno de África se caracterizan por la desigualdad en la educación, el elevado desempleo o subempleo y las limitadas oportunidades de participación en actividades políticas. No es la juventud en sí misma, sino la relación entre las realidades demográficas y la capacidad institucional lo que confiere a la «explosión demográfica juvenil» su importancia política. Los resultados varían, desde la actividad cívica e innovadora hasta la protesta, la migración, la movilización y el reclutamiento por parte de grupos extremistas violentos o redes criminales.
La transformación digital está influyendo aún más en estas dinámicas. La mayor disponibilidad de teléfonos móviles, plataformas de redes sociales y la comunicación en línea han cambiado la forma en que se expresan las reivindicaciones sociales y se organiza la acción colectiva. Además, los espacios digitales se han convertido en importantes escenarios de debate político, construcción de identidad y movilización, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Por lo tanto, el activismo digital en el Cuerno de África no solo genera presiones sociales y políticas, sino que también acentúa las tensiones demográficas y sociales ya existentes y se enfrenta al control gubernamental sobre la información y los discursos políticos. Mientras tanto, los Gobiernos han reaccionado implementando nuevas medidas de vigilancia digital, censura y represión, lo que pone de manifiesto el carácter conflictivo del espacio digital.
El entorno social del Cuerno de África también se ve desafiado por la movilidad y la migración. Los conflictos, el estrés climático y las dificultades económicas han provocado desplazamientos internos que han redefinido los centros urbanos y cambiado los patrones de organización social. Las implicaciones regionales e internacionales de la migración transfronteriza y los flujos de refugiados son generalizadas y el papel de la diáspora en la política nacional se hace cada vez más visible en términos de remesas, defensa de causas y activismo transnacional. La migración no es meramente un problema humanitario o económico, sino un fenómeno social profundo que influye en las estructuras familiares, los roles de género y las identidades políticas. Para muchos jóvenes, la movilidad es un mecanismo de supervivencia y también un mensaje político dirigido al mundo desde su país de origen, que parece ofrecer oportunidades limitadas.
Además, las identidades y estructuras sociales, especialmente las relacionadas con la etnicidad, el género y las instituciones informales, siguen siendo fundamentales para explicar cómo las sociedades del Cuerno de África están respondiendo a las presiones demográficas y políticas. Las identidades étnicas se describen comúnmente como inflexibles o primordiales, pero en realidad son dinámicas y, en la mayoría de los casos, se reinventan a través de disputas políticas, la migración e incluso las políticas estatales. En la misma línea, las relaciones de género están experimentando una lenta evolución, con las mujeres abriéndose camino mediante la redefinición de los roles económicos, el desplazamiento y la participación política de diversos tipos. Estos acuerdos sociales median el acceso a los recursos, el poder y la seguridad, configurando las relaciones entre individuos, grupos y el Estado.
Es evidente que, combinadas, estas dinámicas convergen en el ámbito de las relaciones entre el Estado y la sociedad. La elevada tasa de crecimiento demográfico, las ambiciones de la población joven, la conectividad digital, la migración e incluso las identidades sociales cambiantes ejercen una gran presión sobre los Estados, que tienen poca capacidad para proporcionar servicios, inclusión e incluso legitimidad. En la mayoría de los casos, los Gobiernos han utilizado técnicas coercitivas para hacer frente a la disidencia, lo que ha socavado aún más la confianza entre las instituciones estatales y los ciudadanos. Las relaciones entre el Estado y la sociedad en la región del Cuerno de África requieren, por tanto, comprender la influencia de las fuerzas sociales y demográficas en las cuestiones de gobernanza, así como en el comportamiento político.
Este capítulo analiza la sociedad y la demografía de la región, situando temas como la juventud, el activismo digital, la migración, las dinámicas de género, la movilización política, la etnicidad y las estructuras sociales en un contexto más amplio de análisis de las relaciones entre el Estado y la sociedad. Se estructura en cinco secciones, además de una introducción y una conclusión, en las que se examinan las relaciones entre el Estado y la sociedad y sus implicaciones para la gobernanza, la legitimidad y la estabilidad en la región del Cuerno de África. La primera sección conceptualiza las tendencias demográficas y la importancia política del auge demográfico juvenil mediante la explicación de factores como el crecimiento de la población, las estructuras de edad, la urbanización y la educación. Aquí, el auge demográfico juvenil se aborda no como una estadística, sino como un actor político disruptivo. La segunda sección examina las nuevas formas de movilización social y activismo digital, profundizando en las redes sociales, la juventud, el activismo, la formación de narrativas, la protesta, la represión y sus implicaciones para la autoridad y el control en la región. La tercera sección se centra en la migración, la movilidad y la reconfiguración social. Examina el estrés urbano, los desplazamientos internos, la migración transfronteriza, los refugiados y el efecto de la diáspora en la política y la identidad. La cuarta analiza los aspectos de género de la sociedad y la demografía en la región del Cuerno de África. La quinta sección describe la conexión entre la movilización política, la etnicidad y la organización social en la región.
Comprensión de la demografía en el Cuerno de África: crecimiento demográfico y estructuras de edad
Worldometer (2026) predijo que, en 2026, Yibuti, Somalia, Eritrea, Etiopía, Sudán y Sudán del Sur tendrán una población estimada de aproximadamente 230 millones de personas. De la población registrada, casi dos tercios corresponden solo a Etiopía, con unos 140 millones de personas (Teboua y Cilliers, 2023). Le siguen Sudán, con aproximadamente 53,2 millones de personas; Somalia, con 20,3 millones, y Sudán del Sur, con 12,4 millones. Por último, están Eritrea y Yibuti, con poblaciones estimadas de 3,6 millones y 1,1 millones, respectivamente (Worldometer, 2026). Se prevé que la población de la región alcance los 241 millones en 2030, con una tasa de crecimiento estimada de alrededor del 2,6 % anual (Worldometer, 2026). Es importante señalar que esta región tiene una población muy joven, ya que, según los datos, más del 70 % de la población tiene menos de treinta años (Worldometer, 2026). La región alberga el 12 % de la población joven mundial (Walhad, 2024). Por ejemplo, la mitad de la población de Yibuti tiene menos de veinticinco años.
Etiopía es el país más poblado de la región, con una población prevista de más de 152 millones de personas para el año 2030, de las cuales casi la mitad tendrá entre quince y veintinueve años. La media de edad de la población de Eritrea, Etiopía, Somalia, Sudán y Sudán del Sur oscila entre los dieciséis y los diecinueve años. Existe una tasa de fecundidad muy elevada en toda la región que sigue proporcionando a la población una incorporación constante de generaciones jóvenes. A modo indicativo, en 2023, Somalia tenía una de las tasas de fecundidad más altas, con 6,1 hijos por mujer, en comparación con las de Eritrea y Etiopía, con medias de 3,7 y 3,9, respectivamente, y con casi 4,8 en Sudán del Sur (Statista, 2026). Por el contrario, Yibuti se encontraba en una fase menos avanzada de la transición demográfica, con una tasa de unos 2,6 hijos por mujer (Statista, 2026). Estos patrones reflejan no solo la magnitud de las cohortes juveniles, sino también su acumulación en edades en las que las personas se incorporan al mercado laboral, comienzan estudios superiores y experimentan la socialización política.
Esta fertilidad, sumada a una tasa de mortalidad infantil en descenso, ha dado lugar a estructuras de edad en las que una proporción significativa de la población es joven. En la mayoría de los países del Cuerno de África, las edades medias son muy bajas, de tan solo dieciséis años en Somalia y alrededor de diecinueve años en Etiopía, Sudán, Eritrea y muchos otros Estados vecinos, muy inferiores a la media mundial, lo que indica una población con un fuerte predominio de niños y jóvenes (Yeboua y Cilliers, 2023). Sin embargo, a diferencia de estos países, la edad media de Yibuti es de aproximadamente 25,7 años en 2026. Estas distribuciones de edad se reflejan en elevados índices de dependencia, lo que implica que el número de adultos en edad de trabajar es comparativamente bajo en relación con el número de jóvenes dependientes. Los datos generalizados del África subsahariana indican que los índices de dependencia infantil pueden alcanzar hasta el 69 %, lo que resulta social y económicamente devastador tanto para los hogares como para el Estado (Tabutin y Schoumaker, 2020).
La «explosión demográfica juvenil» se refiere a la proporción de la población adulta total con edades comprendidas entre los quince y los veintinueve años. Se considera que los países tienden a sufrir inestabilidad política cuando el 40 % de la población adulta se sitúa entre esas edades, especialmente si esto se combina con un desarrollo económico deficiente y una participación limitada de los jóvenes en la gobernanza y la educación (Weber, 2019). Con la excepción de Yibuti, la población joven del Cuerno de África limita el crecimiento económico.
En relación con las personas dependientes, hay menos personas en edad de trabajar (entre 15 y 65 años). Esto perturba de forma evidente la estabilidad económica en los países del Cuerno de África. Aunque históricamente naciones como Corea del Sur y Taiwán lograron el crecimiento económico gracias a su población joven, este puede no ser el mismo caso en la región que al artículo ocupa. Para que una nación experimente un dividendo demográfico, debe tener al menos 1,7 personas en edad de trabajar por cada persona dependiente; sin embargo, salvo Yibuti, con una estimación de 1,9, los demás Estados aún no han alcanzado esa cifra y las proyecciones indican que países como Etiopía y Eritrea alcanzarán el 1,7 después de 2040, mientras que se prevé que Somalia lo alcance en 2070 y que el resto alcance la proporción de 1,7:1 alrededor de la década de 2050 (Yeboua y Cilliers, 2023).
Se han identificado las zonas urbanas como los lugares más visibles de las presiones demográficas del Cuerno de África debido a la rápida migración del campo a la ciudad y al crecimiento de la población, que han convertido las ciudades en los centros de los retos económicos y políticos de la juventud (Hammond et al., 2025). Aunque el Cuerno de África sigue siendo principalmente rural, con tasas medias de urbanización inferiores a la media continental, los centros urbanos crecen rápidamente. En el África subsahariana, casi la mitad de la población vive hoy en zonas urbanas y es probable que las cifras sigan aumentando, ya que la urbanización no es solo un fenómeno natural, sino también una forma de migración (Cham, 2025). Aunque algunos países, como Yibuti, tienen centros urbanos en los que se concentran aproximadamente cuatro de cada cinco habitantes, otros, como Etiopía, tienen una economía basada en la agricultura, pero con una expansión urbana de rápido crecimiento. Etiopía presenta un caso aún más notable de aumento de la población urbana, que pasará de unos 10,8 millones en 2002 a una población de 28 millones en 2022, con Adís Abeba, Bahir Dar y otras ciudades de segundo nivel creciendo de forma exponencial en los últimos veinte años (Macrotrends, s. f.).
Es fundamental señalar que la urbanización en el Cuerno de África es desigual entre los distintos países. Este auge urbano ejerce una fuerte presión sobre la vivienda, las infraestructuras, los servicios y el empleo. Un buen número de migrantes urbanos, especialmente los jóvenes, acaban en asentamientos informales en expansión, donde se enfrentan a empleos precarios, carecen de acceso a servicios básicos y tienen pocas oportunidades de acceder a medios de vida estables.
Los sistemas educativos de la región han crecido en los últimos diez años, tanto en términos de aumento de la población escolar como de inversión política para mejorar el acceso a la educación. El aumento de la matriculación en los niveles de primaria y secundaria ha ampliado la alfabetización y las competencias básicas entre los jóvenes y el resultado es una generación más consciente de los problemas regionales e internacionales. Sin embargo, no se ha producido un crecimiento equivalente de las oportunidades de empleo formal que vaya a la par con el crecimiento de la educación. En la mayoría de los Estados del Cuerno de África, las nuevas generaciones de personas con estudios se incorporan en masa a los mercados laborales y no encuentran oportunidades de empleo, lo que provoca subempleo, trabajo en el sector informal y un aumento de las demandas que no pueden satisfacerse con los esfuerzos del Estado (International Organization for Migration (IOM), (2022a). Esta discrepancia entre el aumento de la educación y la baja absorción económica configura la conciencia política y los deseos más que favorecer una integración económica estable.
Las consecuencias políticas son múltiples. La educación no se limita a dotar de competencias a los jóvenes, sino que también los hace tomar conciencia de las opciones sociales, económicas y políticas, especialmente en situaciones en las que los mercados laborales formales no son sólidos. Con el aumento de los niveles educativos y sin que se produzca el correspondiente incremento del empleo y del número de asalariados, los jóvenes de las ciudades tienden a ser más propensos a expresar su descontento con la gestión gubernamental, a enfrentarse a las instituciones estatales y a organizarse en torno a cuestiones de inclusión y equidad. La educación, en este sentido, eleva las expectativas más rápidamente de lo que los Estados de la región han sido capaces de satisfacerlas y este proceso se manifiesta en protestas, organización comunitaria y nuevas formas de participación política, que no pueden explicarse al margen del más amplio cambio demográfico de la sociedad.
Nuevas formas de movilización social y activismo digital
En el siglo XXI, el mundo se ha convertido en una aldea global en términos de participación ciudadana y representación política gracias al uso de las tecnologías digitales. Los jóvenes del Cuerno de África han descubierto que las plataformas digitales son valiosas para expresar quejas, construir redes y alterar el statu quo en la gobernanza, ya que las vías formales de participación política han sido insuficientes y las relaciones entre el Estado y la sociedad se han visto tensionadas debido a las presiones demográficas y a una gobernanza desigual.
El activismo digital se ha convertido en una herramienta mediante la cual los jóvenes han transformado las presiones sociales en acción social y política directa y organizada, eludiendo los medios de comunicación habituales y los intermediarios institucionales en lugar de limitarse a ser un mero complemento de la acción fuera de línea. El acceso a Internet y la conectividad móvil en el Cuerno de África siguen siendo relativamente bajos en comparación con la mayor parte del mundo; sin embargo, han crecido significativamente tanto en las regiones urbanas como en las periurbanas en la última década. Con una de las tasas de penetración de Internet más bajas del continente, los usuarios de redes sociales alcanzaron casi los 6,35 millones en Etiopía en 2022, aunque el Gobierno siguió intentando bloquear el acceso (si bien la situación mejoró significativamente, casi duplicando el número de usuarios en el país en poco menos de tres años) (Kemp, 2022). La tasa de penetración de Internet en Yibuti es del 65 % y comparativamente baja en Eritrea, donde es del 20 % (Kemp, 2025). Kenia, considerada el país líder en adopción digital, alcanzó aproximadamente entre el 40 % y el 56 % de acceso a Internet entre 2024 y 2025 (Asociación para el Progreso de las Comunicaciones y Red de Acción en TIC de Kenia, 2025). Otras tendencias a escala africana son el crecimiento acelerado del acceso digital, de modo que, para 2024, aproximadamente el 40 % de los africanos declara tener acceso frecuente a Internet, con más de 600 millones de personas utilizando la red (Diagana y Wadagni, 2025).
Los teléfonos móviles y las aplicaciones de redes sociales se han convertido en importantes puntos de comunicación incluso en zonas con una infraestructura mínima. El intercambio de información y la coordinación a través de aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram, etc.) se utilizan habitualmente en situaciones en las que los medios de comunicación tradicionales son de propiedad estatal o se ven amenazados. Los actores de la sociedad civil y las redes de la diáspora también han participado en la introducción de espacios digitales en comunidades con una conectividad menos formal, lo que da lugar a sistemas híbridos de circulación de la información que incorporan tanto los medios locales como los medios en línea de manera singular.
Esta penetración digital, que es desigual, pero sigue una tendencia al alza, ha alterado el panorama de la participación política. Lo que antes estaba limitado a la geografía y al monopolio estatal de la televisión y la prensa, las plataformas sociales lo han transformado al ofrecer espacios de articulación y organización relativamente fáciles. Esto se ha visto ampliado aún más por la aparición de teléfonos inteligentes de bajo coste y servicios de datos de prepago, incluso durante periodos de crisis económica, especialmente entre la juventud urbana.
Para muchos jóvenes africanos, y especialmente para los del Cuerno de África, las plataformas digitales ya no son algo periférico en la vida política; son fundamentales para la conceptualización y la puesta en práctica del activismo. En el continente, los jóvenes han estado utilizando las redes sociales para coordinar protestas, difundir información rápidamente y expresar quejas a una escala que no era factible hace diez años. Aunque los datos sobre el Cuerno de África en concreto pueden ser incompletos, los casos a nivel regional muestran tendencias más generales: en Kenia, en 2024, jóvenes activistas movilizaron a la oposición contra un controvertido proyecto de ley de finanzas, organizaron protestas a escala nacional con la ayuda de X (antes Twitter), TikTok y Facebook, y enmarcaron el debate sobre el Gobierno y la responsabilidad (The Collaboration on International ICT Policy for East and Southern Africa (CIPESA), 2025).
El activismo en línea entre los jóvenes no se reduce a las manifestaciones físicas. Los espacios virtuales se han transformado en espacios sociales donde pueden debatir, coordinar acciones y articular la narrativa del descontento y la identidad comunitaria. Por otro lado, el activismo digital puede ayudar a tender puentes entre los ámbitos cívico y político formal: recientemente, los jóvenes se han reunido en las redes sociales en Uganda para interactuar con los líderes políticos y organizarse en torno a prácticas de participación política.
A pesar de las infraestructuras inadecuadas y las frecuentes incursiones del Gobierno, los jóvenes de Etiopía han utilizado Internet para difundir noticias sobre protestas, violaciones de los derechos humanos y detenciones políticas, a pesar de que los Gobiernos bloquean o cierran las comunicaciones en línea para silenciar los esfuerzos de movilización. De manera similar, en 2020 se desencadenaron protestas contra el Gobierno a raíz de un vídeo viral de un piloto de la fuerza aérea detenido que afirmaba haber sido torturado (Reuters, 2020). Estas tendencias representan un giro transnacional más amplio: los jóvenes africanos están ganando visibilidad y se están haciendo oír más en el espacio digital, que se está convirtiendo en el escenario de la socialización en la política y el activismo en red.
La influencia del activismo digital en la formación de narrativas —es decir, qué historias captan la atención del público, la forma en que se presentan las reivindicaciones y quién tiene voz— es uno de los efectos más importantes de este tipo de activismo. Las plataformas digitales ofrecen memes, hashtags, retransmisiones en directo y herramientas de narración entre pares capaces de cambiar rápidamente el estado del debate y encontrar apoyo más allá de las fronteras nacionales.
Por ejemplo, las protestas en Kenia de 2024 lideradas por la generación Z constituyen un caso paradigmático: los hashtags y las publicaciones virales sirvieron para definir las identidades de los manifestantes, organizar acciones y mantener el impulso, así como para atraer la atención de la comunidad global hacia las demandas locales de rendición de cuentas y transformación del orden existente (Reuters, 2020). Aunque no son originarias del Cuerno de África en sentido estricto, las pautas observadas en este contexto regional resultan instructivas a la hora de identificar similitudes en la forma en que los jóvenes utilizan la tecnología digital para crear una narrativa, que constituye la base de la movilización.
No obstante, los ciberespacios también son objeto de controversia. Los Gobiernos y las agencias de seguridad han intentado cada vez más desarticular o subyugar la movilización en línea, imponiendo cortes de Internet, bloqueando aplicaciones concretas e implementando tecnologías de espionaje en épocas de agitación. Por ejemplo, la mayor penetración de las redes sociales en Etiopía coincidió con la primera etapa del mandato del primer ministro Abiy, cuando parecía haber una mayor apertura a la libertad de expresión política a través de las plataformas digitales, lo que dio lugar tanto a discursos de odio como a desinformación e información errónea, lo que llevó al Gobierno a restringir el acceso a Internet en cierta medida (Chonka, 2025). En 2024, los cortes de Internet alcanzaron niveles récord en todo el continente africano y las autoridades alegaron con frecuencia motivos de seguridad nacional, inestabilidad política o protestas. Estas medidas no solo sirven para obstaculizar la coordinación, sino que también obligan a los activistas a innovar con otras herramientas, como aplicaciones de mensajería cifrada, redes privadas virtuales (VPN) y redes peer-to-peer.
La batalla por la narrativa no solo se libra entre activistas y Estados, sino también dentro de las propias comunidades. Las plataformas de redes sociales se han visto inundadas de desinformación, discursos de odio y mensajes con connotaciones étnicas, como en el caso de Etiopía, donde la división social ya está consolidada y los movimientos digitales a veces intensifican estas tensiones, lo que dificulta la creación de un espacio cívico común. Esta doble realidad, de empoderamiento y peligro, pone de relieve lo difícil que resulta la movilización digital en las sociedades en transición.
En el Cuerno de África, se ha observado que el activismo digital tiene el potencial de alterar el equilibrio de poder. Las plataformas sociales socavan el poder de los Estados para monopolizar los flujos de información al facilitar redes de comunicación descentralizadas. Esto no otorga un poder uniforme a los jóvenes, sino que beneficia a otros actores, como las élites políticas, los intereses extranjeros y los grupos armados no estatales, que pueden utilizar los espacios digitales para propagar sus ideas y reclutar nuevos miembros. Sin embargo, el surgimiento de la movilización digital liderada por los jóvenes es uno de los indicios del cambio, al generar presión política y obligar a renegociar la autoridad en el mundo digital. La respuesta de los Estados es una combinación de represión, cooptación y cambios en las políticas digitales. Se han implementado cortes de Internet, la prohibición de plataformas, legislación contra la ciberdelincuencia y sistemas de vigilancia para limitar la movilización, así como para imponer las condiciones de la interacción en línea. Los grupos de defensa internacionales y la sociedad civil han contrarrestado estas medidas, destacando la importancia de los derechos digitales en el debate más amplio sobre la gobernanza.
Mientras tanto, los activistas de base demuestran cómo el activismo digital puede utilizarse de manera positiva. La narración digital y los proyectos centrados en la juventud en Somalia, Yibuti y Etiopía se utilizan para contrarrestar los mensajes y las comunicaciones extremistas, y apoyar la consolidación de la paz, al centrarse en la ética de las actividades digitales y en el fortalecimiento de la resiliencia comunitaria. Estas campañas demuestran que la defensa digital no es solo resistencia, sino que también redefine el compromiso cívico y las historias nacionales.
Migración, movilidad y reconfiguración social
A lo largo de miles de años, el movimiento de personas ha sido una característica importante de las tendencias demográficas de la región. Las personas han migrado y se han mezclado durante siglos, lo que ha dado lugar a la difusión de influencias culturales y afinidades que trascienden las fronteras modernas. Además, la movilidad en el Cuerno de África se caracteriza por una migración mixta, en la que diferentes categorías de migrantes se desplazan dentro y fuera de la región. Esta región cuenta con tres rutas interregionales principales: la ruta oriental hacia la península arábiga y, en particular, Arabia Saudí; la ruta meridional hacia la parte sur del continente, en particular Sudáfrica, y la ruta septentrional hacia el norte de África y Europa. También se producen importantes flujos dentro de la región, que se clasifican como la ruta del Cuerno de África (International Organization for Migration (IOM), (2022b).).
En consecuencia, los cambios demográficos y las tensiones sociales que han existido en el Cuerno de África no solo han influido en la política interna y en las esperanzas de la juventud, sino que también han facilitado dinámicas diferenciadas en la movilidad humana. El fenómeno de la migración dentro de la región es un proceso social complejo, que incluye el desplazamiento interno, la huida transfronteriza, los movimientos con dimensión de género y las actividades de la diáspora. Estas prácticas de movilidad no pueden considerarse de forma independiente de los procesos demográficos y de gobernanza más amplios, sino que, por el contrario, están determinadas por las estructuras sociales, los procesos de identidad y la política del Cuerno de África, al tiempo que los reconfiguran.
En el Cuerno de África, el desplazamiento interno se encuentra en niveles sin precedentes debido a una combinación de conflictos, crisis medioambientales e inseguridad alimentaria. A finales de 2024, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, 2025a) informó de que África oriental, el Cuerno de África y la región de los Grandes Lagos acogían unos 5,6 millones de refugiados y solicitantes de asilo y 20,7 millones de desplazados internos, lo que suma un total de 26,3 millones de personas, cifra que aumentó en comparación con datos anteriores debido al conflicto en Sudán y a las crisis climáticas. Una gran parte de estos movimientos se debió a Sudán, que por sí solo concentró a 11,6 millones de desplazados internos, seguido de Somalia, con 3,9 millones; Etiopía, con 3,3 millones, y Sudán del Sur, con 1,8 millones, lo que provocó un desplazamiento significativo (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 2025a). Además, durante el mismo periodo, el 18 % de la población eritrea, es decir, 655.000 personas, fue desplazada por la fuerza, según los informes (Africa Center for Strategic Studies, 2024). Entre estos grupos desplazados, millones de personas se ven atrapadas en ciclos de desplazamiento secundario debido a la inseguridad y al estrés climático. Por el contrario, Yibuti actúa como centro de tránsito y uno de los principales países de acogida de refugiados y solicitantes de asilo procedentes de sus Estados vecinos: por ejemplo, en 2021 el país acogió a aproximadamente 34.000 refugiados procedentes de Somalia, Etiopía, Yemen, Eritrea y otros países (Migrants-Refugees, 2022).
El desplazamiento interno tiende a provocar una presión urbana intensa cuando las personas se refugian en pueblos y ciudades que carecen de infraestructuras o servicios sociales adecuados (Mombelloni, 2024). Para ilustrar este punto, ciudades africanas como Jartum, Mogadiscio y Juba han experimentado altas tasas de población desplazada internamente, que han sobrecargado unos sistemas de vivienda, salud y educación ya de por sí saturados. El acceso limitado a oportunidades de subsistencia y las débiles redes sociales de los asentamientos informales en la periferia de los centros urbanos aumentan la vulnerabilidad de muchos desplazados internos. Además, los desplazamientos secundarios, que obligan a estas personas a reasentarse debido a nuevos episodios de violencia o a desastres climáticos, intensifican el nivel de fragmentación social y debilitan la resiliencia comunitaria.
La presión del desplazamiento se ha incrementado en Etiopía, Kenia y Somalia debido a cambios ambientales como las sequías prolongadas y las inundaciones causadas por el cambio climático. El desplazamiento provocado por la sequía es desproporcionadamente visible en las zonas rurales, pero el efecto también se deja sentir en las ciudades, ya que se destruyen los medios de subsistencia basados en el pastoreo y la agricultura a pequeña escala, y la población rural busca empleo y servicios en la ciudad. Estos movimientos redefinen la sociedad urbana, estableciendo nuevos patrones de asentamiento, trabajo y participación política, lo que a su vez cambia las estructuras sociales y las exigencias sobre el entorno político (Amir, 2024). Por ejemplo, el Banco Mundial había previsto que la población etíope alcanzará los 42 millones en 2034, casi triplicándose desde los 15 millones de 2012 (Diagana y Wadagni, 2025).
El otro aspecto significativo de los movimientos dentro del Cuerno de África son los movimientos transfronterizos. Las guerras y la inseguridad han obligado a millones de personas a huir a través de las fronteras nacionales. Por ejemplo, se registraron más de 242.000 movimientos migratorios durante la primera mitad de 2025. Además, el 98 % de los movimientos se registró a lo largo de la ruta oriental y la mayoría de los migrantes procedía de las regiones etíopes de Amhara, Oromia y Tigré (Humanitarian Action, 2025). Por otra parte, la migración sudanesa, la mayor del mundo, con más de 11,7 millones de personas, ha supuesto una carga para países vecinos como Sudán del Sur, Chad, Uganda y Egipto, que acogen grandes poblaciones de refugiados, así como a otras personas desplazadas (ACNUR, 2025b). Esto, sumado al gran número de personas desplazadas en la zona, provocó que, a finales de 2025, el Cuerno de África albergara millones de refugiados y solicitantes de asilo.
Estos movimientos transfronterizos tienen importantes implicaciones sociales. En primer lugar, modifican los patrones demográficos de las regiones de acogida, lo que afecta a los mercados laborales, la prestación de servicios y las relaciones étnicas (Desiderio, 2016). En segundo lugar, los refugiados crean comunidades de la diáspora que están conectadas con sus países de origen y estas comunidades influyen en las comunicaciones transfronterizas y en las remesas (Adugna, 2018). En épocas de desplazamiento agudo, las ciudades fronterizas y los campamentos se desarrollan a un ritmo muy rápido y dan lugar a configuraciones complejas de interacción social entre los refugiados y las poblaciones de acogida, lo que a veces conduce a la rivalidad por el acceso a recursos escasos y, en otras ocasiones, al intercambio cultural y a la hibridación social.
La diáspora del Cuerno de África participa en procesos complejos para influir en el discurso político y las identidades sociales dentro y fuera de la región. Las comunidades de migrantes asentadas en Europa, América del Norte y Oriente Medio tienden a mantener estrechos vínculos emocionales y materiales con sus familias en sus países de origen. Estas relaciones abarcan las remesas, una importante fuente de ingresos para los hogares de países como Etiopía, Yibuti y Somalia, y los flujos de información, que influyen en las expectativas, la conciencia política y la formación de la identidad transnacional (Cuko y Traoré, 2008).
La movilización política es otro ámbito de actuación de la comunidad de la diáspora. Los expatriados suelen formar comunidades en torno a cuestiones como la gobernanza, los derechos humanos y la gestión de conflictos, lo que ejerce presión sobre las políticas de los países de origen y de acogida. Las redes de la diáspora se han implicado en ocasiones en la consolidación de la paz o en movimientos de oposición, o han prestado apoyo a estos, y han utilizado su relativa seguridad y sus recursos en los países de acogida para influir en el debate en sus países de origen. El impacto de la actividad política de la diáspora cambia la forma en que los ciudadanos del Cuerno de África perciben la legitimidad del Estado, la rendición de cuentas y el sentido de pertenencia. De este modo, las identidades transnacionales chocan con las estructuras sociales locales.
Los aspectos de género de la sociedad y la demografía en la región del Cuerno de África
La mayor urbanización y las reformas impulsadas por el Gobierno en Yibuti han dado lugar a una mayor representación femenina en la política, aunque la participación en el mercado laboral sigue siendo escasa (República de Yibuti, 2010). Un ejemplo diferente es el de Eritrea, donde las mujeres se han involucrado tradicionalmente en el servicio nacional y en los discursos de liberación, lo que a su vez se ha traducido en una mayor presencia en la vida pública, sin que ello haya generado cambios estructurales en el empoderamiento económico (Amahazion, 2025). Por el contrario, en Etiopía y Somalia, el papel de las mujeres está más profundamente arraigado en las economías informales, así como en los marcos de resiliencia comunitaria, especialmente en situaciones de desplazamiento y conflicto (United Nations Development Programme, 2021). Estas diferencias indican que el género en el Cuerno de África no puede percibirse como una experiencia unificada, sino como una realidad condicionada por economías políticas y trayectorias históricas específicas.
En el Cuerno de África, los aspectos de género están más arraigados en el marco demográfico y en los cambios sociales. La elevada tasa de crecimiento demográfico, la urbanización desigual, la inseguridad económica y los conflictos prolongados han transformado la estructura familiar, la división del trabajo y los patrones de autoridad de una manera claramente marcada por el género. En lugar de considerar el género como una cuestión secundaria, debe percibirse como un principio estructurante fundamental de los cambios sociales y demográficos en la región. En el Cuerno de África, las mujeres desempeñan un papel estructuralmente importante, pero con un empoderamiento desigual (Abdi, 2011).
Los datos demográficos del Cuerno de África muestran que casi el 50 % de la población está compuesta por mujeres, pero su empoderamiento frente a los hombres es desigual. Por ejemplo, las mujeres y las niñas de Yibuti representan el 50,4 % de la población del país; son cabeza de familia en el 19 % de los hogares, pero su participación laboral es del 18,2 %, frente al 45 % de los hombres. Además, las mujeres ocupan alrededor del 26 % de los escaños parlamentarios. En Eritrea, el 50,7 % de la población corresponde a mujeres, con un notable 47,5 % de hogares encabezados por mujeres, mientras que en Etiopía las mujeres representan el 49,8 % de la población del país y encabezan el 22,1 % de los hogares. Su participación laboral ronda el 75 %, pero están sobrerrepresentadas en lo que respecta al trabajo no remunerado y al trabajo informal. Del mismo modo, en Somalia, el 49,9 % de la población corresponde a mujeres y entre el 47 % y el 66 % de los hogares están encabezados por mujeres debido al conflicto reinante y a los desplazamientos posteriores. No obstante, su participación en el mercado laboral es significativamente baja, situándose en torno al 29,4 %. Por su parte, las mujeres en Sudán, antes del reciente conflicto, representaban el 50 % de la población, con una participación en la población activa del 29,4 % y un 31 % de los escaños parlamentarios (World Bank Group, 2025). Las tendencias demográficas en varios países del Cuerno de África son también una manifestación de los estereotipos y normas de género en relación con el matrimonio, las expectativas reproductivas y la importancia social de las mujeres. En la mayoría de las zonas rurales y periurbanas, la identidad social de las mujeres sigue estando ligada en gran medida a la maternidad y al cuidado del hogar, lo que restringe su acceso a la educación, a los procesos políticos y a los empleos formales (Strategic Initiative for Women in the Horn of Africa Network, 2011).
Sin embargo, estos patrones han comenzado a cambiar con la urbanización y la reestructuración económica. Con el declive de los medios de vida rurales y el auge de las actividades económicas informales, las mujeres participan ahora en mayor medida en el comercio transfronterizo, la economía del cuidado y el sector servicios. Esta participación económica no siempre implica un empoderamiento estructural, pero sí modifica el poder de negociación en el hogar y la autoridad intrafamiliar. En otros contextos, las mujeres se han convertido en la principal fuente de ingresos, especialmente allí donde el papel tradicional del hombre como sostén de la familia se ha visto alterado por el desempleo masculino, la migración y las ausencias relacionadas con los conflictos. Estos cambios provocan transformaciones sutiles pero profundas en las jerarquías de género, aunque las instituciones legales y políticas formales queden rezagadas.
Las relaciones de género también se ven reconfiguradas por el conflicto y la inseguridad. La inestabilidad sostenida en el Cuerno de África ha afectado a las estructuras de protección social al crear una mayor vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia y obligarlas a asumir una mayor carga económica y social (Birch et al., 2023). La violencia de género es un fenómeno generalizado, especialmente en entornos frágiles y devastados por la guerra, lo que refuerza los desequilibrios estructurales. Sin embargo, el conflicto también ofrece espacios paradójicos para la renegociación de los roles sociales: las mujeres se organizan dentro de sus comunidades, participan en acuerdos de gobernanza informales y proporcionan redes de resiliencia a nivel local (Odary, Komba y Nyamato, 2020).
Otro aspecto demográfico importante es la educación. El mayor acceso a la educación primaria y secundaria entre las niñas de la región ha comenzado a cambiar las expectativas respecto a la edad de matrimonio, la fecundidad y la participación en el mercado laboral (Red de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres del Cuerno de África, 2011). No obstante, estos avances siguen siendo desiguales debido a las diferencias entre zonas rurales y urbanas y a las diferencias socioeconómicas.
A medida que aumentan los niveles de educación, la fecundidad tiende a disminuir y la participación de las mujeres en la población activa se diversifica, alterando lentamente las tendencias demográficas. Por lo tanto, en el Cuerno de África, las mujeres están ejerciendo una influencia cada vez mayor no solo como actores sociales, sino también como agentes influyentes en la formulación de políticas, ya que están transformando la naturaleza de la gobernanza a nivel interno. Las mujeres de países como Etiopía, Somalia, Yibuti, Eritrea y otros (Red de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres del Cuerno de África, 2026) han estado al frente de las consultas constitucionales, la reconciliación comunitaria y los procesos de diálogo nacional, donde han defendido regularmente una gobernanza inclusiva, un marco de protección social y reformas con perspectiva de género (Rubio-Marín e Irving, 2019).
Las redes de mujeres de base han trabajado en los conflictos locales, han negociado entre clanes y han desempeñado un papel en el discurso sobre la justicia transicional, lo que ha puesto de manifiesto que la consolidación de la paz no se limita a los acuerdos políticos de las élites, sino que está integrada en la estructura social (Red de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres del Cuerno de África, 2011). Las parlamentarias, las líderes de la sociedad civil y las asesoras políticas también han influido en las leyes sobre la violencia de género, el acceso a la educación y la inclusión, y han relacionado la seguridad con el bienestar social y la estabilidad demográfica. Cuando las iniciativas de paz se basan en realidades sociales vividas, especialmente en ámbitos como el bienestar familiar, el desplazamiento y la vulnerabilidad de los jóvenes, las mujeres líderes tienden a ampliar el concepto de seguridad más allá de las reacciones militarizadas. La creciente participación de las mujeres en la formulación de políticas y en la configuración del proceso de reconciliación es un indicio de un cambio gradual, pero significativo, hacia formas de gobernanza más inclusivas, en las que la representación y las funciones de rendición de cuentas social en la formulación de políticas se han convertido en elementos de legitimidad, en contraposición a la mera coacción.
En resumen, el cambio demográfico en el Cuerno de África es imposible de comprender sin tener en cuenta las perspectivas de género. Las funciones de reproducción, trabajo, cuidado y organización comunitaria de las mujeres garantizan el tejido social incluso ante cambios rápidos. A medida que las sociedades se enfrentan al crecimiento de la población joven, a la inestabilidad económica y política y a las relaciones de género, estas relaciones se convierten en el foco principal del ajuste interno, la formación de la autoridad y el establecimiento de la legitimidad. Por lo tanto, el género no es una cuestión secundaria dentro de la juventud o la migración, sino un área fundamental de la demografía social y de las relaciones entre el Estado y la sociedad en la región.
Movilización política, etnicidad y organización social
La etnicidad sigue siendo un principio organizativo de gran relevancia en el Cuerno de África, ya que define la movilización política, el acceso a los recursos y las reivindicaciones de autoridad. La identidad étnica en la mayoría de los Estados de la región se entrelaza con las estructuras históricas de marginación, la propiedad de la tierra y la historia de la formación del Estado y, como tal, constituye una potente fuente de reivindicaciones políticas (Hassan, 2025). El apego étnico tiende a ofrecer un marco en el que los grupos expresan sus quejas sobre la gobernanza, la representación y la exclusión económica.
En Etiopía, por ejemplo, el federalismo étnico estableció la identidad como fundamento de la administración estatal, arraigando la etnicidad en las instituciones estatales y en la vida política (Fiseha, 2019) . Aunque este marco tenía por objeto controlar la diversidad y descentralizar el poder, también ha incrementado la movilización étnica, especialmente cuando se produce una transición de poder. En otros casos, como Somalia y Yibuti (Leta, Zeray y Haile, 2015), la participación política, la gestión de conflictos y el acceso a los recursos estatales siguen estando organizados en torno a identidades de clan, lo que proporciona tanto una red social estabilizadora como una fuente de fragmentación.
Cabe destacar que la etnicidad en el Cuerno de África no puede interpretarse como algo inmutable y primordial. Las identidades étnicas también se activan de manera estratégica a raíz de presiones demográficas, la competencia por la tierra y el empleo, así como de la sensación de un trato desigual por parte del Estado. Los jóvenes, especialmente los adolescentes, pueden ser reclutados en torno a narrativas etnicizadas cuando no ven oportunidades en sus actividades económicas y los sistemas políticos formales les parecen una puerta cerrada (African Union, 2020). La identidad étnica proporciona un sentimiento de pertenencia y una forma de influencia política en este tipo de escenarios, aunque también puede contribuir al aumento de la polarización social.
La vida social en el Cuerno de África también está dominada por la interacción de instituciones informales junto con las instituciones estatales formales que regulan el comportamiento, resuelven disputas y distribuyen el poder. Se trata de sistemas de clanes, el derecho consuetudinario, las instituciones religiosas y los consejos de ancianos comunitarios (Mengisteab, 2019). Estos sistemas ocupan con frecuencia espacios de gobernanza en los que el Estado tiene una presencia insuficiente, como las regiones rurales y periurbanas.
Las instituciones informales desempeñan un papel significativo en el control de la presión demográfica. Ante el aumento de la población y la escasez de recursos, los hogares y las comunidades recurren a los lazos de parentesco y a los compromisos mutuos para hacer frente a las crisis sociales. Estas redes son fundamentales para la supervivencia en situaciones de desplazamiento o migración, ya que proporcionan vivienda, empleo y protección social. Al mismo tiempo, las estructuras informales pueden reforzar las jerarquías basadas en la edad, el sexo y el parentesco y restringir la libertad de elección y de movimiento.
Estos acuerdos tradicionales se ven sometidos a una presión creciente por la urbanización y el cambio social impulsado por los jóvenes. Gracias a la exposición a nuevas ideas a través de la educación y de los medios digitales, las generaciones más jóvenes tienden a cuestionar la autoridad de los mayores y de los líderes tradicionales. Este conflicto generacional se corresponde con los cambios generales en la organización social, ya que las instituciones informales responden de manera desigual a los cambios emergentes en las condiciones demográficas y económicas. Mientras que algunas estructuras se transforman para adaptarse a nuevas funciones y demandas, otras se convierten en focos de conflicto, especialmente cuando se considera que limitan las oportunidades o favorecen la marginación.
A pesar del cambio social y el rápido crecimiento demográfico, la continuidad de muchos de los aspectos fundamentales de la organización social en el Cuerno de África resulta especialmente llamativa. Las identidades étnicas y las relaciones de parentesco, así como las instituciones informales, han seguido siendo la forma principal de organizar la vida cotidiana y de mediar en el acceso a los recursos y al ejercicio del poder. Estas estructuras duraderas aportan certidumbre en situaciones en las que prevalece la inestabilidad política y económica.
Mientras tanto, el cambio es incuestionable. Los movimientos sociales juveniles, la comunicación digital, la urbanización y la migración están transformando la forma en que se manifiestan las identidades y se cuestiona la autoridad. Las antiguas jerarquías basadas en la edad, el género y el linaje se enfrentan a nuevas formas de organización social, caracterizadas por la aspiración individual, pertenencia transnacional y acción política al margen de las instituciones formales.
Esta continuidad y este cambio coexisten para crear un panorama social dinámico. Las estructuras sociales no se están derrumbando ni estancando, sino que se están renegociando bajo la presión de factores demográficos. Lo que surge es una compleja interacción entre los tipos de orden heredados y la realidad social en evolución y ello conlleva importantes consecuencias para la forma en que deben mantenerse la gobernanza, la cohesión y la estabilidad política.
Conclusión. Las relaciones entre el Estado y la sociedad y sus implicaciones para la gobernanza, la legitimidad y la estabilidad en el Cuerno de África
Los cambios entrelazados de carácter demográfico, tecnológico y relacionados con la movilidad están redefiniendo las relaciones entre el Estado y la sociedad en el Cuerno de África. Las poblaciones predominantemente jóvenes, el aumento de la conectividad digital y las tendencias migratorias persistentes han transformado también la relación con la autoridad política en las sociedades en un contexto marcado por desigualdades étnicas y de género. Estos cambios no solo crean perturbaciones momentáneas, sino que redefinen las expectativas de liderazgo, participación y autoridad. Todo ello ha dado lugar a una relación tensa entre los Estados y sus sociedades, caracterizada por una legitimidad débil, una mayor dependencia de la coacción y un futuro incierto en cuanto a la estabilidad.
Los cimientos sociales de la legitimidad política han cambiado radicalmente debido al creciente poder social de la juventud. En la mayor parte del Cuerno de África, los Gobiernos siguen funcionando bajo acuerdos institucionales y pactos de élite que se establecieron en épocas anteriores de la historia y que suelen centrarse en el control de las zonas rurales, en la forma de otorgar el clientelismo o en los sistemas de seguridad. Sin embargo, las generaciones más jóvenes en su conjunto, especialmente aquellas que han sido influenciadas por una educación más amplia y un estilo de vida más urbanizado, juzgan la autoridad por otros medios. El empleo, la participación en el proceso de toma de decisiones, la prestación de servicios y la respuesta a las reivindicaciones sociales se están convirtiendo cada vez más en los criterios con los que se evalúa a los Estados.
Esto crea una brecha de legitimidad cada vez mayor. Se espera que los Estados hagan cosas que están más allá de sus capacidades financieras, administrativas e institucionales, mientras que los ciudadanos jóvenes se muestran cada vez más contrarios a las relaciones políticas deferentes o clientelistas. Cabe destacar que este punto no representa solo una brecha ideológica, sino que es de carácter estructural. La estructura de edad limita la velocidad a la que los Gobiernos pueden absorber los nuevos participantes en el mercado laboral, ampliar los servicios o redistribuir los recursos. Cuando las expectativas crecen más rápido de lo que pueden satisfacerse, no se trata de algo incidental, sino de un fenómeno endémico, que erosiona la confianza en las instituciones del Estado y en el liderazgo político.
Estos desafíos a la legitimidad se han visto agravados por las tecnologías digitales, que han transformado los modos de participación política. Las redes sociales permiten a los jóvenes y a la población urbana expresar sus quejas, difundir narrativas alternativas y organizar movimientos de masas más rápido y a mayor escala que nunca. No se trata de herramientas que sustituyan a la autoridad; sin embargo, median en la relación existente entre la sociedad y esta, reduciendo el coste de la coordinación y amplificando las voces que antes estaban marginadas.
Para aquellos Estados que estaban acostumbrados a lidiar con la disidencia mediante el control de los espacios mediáticos o mediante formas localizadas de represión, el activismo digital supone un profundo desafío. Los flujos de información se vuelven más difíciles de contener, las historias se escapan de los marcos oficiales e incluso la propia represión puede ser vista y cuestionada. En consecuencia, los Gobiernos están empezando a considerar estas plataformas menos como un espacio de participación y más como una amenaza para su seguridad. Los cortes de Internet, el espionaje y la intimidación en la red se han convertido en reacciones habituales, como parte de un cambio más general que lleva a concebir la movilización social no como un acto deliberativo, sino como un fenómeno desestabilizador.
Se trata de una desconfianza que se ve reforzada. En el caso de la criminalización o la securitización de la expresión digital, los jóvenes interpretan la represión como un mensaje de que la participación en una institución política formal es inútil. La consecuencia es la formación de un círculo vicioso: una vez que la legitimidad se ve mermada, la gente es más propensa a protestar y esto significa que una mayor coacción conduce, a su vez, a una mayor erosión de la legitimidad.
La migración también complica la relación entre el Estado y la sociedad en el Cuerno de África al dividir el contrato social tanto en términos espaciales como sociales. Los desplazamientos internos y la urbanización también suponen una carga para las autoridades locales, lo que da lugar a un acceso desigual a los servicios y a mayores desigualdades. Es posible que las poblaciones desplazadas no estén gobernadas por un aparato formal, sino que lo estén a través de organizaciones de ayuda humanitaria, redes informales o acuerdos comunitarios. Esto socava la presencia y las capacidades del Estado, especialmente en la periferia urbana, así como en las zonas propensas al conflicto.
El poder político también se ve transformado por los movimientos transfronterizos y por la interacción de la diáspora. Los miembros de la diáspora influyen en la política de su país de origen a través de las remesas, la defensa de causas y el flujo de información, lo que tiende a crear nuevas normas y expectativas políticas. Aunque estas conexiones transnacionales pueden contribuir al desarrollo y a la supervivencia económicos, también pueden alejar la legitimidad de la gobernanza territorial. El Estado ya no puede desempeñar el papel de mediador central en la distribución del bienestar social y la representación, ya que la seguridad económica y la voz política se sitúan cada vez más fuera de las instituciones de la nación.
Además, en el Cuerno de África, la etnicidad sigue siendo un eje central en torno al cual se organizan las relaciones entre el Estado y la sociedad. Las políticas de inclusión, exclusión o equilibrio étnico constituyen una forma habitual de negociar el poder político, especialmente en contextos federales o posconflicto. La movilización de la juventud y el activismo digital a menudo se solapan con las identidades étnicas, lo que acentúa los agravios relacionados con la marginación o el acceso desigual a los recursos en el pasado. Aunque estas dinámicas tienen la capacidad de reforzar las reivindicaciones colectivas, también tienden a acentuar la polarización en situaciones en las que los Estados son selectivos o securitizan la movilización étnica.
En términos de género, existe otra dimensión en la que las mujeres perciben el poder del Estado de manera diferente, ya que se les ha negado la igualdad en el acceso a las oportunidades económicas, las garantías legales y la representación política. Además, la migración y el desplazamiento tienden a cargar a las mujeres con mayores responsabilidades, pero con una menor capacidad para obtener ayuda institucional, de ahí las brechas en la capacidad de respuesta del Estado. Mientras tanto, las economías informales, las redes comunitarias y los ámbitos en línea de participación femenina ilustran la aplicación de algunas formas de agencia que se sitúan fuera de los marcos formales de gobernanza. La incapacidad de incorporar las experiencias de género en los sistemas políticos debilita aún más la legitimidad del Estado entre segmentos críticos de la sociedad.
La combinación de la presión de la juventud, la movilización digital, la fragmentación causada por la migración y los agravios basados en la identidad ayuda a comprender por qué la coacción ha pasado a ocupar un lugar central en la gobernanza en gran parte del Cuerno de África. Al tener una capacidad limitada para satisfacer las necesidades tanto económicas como políticas, los Estados consideran cada vez más necesario controlar la disidencia con la ayuda de los aparatos de seguridad. La coacción proporciona un dominio a corto plazo a costa de un precio a largo plazo: implica la restricción del espacio político, la destrucción de la confianza institucional y el refuerzo de la sensación de exclusión.
Es importante destacar que la coacción no es solo una opción política, sino una opción limitada. En situaciones de escaso margen fiscal, con reformas institucionales lentas y coaliciones de élite frágiles, la represión tiende a convertirse en un mecanismo por defecto para mantener el poder. No obstante, en sociedades donde predomina la juventud y la conectividad digital va en aumento, la coacción no puede restablecer la legitimidad, sino que es probable que genere ciclos de resistencia y represión.
La relación cambiante entre el Estado y la sociedad en el Cuerno de África tiene consecuencias de gran alcance para la gobernanza y la estabilidad en la región. Por lo tanto, la estabilidad nunca puede definirse en términos de ausencia de conflicto, sino que depende de la capacidad de los Estados para adaptarse a las realidades sociales en evolución. La inclusión de los jóvenes, la participación política significativa y la eficacia en la prestación de servicios ya no son opciones; son más bien condiciones previas para una autoridad sostenible.
Mientras tanto, la gobernanza digital, la gestión de la migración y las políticas sensibles al género son claves para restablecer la confianza entre los Estados y las sociedades. La falta de consideración de estas presiones interrelacionadas amenaza con consolidar formas coercitivas de gobierno y con perpetuar la inestabilidad.
En conclusión, la digitalización del Cuerno de África, las presiones demográficas y la migración se producen en el marco de sistemas de identidad y organización social profundamente arraigados. Estos sistemas siguen centrados en la etnicidad, las relaciones de género y las instituciones informales que determinan cómo los individuos perciben la autoridad estatal, la movilización política y el cambio social. Estas estructuras sociales no son estáticas ni puramente tradicionales, sino dinámicas, en un estado constante de reorganización y reestructuración debido a las tensiones económicas, la guerra, la urbanización y el aumento de la población joven. La mediación entre la continuidad y el cambio en la relación entre el Estado y la sociedad a través de la identidad y la organización social exige, por lo tanto, prestar especial atención a la importancia de comprender la sociedad y la demografía en la región del Cuerno de África.
Fatuma Ahmed Ali
Profesora adjunta de Relaciones Internacionales
Universidad Internacional de Estados Unidos-África
Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.
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Sociedad y demografía en la región del Cuerno de África (0,26 MB)
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Society and demography in the Horn of Africa Region (0,25 MB)
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