IEEE. Adiós New START. Del control y el equilibrio nuclear a la opacidad y la disuasión por capacidades

Medalla conmemorativa del tratado 'New START Treaty' firmado en Praga en 2010

29 may 2026

IEEE. Adiós New START. Del control y el equilibrio nuclear a la opacidad y la disuasión por capacidades

David Corral Hernández. Periodista RTVE

El origen de un mundo nuclear

Estados Unidos inauguró un nuevo orden mundial nuclear con el lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, un paso que permitió a Washington acelerar el final de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y mantener durante unos años el monopolio tecnológico y militar de este nuevo armamento, de una capacidad de destrucción sin precedentes.

Cuando la Unión Soviética logró desarrollar su propia bomba, en 1949, la disuasión nuclear se convirtió en el eje central de una «Guerra Fría» que duraría casi hasta finales del siglo XX. Con el tiempo, otras potencias también se incorporaron al club nuclear, como el Reino Unido, Francia y China, todas ellas miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que convirtió la proliferación nuclear en una preocupación global.

En esta nueva era estratégica marcada por la energía nuclear como instrumento de poder, la carrera armamentística se aceleró, multiplicándose las pruebas nucleares cada vez más potentes, se perfeccionaron los sistemas de lanzamiento hasta dar lugar a las tríadas actuales (bombarderos estratégicos, misiles balísticos intercontinentales y submarinos); y se pasó rápidamente de las bombas de fisión a las armas termonucleares, de potencia y capacidad destructiva incomparablemente mayores que las conocidas en Hiroshima y Nagasaki.

La lógica estratégica que se impuso, por mera supervivencia, fue la de la disuasión, para evitar una guerra total ante el temor a una destrucción mutua asegurada. Durante la Guerra Fría, el armamento nuclear se convirtió en una herramienta diplomática que garantizaba el equilibrio internacional o la denominada «estabilidad estratégica».

El enfrentamiento entre bloques iba más allá de las guerras indirectas o de la competencia ideológica, se libraba también en una carrera armamentística que acumulaba arsenales capaces de destruir el planeta varias veces.

Las alarmas tuvieron varios momentos críticos, como la crisis de los misiles de Cuba en 1962 o el incidente provocado por el ejercicio Able Archer-831 que llevó al mundo al borde de un intercambio nuclear debido a una mala interpretación del adversario, situaciones al límite que demostraron que el riesgo no era abstracto, sino real y potencialmente inmediato, además de demoledor.

Evitar los efectos de estas crisis o malentendidos empujó a las grandes potencias a mantener líneas de comunicación más directas, así como protocolos y garantías mucho más precisos y controlados, y a reconocer que la carrera nuclear, aunque útil para la disuasión, también podía escapar al control humano por errores, escaladas o accidentes.

El sistema internacional, con las potencias nucleares como garantes e implicadas, se propuso evitar en lo posible el riesgo de una escalada bélica nuclear, limitar el acceso a estas armas y contener el crecimiento de los arsenales mediante tratados multilaterales y bilaterales.

El más importante fue el NPT (Treaty on the Non-Proliferation of Nuclear Weapons)2 de 1968, que estableció una arquitectura de «doble compromiso». Por un lado, los Estados no poseedores de armas nucleares se comprometían a no adquirirlas y, por otro, las potencias nucleares se comprometían a avanzar hacia el desarme y a facilitar el uso pacífico de la energía nuclear bajo la supervisión internacional.

A esta base se sumaron acuerdos para restringir las pruebas nucleares, prohibir el despliegue de armas en determinados espacios, como el fondo marino o el espacio exterior, y especialmente, establecer mecanismos de control entre Estados Unidos y la URSS para limitar los misiles y las cabezas nucleares.

Para lograrlo, además de la confianza mutua y del cumplimiento de los compromisos, fue y ha sido fundamental la verificación a través de inspecciones sobre el terreno, el intercambio de información y la observación técnica (como vuelos de verificación o satélites).

En paralelo, naciones o regiones que no querían participar en esta carrera pusieron en marcha zonas libres de armas nucleares a través de tratados como los suscritos en América Latina y el Caribe, el Pacífico Sur, África, el Sudeste Asiático y Asia Central, con los que se impidió el despliegue, el almacenamiento o la realización de pruebas nucleares en dichos territorios.

Una garantía de seguridad, el New START

Desde que se firmó su primer tratado de limitación de armas hace más de cincuenta años, el 26 de mayo de 1972, suscrito por Richard Nixon y Leonid Brézhnev en Moscú, Rusia y Estados Unidos han reducido significativamente sus arsenales nucleares, aunque las cifras siguen siendo considerables.

En 2025, el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI)3, que alertaba en su informe de que «los arsenales nucleares del mundo se están ampliando y modernizando», estimaba que Rusia tenía 5.459 ojivas nucleares, EE.UU. 5.277 y que China (600) había superado a Francia (290), el Reino Unido (225), India (180) o Pakistán (170) para convertirse en la tercera potencia nuclear. Otros países, como Israel (90) o Corea del Norte (50), han reforzado sus arsenales en los últimos años, y la tentación atómica se extiende por gran parte del planeta.

Algunas naciones, en respuesta al creciente entorno de seguridad cada vez más volátil e imprevisible, contemplan la adquisición de armas nucleares, como plantean los países nórdicos en el debate sobre un «Nordic nuke»4, Japón o Corea del Sur, y, pese a los ataques y las sanciones, Teherán no ha abandonado sus ambiciones nucleares.

El Tratado New START5 (Strategic Arms Reduction Treaty - Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) fue firmado en 2010 en Praga por los entonces presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Rusia, Dmitri Medvédev, tras el fin de la vigencia de tratados previos, como el SORT6, que limitaban la cantidad de varios tipos de vehículos y cabezas nucleares que ambos países podían poseer. Este último fue propuesto por el presidente estadounidense Ronald Reagan y finalmente firmado en 1991 por George H. W. Bush con su homólogo soviético, Mijaíl Gorbachov, apenas medio año antes del colapso de la URSS.

El tratado afectó también a algunas de las nuevas exrepúblicas soviéticas, como Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania, que renunciaron a sus arsenales nucleares (en el momento del colapso de la Unión Soviética en 1991, Ucrania era la tercera potencia nuclear del planeta con cerca de 3.000 armas nucleares en su territorio)7. Su sucesor entró en vigor en febrero de 2011 siendo hasta su desaparición la columna vertebral del control de armas nucleares entre EE.UU. y Rusia, limitando arsenales, facilitando intercambios de datos y estableciendo inspecciones mutuas8.

El acuerdo limitaba a 1.550 ojivas estratégicas y a un máximo de 700 vectores (misiles balísticos intercontinentales —ICBM—, misiles balísticos lanzados desde submarinos —SLBM— y bombarderos) que cada país podía desplegar, una cantidad seis veces menor que la del primer START, e incluía importantes mecanismos de verificación y transparencia que aportaban estabilidad gracias a la previsibilidad (al impedir aumentos de arsenales inesperados que pudieran exigir respuestas inmediatas) y al acceso a la información, la verificación y el intercambio de datos, que fomentaban la confianza frente al recelo o la fricción que generan la opacidad o el desconocimiento.

En febrero de 2023, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció que suspendía la participación de su país en el tratado debido al apoyo de Washington a Ucrania9, pero, poco después, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso comunicó que Moscú seguiría respetando los límites del acuerdo hasta el fin de su vigencia en cuanto al número de ojivas que puede desplegar.

Llegado este fin, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha comunicado10 que Moscú ve la expiración «negativamente» y la lamenta, remarcando que se guiará por los «intereses nacionales», aplicando un «enfoque responsable y atento» hacia la estabilidad nuclear estratégica y que, si hay respuestas «constructivas», podría haber diálogo.

En paralelo, el Ministerio de Exteriores ruso afirmó que podría adoptar «medidas decisivas» de carácter «militar-técnico» para contrarrestar amenazas, pero que, en palabras del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, durante su intervención ante la Duma, se respetarán los límites mientras Estados Unidos, que nunca respondió a la propuesta del presidente ruso, haga lo mismo11.

En su segundo mandato en la Casa Blanca, el presidente estadounidense, Donald Trump, desestimó la propuesta rusa de prorrogar un año el tratado asegurando, el pasado enero, que «si expira, expira»12.

El tratado contemplaba únicamente una prórroga, y esta fue formalizada en 2021 entre los entonces presidentes Joe Biden y Vladímir Putin para extender la vigencia cinco años13, hasta 2026, por lo que una segunda prórroga era inviable jurídicamente. Llegado el último día del tratado, el mandatario estadounidense planteó, en su red social Truth14, la posibilidad de elaborar un nuevo acuerdo, asegurando que «Estados Unidos es el país más poderoso del mundo… En lugar de prorrogar el “New START” (un acuerdo mal negociado por Estados Unidos que, aparte de todo lo demás, está siendo gravemente violado), deberíamos hacer que nuestros expertos nucleares trabajaran en un tratado nuevo, mejorado y modernizado que pueda durar mucho tiempo en el futuro».

Trump ha defendido, además, públicamente que China debe formar parte de un nuevo pacto ya que «está llevando a cabo un aumento masivo y deliberado de su arsenal nuclear, con el objetivo de alcanzar un nivel similar al de Estados Unidos y Rusia. Este aumento es opaco y no está sujeto a ninguna limitación en materia de control de armas. Este es el quid de la cuestión y es emblemático del cambio que se ha producido en el entorno estratégico mundial en los últimos 15 años»15.

Pekín, a través del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Lin Jian16, ha sido tajante: las fuerzas nucleares chinas «no están en la misma escala» que las de EE.UU. y Rusia, por lo que Pekín no participará «en esta etapa» en negociaciones de desarme nuclear, pero insta a Washington y Moscú a retomar el diálogo y, a corto plazo, a contemplar fórmulas para seguir respetando límites. China también ha reiterado la adopción de una política de «no ser el primero en usar», un llamamiento que ha sido rechazado tanto por Washington como por Moscú.

Para el secretario general de la ONU, António Guterres, el fin de este tratado marca un «momento grave»17 para la paz y la seguridad globales mientras que la UE destaca que el tratado era una contribución «crucial» a la seguridad internacional y europea, reclamando el retorno a las obligaciones y a las inspecciones, y a la necesidad de mantener un diálogo estratégico y pasos concretos de reducción.

Ante un nuevo orden nuclear, en el que el paraguas de Washington ya no es garantía suficiente, los aliados y socios europeos de Estados Unidos están firmando acuerdos nucleares para garantizar su seguridad, como la «Declaración de Northwood»18, suscrita en julio de 2025 por el Reino Unido y Francia para logar una cooperación nuclear bilateral sin precedentes en el viejo continente.

Un escenario incierto

En un escenario marcado por la incertidumbre geopolítica, la expiración del New START no significa que desaparezca completamente toda la arquitectura de control, queda una base mínima pero fundamental, el NPT. Firmado en 1968, sigue vigente y siendo para la mayoría de los Estados la clave del compromiso global de no proliferación, del acceso a usos pacíficos de esta energía y del difuso objetivo de avanzar hacia el desarme.

El problema es que no fija límites concretos a los arsenales nucleares, funcionando más como marco jurídico o diplomático, y no evitará que, aunque siga en vigor, se cierre una era de medio siglo de control de armas entre potencias que, como China, Francia o el Reino Unido, no han ratificado el TPNW (Treaty on the Prohibition of Nuclear Weapons)19.

El fin del New START no es un fenómeno aislado, se enmarca en una reconfiguración más amplia de la política exterior y de seguridad estadounidense que incluye, entre otras decisiones de impacto global, la de retirarse de 66 organismos internacionales que incluyen 31 vinculados al sistema de la ONU, así como diversas convenciones y agencias, como la de la Organización Mundial de la Salud o el Acuerdo de París sobre cambio climático, «ya que no sirven a los intereses estadounidenses»20.

Este giro bajo la política «Estados Unidos primero» ha quedado patente con la adopción de la nueva Estrategia de Defensa Nacional (NDS)21, del 23 de enero de 2026, texto que supone un giro doctrinal significativo al priorizar la defensa de intereses nacionales y en la disuasión militar sólida, en lugar de liderar o sostener normas globales de seguridad colectiva, que reconoce explícitamente la coexistencia en un entorno caracterizado por la rivalidad entre grandes potencias y la erosión de mecanismos tradicionales de gobernanza global, en el que pide redistribución de responsabilidades entre aliados y en el que afirma el compromiso en mantener un disuasivo arsenal nuclear moderno y robusto que pueda enfrentar amenazas definidas por Washington. En este marco, la ausencia del New START encaja con la lógica de una postura defensiva más centrada en la competencia estratégica, la fuerza militar, la disuasión y alianzas selectivas, que en la gestión cooperativa de riesgos, como el nuclear.

La percepción de unos EE.UU. menos comprometido con el orden multilateral —del que han sido garantes desde mediados del siglo pasado— y ajenos a convenciones o reglas de desarme puede incitar a otros países a reevaluar sus propias estrategias de seguridad, ya sean potencias nucleares, como Rusia o una China en auge, o aquellos que quieren serlo o aún no lo son22.

Este vacío de liderazgo y normativo puede plantear riesgos de proliferación a largo plazo, por ambición y por incertidumbre, al aumentar la dependencia de las capacidades nucleares y convencionales como herramientas de política exterior y disuasión en un entorno geopolítico más competitivo, polarizado, menos institucionalizado y con mayores riesgos estratégicos e inestabilidad por la malinterpretación o la desconfianza entre los actores en liza.

Cualquier nuevo tratado de limitación nuclear que pretenda evitar tensiones estratégicas durante décadas, como el New START, será un proceso «largo y difícil», y a corto y medio plazo resulta poco probable un entendimiento a tres bandas entre Washington, Moscú y Pekín pero, lo que no parece imposible, es que se alcancen acuerdos bilaterales.

El reto será lograr una infraestructura de confianza mínima en una era de «imprevisibilidad» donde las reglas desaparecen y en la que la diplomacia puede verse relegada. Deberá, para ello, recuperar cuestiones básicas en seguridad nuclear como el intercambio transparente de datos e información, la comunicación institucional y una cooperación fluida, límites creíbles y respetados como también la implicación, confianza y respeto entre los partícipes, que deberían ser todos los países con capacidad nuclear y los que podrían tenerla en el futuro. También deberá actualizar su enfoque para incluir y limitar las nuevas tecnologías, como los sistemas autónomos o los misiles hipersónicos. Un ejemplo evidente es Rusia, que ya ha probado en combate armas no limitadas por el New START como el misil balístico hipersónico «Oréshnik».

Con menos barreras para la acumulación y modernización de arsenales y mayores dificultades para establecer normas universales sobre armas nucleares y proliferación, como mal presagio en el horizonte, valorar la relevancia histórica de mecanismos como New START es difícil.

Aunque no eliminaron las armas nucleares ni evitaron todas las crisis, sí crearon un régimen internacional que logró su limitación combinando disuasión, transparencia, control, supervisión, diplomacia y, fundamentalmente, confianza. La existencia de tratados, inspecciones y canales de comunicación redujo la probabilidad de escaladas accidentales y ayudó a estabilizar la relación entre potencias rivales. Hoy la rivalidad sigue, con más actores y más incertidumbre, un multiplicador de riesgo que hace necesario lograr un orden compartido y aceptado para el control de la proliferación y uso del arma más letal del mundo.

Este nuevo entorno, carente de previsibilidad, transparencia y límites verificables entre las dos mayores potencias nucleares, abre un escenario de competencia sin restricciones formales, donde la disuasión vuelve a descansar más en la capacidad creíble, la resiliencia de las fuerzas y la claridad doctrinal que en marcos jurídicos compartidos y respetados.

La erosión de los mecanismos de verificación y diálogo incrementa el riesgo de errores de cálculo, escaladas no intencionadas y dinámicas de acción-reacción, especialmente en un contexto de modernización de arsenales y proliferación de nuevos sistemas como los vectores hipersónicos. En este contexto, la preparación estratégica, la coordinación con aliados y la recuperación, o reinvención de instrumentos de confianza mutua no son opciones accesorias, son elementos centrales para preservar la estabilidad que facilitaron acuerdos como los START.

David Corral Hernández
Periodista RTVE

Las ideas contenidas en estos artículos son responsabilidad de sus autores, sin que reflejen necesariamente el pensamiento del CESEDEN o del Ministerio de Defensa.

[1] COLOM PIELLA, Guillem. «Cuando el mundo estuvo al borde del holocausto nuclear». Disponible en: https://armada.defensa.gob.es/archivo/rgm/2017/06/rgm062017cap05.pdf (consultado 25/2/2026).
[2] NACIONES UNIDAS, OFICINA DE ASUNTOS DE DESARME. Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). Disponible en: https://disarmament.unoda.org/es/our-work/weapons-mass-destruction/nuclear-weapons/treaty-non-proliferation-nuclear-weapons (consultado 25/2/2026).
[3] SIPRI. «World nuclear forces». Disponible en: https://www.sipri.org/research/armament-and-disarmament/weapons-mass-destruction/world-nuclear-forces (consultado 25/2/2026).
[4] KIRKEGAARD, Jacob Funk. «The time has sadly come for a Nordic nuclear weapon», EURACTIV. 30 de enero de 2026. Disponible en: https://www.euractiv.com/opinion/the-time-has-sadly-come-for-a-nordic-nuclear-weapon/ (consultado 25/2/2026).
[5] U. S. DEPARTMENT OF STATE. New START Treaty. Disponible en: https://www.state.gov/new-start-treaty (consultado 25/2/2026).
[6] CENTER FOR ARMS CONTROL AND NON-PROLIFERATION. «Fact Sheet: Strategic Offensive Reductions Treaty (SORT)». Disponible en: https://armscontrolcenter.org/fact-sheet-strategic-offensive-reductions-treaty-sort/ (consultado 25/2/2026).
[7] WILSON CENTER. «Ukraine and the Treaty on the Non-Proliferation of Nuclear Weapons». 15 de octubre de 2018. Disponible en: https://www.wilsoncenter.org/blog-post/ukraine-and-the-treaty-the-non-proliferation-nuclear-weapons (consultado 25/2/2026).
[8] U. S. DEPARTMENT OF STATE. New START Treaty. Disponible en: https://www.state.gov/new-start-treaty (consultado 25/2/2026).
[9] BBC NEWs. «Putin anuncia la suspensión del tratado de armas nucleares que firmó con EE.UU. en un discurso en el que demonizó a Occidente». 21 de febrero de 2023. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-64717401 (consultado 25/2/2026).
[10] SHARP, Alexandra. «U.S.-Russia New START Nuclear Arms Control Treaty Expires», Foreign Policy. 5 de febrero de 2026. Disponible en: https://foreignpolicy.com/2026/02/05/new-start-treaty-nuclear-weapons-control-russia-us/ (consultado 25/2/2026).
[11] SWISSINFO. «Lavrov asegura que Rusia respetará los límites del START III mientras EE. UU. haga lo mismo». 5 de febrero de 2026. Disponible en: https://www.swissinfo.ch/spa/lavrov-asegura-que-rusia-respetará-los-límites-del-start-iii-mientras-ee.uu.-haga-lo-mismo/90925810 (consultado 25/2/2026).
[12] SANGER, David E. y BROAD, William J. «Nuclear Arms Control Era Comes to End Amid Global Rush for New Weapons», The New York Times. 5 de febrero de 2026. Disponible en: https://www.nytimes.com/2026/02/05/us/politics/new-start-nuclear-arms-control.html (consultado 25/2/2026).
[13] ARMS CONTROL ASSOCIATION. «U.S., Russia Extend New START for Five Years». Marzo de 2021. Disponible en: https://www.armscontrol.org/act/2021-03/news/us-russia-extend-new-start-five-years (consultado 25/2/2026).
[14] Disponible en: https://truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/116019511106186158 (consultado 25/2/2026).
[15] U.S. DEPARTMENT OF STATE. «Statement to the Conference on Disarmament». 6 de febrero de 2026. Disponible en: https://www.state.gov/releases/under-secretary-for-arms-control-and-international-security-affairs/2026/02/statement-to-the-conference-on-disarmament (consultado 25/2/2026).
[16] DE LA CAL, Lucas. «China rechaza formar parte de un nuevo tratado para el control de armas nucleares», El Mundo. 5 de febrero de 2026. Disponible en: https://www.elmundo.es/internacional/2026/02/05/69848e03e9cf4a05628b459d.html (consultado 25/2/2026).
[17] UNITED NATIONS. «UN chief warns of ‘grave moment’ as final US-Russia nuclear arms treaty expires». 4 de febrero de 2026. Disponible en: https://news.un.org/en/story/2026/02/1166892 (consultado 25/2/2026).
[18] UK PRIME MINISTER'S OFFICE. «Northwood Declaration: 10 July 2025 (UK-France joint nuclear statement)». 10 de julio de 2025. Disponible en: https://www.gov.uk/government/news/northwood-declaration-10-july-2025-uk-france-joint-nuclear-statement (consultado 25/2/2026).
[19] UNITED NATIONS, OFFICE FOR DISARMAMENT AFFAIRS. «Treaty on the Prohibition of Nuclear Weapons». Disponible en: https://disarmament.unoda.org/en/our-work/weapons-mass-destruction/nuclear-weapons/treaty-prohibition-nuclear-weapons (consultado 25/2/2026).
[20] THE WHITE HOUSE. «Hoja Informativa: El presidente Donald J. Trump retira a Estados Unidos de organizaciones internacionales contrarias a los intereses de Estados Unidos». 7 de enero de 2026. Disponible en: https://www.state.gov/translations/spanish/hoja-informativa-el-presidente-donald-j-trump-retira-a-estados-unidos-de-organizaciones-internacionales-contrarias-a-los-intereses-de-estados-unidos (consultado 25/2/2026).
[21] DEPARTMENT OF WAR. 2026 National Defense Strategy. 23 de enero de 2026. Disponible en: https://media.defense.gov/2026/Jan/23/2003864773/-1/-1/0/2026-NATIONAL-DEFENSE-STRATEGY.PDF (consultado 25/2/2026).
[22] BULLETIN OF THE ATOMIC SCIENTISTS. «How nuclear submarines could pave the way for nuclear weapons in South Korea». 12 de diciembre de 2025. Disponible en: https://thebulletin.org/2025/12/how-nuclear-submarines-could-pave-the-way-for-nuclear-weapons-in-south-korea/ (consultado 25/2/2026).
    • Adiós New START. Del control y el equilibrio nuclear a la opacidad y la disuasión por capacidades (0,2 MB)

    • Goodbye New START. From nuclear control and balance to opacity and deterrence by capabilities (0,2 MB)